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Archive for 10/01/09

gregorionisa1

 

Los santorales discrepan en cuanto a su fiesta: unos dicen que es el 9 de marzo y otros el 10 de enero, o sea, hoy. Nosotros preferimos la segunda de las fechas y le dedicamos nuestro artículo de hoy.

Nació alrededor del 335 d. C. en Cesarea, pero fue llamado de Nisa por su sede episcopal. Fue hermano menor de Basilio el Grande.

Lo que sigue lo hemos tomado de un discurso de Benedicto XVI:

Hombre de carácter meditativo, con gran capacidad de reflexión y una inteligencia despierta, abierta a la cultura de su tiempo. Fue un pensador original y profundo en la historia del cristianismo. Su formación cristiana fue atendida particularmente por su hermano Basilio, definido por él «padre y maestro » (Epístola 13,4: SC 363,198), y por su hermana Macrina. En sus estudios, le gustaba particularmente la filosofía y la retórica. En un primer momento se dedicó a la enseñanza y se casó. Después, como su hermano y su hermana, se dedicó totalmente a la vida ascética. Más tarde, fue elegido obispo de Nisa, convirtiéndose en pastor celoso, conquistando la estima de la comunidad. Acusado de malversaciones económicas por sus adversarios herejes, tuvo que abandonar brevemente su sede episcopal, pero después regresó triunfalmente (Cf. Epístola 6: SC 363,164-170), y siguió comprometiéndose en la lucha por defender la auténtica fe.

Tras la muerte de Basilio, como recogiendo su herencia espiritual, cooperó sobre todo en el triunfo de la ortodoxia. Participó en varios sínodos; trató de dirimir los enfrentamientos entre las Iglesias; participó en la reorganización eclesiástica y, como «columna de la ortodoxia», fue uno de los protagonistas del Concilio de Constantinopla del año 381, que definió la divinidad del Espíritu Santo.

Tuvo varios encargos oficiales por parte del emperador Teodosio, pronunció importantes homilías y discursos fúnebres, compuso varias obras teológicas. En el año 394 volvió a participar en un sínodo que se celebró en Constantinopla. Se desconoce la fecha de su muerte.

Gregorio expresa con claridad la finalidad de sus estudios, objetivo supremo al que dedica su trabajo teológico: no entregar la vida a cosas banales, sino encontrar la luz que permita discernir lo que es verdaderamente útil (Cf. In Ecclesiasten hom. 1: SC 416,106-146).

Encontró este bien supremo en el cristianismo, gracias al cual es posible «la imitación de la naturaleza divina» (De professione christiana: PG 46, 244C). Con su aguda inteligencia y sus amplios conocimientos filosóficos y teológicos, defendió la fe cristiana contra los herejes, que negaban la divinidad del Espíritu Santo (como Eunomio y los macedonios), o ponían en tela de juicio la perfecta humanidad de Cristo (como Apolinar). Comentó la Sagrada Escritura, meditando en la creación del hombre. La creación era para él un tema central. Veía en la criatura un reflejo del Creador y a partir de aquí encontraba el camino hacia Dios.
Pero también escribió un importante libro sobre la vida de Moisés, a quien presenta como hombre en camino hacia Dios: esta ascensión hacia el Monte Sinaí se convierte para él en una imagen de nuestra ascensión en la vida humana hacia la verdadera vida, hacia el encuentro con Dios. Interpretó también la oración del Señor, el Padrenuestro y las Bienaventuranzas.

En su «Gran discurso catequístico» (Oratio catechetica magna), expuso las líneas fundamentales de la teología, no de una teología académica, cerrada en sí misma, sino que ofreció a los catequistas un sistema de referencia para sus enseñanzas, como una especie de marco en el que se mueve después la interpretación pedagógica de la fe.

Gregorio, además, es insigne por su doctrina espiritual. Su teología no era una reflexión académica, sino la expresión de una vida espiritual, de una vida de fe vivida. Como gran «padre de la mística» presentó en varios tratados, como el De professione christiana y el «De perfectione christiana, el camino que los cristianos tienen que emprender para alcanzar al verdadera vida, la perfección.

Pronunció varios discursos y homilías, escribió numerosas cartas. Comentando la creación del hombre, Gregorio subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. A causa de la superioridad del alma, y gracias a la misma conformación del cuerpo, hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» (De hominis opificio 4: PG 44,136B).

Pero vemos cómo el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce la verdadera realeza. Por este motivo, para desempeñar una verdadera responsabilidad ante las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. El hombre, de hecho, es un reflejo de esa belleza original que es Dios: «Todo lo que creó Dios era óptimo», escribe el santo obispo. Y añade: «Lo testimonia la narración de la creación (Cf. Génesis 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como la que era semejante a la belleza pura e incorruptible?… Reflejo e imagen de la vida eterna, él era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro» (Homilia in Canticum 12: PG 44,1020C).

 

Como ejemplo de la obra de Gregorio de Nisa, ofrecemos un fragmento de la Epístola a Armonio o De professione christiana.

Su tratado ¿Qué significan el nombre y la profesión de los cristianos? se presenta como una carta dirigida a un tal Armonio. No se trata de un artificio literario, pues Armonio le había escrito, efectivamente, varias veces. Como compara a su corresponsal con el plectro que ha hecho sonar las cuerdas de su vieja lira, podemos deducir que Gregorio lo escribió en los últimos años de su vida. Define la profesión cristiana como “la imitación de la naturaleza divina.” Se adelanta a la objeción de Armonio de que eso seria “demasiado elevado para la bajeza de nuestra naturaleza,” y aprovecha la ocasión para tocar una de las enseñanzas fundamentales de su teología de la vida espiritual, a saber: la doctrina del hombre como imagen de Dios:

Que nadie vaya a rechazar la definición por exagerada y porque excede la humildad de nuestra naturaleza, pues no ha salido de los límites de la naturaleza. Si alguno considerara el estado primitivo del hombre, se percataría, por las enseñanzas de las Escrituras, que la definición no ha excedido la medida de nuestra naturaleza, por cuanto que la condición primera del hombre fue a imitación de la semejanza de Dios. Así comenta sobre el hombre Moisés, cuando dice: “Dios hizo al hombre, a imagen de Dios lo hizo” (Gen 1,27). La profesión del cristianismo es, pues, restablecer al hombre en su felicidad original. Si antiguamente el hombre fue imagen de Dios, quizás no ha sido un despropósito la definición que hemos dado cuando hemos afirmado que el cristianismo es imitación de la naturaleza divina (244C-D).

 

 

ΓΡΗΓΟΡΙΟΥ ΕΠΙΣΚΟΠΟΥ ΝΥΣΣΗΣ

ΠΡΟΣ ΑΠΜΟΝΙΟΝ ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΤΙ ΤΟΥ XΡΙΣΤΙΑΝΟΥ ΕΠΑΓΓΕΛΜΑ

Τ το Xριστιανο τ πγγελμα; τχα γὰρ οκ ξω το λυσιτελοντος περ τοτου σκψις γενσεται. ε γρ κριβς ερεθεη τ διὰ το νματος τοτου δηλομενον, πολλν ν λβοιμεν πρς τν κατ’ ρετν βον συνεργαν, ληθς περ νομαζμεθα  τοτο κα εναι διὰ τς ψηλς πολιτεας σπουδζοντες. σπερ γρ εἴ τις ατρς ἢ ῥήτωρ ἢ γεωμτρης καλεσθαι ποθσειεν, οκ ἂν δξαιτο τ παιδευσίᾳ  τὴν ἐπωνυμίαν ἐλέγχεσθαι, μὴ εὑρισκόμενος ἐπὶ τῆς πείρας ὃ ὀνομάζεται, ἀλλ’ ὁ κατὰ ἀλήθειάν τι τούτων προσαγορεύεσθαι θέλων, ὡς ἂν μὴ ψευδώνυμος ἡ κλῆσις ἐλέγχοιτο, αὐτῷ τῷ ἐπιτηδεύματι τὴν προσηγορίαν πιστώσεται· τὸν αὐτὸν καὶ ἡμεῖς τρόπον, εἴπερ τὸν ἀληθῆ σκοπὸν τοῦ Xριστιανοῦ ἐπαγγέλματος ἐξετάζοντες εὕροιμεν, οὐκ ἂν ἑλοίμεθα μὴ εἶναι τοῦτο, ὅπερ τὸ ὄνομα ὑπὲρ ἡμῶν ἐπαγγέλλεται, ὡς ἂν μὴ τὸ περὶ τοῦ πιθήκου διήγημα τὸ παρὰ τοῖς ἔξω περιφερόμενον καὶ ἡμῖν ἐφαρμόσειε. φασὶ γάρ τινα τῶν θαυματοποιῶν ἐπὶ τῆς ᾿Αλεξάνδρου πόλεως ἀσκήσαντα πίθηκον διὰ τινος εὐστροφίας ὀρχηστικῶς σχηματίζεσθαι, περιθεῖναι δὲ αὐτῷ πρόσωπόν τε ὀρχηστικὸν καὶ ἐσθῆτα τῷ ἐπιτηδεύματι πρόσφορον καὶ χορὸν αὐτῷ περιστήσαντα ἐνευδοκιμεῖν τῷ πιθήκῳ πρὸς τὸν τοῦ μέλους ῥυθμὸν ἑαυτὸν ἐκλυγίζοντι καὶ διὰ πάντων ἐπικρυπτομένῳ τὴν φύσιν, οἷς ἐποίει τε καὶ ἐφαίνετο. κατεχομένου δὲ τοῦ θεάτρου πρὸς τὸ καινοπρεπὲς τοῦ θεάματος παρόντατινά τῶν ἀστειοτέρων παιδιά τινι δεῖξαι τοῖς προσκεχηνόσι τῷ θεάματι πίθηκον ὄντα τὸν πίθηκον. ἐπιβοώντων γὰρ πάντων καὶ ἐπικροτούντων ταῖς τοῦ πιθήκου περιστροφαῖς εὐρύθμως πρὸς τὴν ᾠδὴν καὶ τὸ μέλος συγκινουμένου, ῥίψαι φασὶν αὐτὸν ἐπὶ τῆς ὀρχήστρας τῶν τραγημάτων ἐκεῖνα ὅσα τὴν λιχνείαν τῶν τοιούτων θηρίων ἐφέλκεται· τὸν δὲ μηδὲν μελλήσαντα, ἐπειδὴ διασπαρέντα εἶδε πρὸ τοῦ χοροῦ τὰ ἀμύγδαλα, ἐκλαθόμενον τῆς τε ὀρχήσεως καὶ τῶν κρότων καὶ τῶν τῆς ἐσθῆτος καλλωπισμῶν ἐπιδραμεῖν τε αὐτοῖς καὶ ταῖς τῶν χειρῶν παλάμαις ἐγκρατεῖν τἀ εὑρισκόμενα· καὶ ὡς ἂν μὴ ἐμποδὼν εἴη τὸ προσωπεῖον τῷ στόματι, περιαιρεῖσθαι κατὰ σπουδὴν ἑαυτοῦ τοῖς ὄνυξι τὴν σεσοφισμένην μορφὴν περιθρύπτοντα, ὥστε αὐτὸν ἀθρόως γέλωτα κινῆσαι τοῖς θεαταῖς ἀντὶ τῶν ἐπαίνων τε καὶ τοῦ θαύματος, εἰδεχθῶς καὶ  γελοίως ἐκ τῶν τοῦ προσωπείου λειψάνων διαφαινόμενον. ὥσπερ οὖν οὐκ ἐπήρκεσεν ἐκείνῳ τὸ σεσοφισμένον σχῆμα πρὸς τὸ νομισθῆναι ἄνθρωπον, ἀπελεγχθείσης ἐν τῇ λιχνείᾳ τῶν τραγημάτων τῆς φύσεως, οὕτως οἱ μὴ ἀληθῶς αὐτὴν τὴν φύσιν ἑαυτῶν τῇ πίστει μορφώσαντες ῥᾳδίως ἐν ταῖς τοῦ διαβόλου λιχνείαις ἀπελεγχθήσονται ἄλλο τι ὄντες παρ’ ὃ ἐπαγγέλλονται. ἀντὶ γὰρ ἰσχάδος ἢ ἀμυγδάλης ἢ τῶν τοιούτων τινὸς τὸ κενόδοξον καὶ φιλότιμον καὶ τὸ φιλοκερδὲς καὶ φιλήδονον καὶ ὅσα ἄλλα τοιαῦτα ἡ κακὴ τοῦ διαβόλου ἀγορὰ τοῖς λίχνοις τῶν ἀνθρώπων ἀντὶ τραγημάτων προτιθεῖσα ῥᾳδίως εἰς ἔλεγχον ἄγει τὰς πιθηκώδεις ψυχάς, οἲ διὰ μιμήσεως ἐσχηματισμένης τὸν χριστιανισμὸν ὑποκρίνονται, τὸ τῆς σωφροσύνης ἢ τὸ τῆς πραότητος ἤ τινος ἄλλης ἀρετῆς προσωπεῖον ἐν τῷ καιρῷ τῶν παθημάτων ἑαυτοῖς ἀφανίζοντες. οὐκοῦν ἀναγκαῖον ἂν εἴη νοῆσαι τοῦ χριστιανισμοῦ τὸ ἐπάγγελμα· τάχα γὰρ ἂν τοῦτο γενοίμεθα, ὅπερ τὸ ὄνομα βούλεται, ἵνα μὴ ψιλῇ τῇ ὁμολογίᾳ  καὶ τῷ προσχήματι τοῦ ὀνόματος μόνου μεταμορφούμενοι, ἄλλο τι παρὰ τὸ φαινόμενον ὄντες, τῷ τὰ κρυπτὰ καθορῶντι ἐπιδειχθείημεν.

 

¿Qué significa ser cristiano? (Epístola ad Armonium, 4-11)

¿Qué significa ser cristiano? Seguro que la consideración de este asunto nos deparará mucho provecho.

En efecto, si captamos con precisión lo que se significa con este nombre (cristiano), recibiremos gran ayuda para vivir virtuosamente. Pues nos esforzaremos, mediante una conducta más elevada, en ser realmente lo que nos llamamos.

Así le sucede, por ejemplo, al que se llama médico, orador o geómetra: no deja que se le prive de este titulo a causa de su incompetencia, como le ocurriría si en el ejercicio de su profesión se le encontrara sin la experiencia debida. Por el contrario, como no quiere que su nombre se le aplique falsamente, se esfuerza por hacerlo verdadero en su trabajo. Lo mismo debe apreciarse en nosotros. Si buscamos el verdadero sentido de ser cristiano no querremos apartarnos de lo que significa el nombre que llevamos, para que no se emplee contra nosotros la anécdota de la mona, tan divulgada entre los paganos.

Cuentan que en la ciudad de Alejandría un titiritero había domesticado a una mona para que danzase. Aprovechando su facilidad para adoptar los pasos de la danza, le puso una máscara de danzante y la cubrió con un vestido apropiado. Le puso unos músicos y se hizo famoso con el simio, que se contoneaba con el ritmo de la melodía. El animal, gracias al disfraz, ocultaba su naturaleza en todo lo que hacía. El público estaba sorprendido por la novedad del espectáculo; pero había un niño mas astuto, que mostró a los espectadores boquiabiertos que la mona no era más que una mona.

monovestido

Mientras los demás aclamaban y aplaudían la agilidad del simio, que se movía conforme al canto y la melodía, el chico arrojó sobre la orquesta golosinas que excitan la glotonería de estos animales. Cuando la mona vio las almendras esparcidas delante del coro, sin pensarlo más, olvidada enteramente de la música, de los aplausos y de los adornos de la vestimenta, corrió hacia ellas. Cogió con las manos todas las que encontró y, para que la máscara no estorbase a la boca, se quitó con las uñas apresuradamente la engañosa apariencia que la revestía. De este modo, en vez de admiración y elogios, provocó la risa del público, puesto que, bajo los restos del disfraz, aparecía risible y ridícula.

La falsa apariencia no le fue suficiente a la mona para que la considerasen un ser humano, pues su verdadera naturaleza se descubrió en su glotonería por las chucherías. Así, también serán descubiertos por las golosinas del diablo aquellos que no conformen realmente su naturaleza a la fe cristiana y sean una cosa distinta de lo que profesan.

En efecto, la vanagloria, la ambición, el afán de riquezas y de placer, y todas las demás cosas que constituyen la perversa mercancía del diablo son presentados como chucherías a la avidez de los hombres, en lugar de higos, almendras o cualquiera de esas cosas. Esto es precisamente lo que lleva a descubrir con facilidad a las almas simiescas: quienes simulan el cristianismo con fingimiento hipócrita, se quitan la máscara de la templanza, de la mansedumbre o de cualquier otra virtud en el tiempo de la prueba.

Es necesario conocer la tarea que lleva consigo llamarse cristiano. Sólo así llegaremos a ser de verdad lo que el nombre exige, para que no suceda que, si nos revestimos con el mero ropaje del nombre, aparezcamos ante Aquél que ve en lo escondido como algo distinto de lo que aparentamos ser en lo exterior.

 

Raffaele Cantarella en La Literatura Griega de la Época Helenística e Imperial (Losada, 1972) dice del Niseno:

En la tradición de la enseñanza de orígenes y con evidentes influencias que, a través de Filón y Posidonio se remontan a Platón, Gregorio es uno de los teólogos que más han contribuido a la definición de algunos dogmas fundamentales de la ortodoxia; desde este punto de vista tiene suma importancia el Gran discurso catequístico. En al exégesis, las tendencias históricas lo han llevado quizá a conceder excesiva importancia a la interpretación alegórica. A pesar del desacuerdo de algunas opiniones autorizadas, puede ser considerado uno de los más grandes pensadores cristianos y de los tres capadocios (Basilio, Gregorio Nacianceno y él mismo), el más dotado de aptitudes especulativas, si bien no siempre con la precisión de un Basilio o la claridad de su homónimo, el Nacianceno. Como escritor suele reprochársele el abuso de los recursos retóricos, pero algunos discursos, por ejemplo, aquel por la muerte de su hermano, y la Vida de la hermana, están penetrados de una sincera emoción. El Diálogo con Macrina es literalmente estimable, incluso por el empeño de aproximarse al inmortal modelo platónico. Como hemos recordado, su prosa es un notable documento, junto con la de Sinesio, del más antiguo empleo de prosa acentual con manifiesta tendencia hacia el ritmo regular y determinadas cadencias.

 

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