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Archive for 23/12/08

En otra ocasión hablamos de un Lied de Goethe musicado por Schubert sobre el mito de Atlas o Atlante. Ahora es su hermano Prometeo, también un titán, hijo de Jápeto y, por tanto, sobrino de Crono, o, lo que es lo mismo, primo de Zeus, quien será objeto de nuestro breve estudio.

También Goethe dedicó un poema al titán griego que fue musicado por compositores como Jan Willem Frans Brandts-Buys (1868-1933) – Prometheus op. 42, número 1 de sus Vier Lieder, publicado en 1925 -; Johann Friedrich Reichardt (1752-1814), Prometheus, publicado en 1809, Julius Röntgen (1855-1932), Prometheus, op. 99, Franz Schubert, Prometheus, D. 674 (1819) y Hugo Wolf (1860-1903), Prometheus, de los Goethe-Lieder, nº 49.

El poema es éste:

Bedecke deinen Himmel, Zeus,

Mit Wolkendunst

Und übe, dem Knaben gleich,

Der Disteln köpft,

An Eichen dich und Bergeshöh’n;

Mußt mir meine Erde

Doch lassen stehn

Und meine Hütte, die du nicht gebaut,

Und meines Herd,

Um dessen Glut

Du mich beneidest.

Ich kenne nichts Ärmeres

Unter der Sonn’, als euch, Götter!

Ihr [nähret] kümmerlich

[Von] Opfersteuern

Und Gebetshauch

Eure Majestät

Und darbtet, wären

Nicht Kinder und Bettler

Hoffnungsvolle Toren.

Da ich ein Kind war

Nicht wußte, wo aus noch ein,

Kehrt’ ich mein verirrtes Auge

Zur Sonne, als wenn drüber wär’

Ein Ohr, zu hören meine Klage,

Ein Herz wie meins,

Sich des Bedrängten zu erbarmen.

Wer half mir

Wider der Titanen Übermut?

Wer rettete vom Tode mich,

Von Sklaverei?

Hast du nicht alles selbst vollendet

Heilig glühend Herz?

Und glühtest jung und gut,

Betrogen, Rettungsdank

Dem Schlafenden da droben?

Ich dich ehren? Wofür?

Hast du die Schmerzen gelindert

Je des Beladenen?

Hast du die Tränen gestillet

Je des Geängsteten?

Hat nicht mich zum Manne geschmiedet

Die allmächtige Zeit

Und das ewige Schicksal,

Meine Herrn und deine?

Wähntest du etwa,

Ich sollte das Leben hassen,

In Wüsten fliehen,

Weil nicht alle

Blütenträume reiften?

Hier sitz’ ich, forme Menschen

Nach meinem Bilde.

Ein Geschlecht, das mir gleich sei,

Zu leiden, zu weinen,

Zu genießen und zu freuen sich

Und dein nicht zu achten,

Wie ich!

 

Aquí su traducción:

 

Cubre tu cielo, Zeus

con vapor de nubes,

y ejercítate igual que el muchacho,

descabeza los abrojos

junto a las encinas y en las alturas;

pero tienes que dejar en pie

mi tierra y mi cabaña,

que tú no construiste,

y mi hogar,

por cuya llama

tú me envidias.

¡No conozco nada más pobre bajo los soles,

que vosotros, oh, dioses!

Vosotros nutrís miserablemente

con gabelas de sacrificios

y hálito de oraciones

vuestra majestad,

y careceríais de todo,

si no fuera por los niños

y mendigos locos llenos de esperanza.

Cuando yo era niño,

no sabía dónde entrar y salir,

volvía mis extraviados ojos hacia el sol,

como si allí arriba hubiera un oído

para oír mis lamentos,

un corazón como el mío

para apiadarse del oprimido.

¿Quién me ayudó

contra la arrogancia de los titanes?

¿Quién me salvó de la muerte,

de la esclavitud?

¿No has realizado todo tú mismo,

corazón sagradamente ardiente?

¿Y te inflamaste joven y bueno,

engañado, agradecido por la salvación

al durmiente allí en lo alto?

¿Honrarte yo a ti? ¿Por qué?

¿Has mitigado jamás

los sufrimientos del agobiado?

¿Has calmado jamás

las lágrimas del angustiado?

¿No me han forjado como hombre

el todopoderoso tiempo

y el destino eterno,

mis dueños y los tuyos?

¿Imaginas acaso

que yo debería odiar la vida,

huir al desierto,

porque no maduraron

todos los sueños en flor?

¡Aquí estoy, formo hombres

según mi imagen,

una raza que sea igual a mí,

para sufrir, para llorar,

para gozar y alegrarse

y no respetarte a ti,

como yo!

El poema se puede oír recitado en este video:

 

En http://universalia.usb.ve/anteriores/universalia5/prometeo.html, Revista del Decanato de Estudios Generales de la Universidad Simón Bolívar leemos:

Este poema fue escrito alrededor de 1774, es decir, cuando Goethe tenía sólo 25 años de edad, pero no fue publicado hasta 1785. Pertenece al movimiento literario Sturm und Drang (aprox. 1760-1780), el cual constituyó una revuelta intelectual de los jóvenes poetas alemanes contra el racionalismo de la ilustración, su apego exagerado a los principios morales y su visión simplista de la naturaleza humana. El movimiento criticaba asimismo la sociedad de su tiempo, por considerarla demasiado rígida y hostil a su concepción de la vida, y defendía en cambio, por encima de todo, el valor del genio individual (el gran modelo de esta época fue el poeta inglés William Shakespeare, 1564-1616). Todos estos rasgos aparecen ejemplarmente encarnados en el personaje central del poema que aquí presentamos, Prometeo.

Goethe conoció este tema mitológico gracias a los Libros humanísticos del Barroco que existían en la librería de su padre. Prometeo, como es sabido, era un semidiós, hijo de un Titán; moldeaba con barro a los hombres y les infundía vida. Cuando robó del Olimpo el fuego para entregárselo a los hombres, Zeus lo condenó a ser encadenado indefinidamente a una montaña del Cáucaso. Pero más tarde Zeus se apiadó de él y permitió que Hércules lo liberara de su tormento.

El Prometeo de Goethe pronuncia su monólogo en el momento en que su oposición a Zeus es mayor, es decir, cuando se encuentra totalmente aislado, pues incluso se ha enemistado con los Titanes, sus antepasados. Sin embargo, permanece desafiante y seguro de sí mismo, dispuesto a reconocer sólo a dioses arcaicos anteriores a los olímpicos, como el eterno Destino (Moira) y el “Tiempo todopoderoso” (Cronos). Esta actitud orgullosa lo distingue del Prometeo que nos dibujan las versiones provenientes de la antigüedad clásica.

Para Goethe, todo proceso de creación artística se compone esencialmente de dos momentos: uno de distanciamiento con respecto a lo originario primitivo (diástole) y otro de reencuentro con él (sístole). El poema “Prometeo” representa, por supuesto, sólo el primer momento; de ahí que Goethe soliera publicarlo junto con otro, titulado “Ganímedes”, (del que hemos hablado nosotros en otro lugar) en el que enaltecía la identificación del hombre con el universo.

Aunque volveremos sobre el Lied schubertiano, es conveniente que nos vaya sonando Aquí la versión con piano del barítono Siegfried Lorenz y Norman Shetler al piano:

 

 

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