Afrontamos otros poemas sobre el mito de Apolo y Dafne, y comenzamos por el sevillano Juan de Arguijo (1567-1623). En su soneto Apolo a Dafne, de estructura ABBA ABBA CDE CDE, el poeta nos presenta al dios dirigiéndose a una Dafne ya convertida en laurel y diciéndole que, en adelante, las coronas que ciñan las sienes de los vencedores en los Juegos (Píticos) ya no serán de olivo, sino de laurel, en honor a la ninfa deseada por el dios. Un dios que, burlado y asido al tronco del árbol, hace poco ninfa por él pretendida, le reprocha su fiereza y frialdad, pero le asegura la protección ante el fuego del rayo, puesto que ha sido capaz de resistir el fuego de su pasión
Apolo a Dafne
“Victorioso laurel, Dafnes esquiva,
en cuyas verdes hojas la memoria
de tu rigor y de mi triste historia
quiere el amor que eternamente viva.
La antigua palma y abundante oliva
a ti de hoy más inclinarán su gloria;
tú ceñirás en premio de Vitoria
del fuerte vencedor la frente altiva.”
Dijo el burlado Cintio, y a la dura
corteza asido, la contempla, y luego
repite: “¡Dafne fiera! ¡Mármol frío!
Del rayo ardiente vivirás segura;
que no es bien que consienta ajeno fuego
quien pudo resistir al fuego mío.”
Con los dos sonetos de Quevedo (A Apolo, siguiendo a Dafne y A Dafne, huyendo de Apolo) nos adentramos de lleno en la tercera fase a la que nos referíamos en el anterior capítulo.
Rosa Somojano, en Funciones del mito clásico en el siglo de oro: Garcilaso, Góngora, Lope de Vega, Quevedo, escribe:
En este poema (A Apolo, siguiendo a Dafne) a partir de la apelación a Apolo-Sol como “bermejazo platero de las cumbres” en la incisión más destructiva sobre el tópico efectuada hasta el momento, el sujeto poético va dando a Apolo una serie de consejos que facilitarían la consecución de su deseo con respecto a Dafne, trayendo, cínicamente, a colación una serie de exempla – en incisión general y cínica también sobre éstos – , sobre otros casos de la mitología en los que dioses de la misma alcurnia que Apolo actuaron de forma más efectiva haciendo uso del dinero. Se exhorta, asimismo, a Apolo a que haga uso de su poder para conseguir lo que pretende. Bajo el texto subyacerá, pues, una generalización negativa sobre la mujer y sobre la moral al uso, expuesta de modo cínico (la mujer tiene un precio y todo lo puede conseguir el dinero y el poder.) El mito seguirá sirviendo de ejemplo para vencer el rigor de la amada desdeñosa, pero ahora irá dirigido al amante perseguidor, para que emplee su dinero y su poder si quiere vencer el desdén de la dama. La sátira, pues, aparte de proyectarse sobre temas mitológicos, se convierte en exponente de un comportamiento moral y social.
He aquí el poema:
A APOLO, SIGUIENDO A DAFNE
Bermejazo Platero de las cumbres
A cuya luz se espulga la canalla:
La ninfa Dafne, que se afufa y calla,
Si la quieres gozar, paga y no alumbres.
Si quieres ahorrar de pesadumbres,
Ojo del Cielo, trata de compralla:
En confites gastó Marte la malla,
Y la espada en pasteles y en azumbres.
Volvióse en bolsa Júpiter severo,
Levantóse las faldas la doncella
Por recogerle en lluvia de dinero.
Astucia fue de alguna Dueña Estrella,
Que de Estrella sin Dueña no lo infiero:
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.
En este otro poema (A Dafne, huyendo de Apolo) a partir de la apelación a Dafne el poeta dramatiza el momento de su huida de Apolo-Sol, haciendo participar directamente al sujeto poético, de forma innovadora, como personaje de la fábula. Si en Soneto XIII de Garcilaso el sujeto se nos ofrecía como espectador de un cuadro que describiera la huida de Dafne, ahora el sujeto poético dialogará directamente con ella, introduciéndose en el relato.
A DAFNE, HUYENDO DE APOLO
“Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
pues vais del Sol y de la luz huyendo.
Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.
Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
cargado de bochornos y cometas.”
Esto la dije; y en cortezas duras
de laurel se ingirió contra sus tretas,
y, en escabeche, el Sol se quedó a escuras.
El propio Quevedo escribió una Fábula de Dafne y Apolo, que puede leerse aquí.
José Joaquín Benegassi y Luján (1707-1770) publicó en 1743 sus Poesías joco-serias. En dicha obra incluye dos fábulas burlescas mitológicas, la de Júpiter y Europa y la de Apolo y Dafne.
José María Cossío, en Fábulas mitológicas en España, escribe:
La primera trata el tema de Apolo y Dafne en doce quintillas. No tiene sino una aspiración jocosa, lejos de complicaciones poéticas, y usando el más llano y bajo estilo. Ni un rasgo del estilo culterano, que aún usaban las fábulas burlescas que por entonces solían componerse en romance, hay en esta pieza. Nada de cuanto venía constituyendo el parámetro retórico de estas ficciones puede rastrearse en la fábula, que en estilo y metro popular (venían siendo las quintillas el metro preferido de los ciegos copleros) narra entre chiste y chiste el suceso mítico, tantas veces ennoblecido, aun en ocasiones burlescas, por la retórica más selecta. Véase un ejemplo:
Dafne,
A su padre, con anhelo
Huyendo de verse madre
Clamaba en su desconsuelo,
Diciéndole: ¡Padre, padre
Que quieren hacerte abuelo!
El padre en tal aflicción,
Respondió (y estaba ronco
De cierta destilación):
No hay cosa como ser tronco
Para quien es machacón.
Por semejante estilo y semejante gracia, o falta de ella, está escrita la pieza, que apenas merecería mención si no fuera seguida de otra del mismo género e intención, pero incomparablemente mejor lograda. Es ella la Fábula de Júpiter y Europa.
Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635) tiene también un epigrama dedicado al mito:
A Dafnes y Apolo
Apolo a Dafnes seguía
(Fabio) que árbol se volvió,
y a la sombra le dejó
que con las hojas le hacía.
A su sombra el sol se asombra
de mirar su proceder:
ésta sí que fue mujer
que al sol le dejó a la sombra.






