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Archive for 2/01/09

Vamos con nuestro tercer artículo dedicado a Prometeo. En éste haremos un análisis del Lied de Schubert y hablaremos también un poco del poema de Goethe.

 

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Goethe escribe acerca de Prometeo en un momento anterior a su castigo por el dios Zeus por haber robado el precioso fuego y expone de forma rotunda y reflexiva las características del titán. Los tonos predominantes del poema son el desafío y la rebelión. Pero Prometeo no desafía simplemente al rey de dioses: el titán ve a Zeus y a los otros dioses con desdén, declarando que ellos sobreviven sólo, porque los tontos crédulos siguen creyendo en ellos. Prometeo se enorgullece de haber conseguido lo que tiene sin la ayuda de los dioses, y termina alabando el variado registro de la experiencia humana, desde el sufrimiento a la alegría.

De forma casi imperceptible Goethe hace referencia al robo del fuego por parte de Prometeo; Goethe lo hace en las palabras de Prometeo “meinen Herd” – o “mi chimenea, mi hogar” – manifestando un tono inocente, sugiriendo que él no robó el fuego, sino que posee el brillante calor. Bastantes de los rasgos de Goethe son retratados a lo largo del poema, incluyendo su creencia en la independencia intelectual, claridad de pensamiento, confianza en la naturaleza humana y afirmación de la vida. Es un poema de desafío contra las reglas de los dioses, y de alabanza de los logros y de la experiencia emocional humanas. Está muy a tono con los sentimientos antirreligiosos de muchos escritos de la Ilustración, y hay un hincapié  en la primacía de las emociones, propio del Romanticismo.

Sobre el Lied de Schubert recomendamos a quienes sepan inglés y música esta página.

También Lorraine Byrne en Schubert’s Goethe settings  habla sobre la canción.

El carácter de Prometeo es realzado por Franz Schubert, uno de los compositores que puso en música el texto de Goethe, convirtiendo la pieza en un poderoso drama tonal.

La textura musical del arreglo de Schubert sobre el Prometeo de Goethe muestra una fuerte semejanza con una escena operística, que consta de las técnicas apropiadas para un texto que ilustra un momento crítico en la vida y los pensamientos de Prometeo. La composición de Schubert suena, pues, como la escena de una ópera, porque la mayor parte de ella está escrita en recitativo, el estilo de ópera que también se puede encontrar en Don Giovanni de Mozart, en el que la libertad de la línea vocal se acerca al ritmo del discurso. Si se imagina acompañado por orquesta más que por piano, está más cercano en estilo al recitativo accompagnato que Mozart usa de vez en cuando. La scena de Schubert no tiene ninguna estructura formal clara.

Aunque esté distribuido en secciones, no se repiten – está compuesto de un tirón, de principio a fin. Tiene el carácter de un drama psicológico, enfatizando la fuerza emocional de cada parte del poema tal como se produce. Pero la canción, sin embargo, desemboca en distintas y contrastadas secciones. Como en ‘Gretchen’ y ‘Erlkönig’, es el piano el que establece el tono y hace progresar la canción.

Primero, Schubert presenta la historia con una introducción pianística, que mantiene una gran importancia durante seis compases de una agresividad musical marcada forte. Cuando el piano estalla de forma tempestuosa en Si bemol perfilando de forma descendente después la tríada de Si bemol mayor, Schubert no realiza ninguna intrincada preparación para pasar a una nueva clave: el siguiente compás suena de repente en La bemol mayor y es seguido inmediatamente por una armonía en Mi bemol mayor durante tres compases, con lo que la audiencia puede escuchar una cadencia llamada “plagal” en Mi bemol mayor en la que la triada subdominante (IV) lleva a la tónica (I). Esta cadencia es una extensión de la auténtica cadencia y su uso más característico y el uso formular en la música occidental se da en el Amen (IV-I) al final de los himnos de las iglesias cristianas.

Un nuevo Lied de Schubert, magnífico, por otra parte, como casi todos los suyos, ya que el vienés era un auténtico especialista en el género, sobre un personaje mitológico.

Hemos visto como la música, el piano y la voz, han ilustrado de forma magnífica el desafío de Prometeo a Zeus. Un comienzo poderoso, vibrante, desafiante, altanero casi, corroborado en el piano con poderosos acordes. Este primer pasaje llega hasta el Ihr nähret kummerlich. Aquí la tensión parece calmarse. Las deslizantes armonías del piano dan al pasaje un carácter que pretende ser irónico. En ‘Da ich ein Kind war’ (‘Cuando yo era un niño …’) el piano adopta un paso de marcha, dando un sentido de narrativa. La voz se eleva en la descripción del muchacho que mira fijamente al sol, y ‘el oído para escuchar’ y ‘el corazón para compadecerse’ están compuestos en frases de tono alto y quejumbrosas. Como hemos dicho, en Da ich ein Kind war, Schubert consigue, de forma muy acertada, que pensemos que Prometeo está narrando sus experiencias infantiles. En esta “narración” la voz del barítono destaca especialmente las palabras “verrirtes”, la frase “zu hören meine Klage” y el sintagma “ein Herz”. También “Bedrängten zu erbarmen”.

Este pasaje es repentinamente interrumpido por feroces acordes en ‘Wer half mir’ (‘Quién me ayudó …’), expresado como un reproche de decepción y de rabia, volviendo al tono del comienzo.

El cantante recalca las palabras “Tode” y “Sklaverei”, muerte y esclavitud.

Hay una clara progresión de tono y de fuerza en “Heilig glühend Herz”; esta última palabra es pronunciada en forte. Hay que anotar cómo es cantada la palabra “Schlafenden”, con una clara bajada de tono en las sílabas “-fenden”.

 

 

 

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Sigue otra sección en Ich dich ehren? Wofur?, que es repetido en el Lied, cuando en el poema sólo aparece una vez. Aquí el piano juega un importante papel; suena por detrás de las palabras del cantante, dando una sensación de misterio, con un ritmo de sonidos impacientes y sacudidas, repitiendo en forte lo que previamente ha tocado más piano. En “Hat nicht mich zum Manne geschmiedet die allmächtige Zeit und das ewige Schicksal” hay un accelerando, marcado por los acordes del piano, que prepara el “Meine Herrn und deine”, en el que el Meine Herrn está cantado en forte y en tono agudo, mientras el “deine” está en mezzoforte y más bajo.

Wähntest du etwa, Ich sollte das Leben hassen, In Wüsten fliehen, Weil nicht alle Blütenträume reiften?”, supone una claro bajón en la tensión que prepara una nueva sección en ‘Hier sitz’ ich ‘(‘Aquí estoy sentado… ’), acompañado por acordes poderosos, como una versión aún más feroz del ritmo con el cual empezó la canción.

Destacable es la forma en la que Schubert hace cantar al barítono las palabras “Zu leiden, zu weinen, Zu genießen und zu freuen sich und dein nicht zu achten”, antes del wie Ich.

Después repite “dein nicht zu achten” y la escena termina magníficamente, con el grito final de Prometeo de desafío, “wie Ich”, con ese “yo”, pronunciado la segunda vez en una tesitura grave, al que sigue el acorde final del piano, en forma de corroboración de la declaración desafiante de Prometeo.

Excepcionalmente, la canción termina en una clave diferente a la del principio. Después de los compases iniciales, la música adopta el sol menor para la primera entrada de la voz. La sección final, de ‘Hier sitz’ ich’, está en Do mayor. Esta ausencia de cualquier estructura formal de claves aumenta la impresión de una canción que procede libremente de un tono al siguiente.

La canción y un comentario sobre el Lied se puede leer aquí.

Ahora ya podemos paladear mejor el Lied, aunque en versión orquestal, por otro lado, magnífica de Reger.

 

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