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Archive for 14 enero 2009

ME MEten en un lío

Recibo con sorpresa una “nominación” de Domingo para seguir con un o una meme, pues no sé exactamente qué género tiene la palabreja. He de reconocer que no soy dado a estas cosas, pero… seguiremos la rueda.

Las reglas son:

– Subir la imagen del meme e incluir la fuente.
– Subir las reglas
– Compartir 3 cosas que nunca haya hecho, pero que me gustaría hacer.
– Compartir 3 cosas que nunca haya hecho y que nunca haría.
– Elegir a 3 personas para que continúen el meme
– Avisarles dejando un comentario en su blog.

Vamos, pues, a cumplir con las reglas.

 

vampirito

 

1. Subir la imagen del meme  (arriba está) e incluir la fuente.

2. Subir las reglas. Está hecho más arriba.

3. Compartir 3 cosas que nunca haya hecho, pero que me gustaría hacer. Allá van:

a. Dirigir a la Filarmónica de Berlín, a la de Viena, a la orquesta del Concertgebouw de Amsterdam o a otra cualquiera una sinfonía de Mahler, Bruckner o Muerte y Transfiguración de Strauss.

 

 

b. Viajar en el Transiberiano o, en su defecto, recorrer el camino que hizo Miguel Strogoff en la novela de Verne.

c. Volar.
Compartir 3 cosas que nunca haya hecho y que nunca haría. Son éstas:

a. Fumar. Por lógica.

b. Blasfemar. Por respeto.

c. Ir desnudo por la calle. Por vergüenza y pudor.

Elegir a 3 personas para que continúen el meme. Los nominados son:

Ana, de quien he aprendido tantas cosas y siempre me ha escuchado con atención, como se hace con los amigos.

Merche, porque me ha demostrado siempre un gran aprecio y una gran amistad y por su compromiso con la verdadera educación.

José Juan, por su perseverancia, su entusiasmo, sus reflexiones, por ser tan “manegueta” y por las caminatas hechas en su compañía.

 

Avisarles dejando un comentario en su blog. Ahora procedo.

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Martes y 13

 Este día de la semana y este número tradicionalmente han tenido fama de traer mala suerte. Eso para los supersticiosos. La fecha me ha recordado una obra de Teofrasto, Caracteres, y dentro de ella el capítulo dedicado a la superstición.
Ya hablamos de esta obra en otro lugar, al que ahora remitimos.

 

 En el pasaje que ofrecemos encontramos supersticiones distintas de las actuales (la comadreja, que muchas veces hacía de gato en Grecia, se mantiene, aunque no hay referencia al color negro).
 
No está la sal derramada, el espejo roto, pasar por debajo de la escalera, el paraguas abierto en el interior, el número trece… pero sí una serie de estrambóticas manías de un auténtico supersticioso.
 

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ΔΕΙΣΙΔΑΙΜΟΝΙΑΣ
᾿Αμέλει ἡ δεισιδαιμονία δόξειεν <ἂν> εἶναι δειλία πρὸς τὸ δαιμόνιον, ὁ δὲ δεισιδαίμων τοιοῦτός τις, οἷος ἐπιτυχὼν ἐκφορὰ ἀπονιψάμενος τἀς χεῖρας καὶ περιρρανάμενος ἀπὸ ἱεροῦ δάφνην εἰς τὸ στόμα λαβὼν οὕτω τὴν ἡμέραν περιπατεῖν. καὶ τὴν ὁδὸν ἐὰν ὑπερδράμῃ γαλῆ, μὴ πρότερον πορευθῆναι, ἕως διεξέλθῃ τις ἢ λίθους τρεῖς ὑπὲρ τῆς ὁδοῦ διαβάλῃ. καὶ ἐὰν ἴδῃ ὄφιν ἐν τῇ οἰκίᾳ , ἐὰν παρείαν, Σαβάζιον καλεῖν, ἐὰν δὲ ἱερόν, ἐνταῦθα ἡρῷον εὐθὺς ἱδρύσασθαι. καὶ τῶν λιπαρῶν λίθων τῶν ἐν ταῖς τριόδοις παριὼν ἐκ τῆς ληκύθου ἔλαιον καταχεῖν καὶ ἐπὶ γόνατα πεσὼν καὶ προσκυνήσας ἀπαλλάττεσθαι. καὶ ἐὰν μῦς θύλακον ἀλφίτων διαφάγῃ, πρὸς τὸν ἐξηγητὴν ἐλθὼν ἐρωτᾶν, τί χρὴ ποιεῖν, καὶ ἐὰν ἀποκρίνηται αὐτῷ ἐκδοῦναι τῷ σκυτοδέψῃ ἐπιρράψαι, μὴ προσέχειν τούτοις, ἀλλ’ ἀποτραπεὶς ἐκθύσασθαι. καὶ πυκνὰ δὲ τὴν οἰκίαν καθᾶραι δεινὸς ῾Εκάτης φάσκων ἐπαγωγὴν γεγονέναι.
Κἂν γλαῦκες βαδίζοντος αὐτοῦ ταράττωνται, [καὶ] εἴπας· ᾿Αθηνᾶ κρείττων, παρελθεῖν οὕτω. καὶ οὔτε ἐπιβῆναι μνήματι οὔτ’ ἐπὶ νεκρὸν οὔτ’ ἐπὶ λεχὼ ἐλθεῖν ἐθελῆσαι, ἀλλὰ τὸ μὴ μιαίνεσθαι συμφέρον αὑτῷ φῆσαι εἶναι. καὶ ταῖς τετράσι δὲ καὶ ἑβδόμαις προστάξας οἶνον ἕψειν τοῖς ἔνδον, ἐξελθὼν ἀγοράσαι μυρσίνας, λιβανωτόν, πόπανα καὶ εἰσελθὼν εἴσω στεφανοῦν τοὺς ῾Ερμᾶς, ἀφρονεῖν ὅλην τὴν ἡμέραν. καὶ ὅταν ἐνύπνιον ἴδῃ, πορεύεσθαι πρὸς τοὺς ὀνειροκρίτας, πρὸς τοὺς μάντεις, πρὸς τοὺς ὀρνιθοσκόπους, ἐρωτήσων, τίνι θεῶν ἢ θεᾷ προσεύχεσθαι δεῖ.
καὶ τελεσθησόμενος πρὸς τοὺς ᾿Ορφεοτελεστὰς κατὰ μῆνα πορεύεσθαι μετὰ τῆς γυναικός ἐὰν δὲ μὴ σχολάζῃ ἡ γυνή, μετὰ τῆς τίτθης καὶ τῶν παιδίων. καὶ τῶν περιρραινομένων ἐπὶ θαλάττης ἐπιμελῶς δόξειεν ἀν εἶναι. κἄν ποτε ἐπίδῃ σκορόδῳ ἐστεμμένον τῶν ἐπὶ ταῖς τριόδοις, ἀπελθὼν κατὰ κεφαλῆς λούσασθαι καὶ ἱερείας καλέσας σκίλλῃ ἢ σκύλακι κελεῦσαι αὑτὸν περικαθᾶραι. μαινόμενον δὲ ἰδὼν ἢ ἐπίληπτον φρίξας εἰς κόλπον πτύσαι. 

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En efecto, la superstición parece ser un amedrentamiento respecto a lo sobrenatural. El supersticioso se comporta de la siguiente manera. Tras haberse lavado las manos y purificado en la fuente de “Los tres caños” y después de haber cogido una ramita de laurel del templo, se pasea durante todo el día con ella en la boca. En el caso de que una comadreja se atraviese en su camino, no sigue andando hasta que no pase alguien o bien él haya lanzado tres piedras por encima de su sendero. Cuando ve una serpiente en su casa, si es carrilluda, invoca a Sabacio; si es sagrada, erige en seguida un altar en aquel preciso lugar. Al pasar por el lado de esas piedras relucientes que hay en las encrucijadas, vierte el aceite de su lecito y no se aleja sin antes haberse arrodillado y haberlas adorado. En el caso de que un ratón haya roído un saco de cebada, se presenta ante el intérprete y le consulta qué debe hacer. Si le responde que lo dé a un curtidor para remendarlo, no se contenta con eso, sino que hace un sacrificio para verse librado del maleficio. Continuamente purifica su casa, por pretender que sobre ella pesa un conjuro de Hécate.
Si las lechuzas se alborotan a su paso, él pronuncia la fórmula incantatoria: “Atenea es más fuerte”, y tras esta cautela, sigue su camino. Procura no pisar una tumba, ni acercarse a un cadáver o a una parturienta, pues asegura que no le conviene contaminarse. El día cuatro y siete de cada mes, después de ordenar a los de casa que preparen el vino caliente, se va al mercado a comprar unas ramas de mirto, incienso y pasteles sagrados. A su regreso se pasa el día entero coronando a los Hermafroditos. Cuando tiene un sueño, acude a los intérpretes de visiones oníricas, a los adivinos y a los augures para que averigüen a qué dios o diosa debe suplicar. Visita a los sacerdotes de Orfeo con la intención de renovar su iniciación en los Misterios todos los meses en compañía de su mujer (o de la nodriza, en el caso de que aquélla se encuentre ocupada) y de los niños.
También podría ser de los que realizan abluciones meticulosamente a la orilla del mar. Si en alguna ocasión ve a uno de esos hombres coronados con ajos que se encuentran en las encrucijadas de los caminos, al volver a su casa, se lava desde la cabeza hasta los pies y, después de llamar a las sacerdotisas, les pide que le purifiquen con una cebolla albarrana o un cachorro. La vista de un loco o de un epiléptico le produce estremecimientos y, en consecuencia, escupe en el pliegue de su ropaje.

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La traducción des de Elisa Ruiz García, en Gredos, de quien ofrecemos también las siguientes notas:

1. En la Antigüedad el tres era considerado, originariamente, un número fatídico. Poco a poco fue perdiendo este valor y quedó convertido en una forma expresiva de carácter aumentativo.

2. Sabacio era una divinidad de procedencia tracofrigia, de carácter orgiástico, que pronto fue identificada con Dioniso en el mundo griego. La serpiente en Atenas era un animal frecuente. Su presencia siempre se interpretaba como un signo sobrenatural. En el culto a Sabacio ocupaba un lugar importante el tipo de ofidio aquí mencionado (la carrilluda).

3. El lecito era un recipiente de cuello largo, empleado especialmente para contener aceites y perfumes. El que lleve tal objeto quizá sea un signo más, característico de este grotesco personaje, el cual camina pertrechado para toda eventualidad.

4. Hécate era una diosa ctónica relacionada con el mundo de la magia y de los hechizos.

5. Los días 4 y 24 eran considerados nefastos. Quizá hay que interpretar el séptimo día empezando por atrás. Los griegos dividían el mes en tres períodos de diez días. La última década solían designarla de manera regresiva, añadiendo ἐπ᾿ εἰκάδι (sobre veinte). Con este sistema de cómputo, el día séptimo, respecto de los que quedan para finalizar el mes, coincide con el 24. El día 4 estaba consagrado a Hermes.

6. La referencia a la cebolla y el cachorro está en un pasaje de significado dudoso. Probablemente se trata de un empleado que tenía por misión limpiar los restos depositados en calidad de ofrendas ante las estatuas de Hécate, ubicadas en las encrucijadas de los caminos. Esta persona llevaría unos ajos, ya que en la Antigüedad se consideraba que eran unos bulbos depurativos. El espíritu enfermizo del supersticioso hace que se precipite a purificarse por miedo a de que la simple visión de la escena callejera le contamine.

7. Escupir era un gesto de carácter apotropaico.
 
En fin, nos queda la referencia al número 13, que ha provocado ese miedo irracional a dicha cifra llamada, en griego (¿cómo no?) triscaidekafobia (en griego trece se dice τρισκαίδεκα y miedo φόβος).

 

 

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En fin, no debería decirlo, porque no soy supersticioso, pero esta entrada me ha costado Dios y ayuda publicarla. Lo atribuyo a un fallo temporal en el editor de WordPress y no a la influencia negativa del 13, el martes, el gato negro, la sal derramada o el espejo roto.

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Conviene ahora que, tras haber escuchado el Lied schubertiano que toma la letra del poema de Goethe conozcamos más en profundidad el mito de Prometeo.

La principal fuente para conocer el mito la tenemos en la Teogonía de Hesíodo, y más en concreto, en los versos 535 al 616, que podemos seguir aquí en el original griego.

Nosotros ofrecemos la traducción de Aurelio Pérez Jiménez en la editorial Gredos.

 El mito

 

Ocurrió que cuando dioses y hombres mortales se separaron en Mecona, Prometeo presentó un enorme buey que había dividido con ánimo resuelto, pensando engañar la inteligencia de Zeus. Puso, de un lado, en la piel, la carne y ricas vísceras con la grasa, ocultándolas en el vientre del buey. De otro, recogiendo los blancos huesos del buey con falaz astucia, los disimuló cubriéndolos de brillante grasa. Entonces se dirigió a él el padre de hombres y dioses:

– ¡Japetónida, el más ilustre de todos los dioses, amigo mío, cuan parcialmente hiciste el reparto de lotes!

Así habló en torno de burla Zeus, conocedor de inmortales designios. Le respondió el astuto Prometeo con una leve sonrisa y no ocultó su falaz astucia:

– ¡Zeus, el más ilustre y poderoso de los dioses sempiternos! Escoge de ellos el que en tu pecho te dicte el corazón. Habló ciertamente con falsos pensamientos.

Y Zeus, sabedor de inmortales designios, conoció y no ignoró el engaño; pero estaba proyectando en su corazón desgracias para los hombres mortales e iba a darles cumplimiento. Cogió con ambas manos la blanca grasa. Se irritó en sus entrañas y la cólera le alcanzó el corazón cuando vio los blancos huesos del buey a causa de la falaz astucia. Desde entonces sobre la tierra las tribus de hombres queman para los inmortales los blancos huesos cuando se hacen sacrificios en los altares.

Y a aquél díjole Zeus amontonador de nubes, terriblemente indignado:

– ¡Hijo de Jápeto, conocedor de los designios sobre todas las cosas, amigo mío, ciertamente no estabas ya olvidándote de tu falaz astucia!

Así dijo lleno de cólera Zeus, conocedor de inmortales designios. Y desde entonces tuvo siempre presente este engaño y no dio la infatigable llama del fuego a los fresnos, los hombres mortales que habitan sobre la tierra.

Pero le burló el sagaz hijo de Jápeto escondiendo el brillo que se ve de lejos del infatigable fuego en una hueca cañaheja.

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Entonces hirió de nuevo el alma de Zeus altitonante y le irritó su corazón cuando vio entre los hombres el brillo que se ve de lejos del fuego. Y al punto, a cambio del fuego, preparó un mal para los hombres: modeló de tierra el ilustre Patizambo una imagen con apariencia de casta doncella, por voluntad del Crónida.

La diosa Atenea de ojos glaucos le dio ceñidor y la adornó con vestido de resplandeciente blancura; la cubrió desde la cabeza con un velo, maravilla verlo, bordado con sus propias manos; y con deliciosas coronas de fresca hierba trenzada con flores, rodeó sus sienes Palas Atenea. En su cabeza colocó una diadema de oro que el mismo cinceló con sus manos, el ilustre Patizambo, por agradar a su padre Zeus.

En ella había artísticamente labrados, maravilla verlos, numerosos monstruos, cuantos terribles cría el continente y el mar; de ellos grabó muchos aquél, y en todos se respiraba su arte, admirables, cual seres vivos dotados de voz. Luego que preparó el bello mal, a cambio de un bien, la llevó donde estaban los demás dioses y los hombres, engalanada con los adornos de la diosa de ojos glaucos, hija de poderoso padre; y un estupor se apoderó de los inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el espinoso engaño, irresistible para los hombres. Pues de ella desciende la estirpe de femeninas mujeres. Gran calamidad para los mortales, con los varones conviven sin conformarse con la funesta penuria, sino con la saciedad.

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Como cuando en las abovedadas colmenas las abejas alimentan a los zánganos, siempre ocupados en miserables tareas aquéllas durante todo el día hasta la puesta del sol diariamente se afanan y hacen blancos panales de miel, mientras ellos aguardando dentro, en los recubiertos panales, recogen en su vientre el esfuerzo ajeno-, así también desgracia para los hombres mortales hizo Zeus altitonante a las mujeres, siempre ocupadas en perniciosas tareas. Otro mal les procuró a cambio de aquel bien: El que huyendo del matrimonio y las terribles acciones de las mujeres no quiere casarse y alcanza la funesta vejez sin nadie que le cuide, éste no vive falto de alimento; pero al morir, los parientes se reparten su hacienda.

Y a quien, en cambio, le alcanza el destino del matrimonio y consigue tener una mujer sensata y adornada de recato, éste, durante toda la vida, el mal equipara constantemente al bien. Y quien encuentra una mujer desvergonzada, vive sin cesar con la angustia en su pecho, en su alma y en su corazón; y su mal es incurable. De esta manera no es posible engañar ni transgredir la voluntad de Zeus; pues ni siquiera el Japetónida, el remediador Prometeo, logró librarse de su terrible cólera, sino que por la fuerza, aunque era muy astuto, le aprisionó una enorme cadena.

  

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Los santorales discrepan en cuanto a su fiesta: unos dicen que es el 9 de marzo y otros el 10 de enero, o sea, hoy. Nosotros preferimos la segunda de las fechas y le dedicamos nuestro artículo de hoy.

Nació alrededor del 335 d. C. en Cesarea, pero fue llamado de Nisa por su sede episcopal. Fue hermano menor de Basilio el Grande.

Lo que sigue lo hemos tomado de un discurso de Benedicto XVI:

Hombre de carácter meditativo, con gran capacidad de reflexión y una inteligencia despierta, abierta a la cultura de su tiempo. Fue un pensador original y profundo en la historia del cristianismo. Su formación cristiana fue atendida particularmente por su hermano Basilio, definido por él «padre y maestro » (Epístola 13,4: SC 363,198), y por su hermana Macrina. En sus estudios, le gustaba particularmente la filosofía y la retórica. En un primer momento se dedicó a la enseñanza y se casó. Después, como su hermano y su hermana, se dedicó totalmente a la vida ascética. Más tarde, fue elegido obispo de Nisa, convirtiéndose en pastor celoso, conquistando la estima de la comunidad. Acusado de malversaciones económicas por sus adversarios herejes, tuvo que abandonar brevemente su sede episcopal, pero después regresó triunfalmente (Cf. Epístola 6: SC 363,164-170), y siguió comprometiéndose en la lucha por defender la auténtica fe.

Tras la muerte de Basilio, como recogiendo su herencia espiritual, cooperó sobre todo en el triunfo de la ortodoxia. Participó en varios sínodos; trató de dirimir los enfrentamientos entre las Iglesias; participó en la reorganización eclesiástica y, como «columna de la ortodoxia», fue uno de los protagonistas del Concilio de Constantinopla del año 381, que definió la divinidad del Espíritu Santo.

Tuvo varios encargos oficiales por parte del emperador Teodosio, pronunció importantes homilías y discursos fúnebres, compuso varias obras teológicas. En el año 394 volvió a participar en un sínodo que se celebró en Constantinopla. Se desconoce la fecha de su muerte.

Gregorio expresa con claridad la finalidad de sus estudios, objetivo supremo al que dedica su trabajo teológico: no entregar la vida a cosas banales, sino encontrar la luz que permita discernir lo que es verdaderamente útil (Cf. In Ecclesiasten hom. 1: SC 416,106-146).

Encontró este bien supremo en el cristianismo, gracias al cual es posible «la imitación de la naturaleza divina» (De professione christiana: PG 46, 244C). Con su aguda inteligencia y sus amplios conocimientos filosóficos y teológicos, defendió la fe cristiana contra los herejes, que negaban la divinidad del Espíritu Santo (como Eunomio y los macedonios), o ponían en tela de juicio la perfecta humanidad de Cristo (como Apolinar). Comentó la Sagrada Escritura, meditando en la creación del hombre. La creación era para él un tema central. Veía en la criatura un reflejo del Creador y a partir de aquí encontraba el camino hacia Dios.
Pero también escribió un importante libro sobre la vida de Moisés, a quien presenta como hombre en camino hacia Dios: esta ascensión hacia el Monte Sinaí se convierte para él en una imagen de nuestra ascensión en la vida humana hacia la verdadera vida, hacia el encuentro con Dios. Interpretó también la oración del Señor, el Padrenuestro y las Bienaventuranzas.

En su «Gran discurso catequístico» (Oratio catechetica magna), expuso las líneas fundamentales de la teología, no de una teología académica, cerrada en sí misma, sino que ofreció a los catequistas un sistema de referencia para sus enseñanzas, como una especie de marco en el que se mueve después la interpretación pedagógica de la fe.

Gregorio, además, es insigne por su doctrina espiritual. Su teología no era una reflexión académica, sino la expresión de una vida espiritual, de una vida de fe vivida. Como gran «padre de la mística» presentó en varios tratados, como el De professione christiana y el «De perfectione christiana, el camino que los cristianos tienen que emprender para alcanzar al verdadera vida, la perfección.

Pronunció varios discursos y homilías, escribió numerosas cartas. Comentando la creación del hombre, Gregorio subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. A causa de la superioridad del alma, y gracias a la misma conformación del cuerpo, hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» (De hominis opificio 4: PG 44,136B).

Pero vemos cómo el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce la verdadera realeza. Por este motivo, para desempeñar una verdadera responsabilidad ante las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. El hombre, de hecho, es un reflejo de esa belleza original que es Dios: «Todo lo que creó Dios era óptimo», escribe el santo obispo. Y añade: «Lo testimonia la narración de la creación (Cf. Génesis 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como la que era semejante a la belleza pura e incorruptible?… Reflejo e imagen de la vida eterna, él era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro» (Homilia in Canticum 12: PG 44,1020C).

 

Como ejemplo de la obra de Gregorio de Nisa, ofrecemos un fragmento de la Epístola a Armonio o De professione christiana.

Su tratado ¿Qué significan el nombre y la profesión de los cristianos? se presenta como una carta dirigida a un tal Armonio. No se trata de un artificio literario, pues Armonio le había escrito, efectivamente, varias veces. Como compara a su corresponsal con el plectro que ha hecho sonar las cuerdas de su vieja lira, podemos deducir que Gregorio lo escribió en los últimos años de su vida. Define la profesión cristiana como “la imitación de la naturaleza divina.” Se adelanta a la objeción de Armonio de que eso seria “demasiado elevado para la bajeza de nuestra naturaleza,” y aprovecha la ocasión para tocar una de las enseñanzas fundamentales de su teología de la vida espiritual, a saber: la doctrina del hombre como imagen de Dios:

Que nadie vaya a rechazar la definición por exagerada y porque excede la humildad de nuestra naturaleza, pues no ha salido de los límites de la naturaleza. Si alguno considerara el estado primitivo del hombre, se percataría, por las enseñanzas de las Escrituras, que la definición no ha excedido la medida de nuestra naturaleza, por cuanto que la condición primera del hombre fue a imitación de la semejanza de Dios. Así comenta sobre el hombre Moisés, cuando dice: “Dios hizo al hombre, a imagen de Dios lo hizo” (Gen 1,27). La profesión del cristianismo es, pues, restablecer al hombre en su felicidad original. Si antiguamente el hombre fue imagen de Dios, quizás no ha sido un despropósito la definición que hemos dado cuando hemos afirmado que el cristianismo es imitación de la naturaleza divina (244C-D).

 

 

ΓΡΗΓΟΡΙΟΥ ΕΠΙΣΚΟΠΟΥ ΝΥΣΣΗΣ

ΠΡΟΣ ΑΠΜΟΝΙΟΝ ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΤΙ ΤΟΥ XΡΙΣΤΙΑΝΟΥ ΕΠΑΓΓΕΛΜΑ

Τ το Xριστιανο τ πγγελμα; τχα γὰρ οκ ξω το λυσιτελοντος περ τοτου σκψις γενσεται. ε γρ κριβς ερεθεη τ διὰ το νματος τοτου δηλομενον, πολλν ν λβοιμεν πρς τν κατ’ ρετν βον συνεργαν, ληθς περ νομαζμεθα  τοτο κα εναι διὰ τς ψηλς πολιτεας σπουδζοντες. σπερ γρ εἴ τις ατρς ἢ ῥήτωρ ἢ γεωμτρης καλεσθαι ποθσειεν, οκ ἂν δξαιτο τ παιδευσίᾳ  τὴν ἐπωνυμίαν ἐλέγχεσθαι, μὴ εὑρισκόμενος ἐπὶ τῆς πείρας ὃ ὀνομάζεται, ἀλλ’ ὁ κατὰ ἀλήθειάν τι τούτων προσαγορεύεσθαι θέλων, ὡς ἂν μὴ ψευδώνυμος ἡ κλῆσις ἐλέγχοιτο, αὐτῷ τῷ ἐπιτηδεύματι τὴν προσηγορίαν πιστώσεται· τὸν αὐτὸν καὶ ἡμεῖς τρόπον, εἴπερ τὸν ἀληθῆ σκοπὸν τοῦ Xριστιανοῦ ἐπαγγέλματος ἐξετάζοντες εὕροιμεν, οὐκ ἂν ἑλοίμεθα μὴ εἶναι τοῦτο, ὅπερ τὸ ὄνομα ὑπὲρ ἡμῶν ἐπαγγέλλεται, ὡς ἂν μὴ τὸ περὶ τοῦ πιθήκου διήγημα τὸ παρὰ τοῖς ἔξω περιφερόμενον καὶ ἡμῖν ἐφαρμόσειε. φασὶ γάρ τινα τῶν θαυματοποιῶν ἐπὶ τῆς ᾿Αλεξάνδρου πόλεως ἀσκήσαντα πίθηκον διὰ τινος εὐστροφίας ὀρχηστικῶς σχηματίζεσθαι, περιθεῖναι δὲ αὐτῷ πρόσωπόν τε ὀρχηστικὸν καὶ ἐσθῆτα τῷ ἐπιτηδεύματι πρόσφορον καὶ χορὸν αὐτῷ περιστήσαντα ἐνευδοκιμεῖν τῷ πιθήκῳ πρὸς τὸν τοῦ μέλους ῥυθμὸν ἑαυτὸν ἐκλυγίζοντι καὶ διὰ πάντων ἐπικρυπτομένῳ τὴν φύσιν, οἷς ἐποίει τε καὶ ἐφαίνετο. κατεχομένου δὲ τοῦ θεάτρου πρὸς τὸ καινοπρεπὲς τοῦ θεάματος παρόντατινά τῶν ἀστειοτέρων παιδιά τινι δεῖξαι τοῖς προσκεχηνόσι τῷ θεάματι πίθηκον ὄντα τὸν πίθηκον. ἐπιβοώντων γὰρ πάντων καὶ ἐπικροτούντων ταῖς τοῦ πιθήκου περιστροφαῖς εὐρύθμως πρὸς τὴν ᾠδὴν καὶ τὸ μέλος συγκινουμένου, ῥίψαι φασὶν αὐτὸν ἐπὶ τῆς ὀρχήστρας τῶν τραγημάτων ἐκεῖνα ὅσα τὴν λιχνείαν τῶν τοιούτων θηρίων ἐφέλκεται· τὸν δὲ μηδὲν μελλήσαντα, ἐπειδὴ διασπαρέντα εἶδε πρὸ τοῦ χοροῦ τὰ ἀμύγδαλα, ἐκλαθόμενον τῆς τε ὀρχήσεως καὶ τῶν κρότων καὶ τῶν τῆς ἐσθῆτος καλλωπισμῶν ἐπιδραμεῖν τε αὐτοῖς καὶ ταῖς τῶν χειρῶν παλάμαις ἐγκρατεῖν τἀ εὑρισκόμενα· καὶ ὡς ἂν μὴ ἐμποδὼν εἴη τὸ προσωπεῖον τῷ στόματι, περιαιρεῖσθαι κατὰ σπουδὴν ἑαυτοῦ τοῖς ὄνυξι τὴν σεσοφισμένην μορφὴν περιθρύπτοντα, ὥστε αὐτὸν ἀθρόως γέλωτα κινῆσαι τοῖς θεαταῖς ἀντὶ τῶν ἐπαίνων τε καὶ τοῦ θαύματος, εἰδεχθῶς καὶ  γελοίως ἐκ τῶν τοῦ προσωπείου λειψάνων διαφαινόμενον. ὥσπερ οὖν οὐκ ἐπήρκεσεν ἐκείνῳ τὸ σεσοφισμένον σχῆμα πρὸς τὸ νομισθῆναι ἄνθρωπον, ἀπελεγχθείσης ἐν τῇ λιχνείᾳ τῶν τραγημάτων τῆς φύσεως, οὕτως οἱ μὴ ἀληθῶς αὐτὴν τὴν φύσιν ἑαυτῶν τῇ πίστει μορφώσαντες ῥᾳδίως ἐν ταῖς τοῦ διαβόλου λιχνείαις ἀπελεγχθήσονται ἄλλο τι ὄντες παρ’ ὃ ἐπαγγέλλονται. ἀντὶ γὰρ ἰσχάδος ἢ ἀμυγδάλης ἢ τῶν τοιούτων τινὸς τὸ κενόδοξον καὶ φιλότιμον καὶ τὸ φιλοκερδὲς καὶ φιλήδονον καὶ ὅσα ἄλλα τοιαῦτα ἡ κακὴ τοῦ διαβόλου ἀγορὰ τοῖς λίχνοις τῶν ἀνθρώπων ἀντὶ τραγημάτων προτιθεῖσα ῥᾳδίως εἰς ἔλεγχον ἄγει τὰς πιθηκώδεις ψυχάς, οἲ διὰ μιμήσεως ἐσχηματισμένης τὸν χριστιανισμὸν ὑποκρίνονται, τὸ τῆς σωφροσύνης ἢ τὸ τῆς πραότητος ἤ τινος ἄλλης ἀρετῆς προσωπεῖον ἐν τῷ καιρῷ τῶν παθημάτων ἑαυτοῖς ἀφανίζοντες. οὐκοῦν ἀναγκαῖον ἂν εἴη νοῆσαι τοῦ χριστιανισμοῦ τὸ ἐπάγγελμα· τάχα γὰρ ἂν τοῦτο γενοίμεθα, ὅπερ τὸ ὄνομα βούλεται, ἵνα μὴ ψιλῇ τῇ ὁμολογίᾳ  καὶ τῷ προσχήματι τοῦ ὀνόματος μόνου μεταμορφούμενοι, ἄλλο τι παρὰ τὸ φαινόμενον ὄντες, τῷ τὰ κρυπτὰ καθορῶντι ἐπιδειχθείημεν.

 

¿Qué significa ser cristiano? (Epístola ad Armonium, 4-11)

¿Qué significa ser cristiano? Seguro que la consideración de este asunto nos deparará mucho provecho.

En efecto, si captamos con precisión lo que se significa con este nombre (cristiano), recibiremos gran ayuda para vivir virtuosamente. Pues nos esforzaremos, mediante una conducta más elevada, en ser realmente lo que nos llamamos.

Así le sucede, por ejemplo, al que se llama médico, orador o geómetra: no deja que se le prive de este titulo a causa de su incompetencia, como le ocurriría si en el ejercicio de su profesión se le encontrara sin la experiencia debida. Por el contrario, como no quiere que su nombre se le aplique falsamente, se esfuerza por hacerlo verdadero en su trabajo. Lo mismo debe apreciarse en nosotros. Si buscamos el verdadero sentido de ser cristiano no querremos apartarnos de lo que significa el nombre que llevamos, para que no se emplee contra nosotros la anécdota de la mona, tan divulgada entre los paganos.

Cuentan que en la ciudad de Alejandría un titiritero había domesticado a una mona para que danzase. Aprovechando su facilidad para adoptar los pasos de la danza, le puso una máscara de danzante y la cubrió con un vestido apropiado. Le puso unos músicos y se hizo famoso con el simio, que se contoneaba con el ritmo de la melodía. El animal, gracias al disfraz, ocultaba su naturaleza en todo lo que hacía. El público estaba sorprendido por la novedad del espectáculo; pero había un niño mas astuto, que mostró a los espectadores boquiabiertos que la mona no era más que una mona.

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Mientras los demás aclamaban y aplaudían la agilidad del simio, que se movía conforme al canto y la melodía, el chico arrojó sobre la orquesta golosinas que excitan la glotonería de estos animales. Cuando la mona vio las almendras esparcidas delante del coro, sin pensarlo más, olvidada enteramente de la música, de los aplausos y de los adornos de la vestimenta, corrió hacia ellas. Cogió con las manos todas las que encontró y, para que la máscara no estorbase a la boca, se quitó con las uñas apresuradamente la engañosa apariencia que la revestía. De este modo, en vez de admiración y elogios, provocó la risa del público, puesto que, bajo los restos del disfraz, aparecía risible y ridícula.

La falsa apariencia no le fue suficiente a la mona para que la considerasen un ser humano, pues su verdadera naturaleza se descubrió en su glotonería por las chucherías. Así, también serán descubiertos por las golosinas del diablo aquellos que no conformen realmente su naturaleza a la fe cristiana y sean una cosa distinta de lo que profesan.

En efecto, la vanagloria, la ambición, el afán de riquezas y de placer, y todas las demás cosas que constituyen la perversa mercancía del diablo son presentados como chucherías a la avidez de los hombres, en lugar de higos, almendras o cualquiera de esas cosas. Esto es precisamente lo que lleva a descubrir con facilidad a las almas simiescas: quienes simulan el cristianismo con fingimiento hipócrita, se quitan la máscara de la templanza, de la mansedumbre o de cualquier otra virtud en el tiempo de la prueba.

Es necesario conocer la tarea que lleva consigo llamarse cristiano. Sólo así llegaremos a ser de verdad lo que el nombre exige, para que no suceda que, si nos revestimos con el mero ropaje del nombre, aparezcamos ante Aquél que ve en lo escondido como algo distinto de lo que aparentamos ser en lo exterior.

 

Raffaele Cantarella en La Literatura Griega de la Época Helenística e Imperial (Losada, 1972) dice del Niseno:

En la tradición de la enseñanza de orígenes y con evidentes influencias que, a través de Filón y Posidonio se remontan a Platón, Gregorio es uno de los teólogos que más han contribuido a la definición de algunos dogmas fundamentales de la ortodoxia; desde este punto de vista tiene suma importancia el Gran discurso catequístico. En al exégesis, las tendencias históricas lo han llevado quizá a conceder excesiva importancia a la interpretación alegórica. A pesar del desacuerdo de algunas opiniones autorizadas, puede ser considerado uno de los más grandes pensadores cristianos y de los tres capadocios (Basilio, Gregorio Nacianceno y él mismo), el más dotado de aptitudes especulativas, si bien no siempre con la precisión de un Basilio o la claridad de su homónimo, el Nacianceno. Como escritor suele reprochársele el abuso de los recursos retóricos, pero algunos discursos, por ejemplo, aquel por la muerte de su hermano, y la Vida de la hermana, están penetrados de una sincera emoción. El Diálogo con Macrina es literalmente estimable, incluso por el empeño de aproximarse al inmortal modelo platónico. Como hemos recordado, su prosa es un notable documento, junto con la de Sinesio, del más antiguo empleo de prosa acentual con manifiesta tendencia hacia el ritmo regular y determinadas cadencias.

 

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 goethe

 

Es el poema 100 de los Epigramas de Goethe, obra fechada en Venecia en 1790. Esta obra lleva como encabezamiento la siguiente frase:

 

Wie man Geld und Zeit vertan,           Cómo malgastar tiempo y dinero

Zeigt das Büchlein lustig an.              Este divertido librito enseñará

 

El poema es el siguiente:

Traurig, Midas, war dein Geschick: in bebenden Händen

Fühltest du, hungriger Greis, schwere verwandelte Kost.

Mir, im ähnlichen Fall, geht’s lust’ger; denn was ich berühre,

Wird mir unter der Hand gleich ein behendes Gedicht.

Holde Musen, ich sträube mich nicht; nur daß ihr mein Liebchen,

Drück’ ich es fest an die Brust, nicht mir zum Mährchen verkehrt?

 

Midas, triste fue tu destino; con manos temblorosas

palpabas, hambriento anciano, pesada comida transformada.

Mi caso es más divertido, si bien se parece, pues cuanto toco

en mis manos se transforma de inmediato en vivo poema.

Dulces musas, yo no me resistí; pero no me transforméis en ficción

a mi amada cuando la estreche contra mi corazón

(La traducción es de Alfonsina Janés, en Bosch, Erasmo Textos Bilingües.)

 

Breve, pero bello poema el de Goethe, consciente de estar en un momento creador excepcional, ya que, igual que Midas convertía en oro cuanto tocaba, él convierte en creación literaria, en poesía, cualquier cosa. Sólo quiere que su amor no se convierta en ficción y permanecza siendo real.

Las fuentes para saber algo de Midas las tenemos en Ovidio, Metamorfosis XI, 85 y siguientes:

 

 

 Nec satis hoc Baccho est, ipsos quoque deserit agros

cumque choro meliore sui vineta Timoli

Pactolonque petit, quamvis non aureus illo

tempore nec caris erat invidiosus harenis.

hunc adsueta cohors, satyri bacchaeque, frequentant,

at Silenus abest: titubantem annisque meroque

ruricolae cepere Phryges vinctumque coronis

ad regem duxere Midan, cui Thracius Orpheus

orgia tradiderat cum Cecropio Eumolpo.

qui simul agnovit socium comitemque sacrorum,

hospitis adventu festum genialiter egit

per bis quinque dies et iunctas ordine noctes,

et iam stellarum sublime coegerat agmen

Lucifer undecimus, Lydos cum laetus in agros

rex venit et iuveni Silenum reddit alumno.

Huic deus optandi gratum, sed inutile, fecit

muneris arbitrium gaudens altore recepto.

ille male usurus donis ait ‘effice, quicquid

corpore contigero, fulvum vertatur in aurum.’

adnuit optatis nocituraque munera solvit

Liber et indoluit, quod non meliora petisset.

laetus abit gaudetque malo Berecyntius heros

pollicitique fidem tangendo singula temptat

vixque sibi credens, non alta fronde virentem

ilice detraxit virgam: virga aurea facta est;

tollit humo saxum: saxum quoque palluit auro;

contigit et glaebam: contactu glaeba potenti

massa fit; arentis Cereris decerpsit aristas:

aurea messis erat; demptum tenet arbore pomum:

Hesperidas donasse putes; si postibus altis

admovit digitos, postes radiare videntur;

ille etiam liquidis palmas ubi laverat undis,

unda fluens palmis Danaen eludere posset;

vix spes ipse suas animo capit aurea fingens

omnia. gaudenti mensas posuere ministri

exstructas dapibus nec tostae frugis egentes:

tum vero, sive ille sua Cerealia dextra

munera contigerat, Cerealia dona rigebant,

sive dapes avido convellere dente parabat,

lammina fulva dapes admoto dente premebat;

miscuerat puris auctorem muneris undis:

fusile per rictus aurum fluitare videres.

Attonitus novitate mali divesque miserque

effugere optat opes et quae modo voverat, odit.

copia nulla famem relevat; sitis arida guttur

urit, et inviso meritus torquetur ab auro

ad caelumque manus et splendida bracchia tollens

‘da veniam, Lenaee pater! peccavimus’ inquit,

‘sed miserere, precor, speciosoque eripe damno!’

mite deum numen: Bacchus peccasse fatentem

restituit pactique fide data munera solvit

‘ne’ ve ‘male optato maneas circumlitus auro,

vade’ ait ‘ad magnis vicinum Sardibus amnem

perque iugum nitens labentibus obvius undis

carpe viam, donec venias ad fluminis ortus,

spumigeroque tuum fonti, qua plurimus exit,

subde caput corpusque simul, simul elue crimen.’

rex iussae succedit aquae: vis aurea tinxit

flumen et humano de corpore cessit in amnem;

nunc quoque iam veteris percepto semine venae

arva rigent auro madidis pallentia glaebis.

 

 

midasantebaco

 

 

Y no bastante esto para Baco es. Esos mismos campos también abandona

y con un coro mejor los viñedos de su Timolo

y el Pactolo busca, aunque no de oro en aquel

tiempo, ni por sus caras arenas envidiado era.

A él su acostumbrada cohorte, sátiros y bacantes le frecuentan,

mas Sileno falta. Tambaleante de años y de vino

unos aldeanos lo cautivaron, frigios, y atado con guirnaldas

al rey lo condujeron, Midas, a quien el tracio Orfeo

en sus orgias había iniciado, junto con el cecropio Eumolpo.

El cual, cuanto hubo reconocido a su aliado y camarada de sacrificios,

de tal huésped por la llegada una fiesta generosamente dio

durante una decena de días, y a ellos unidas por su orden sus noches.

Y ya de las estrellas el sublime tropel careaba

el Lucero undécimo, cuando a los lidios campos alegre

el rey llega, y su joven ahijado le devuelve a Sileno.

A éste el dios le dio el grato pero inútil arbitrio

de pedir un presente, contento de haber recuperado a su ayo.

Él, que mal había de usar de estos dones: «Haz que cuanto

con mi cuerpo toque se convierta en bermejo oro».

Asiente a sus deseos y de esos presentes, que para daño de él serían, se libera

Líber, y hondo se dolió de que no hubiera pretendido mejores cosas.

Contento se marcha y se goza de su mal de Berecinto el héroe,

y de lo prometido la fe, tocando cada cosa, prueba,

y apenas a sí mismo creyendo, no con alta fronda ella verdeante,

de una encina arrancó una vara: vara de oro se hizo.

Recoge del suelo una roca: la roca también palideció de oro.

Toca también un terrón: con su contacto poderoso el terrón

masa se torna. De Ceres desgaja unas áridas aristas:

áurea la mies era. Arrancado sostiene de un árbol su fruto:

las Hespérides haberlo donado creyeras. Si a los batientes altos

acercó los dedos, los batientes irradiar parecen.

Él, además, cuando sus palmas había lavado en las líquidas ondas,

la onda fluente en sus palmas a Dánae burlar podría.

Apenas las esperanzas suyas él en su ánimo abarca, de oro al fingirlo

todo. Al que de tal se gozaba las mesas le pusieron sus sirvientes

guarnecidas de festines y no de tostado grano faltas.

Entonces en verdad, ya si él con la diestra las ofrendas

de Ceres había tocado, de Ceres los dones rígidos quedaban,

ya si los festines con ávido diente a desgarrar se aprestaba,

una lámina rubia a esos festines, acercádoles el diente, ceñía.

Había mezclado con puras ondas al autor de ese obsequio:

fúsil por sus comisuras el oro fluir vieras.

Atónito por la novedad de ese mal, y rico y mísero,

escapar desea de esas riquezas, y lo que ahora poco había pedido, odia.

Abundancia ninguna su hambre alivia. De sed árida su garganta

arde y como ha merecido le tortura el oro malquerido,

y al cielo sus manos y sus espléndidos brazos levantando

«Dame tu venia, padre Leneo: hemos pecado», dice,

«pero conmisérate, te lo suplico, y arrebátame este especioso daño.

Tierno el numen de los dioses. Baco al que haber pecado confesaba

restituyó y libera a los obsequios por él dados del cumplimiento de lo pactado,

y: «Para que no permanezcas embadurnado de tu mal deseado oro,

ve», dice, «al vecino caudal de la gran Sardes,

y por su cima subiendo, contrario al bajar de sus olas,

coge el camino, hasta que llegues del río a sus nacimientos

y en su espumador manantial, por donde más abundante sale,

hunde tu cabeza, y tu cuerpo a la vez, a la vez tu culpa lava».

El rey sube al agua ordenada: su fuerza áurea tiñó la corriente

y de su humano cuerpo pasó al caudal.

Ahora también, ya percibida la simiente de su vieja vena,

sus campos rigurosos son de tal oro, de él palidecientes sus húmedos terrones.

 

 La traducción es de Ana Pérez Vega, y está sacada del Centro Virtual Miguel de Cervantes .

 

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Por su parte, Higino en la fábula 191 también habla de Midas y de dos episodios con él relacionado: el que ya ha narrado Ovidio, convertir en oro todo lo que tocaba; y el relacionado con la competición de flauta entre Apolo y Pan (o Marsias), en la que, sin ser solicitado su juicio, se atrevió a decir que la victoria la merecía Marsias. Su castigo por parte de Apolo fue que le crecieran unas orejas de asno.

 

REX MIDAS.

Midas rex M<y>gdonius filius Matris deae a T<i>molo … sumptus eo tempore quo Apollo cum Mars<y>a uel Pane fistula certauit. Quod cum T<i>molus uictoriam Apollini daret, Midas dixit Mars<y>ae potius dandam. Tunc Apollo indignatus Midae dixit: “Quale cor in iudicando habuisti, tales et auriculas habebis”. Quibus auditis effecit ut asininas haberet aures.

Eo tempore Liber pater cum ex<erci>tum in Indiam duceret Silenus aberrauit, quem Midas [exercitum] hospitio liberaliter accepit atque ducem dedit qui eum in comitatum Liberi deduceret. At Midae Liber pater ob beneficium deoptandi dedit potestatem, ut quicquid uellet peteret a se. Quo<d> Midas petiit ut quicquid tetigisset aurum fieret. Quod cum impetrasset et in regiam uenisset, quicquid tetigerat aurum fiebat. Cum iam fame cruciaretur, petit a Libero ut sibi speciosum donum eriperet; quem Liber iussit in flumine Pactolo se abluere, cuius corpus aquam cum tetigisset facta est colore aureo; quod flumen nunc Chrysorrhoas appellatur in Lydia.

 

 

Midas, rey migdonio, hijo de la diosa Madre, por el Tmolo … elegido en el tiempo en que Apolo compitió con Marsias o Pan con la flauta. Mientras Tmolo atribuía la victoria a Apolo, Midas dijo que se debía atribuirl mejor a Marsias. Entonces Apolo, indignado, dijo a Midas: “Tal como tuviste el corazón al juzgar, así tendrás las orejas”. Y después que estas palabras fueron oídas, hizo que tuviera las orejas de asno.

En aquel tiempo, mientras el padre Líber conducía su ejército a la India, Sileno se perdió, y Midas lo recibió como huésped de forma muy cortés y le dio un guía para que lo acompañase al séquito de Líber. Pero el padre Líber dio a Midas por su gesto la posibilidad de pedirle cualquier cosa que quisiera. Midas pidió que cualquier cosa que hubiera tocado se convirtiera en oro. Y después de haber obtenido esto y hubo llegado a su palacio, cualquier cosa que tocaba se convertía en oro. Pero cuando ya era atormentado por el hambre, pidió a Líber que le quitara el espléndido don; a éste Líber le ordenó que se bañara en el río Pactolo, cuyas aguas se volvieron del color del oro cuando hubieron tocado su cuerpo; y este río ahora en Lidia se llama Crisorroe (corriente de oro).

 

En Jenofonte, Anábasis I, 2, 13 leemos:

 

ἐνταῦθα ἦν παρὰ τὴν ὁδὸν κρήνη ἡ Μίδου καλουμένη τοῦ Φρυγῶν βασιλέως, ἐφ’ ἧ λέγεται Μίδας τὸν Σάτυρον θηρεῦσαι οἴνῳ κεράσας αὐτήν.

Aquí había junto al camino una fuente llamada de Midas, rey de Frigia,  en la que se dice que se dice que Midas cazó al sátiro mezclando vino en ella.

Finalmente, en Aristófanes encontramos una alusión a Midas en Pluto, 286:

 

ΚΑ. ᾿Αλλ’ οὐκέτ’ ἂν κρύψαιμι. Τὸν Πλοῦτον γάρ, ὦνδρες, ἥκει

ἄγων ὁ δεσπότης, ὃς ὑμᾶς πλουσίους ποήσει.

XΟ. ῎Οντως γὰρ ἔστι πλουσίοις ἡμῖν ἅπασιν εἶναι;

ΚΑ. Νὴ τοὺς θεούς, Μίδας μὲν οὖν, ἢν ὦτ’ ὄνου λάβητε.

Carión: Ya no os lo ocultaré más. Mi amo, señores,

Ha venido trayendo consigo a Pluto, que os hará ricos a vosotros.

Corifeo: ¿De verdad seremos ricos todos nosotros?

Carión: Sí, por los dioses, auténticos Midas, si os salen orejas de burro.

Podemos ver a Midas en el cuadro La calumnia de Apeles de Botticelli. Aparece a la derecha, con orejas de asno, escuchando las falsas palabras que le susurran al oído dos mujeres, que representan a la Ignorancia y la Sospecha.

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plutarco

Lo cuenta Plutarco en Vidas Paralelas (Foción 4). El frío intenso de esta mañana (1 grado a las 8’00 en la Puerta del Sol) me ha recordado esta anécdota de Foción, (?, c. 402-Atenas, 318 a. C.), que fue un estratego y estadista ateniense. Uno de los jefes del partido aristocrático, participó, con Cabrias, en la batalla de Naxos (376 a. C.) y en la guerra social. Ayudó a los bizantinos a vencer a los macedonios que se habían instalado en Quersoneso (340 a. C.). A la muerte de Alejandro (323 a. C.), no era partidario de la rebelión, y tras la guerra lamiaca consiguió reducir las condiciones impuestas por Antípatro.

Benito Jerónimo Feijoo cita a Foción dos veces en el apartado Voz del Pueblo de su Teatro Crítico Universal:

Preguntando alguna vez el Papa Juan XXIII (el del siglo XV, que no cuenta en la lista oficial de papas) qué cosa era la que distaba más de la verdad, respondió que el dictamen del vulgo. Tan persuadido estaba a lo mismo el severísimo Foción, que orando una vez en Atenas, como viese que todo el pueblo de común consentimiento levantaba la voz en su aplauso, preguntó a los amigos que tenía cerca de sí que en qué había errado, pareciéndole que en la ceguera del pueblo no cabía aplaudir sino los desaciertos. No apruebo sentencias tan rigurosas, ni puedo considerar al pueblo como antípoda preciso del hemisferio de la verdad. Algunas veces acierta; pero es por ajena luz o por casualidad. No me acuerdo qué sabio compara el vulgo a la luna, a razón de su inconstancia. También tenía lugar la comparación porque jamás resplandece con luz propia: Non consilium in vulgo, non ratio non discrimen, non diligentia, decía Tulio. No hay dentro de este vasto cuerpo luz nativa con que pueda discernir lo verdadero de lo falso. Toda ha de ser prestada y aun ésa se queda en la superficie, porque su opacidad hace impenetrable a los rayos el fondo.

 

En una materia determinada creí yo algún tiempo que la voz del pueblo era infalible, conviene a saber: en la aprobación o reprobación de los sujetos. Parecíame que aquel que todo el pueblo tiene por bueno, ciertamente es bueno; el que todos tienen por sabio, ciertamente es sabio, y al contrario. Pero haciendo más reflexión hallé que también en esta materia claudica algunas veces la sentencia popular. Estando una vez Foción reprendiendo con alguna aspereza al pueblo de Atenas, su enemigo Demóstenes le dijo: «Mira que te matará el pueblo si empieza a enloquecer.» «Y a ti te matará -respondió Foción- si empieza a tener juicio.» Sentencia con que declaró su mente, de que nunca hace el pueblo concepto sano en la calificación de sujetos. El hado infeliz del mismo Foción comprobó en parte su sentir, pues vino a morir por el furioso pueblo de Atenas, como delincuente contra la Patria, siendo el hombre mejor que en aquel tiempo tenía Grecia.

 

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Pero vayamos al texto que narra la anécdota que da título a nuestro artículo de hoy:

Τ μν ον Κάτωνος μολγηται γνος κ λαμπρν πρχειν, ς λεχθσεται Φωκωνα δ τεκμαρομαι μ παντάπασιν εναι γνους τμου κα καταπεπτωκτος. ε γρ ν, ς φησιν ᾿Ιδομενες, δοιδυκοποιο πατρς, οκ ἂν ν τ λγ Γλακιππος Υπερεδου μυρα συνειλοχς κα ερηκς κατ’ ατο κακὰ τν δυσγνειαν παρκεν, οδ’ ἂν οτως λευθερου [βου] κα σφρονος [κα] παιδεας μετσχεν, στε τς Πλτωνος τι μειρκιον ν, στερον δ τς Ξενοκρτους διατριβς ν ᾿Ακαδημείᾳ μετασχεν, κα τν ρστων ξ ρχς πιτηδευμάτων ζηλωτς γενσθαι. Φωκωνα γρ οτε γελσαντὰ τις οτε κλασαντα ᾳδίως ᾿Αθηναίων εἶδεν, οὐδἐν βαλανείῳ δημοσιεύοντι λουσάμενον, ὡς ἱστόρηκε Δοῦρις, οὐδἐκτὸς ἔχοντα τὴν χεῖρα τῆς περιβολῆς, ὅτε τύχοι περιβεβλημένος. ἐπεὶ κατά γε τὴν χώραν καὶ τὰς στρατείας ἀνυπόδητος ἀεὶ καὶ γυμνὸς ἐβάδιζεν, εἰ μὴ ψῦχος ὑπερβάλλον εἴη καὶ δυσκαρτέρητον, ὥστε καὶ παίζοντας ἤδη τοὺς <συ>στρατευομένους σύμβολον μεγάλου ποιεῖσθαι χειμῶνος ἐνδεδυμένον Φωκίωνα.

 

El linaje de Catón es cosa averiguada que era ilustre, como lo diremos después; y en cuanto al de Foción, sacamos por conjeturas que no sería del todo oscuro y abatido: pues a haber sido hijo de un cucharero, como dice Idomeneo, Glaucipo hijo de Hipérides, que en su discurso recogió y profirió contra él millares de millares de picardías, no habría omitido su bajo nacimiento, ni él tampoco habría podido tener una vida tan acomodada, ni recibir una educación tan liberal, hasta el punto de haber asistido, siendo muy joven, a la escuela de Platón, y después a la de Jenócrates, en la Academia, haciéndose emulador desde el principio de los que tenían más elevados pensamientos. Pues ninguno de los Atenienses vio fácilmente a Foción ni reír, ni lamentarse, ni lavarse en baño público, como escribió Duris, ni sacar la mano fuera de la capa en las pocas veces que usaba de ella: porque, así en los viajes como en el ejército, iba siempre descalzo y desnudo, a no ser que hiciera un frío excesivo e inaguantable, de manera que sus camaradas decían, burlándose, que era señal de un frío riguroso el ver a Foción arropado.

Pues eso: voy a arroparme porque hace frío.,

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Ser más culto

365-dias-para-ser-mas-culto

 

Después de la serie dedicada a los Reyes Magos, hoy toca comentar un regalo que sus majestades se dignaron hacerme. Realmente, algo de magos tienen, pues, sin haber escrito carta, cayeron tres regalos; no oro, incienso y mirra, sino bombones, un libro y colonia.

El artículo de hoy versa sobre el libro que los Reyes me han dejado. Su título es original y el tamaño voluminoso (766 páginas): 365 días para ser más culto. Los autores son David S. Kidder y Noah D. Oppenheim.

En una página de Internet se dice esto del libro:

Un completísimo libro que aborda los campos del conocimiento más importantes del saber humano. Todos los epígrafes han sido escritos por un experto en la materia, que hizo además el trabajo de investigación pertinente. Contenido revisado por eruditos.

Los lunes: Historia; los martes: Literatura; los miércoles: Artes Plásticas; los jueves: Ciencia; los viernes: Música; los sábados: Filosofía; los domingos: Religión. Una lección al día. 365 lecciones al año. Cinco minutos de esfuerzo diario para conocer los hitos y los personajes que marcaron el desarrollo de la civilización occidental, codearse con los grandes escritores y sus obras más relevantes, comprender los movimientos artísticos y sus figuras, entender las maravillas de la ciencia de una forma fácil, dar un repaso a nuestra herencia musical y saber qué inspiró a los grandes compositores, acceder a los mayores pensadores de la humanidad y obtener una visión global de las religiones más importantes y sus principios…

Y en otra leemos:

Esta obra se presenta como una especie de vademecum para conocer algo más de la cultura en general. Para mucha gente será una excusa para ser aún más pedante pero se trata más bien de que todo el mundo sepa algo más, un poco más de cultura general y no estar con cara de pasmado ante cualquier conversación. Dividen la semana por materias y así cada día se habla de historia, literatura…etc. Así se hace más ameno el aprendizaje. En realidad se trata de una pequeña lección diaria para aprender un poco más de una disciplina en concreto. También nos puede servir para recordar lo que aprendimos en el colegio, para conocer también un poco más de cada asignatura y andar algo más seguros por el mundo, el saber no ocupa lugar. Ideal para todas las edades por lo bien redactado de la información y por la gran utilidad de la misma. Esperemos que sea de vuestro agrado.  

En la Introducción del libro podemos leer:

365 días para ser más culto es un compendio laico que sigue las mismas pautas (se refiere a los dietarios religiosos), ofreciendo un año de lecturas diarias que valen la pena para refrescar su espíritu, estimular su cerebro y ayudarle a completar su educación…

Estas lecturas ponen a su disposición ese tipo de ejercicio regular que su cerebro necesita para mantenerse en forma, especialmente a medida que vamos envejeciendo. Representan un oasis para escapar de la cotiddianeidad y colarse en el noble reino del saber humano. Y, además, le abrirán nuevos horizontes intelectuales.

Nada más tenerlo en mis manos, me fui directamente al Índice onomástico, para buscar qué personajes, elementos, nociones, ideas, conceptos del mundo grecolatino habían elegido los autores o qué número de citas de autores o elementos clásicos hay en el libro; esto son los resultados, no exhaustivos:

– del mundo griego:

Personas: Aristóteles (citado 9 veces), Platón (12), Homero (3), Sócrates (5), Alejandro Magno (2), Eratóstenes.

Corrientes o nociones filosóficas: Epicureísmo, Estoicos, Presocráticos (a propósito de Apariencia y realidad), alegoría de la caverna de Platón, Metafísica.

Hechos históricos: Atenas contra Esparta: la batalla por el mundo antiguo.

Arte y Monumentos: Partenón, Arte Bizantino (como herencia del mundo griego), Venus de Milo.

Conceptos matemáticos: Número áureo, teorema de Pitágoras.

Referentes: El Nacimiento de Venus de Botticelli, Oda a una urna griega de Keats (de la que aquí hablamos), Ulises de James Joyce.

– del mundo latino: Julio César

Puede que me deje algo, pero poca cosa será.

Ése es todo el contenido estrictamente clásico de los 365 capítulos del libro. De ellos propiamente 15 tratan de autores o conceptos clásicos.

 

platon

 

Como ejemplo, transcribo a continuación lo que se dice de Platón, lectura para el sábado 6 de la Semana 3 en la categoría de Filosofía:

Platón (h. 427-347 a. C.) nació en la Atenas de siglo V en el seno de una familia adinerada. De un joven de su condición se esperaba que estudiara política, pero Platón prefirió seguir los pasos de su mentor, Sócrates (470-399 a. C.), y convertirse en un filósofo.

Los escritos filosóficos de Platón están estructurados a modo de diálogos en los que dos o más personajes discuten sobre un tema. La figura central en la mayoría es Sócrates. Dado que Platón nunca participa en los diálogos, los estudiosos se hacen una pregunta: ¿cuánto de lo que Platón pone en boca de Sócrates constituye en realidad parte de su pensamiento, y cuánto se limita sencillamente a informar sobre el de Sócrates? Muchos creen que los primeros diálogos platónicos constituyen un testimonio histórico preciso de las enseñanzas socráticas. Según estos estudiosos, más adelante Sócrates se convertiría en estas obras en un personaje literario al servicio de Platón.

Platón es famoso sobre todo por su teoría de las formas, cosas abstractas e inmateriales a las que imitan los objetos físicos de nuestro mundo.

Otra teoría muy conocida de este filósofo se basa en que el conocimiento no es otra cosa que recuerdo. Platón creía que el alma era inmaterial y existía antes de habitar el cuerpo. Es en esos momentos previos cuando el alma descubre las formas, cuando aún no se ha visto distraída o limitada por la percepción sensorial. Así, cuando un ser humano conoce algo se debe a que su alma recuerda lo que sabía antes de habitar su cuerpo.

Platón dividía el alma en tres partes: la concupiscible (que desea placeres sensoriales como la comida, la bebida o el sexo), la irascible (que busca la gloria y los honores) y la racional (que ansía el conocimiento de las formas). En el diálogo La República, Platón describe lo que necesita un alma para ser justa, dibujando para ello una vasta analogía entre un alma justa y una ciudad justa. Una ciudad totalmente justa es la habitada por tres grupos de ciudadanos que se corresponden con las tres partes del alma, y que interactúan con armonía de la misma forma que éstas deberían hacerlo. En ambos casos, debería ser la parte racional la que dominara al conjunto.

OTROS DATOS DE INTERÉS

1. Platón sólo aparece en uno de sus diálogos, Apología, que describe el juicio por el que Sócrates es condenado a muerte. No abre la boca, pero su presencia indica que asistió al proceso.

2. Platón fue el maestro de Aristóteles (384-322 a. C.)

Es un libro de divulgación, pensado más para frenar el envejecimiento del cerebro que para otra cosa. Ciertamente, ser más culto se es con la lectura de cualquier libro, pero no está mal acostarse cada día habiendo leído algo sobre un variado abanico de conceptos que va desde la Torá a Richard Wagner, pasando por la Revolución Francesa, Tennesse Williams, la segunda escuela vienesa, los Conciertos de Brandemburgo de Bach o Antón Chejov.

El único pero es el ya indicado: el muy bajo porcentaje de elementos grecolatinos de un libro que en el original inglés se titula The Intellectual Devotional, algo así como El devocionario intelectual.

 

intelectual

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adoration-magi

 

 

Decíamos en el anterior capítulo que había cuatro reyes, pero en realidad hay cinco; el quinto, lógicamente, es el Niño Dios, el rey de los Judíos, el Mesías, Cristo.

A Él corresponde este quinto y último capítulo de la serie en el que seguimos con el Evangelio armenio de la Infancia. El texto habla por si sólo y no precisa más comentarios. Es muy curiosa la historia del documento que poseen los magos y que han heredado desde Set, el hijo de Adán y Eva. Testimonio escrito que ha ido pasando de generación en generación.

El capítulo X describe minuciosamente el viaje de los Magos, su fastuoso cortejo y la llegada a Jerusalén. Herodes se intranquiliza y los llama a su palacio para que le den cuenta de sus intenciones. Ellos le manifiestan su propósito de adorar al rey recién nacido. Entonces Herodes les interroga:

 

 

X, 10: “Quién os ha narrado lo que decís o cómo habéis llegado a saberlo?” Los Magos respondieron: “Nuestros antepasados nos han legado un testimonio escrito de ello, que ha sido guardado con todo secreto y sellado. Y durante largos años, de padres a hijos y de generación en generación, se ha mantenido viva esta expectación hasta que por fin ha venido a tener cumplimiento esta palabra en nuestros días, como nos ha sido revelado de parte de Dios en una visión que hemos tenido de un ángel. Ésta es la causa de encontrarnos ahora en este lugar que nos ha sido indicado por el Señor”. Herodes dijo: “¿Cuál es la procedencia de este testimonio que tan sólo vosotros conocéis?”.

11. Los Magos respondieron: “Nuestro testimonio no procede de hombre alguno. Es un designio divino referente a una promesa hecha por Dios a favor de los hijos de los hombres y que ha sido conservado entre nosotros hasta el día de hoy”. Herodes dijo: “¿Dónde está ese libro que sólo vuestro pueblo posee?” Los Magos dijeron: “Ninguna nación, fuera de la nuestra, tiene noticia directa ni indirecta de él. Sólo nosotros poseemos un testimonio escrito. Porque has de saber que, después que Adán fue expulsado del paraíso y después que Caín hubo matado a Abel, el Señor dio a nuestro primer padre un hijo de consolación llamado Set, y con él le entregó aquella carta escrita, firmada y sellada de su misma mano. Set la recibió de su padre y se la transmitió a sus hijos. Éstos, a su vez, se la retransmitieron a los suyos, y así fue de generación en generación. Todos hasta Noé recibieron la orden de guardarla con todo cuidado. Este patriarca se la entregó a su hijo Sem, y los hijos de éste la retransmitieron a sus descendientes, quienes, a su vez, se la entregaron a Abrahán. Éste se la dio a Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Altísimo, por cuyo conducto llegó a poder de nuestro pueblo en tiempos de Ciro, rey de Persia. Nuestros padres la depositaron con toda clase de honores en un salón especial, y así llegó hasta nosotros, quienes, gracias a este escrito misterioso, vinimos de antemano en conocimiento del nuevo monarca, hijo de Israel”.

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14. Y los magos, levantándose en seguida, se prosternaron ante Herodes y ante toda la ciudad de Jerusalén, y continuaron su ruta. Y he aquí la estrella, que habían visto antes, iba delante de ellos, hasta que, llegando, se puso sobre donde estaba el niño Jesús. Y, regocijándose con muy grande gozo, bajaron cada cual de su montura, e inmediatamente, hicieron resonar sus bocinas, sus pífanos, sus tamboriles, sus arpas y todos sus demás instrumentos de música, en honor del recién nacido, hijo del rey de Israel. Reyes, príncipes y toda la multitud de la comitiva, entonando un canto, empezaron a bailar y, a plena voz, con alegría, con reconocimiento, con corazón jubiloso, bendecían y alababan a Dios, por haberlos considerado dignos de llegar a tiempo a Belén, para contemplar la gloria del gran día, ilustrado por el misterio que ante ellos se mostraba.

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15. Al ver todo aquel aparato, y al oír todo aquel estruendo, José y María, confusos y medrosos, huyeron de allí, y el niño Jesús quedó solo en la caverna, acostado en el pesebre de los animales. Mas los príncipes y los grandes señores de los reyes magos, detuvieron a José, y le dijeron: “Viejo, ¿qué temor es el tuyo, y por qué haces esto? Nosotros, en verdad, también somos hombres semejantes a vosotros”. José repuso: “¿De dónde llegáis a esta hora, y qué pretendéis, al venir aquí con tan numeroso ejército?” Los magos replicaron: “Llegamos de una tierra lejana, nuestra patria Persia, y venimos con gran copia de presentes y de ofrendas. Queremos conocer al niño recién nacido, que es el rey de los judíos, y adorarlo. Si por acaso lo sabes a ciencia cierta, indícanos puntualmente el lugar en que se halla, a fin de que vayamos a verlo”.

 Al oír esto, María entró con júbilo en la caverna, y, alzando al niño en sus brazos, sintió el corazón lleno de alegría. Y luego, bendiciendo y alabando y glorificando a Dios, permaneció sentada en silencio.

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16. Por segunda vez los magos interrogaron a José en esta guisa: “Venerable anciano, infórmanos con exactitud, manifestándonos dónde se encuentra el niño recién nacido”. José, con el dedo, les mostró de lejos la caverna. Y María dio de mamar a su hijo, y volvió a ponerlo en el pesebre del establo. Y los magos llegaron gozosos a la entrada de la caverna. Y, divisando al niño en el pesebre de los animales, se prosternaron ante él, con la faz contra la tierra, reyes, príncipes, grandes señores, y todo el resto de la multitud que componía su numeroso ejército. Y cada uno aportaba sus presentes, y los ofrecía.

17. En primer término se adelantó Gaspar, rey de la India, llevando nardo, cinamomo, canela, incienso y otras esencias olorosas y aromáticas, que esparcieron un perfume de inmortalidad en la gruta. Después Baltasar, rey de la Arabia, abriendo el cofre de sus opulentos tesoros, sacó de él, para ofrendárselos al niño, oro, plata, piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio. A su vez, Melkon, rey de la Persia, presentó mirra, áloe, muselina, púrpura y cintas de lino.

18. Y, no bien hubieron ofrecido cada uno sus presentes, en honor del hijo real de Israel, los magos salieron de la gruta, y, reuniéndose los tres fuera de ella, iniciaron mutua consulta entre sí. Y exclamaron: “¡Asombroso es lo que acabamos de ver en tan pobre reducto, desprovisto de todo! Ni casa, ni lecho, ni habitación, sino una caverna lóbrega, desierta e inhabitada, en que estas gentes no tienen ni aun lo necesario para procurarse abrigo. ¿De qué nos ha servido venir de tan lejos para conocerlo? Franqueémonos los unos con los otros en recíproca sinceridad. ¿Qué signo maravilloso hemos contemplado aquí, y qué prodigio nos ha aparecido a cada uno?” Los hermanos se dijeron a una: “Sí, lleváis razón. Contémonos nuestra visión respectiva”. Y preguntaron a Gaspar, rey de la India: “Cuando le ofreciste el incienso, ¿qué apariencia reconociste en él?”

19. Y el rey Gaspar contestó: “Reconocí en él al hijo de Dios encarnado, sentado en un trono de gloria, y a las legiones de los ángeles incorporales, que formaban su cortejo”. Ellos dijeron: “Está bien”. Y preguntaron a Baltasar, rey de la Arabia: “Cuando le aportaste tus tesoros, ¿bajo qué aspecto se te presentó el niño?” Y Baltasar contestó: “Se me presentó a modo de un hijo de rey, rodeado de un ejército numeroso, que lo adoraba de rodillas”. Ellos dijeron: “La visión es muy propia”. Y Melkon, sometido a la misma interrogación que sus hermanos, expuso: “Yo lo vi como hijo del hombre, como un ser de carne y hueso, y también le vi muerto corporalmente entre suplicios, y más tarde levantándose vivo del sepulcro.”

Al escuchar tales confidencias, los reyes, llenos de estupor, se dijeron con pasmo: “Nuevo prodigio es el que estas tres visiones sugieren. Porque nuestros testimonios no concuerdan entre sí, y, sin embargo, nos es imposible negar un hecho patentizado por nuestros propios ojos.”

20. Y por la mañana, muy temprano, los reyes se levantaron, y se dijeron los unos a los otros: “Vamos juntos a la caverna, y veamos si algún otro signo se nos manifiesta claro”. Y Gaspar entró en la gruta, y vio al niño en el pesebre del establo. E, inclinándose, se prosternó, y tuvo la segunda visión, la de Baltasar, a quien se le mostró el niño a manera de un monarca terrestre. Y, cuando salió, relató el caso a los otros en estos términos: “No he tenido mi primera visión, sino la tuya, Baltasar, la que tú nos has referido”. Y Baltasar entró a su vez, y halló al niño en el regazo de su madre. E, inclinándose, se prosternó ante él, y tampoco tuvo su visión del día anterior, en que el niño se le apareciera como hijo de rey, sino como hijo del hombre, con su carne muerta entre tormentos, y después resucitado y vuelto a la vida. Y fue a comunicar esto a los otros hermanos, diciéndoles: “No he renovado mi primera visión, sino contemplado la de Melkon, tal como él nos la ha contado.” Entonces entró Melkon, y encontró al Cristo sentado sobre un trono sublime. E, inclinándose, se prosternó ante él, y no lo vio ya como lo había visto la primera vez, muerto y vuelto a la vida, sino conforme lo viera Gaspar, como Dios hecho carne y nacido de la Virgen. Lleno de gozo, Melkon fue, presuroso, a prevenir a los otros hermanos, diciéndoles: “No he tenido mi primera visión, sino la de Gaspar, pues vi a Dios, sentado sobre un trono de gloria.”

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21. Luego de haber visto todas estas cosas, los reyes se congregaron nuevamente en consulta. Y cambiaron impresiones sobre la visión que cada uno había percibido y comprendido. Y se dijeron: “Retirémonos ahora a nuestro albergue. Mañana, muy temprano, volveremos por tercera vez a la gruta, y nos aseguraremos de modo positivo y definitivo si está realmente allí el que el Señor nos ha mostrado.” Y, habiendo regresado a su tienda, permanecieron alegres en ella, hasta que despuntó el día. Y, levantándose, llegaron a la abertura de la caverna, en la cual penetraron uno a uno. Y miraron y reconocieron al niño, y tuvieron de él la misma visión que habían tenido la primera vez. Y, transportados de júbilo, se contaron los unos a los otros lo que habían comprobado, y fueron a anunciarlo a todo su ejército en estos términos: En verdad, ese niño es efectivamente Dios e hijo de Dios, que se ha mostrado a cada uno de nosotros bajo una apariencia exterior en relación con los dones que respectivamente le hemos ofrecido. Y ha recibido con dulzura y con bondad nuestro saludo y el homenaje de nuestros presentes. Y todos, reyes, príncipes, grandes señores y toda la multitud del numeroso ejército que se encontraba allí, tuvieron fe en el niño Jesús.

22. Y el rey Melkon tomó el libro del Testamento que conservaba en su casa como legado precioso de los primeros antepasados, según ya advertimos, y se lo presentó al niño, diciéndole: “He aquí tu carta, que a nuestros ascendientes entregaste en custodia, firmada y sellada por ti. Toma este documento auténtico que has escrito, ábrelo y léelo, porque el quirógrafo está a tu nombre”. Y el documento era aquel cuyo texto permanecía oculto bajo pliego, y que los magos no se habían atrevido a abrir, y menos aún a dar a los judíos y a sus sacerdotes, por cuanto éstos no eran dignos de llegar a ser hijos del reino de Dios, destinados como estaban a renegar del Salvador, y a crucificarlo.

23. Dicho documento había sido regalado por Dios a Adán, del cual, después de su expulsión del Paraíso, se había apoderado un gran dolor, a raíz del homicidio perpetrado por Caín en la persona de su hermano Abel. Mas, cuando hubo visto al primero castigado por Dios, y a él mismo arrojado del edén glorioso por su desobediencia, se encontró también atormentado en sus hijos, por la aflicción del espectáculo de Abel muerto y Caín condenado a siete penas. Adán más entristecido todavía y sumido en un duelo más profundo, no mantuvo ya relaciones conyugales con Eva. Y, al cabo de doscientos cuarenta años de haber salido del Paraíso, Dios, en su misericordia, le envió un ángel, y le ordenó que entrase a Eva. E hizo nacer a Seth, nombre que significa hijo de la consolación. Y, por haber querido Adán hacerse Dios, éste resolvió hacerse hombre, en el exceso de su piedad y de su amor a nuestra desdichada especie. Y prometió a nuestro primer padre que, conforme a su plegaria, escribiría y sellaría con su propio dedo un pergamino en letras de oro, que llevaría la siguiente portada: En el año seis mil, el día sexto de la semana, el mismo en que te creé, y a la hora sexta, enviaré a mi hijo único, el Verbo divino, que tomará carne en tu raza, y que se convertirá en hijo del hombre, y que te restablecerá de nuevo en tu dignidad original, por los supremos tormentos de su cruz. Y entonces tú, Adán, unido a mí con un alma pura y un cuerpo inmortal, quedarás deificado, y podrás, como yo, discernir el bien y el mal.

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24. Y este documento, que Adán dio a Seth, Seth a Enoch, Enoch a sus hijos, y que de tal suerte pasó de unos descendientes a otros, hasta Noé; que Noé dio a Sem, Sem a sus hijos, y sus hijos a sus hijos hasta Abraham; que Abraham dio Melquisedec el pontífice; que Melquisedec dio a otro, y éstos a otros todavía, hasta que llegó a manos de Ciro, quien lo guardó cuidadosamente en un salón especial, donde se conservó hasta el tiempo de la natividad del Cristo: ese documento era el mismo que los magos ofrecieron al niño Jesús. Y, como los reyes y todo su acompañamiento hubiesen cumplido sus votos y sus plegarias, después de tres días de permanencia en la gruta, deliberaron entre sí, y se dijeron: No hay que olvidar lo prometido. Vamos por última vez a la caverna, para adorar al niño, y después reanudaremos nuestro viaje en paz. Y, de común acuerdo, entraron en el establo, y de nuevo tuvieron exactamente sus visiones respectivas. Y, conmovidos por gran temor, se prosternaron ante el recién nacido, y rindieron testimonio de fe en él, diciéndole: Eres Dios e hijo de Dios. Y, salidos de la gruta, continuaron en sus alrededores el día entero hasta el siguiente. Y, con júbilo y alegría, bendecían y alababan a Dios.

25. Y, por la mañana, al despuntar la aurora, el día primero de la semana, el 25 de tébéth y de enero el 12, se dispusieron a partir para su país. Y, cuando deliberaban sobre si volverían a entrevistarse con Herodes, he aquí que una voz les habló, diciendo: “No tornéis a Herodes, el tirano impío, porque quiere matar a ese tierno infante”. Y, habiendo oído esto, los magos renunciaron a pasar por la ciudad de Jerusalén, y regresaron a su tierra por otro camino. Y, glorificando al Cristo, Dios del universo, marcharon a su patria, poseídos de gozo y siguiendo la ruta por donde el Señor los conducía.

Concluímos así la miniserie dedicada a los magos, y lo hemos querido hacer el propio día de la Epifanía.

No queremos, sin embargo, concluir con otros tres textos, los que justamente hoy acompañan al relato de Mateo 2, 1-12, pues en ellos hay referencias a reyes, a camellos y dromedarios, a tierras lejanas y regalos de oro o incienso. También al verdadero sentido de la fiesta: Dios no ha nacido sólo para el pueblo de Israel, sino para toda la humanidad, que está representada en los magos.

Isaías 60, 1-6 dice:

φωτίζου φωτίζου Ιερουσαλημ ἥκει γάρ σου τὸ φῶς καὶ ἡ δόξα κυρίου ἐπὶ σὲ ἀνατέταλκεν ἰδοὺ σκότος καὶ γνόφος καλύψει γῆν ἐπ᾽ ἔθνη ἐπὶ δὲ σὲ φανήσεται κύριος καὶ ἡ δόξα αὐτοῦ ἐπὶ σὲ ὀφθήσεται καὶ πορεύσονται βασιλεῖς τῷ φωτί σου καὶ ἔθνη τῇ λαμπρότητί σου ἆρον κύκλῳ τοὺς ὀφθαλμούς σου καὶ ἰδὲ συνηγμένα τὰ τέκνα σου ἰδοὺ ἥκασιν πάντες οἱ υἱοί σου μακρόθεν καὶ αἱ θυγατέρες σου ἐπ᾽ ὤμων ἀρθήσονται τότε ὄψῃ καὶ φοβηθήσῃ καὶ ἐκστήσῃ τῇ καρδίᾳ ὅτι μεταβαλεῖ εἰς σὲ πλοῦτος θαλάσσης καὶ ἐθνῶν καὶ λαῶν καὶ ἥξουσίν σοι ἀγέλαι καμήλων καὶ καλύψουσίν σε κάμηλοι Μαδιαμ καὶ Γαιφα πάντες ἐκ Σαβα ἥξουσιν φέροντες χρυσίον καὶ λίβανον οἴσουσιν καὶ τὸ σωτήριον κυρίου εὐαγγελιοῦνται

 

Surge, illuminare, Jerusalem, quia venit lumen tuum, et gloria Domini super te orta est.Quia ecce tenebræ operient terram, et caligo populos; super te autem orietur Dominus, et gloria ejus in te videbitur. Et ambulabunt gentes in lumine tuo, et reges in splendore ortus tui. Leva in circuitu oculos tuos, et vide: omnes isti congregati sunt, venerunt tibi; filii tui de longe venient et filiæ tuæ de latere surgent. Tunc videbis, et afflues; mirabitur et dilatabitur cor tuum: quando conversa fuerit ad te multitudo maris; fortitudo gentium venerit tibi. Inundatio camelorum operiet te, dromedarii Madian et Epha; omnes de Saba venient, aurum et thus deferentes, et laudem Domino annuntiantes.

 

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora. Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor.

En el Salmo 71, 7-13 también hay referencias a la adoración y los reyes:

ἀνατελεῖ ἐν ταῖς ἡμέραις αὐτοῦ δικαιοσύνη καὶ πλῆθος εἰρήνης ἕως οὗ ἀνταναιρεθῇ ἡ σελήνη καὶ κατακυριεύσει ἀπὸ θαλάσσης ἕως θαλάσσης καὶ ἀπὸ ποταμοῦ ἕως περάτων τῆς οἰκουμένης ἐνώπιον αὐτοῦ προπεσοῦνται Αἰθίοπες καὶ οἱ ἐχθροὶ αὐτοῦ χοῦν λείξουσιν βασιλεῖς Θαρσις καὶ αἱ νῆσοι δῶρα προσοίσουσιν βασιλεῖς Ἀράβων καὶ Σαβα δῶρα προσάξουσιν καὶ προσκυνήσουσιν αὐτῷ πάντες οἱ βασιλεῖς πάντα τὰ ἔθνη δουλεύσουσιν αὐτῷ ὅτι ἐρρύσατο πτωχὸν ἐκ χειρὸς δυνάστου καὶ πένητα ᾧ οὐχ ὑπῆρχεν βοηθός φείσεται πτωχοῦ καὶ πένητος καὶ ψυχὰς πενήτων σώσει

 

Orietur in diebus ejus justitia, et abundantia pacis, donec auferatur luna. Et dominabitur a mari usque ad mare, et a flumine usque ad terminos orbis terrarum. Coram illo procident Æthiopes,et inimici ejus terram lingent. Reges Tharsis et insulæ munera offerent; reges Arabum et Saba dona adducent: et adorabunt eum omnes reges terræ; omnes gentes servient ei. Quia liberabit pauperem a potente, et pauperem cui non erat adjutor. Parcet pauperi et inopi, et animas pauperum salvas faciet.

 

Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz, mientras dure la luna; que domine de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra. Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo; que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones. Porque él librará al pobre que suplica y al humilde que está desamparado. Tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes.

 

Finalmente, Efesios 3, 2-3a. 5-6 nos da la clave teológica de esta jornada:

εἴ γε ἠκούσατε τὴν οἰκονομίαν τῆς χάριτος τοῦ Θεοῦ τῆς δοθείσης μοι εἰς ὑμᾶς, [ὅτι] κατὰ ἀποκάλυψιν ἐγνωρίσθη μοι τὸ μυστήριον, ὃ ἑτέραις γενεαῖς οὐκ ἐγνωρίσθη τοῖς υἱοῖς τῶν ἀνθρώπων ὡς νῦν ἀπεκαλύφθη τοῖς ἁγίοις ἀποστόλοις αὐτοῦ καὶ προφήταις ἐν πνεύματι, εἶναι τὰ ἔθνη συγκληρονόμα καὶ σύσσωμα καὶ συμμέτοχα τῆς ἐπαγγελίας ἐν Χριστῶ Ἰησοῦ διὰ τοῦ εὐαγγελίου.

 

si tamen audistis dispensationem gratiæ Dei, quæ data est mihi in vobis: quoniam secundum revelationem notum mihi factum est mysterium, quod aliis generationibus non intonuit filiis hominum, sicuti nunc revelatum est sanctis apostolis eius et prophetis in Spiritu, esse gentes cohæredes, et concorporales, et comparticipes promissionis ejus in Christo Iesu per Evangelium.

 

Porque seguramente habréis oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio vuestro. Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas. Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.

 

 

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En esta historia hay cuatro reyes; el cuarto es el malo, Herodes. Este artículo correspondería a este rey, aunque no es un homenaje, sino un recuerdo de su malvada actitud con el Mesías y los Inocentes.

El evangelio árabe de la Infancia dice en VII 1, 2:

Y sucedió que, habiendo nacido el Señor Jesús en Belén de Judá durante el reinado de Herodes, vinieron a Jerusalén unos Magos según la predicción de Zaradust (Zoroastro). Y traían como presentes oro, incienso y mirra. Y le adoraron y ofrecieron sus dones. Entonces María tomó uno de aquellos pañales y se lo entregó en retorno. Ellos se sintieron muy honrados de aceptarlo en sus manos. Y en la misma hora se les apareció un ángel que tenía la misma forma de aquella estrella que les había servido de guía en el camino. Y siguiendo el rastro de su luz, partieron de allí hasta llegar a su patria.

Y salieron a su encuentro los reyes y príncipes, preguntándoles qué era lo que habían visto o hecho, cómo habían efectuado la ida y la vuelta y qué habían traído consigo. Ellos les enseñaron este pañal que les había dado María, por lo cual celebraron una fiesta y, según su costumbre, encendieron fuego y lo adoraron. Después arrojaron el pañal sobre la hoguera y al momento fue arrebatado y contraído por el fuego. Mas cuando éste se extinguió, sacaron el pañal en el mismo estado en que estaba antes de arrojarlo, como si el fuego no lo hubiera tocado. Por lo cual empezaron a besarlo y a colocarlo sobre sus cabezas diciendo: “Ésta sí que es una verdad sin sombra de duda. Ciertamente es portentoso el que el fuego no haya podido devorarlo o destruirlo”. Por lo cual tomaron aquella prenda y con grandes honores la depositaron entre sus tesoros.

 

Por su parte la redacción siria presenta el mismo episodio en substancia, pero enormemente ampliado:

 

VII Y la noche misma en que el Señor Jesús nació en Belén de Judá, en la época del rey Herodes, un ángel guardián fue enviado a Persia. Y apareció a las gentes del país bajo la forma de una estrella muy brillante, que iluminaba toda la tierra de los persas. Y, como el 25 del primer kanun (fiesta de la Natividad del Cristo) había gran fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las estrellas, todos los magos, en pomposo aparato, celebraban magníficamente su solemnidad, cuando de súbito una luz vivísima brilló sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas sus diversiones y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espectáculo insólito. Y vieron que una estrella ardiente se había levantado sobre Persia, y que, por su claridad, se parecía a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su lengua: ¿Qué es este signo que observamos? Y, como por adivinación, contestaron, sin quererlo: Ha nacido el rey de los reyes, el dios de los dioses, la luz emanada de la luz. Y he aquí que uno de los dioses ha venido a anunciarnos su nacimiento, para que vayamos a ofrecerle presentes, y a adorarlo. Ante cuya revelación, todos, jefes, magistrados, capitanes, se levantaron, y preguntaron a sus sacerdotes: ¿Qué presentes conviene que le llevemos? Y los sacerdotes contestaron: Oro, incienso y mirra. Entonces tres reyes, hijos de los reyes de Persia, tomaron, como por una disposición misteriosa, uno tres libras de oro, otro tres libras de incienso y el tercero tres libras de mirra. Y se revistieron de sus ornamentos preciosos, poniéndose la tiara en la cabeza, y portando su tesoro en las manos. Y, al primer canto del gallo, abandonaron su país, con nueve hombres que los acompañaban, y se pusieron en marcha, guiados por la estrella que les había aparecido. Y el ángel que había arrebatado de Jerusalén al profeta Habacuc, y que había suministrado alimento a Daniel, recluido en la cueva de los leones, en Babilonia, aquel mismo ángel, por la virtud del Espíritu Santo, condujo a los reyes de Persia a Jerusalén, según que Zoroastro lo había predicho. Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a Jerusalén al rayar el día, e interrogaron a las gentes de la ciudad, diciendo: ¿Dónde ha nacido el rey que venimos a visitar? Y, a esta pregunta, los habitantes de Jerusalén se agitaron, temerosos, y respondieron que el rey de Judea era Herodes.

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2. Sabedor del caso, Herodes mandó a buscar a los reyes de Persia, y, habiéndolos hecho comparecer ante él, les preguntó: “¿Quiénes sois? ¿De dónde venís? ¿Qué buscáis?” Y ellos respondieron: “Somos hijos de los reyes de Persia, venimos de nuestra nación, y buscamos al rey que ha nacido en Judea, en el país de Jerusalén. Uno de los dioses nos ha informado del nacimiento de ese rey, para que acudiésemos a presentarle nuestras ofrendas y nuestra adoración”. Y se apoderó el miedo de Herodes y de su corte, al ver a aquellos hijos de los reyes de Persia, con la tiara en la cabeza y con su tesoro en las manos, en busca del rey nacido en Judea. Muy particularmente se alarmó Herodes, porque los persas no reconocían su autoridad.

Y se dijo: “El que, al nacer, ha sometido a los persas a la ley del tributo, con mayor razón nos someterá a nosotros”. Y, dirigiéndose a los reyes, expuso: “Grande es, sin duda, el poder del rey que os ha obligado a llegar hasta aquí a rendirle homenaje. En verdad, es un rey, el rey de los reyes. Id, enteraos de dónde se halla, y, cuando lo hayáis encontrado, venid a hacérmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo”.

Pero Herodes, habiendo formado en su corazón el perverso designio de matar al niño, todavía de poca edad, y a los reyes con él, se dijo: “Después de eso, me quedará sometida toda la creación”.

3. Y los magos abandonaron la audiencia de Herodes, y vieron la estrella, que iba delante de ellos, y que se detuvo por encima de la caverna en que naciera el niño Jesús. En seguida cambiando de forma, la estrella se tornó semejante a una columna de fuego y de luz, que iba de la tierra al cielo. Y penetraron en la caverna, donde encontraron a María, a José y al niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre. Y, ofreciéndole sus presentes, lo adoraron. Luego saludaron a sus padres, los cuales estaban estupefactos, contemplando a aquellos tres hijos de reyes, con la tiara en la cabeza y arrodillados en adoración ante el recién nacido, sin plantear ninguna cuestión a su respecto. Y María y José les preguntaron: “¿De dónde sois?” Y ellos les contestaron: “Somos de Persia”. Y María y José insistieron: “¿Cuándo habéis salido de allí?” Y ellos dijeron: “Ayer tarde había fiesta en nuestra nación. Y, después del festín, uno de nuestros dioses nos advirtió: Levantaos, e id a presentar vuestras ofrendas al rey que ha nacido en Judea. Y, partidos de Persia al primer canto del gallo, hemos llegado hoy a vosotros, a la hora tercera del día”.

4. Y María, agarrando uno de los pañales de Jesús, se lo dio a manera de elogio. Y ellos lo recibieron de sus manos de muy buen grado, aceptándolo, con fe, como un presente valiosísimo. Y, cuando llegó la noche del quinto día de la semana posterior a la natividad, el ángel que les había servido antes de guía, se les presentó de nuevo bajo forma de estrella. Y lo siguieron, conducidos por su luz, hasta su llegada a su país.

 Vuelta de los magos a su tierra

VIII 1. Los magos llegaron a su país a la hora de comer. Y Persia entera se regocijó, y se maravilló de su vuelta.

2. Y, al crepúsculo matutino del día siguiente, los reyes y los jefes se reunieron alrededor de los magos, y les dijeron: “¿Cómo os ha ido en vuestro viaje y en vuestro retorno? ¿Qué habéis visto, qué habéis hecho, qué nuevas nos traéis? ¿Y a quién habéis rendido homenaje?” Y ellos les mostraron el pañal que les había dado María. A cuyo propósito celebraron una fiesta, a uso de los magos, encendiendo un gran fuego, y adorándolo. Y arrojaron a él el pañal, que se tornó en apariencia fuego. Pero, cuando éste se hubo extinguido, sacaron de él el pañal, y vieron que se conservaba intacto, blanco como la nieve y más sólido que antes, como si el fuego no lo hubiera tocado. Y, tomándolo, lo miraron bien, lo besaron, y dijeron: “He aquí un gran prodigio, sin duda alguna. Este pañal es el vestido del dios de los dioses, puesto que el fuego de los dioses no ha podido consumirlo, ni deteriorarlo siquiera. Y lo guardaron preciosamente consigo, con fe ardiente y con veneración profunda”.

 

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Por su parte, el evangelio armenio de la Infancia, en V, 10, dice:

 

Y un ángel del Señor se apresuró a ir al país de los persas para prevenir a los reyes magos y ordenarles que fueran a adorar al niño recién nacido. Y éstos, después de caminar durante nueve meses teniendo por guía a la estrella, llegaron al lugar de destino en el momento mismo en que María llegaba a ser madre. Es de saber que a la sazón el reino de los persas dominaba sobre todos los reyes de Oriente por su poder y sus victorias. Y los reyes de los magos eran tres hermanos: Melkon, el primero, que reinaba sobre los persas; después Baltasar, que reinaba sobre los indios, y el tercero Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes. Habiéndose reunido en conformidad con el mandato de Dios, llegaron en el momento mismo en que la Virgen llegaba a ser madre. Habían apresurado la marcha y se encontraron allí en el momento preciso del nacimiento de Jesús.

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Seguimos con los relatos evangélicos, canónicos o apócrifos, referidos a los Reyes Magos. Y en el capítulo tercero homenajeamos a Gaspar.

En el códice Arundel 404, conocido como Liber de infantia Salvatoris 89-96,  encontramos un encantador y extenso relato, que incluye un diálogo entre José y los magos y una intervención, a modo de espía, de Simeón, el hijo de José. Se nos describe la vestimenta de los magos, se nos indica que el propio Herodes ha dado a los magos una diadema como ofrenda para el niño, se narra la revelación de los magos a José de que su “hijo” es Dios y los magos nos informan de que en sus escrituras más antiguas una referencia a una estrella muy brillante es el signo del nacimiento de Cristo, el Mesías. No faltan el en relato rasgos de humor, incluso de ironía, como cuando José “critica” el que los pastores vayan a adorar al niño con las manos vacías o cuando afirma que sospecha que Jesús es su hijo.

Ioseph autem videns eos (Magos), dixit: “Putas qui sunt hii qui veniunt huc ad nos? Videntur mihi de longinquo tenientes huc appropiare. Igitur surgam et vadam obviam eis”. Ergo cum procederet, dixit al Symeonem: “Videntur mihi isti qui veniunt agnos (augures) esse. Ecce enim omni non cessant momento respiciunt et inter se disputant. Sed et peregrini mihi videntur esse quod et habitus forum differt ab habitu nostro; quin illorum vestis amplissima est et color fuscus. Denique et pilleos habent in capitubus suis  et in pedibus eorum sunt sarabee velut opera deficientes. Et ecce steterunt et me intenderunt; ecce iterum huc veniunt”.

Cum ergo pervenissent ad speluncam, ait ad illos Ioseph: “Qui estis vos? Dicite mihi”. Illi autem audaciter introire volebant. Nam et direxerunt se introire. Et dixit ad eos Ioseph: “Per vestram salutem dicite mihi qui estis, quod sic vos dirigitis in hospitium meum”. Et illi dixerunt. “Quia noster dux hic coram nobis intravit, unde quam ob rem interrogas nos? Huc misit… Dixit eis Ioseph: “Rogo vos ut mihi dicatis cuius rei causa huc venistis”. Dicunt ei Illia: “Dicimus tibi quod slus communis est. Vidimus in caelo stellam Regis Iudaeorum et venimus adorare eum, quia sic scriptum est in libris antiquis de signo stellae huius, quod com haec stella apparuerit, nascetur rex aeternus et dabit iustis vitam immortalem”. Dixit eis Ioseph:”Iustum era tut primum Iherosolimam inquireretis, quod ibi est sanctimonium Domini”. Responderunt ei: “Fuimus Iherosolimam et indicavimus regi quod Christus natus est et ipsum quaerimus. Ille vero dixit nobis:”Ego quidem ignoro ubi natus sit. Continuo vero misit ad omnes inquisitores scripturarum et ad omnes magos et principes sacerdotum et doctores, et venerunt ad eum. Interrogavitque eos ubi Christus nasceretur. At illi dixerunt: In Bethleem. Sic enim scriptum est de illo: Et tu Bethleem, terra Iuda, non eris minima in principibus Iuda; ex te enim exiet dux qui regat populum meum Israël. Quod nos ut audivimus, cognovimus et venimus adorare eum. Nam et haec stella quae apparauit, praecessit nos ex quo profecti sumus. Herodes vero cum audisset hos sermones, timuit et occulte inquisivit a nobis tempus stellae, quando apparuit et nobis euntibus dixit: Inquirite diligenter, et cum inveneritis eum, renuntiate mihi ut et ego veniam et adorem eum.

Deditque nobis ipse Herodes dyadema sum quod utebatur in caput sum. Hoc autem dyadema mitram habet albam et anulum regalem gemmam habentem signum incomparabile quod rex Persarum ei munus misit, praecipiens ipse nobis Herodes dare munus hoc puero. Nam et ipse Herodes promisit se munus ei offerendum si reversi fuerimus ad eum. Et accipientes munera, profecti sumus ab Iherosolima. Et ecce stella quae apparuerat nobis, praecessit nos ex quo profectiu sumus ab Iherosolima usque in locum istum. Et ecce in hac spelunca intravit in qua tu stas et non permetis nos ingredi”. Dicit eis Ioseph:”Ego iam vos non neco; sequemini illam quia Deus est dux vester. Praeterea non tantum vester, sed et ómnibus quipus voluit manifestare gloriam suam”. Haec audientes Magi introierunt et salutaverunt Mariam dicentes:”Ave, gratia plena”: Et accedentes ad praesepium inspexerunt et viderunt infantem.

Ioseph vero dixit Symeon:”Fili, intende, et vide quid faciant isti peregrini Indus; me enim non decet insidiari eis”. Et fecit sic. Et dixit patri suo:”Ecce introëuntes salutaverunt puerum cecideruntque in faciem super terram. Et more barbarico adorant eum singulatimque osculantur pedes infantis. Quid est hoc quod faciunt? Ignoro”. Dicit Illia Ioseph:”Vide diligenter”. Respondit Symeon: “Ecce aperiunt thesauros suos et offerunt ei munera”: Dicit ei Ioseph: “Quae Illia offerunt?” Symeon respondit: ”Suspicor quod illa munera ei offerunt quae misit Herodes rex. Nam ecce obtulerunt ei de peris suis aurum, thus et mirram et Mariae multa dona dederunt”. Dixit ei Ioseph: ”Valde bene fecerunt viri isti in hoc quod non gratis osculate sunt infantem et non secundum pastores illi nostril qui sine muneribus huc venerunt”. Iterumque dicit ei: “Intende diligentius et vide quid faciant”. Intendens ergo Symeon dicit: “Ecce iterum adoraverunt puerum, et ecce huc exeunt”.

Illi autem exierunt et dixerunt ad Ioseph: “O beatissime vir, nunc scies quis est hic puer quem nutris”: Dicit eis Ioseph. “Suspicor quoniam filius meus est”. Dicunt ei illi. “Maius est nomen eius quam tuum. Sed forte ita est quod tu dignus es nominari pater illius, quoniam servis ei, non quasi filio tuo, sed ut Deo et Domino tuo; et tangens eum minibus tuis, observas cum mango timore et diligentia. Noli ergo nos quasi ignorantes attendere. Illud a nobis cognosce, quoniam cui tu assignatus es nutritor, ipse est Deus deorum et Dominus dominantium, Deus et Rex universorum principum ac potestatum, Deus angelorum et iustorum. Ipse est qui eruet omnes gentes in suo nomine, quoniam illius est maiestas et imperium et confringet mortis aculeum et dissipabit inferni potestatem. Illi servient reges et omnes tribus terrae adorabunt eum et Illi omnis lingua confitebitur dicens: “Tu es Christus Ihesus liberator et salvator noster; Tu enim es Deus, Patris aeterni virtus et claritas”.

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Dicit eis Ioseph: “Unde haec cognovistis quae mihi dicitis?” Dicunt ei Magi: “Sunt apud vos scripturae veteres prophetarum Dei in quibus scriptum est de Christo quemadmodum adventus illius habet esse in hoc saeculo. Item sunt apud nos antiquiores scripturae scripturarum in quibus scriptum est de eo. Nam de cetero quod interrogasti nos unde nos scire possimus, audi nos. A signo stellae didicimus; hoc enim nobis solis super specie apparuit. De cuius specie nemo umquam potuit dicere. Haec enim stella quae est orta designat quod regnabit stirps Dei in splendore diei. Et non circuibat in centro caeli, sicut solent stellae quae sunt fixae vel etiam planetae, quae licet certum servent temporis cursum, hii tamen cum sint inmobiles et incertae providentiae istae simper errantes dicuntur esse, sola autem haec est sine errore. Nam et totus polus, id est caelum, videbatur nobis non posse eam capere in sua magnitudine, sed neque sol potuit eam obscurare claritate luminis sui sicut ceteras stellas. Ipse autem sol infirmior factus est viso splendore adventus ipsius. Nam stella haec verbum Dei est. Quot enim stellae, tot verba Dei sunt. Verbum autem Dei Deus inenarrabile. Sicut haec stella inenarrabilis, et ipsa nobis comes fuit in via qua iter fecimus venientes ad Christum”.

Dixit itaque eis Ioseph: “In his omnibus dictis quae locuti estis, nimis iocundastis me. Peto autem vos ut dignemini mecum esse hodie”. Dixerunt ei illi: “Rogamus te, permitte nos proficisci iter nostrum. Sic enim praecepit nobis rex ut citius revertamur ad eum”. Detinuit autem eos.

Illi autem aperuerunt thesaurus suos et ingentibus muneribus muneraverunt Mariam et Ioseph.

Qui cum vellent redire ad Herodem regem eadem nocte admoniti sunt in somnis ab angelo Domini ne redirent ad Herodem. Illi autem adorantes infantem cum gaudio magno per aliam viam reversi sunt in regionem suam.

 

José, al ver a los Magos, dijo: “¿Quién piensas serán éstos que vienen a nuestro encuentro? Me da la sensación de que se están acercando después de un lago viaje. Me levantaré, pues, y saldré a su encuentro”. Y, adelantándose, dijo a Simeón: “Creo que son unos adivinos: pues efectivamente no están quietos un momento, siempre están observando y discutiendo entre sí. Y me parecen además forasteros, pues su vestimenta es distinta de la nuestra: su traje es amplísimo y de color oscuro. Finalmente tienen también birretes en sus cabezas y llevan unas sarabaras ceñidas a sus piernas como… Mas he aquí que se han parado y me han dirigido una mirada. Ahora continúan la marcha de nuevo hacia nosotros”.

Cuando hubieron, pues, llegado a la cueva, díjoles José: “¿Quiénes sois vosotros? Decídmelo”. Mas ellos pretendían entrar con audacia, pues efectivamente se dirigían al interior. José les dijo: “Decidme, por vuestra salud, quiénes sois para dirigiros así a mi albergue”. Ellos dijeron: “Nuestro guía ha entrado aquí a vista nuestra. ¿Por qué nos preguntas a nosotros? Dios nos ha enviado aquí”.  Les dijo José: “Os ruego que me digáis por qué causa habéis venido aquí”. Dijéronle: “Podemos asegurarte que es la salvación de todos”.

Hemos visto en el cielo la estrella del rey de los judíos y hemos venido a adorarlo, pues así está escrito en los libros antiguos acerca de la señal de esta estrella: que cuando apareciere este astro, nacerá el rey eterno y dará a los justos una vida inmortal”: Díceles José: “Sería conveniente que hicierais primero indagaciones en Jerusalén, pues allí está el templo del Señor”. Respondiéronle: “Hemos estado ya en Jerusalén y hemos anunciado al rey que ha nacido el Cristo y que vamos en su busca. Mas él nos dijo: Yo por mi parte ignoro cuál es el sitio donde ha nacido. Después envió recado a todos los escudriñadores de las escrituras y a todos los magos, príncipes de los sacerdotes y doctores, quienes acudieron a su presencia. Él les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos respondieron: En Belén. Pues así está escrito acerca de él: Y, tú, Belén, tierra de Judá, no serás la más insignificante entre las principales de Judá, pues de ti ha de salir el jefe que rija los destinos de mi pueblo, Israel. Nosotros, en cuanto oímos esto, caímos en la cuenta y vinimos a adorarlo. Es de saber que la estrella que se nos apareció ha ido precediéndonos desde que emprendimos el viaje. Mas Herodes, al oír estas cosas, cogió miedo y nos preguntó en secreto acerca del tiempo de la estrella, cuándo se nos apareció. Al marcharnos, nos dijo: Informaos con toda diligencia y, cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber para que yo también vaya y le adore”.

Y el mismo Herodes nos dio la diadema que él solía llevar en su cabeza (esta diadema tiene una blanca mitra) y un anillo en que va engarzada una preciosa piedra real, sello incomparable que le envió como presente el rey de los Persas; y nos mandó que ofreciéramos este don al niño. El mismo Herodes prometió hacerle un presente cuando estuviéramos de vuelta ante su presencia. Recibidos los dones, partimos de Jerusalén. Mas he aquí que la estrella, que se nos había aparecido, iba delante de nosotros desde que salimos de Jerusalén hasta este lugar y luego entró en esta cueva donde tú estás y no nos permites a nosotros penetrar”. Díceles José: “Yo por mi parte no me opongo. Seguidla, pues Dios es vuestro guía, y no sólo vuestro, sino de todos aquellos a quienes quiso manifestar su gloria” Al oír esto, los Magos entraron y saludaron a María diciendo: “Salve, llena de gracia”. Después se acercaron al pesebre, lo examinaron y vieron al infante.

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Mas José dijo a Simeón: “Hijo, observa y mira qué es lo que hacen dentro estos forasteros, pues no está bien que yo los espíe”. Y así lo hizo. Luego, dijo a su padre: “Nada más entrar han saludado al niño y han caído en tierra sobre sus rostros; después se han puesto a adorarlo según la costumbre de los extranjeros y ahora cada uno va besando por separado las plantas del infante. ¿Qué es lo que hacen en este momento? No lo veo bien”. Dícele José: “Observa atentamente”. Respondió Simeón: “Están abriendo sus tesoros y le ofrecen dones”. Dícele José: “¿Qué es lo que ofrecen?”. Simeón respondió: “Pienso que lo que ofrecen son aquellos dones que envió el rey Herodes. Ahora le acaban de ofrecer oro, incienso y mirra de sus cofres y han dado muchos dones a María”. Díjole José: “Muy bien han hecho estos señores en no besar al niño de balde; lo contrario de aquellos nuestros pastores que vinieron aquí con las manos vacías”. Y de nuevo le dice: “observa más atentamente y mira qué es lo que hacen”. Vigilando pues Simeón, dice: “He aquí que de nuevo han adorado al niño y vienen ya hacia nosotros”.

Salieron por fin y dijeron a José: “¡Oh dichosísimo varón! Ahora vas a saber quién es este niño que estás alimentando”. Díceles José: “Sospecho que es mi hijo”. Dícenle ellos: “Su nombre es más grande que el tuyo. Pero quizá la razón de que puedas llamarte padre suyo estribe en que le sirves, no como a tu hijo, sino como a tu Señor y tu Dios, y en que tocándole con tus manos, le respetas con gran temor y diligencia. No nos tengas, pues, por ignorantes. Sábete que Aquél, de quien has sido designado nutricio, es el Dios de los dioses y el Señor de los que dominan, Dios y Rey de todos los príncipes y potestades, Dios de los ángeles y de los justos. Él será el que salvará a todos los pueblos por su nombre, pues suya es la majestad y el imperio, y el que deshará el aguijón de la muerte y disipará el poder del infierno. Le servirán los reyes y todas las tribus de la tierra lo adorarán; y toda lengua le confesará diciendo: Tú eres Cristo Jesús, libertador y salvador nuestro, pues Tú eres Dios, virtud y resplandor del Eterno Padre”. Díceles José: “¿De dónde habéis sabido esto que me estáis diciendo?”. Dícenle los Magos: “Vosotros poseéis las antiguas escrituras de los profetas de Dios en las que está escrito acerca del Cristo, cómo ha de tener lugar su venida en este mundo. También tenemos nosotros escrituras de escrituras más antiguas que se refieren a Él. En lo tocante a tu pregunta sobre el origen de nuestro conocimiento, escúchanos: Lo supimos por el signo de una estrella, ésta se nos apareció más resplandeciente que el sol, de cuyo fulgor nadie pudo hablar nunca. Y esta estrella significa que la estirpe de Dios reinará en la claridad del día. Ésta no giraba en el centro del cielo, como suelen hacerlo las estrellas fijas y también los planetas, que aunque observan un plazo fijo de tiempo………………………………… mas sólo ésta no es errante. Pues nos parecía que todo el polo, esto es el cielo, no podía contenerla con toda su grandeza; y ni el mismo sol pudo nunca oscurecerla, como lo hace con las otras estrellas, por el fulgor de su luz. Más aún éste pareció debilitarse a vista del resplandor de su venida. Pues esta estrella es la palabra de Dios, ya que hay tantas palabras de Dios cuantas son las estrellas. Y esta palabra de Dios, como el mismo Dios, es inefable. Lo mismo que es inenarrable esta estrella, que fue nuestra compañera de viaje en la marcha que emprendimos para venir hasta el Cristo.”

Así, pues, José les dijo: “Me habéis proporcionado un gran placer con todo lo que acabáis de decirme. Os suplico que os dignéis permanecer conmigo el día de hoy”. Ellos le dijeron: “Te rogamos nos permitas emprender nuestro viaje de retorno, pues el rey nos encomendó que volviéramos lo más pronto posible a su lado”. Per él les detuvo. Ellos abrieron sus tesoros e hicieron a maría y a José enormes presentes.

Cuando ellos quisieron volver ante el rey Herodes, fueron advertidos aquella misma noche en sueños por un ángel del Señor de que no volvieran a Herodes. Ellos tras adorar al Niño con gran gozo se volvieron a su país por otro camino.

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