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Archive for 29 de diciembre de 2008

Seguimos con el titán Prometeo y su presencia en la poesía de Goethe y la música de Schubert, que teníamos aparcada desde hace algunos días.

 

Eduardo Gómez en el número 24 de La Hojarasca escribe:

 

Prometeo es el líder más radicalmente subversivo de la mitología griega y Goethe lo escoge con mucho acierto para representar a la Humanidad como líder contra la superstición de todo tipo, como agnóstico y humanista que desafía la creencia en los dioses y glorifica, por contraposición, las posibilidades de la Humanidad. La estrofa segunda es clave para la comprensión del poema porque en ella (y anticipándose a Marx) Goethe hace decir a Prometeo que los dioses son hijos de la derrota y la puerilidad de los hombres: “No conozco nada más mísero bajo el sol/ que vosotros dioses./ Pobremente nutrís/ con sacrificios/ y aliento de oraciones/ vuestra majestad/ y moriríais/ si pordioseros y niños/ no fueran locos sin esperanza/”.

Donde el hombre depende todavía demasiado de la naturaleza y de una sociedad injusta y caótica que lo sobrepasa, la religión (como superstición y no como religiosidad filosófica, lo cual es completamente diferente) es consuelo y compensación imaginaria. Freud dice al respecto que en esa situación de atraso el Hombre (que nunca del todo, deja de ser niño) proyecta, magnificada, la figura del padre, fusionándola con los poderes naturales, para poder así conmover y hacer propicio ese fantasma, mediante ruegos y oraciones.

Luego Goethe (identificándose con Prometeo) recuerda, en forma velada, que cuando era niño ofició ceremonias al dios sol, sin que el “Durmiente allá arriba” lo ayudara, puesto que el Hombre depende del Cosmos y de sí mismo. Al final del poema, Prometeo, como representante del hombre liberado, se enfrenta a la superstición, encarnada en los dioses: “Aquí me afianzo/ y formo hombres/ según mi idea./ A ese linaje semejante a mí/ para que sufra y llore,/ goce y se alegre/ y te desprecie/ como yo”.

Ludwig Schajowicz escribe sobre el poema:

prometeokokoschka2

 

El Prometeo de Goethe es el hombre que renuncia a los dioses, que sobre sí sólo reconoce la fuerza del Hado, que se da cuenta de su facultad creadora y de su cuasi omnipotencia y que, en fin, afirma la autonomía y la plenitud del artista moderno.

A partir de Goethe (y de Shelley) se realiza una especie de mutación prometeica del espíritu europeo, o sea, una aguda toma de conciencia de la autonomía del hombre frente al supuesto dogmático de la teología divina en la tradición judeo-cristiana. Es ahora cuando Prometeo emerge como un idealizado antidios, o mejor como una encarnación luciférica (= portador de la luz) de la protesta humana contra el poder supremo. Antiguas ideas gnósticas llegan a revivir el hacedor del mundo es concebido como un dios maligno contra el cual se rebela un dios salvador que redime a los hombres de su servidumbre milenaria. Lo luciférico y lo mesiánico no dejan de coincidir en el Prometeo de Shelley, mientras que su antagonista, Júpiter, parece llevar los rasgos del Jehová del Antiguo Testamento, o más exactamente los de un Jehová visto con los ojos de un “nuevo” griego. Sin embargo, el “satanismo” de Byron y Shelley, inspirado por un sentimiento de compasión hacia la humanidad es en el fondo tan “filantrópico” como el pensamiento de Goethe, cuyo Prometeo denuncia la indiferencia del amo del mundo.

Ich dich ehren? Wofür?

 Hast du die Schmerzen gelindert

 Je des Beladenen?

 Hast du die Tränen gestillet

 Je des Geängsteten?

  Yo ¿honrarte a ti? ¿Para qué?

 ¿Aliviaste, acaso, alguna vez,

los sufrimientos del agobiado?

 ¿Enjugaste alguna vez

 las lágrimas del afligido?

En cambio, Goethe, de acuerdo con el ethos específico del Sturm und Drang, acentuó sobre todo el elemento de lo creador de Prometeo en su fragmento sobre el titán rebelde. Para eso se sirvió de una antigua leyenda, trasmitida por Luciano, según la cual el divino artifex había formado él mismo a los hombres de arcilla, a la que después insufló vida Palas Atenea. El reto que el Prometeo goetheano lanza a Júpiter y a los demás dioses es el del artista orgulloso de su obra

Hier sitz’ ich, forme Menschen

 Nach meinem Bilde.

 Ein Geschlecht, das mir gleich sei,

 Zu leiden, zu weinen,

 Zu genießen und zu freuen sich

 Und dein nicht zu achten,

 Wie ich!

 ¡Aquí estoy, plasmo hombres

A semejanza mía.

Una raza que me sea igual,

para que padezca, para que llore,

para que goce y se alegre

y para que no se cuide de ti,

como yo!

 

 

portadafrankenstein

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