
Lo cuenta Plutarco en Vidas Paralelas (Foción 4). El frío intenso de esta mañana (1 grado a las 8’00 en la Puerta del Sol) me ha recordado esta anécdota de Foción, (?, c. 402-Atenas, 318 a. C.), que fue un estratego y estadista ateniense. Uno de los jefes del partido aristocrático, participó, con Cabrias, en la batalla de Naxos (376 a. C.) y en la guerra social. Ayudó a los bizantinos a vencer a los macedonios que se habían instalado en Quersoneso (340 a. C.). A la muerte de Alejandro (323 a. C.), no era partidario de la rebelión, y tras la guerra lamiaca consiguió reducir las condiciones impuestas por Antípatro.
Benito Jerónimo Feijoo cita a Foción dos veces en el apartado Voz del Pueblo de su Teatro Crítico Universal:
Preguntando alguna vez el Papa Juan XXIII (el del siglo XV, que no cuenta en la lista oficial de papas) qué cosa era la que distaba más de la verdad, respondió que el dictamen del vulgo. Tan persuadido estaba a lo mismo el severísimo Foción, que orando una vez en Atenas, como viese que todo el pueblo de común consentimiento levantaba la voz en su aplauso, preguntó a los amigos que tenía cerca de sí que en qué había errado, pareciéndole que en la ceguera del pueblo no cabía aplaudir sino los desaciertos. No apruebo sentencias tan rigurosas, ni puedo considerar al pueblo como antípoda preciso del hemisferio de la verdad. Algunas veces acierta; pero es por ajena luz o por casualidad. No me acuerdo qué sabio compara el vulgo a la luna, a razón de su inconstancia. También tenía lugar la comparación porque jamás resplandece con luz propia: Non consilium in vulgo, non ratio non discrimen, non diligentia, decía Tulio. No hay dentro de este vasto cuerpo luz nativa con que pueda discernir lo verdadero de lo falso. Toda ha de ser prestada y aun ésa se queda en la superficie, porque su opacidad hace impenetrable a los rayos el fondo.
En una materia determinada creí yo algún tiempo que la voz del pueblo era infalible, conviene a saber: en la aprobación o reprobación de los sujetos. Parecíame que aquel que todo el pueblo tiene por bueno, ciertamente es bueno; el que todos tienen por sabio, ciertamente es sabio, y al contrario. Pero haciendo más reflexión hallé que también en esta materia claudica algunas veces la sentencia popular. Estando una vez Foción reprendiendo con alguna aspereza al pueblo de Atenas, su enemigo Demóstenes le dijo: «Mira que te matará el pueblo si empieza a enloquecer.» «Y a ti te matará -respondió Foción- si empieza a tener juicio.» Sentencia con que declaró su mente, de que nunca hace el pueblo concepto sano en la calificación de sujetos. El hado infeliz del mismo Foción comprobó en parte su sentir, pues vino a morir por el furioso pueblo de Atenas, como delincuente contra la Patria, siendo el hombre mejor que en aquel tiempo tenía Grecia.

Pero vayamos al texto que narra la anécdota que da título a nuestro artículo de hoy:
Τὸ μὲν οὖν Κάτωνος ὡμολόγηται γένος ἐκ λαμπρῶν ὑπάρχειν, ὡς λεχθήσεται ἦ Φωκίωνα δὲ τεκμαίρομαι μὴ παντάπασιν εἶναι γένους ἀτίμου καὶ καταπεπτωκότος. εἰ γὰρ ἦν, ὥς φησιν ᾿Ιδομενεύς, δοιδυκοποιοῦ πατρός, οὐκ ἂν ἐν τῷ λόγῳ Γλαύκιππος ὁ ῾Υπερείδου μυρία συνειλοχὼς καὶ εἰρηκὼς κατ’ αὐτοῦ κακὰ τὴν δυσγένειαν παρῆκεν, οὐδ’ ἂν οὕτως ἐλευθερίου [βίου] καὶ σώφρονος [καὶ] παιδείας μετέσχεν, ὥστε τῆς Πλάτωνος ἔτι μειράκιον ὤν, ὕστερον δὲ τῆς Ξενοκράτους διατριβῆς ἐν ᾿Ακαδημείᾳ μετασχεῖν, καὶ τῶν ἀρίστων ἐξ ἀρχῆς ἐπιτηδευμάτων ζηλωτὴς γενέσθαι. Φωκίωνα γὰρ οὔτε γελάσαντὰ τις οὔτε κλαύσαντα ῥᾳδίως ᾿Αθηναίων εἶδεν, οὐδ‘ ἐν βαλανείῳ δημοσιεύοντι λουσάμενον, ὡς ἱστόρηκε Δοῦρις, οὐδ‘ ἐκτὸς ἔχοντα τὴν χεῖρα τῆς περιβολῆς, ὅτε τύχοι περιβεβλημένος. ἐπεὶ κατά γε τὴν χώραν καὶ τὰς στρατείας ἀνυπόδητος ἀεὶ καὶ γυμνὸς ἐβάδιζεν, εἰ μὴ ψῦχος ὑπερβάλλον εἴη καὶ δυσκαρτέρητον, ὥστε καὶ παίζοντας ἤδη τοὺς <συ>στρατευομένους σύμβολον μεγάλου ποιεῖσθαι χειμῶνος ἐνδεδυμένον Φωκίωνα.
El linaje de Catón es cosa averiguada que era ilustre, como lo diremos después; y en cuanto al de Foción, sacamos por conjeturas que no sería del todo oscuro y abatido: pues a haber sido hijo de un cucharero, como dice Idomeneo, Glaucipo hijo de Hipérides, que en su discurso recogió y profirió contra él millares de millares de picardías, no habría omitido su bajo nacimiento, ni él tampoco habría podido tener una vida tan acomodada, ni recibir una educación tan liberal, hasta el punto de haber asistido, siendo muy joven, a la escuela de Platón, y después a la de Jenócrates, en la Academia, haciéndose emulador desde el principio de los que tenían más elevados pensamientos. Pues ninguno de los Atenienses vio fácilmente a Foción ni reír, ni lamentarse, ni lavarse en baño público, como escribió Duris, ni sacar la mano fuera de la capa en las pocas veces que usaba de ella: porque, así en los viajes como en el ejército, iba siempre descalzo y desnudo, a no ser que hiciera un frío excesivo e inaguantable, de manera que sus camaradas decían, burlándose, que era señal de un frío riguroso el ver a Foción arropado.
Pues eso: voy a arroparme porque hace frío.,

