El padre Feijoo ha salido mucho en artículos de este blog, y con el basilisco no iba a ser de otra forma.
En el segundo tomo de su Teatro Crítico Universal (1728) Discurso Segundo: Historia Natural, Fray Benito Jerónimo Feijoo dedica un capítulo al basilisco, en el que encontramos alusiones a muchas de las cosas ya dichas (episodio de Alejandro Magno, la comadreja como enemigo del basilisco, y, en fin, su nacimiento de un huevo de gallo adulto)
24. De la triaca, invirtiendo el orden, pasamos al veneno. No me opongo a que haya una sabandija llamada Basilisco, de tan activa ponzoña, que con sólo el vapor que exhala infeccione a alguna distancia: que sea enemigo de toda la naturaleza, que tale los campos, marchite las selvas, rompa los pedernales, ahuyente, o mate todos los demás animales ponzoñosos (exceptuando únicamente la Comadreja, que dicen le acomete intrépida; pero quedan entrambos muertos en la batalla, como Petreyo, y Juba): que tenga en la cabeza una especie de corona, por cuya razón se llama Régulo, como en señal de superioridad a todos los demás vivientes venenosos;
25. Pero negaré constantemente, por más que lo afirmen muchos Autores, que mata con la vista, y con el silbo. La vista no es activa, sinó dentro del propio órgano. El objeto le envía especies; pero ella nada envía al objeto. El silbo tampoco imprime cualidad alguna, ni en el ambiente, ni en otro cuerpo: sólo mueve con determinadas ondulaciones el aire, las cuales propagándose, llegan a producir un movimiento semejante en el tímpano del oído.
26. Ninguna Historia fidedigna testifica la experiencia. Gaspar de los Reyes, citando a un tal Porta, a quien califica Coleta del Sacro Palacio dice, que, estando Alejandro en el sitio de una Ciudad de la Asia, un Basilisco, animado en un agujero del muro, enfrente del Ejército, le mató con su vista mucha gente, de modo que había día, que a las flechas que vibraba de sus ojos morían 200 Soldados.
Quisiera que me dijera Porta, pues no estuvo presente al hecho, en qué Autor antiguo le leyó: pues ni Plutarco, ni Arriano, ni Q. Curcio, que son los tres Escritores famosos de las Conquistas de Alejandro, le refieren. Fuera de que un Basilisco en la Asia sería cosa peregrina; porque los Naturalistas los suponen nacionales de la África; y aun algunos los estrechan a la Provincia de Cirene. Así esta Historia no tiene más verdad que la que se lee en Alberto Magno de los dos Dragones metidos entre unos montes de Armenia, que infeccionando a larga distancia el ambiente, mataban muchos caminantes, sin que se supiese la causa del estrago, hasta que Sócrates, de orden de Filipo, Rey de Macedonia, la examinó, y descubrió, fabricando una altísima torre, y colocando en su mayor altura un espejo de metal, donde se representaron los dos Dragones. Esta narración evidentemente es fabulosa, pues Sócrates no fue contemporáneo de ninguno de los Filipos de Macedonia.
27. Volviendo al Basilisco, digo, que con más razón se debe repudiar como falso, que esta sabandija sea veneno de sí misma, mirándose en un espejo, como algunos quieren decir; pues sobre la imposibilidad de que la vista mate, se añade la de que sea al sujeto propio.
28. Jerónimo Mercurial dice, que vio el cadáver de un Basilisco entre las cosas raras del Gabinete del Emperador Maximiliano. Acaso sería como el que se muestra en la Biblioteca Regia de Madrid, el cual es artificial, aunque el Vulgo le juzga natural. Y cuando fuese natural el de Maximiliano, sólo prueba que haya una sabandija de tal figura, cual se pinta el Basilisco, lo cual no negamos, sí sólo que sea tan eficaz su veneno como se dice. Levino Lemnio de occultis naturae miraculis {(a) Lib. 4 cap. 12.}, nos da la noticia de que en Sajonia hay un género de serpenzuelas semejantes en la figura, pero muy inferiores en la ponzoña, al Basilisco, pues los rústicos del País las acometen, y matan a cada paso. Puede ser que de una de estas fuese el cadáver que vió Mercurial.
29. La que vulgarmente se cuenta de que el gallo anciano pone un huevo, del cual nace el Basilisco, no es sólo hablilla de Vulgares, también tiene por patronos algunos Autores, sin dejar por eso de ser cuento de viejas. Si la vejez del gallo nos hiciese tan mala obra, y el Basilisco fuese tan maligno como se pinta, ya el mundo estuviera poblado de Basiliscos, y despoblado de hombres. Es verdad que el gallo en su última vejez pone un huevo; pero es falso que este huevo sea de tan malas consecuencias como aquel, que según la fábula puso Leda, mujer de Tíndaro, y del cual nació la Famosa Helena, verdadero Basilisco de aquella edad.
30. La fábula del Basilisco puede ser que haya engendrado la de la Catoblepa, que es correlativa suya en la ponzoña; porque así como los ojos del Basilisco matan a quien miran, los de la Catoblepa matan a quien los mira. Esto es lo que dice Plinio; aunque algunos Autores modernos, citando infielmente a Plinio, le atribuyen la misma actividad que al Basilisco de matar mirando. Entre los cuales Fracastorio la engrandece tanto, que dice, que a mil pasos de distancia son mortales las heridas de sus ojos. ¡Oh cuánto mayores monstruos produce el hombre en su fantasía, que la naturaleza en los desiertos de la África!
Profusa y completísima información sobre el basilisco, como hemos demostrado ya, en Ontogenia y filogenia del basilisco, en El Basilisco (revista de filosofía, ciencias humanas, teoría de la ciencia y de la cultura) 1ª época, nº 1, 1978.
El basilisco es citado en dos obras de William Shakespeare. En Henry VI, acto III, escena II, el rey acusa a Suffolk de la muerte de Gloucester:
KING HENRY VI
Upon thy eye-balls murderous tyranny
Sits in grim majesty, to fright the world.
Look not upon me, for thine eyes are wounding:
Yet do not go away: come, basilisk,
And kill the innocent gazer with thy sight;
For in the shade of death I shall find joy;
In life but double death, now Gloucester’s dead.
REY ENRIQUE VI
En tus ojos la tiranía asesina
se sienta con severa majestad, para aterrar al mundo.
No me mires porque tus ojos hieren:
Mas no te vayas, ven, basilisco,
Y mata con tu mirada al que mira inocente;
Pues en la sombra de la muerte encontraré alegría,
pero en la vida una doble muerte, ahora que Gloucester ha muerto
En Richard III, Acto I, Escena 2:
Gloucester: Thine eyes, sweet lady, have infected mine.
Anne: Would they were basilisks to strike thee dead!”
Gloucester: Tus ojos, dulce dama, han herido a los míos
Anne:¡Ojalá fueran basiliscos para dejarte muerto!







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