
El otro episodio en el cual destaca Polifemo es el de su relación con Acis y Galatea.
Acis es el dios del río del mismo nombre, en las proximidades del Etna. Pasaba por ser hijo del dios itálico Fauno y de la ninfa Simetis. Antes de ser río, estuvo enamorado de la ninfa Galatea, que, a su vez, era amada sin esperanza por el cíclope Polifemo. Éste, violento y celoso, había tratado de aplastar con unas rocas a su rival, pero Acis se transformó en río, y de esta manera escapó del gigante.
Galatea, nombre relacionado con la leche, en griego γάλα, es hija de Nereo y de una divinidad marina. Galatea, la doncella blanca que habitaba en el mar en calma, es amada por Polifemo, el cíclope siciliano de monstruoso cuerpo. Pero ella no le corresponde, pues está enamorada del bello Acis, hijo de Pan (Fauno) y Simetis. Un día que Galatea estaba descansando a la orilla del mar, sobre el pecho de su amante, Polifemo los vio y como Acis intentó huir, le lanzó una enorme roca y lo aplastó. Galatea restituyó a Acis la naturaleza de su madre la ninfa y lo convirtió en un río de límpidas aguas.
En el Idilio XI de Teócrito se nos ofrece un precioso cuadro del amor que Polifemo siente por Galatea.
ΘΕΟΚΡΙΤΟΥ
ΚΥΚΛΩΨ
Οὐδὲν ποττὸν ἔρωτα πεφύκει φάρμακον ἄλλο,
Νικία, οὔτ’ ἔγχριστον, ἐμὶν δοκεῖ, οὔτ’ ἐπίπαστον,
ἢ ταὶ Πιερίδες· κοῦφον δέ τι τοῦτο καὶ ἁδύ
γίνετ’ ἐπ’ ἀνθρώποις, εὑρεῖν δ’ οὐ ῥᾴδιόν ἐστι.
γινώσκειν δ’ οἶμαί τυ καλῶς ἰατρὸν ἐόντα
καὶ ταῖς ἐννέα δὴ πεφιλημένον ἔξοχα Μοίσαις.
Οὕτω γοῦν ῥάϊστα διᾶγ’ ὁ Κύκλωψ ὁ παρ’ ἁμῖν,
ὡρχαῖος Πολύφαμος, ὅκ’ ἤρατο τᾶς Γαλατείας,
ἄρτι γενειάσδων περὶ τὸ στόμα τὼς κροτάφως τε.
Ἤρατο δ’ οὐ μάλοις οὐδὲ ῥόδῳ οὐδὲ κικίννοις,
ἀλλ’ ὀρθαῖς μανίαις, ἁγεῖτο δὲ πάντα πάρεργα.
Πολλάκι ταὶ ὄιες ποτὶ τωὔλιον αὐταὶ ἀπῆνθον
χλωρᾶς ἐκ βοτάνας· ὃ δὲ τὰν Γαλάτειαν ἀείδων
αὐτὸς ἐπ’ ἀιόνος κατετάκετο φυκιοέσσας
ἐξ ἀοῦς, ἔχθιστον ἔχων ὑποκάρδιον ἕλκος,
Κύπριδος ἐκ μεγάλας τό οἱ ἥπατι πᾶξε βέλεμνον.
ἀλλὰ τὸ φάρμακον εὗρε, καθεζόμενος δ’ ἐπὶ πέτρας
ὑψηλᾶς ἐς πόντον ὁρῶν ἄειδε τοιαῦτα.

῏Ω λευκὰ Γαλάτεια, τί τὸν φιλέοντ’ ἀποβάλλῃ,
λευκοτέρα πακτᾶς ποτιδεῖν, ἁπαλωτέρα ἀρνός,
μόσχω γαυροτέρα, φιαρωτέρα ὄμφακος ὠμᾶς;
φοιτῇς δ’ αὖθ’ οὕτως ὅκκα γλυκὺς ὕπνος ἔχῃ με,
οἴχῃ δ’ εὐθὺς ἰοῖσ’ ὅκκα γλυκὺς ὕπνος ἀνῇ με,
φεύγεις δ’ ὥσπερ ὄις πολιὸν λύκον ἀθρήσασα;
ἠράσθην μὲν ἔγωγε τεοῦς, κόρα, ἁνίκα πρᾶτον
ἦνθες ἐμὰ σὺν ματρὶ θέλοισ’ ὑακίνθινα φύλλα
ἐξ ὄρεος δρέψασθαι, ἐγὼ δ’ ὁδὸν ἁγεμόνευον.
παύσασθαι δ’ ἐσιδών τυ καὶ ὕστερον οὐδ’ ἔτι πᾳ νῦν
ἐκ τήνω δύναμαι· τὶν δ‘ οὐ μέλει, οὐ μὰ Δί‘ οὐδέν.
γινώσκω, χαρίεσσα κόρα, τίνος οὕνεκα φεύγεις
οὕνεκά μοι λασία μὲν ὀφρὺς ἐπὶ παντὶ μετώπῳ
ἐξ ὠτὸς τέταται ποτὶ θώτερον ὦς μία μακρά,
εἷς δ‘ ὀφθαλμὸς ὕπεστι, πλατεῖα δὲ ῥὶς ἐπὶ χείλει.
ἀλλ‘ οὗτος τοιοῦτος ἐὼν βοτὰ χίλια βόσκω,
κἠκ τούτων τὸ κρἀτιστον ἀμελγόμενος γάλα πίνω
τυρὸς δ‘ οὐ λείπει μ‘ οὔτ‘ ἐν θέρει οὔτ‘ ἐν ὀπώρᾳ
οὐ χειμῶνος ἄκρω· ταρσοὶ δ‘ ὑπεραχθέες αἰεί.
συρίσδεν δ‘ ὡς οὔτις ἐπίσταμαι ὧδε Κυκλώπων,
τίν, τὸ φίλον γλυκύμαλον, ἁμὰ κἠμαυτὸν ἀείδων
πολλάκι νυκτὸς ἀωρί. Τράφω δέ τοι ἕνδεκα νεβρώς,
πάσας μαννοφόρως, καὶ σκύμνως τέσσαρας ἄρκτων.
ἀλλ’ ἀφίκευσο ποθ’ ἁμέ, καὶ ἑξεῖς οὐδὲν ἔλασσον,
τὰν γλαυκὰν δὲ θάλασσαν ἔα ποτὶ χέρσον ὀρεχθεῖν
ἀδιον ἐν τὤντρῳ παρ’ ἐμὶν τὰν νύκτα διαξεῖς.
ἐντὶ δάφναι τηνεί, ἐντὶ ῥαδιναὶ κυπάρισσοι,
ἔστι μέλας κισσός, ἔστ’ ἄμπελος ἁ γλυκύκαρπος,
ἔστι ψυχρὸν ὕδωρ, τό μοι ἁ πολυδένδρεος Αἴτνα
λευκᾶς ἐκ χιόνος ποτὸν ἀμβρόσιον προΐητι.
τίς κα τῶνδε θάλασσαν ἔχειν καὶ κύμαθ’ ἕλοιτο;
αἰ δέ τοι αὐτὸς ἐγὼν δοκέω λασιώτερος ἦμεν,
ἐντὶ δρυὸς ξύλα μοι καὶ ὑπὸ σποδῷ ἀκάματον πῦρ
καιόμενος δ’ ὑπὸ τεῦς καὶ τὰν ψυχὰν ἀνεχοίμαν
καὶ τὸν ἕν’ ὀφθαλμόν, τῶ μοι γλυκερώτερον οὐδέν.
ὤμοι, ὅτ’ οὐκ ἔτεκέν μ’ ἁ μάτηρ βράγχι’ ἔχοντα,
ὡς κατέδυν ποτὶ τὶν καὶ τὰν χέρα τεῦς ἐφίλησα,
αἰ μὴ τὸ στόμα λῇς, ἔφερον δέ τοι ἢ κρίνα λευκά
ἢ μάκων’ ἁπαλὰν ἐρυθρὰ πλαταγώνι’ ἔχοισαν
ἀλλὰ τὰ μὲν θέρεος, τὰ δὲ γίνεται ἐν χειμῶνι,
ὥστ‘ οὔ κά τοι ταῦτα φέρειν ἅμα πάντ‘ ἐδυνάθην.
νῦν μάν, ὦ κόριον, νῦν αὐτίκα νεῖν γε μαθεῦμαι,
αἴ κά τις σὺν ναΐ πλέων ξένος ὧδ‘ ἀφίκηται,
ὡς εἰδῶ τί ποχ‘ ἁδὺ κατοικεῖν τὸν βυθὸν ὔμμιν.
ἐξένθοις, Γαλάτεια, καὶ ἐξενθοῖσα λάθοιο,
ὥσπερ ἐγὼ νῦν ὧδε καθήμενος, οἴκαδ‘ ἀπενθεῖν
ποιμαίνειν δ‘ ἐθέλοις σὺν ἐμὶν ἅμα καὶ γάλ‘ ἀμέλγειν
καὶ τυρὸν πᾶξαι τἀμισον δριμεῖαν ἐνεῖσα.
῾Α μάτηρ ἀδικεῖ με μόνα, καὶ μέμφομαι αὐτά
οὐδὲν πήποχ‘ ὅλως ποτὶ τὶν φίλον εἶπεν ὑπέρ μευ,
καὶ ταῦτ‘ ἆμαρ ἐπ‘ ἆμαρ ὁρεῦσά με λεπτύνοντα.
φασῶ τὰν κεφαλὰν καὶ τὼς πόδας ἀμφοτέρως μευ
σφύσδειν, ὡς ἀνιαθῇ, ἐπεὶ κἠγὼν ἀνιῶμαι.
ὦ Κύκλωψ Κύκλωψ, πὰ τὰς φρένας ἐκπεπότασαι;
αà κ‘ ἐνθὼν ταλἀρως τε πλέκοις καὶ θαλλὸν ἀμἀσας
ταῖς ἄρνεσσι φέροις, τάχα κα πολὺ μᾶλλον ἔχοις νῶν.
Τὰν παρεοῖσαν ἄμελγε· τί τὸν φεύγοντα διώκεις;
εὑρησεῖς Γαλάτειαν ἴσως καὶ καλλίον‘ ἄλλαν.
πολλαὶ συμπαίσδεν με κόραι τὰν νύκτα κέλονται,
κιχλίζοντι δὲ πᾶσαι, ἐπεί κ’ αὐταῖς ὑπακούσω.
δῆλον ὅτ’ ἐν τὰ γὰ κἠγών τις φαίνομαι ἦμεν.
Οὕτω τοι Πολύφαμος ἐποίμαινεν τὸν ἔρωτα
μουσίσδων, ῥᾷον δὲ διᾶγ’εἰ χρυσὸν ἔδωκεν.

Contra el mal de amor no hay remedio, en mi opinión, que valga, Nicias, ni unturas ni polvos, excepto las Piérides. Remedio dulce y placentero que está al alcance del hombre; pero encontrarlo no es nada fácil. Eso tú lo sabes muy bien, creo yo, siendo médico como eres, y preferido además de las nueve Musas.
Así fue al menos como aligeró su mal el cíclope, mi compatriota (recordemos que Teócrito era de Siracusa, en Sicilia), el antiguo Polifemo, cuando – un fino bozo comenzaba a cubrirle la boca y las sienes – se enamoró de Galatea. No manifestaba su amor con ofrendas de manzanas, de rosas o de rizos, sino con raptos de locura y, no le importaban las demás cosas. ¡Cuántas veces regresaron solas las ovejas desde el prado verdeante hacia el redil. Y él, mientras tanto, sentado en la playa llena de algas, se deshacía, cantando, desde el alba, a Galatea, cruelmente herido en el fondo de su corazón por la flecha que la poderosa Cipris le había clavado. Sin embargo, encontró el remedio y, sentado en una alta roca, cantaba así, dirigiendo su mirada a las olas:
“¿Por qué rehuyes a aquél te tanto te ama, oh blanca Galatea, más blanca, sí, a mis ojos, que el requesón, más tierna que el cordero, más juguetona que una ternera, más brillante que la uva verde? ¿Por qué vienes a mí cuando el sueño, dulcemente, ya me domina, y te vas tan pronto el dulce sueño me abandona, y huyes de mí como la oveja cuando ve al canoso lobo?
Me enamoré de ti, doncella, aquel día en el que viniste a la montaña con mi madre, para recoger hojas de jaramugo, y yo os guiaba. Desde entonces, a pesar de haberte visto otras veces, no conozco el reposo. Pero a ti, por Zeus, no te importa.
Yo ya sé, doncella encantadora, por qué huyes de mí: porque, de oreja a oreja, me corre, sobre la frente, gruesa y peluda, una sola ceja; porque tengo un solo ojo y, encima de los labios, una nariz chata. Pero a pesar de ser como soy, conduzco un rebaño de mil ovejas que, cuando las ordeño, me dan, para beber, la leche más buena del mundo. Nunca me falta el queso, ni en verano ni en otoño ni en pleno invierno, y mis zarzos están siempre llenos hasta arriba. Sé tocar la siringa mejor que cualquier otro cíclope de la región, y canto para ti, dulce manzana del corazón, y también para mí, a menudo hasta altas horas de la madrugada.
Crío también para ti, once ciervas, todas ellas manchadas, y cuatro ositos. Ven, pues, a mi lado, que no perderás nada, y deja que el mar choque bramando contra las rocas. ¡Qué bien pasarás la noche allá dentro, en mi caverna, a mi lado! Aquí hay laureles, hay esbeltos cipreses y negro musgo; hay viñas con la dulzura de su fruto; hay agua helada, una bebida divina que el boscoso Etna me envía desde los blancos ventisqueros.
¿Quién preferiría, a cambio de eso, el mar y las olas? Y, si por ventura me crees demasiado peludo, hay astillas de roble y, bajo la ceniza, un rescoldo que nunca se apaga; si eres tú quien lo hace, yo dejo que me quemen el espíritu, e incluso mi única pupila, lo que más amo en este mundo.
¡Ay! ¡Si mi madre me hubiera engendrado con branquias! Hacia ti me sumergiría, para poder besarte la mano, si no lo quieres en la boca! Te llevaría, como ofrenda, lirios blancos, o bien tiernas amapolas, de pétalos rojos…
Pero, éstas las trae el verano, y el invierno aquéllas, y de este modo no podría ofrecerte a la vez ambos presentes…
Ahora, muchacha, ahora quiero aprender en seguida a nadar- si algún extranjero llega aquí con su nave – para ver qué encontráis agradable en vivir en las profundidades.
¡Ojalá, Galatea, salieras de las olas y, después, te olvidaras de la vuelta al hogar, como ahora yo, sentado, me olvido! ¡Ojalá quisieras pastar a mi lado y ordeñar la leche y hacer quesos mezclando con la leche el cuajo amargo!
Es tu madre, sí, es sólo ella quien me perjudica, y sólo a ella le hago mis reproches: nunca te ha dicho, en mi favor, ni una sola palabra agradable, y eso, viendo que cada día estoy más delgado. Le diré que la cabeza y los pies me laten, veamos si si se entristece como yo también me entristezco.
¡Ay Cíclope, ay Cíclope! ¿Dónde tienes la cabeza? Si fueras a trenzar canastillas y desbrozar ramas para dárselas a tus ovejas, quizá actuarías mejor. ¡Ordeña la que pasa! ¿Por qué quieres atrapar la que huye? Encontrarás otra Galatea y quizás será aún más bella. Hay muchas doncellas que, de noche, me invitan a unirme a sus juegos, y sonríen si escucho sus ruegos. ¡Está claro que en este lugar parece que aún soy alguien!
Así era, pues, con cantos, como Polifemo alimentaba su mal de amor, y se encontraba mejor que si si hubiera dado dinero (i. e.: si hubiera ido al médico).

La traducción es nuestra versión en castellano de la que en catalán realizó Josep Alsina, en la Fundació Bernat Metge.



simplemente hermoso
Ciertamente, Marianela. Muy hermoso el texto de Teócrito. Gracias por su comentario.