Parece que estemos en el 1 de enero de 2009, cuando en este blog escribí el primer artículo del 2009, ya historia. Hoy, 1 de enero, Jornada Mundial de la Paz, y mientras, como el año pasado, suenan de fondo las notas de los Strauss, Nicolai, Offenbach y Lumbye, en un programa en el que hay una alusión mitológica (la Quadrille de Die schöne Helena de Eduard Strauss, en la que usa melodías de la opereta homónima de Offenbach, a la que ya dedicamos un artículo), y que de nuevo dirige el maestro francés Georges Prêtre, escribo de nuevo sobre la paz.
De nuevo, porque parece que la humanidad se empeña en no eliminar esa lacra funesta de la guerra, el terrorismo y, en general, la violencia.
Otro año pasado con atentados, guerras, genocidios, viles asesinatos, agresiones. La humanidad no logra, pese a que se lo marcó en el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, llevarse fraternalmente.
Quizás lo impiden los intereses particulares, políticos y económicos, de naciones, grupos financieros, células fundamentalistas de diversas religiones. Por ello, sea necesario crear la figura de una autoridad pública de carácter mundial.
Ya lo adelantó Juan XXIII, en 1963, en su encíclica Pacem in terris. Pienso que no es mala idea. Lo dejo para la reflexión.
Humanae unitatem consortionis nulla delebit aetas, cum ex hominibus eadem constet, naturalem dignitatem aequo iure participantibus. Hac de causa flagitabit semper necessitas, ex ipsa hominis natura orta, ut convenienter bono universali studeatur, quod scilicet cunctae hominum familiae interest.
La autoridad política es hoy insuficiente para lograr el bien común universal
132. Ninguna época podrá borrar la unidad social de los hombres, puesto que consta de individuos que poseen con igual derecho una misma dignidad natural. Por esta causa, será siempre necesario, por imperativos de la misma naturaleza, atender debidamente al bien universal, es decir, al que afecta a toda la familia humana.
Praeteritis temporibus rerum publicarum rectores visi sunt satis posse bono communi universali consulere; qui quidem ad id contendebant sive per suae nationis legatos, sive per conventus et colloquia hominum in civitate praestantissimorum, sive per pacta et conventa: viis nempe instrumentisque adhibitis, quae vel iure naturali, vel iure gentium, vel iure omnibus nationibus communi describebantur.
133. En otro tiempo, los jefes de los Estados pudieron, al parecer, velar suficientemente por el bien común universal; para ello se valían del sistema de las embajadas, las reuniones y conversaciones de sus políticos más eminentes, los pactos y convenios internacionales. En una palabra, usaban los métodos y procedimientos que señalaban el derecho natural, el derecho de gentes o el derecho internacional común.
Nostris vero diebus mutuae civitatum consuetudines magnas habuerunt mutationes. Ex altera namque parte bonum omnium gentium commune quaestiones proponit summae gravitatis, arduas et quam primum solvendas quod praesertim attinet ad totius orbis securitatem pacemque tuendam; ex altera, singularum nationum moderatores, utpote qui inter se eodem sint iure, quantumvis conventus studiaque multiplicent ad aptiora iuris instrumenta reperienda, id tamen satis non assequuntur; non quo sincera voluntate et alacritate ipsi careant, sed quia ipsorum auctoritas idonea caret potestate.
134. En nuestros días, las relaciones internacionales han sufrido grandes cambios. Porque, de una parte, el bien común de todos los pueblos plantea problemas de suma gravedad, difíciles y que exigen inmediata solución, sobre todo en lo referente a la seguridad y la paz del mundo entero; de otra, los gobernantes de los diferentes Estados, como gozan de igual derecho, por más que multipliquen las reuniones y los esfuerzos para encontrar medios jurídicos más aptos, no lo logran en grado suficiente, no porque les falten voluntad y entusiasmo, sino porque su autoridad carece del poder necesario.
In hodiernis igitur humanae societatis adiunctis, tum rerum publicarum constitutio ac forma, tum vis, qua in universis terrarum orbis nationibus pollet publica auctoritas, bono omnium populorum communi provehendo sunt impares habendae.
135. Por consiguiente, en las circunstancias actuales de la sociedad, tanto la constitución y forma de los Estados como el poder que tiene la autoridad pública en todas las naciones del mundo deben considerarse insuficientes para promover el bien común de los pueblos.
Iamvero, si diligenter perpendantur hinc intima boni communis ratio, illinc publicae auctoritatis natura atque perfunctio, nemo est quin videat inter utramque rem necessariam intercedere convenientiam. Etenim moralis ordo, quemadmodum publicam auctoritatem postulat ad bonum commune in civili societate promovendum, similiter requirit, ut eadem auctoritas id reapse efficere possit. Ex quo fit, ut civilia instituta – in quibus publica auctoritas vertitur, operatur suumque finem consequitur – tali forma ac tali efficacitate sint praedita, ut ad commune bonum conducere valeant viis ac rationibus, quae variis rerum momentis apte respondeant.
Es necesaria una autoridad pública de alcance mundial
136. Ahora bien, si se examinan con atención, por una parte, el contenido intrínseco del bien común, y, por otra, la naturaleza y el ejercicio de la autoridad pública, todos habrán de reconocer que entre ambos existe una imprescindible conexión. Porque el orden moral, de la misma manera que exige una autoridad pública para promover el bien común en la sociedad civil, así también requiere que dicha autoridad pueda lograrlo efectivamente. De aquí nace que las instituciones civiles -en medio de las cuales la autoridad pública se desenvuelve, actúa y obtiene su fin- deben poseer una forma y eficacia tales que puedan alcanzar el bien común por las vías y los procedimientos más adecuados a las distintas situaciones de la realidad.
Cum autem hodie commune omnium gentium bonum quaestiones proponat, omnes contingentes populos; cumque huiusmodi quaestiones nonnisi publica quaedam auctoritas explicare possit, cuius et potestas, et forma, et instrumenta aequa sint amplitudine, cuiusque actio tam late pateat quantum terrarum orbis; tum exinde sequitur, ut, ipso morali ordine cogente, publica quaedam generalis auctoritas constituenda sit.
137. Y como hoy el bien común de todos los pueblos plantea problemas que afectan a todas las naciones, y como semejantes problemas solamente puede afrontarlos una autoridad pública cuyo poder, estructura y medios sean suficientemente amplios y cuyo radio de acción tenga un alcance mundial, resulta, en consecuencia, que, por imposición del mismo orden moral, es preciso constituir una autoridad pública general.
Haec autem generalis auctoritas, cuius imperium ubique terrarum vim habeat, idoneisque instrumentis ad commune bonum universale conducat, omnium utique populorum consensione condenda est, non vero vi imponenda. Quod ex eo nascitur, quod, cum huiusmodi auctoritas efficaciter munere suo perfungi debeat, idcirco aequabilis in omnes, a studio partium prorsus aliena, atque ad commune omnium gentium bonum intenta sit oportet. Nam si a potentioribus nationibus haec universalis auctoritas vi imponeretur, timendum sane esset, ne ea vel paucorum commodis serviret, vel ab aliqua staret natione; atque propterea ipsius actionis vis et efficacia in discrimine versaretur. Licet enim nationes valde inter se discrepent bonorum externorum incremento armorumque apparatu, tamen summo studio tuentur iuris aequalitatem suaeque vivendi disciplinae praestantiam. Quare non immerito civitates aegre potestati subsunt, aut quae ipsis vi iniungatur, aut a qua condenda afuerint, aut quam sua sponte non sint amplexae.
La autoridad mundial debe establecerse por acuerdo general de las naciones
138. Esta autoridad general, cuyo poder debe alcanzar vigencia en el mundo entero y poseer medios idóneos para conducir al bien común universal, ha de establecerse con el consentimiento de todas las naciones y no imponerse por la fuerza. La razón de esta necesidad reside en que, debiendo tal autoridad desempeñar eficazmente su función, es menester que sea imparcial para todos, ajena por completo a los partidismos y dirigida al bien común de todos los pueblos. Porque si las grandes potencias impusieran por la fuerza esta autoridad mundial, con razón sería de temer que sirviese al provecho de unas cuantas o estuviese del lado de una nación determinada, y por ello el valor y la eficacia de su actividad quedarían comprometidos. Aunque las naciones presenten grandes diferencias entre sí en su grado de desarrollo económico o en su potencia militar, defienden, sin embargo, con singular energía la igualdad jurídica y la dignidad de su propia manera de vida. Por esto, con razón, los Estados no se resignan a obedecer a los poderes que se les imponen por la fuerza, o a cuya constitución no han contribuido, o a los que no se han adherido libremente.
Ut de singularum civitatum communi bono, ita de generalibus omnium civitatum utilitatibus iudicari non potest, nisi ratione habita humanae personae; quapropter publica universalisque auctoritas eo maxime spectare debet, ut humanae personae iura agnoscantur, in debito habeantur honore, innoxia serventur, in re augeantur; quod efficere potest vel ipsa per se, si res ferat, vel in universo terrarum orbe rerum condicionibus institutis, quibus iuvantibus singularum civitatum principes sua possint commodius munera sustinere.
La autoridad mundial debe proteger los derechos de la persona humana
139. Así como no se puede juzgar del bien común de una nación sin tener en cuenta la persona humana, lo mismo debe decirse del bien común general; por lo que la autoridad pública mundial ha de tender principalmente a que los derechos de la persona humana se reconozcan, se tengan en el debido honor, se conserven incólumes y se aumenten en realidad. Esta protección de los derechos del hombre puede realizarla o la propia autoridad mundial por sí misma, si la realidad lo permite, o bien creando en todo el mundo un ambiente dentro del cual los gobernantes de los distintos países puedan cumplir sus funciones con mayor facilidad.
Cum gravissimis igitur magnanimorum virorum muneribus illud maxime coniungi putandum est, ut, veritate, iustitia, caritate, libertate magistris ac ducibus, novas iidem necessitudinum rationes in hominum societate constituant: hoc est tum singulorum civium inter sese; deinde inter cives et civitates suas; tum civitatum inter se; tum denique hinc inter singulares homines, familias, interposita corpora, singulas civitates, illinc universorum hominum communitatem. Quod profecto munus nemo praeclarissimum non censuerit, quippe quo vera pax, iuxta ordinem a Deo statutum, coalescere possit.
163. Por tanto, entre las tareas más graves de los hombres de espíritu generoso hay que incluir, sobre todo, la de establecer un nuevo sistema de relaciones en la sociedad humana, bajo el magisterio y la égida de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad: primero, entre los individuos; en segundo lugar, entre los ciudadanos y sus respectivos Estados; tercero, entre los Estados entre sí, y, finalmente, entre los individuos, familias, entidades intermedias y Estados particulares, de un lado, y de otro, la comunidad mundial. Tarea sin duda gloriosa, porque con ella podrá consolidarse la paz verdadera según el orden establecido por Dios.
Ad hos ergo viros, nimis certe pro necessitate paucos, sed de hominum consortione mirifice meritos, dignum est a Nobis pertinere publicam laudem, simul invitationem ad urgendum propositum salutiferum. At per idem tempus in spem inducimur, fore ut ad hos viros alii multi, praesertim e christifidelibus, officii conscientia et caritate incitantibus, accedant. Quicumque enim Christo nomen dederunt, eos admodum decet in hac hominum congregatione, et lucis veluti scintillas, et amoris quasi alimenta, et totius tamquam fermentum multitudinis fieri; quod eo magis eveniet, quo cuiusque animus artius cum Deo coniungetur.
164. De estos hombres, demasiado pocos sin duda para las necesidades actuales, pero extraordinariamente beneméritos de la convivencia humana, es justo que Nos hagamos un público elogio y al mismo tiempo les invitemos con urgencia a proseguir tan fecunda empresa. Pero al mismo tiempo abrigamos la esperanza de que otros muchos hombres, sobre todo cristianos, acuciados por un deber de conciencia y por la caridad, se unirán a ellos. Porque es sobremanera necesario que en la sociedad contemporánea todos los cristianos sin excepción sean como centellas de luz, viveros de amor y levadura para toda la masa. Efecto que será tanto mayor cuanto más estrecha sea la unión de cada alma con Dios.
Nam nulla sane pax, in hominum universitate insidet, nisi in uniuscuiusque hominis animo ea insederit: nisi videlicet quisque in semetipso ordinem servaverit, quem Deus servari iussit. Qua de re ita S. Augustinus hominem rogat: «Vult autem mens tua idonea esse vincere libidines tuas? Subdatur maiori et vincet inferiorem: et erit pax in te: vera, certa, ordinatissima. Qui est ordo pacis huius? Deus imperat menti: mens carni: nihil ordinatius»
165. Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir, si primero no guarda cada uno en sí mismo el orden que Dios ha establecido. A este respecto pregunta San Agustín: ¿Quiere tu alma ser capaz de vencer las pasiones? Que se someta al que está arriba y vencerá al que está abajo; y se hará la paz en ti; una paz verdadera, cierta, ordenada. ¿Cuál es el orden de esta paz? Dios manda sobre el alma; el alma, sobre la carne; no hay orden mejor.
Suena ahora la obertura de Die Rheinnixen (Las Ondinas del Rin) y descubro que usa el bello tema de la barcarola de su ópera Los cuentos de Hoffmann, que usara Roberto Benigni para su película La vida es bella.
Con la paz que da esta bella melodía y según el contenido del último párrafo de la Pacem in terris, nuestro deseo para nuestros lectores es el de paz, interior primero, porque sólo quien tiene paz interior puede aportar en los ambientes en que se mueve un verdadero espíritu de paz y armonía.
Sea, pues, como decimos, nuestro firme, vehemente y sincero deseo para los lectores de este espacio el que gocen de una paz interior que les haga llevar a los ambientes en que se mueven la armonía, la verdad, la caridad y la paz.
Siempre nos ha parecido bella la fórmula de bendición que Dios indicó a Moisés para que la aplicara a los israelitas:
Εὐλογήσαι σε κύριος καὶ φυλάξαι σε, ἐπιφάναι κύριος τὸ πρόσωπον αὐτοῦ ἐπὶ σὲ καὶ ἐλεήσαι σε, ἐπάραι κύριος τὸ πρόσωπον αὐτοῦ ἐπὶ σὲ καὶ δῴη σοι εἰρήνην.
Benedicat tibi Dominus et custodiat te! Illuminet Dominus faciem suam super te et misereatur tui! Convertat Dominus vultum suum ad te et det tibi pacem!
El Señor te bendiga y te guarde; ilumine el Señor su rostro sobre ti y te sea propicio; el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz. (Números 6, 24-26)
Acabo de colgar este post cuando suenan las últimas notas del vals El bello Danubio azul y un poco antes de que suene de nuevo esto, que dirigirá como en el 2008 de nuevo Georges Prêtre:










Hola a todos.
Cual es la paz, verdadera
Cual es la paz,
Que se espera.
Será la lograda,
Dejando las guerras,
Verán que esa paz,
Es muy pasajera.
Será la ganada,
Derrotando todo,
Lo que sea malo,
Y haga crecer odio,
Cual de las dos,
Tendrá la victoria,
Yo creo en Dios,
Y espero su gloria.
En la que el hombre,
Se vuelva bueno,
Venza lo malo,
Eso es eterno.
Esa es la paz,
La paz verdadera,
Donde el amor,
No tiene fronteras.
Hay señales en los números de la Biblia, fin de la maldad en la tierra
Dios los ven diga a su Santo Monte de SION.
http://www.taringa.net/posts/info/4303881/se%C3%B1ales-en-los-numeros-de-la-biblia,fin-de-los-tiempos.html
[...] Como ya viene siendo tradicional (todo lo tradicional que permiten, con éste, cuatro primeros de enero), dedico el primer artículo del año a la PAZ, en el día en el que la Iglesia celebra la Jornada Mundial por la Paz. Otros años (2009) hemos aportado textos de la Gaudium et Spes (constitución del Concilio Vaticano II) o de la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII y de la misma encíclica Pacem in terris del citado pontífice (2010). [...]