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Archive for 1/01/09

Primer artículo del 2009 en este 1 de enero, Jornada por la Paz, y ¿cómo no? está dedicado a la paz, a que reflexionemos, con ayuda de algunos textos sobre este bien preciado, y, por desgracia, escaso. De fondo, suenan las músicas de los Strauus, interpretadas por la Filarmónica de Viena, dirigida este año por Daniel Barenboim, alguien precisamente que se ha manifestado como un defensor de la paz y la concordia entre los pueblos, en especial el judío y el palestino, estos días, por desgracia, de nuevo enfrentados. ¿Qué debe pensar Barenboim al dirigir esta música, mientras su mente, estamos casi seguros, estará en Gaza?

daniel_barenboim

¿Qué persona de buena voluntad no aspira a la paz? Hoy la paz es reconocida universalmente como uno de los valores más altos que hay que buscar y defender. Sin embargo, mientras se disipa el espectro de una guerra devastadora entre bloques ideológicos contrapuestos, graves conflictos locales siguen perturbando diversas regiones de la tierra. Parece que nada pueda hacer frente a la violencia incontrolada de las armas: ni los esfuerzos conjuntos para favorecer una tregua efectiva, ni la acción humanitaria de las organizaciones internacionales, ni la petición de paz que se eleva al unísono desde las tierras ensangrentadas por los combates. La lógica aberrante de la guerra prevalece, por desgracia, sobre los repetidos llamamientos a la paz hechos por personas cualificadas.

En efecto, decir “paz” es decir mucho más que la simple ausencia de guerras; es pedir una situación de auténtico respeto a la dignidad y los derechos de cada ser humano, que le permita realizarse en plenitud. La explotación de los débiles, las preocupantes zonas de miseria y las desigualdades sociales constituyen otros tantos obstáculos y rémoras para que se produzcan las condiciones estables para una auténtica paz.

La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia.

Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. Así, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.

Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras. Entre esas causas deben desaparecer principalmente las injusticias. No pocas de éstas provienen de las excesivas desigualdades económicas y de la lentitud en la aplicación de las soluciones necesarias. Otras nacen del deseo de dominio y del desprecio por las personas, y, si ahondamos en los motivos más profundos, brotan de la envidia, de la desconfianza, de la soberbia y demás pasiones egoístas. Como el hombre no puede soportar tantas deficiencias en el orden, éstas hacen que, aun sin haber guerras, el mundo esté plagado sin cesar de luchas y violencias entre los hombres. Como, además, existen los mismos males en las relaciones internacionales, es totalmente necesario que, para vencer y prevenir semejantes males y para reprimir las violencias desenfrenadas, las instituciones internacionales cooperen y se coordinen mejor y más firmemente y se estimule sin descanso la creación de organismos que promuevan la paz.

 

 

pazmundo

 

Y otros textos:

 

Quam ob rem civium coniunctio bene composita, fructuosa, humanaeque dignitati conveniens est exsistimanda, si veritate continetur…Quod sane eveniet, si recte quae sint cum sua iura, tum sua erga alios officia quisque fatetur. Talis insuper erit hominum communitas, qualem modo adumbravimus, si cives, iustitia duce, et in aliorum iura colenda et in sua officia obeunda incumbunt; si iidem tali amoris studio sunt ducti, ut aliorum necessitates tamquam suas sentiant, bonorum suorum alios faciant participes, eoque contendant, ut in terrarum orbe optima animi mentisque sensa inter omnes communicentur. Neque haec satis; nam hominum societas libertate coalescit, modis nempe ad civium dignitatem idoneis, qui cum ex natura rationis compotes sint, actionum idcirco suarum periculum in se recipiunt.

Por esto, la convivencia civil sólo puede juzgarse ordenada, fructífera y congruente con la dignidad humana si se funda en la verdad… Esto ocurrirá, ciertamente, cuando cada cual reconozca, en la debida forma, los derechos que le son propios y los deberes que tiene para con los demás. Más todavía: una comunidad humana será cual la hemos descrito cuando los ciudadanos, bajo la guía de la justicia, respeten los derechos ajenos y cumplan sus propias obligaciones; cuando estén movidos por el amor de tal manera, que sientan como suyas las necesidades del prójimo y hagan a los demás partícipes de sus bienes, y procuren que en todo el mundo haya un intercambio universal de los valores más excelentes del espíritu humano. Ni basta esto sólo, porque la sociedad humana se va desarrollando conjuntamente con la libertad, es decir, con sistemas que se ajusten a la dignidad del ciudadano, ya que, siendo éste racional por naturaleza, resulta, por lo mismo, responsable de sus acciones.

 

In contrariam vero partem non sine magno doloris sensu videmus, in quibus civitatibus res oeconomicae magis profecerint, inibi immania parata esse bellica arma atque adhuc parari, in id maximis sive animi sive corporis bonis collatis. Quo fit, ut, dum harum nationum civibus haud levia onera tolerare est opus, aliae civitates subsidiis indigeant, quibus in re oeconomica et sociali progrediantur.

En sentido opuesto vemos, con gran dolor, cómo en las naciones económicamente más desarrolladas se han estado fabricando, y se fabrican todavía, enormes armamentos, dedicando a su construcción una suma inmensa de energías espirituales y materiales. Con esta política resulta que, mientras los ciudadanos de tales naciones se ven obligados a soportar sacrificios muy graves, otros pueblos, en cambio, quedan sin las ayudas necesarias para su progreso económico y social.

 

Cuius quidem militaris apparatus probabilis causa ex eo peti solet, quod pax – ita aiunt – in hisce rerum adiunctis tuta esse non potest, nisi pari armorum apparatu innitatur. Quare si militaris res alicubi incrementum capit, fit continuo ut aliis etiam locis studia augendorum armorum certatim ingravescant. Ac si qua natio in atomicis belli instrumentis parata est, hoc aliis nationibus causam praebet, cur id genus arma, pari delendi vi praedita, sibi parare contendant.

La razón que suele darse para justificar tales preparativos militares es que hoy día la paz, así dicen, no puede garantizarse sí no se apoya en una paridad de armamentos. Por lo cual, tan pronto como en alguna parte se produce un aumento del poderío militar, se provoca en otras una desenfrenada competencia para aumentar también las fuerzas armadas. Y si una nación cuenta con armas atómicas, las demás procuran dotarse del mismo armamento, con igual poder destructivo.

 

Inde consequitur, ut populi perpetuo in metu sint, quasi in eos procella impendeat, quae quovis temporis momento horrifico impetu commoveri possit. Nec immerito, cum revera arma non desint. Quodsi vix credibile est, homines esse, qui neces immanesque ruinas e bello orituras in se recipere audeant, infitiandum tamen non est, necopinato incertoque facto posse belli incendium exciri. Ac praeterea, quamvis immanis militaris apparatus potentia hodie homines a bello suscipiendo deterreat, nihilominus tamen est cur timeatur, ne ipsa atomicorum instrumentorum experimenta belli causa suscepta, nisi cessent, varia vitae genera in terris grave in discrimen possint adducere.

La consecuencia es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico. Y, además, aunque el poderío monstruoso de los actuales medios militares disuada hoy a los hombres de emprender una guerra, siempre se puede, sin embargo, temer que los experimentos atómicos realizados con fines bélicos, si no cesan, pongan en grave peligro toda clase de vida en nuestro planeta.

 

Quare iustitia, recta ratio, humanaeque dignitatis sensus instanter requirunt, ut desinant aemula rei militaris augendae studia; ut bellica instrumenta, quae variis civitatibus praesto sunt, hinc inde, per idemque tempus minuantur; ut atomica arma interdicantur; ut tandem ad congruentem ab armis discessum omnes ex condicto deveniant, mutua efficacique cautione adhibita.

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Por lo cual la justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas; que, por último, todos los pueblos, en virtud de un acuerdo, lleguen a un desarme simultáneo, controlado por mutuas y eficaces garantías.

 

Omnibus tamen persuasum esse debet, non posse neque rei militaris augendae intermitti studia, neque arma imminui, neque – quod caput est – usquequaque armamenta de medio tolli, nisi huiusmodi ab armis discessus plenus expletusque sit atque ipsos attingat animos; nisi scilicet omnes concordem sinceramque dent operam, ut ex animis metus atque anxia belli exspectatio pellantur. Id autem poscit, ut pro suprema lege, qua hodie pax continetur, alia prorsus subiciatur, qua statuatur, non in pari rei militaris apparatu, sed in mutua tantummodo fide, veri nominis pacem inter populos firmam posse consistere. Quod Nos fieri posse confidimus, cum de causa agatur, non tantum rectae rationis normis imperata, sed etiam summopere optabili et bonorum uberrima.

Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantenerla paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes.

 

Agitur in primis de causa, ratione imperata. Ac revera, quemadmodum inter omnes constat, aut saltem constare debet, mutuae civitatum necessitudines, haud secus ac singulorum hominum rationes, non armorum vi, sed ad rectae rationis normam, hoc est ad normam veritatis, iustitiae, actuosaeque animorum coniunctionis, sunt componendae.

Es, en primer lugar, una exigencia dictada por la razón. En realidad, como todos saben, o deberían saber, las relaciones internacionales, como las relaciones individuales, han de regirse no por la fuerza de las armas, sino por las normas de la recta razón, es decir, las normas de la verdad, de la justicia y de una activa solidaridad.

 

Deinde huiusmodi causam vehementer dicimus expetendam. Quis enim flagrantissimis non exoptet votis, ut belli discrimina arceantur, pax vero incolumis servetur, firmioribusque in dies muniatur praesidiis?

Decimos, en segundo lugar, que es un objetivo sumamente deseable. ¿Quién, en efecto, no anhela con ardentísimos deseos que se eliminen los peligros de una guerra, se conserve incólume la paz y se consolide ésta con garantías cada día más firmes?

 

Por eso nuestro deseo para nuestros lectores es el de paz, interior primero, porque sólo quien tiene paz interior puede aportar en los ambientes en que se mueve un verdadero espíritu de paz y armonía.

Ελογσαι σε κριος κα φυλξαι σε, πιφναι κριος τ πρσωπον ατο π σ κα λεσαι σε, πραι κριος τ πρσωπον ατο π σ κα δη σοι ερνην.

El Señor te bendiga y te guarde; ilumine el Señor su rostro sobre ti y te sea propicio; el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz. (Números 6, 24-26)

 

Y finalmente, recordamos que es una dicha poseer las siguientes cualidades:

 

bienaventuranzas

 

Μακάριοι οἱ πραεῖς, ὅτι αὐτοὶ κληρονομήσουσιν τὴν γῆν.

Dichosos los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Μακάριοι οἱ πεινῶντες καὶ διψῶντες τὴν δικαιοσύνην, ὅτι αὐτοὶ χορτασθήσονται.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ésos van a ser saciados.

Μακάριοι οἱ ἐλεήμονες, ὅτι αὐτοὶ ἐλεηθήσονται.

Dichosos los que prestan ayuda, porque ésos van a recibir ayuda.

Μακάριοι οἱ καθαροὶ τῇ καρδίᾳ ὅτι αὐτοὶ τὸν θεὸν ὄψονται.

Dichosos los limpios de corazón, porque ésos van a ver a Dios.

Μακάριοι οἱ εἰρηνοποιοί, ὅτι αὐτοὶ υἱοὶ θεοῦ κληθήσονται.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ésos los va a llamar Dios hijos suyos

(Mateo 5, 4-9)

 

Y hoy toca este clásico, que sonará en apenas una hora:

 

 

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