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Archive for 7/10/07

El pasado 5 de octubre moría en Valencia a los 89 años, Matilde Salvador Segarra, uno de los compositores valencianos más importantes. La breve semblanza de su vida y obra que a continuación ofrezco, pretender ser un sentido homenaje a su figura, en un doble aspecto: como miembro del claustro del instituto de educación secundaria que lleva su nombre y como coralista aficionado que ha cantado en numerosas ocasiones sus obras, en especial Galania, Verge Aimia y les “nadales” que componen El Betlem de la Pigà.

Matilde Salvador Segarra nació en Castellón de la Plana el día 23 de marzo de 1918. Su infancia y juventud se desarrollaron en el seno de una familia de larga tradición artística y musical, en la que su abuelo materno, médico de profesión, tocaba el violonchelo y era buen aficionado a la ópera; asimismo, su tía Joaquina Segarra era una excelente pianista, que llegó a tocar junto a Enrique Granados en concierto. Su padre, además de impulsar la creación de la Sociedad Filarmónica y el Conservatorio de Castellón, era buen violinista; actuaba en las temporadas de ópera y zarzuela celebradas en la ciudad en los primeros años del siglo, e incluso llegó a formar una pequeña orquesta sinfónica, con la que se interpretó por primera vez en Castellón la Sinfonía núm. 5 de Beethoven. Y su madre practicaba con distinción el arte de la pintura, que había aprendido con el maestro Vicente Castell Doménech. En ambiente familiar tan propicio para el desarrollo artístico, Matilde Salvador inició a los seis años estudios de Piano con su tía, terminando los cursos académicos y obteniendo el título en el Conservatorio de Valencia a los dieciocho años. En este tiempo de estudio y formación, las tardes de los domingos se dedicaban en su casa a la música de cámara, con Matilde al piano, su hermana Josefina tocando el violín, su padre la viola y Miguel Ibáñez, que luego sería presidente de la Sociedad Filarmónica, el violonchelo. Posteriormente continuó estudios de Armonía, Composición y Orquestación con Vicente Asencio, con el que se casaría en 1943, revalidando estas enseñanzas y obteniendo el título superior en el Conservatorio de Música de Valencia en 1947.

También la educación primaria de Matilde Salvador fue familiar, como ella misma declara: «Mi abuela me enseñó a leer y escribir, me despertó una gran afición por la lectura. Mi tía Joaquina, muy absorbente, me enseñó piano y me alejó de la pintura, que era lo que me gustaba». Bastantes años tuvo que esperar la compositora para reencontrarse con la pintura, pues fue en 1983, el mismo año en que estrena su cantata sinfónica Les hores,con el texto del poeta catalán Salvador Espriu, cuando comenzó a pintar sobre vidrio, práctica que no abandonó y que le ha permitido realizar continuas exposiciones individuales y colectivas. Su obra de creación musical abarca distintos apartados, pero sobresale en los de música escénica y música coral: dos óperas y cuatro ballets estrenados, además de la cantata escénica Retablo de Navidad, la representación navideña El Betlem de la Pigà, con texto del poeta de Castellón Miquel Peris i Segarra, y varias piezas de música incidental, ilustraciones sonoras para obras de teatro clásico. A todo ello hay que sumar numerosas composiciones para coro a cappella y para coro y orquesta, grupo instrumental u órgano, además de su gran aportación: la canción de concierto, principalmente para voz y piano, pero también con acompañamiento de guitarra o de orquesta. Son muchos los poemas puestos en música por Matilde Salvador, especialmente de poetas y poetisas contemporáneos, tanto con textos castellanos, gallegos o catalanes, como de autores valencianos, mallorquines, de L’Alguer o americanos, sin que falten en su catálogo los textos clásicos de la literatura castellana.

En este aspecto, la compositora manifiesta del siguiente modo sus predilecciones a la hora de componer, a la vez que indica en buena medida su posicionamiento estético: «Mis primeras composiciones fueron sobre poemas. Lo que me gusta es musicar textos. Pienso que la voz humana no se puede comparar a ningún otro instrumento. Yo me siento atraída por la voz y además me gusta la poesía. Y el teatro. He hecho muchísimas canciones, pero pienso ¿las mías son realmente canciones? A veces creo que son situaciones dramáticas. Porque nunca son una melodía acompañada, aunque yo soy de las que creen en la melodía». En este mismo sentido, la compositora expone: «Me gusta hacer teatro. En el fondo del fondo siempre hago teatro. Soy teatral. Incluso cuando escribo una canción. Vivo una palpitación en función de la expresión dramática».Matilde Salvador es también pianista de mérito, aunque solo actúa en público para interpretar su propia música. En su haber figuran numerosos conciertos y grabaciones discográficas acompañando a cantantes que interpretan sus ciclos de canciones. Por otra parte, ha ejercido la docencia en el Conservatorio Superior de Música de Valencia, impartiendo clases de Solfeo y Teoría de la Música y ha trabajado en la crítica especializada en diarios y revistas de Castellón, Cataluña y Valencia. Asimismo, han sido numerosos los premios de composición alcanzados, como el Joaquín Rodrigo de composición coral, obtenido en dos ocasiones, o el Joan Senent, por su colección de canciones para voz y piano Planys, cançons i una nadala; al igual que son muchas las obras de encargo solicitadas a la compositora desde diversas instancias y otras muchas incluidas como obligadas en concursos y premios de prestigio internacional, como el José Iturbi de piano o el de guitarra de la Ville de Carpentras.

Es igualmente destacable en Matilde Salvador su fructífera labor de asesoramiento musical, desarrollado desde diferentes instituciones públicas y privadas, particularmente de Castellón y Valencia, ciudades entre las que ha repartido su vivir y ha vivido ininterrumpida e intensamente su dedicación a la música, enriquecida con su atractiva y valiosa aportación pictórica y su siempre inquieta atención al acontecer artístico y cultural.Mujer vitalista y activa que ha viajado incansable por numerosos países, amante de las tradiciones, pero despierta su mirada hacia el futuro, ha seguido componiendo sin descanso hasta hace muy poco, día a día sumando nuevas creaciones a su importante y admirable catálogo de obras musicales.Sin duda alguna, mujer singular si las hay en la historia de la música, con solo anotar que ha podido gozar del estreno de la mayor parte de su producción, en la que se incluyen varios ballets, cantatas, representaciones escénicas y especialmente sus dos óperas, La filla del rei barbut (Teatro Principal de Castellón, 1943) y Vinatea (Gran Teatro del Liceo de Barcelona, 1974).

Ha recibido entre otros los siguientes reconocimientos institucionales y académicos: Hija predilecta de Castellón de la Plana, Distinción al Mérito Cultural de la Generalitat Valenciana, Creu de Sant Jordi de la Generalitat Catalana, Medallas de Oro de las Universidades Valencianas, Valenciana de l’Any de la Fundación Huguet de Castellón, Fadrí d’Orde la Comisión Municipal de Fiestas de Castelló, cuya Marcha de la Ciudad también compuso.

Su nombre preside una sala auditorio en la Universidad de Valencia, diversas bibliotecas valencianas, centros de jubilados, y un instituto de enseñanza de Castellón, así como calles, plazas y avenidas en 12 municipios de todo el territorio valenciano.

 Mañana en nuestro centro dedicaremos a Matilde el homenaje que merece por haber estado siempre dispuesta a colaborar con el centro que lleva su nombre, al que ha dedicado parte de su producción, en concreto, un Cant a la Mary una Nadala de l’Institut.

iesmatilde

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Saludos a todos

 Este es mi primer artículo, entrada o post en mi nuevo blog. En primer lugar un saludo para mis compañeros del cursillo del Cefire: Vicenta, Mª Teresa, Begoña, José, Amparo, Raquel, Elena, José Vicente, Amelia, Antonio José, Mª Jesús, Elías, Mª Jesús, Begoña, Mariví, Mª Asunción, Andrea, Silvia R., Silvia S., Mª Carmen, Domingo, Charo (felicidades por tu onomástica), Javier, y Mª Teresa.

Como no, saludos a nuestro asesor, Juanvi. Y especialmente, a Sergi, nuestro doctus magister (gràcies, Sergi).

La imagen que creo haber insertado (creo que no está donde me gustaría) es un sol brillando sobre la superficie de la Tierra. Hace referencia al título del blog. Por su parte, este título pretende hacer ver que casi todo está inventado en este mundo. Es una frase del libro bíblico del Eclesiastés (1, 10; en griego es Καὶ οὐκ ἔστιν πᾶν πρόσφατον ὑπὸ τὸν ἥλιον), aunque se ha divulgado más en su forma Nihil novum sub sole, pero en el mismo sentido: la nula novedad que un hecho determinado aporta a la experiencia. En el sentido bíblico significa que nada es realmente una novedad; nada nuevo acaece sobre la faz de la Tierra. En el uso corriente significa que aquello que se creía una novedad, ya estaba ideado, inventado, dicho o hecho. En ese sentido, el nombre de este blog referido al mundo clásico y su pervivencia, quiere significar que, tras las civilizaciones clásicas griega y romana, todas las aportaciones culturales de éstas han conocido un proceso de recreación, revisión, copia, resemantización, transformación, etc.  y han sido, son  y continuarán siendo fuente de inspiración

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