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Archive for 6/01/09

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Decíamos en el anterior capítulo que había cuatro reyes, pero en realidad hay cinco; el quinto, lógicamente, es el Niño Dios, el rey de los Judíos, el Mesías, Cristo.

A Él corresponde este quinto y último capítulo de la serie en el que seguimos con el Evangelio armenio de la Infancia. El texto habla por si sólo y no precisa más comentarios. Es muy curiosa la historia del documento que poseen los magos y que han heredado desde Set, el hijo de Adán y Eva. Testimonio escrito que ha ido pasando de generación en generación.

El capítulo X describe minuciosamente el viaje de los Magos, su fastuoso cortejo y la llegada a Jerusalén. Herodes se intranquiliza y los llama a su palacio para que le den cuenta de sus intenciones. Ellos le manifiestan su propósito de adorar al rey recién nacido. Entonces Herodes les interroga:

 

 

X, 10: “Quién os ha narrado lo que decís o cómo habéis llegado a saberlo?” Los Magos respondieron: “Nuestros antepasados nos han legado un testimonio escrito de ello, que ha sido guardado con todo secreto y sellado. Y durante largos años, de padres a hijos y de generación en generación, se ha mantenido viva esta expectación hasta que por fin ha venido a tener cumplimiento esta palabra en nuestros días, como nos ha sido revelado de parte de Dios en una visión que hemos tenido de un ángel. Ésta es la causa de encontrarnos ahora en este lugar que nos ha sido indicado por el Señor”. Herodes dijo: “¿Cuál es la procedencia de este testimonio que tan sólo vosotros conocéis?”.

11. Los Magos respondieron: “Nuestro testimonio no procede de hombre alguno. Es un designio divino referente a una promesa hecha por Dios a favor de los hijos de los hombres y que ha sido conservado entre nosotros hasta el día de hoy”. Herodes dijo: “¿Dónde está ese libro que sólo vuestro pueblo posee?” Los Magos dijeron: “Ninguna nación, fuera de la nuestra, tiene noticia directa ni indirecta de él. Sólo nosotros poseemos un testimonio escrito. Porque has de saber que, después que Adán fue expulsado del paraíso y después que Caín hubo matado a Abel, el Señor dio a nuestro primer padre un hijo de consolación llamado Set, y con él le entregó aquella carta escrita, firmada y sellada de su misma mano. Set la recibió de su padre y se la transmitió a sus hijos. Éstos, a su vez, se la retransmitieron a los suyos, y así fue de generación en generación. Todos hasta Noé recibieron la orden de guardarla con todo cuidado. Este patriarca se la entregó a su hijo Sem, y los hijos de éste la retransmitieron a sus descendientes, quienes, a su vez, se la entregaron a Abrahán. Éste se la dio a Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Altísimo, por cuyo conducto llegó a poder de nuestro pueblo en tiempos de Ciro, rey de Persia. Nuestros padres la depositaron con toda clase de honores en un salón especial, y así llegó hasta nosotros, quienes, gracias a este escrito misterioso, vinimos de antemano en conocimiento del nuevo monarca, hijo de Israel”.

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14. Y los magos, levantándose en seguida, se prosternaron ante Herodes y ante toda la ciudad de Jerusalén, y continuaron su ruta. Y he aquí la estrella, que habían visto antes, iba delante de ellos, hasta que, llegando, se puso sobre donde estaba el niño Jesús. Y, regocijándose con muy grande gozo, bajaron cada cual de su montura, e inmediatamente, hicieron resonar sus bocinas, sus pífanos, sus tamboriles, sus arpas y todos sus demás instrumentos de música, en honor del recién nacido, hijo del rey de Israel. Reyes, príncipes y toda la multitud de la comitiva, entonando un canto, empezaron a bailar y, a plena voz, con alegría, con reconocimiento, con corazón jubiloso, bendecían y alababan a Dios, por haberlos considerado dignos de llegar a tiempo a Belén, para contemplar la gloria del gran día, ilustrado por el misterio que ante ellos se mostraba.

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15. Al ver todo aquel aparato, y al oír todo aquel estruendo, José y María, confusos y medrosos, huyeron de allí, y el niño Jesús quedó solo en la caverna, acostado en el pesebre de los animales. Mas los príncipes y los grandes señores de los reyes magos, detuvieron a José, y le dijeron: “Viejo, ¿qué temor es el tuyo, y por qué haces esto? Nosotros, en verdad, también somos hombres semejantes a vosotros”. José repuso: “¿De dónde llegáis a esta hora, y qué pretendéis, al venir aquí con tan numeroso ejército?” Los magos replicaron: “Llegamos de una tierra lejana, nuestra patria Persia, y venimos con gran copia de presentes y de ofrendas. Queremos conocer al niño recién nacido, que es el rey de los judíos, y adorarlo. Si por acaso lo sabes a ciencia cierta, indícanos puntualmente el lugar en que se halla, a fin de que vayamos a verlo”.

 Al oír esto, María entró con júbilo en la caverna, y, alzando al niño en sus brazos, sintió el corazón lleno de alegría. Y luego, bendiciendo y alabando y glorificando a Dios, permaneció sentada en silencio.

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16. Por segunda vez los magos interrogaron a José en esta guisa: “Venerable anciano, infórmanos con exactitud, manifestándonos dónde se encuentra el niño recién nacido”. José, con el dedo, les mostró de lejos la caverna. Y María dio de mamar a su hijo, y volvió a ponerlo en el pesebre del establo. Y los magos llegaron gozosos a la entrada de la caverna. Y, divisando al niño en el pesebre de los animales, se prosternaron ante él, con la faz contra la tierra, reyes, príncipes, grandes señores, y todo el resto de la multitud que componía su numeroso ejército. Y cada uno aportaba sus presentes, y los ofrecía.

17. En primer término se adelantó Gaspar, rey de la India, llevando nardo, cinamomo, canela, incienso y otras esencias olorosas y aromáticas, que esparcieron un perfume de inmortalidad en la gruta. Después Baltasar, rey de la Arabia, abriendo el cofre de sus opulentos tesoros, sacó de él, para ofrendárselos al niño, oro, plata, piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio. A su vez, Melkon, rey de la Persia, presentó mirra, áloe, muselina, púrpura y cintas de lino.

18. Y, no bien hubieron ofrecido cada uno sus presentes, en honor del hijo real de Israel, los magos salieron de la gruta, y, reuniéndose los tres fuera de ella, iniciaron mutua consulta entre sí. Y exclamaron: “¡Asombroso es lo que acabamos de ver en tan pobre reducto, desprovisto de todo! Ni casa, ni lecho, ni habitación, sino una caverna lóbrega, desierta e inhabitada, en que estas gentes no tienen ni aun lo necesario para procurarse abrigo. ¿De qué nos ha servido venir de tan lejos para conocerlo? Franqueémonos los unos con los otros en recíproca sinceridad. ¿Qué signo maravilloso hemos contemplado aquí, y qué prodigio nos ha aparecido a cada uno?” Los hermanos se dijeron a una: “Sí, lleváis razón. Contémonos nuestra visión respectiva”. Y preguntaron a Gaspar, rey de la India: “Cuando le ofreciste el incienso, ¿qué apariencia reconociste en él?”

19. Y el rey Gaspar contestó: “Reconocí en él al hijo de Dios encarnado, sentado en un trono de gloria, y a las legiones de los ángeles incorporales, que formaban su cortejo”. Ellos dijeron: “Está bien”. Y preguntaron a Baltasar, rey de la Arabia: “Cuando le aportaste tus tesoros, ¿bajo qué aspecto se te presentó el niño?” Y Baltasar contestó: “Se me presentó a modo de un hijo de rey, rodeado de un ejército numeroso, que lo adoraba de rodillas”. Ellos dijeron: “La visión es muy propia”. Y Melkon, sometido a la misma interrogación que sus hermanos, expuso: “Yo lo vi como hijo del hombre, como un ser de carne y hueso, y también le vi muerto corporalmente entre suplicios, y más tarde levantándose vivo del sepulcro.”

Al escuchar tales confidencias, los reyes, llenos de estupor, se dijeron con pasmo: “Nuevo prodigio es el que estas tres visiones sugieren. Porque nuestros testimonios no concuerdan entre sí, y, sin embargo, nos es imposible negar un hecho patentizado por nuestros propios ojos.”

20. Y por la mañana, muy temprano, los reyes se levantaron, y se dijeron los unos a los otros: “Vamos juntos a la caverna, y veamos si algún otro signo se nos manifiesta claro”. Y Gaspar entró en la gruta, y vio al niño en el pesebre del establo. E, inclinándose, se prosternó, y tuvo la segunda visión, la de Baltasar, a quien se le mostró el niño a manera de un monarca terrestre. Y, cuando salió, relató el caso a los otros en estos términos: “No he tenido mi primera visión, sino la tuya, Baltasar, la que tú nos has referido”. Y Baltasar entró a su vez, y halló al niño en el regazo de su madre. E, inclinándose, se prosternó ante él, y tampoco tuvo su visión del día anterior, en que el niño se le apareciera como hijo de rey, sino como hijo del hombre, con su carne muerta entre tormentos, y después resucitado y vuelto a la vida. Y fue a comunicar esto a los otros hermanos, diciéndoles: “No he renovado mi primera visión, sino contemplado la de Melkon, tal como él nos la ha contado.” Entonces entró Melkon, y encontró al Cristo sentado sobre un trono sublime. E, inclinándose, se prosternó ante él, y no lo vio ya como lo había visto la primera vez, muerto y vuelto a la vida, sino conforme lo viera Gaspar, como Dios hecho carne y nacido de la Virgen. Lleno de gozo, Melkon fue, presuroso, a prevenir a los otros hermanos, diciéndoles: “No he tenido mi primera visión, sino la de Gaspar, pues vi a Dios, sentado sobre un trono de gloria.”

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21. Luego de haber visto todas estas cosas, los reyes se congregaron nuevamente en consulta. Y cambiaron impresiones sobre la visión que cada uno había percibido y comprendido. Y se dijeron: “Retirémonos ahora a nuestro albergue. Mañana, muy temprano, volveremos por tercera vez a la gruta, y nos aseguraremos de modo positivo y definitivo si está realmente allí el que el Señor nos ha mostrado.” Y, habiendo regresado a su tienda, permanecieron alegres en ella, hasta que despuntó el día. Y, levantándose, llegaron a la abertura de la caverna, en la cual penetraron uno a uno. Y miraron y reconocieron al niño, y tuvieron de él la misma visión que habían tenido la primera vez. Y, transportados de júbilo, se contaron los unos a los otros lo que habían comprobado, y fueron a anunciarlo a todo su ejército en estos términos: En verdad, ese niño es efectivamente Dios e hijo de Dios, que se ha mostrado a cada uno de nosotros bajo una apariencia exterior en relación con los dones que respectivamente le hemos ofrecido. Y ha recibido con dulzura y con bondad nuestro saludo y el homenaje de nuestros presentes. Y todos, reyes, príncipes, grandes señores y toda la multitud del numeroso ejército que se encontraba allí, tuvieron fe en el niño Jesús.

22. Y el rey Melkon tomó el libro del Testamento que conservaba en su casa como legado precioso de los primeros antepasados, según ya advertimos, y se lo presentó al niño, diciéndole: “He aquí tu carta, que a nuestros ascendientes entregaste en custodia, firmada y sellada por ti. Toma este documento auténtico que has escrito, ábrelo y léelo, porque el quirógrafo está a tu nombre”. Y el documento era aquel cuyo texto permanecía oculto bajo pliego, y que los magos no se habían atrevido a abrir, y menos aún a dar a los judíos y a sus sacerdotes, por cuanto éstos no eran dignos de llegar a ser hijos del reino de Dios, destinados como estaban a renegar del Salvador, y a crucificarlo.

23. Dicho documento había sido regalado por Dios a Adán, del cual, después de su expulsión del Paraíso, se había apoderado un gran dolor, a raíz del homicidio perpetrado por Caín en la persona de su hermano Abel. Mas, cuando hubo visto al primero castigado por Dios, y a él mismo arrojado del edén glorioso por su desobediencia, se encontró también atormentado en sus hijos, por la aflicción del espectáculo de Abel muerto y Caín condenado a siete penas. Adán más entristecido todavía y sumido en un duelo más profundo, no mantuvo ya relaciones conyugales con Eva. Y, al cabo de doscientos cuarenta años de haber salido del Paraíso, Dios, en su misericordia, le envió un ángel, y le ordenó que entrase a Eva. E hizo nacer a Seth, nombre que significa hijo de la consolación. Y, por haber querido Adán hacerse Dios, éste resolvió hacerse hombre, en el exceso de su piedad y de su amor a nuestra desdichada especie. Y prometió a nuestro primer padre que, conforme a su plegaria, escribiría y sellaría con su propio dedo un pergamino en letras de oro, que llevaría la siguiente portada: En el año seis mil, el día sexto de la semana, el mismo en que te creé, y a la hora sexta, enviaré a mi hijo único, el Verbo divino, que tomará carne en tu raza, y que se convertirá en hijo del hombre, y que te restablecerá de nuevo en tu dignidad original, por los supremos tormentos de su cruz. Y entonces tú, Adán, unido a mí con un alma pura y un cuerpo inmortal, quedarás deificado, y podrás, como yo, discernir el bien y el mal.

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24. Y este documento, que Adán dio a Seth, Seth a Enoch, Enoch a sus hijos, y que de tal suerte pasó de unos descendientes a otros, hasta Noé; que Noé dio a Sem, Sem a sus hijos, y sus hijos a sus hijos hasta Abraham; que Abraham dio Melquisedec el pontífice; que Melquisedec dio a otro, y éstos a otros todavía, hasta que llegó a manos de Ciro, quien lo guardó cuidadosamente en un salón especial, donde se conservó hasta el tiempo de la natividad del Cristo: ese documento era el mismo que los magos ofrecieron al niño Jesús. Y, como los reyes y todo su acompañamiento hubiesen cumplido sus votos y sus plegarias, después de tres días de permanencia en la gruta, deliberaron entre sí, y se dijeron: No hay que olvidar lo prometido. Vamos por última vez a la caverna, para adorar al niño, y después reanudaremos nuestro viaje en paz. Y, de común acuerdo, entraron en el establo, y de nuevo tuvieron exactamente sus visiones respectivas. Y, conmovidos por gran temor, se prosternaron ante el recién nacido, y rindieron testimonio de fe en él, diciéndole: Eres Dios e hijo de Dios. Y, salidos de la gruta, continuaron en sus alrededores el día entero hasta el siguiente. Y, con júbilo y alegría, bendecían y alababan a Dios.

25. Y, por la mañana, al despuntar la aurora, el día primero de la semana, el 25 de tébéth y de enero el 12, se dispusieron a partir para su país. Y, cuando deliberaban sobre si volverían a entrevistarse con Herodes, he aquí que una voz les habló, diciendo: “No tornéis a Herodes, el tirano impío, porque quiere matar a ese tierno infante”. Y, habiendo oído esto, los magos renunciaron a pasar por la ciudad de Jerusalén, y regresaron a su tierra por otro camino. Y, glorificando al Cristo, Dios del universo, marcharon a su patria, poseídos de gozo y siguiendo la ruta por donde el Señor los conducía.

Concluímos así la miniserie dedicada a los magos, y lo hemos querido hacer el propio día de la Epifanía.

No queremos, sin embargo, concluir con otros tres textos, los que justamente hoy acompañan al relato de Mateo 2, 1-12, pues en ellos hay referencias a reyes, a camellos y dromedarios, a tierras lejanas y regalos de oro o incienso. También al verdadero sentido de la fiesta: Dios no ha nacido sólo para el pueblo de Israel, sino para toda la humanidad, que está representada en los magos.

Isaías 60, 1-6 dice:

φωτίζου φωτίζου Ιερουσαλημ ἥκει γάρ σου τὸ φῶς καὶ ἡ δόξα κυρίου ἐπὶ σὲ ἀνατέταλκεν ἰδοὺ σκότος καὶ γνόφος καλύψει γῆν ἐπ᾽ ἔθνη ἐπὶ δὲ σὲ φανήσεται κύριος καὶ ἡ δόξα αὐτοῦ ἐπὶ σὲ ὀφθήσεται καὶ πορεύσονται βασιλεῖς τῷ φωτί σου καὶ ἔθνη τῇ λαμπρότητί σου ἆρον κύκλῳ τοὺς ὀφθαλμούς σου καὶ ἰδὲ συνηγμένα τὰ τέκνα σου ἰδοὺ ἥκασιν πάντες οἱ υἱοί σου μακρόθεν καὶ αἱ θυγατέρες σου ἐπ᾽ ὤμων ἀρθήσονται τότε ὄψῃ καὶ φοβηθήσῃ καὶ ἐκστήσῃ τῇ καρδίᾳ ὅτι μεταβαλεῖ εἰς σὲ πλοῦτος θαλάσσης καὶ ἐθνῶν καὶ λαῶν καὶ ἥξουσίν σοι ἀγέλαι καμήλων καὶ καλύψουσίν σε κάμηλοι Μαδιαμ καὶ Γαιφα πάντες ἐκ Σαβα ἥξουσιν φέροντες χρυσίον καὶ λίβανον οἴσουσιν καὶ τὸ σωτήριον κυρίου εὐαγγελιοῦνται

 

Surge, illuminare, Jerusalem, quia venit lumen tuum, et gloria Domini super te orta est.Quia ecce tenebræ operient terram, et caligo populos; super te autem orietur Dominus, et gloria ejus in te videbitur. Et ambulabunt gentes in lumine tuo, et reges in splendore ortus tui. Leva in circuitu oculos tuos, et vide: omnes isti congregati sunt, venerunt tibi; filii tui de longe venient et filiæ tuæ de latere surgent. Tunc videbis, et afflues; mirabitur et dilatabitur cor tuum: quando conversa fuerit ad te multitudo maris; fortitudo gentium venerit tibi. Inundatio camelorum operiet te, dromedarii Madian et Epha; omnes de Saba venient, aurum et thus deferentes, et laudem Domino annuntiantes.

 

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora. Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor.

En el Salmo 71, 7-13 también hay referencias a la adoración y los reyes:

ἀνατελεῖ ἐν ταῖς ἡμέραις αὐτοῦ δικαιοσύνη καὶ πλῆθος εἰρήνης ἕως οὗ ἀνταναιρεθῇ ἡ σελήνη καὶ κατακυριεύσει ἀπὸ θαλάσσης ἕως θαλάσσης καὶ ἀπὸ ποταμοῦ ἕως περάτων τῆς οἰκουμένης ἐνώπιον αὐτοῦ προπεσοῦνται Αἰθίοπες καὶ οἱ ἐχθροὶ αὐτοῦ χοῦν λείξουσιν βασιλεῖς Θαρσις καὶ αἱ νῆσοι δῶρα προσοίσουσιν βασιλεῖς Ἀράβων καὶ Σαβα δῶρα προσάξουσιν καὶ προσκυνήσουσιν αὐτῷ πάντες οἱ βασιλεῖς πάντα τὰ ἔθνη δουλεύσουσιν αὐτῷ ὅτι ἐρρύσατο πτωχὸν ἐκ χειρὸς δυνάστου καὶ πένητα ᾧ οὐχ ὑπῆρχεν βοηθός φείσεται πτωχοῦ καὶ πένητος καὶ ψυχὰς πενήτων σώσει

 

Orietur in diebus ejus justitia, et abundantia pacis, donec auferatur luna. Et dominabitur a mari usque ad mare, et a flumine usque ad terminos orbis terrarum. Coram illo procident Æthiopes,et inimici ejus terram lingent. Reges Tharsis et insulæ munera offerent; reges Arabum et Saba dona adducent: et adorabunt eum omnes reges terræ; omnes gentes servient ei. Quia liberabit pauperem a potente, et pauperem cui non erat adjutor. Parcet pauperi et inopi, et animas pauperum salvas faciet.

 

Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz, mientras dure la luna; que domine de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra. Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo; que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones. Porque él librará al pobre que suplica y al humilde que está desamparado. Tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes.

 

Finalmente, Efesios 3, 2-3a. 5-6 nos da la clave teológica de esta jornada:

εἴ γε ἠκούσατε τὴν οἰκονομίαν τῆς χάριτος τοῦ Θεοῦ τῆς δοθείσης μοι εἰς ὑμᾶς, [ὅτι] κατὰ ἀποκάλυψιν ἐγνωρίσθη μοι τὸ μυστήριον, ὃ ἑτέραις γενεαῖς οὐκ ἐγνωρίσθη τοῖς υἱοῖς τῶν ἀνθρώπων ὡς νῦν ἀπεκαλύφθη τοῖς ἁγίοις ἀποστόλοις αὐτοῦ καὶ προφήταις ἐν πνεύματι, εἶναι τὰ ἔθνη συγκληρονόμα καὶ σύσσωμα καὶ συμμέτοχα τῆς ἐπαγγελίας ἐν Χριστῶ Ἰησοῦ διὰ τοῦ εὐαγγελίου.

 

si tamen audistis dispensationem gratiæ Dei, quæ data est mihi in vobis: quoniam secundum revelationem notum mihi factum est mysterium, quod aliis generationibus non intonuit filiis hominum, sicuti nunc revelatum est sanctis apostolis eius et prophetis in Spiritu, esse gentes cohæredes, et concorporales, et comparticipes promissionis ejus in Christo Iesu per Evangelium.

 

Porque seguramente habréis oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio vuestro. Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas. Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.

 

 

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