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Archive for 13/01/09

Martes y 13

 Este día de la semana y este número tradicionalmente han tenido fama de traer mala suerte. Eso para los supersticiosos. La fecha me ha recordado una obra de Teofrasto, Caracteres, y dentro de ella el capítulo dedicado a la superstición.
Ya hablamos de esta obra en otro lugar, al que ahora remitimos.

 

 En el pasaje que ofrecemos encontramos supersticiones distintas de las actuales (la comadreja, que muchas veces hacía de gato en Grecia, se mantiene, aunque no hay referencia al color negro).
 
No está la sal derramada, el espejo roto, pasar por debajo de la escalera, el paraguas abierto en el interior, el número trece… pero sí una serie de estrambóticas manías de un auténtico supersticioso.
 

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ΔΕΙΣΙΔΑΙΜΟΝΙΑΣ
᾿Αμέλει ἡ δεισιδαιμονία δόξειεν <ἂν> εἶναι δειλία πρὸς τὸ δαιμόνιον, ὁ δὲ δεισιδαίμων τοιοῦτός τις, οἷος ἐπιτυχὼν ἐκφορὰ ἀπονιψάμενος τἀς χεῖρας καὶ περιρρανάμενος ἀπὸ ἱεροῦ δάφνην εἰς τὸ στόμα λαβὼν οὕτω τὴν ἡμέραν περιπατεῖν. καὶ τὴν ὁδὸν ἐὰν ὑπερδράμῃ γαλῆ, μὴ πρότερον πορευθῆναι, ἕως διεξέλθῃ τις ἢ λίθους τρεῖς ὑπὲρ τῆς ὁδοῦ διαβάλῃ. καὶ ἐὰν ἴδῃ ὄφιν ἐν τῇ οἰκίᾳ , ἐὰν παρείαν, Σαβάζιον καλεῖν, ἐὰν δὲ ἱερόν, ἐνταῦθα ἡρῷον εὐθὺς ἱδρύσασθαι. καὶ τῶν λιπαρῶν λίθων τῶν ἐν ταῖς τριόδοις παριὼν ἐκ τῆς ληκύθου ἔλαιον καταχεῖν καὶ ἐπὶ γόνατα πεσὼν καὶ προσκυνήσας ἀπαλλάττεσθαι. καὶ ἐὰν μῦς θύλακον ἀλφίτων διαφάγῃ, πρὸς τὸν ἐξηγητὴν ἐλθὼν ἐρωτᾶν, τί χρὴ ποιεῖν, καὶ ἐὰν ἀποκρίνηται αὐτῷ ἐκδοῦναι τῷ σκυτοδέψῃ ἐπιρράψαι, μὴ προσέχειν τούτοις, ἀλλ’ ἀποτραπεὶς ἐκθύσασθαι. καὶ πυκνὰ δὲ τὴν οἰκίαν καθᾶραι δεινὸς ῾Εκάτης φάσκων ἐπαγωγὴν γεγονέναι.
Κἂν γλαῦκες βαδίζοντος αὐτοῦ ταράττωνται, [καὶ] εἴπας· ᾿Αθηνᾶ κρείττων, παρελθεῖν οὕτω. καὶ οὔτε ἐπιβῆναι μνήματι οὔτ’ ἐπὶ νεκρὸν οὔτ’ ἐπὶ λεχὼ ἐλθεῖν ἐθελῆσαι, ἀλλὰ τὸ μὴ μιαίνεσθαι συμφέρον αὑτῷ φῆσαι εἶναι. καὶ ταῖς τετράσι δὲ καὶ ἑβδόμαις προστάξας οἶνον ἕψειν τοῖς ἔνδον, ἐξελθὼν ἀγοράσαι μυρσίνας, λιβανωτόν, πόπανα καὶ εἰσελθὼν εἴσω στεφανοῦν τοὺς ῾Ερμᾶς, ἀφρονεῖν ὅλην τὴν ἡμέραν. καὶ ὅταν ἐνύπνιον ἴδῃ, πορεύεσθαι πρὸς τοὺς ὀνειροκρίτας, πρὸς τοὺς μάντεις, πρὸς τοὺς ὀρνιθοσκόπους, ἐρωτήσων, τίνι θεῶν ἢ θεᾷ προσεύχεσθαι δεῖ.
καὶ τελεσθησόμενος πρὸς τοὺς ᾿Ορφεοτελεστὰς κατὰ μῆνα πορεύεσθαι μετὰ τῆς γυναικός ἐὰν δὲ μὴ σχολάζῃ ἡ γυνή, μετὰ τῆς τίτθης καὶ τῶν παιδίων. καὶ τῶν περιρραινομένων ἐπὶ θαλάττης ἐπιμελῶς δόξειεν ἀν εἶναι. κἄν ποτε ἐπίδῃ σκορόδῳ ἐστεμμένον τῶν ἐπὶ ταῖς τριόδοις, ἀπελθὼν κατὰ κεφαλῆς λούσασθαι καὶ ἱερείας καλέσας σκίλλῃ ἢ σκύλακι κελεῦσαι αὑτὸν περικαθᾶραι. μαινόμενον δὲ ἰδὼν ἢ ἐπίληπτον φρίξας εἰς κόλπον πτύσαι. 

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En efecto, la superstición parece ser un amedrentamiento respecto a lo sobrenatural. El supersticioso se comporta de la siguiente manera. Tras haberse lavado las manos y purificado en la fuente de “Los tres caños” y después de haber cogido una ramita de laurel del templo, se pasea durante todo el día con ella en la boca. En el caso de que una comadreja se atraviese en su camino, no sigue andando hasta que no pase alguien o bien él haya lanzado tres piedras por encima de su sendero. Cuando ve una serpiente en su casa, si es carrilluda, invoca a Sabacio; si es sagrada, erige en seguida un altar en aquel preciso lugar. Al pasar por el lado de esas piedras relucientes que hay en las encrucijadas, vierte el aceite de su lecito y no se aleja sin antes haberse arrodillado y haberlas adorado. En el caso de que un ratón haya roído un saco de cebada, se presenta ante el intérprete y le consulta qué debe hacer. Si le responde que lo dé a un curtidor para remendarlo, no se contenta con eso, sino que hace un sacrificio para verse librado del maleficio. Continuamente purifica su casa, por pretender que sobre ella pesa un conjuro de Hécate.
Si las lechuzas se alborotan a su paso, él pronuncia la fórmula incantatoria: “Atenea es más fuerte”, y tras esta cautela, sigue su camino. Procura no pisar una tumba, ni acercarse a un cadáver o a una parturienta, pues asegura que no le conviene contaminarse. El día cuatro y siete de cada mes, después de ordenar a los de casa que preparen el vino caliente, se va al mercado a comprar unas ramas de mirto, incienso y pasteles sagrados. A su regreso se pasa el día entero coronando a los Hermafroditos. Cuando tiene un sueño, acude a los intérpretes de visiones oníricas, a los adivinos y a los augures para que averigüen a qué dios o diosa debe suplicar. Visita a los sacerdotes de Orfeo con la intención de renovar su iniciación en los Misterios todos los meses en compañía de su mujer (o de la nodriza, en el caso de que aquélla se encuentre ocupada) y de los niños.
También podría ser de los que realizan abluciones meticulosamente a la orilla del mar. Si en alguna ocasión ve a uno de esos hombres coronados con ajos que se encuentran en las encrucijadas de los caminos, al volver a su casa, se lava desde la cabeza hasta los pies y, después de llamar a las sacerdotisas, les pide que le purifiquen con una cebolla albarrana o un cachorro. La vista de un loco o de un epiléptico le produce estremecimientos y, en consecuencia, escupe en el pliegue de su ropaje.

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La traducción des de Elisa Ruiz García, en Gredos, de quien ofrecemos también las siguientes notas:

1. En la Antigüedad el tres era considerado, originariamente, un número fatídico. Poco a poco fue perdiendo este valor y quedó convertido en una forma expresiva de carácter aumentativo.

2. Sabacio era una divinidad de procedencia tracofrigia, de carácter orgiástico, que pronto fue identificada con Dioniso en el mundo griego. La serpiente en Atenas era un animal frecuente. Su presencia siempre se interpretaba como un signo sobrenatural. En el culto a Sabacio ocupaba un lugar importante el tipo de ofidio aquí mencionado (la carrilluda).

3. El lecito era un recipiente de cuello largo, empleado especialmente para contener aceites y perfumes. El que lleve tal objeto quizá sea un signo más, característico de este grotesco personaje, el cual camina pertrechado para toda eventualidad.

4. Hécate era una diosa ctónica relacionada con el mundo de la magia y de los hechizos.

5. Los días 4 y 24 eran considerados nefastos. Quizá hay que interpretar el séptimo día empezando por atrás. Los griegos dividían el mes en tres períodos de diez días. La última década solían designarla de manera regresiva, añadiendo ἐπ᾿ εἰκάδι (sobre veinte). Con este sistema de cómputo, el día séptimo, respecto de los que quedan para finalizar el mes, coincide con el 24. El día 4 estaba consagrado a Hermes.

6. La referencia a la cebolla y el cachorro está en un pasaje de significado dudoso. Probablemente se trata de un empleado que tenía por misión limpiar los restos depositados en calidad de ofrendas ante las estatuas de Hécate, ubicadas en las encrucijadas de los caminos. Esta persona llevaría unos ajos, ya que en la Antigüedad se consideraba que eran unos bulbos depurativos. El espíritu enfermizo del supersticioso hace que se precipite a purificarse por miedo a de que la simple visión de la escena callejera le contamine.

7. Escupir era un gesto de carácter apotropaico.
 
En fin, nos queda la referencia al número 13, que ha provocado ese miedo irracional a dicha cifra llamada, en griego (¿cómo no?) triscaidekafobia (en griego trece se dice τρισκαίδεκα y miedo φόβος).

 

 

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En fin, no debería decirlo, porque no soy supersticioso, pero esta entrada me ha costado Dios y ayuda publicarla. Lo atribuyo a un fallo temporal en el editor de WordPress y no a la influencia negativa del 13, el martes, el gato negro, la sal derramada o el espejo roto.

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