Guzmán Urrero Peña, en su artículo Don Quijote y el basilisco, en el que se refiere, como nosotros, en nuestro anterior capítulo, al episodio de Marcela, escribe:
Las primeras noticias en torno a la citada alimaña proceden de la Historia natural de Plinio, en cuyo octavo libro se describe la mortífera mirada del Catoplebas, y se equipara el poder destructivo de ese monstruo con el de un ofidio formidable al que el historiador llama basilisco. Gracias a esta descripción, podemos imaginarlo como una descomunal serpiente, una cobra digna de odio y temor, soberbiamente tocada con una corona. En adelante, su ferocidad legendaria fue pregonada por autores como Lucano. Muchos llegaron a creer que el propio Alejandro Magno dio muerte a un basilisco, armado con su espada y protegiéndose con un bruñido escudo, que por cierto espejeaba como aquel otro que usó Perseo contra la Medusa.
A lo largo del Medievo, el barroquismo simbólico dio por buena otra descripción del basilisco. Así, los bestiarios recogen la imagen de una robusta serpiente con garras de águila, alas de reptil y cabeza de gallo. En algunos frontispicios figura bajo los pies del arcángel San Miguel, cual si la bestia fuera un aliado del Maligno. Por esa época, se extendió asimismo la creencia de que era posible cazarlo con ayuda de hurones o armiños. La constatación de su poderío fue aún más notable entre los alquimistas, avariciosos de ese polvo de basilisco que enriquecía pócimas y emulsiones. Los grabados de la época preservan su espantoso gesto de víbora. Ésta es la clave que manejaron, por citar dos casos, Edward Topsell en su Historiae of Four-Footed Beasts (1607) y George Wedel en sus Ephemerides (1672).
Pero la creencia en la vida real del basilisco se debe a otro gremio: el de los falsarios. Los mismos que vendían huevos y ejemplares disecados a los coleccionistas de maravillas. Taxidermistas con oficio, hábiles a la hora de deformar el cuerpo de un pez, la manta raya, que admitía el sesgo monstruoso. A la vista de estos basiliscos disecados, no sorprende que certificaran su autenticidad Ulises Aldrovandi en la Historiae Serpentum et Draconum Libri Duo (1640) y Athanasius Kircher en su Mundus Subterraneus (1664).
San Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías XII, IV, 6, habla también del basilisco:
IV. DE SERPENTIBVS.
[6] Basiliscus Graece, Latine interpretatur regulus, eo quod rex serpentium sit, adeo ut eum videntes fugiant, quia olfactu suo eos necat; nam et hominem vel si aspiciat interimit. Siquidem et eius aspectu nulla avis volans inlaesa transit, sed quam procul sit, eius ore conbusta devoratur. [7] A mustelis tamen vincitur, quas illic homines inferunt cavernis in quibus delitescit; itaque eo visu fugit, quem illa persequitur et occidit. Nihil enim parens ille rerum sine remedio constituit. Est autem longitudine semipedalis; albis maculis lineatus. [8] Reguli autem, sicut scorpiones, arentia quaeque sectantur, et postquam ad aquas venerint, UDROFOBOUS et lymphaticos faciunt. [9] Sibilus idem est qui et regulus. Sibilo enim occidit, antequam mordeat vel exurat.
«Basilisco en griego; en latín se traduce por “regulus” (reyezuelo), porque es la reina de las serpientes, de tal manera que todas, al verlo, lo rehúyen, porque las mata con su aliento; al hombre, si lo mira, lo destruye. Más aún, ningún ave que vuele en su presencia pasa ilesa, sino que, aunque esté muy lejos, cae muerta y es devorada por él. Sin embargo es vencido por las comadrejas, que los hombres lanzan a las madrigueras en las que se esconde el basilisco. Cuando éste la ve huye y es perseguido hasta que es muerto por ella. En efecto, nada dejó el Padre sin remedio. Su tamaño es de medio pie y está adornado de manchas blancas. Los régulos, como los escorpiones, andan por lugares áridos, pero cuando llegan a las aguas se hacen acuáticos. Sibilus es el mismo basilisco, y se le da este nombre porque con sus silbidos mata antes que muerde.».
Del artículo, ya citado y utilizado, de Gustavo Bueno, Ontogenia y filogenia del basilisco, en El Basilisco (revista de filosofía, ciencias humanas, teoría de la ciencia y de la cultura) 1ª época, nº 1, 1978, sacamos este otro comentario y el texto:
Bartolomé Glanvilla, más conocido por Anglico, franciscano, prepara hacia 1230 en París su De Proprietatibus rerum, que sería la Historia Natural más popular del Renacimiento. En Anglico el mito aparece mucho más formado. Obsérvese las deformaciones que han sufrido las fuentes que utiliza. Manejamos la traducción que Vicente de Burgos, en el siglo XV, hizo en romance:
«Libro XVIII: De los animales. Capítulo XIV: Del Basilisco y sus propiedades. Basilisco es un nombre griego que en latín quiere decir regulus y en romance reyzillo. El es el rey de todas las serpientes: como dice Avicena. Y dice que las otras sierpes le an gran miedo y le fuyen y mueren de su vista: y de su resollo; todas las cosas vivas mueren de su vista, y aún las aves que vuelan sobre su cueva caen luego y aún con esto es él vencido por la comadreja que le mete en la cueva do el mora, ca Dios soberano nuestro no dejó nada sin remedio. El basilisco cuando ve la comadreja el huye y ella va tras él y lo mata. El basilisco es una serpiente que a un pie de luengo y es manchado de picas blancas: y ama más el lugar seco que humido, como hace el escorpión. Y cuando el entra en el agua el la encona assi que todos los que después beven mueren, y no menos facen todos los que el muerde: como dice Isidoro en el 4 capítulo de su 12 libro, y Plinio en los XXII capítulos de su VIII libro. Dice que hay una fuente en Etiopía, la cual es la cabeza del Nilo según la opinión de muchos doctores, y cerca della tal fuente es una bestia que es dicha catoblepas la cual es de pequeño cuerpo y de muy pesados miembros y tiene su cabeza siempre cerca de la tierra. Esto fue muy bueno a los hombres ca todos los que pueden ver sus ojos mueren luego.
Y esta misma virtud a el basilisco, el cual según dicen a XII pulgadas de luengo y a una mancha blanca sobre la cabeza assi como una corona. Y el hace huir todas las otras serpientes cuando chifla y no va sobre la tierra doblándose como la culebra más lleva la cabeza toda alzada y derecha en alto. El seca las hierbas y las otras cosas que son cerca del por su resollo y es de tan fuerte veneno que el mata cualquier que le toca de una lanza lejos, mas finalmente la comadreja lo mata, y el hedor del basilisco mata la comadreja. E si ella come primero de la ruda, o si ha comido ella no ha miedo del, y aunque el basilisco sea tan envenenado en su vida, después de muerto el guaresce el veneno de las otras sierpes cuando es primero quemado y su ceniza vale mucho al arte del Alquimia y por especial para mudar los metales del uno al otro.»
Al tratar del gallo (XII-17), Bartolomé Anglico dice:
«(…) cuando el gallo es muy viejo hace unos huevos muy pequeños y redondos y como cardenos o amarillos y cuando en un muladar en los días caniculares alguna bestia venenosa sobre ellos yace nace el basilisco según dice Beda y Constantino (…).»
Por último, en el libro XIX (De los colores, olores, sabores, licores, y de los huevos), capítulo LXXIX (De los huevos de las serpientes) encontramos una importante información que rectifica conocimientos anteriores en torno a la filogénesis del basilisco: no son los huevos del gallo sino los del áspid aquellos de donde nace el basilisco:
«(…) los huevos de una serpiente llamada aspis son pequeños y redondos, y de color como cardeno o amarillo (…). El sapo saca algunas veces los huevos del aspis y de ellos viene la serpiente que por su vista mata todo hombre, llamada Basilisco, y assí prestó como nace mata al sapo por su vista, según dice Plinio, esta propiedad tampoco Isaías a los XLI capítulos de su libro. Dicen quien los huevos del aspis comerá morirá. Dellos sale el basilisco y dice la glosa que como de los tales huevos viene el basilisco así de los enconados judios perversos nascera el anticristo.»







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