Creemos que es muy interesante conocer la obra Vida de Alejandro del Pseudo Calístenes en algunos puntos clave, como son su carácter, su difusión y sus fuentes. De ello se habla ampliamente en el Prólogo a la traducción de la obra en Gredos, a cargo de Carlos García Gual. De dicho prólogo ofrecemos ahora unos amplios extractos.
“Vida de Alejandro”: historia, novela y epopeya
La Vida de Alejandro no es, en lo fundamental, un texto histórico. Se trata, más bien, de un relato de aventuras extraordinarias en torno a la figura heroica del gran conquistador macedonio, progresivamente mitificada por la fantasía popular a lo largo de varias centurias. Este texto, al que se suele denominar como la Novela de Alejandro, no es, desde el punto de vista formal, una novela; su esquema narrativo corresponde a las pautas de la biografía helenística. Pero sí que resulta un producto novelesco, en el sentido amplio de esta calificación, atendiendo a otras razones. En torno a un núcleo histórico originario se ha formado una biografía fabulosa, en la que las peripecias dramáticas y los escenarios admirables deben tanto, por lo menos, a la ficción como a la realidad. La victoriosa expedición de Alejandro a países lejanos, con toda su carga legendaria, viene a concluir aquí en una saga de aventuras y maravillas, con todos los prestigios de lo heroico y lo exótico que la literatura épica griega supo combinar tantas veces. En este sentido debe advertirse la intención poética de esta fabulación biográfica, en dependencia con una tradición historiográfica, pero en dependencia también con una tradición que se remonta, en cuanto a las motivaciones psicológicas de sus episodios, muy atrás, a un fondo mágico y mítico que aparece ya en la vieja Odisea.
Compuesta en el siglo III de nuestra era, a más de cinco siglos de distancia de la gesta que nos narra, la Vida de Alejandro incorpora materiales diversos y de autenticidad varia y reelabora el conjunto de datos tradicionales con un significativo ímpetu novelesco. Su lejanía frente a la historiografía veraz y respetable no está motivada por esa distancia de más de quinientos años, sino por su carácter popular, por ese gusto por lo fabuloso y lo mítico, que la distingue, inequívocamente, de una biografía como la Vida de Alejandro, que compusiera Plutarco en el siglo anterior, utilizando algunas fuentes comunes, o de la latina de Quinto Curcio.
Difusión y fama
La difusión de la Vida de Alejandro fue asombrosa. Se tradujo al armenio, al georgiano, al persa, al sirio, al árabe, al turco, al etíope, al copto y al hebreo… En su extensión por Oriente llegó a la India, Java y las Célebes. La representación de Alejandro que se refleja en los poetas persas Firdusi y Nizani, así como la de la mayoría de los cronistas bizantinos, dependen, en lo fundamental, de nuestro texto. En Bizancio se recompuso en verso. Las versiones en griego medieval y en griego moderno se leyeron como libros populares hasta tiempos muy recientes. En 1529 se publicó la versión también versificada de Demetrios Zenos en griego moderno. Aparecieron luego las traducciones al serbio, búlgaro, ruso y rumano.
En conjunto, se calcula que la influencia de esta Vida de Alejandro está reflejada en unos treinta idiomas, siendo así el texto más traducido, después de la Biblia, hasta los comienzos del Renacimiento.
Al latín se tradujo en dos ocasiones, con versiones notablemente distintas: la de Julio Valerio, muy próxima al original, en el siglo IV, y la del Arcipreste Leo, un clérigo napolitano del siglo X. Esta última versión, un tanto libre y acrecentada con algunos añadidos y digresiones, titulada Historia de Proeliis, fue reelaborada – a partir del siglo XII en diversos idiomas europeos: francés, alemán, español, italiano, inglés, sueco, danés, checo, polaco y húngaro…
De cualquier forma, es indudable que la personalidad histórica de Alejandro es insondablemente más compleja que la de su imagen novelesca. Ésta transmitió a la posteridad un prototipo mítico del gran conquistador, del que diferentes épocas supieron destacar y extraer las valencias simbólicas que les interesaban más directamente. Era el joven e invencible Conquistador de Mundo, el fundador de ciudades y reinos, el aventurero que se lanzaba al misterio, ascendía a los cielos y exploraba el fondo del mar, por un mundo exótico, maravilloso y juliovernesco; el espejo ideal de monarcas justos y caballerescos, el inquieto y sagaz discípulo del sabio Aristóteles, el rechazador de los bárbaros apocalípticos, la personificación de la gloria terrestre, de la soberbia y de la vanidad, etc.
Composición y fuentes de la obra
La obra debió de circular desde un principio anónima o, en todo caso, su autor era tan desconocido que su nombre se olvidó pronto. La denominación de Pseudo Calístenes se debe a que algunos manuscritos (de la familia B) y algún erudito bizantino (Tzetzes) atribuyeron la obra al joven sobrino de Aristóteles que acompañó a Alejandro como historiador de sus campañas. Nuestro escritor logró componer su texto a base de reunir sobre el esquema de la biografía, aderezada con varios episodios nuevos y numerosos disparates históricos de su propia cosecha, algunos textos literarios previos.
Entre éstos conviene distinguir las dos fuentes capitales de su obra, que son: 1) un relato histórico helenístico, probablemente una biografía de Alejandro, y 2) una colección de cartas en forma de novela epistolar. Además ha utilizado, insertándolos como episodios dentro del esquema general, otros relatos independientes de menor extensión, como eran, verosímilmente: 3) las cartas (a Aristóteles y a Olimpíade) sobre las maravillas y aventuras del viaje a la India (en II, 23 y siguientes, III, 17, 27, 28); 4) las leyendas sobre Nectanebo y Candace; 5) el coloquio con los gimnosofistas, y 6) un escrito histórico sobre los últimos días de Alejandro, su testamento y muerte.
1) El relato histórico que utiliza el Pseudo Calístenes provee de los datos principales a la historia de Alejandro: sus marchas, sus victorias y sus fundaciones, datos que la versión final del Pseudo Calístenes a menudo confunde y cita erróneamente, con su ignorancia de la geografía real.
Por otra parte, es evidente que el historiador utilizado, de época helenística, era un buen ejemplo de las tendencias retóricas de la historiografía de la época, más atenta a los efectismos dramáticos y al patetismo que a la austera narración de hechos. Más que la verdad les interesaba a tales historiadores emocionar a su público con la descripción teatral de ciertos momentos, como si pretendiera la historiografía novelesca suplantar a la tragedia. Así, p. ej., en escenas patéticas como la destrucción de Tebas y el encuentro con Darío moribundo; o en pasajes como la carrera en Olimpia, la discusión de los oradores atenienses en II 2-5, y el festín para celebrar el matrimonio de Filipo y Cleopatra, pueden verse las huellas de ese gusto por el efectismo, con episodios inventados o embellecidos para insistir en tópicos como el poder de la Tyche y la fortuna del héroe. Incluso es probable que se remonte a él una invención como el viaje de Alejandro a Roma y Cartago, con el fin de subrayar la grandeza de su héroe, al que se someten los futuros conquistadores del Oriente.






