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Archive for 30 de diciembre de 2008

En estos ejemplos griegos del motivo de la mujer de Putifar, seguimos con el triángulo Cicno, Filónome, Tenes y, de nuevo, Apolodoro es la fuente (Epítome 3, 23):

 

 

οἱ δὲ ἀναχθέντες ἐξ Αὐλίδος προσέσχον Τενέδῳ. ταύτης ἐβασίλευε Τένης ὁ Κύκνου καὶ Προκλείας, ὡς δέ τινες Ἀπόλλωνος· οὗτος ὑπὸ τοῦ πατρὸς φυγαδευθεὶς ἐνταῦθα κατῴκει. Κύκνος γὰρ ἔχων ἐκ Προκλείας τῆς Λαομέδοντος παῖδα μὲν Τένην, θυγατέρα δὲ Ἡμιθέαν, ἐπέγημε τὴν Τραγάσου Φιλονόμην· ἥτις Τένου ἐρασθεῖσα καὶ μὴ πείθουσα καταψεύδεται πρὸς Κύκνον αὐτοῦ φθοράν, καὶ τούτου μάρτυρα παρεῖχεν αὐλητὴν Εὔμολπον ὄνομα. Κύκνος δὲ πιστεύσας, ἐνθέμενος αὐτὸν μετὰ τῆς ἀδελφῆς εἰς λάρνακα μεθῆκεν εἰς τὸ πέλαγος· προσσχούσης δὲ αὐτῆς Λευκόφρυι νήσῳ ἐκβὰς ὁ Τένης κατῴκησε ταύτην καὶ ἀπ’ αὐτοῦ Τένεδον ἐκάλεσε. Κύκνος δὲ ὕστερον ἐπιγνοὺς τὴν ἀλήθειαν τὸν μὲν αὐλητὴν κατέλευσε, τὴν δὲ γυναῖκα ζῶσαν εἰς γῆν κατέχωσε.

 

Partieron de Áulide y arribaron a Ténedos, donde reinaba Tenes, hijo de Cicno y Proclea, o de Apolo, según otros. Habitaba allí porque había sido desterrado por su padre. Pues éste, de Proclea, hija de Laomedonte, había tenido un hijo, Tenes, y una hija, Hemítea, y más tarde se casó con Filónome, hija de Trágaso. Ésta se enamoró de Tenes, y como no consiguiera seducirlo, lo acusó falsamente ante Cicno de haber querido forzarla, presentando como testigo a un flautista de nombre Eumolpo. Cinco lo creyó, metió en un arca a Tenes y a su hermana, y los arrojó al mar. El arca llegó a la isla de Leucofris y Tenes la habitó denominándola Ténedos por él. Pero Cicno, enterado más tarde de la verdad, lapidó al flautista (recuérdese nuestro artículo sobre la lapidación y añádase a Eumolpo como otra víctima de tamaño castigo) y enterró viva a su esposa (otro castigo típico de época clásica, sobre todo con las mujeres, la vivisepultura).

 

Otro triángulo es el formado por Amíntor, Ptía y Fénix.

 

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En Ilíada IX 431 y siguientes el propio Fénix nos da detalles de la historia que le cuenta a Aquiles:

 

 

 

Y el anciano jinete Fénix, que sentía gran temor por las naves aqueas, dijo después de un buen rato y saltándole las lágrimas:

—Si piensas en el regreso, preclaro Aquileo, y te niegas en absoluto a defender del voraz fuego las veleras naves, porque la ira anidó en tu corazón, ¿cómo podría quedarme solo y sin ti, hijo querido? El anciano jinete Peleo quiso que yo te acompañase cuando te envió desde Ptía a Agamemnón, todavía niño y sin experiencia de la funesta guerra ni de las juntas donde los varones se hacen ilustres: y me mandó que te enseñara a hablar bien y a realizar grandes hechos. Por esto, hijo querido, no querría verme abandonado de ti, aunque un dios en persona me prometiera rasparme la vejez y dejarme tan joven como cuando salí de la Hélade, de lindas mujeres, huyendo de las imprecaciones de Amíntor Orménida, mi padre, que se irritó conmigo por una concubina de hermosa cabellera, a quien amaba con ofensa de su esposa y madre mía. Esta me suplicaba continuamente, abrazando mis rodillas, que yaciera con la concubina para que aborreciese al anciano. Quise obedecerla y lo hice; mi padre, que no tardó en conocerlo, me maldijo repetidas veces, pidió a las horrendas Erinies que jamás pudiera sentarse en sus rodillas un hijo mío, y el Zeus del infierno y la terrible Perséfone ratificaron sus imprecaciones. Estuve por matar a mi padre con el agudo bronce; mas algún inmortal calmó mi cólera, haciéndome pensar en la fama y en los reproches de los hombres, a fin de que no fuese llamado parricida por los aqueos. Pero ya no tenía ánimo para vivir en el palacio con mi padre enojado. Amigos y deudos querían retenerme allí y me dirigían insistentes : degollaron gran copia de pingües ovejas y de bueyes de tornátiles pies y curvas astas; pusieron a asar muchos puercos grasos sobre la llama de Hefesto; bebióse buena parte del vino que las tinajas del anciano contenían; y nueve noches seguidas durmieron aquéllos a mi lado, vigilándome por turno y teniendo encendidas dos hogueras, una en el pórtico del bien cercado patio y otra en el vestíbulo ante la puerta de la habitación. Al llegar por décima vez la tenebrosa noche, salí del aposento rompiendo las tablas fuertemente unidas de la puerta; salté con facilidad el muro del patio, sin que mis guardianes ni las sirvientas lo advirtieran, y huyendo por la espaciosa Hélade, llegué a la fértil Ptía, madre de ovejas. El rey Peleo me acogió benévolo, me amó como debe de amar un padre al hijo unigénito que tenga en la vejez, viviendo en la opulencia; enriquecióme y púsome al frente de numeroso pueblo, y desde entonces viví en un confín de la Ptía reinando sobre los dólopes. Y te crié hasta hacerte cual eres, oh Aquileo semejante a los dioses, con cordial cariño;

 

La traducción es de Luis Segalá.

 

Apolodoro III, 13, 8 nos da unas pinceladas del episodio:

 

 

συνεπετο δ ατ Φονιξ ᾿Αμντορος. οτος π το πατρς τυφλθη καταψευσαμνης φθορν Φθας τς το πατρς παλλακς. Πηλες δ ατν πρς Xερωνα κομσας, π’ κενου θεραπευθντα τς ψεις βασιλα κατστησε Δολπων.  

Lo acompañó el hijo de Amíntor, Fénix. Éste había sido cegado por su padre, cuya concubina, Ftía, lo había acusado en falso de violación. Pero Peleo, después de llevarlo a que Quirón le devolviese la vista, lo hizo rey de los dólopes.

 

centaur

 

Sófocles y Eurípides escribieron sendas tragedias con el nombre de Fénix. En la de Eurípides es seguro que se hacía referencia a este episodio.

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