Seguimos con nuestro repaso a la Oda a una urna griega de Keats, que, como dijimos, es también una excusa para ofrecer ejemplos de cerámica griega y de mosaico romano, y llegamos a la tercera estancia.
3.
¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
III
¡Ah, felices, felices ramas! nunca
sin hojas, en eterna primavera;
y músico feliz, que infatigable
tocas siempre en tu flauta cantos nuevos;
pero aún más el amor, ¡amor feliz!
por siempre ardiente y presto a disfrutarse,
palpitante por siempre y siempre joven;
todo alejado del ansiar humano
que agota y entristece corazones,
reseca el paladar, la frente inflama.
La estancia tercera se abre con nuevas referencias a la eternidad de los personajes aprisionados en la inmovilidad de la urna. Las ramas de hojas siempre perennes, (¿de nuevo Dafne?) y el músico feliz que modula, continuamente, sus cantos, siempre nuevos. (¿Apolo u Orfeo?). ¿Son nuevos porque a cada visitante le suenan en su espíritu de una forma o porque la eternidad y la inmovilidad les confieren novedad?
Sigue un bello, pero hermoso canto al amor. Si algo permanece puro, joven, anhelante y deseado es el amor.
Quizá alguien nos tilde de exagerados y de errados, pero a la mientes se nos vienen en estas palabras de Keats otras de Arquíloco y Safo.
El poeta de Paros en el fragmento 112 de la edición de Diehl (Anthologia Lyrica Graeca) escribió:
Tal ansia de amor me envolvió el corazón
Y densa niebla derramó sobre mis ojos
Robando de mi pecho el suave sentido.
El fragmento 2 de Safo de Mitilene, por su parte dice:
Al punto se me espesa la lengua
Y de pronto un sutil fuego me corre
Bajo la piel, por mis ojos nada veo,
Los oídos me zumban,
Me invade un frío sudor y toda entera
Me estremezco, más que la hierba pálida…
En la cerámica, la referencia al amor la vemos en Eros; un Eros alado que vuela alegremente.
Otro Eros alado persiguiendo a Atalanta.
Un mosaico turco en el que un alado Eros cabalga en las alas de mariposa de una Psique.
En otro, el pequeño dios cabalga a lomos de un delfín.
Le vemos jugar con la cabeza de la vaca de madera que Dédalo ha construido para Pasífae.
En compañía de Hímero, dios del deseo sexual, y Poto, dios de la añoranza y la nostalgia.
Con una corona de mirto.
O un Eros, que más bien parece un Dioniso.
O le vemos conducir a una mujer hacia su amante, que está junto a Afrodita.










