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Archive for 18 enero 2009

Seguimos con la presencia de Prometeo en la literatura clásica.

El mitógrafo Apolodoro en su Biblioteca mitológica I, 7, 1 nos habla también del mito:

Προμηθες δ ξ δατος κα γς νθρπους πλσας δωκεν ατος κα πρ, λθρ Δις ν νρθηκι κρψας. ς δ σθετο Ζες, πταξεν Ηφαστ τ Καυκσ ρει τ σμα ατο προσηλσαι· τοτο δ Σκυθικν ρος στν. ν δ τοτ προσηλωθες Προμηθες πολλν τν ριθμν δδετο καθ’ κστην δ μραν ετς φιπτμενος ατ τος λοβος νμετο το πατος αξανομνου δι νυκτς. καὶ Προμηθεὺς μὲν πυρὸς κλαπέντος δίκην ἔτινε ταύτην, μέχρις ῾Ηρακλῆς αὐτὸν ὕστερον ἔλυσεν, ὡς ἐν τοῖς καθ’ Ηρακλέα δηλώσομεν.

Prometeo modeló a los hombres con agua y tierra y les dio además el fuego, oculto en una férula, sin conocimiento de Zeus. Pero cuando éste lo supo ordenó a Hefesto que sujetara su cuerpo con clavos en el Cáucaso; este es un monte de Escitia. Prometeo estuvo allí encadenado muchos años; cada día un águila abatiéndose sobre él devoraba los lóbulos de su hígado, que se rehacía durante la noche. Prometeo sufrió este castigo por robar el fuego, hasta que más tarde Heracles lo liberó, como mostraremos al tratar de él.

La traducción es de Margarita Rodríguez de Sepúlveda en Gredos, que, a pie de página y sobre la palabra férula escribe:

La ferula communis o cañaheja es una planta umbelífera cuyo largo tallo tiene una pulpa blanca y seca en la que el fuego arde sin apagarse. Se usaba para trasladar el fuego de un lugar a otro.

En Apolonio de Rodas, El viaje de los Argonautas III, 845 y siguientes, leemos que de la sangre de Prometeo que el águila hizo gotear,  Medea creó un filtro mágico:

ἡ δὲ τέως γλαφυρῆς ἐξείλετο φωριαμοῖο φάρμακον ὅρρὰ τέ φασι Προμήθειον καλέεσθαι. τῷ εἴ κεν, νυχίοισιν ἀρεσσάμενος θυέεσσιν Δαῖραν μουνογένειαν, ἑὸν δέμας ἰκμαίνοιτο, ἦ τ’ ἀν ὅγ’ οὔτε ῥηκτὸς ἔοι χαλκοῖο τυπῇσιν οὔτε κεν αἰθομένῳ πυρὶ εἰκάθοι, ἀλλὰ καὶ ἀλκῇ λωίτερος κεῖν’ ἦμαρ ὁμῶς κάρτει τε πέλοιτο. πρωτοφυὲς τόγ’ ἀνέσχε καταστάξαντος ἔραζε αἰετοῦ ὠμηστέω κνημοῖς ἔνι Καυκασίοισιν αἱματόεντ’ ἰχῶρα Προμηθῆος μογεροῖο. τοῦ δ’ ἤτοι ἄνθος μὲν ὅσον πήχυιον ὕπερθεν χροιῇ Κωρυκίῳ ἴκελον κρόκῳ ἐξεφαάνθη, καυλοῖσιν διδύμοισιν ἐπήορον· ἡ δ’ ἐνὶ γαίῃ σαρκὶ νεοτμήτῳ ἐναλιγκίη ἔπλετο ῥίζα. τῆς οἵην τ’ ἐν ὄρεσσι κελαινὴν ἰκμάδα φηγοῦ Κασπίῃ ἐν κόχλῳ ἀμήσατο φαρμάσσεσθαι, ἑπτὰ μὲν ἀενάοισι λοεσσαμένη ὑδάτεσσιν, ἑπτάκι δὲ Βριμὼ κουροτρόφον ἀγκαλέσασα, Βριμὼ νυκτιπόλον, χθονίην, ἐνέροισιν ἄνασσαν, λυγαίῃ ἐνὶ νυκτὶ σὺν ὀρφναίοις φαρέεσσιν· μυκηθμῷ δ’ ὑπένερθεν ἐρεμνὴ σείετο γαῖα ῥίζης τεμνομένης Τιτηνίδος, ἔστενε δ’ αὐτός ᾿Ιαπετοῖο πάις ὀδύνῃ πέρι θυμὸν ἀλύων.

 

medea

 

Ella entre tanto sacó de la cóncava caja un filtro que se llama, dicen, “prometeico”. Si uno, después de propiciar a Hécate Daíra, la unigénita, se unge con él su cuerpo, ya no es ni frágil a los golpes del bronce ni ante el fuego en llamas tiene que retroceder. Y además resulta invencible en ese día a la vez en valor y vigor. Por primera vez surgió en las cumbres del Cáucaso cuando el águila sanguinaria hizo gotear sobre la tierra el ícor sangriento del desdichado Prometeo. De esa sangre brotó una flor, de la altura de un codo, semejante en color al azafrán de Córico, elevada sobre un doble tallo. La raíz en tierra se desarrolló parecida a la carne recién cortada. Su zumo, cual el oscuro zumo del roble de las montañas, lo exprimió Medea para convertirlo en fármaco, en una concha del mar Caspio, después de haberse lavado siete veces en aguas perennes, de haber invocado siete veces a Brimo criadora de jóvenes, a Brimo la noctámbula, la subterránea señora de los infiernos, en la noche tenebrosa con sus mantos negros. Con un mugido, por debajo, se agitó la sombría tierra, al cortarse la raíz titánica. Y gimió él, el hijo de Jápeto a la vez que enloquecía de dolor en su corazón.

 La traducción es de Carlos García Gual, en Alianza Editorial (número 1265).

 El mitógrafo latino Higino en su fábula 142 escribe brevemente acerca de Prometeo:

Homines antea ab immortalibus ignem petebant, neque in perpetuum seruare sciebant; quod postea Prometheus in ferula detulit in terras, hominibusque monstrauit quomodo cinere obrutum seruarent.  ob hanc rem Mercurius Iouis iussu deligauit eum in monte Caucaso ad saxum clauis ferreis, et aquilam apposuit quae cor eius exesset; quantum die ederat, tantum nocte crescebat. hanc aquilam post xxx annos Hercules interfecit, eumque liberauit.

 

Los hombres antes pedían el fuego a los inmortales y no sabían conservarlo de forma permanente; después Prometeo lo llevó a la tierra en una férula y mostró a los hombres de qué modo podían conservar cubierto por la ceniza. Por esta razón Mercurio, por orden de Júpiter, lo ató con clavos de hierro a una roca en el monte Cáucaso y colocó junto a él un águila que le devoraba su corazón; cuanto de día era comido, de noche crecía. Después de treinta años Hércules mató este águila y lo liberó.

 

Finalmente, tenemos en Luciano de Samosata en sus Diálogos de los dioses, el que mantienen Prometeo y Zeus.

 

ΠΡΟΜΗΘΕΩΣ ΚΑΙ ΔΙΟΣ

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Λσν με, Ζε δειν γρ δη ππονθα.

ΖΕΥΣ Λσω σε, φς, ν χρν βαρυτρας πδας χοντα κα τν Κακασον λον πρ κεφαλς πικεμενον π κκαδεκα γυπν μ μνον κερεσθαι τ ἧπαρ, λλὰ κα τος φθαλμος ξορττεσθαι, νθν τοιαθμν ζα τος νθρπους πλασας κα τ πρ κλεψας κα γυνακας δημιοργησας; μν γὰρ μ ξηπτησας ν τ νομ τν κρεν στ πιμελ κεκαλυμμνα παραθες κα τν μενω τν μοιρν σεαυτ φυλττων, τ χρ λγειν;

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Οκουν κανν δη τν δκην κττικα τοσοτον χρνον τ Καυκσ προσηλωμνος τν κκιστα ρνων πολομενον ετν τρφων τ πατι;

ΖΕΥΣ Οδ πολλοστημριον τοτο ν σε δε παθεν.

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Κα μν οκ μισθ με λσεις, λλὰ σοι μηνσω τι, Ζε, πάνυ ναγκαον.

ΖΕΥΣ Κατασοφζ με, Προμηθε.

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Κα τ πλον ξω; ο γρ γνοσεις αθις νθα Κακασς στιν, οδ πορσεις δεσμν, ν τι τεχνάζων λσκωμαι. 

ΖΕΥΣ Επ πρτερον ντινα μισθν ποτσεις ναγκαον μν ντα.

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Ἢν εἴπω φ’ τι βαδζεις νν, ξιπιστος σομα σοι κα περ τν πολοπων μαντευμενος;

ΖΕΥΣ Πς γρ ο;

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Παρ τν Θτιν, συνεσμενος ατ.

ΖΕΥΣ Τουτ μν γνως· τ δ’ ον τ π τοτ; δοκες γὰρ ληθς τι ρεν.

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Μηδν, Ζε, κοινωνσς τ Νηρεδι· ἢν γὰρ ατη κυοφορσ κ σο, τ τεχθν ἴσα ργάσετα σε οα κα σ δρασας

ΖΕΥΣ Τοτο φς, κπεσεσθα με τς ρχς;

ΠΡΟΜΗΘΕΥΣ Μ γνοιτο, Ζε. πλν τοιοτ γε μξις ατς πειλε.

ΖΕΥΣ Xαιρτω τοιγαρον Θτις· σ δ ῾Ηφαιστος π τοτοις λυσάτω. 

 

–  Suéltame, Zeus, que ya he sufrido males terribles.

 ¿Qué te suelte, dices, tú que merecerías tener cadenas todavía más pesadas y el Cáucaso entero sobre tu cabeza, con dieciséis buitres que no sólo te royeran el hígado, sino que además te vaciaran los ojos, como compensación por habernos modelado semejantes seres vivos como son los hombres, habernos robado el fuego y haber fabricado a las mujeres? ¿Y el engaño que me hiciste en el reparto de las carnes, ofreciéndome huesos cubiertos con grasa, mientras te guardabas para ti la mejor parte, qué se puede decir de esto?

 ¿Y no es suficiente el castigo que he pagado, estando tanto tiempo encadenado al Cáucaso y alimentando con mi hígado al águila, que así sea maldita entre todas las aves?

  Pues eso no es ni una pequeñísima parte de lo que tendrías que sufrir.

  Aparte de que no me soltarás gratis, Zeus, sino que te revelaré una cosa muy importante.

  ¿Tratas de engañarme, Prometeo?

 ¿Y qué ganaría yo con ello? Porque a ti no se te volverá a olvidar dónde está el Cáucaso, ni te faltarán ataduras si resulta que me coges ideando alguna treta.

  Dime primero qué recompensa me vas a ofrecer que sea importante para mí.

  Y si te digo adónde te diriges ahora, ¿mereceré tu credulidad en mis posteriores profecías?

   Desde luego.

  Vas a casa de Tetis, para estar con ella.

  Esto lo acertaste. Pero ¿qué pasará luego? Porque parece que vas a decir la verdad.

  No hagas el amor con ella, Zeus; porque si llega a quedarse embarazada de ti, el hijo que nazca te hará a ti lo mismo que tú hiciste a…

  ¿Quieres decir que seré derribado del poder?

  ¡Que no te ocurra tal cosa, Zeus! Pero tu unión con ella crea esta amenaza.

  Entonces que Tetis se vaya a la porra, y en cuanto a ti, que Hefesto te suelte a cambio de este consejo.

 

Traducción de Juan Zaragoza Botella en Alianza Editorial (número 1269).

 

Hay también otra obra de Luciano, Prometeo o el Cáucaso, en la que el titán se defiende de las acusaciones que le han llevado a su suplicio en la citada montaña. En esta página se puede encontrar una traducción del texto.

 

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haydn

 

 

El próximo 31 de mayo se cumplirán los 200 años de la muerte, en Viena, de Franz Joseph Haydn. Antes el 3 de febrero, para más señas San Blas, se cumplirán también 200 del nacimiento, en Hamburgo, de Felix Mendelssohn.

Son dos pesos pesados de la música clásica y dos de mis muchísimos compositores favoritos.

Aunque en el tiempo es anterior la efeméride del hamburgués, me centro hoy en Haydn.

Es un autor por el que siento predilección. Sin ir más lejos, hoy, mientras limpiaba la casa, he escuchado tres discos con su música: las sinfonías 94 (La Sorpresa), 100 (Militar) y 104 (Londres), los cuartetos 76 (De las Quintas), 77 (Emperador, cuyo segundo movimiento contiene la melodía que es hoy el himno de Alemania) y 78 (Amanecer); y las misas Harmonie Messe y Nicolai Messe.

Mi primera cinta de cassette de música clásica era de Haydn. La compré en la desaparecida tienda del señor Barrachina, en la calle Antonio Maura. Era de la colección Salvat, Los Grandes Compositores; el número 32 y contenía las sinfonías 94 y 101 (El reloj), a cargo de la Philharmonia Hungarica, dirigida por Antal Dorati (que no Un tal Dorati, como dijo cierto locutor de radio).

Con éste compré también el 33, con el Concierto para violoncello en Re mayor y el cuarteto Emperador.

Luego siguieron otras muchas, siempre de colecciones, porque eran más baratas. Aún las conservo todas.

Vino después el CD y más tarde el DVD, hasta conformar una potable colección.

No es momento ahora de hablar en exceso de Haydn. Estuvo casi toda su vida trabajando para la familia Esterházy, primero para el príncipe Paul Anton y luego para Nikolaus, con quien estuvo 28 años. Sólo con el hijo de éste Paul Anton, logró la libertad, lo que le permitió volver a Viena, donde conoció a Solomon, con quien firmó un contrato en 1790. En ese año salió Haydn por primera vez de su Austria natal. En Inglaterra realizó conciertos y compuso bastantes obras. Volvió a Viena y trabajó a las órdenes de otro Esterházy, Nikolaus II.

Su música me sirve para animarme y es una gran acompañante en la conducción. Compuso de todo: sinfonías (108), conciertos para piano, trompa, trompeta, violín, viloncello, una sinfonía concertante; danzas y contradanzas, minuetos, nocturnos, marchas; Las Siete palabras de Nuestro Salvador en la Cruz; dúos, cuartetos, tríos, sonatas y otras obras para piano solo; canciones, canzonettas, canciones populares inglesas, escocesas y galesas; coros y cantatas (entre ellas una Arianna a Naxos; cuatro oratorios (El retorno de Tobías, Las Siete palabras de Nuestro Salvador en la Cruz, La Creación y las Estaciones), un precioso Stabat Mater y dos magníficos Te Deum, misas, motetes, 17 óperas (entre ellas Filemón y Baucis, Acide, El diablo cojuelo, Armida o L’isola disabitata).

Y nuestro recuerdo para Haydn en nuestro rincón clásico tiene que ver con la ópera, en concreto, con una, cuyo argumento también usaron Gluck, Monteverdi, Offenbach y otros. Nos referimos a Orfeo y Eurídice. De ella ofreceremos una espectacular aria, como elemento sonoro de nuestro artículo.

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Éstos son los datos de la ópera:

Orfeo ed Euridice o L’anima del filosofo (Hoboken XXVIII: 13) de Joseph Haydn (1732-1809); libretto de Carlo Francesco Badini. Dramma per musica en cuatro actos.

Estreno: Florencia, Teatro della Pergola, 9 junio de 1951

Personajes: 

Orfeo, cantor tracio (Tenor);

Eurídice, esposa prometida a Arideo o Aristeo (Soprano);

Creonte, rey y padre de Eurídice (Bajo);

Un genio, mensajero de la Sibila (Soprano);

Plutón (Bajo);

Cuatro acompañantes de Creonte (Bajos);

Un guerrero de Arideo o Aristeo (Tenor);

Amorcillos, doncellas, hombres, sombras infelices, Furias, bacantes, coro.

 

La ópera fue encargada a Haydn por John (Giovanni Andrea) Gallini, el empresario de un nuevo teatro de ópera sostenido por el príncipe de Gales, el futuro Jorge IV. Haydn, que se encontraba en Londres, recibió el libretto redactado por Badini, poeta del teatro de ópera italiano, en enero de 1791. El “estreno” debería haber tenido lugar el 31 de mayo del mismo año, pero Gallini no obtuvo la licencia de apertura del teatro y la ópera de Haydn permaneció manuscrita y olvidada hasta 1951, cuando fue preparada en Florencia. La partitura autógrafa está quizás incompleta en el tercer acto y es problemático reconstruir la exacta sucesión de los números. Ha sido también lanzada la hipótesis (Feder) de que el final trágico no sea el definitivo, sino que preludia el triunfo de la Filosofía, de la Justicia o de alguna otra alegoría.

Breve sinopsis:

Acto primero.

Eurídice es prometida como esposa a Arideo (Aristeo) por deseo de su padre, pero ella ama, en cambio, al cantor tracio Orfeo. Para sustraerse a la boda, huye al bosque donde encuentra algunos monstruos. Orfeo consigue encantarlos con su propra música y salvar a Eurídice, y Creonte se ve obligado a aceptar el amor de los dos jóvenes.

Acto segundo.

Un guerrero de Arideo trata de raptar a Eurídice, que huye, es mordida por una serpiente y muere invocando a Orfeo. Orfeo entona un lamento, mientras Arideo y Creonte manifiestan sus propósitos de venganza.

Acto tercero.

Todo el acto está dominado por arias y coros de contenido moral; un genio enviado por la Sibila promete a Orfeo acompañarlo a los infiernos.

Acto cuarto.

En los infiernos. Un coro de sombras infelices y de Furias recibe a Orfeo, que pide a Plutón penetrar en la mansión infernal. Aparece Eurídice. El coro aconseja a Orfeo no girarse, per éste no consigue dominarse y la pierde por segunda vez. El genio abandona a su protegido, que cae en la desesperación. Vuelto al mundo de los vivos, Orfeo encuentra un coro de bacantes, y, para siempre indiferente a los amores y los placeres, acepta de ellas una copa de veneno. La ópera concluye con un coro de las bacantes, que, queriendo navegar hacia la isla de los placeres, son arrojadas al mar por la furia de una tempestad.

Esta curiosa revisitación del tema en Orfeo ed Euridice muestra muchas incongruencias: las más vistosas son la introducción de los personajes secundarios de Creonte y Arideo (Aristeo), que no tienen nada que ver con el mito original, narrado en las Geórgicas de Virgilio y en las Metamorfosis de Ovidio. Enigmático es el título mismo: L’anima del filosofo . ¿Quién es el filósofo? ¿Orfeo que ejercita el dominio sobre la naturaleza y transmite la fuerza encantadora de la música, o quizás el ánima del filósofo es Eurídice, o, tal vez, el mismo genio que lo conduce a los infiernos, como Hermes psicopompo o el Virgilio dantesco? El sentido de estas innovaciones se explican bien por la exigencia de introducir elementos nuevos en un asunto demasiado manido, bien por el deseo de encontrar ocasiones para arias doctrinales o moralizantes y llenas de sentencias, de acuerdo con el gusto filosófico de Badini, el traductor italiano de los Pensées de Pascal. También Haydn parece evitar analogías con los celebérrimos ejemplos gluckianos: Orfeo no tiene una aria frente a las puertas infernales, ni Eurídice cuando aparece por última vez. Los numerosos coros, más abundantes a dos y a veces a cuatro voces, son de excelente factura (como es de esperar de un consumado autor de música sacra y del futuro autor de La Creación y de Las Estaciones ) y el aria de Eurídice a punto de morir es muy sentida (“Del mio core”).

Gran relieve se da a la escritura orquestal, tanto en los ritornelos de las arias y de los duetos, como en los recitativos acompañados que preceden a las arias principales, sobre todo monostróficas o bipartitas. Inútil buscar, sin embargo, una coherencia dramatúrgica o un plano musical de gran factura, parangonable a los coetáneos ejemplos mozartianos; en el ámbito teatral Haydn aceptó y siguió las convenciones del género, reavivándolas tal vez con felices invenciones y una rica escritura musical con la atención puesta sin embargo en el canto, más que en el drama.

Esta información la hemos traducido, con errores, del italiano de aquí. Hay otros lugares, a los que hemos remitido con enlaces, donde hay más información en inglés.

En el Acto III, Escena III el genio que guía a Orfeo a los Infiernos canta la increíble aria Al tuo seno fortunato que aquí interpreta la espléndida Cecilia Bartoli. Es nuestro homenaje a “papá” (como le llamaban sus músicos en Esterháza) Haydn.

 

 

 

 

 

Al tuo seno fortunato

Stringerai l’amato bene,

Se tu serbi’l core armato

Di costanza e di valor.

Chi creò la terra e’l cielo,

tutto vede e tutto regge,

Ma l’adombra un sacro velo,

Cui non lice penetrar.

 

Abrazarás en tu afortunado seno

A tu amado bien,

Si conservas el corazón armado

De constancia y de valor.

Quien creó la tierra y el cielo,

Todo lo ve y todo lo rige,

Pero lo ensombrece un sagrado velo,

A quien no les está permitido entrar

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Seguimos con la miniserie dedicada a las secuelas del motivo de la mujer de Putifar en la mitología y la literatura griegas. José María Lucas dice respecto al siguiente triángulo:

 

La situación en el quinto triángulo (Atamante / Creteo / Demódica / Frixo) es más confusa y ello tanto en lo concerniente al propio relato mítico, como en su incidencia en la tragedia.

La figura de Atamante está esencialmente relacionada con la compleja peripecia derivada de sus tres matrimonios, en los que las sucesivas esposas, adoptando el tradicional papel de «madrastra» para con los hijos habidos en los matrimonios anteriores, intentan apartarlos en beneficio de los suyos propios.

Y en esta complicada madeja tienen una relevancia especial Frixo y Hele, los dos hijos de Atamante nacidos del primer matrimonio de Néfele. Ambos van a verse expuestos a una inmolación inmerecida, aunque al final serán liberados por la intervención de su madre, que les proporciona un carnero de toisón de oro en el que serán transportados por los aires hasta la Cólquida.

Las causas de esa pretendida culpabilidad de Frixo, que está a punto de acarrearle la muerte en una pira, son diversas según las tradiciones mitográfícas, aunque la interpretación general más extendida es la de que Ino, segunda esposa de Atamante, pretende acabar con la vida de Frixo y de su hermana en un intento de que sus propios hijos pasen así a ocupar un lugar preferente ante Atamante. Pues bien, en un momento dado se crea una variante muy distinta: Demódica, mujer de Creteo, que es a su vez hermano de Atamante, se enamora de su sobrino Frixo y trata de seducirlo en vano, tras lo cual lo calumnia ante Creteo y Atamante exigiendo el correspondiente castigo, punto éste de la variante en donde se retoma a la línea central en la que veíamos a Frixo a punto de ser inmolado en un altar.

 

 

frixoyhele

Otra historia que se puede relacionar con el tema de Putifar es la de Ocne, y Eunosto, que nos es transmitida por Plutarco (Aetia Romana et Graeca 300D-301B); también la poetisa Mírtide de Antedón (Edmonds, Lyra Graeca III, p. 3) trató el tema, como el propio Plutarco recuerda.

Ocna, hija de Colono, se enamora de Eunosto, nieto de Cefiso y Escíade. La joven le expresa sus sentimientos pero es rechazada, por lo que le acusa falsamente ante sus hermanos de que se había unido a ella por la fuerza (ς πρς βαν ατ συγγεγενημνον). Éstos tendieron una emboscada y mataron a Eunosto. Helieo los encarceló, pero Ocna, arrepentida, le contó la verdad y éste a Colono, el padre de la joven. Colono decidió desterrar a sus propios hijos y Ocna se arrojó por un precipicio. A Eunosto se le rindió culto en un santuario en el que se prohibía la entrada de las mujeres.

 

Τς Ενοστος ρως ν Τανγρ κα δι τνα αταν τ λσος ατο γυναιξν νμβατν στιν;’ ᾿Ελιως το Κηφισο κα Σκιδος Ενοστος ν υἱός, φασιν π νμφης Ενστας κτραφντι τοτο γενσθαι τονομα. καλς δ’ ν κα δκαιος οχ ττον ν σφρων κα αστηρς· ρασθναι δ’ ατο λγουσιν ῎Οχναν, μαν τν Κολωνο θυγατρων, νεψιν οσαν. πε δ πειρσαν Ενοστος πετρψατο κα λοιδορσας πλθεν ες τος δελφος κατηγορσων, φθασεν παρθνος τοτο πρξασα κατ’ κενου κα παρξυνε τος δελφος Εχεμον κα Λοντα κα Βουκλον ποκτεναι τν Ενοστον, ς πρς βαν ατ συγγεγενημνον. κενοι μν ον νεδρεσαντες πκτειναν τν νεανσκον. δ’ ᾿Ελιες κενους δησεν· δ’ ῎Οχνη μεταμελομνη κα γμουσα ταραχς, μα μν ατν παλλξαι θλουσα τς δι τν ρωτα λπης, μα δ’ οκτερουσα τος δελφος ξγγειλε πρς τν ᾿Ελια πσαν τν λθειαν, κενος δ Κολων. Κολωνο δ δικσαντος ο μν δελφο τς ῎Οχνης φυγον, ατ δ κατεκρμνισεν αυτν, ς Μυρτς ᾿Ανθηδονα ποιτρια μελν στρηκε. το δ’ Ενστου τ ρον κα τ λσος οτως νμβατον τηρετο κα προσπλαστον γυναιξν, στε πολλκις σεισμν αχμν διοσημιν λλων γενομνων ναζητεν κα πολυπραγμονεν πιμελς τος Ταναγραους, μ λληθε γυν τ τπ πλησισασα.

 

¿Quién es el héroe Eunosto de Tanagra y por qué razón su recinto sagrado es inaccesible a las mujeres?

Eunosto era hijo de Elieo, hijo del Cefiso, y de Escíade, el cual dicen lleva este nombre por haber sido criado por la ninfa Eunosta. Siendo hermoso y justo, no era menos sensato y austero. Dicen que se enamoró de él Ocna, una de las hijas de Colono, que era su prima. Pero después que Eunosto la rechazó a ella que lo pretendía e injuriándola fue ante sus hermanos para acusarla, la doncella se le adelantó a hacer esto e incitó a sus hermanos Óquemo, León y Búcolo a que lo mataran, porque se había unido a ella por la fuerza. Y éstos tras tenderle una emboscada mataron al muchacho. Y Elieo los encarceló. Pero Ocna arrepentida y llena de turbación, queriendo a la vez librarse ella misma de la pena de amor y al tiempo sintiendo lástima por sus hermanos contó a Elieo toda la verdad, y aquél a Colono. Y habiéndolo decidido Colono los hermanos fueron desterrados y ella se tiró por un precipicio, como la poetisa Mírtide de Antedón cuenta en un poema. El santuario y recinto sagrado de Eunosto era mantenido inaccesible e inabordable para las mujeres hasta tal punto que, cuando se producían terremotos, sequías o tormentas los tanagrenses buscaban e investigaban no fuera que alguna mujer se hubiera acercado al lugar.

Mercedes López Salvá, en su artículo El tema de Putifar en la literatura arcaica y clásica griega en su relación con la del Próximo Oriente escribe:

Farnell, en Greek Hero Cults and Ideas of Immortality, Oxford, 1921, página 88, afirma que esta leyenda podía en origen responder a un ritual agrícola. Eunosto, piensa, es el poder que da «un buen retorno» a las cosechas. De hecho, a su muerte, cuenta la leyenda, una plaga de hambre y sequía asoló su ciudad. Además el nombre de sus progenitores lo pone en relación con la oscuridad y las aguas pantanosas, lo que podría estar en relación con el mundo de ultratumba. Los nombres de los hermanos de Ocna —Búcolo, León y Oquemo— pueden interpretarse como nombres parlantes y Búcolo, el que físicamente dio muerte a Eunosto podría representar el poder de la ganadería frente al de la agricultura representado por Eunosto. El poema sumerio de Dumuzi y Enkimdu refleja esa oposición, lo mismo, probablemente, que la historia bíblica de Caín y Abel, y la de Osiris y Seth. Por otra parte, el nombre de ῎Οχνη, etimológicamente “peral”, nos evoca el episodio del cuento egipcio de los dos hermanos, en que Bata se había convertido en un melocotonero, rasgos que apuntan al «realismo mágico» de los rituales de fertilidad de las culturas mediterráneas. Este relato tiene además el aspecto de un cuento etiológico que explica la causa por la que no se permitía a las mujeres la entrada en el templo del héroe.

 

 

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ME MEten en un lío

Recibo con sorpresa una “nominación” de Domingo para seguir con un o una meme, pues no sé exactamente qué género tiene la palabreja. He de reconocer que no soy dado a estas cosas, pero… seguiremos la rueda.

Las reglas son:

– Subir la imagen del meme e incluir la fuente.
– Subir las reglas
– Compartir 3 cosas que nunca haya hecho, pero que me gustaría hacer.
– Compartir 3 cosas que nunca haya hecho y que nunca haría.
– Elegir a 3 personas para que continúen el meme
– Avisarles dejando un comentario en su blog.

Vamos, pues, a cumplir con las reglas.

 

vampirito

 

1. Subir la imagen del meme  (arriba está) e incluir la fuente.

2. Subir las reglas. Está hecho más arriba.

3. Compartir 3 cosas que nunca haya hecho, pero que me gustaría hacer. Allá van:

a. Dirigir a la Filarmónica de Berlín, a la de Viena, a la orquesta del Concertgebouw de Amsterdam o a otra cualquiera una sinfonía de Mahler, Bruckner o Muerte y Transfiguración de Strauss.

 

 

b. Viajar en el Transiberiano o, en su defecto, recorrer el camino que hizo Miguel Strogoff en la novela de Verne.

c. Volar.
Compartir 3 cosas que nunca haya hecho y que nunca haría. Son éstas:

a. Fumar. Por lógica.

b. Blasfemar. Por respeto.

c. Ir desnudo por la calle. Por vergüenza y pudor.

Elegir a 3 personas para que continúen el meme. Los nominados son:

Ana, de quien he aprendido tantas cosas y siempre me ha escuchado con atención, como se hace con los amigos.

Merche, porque me ha demostrado siempre un gran aprecio y una gran amistad y por su compromiso con la verdadera educación.

José Juan, por su perseverancia, su entusiasmo, sus reflexiones, por ser tan “manegueta” y por las caminatas hechas en su compañía.

 

Avisarles dejando un comentario en su blog. Ahora procedo.

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Martes y 13

 Este día de la semana y este número tradicionalmente han tenido fama de traer mala suerte. Eso para los supersticiosos. La fecha me ha recordado una obra de Teofrasto, Caracteres, y dentro de ella el capítulo dedicado a la superstición.
Ya hablamos de esta obra en otro lugar, al que ahora remitimos.

 

 En el pasaje que ofrecemos encontramos supersticiones distintas de las actuales (la comadreja, que muchas veces hacía de gato en Grecia, se mantiene, aunque no hay referencia al color negro).
 
No está la sal derramada, el espejo roto, pasar por debajo de la escalera, el paraguas abierto en el interior, el número trece… pero sí una serie de estrambóticas manías de un auténtico supersticioso.
 

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ΔΕΙΣΙΔΑΙΜΟΝΙΑΣ
᾿Αμέλει ἡ δεισιδαιμονία δόξειεν <ἂν> εἶναι δειλία πρὸς τὸ δαιμόνιον, ὁ δὲ δεισιδαίμων τοιοῦτός τις, οἷος ἐπιτυχὼν ἐκφορὰ ἀπονιψάμενος τἀς χεῖρας καὶ περιρρανάμενος ἀπὸ ἱεροῦ δάφνην εἰς τὸ στόμα λαβὼν οὕτω τὴν ἡμέραν περιπατεῖν. καὶ τὴν ὁδὸν ἐὰν ὑπερδράμῃ γαλῆ, μὴ πρότερον πορευθῆναι, ἕως διεξέλθῃ τις ἢ λίθους τρεῖς ὑπὲρ τῆς ὁδοῦ διαβάλῃ. καὶ ἐὰν ἴδῃ ὄφιν ἐν τῇ οἰκίᾳ , ἐὰν παρείαν, Σαβάζιον καλεῖν, ἐὰν δὲ ἱερόν, ἐνταῦθα ἡρῷον εὐθὺς ἱδρύσασθαι. καὶ τῶν λιπαρῶν λίθων τῶν ἐν ταῖς τριόδοις παριὼν ἐκ τῆς ληκύθου ἔλαιον καταχεῖν καὶ ἐπὶ γόνατα πεσὼν καὶ προσκυνήσας ἀπαλλάττεσθαι. καὶ ἐὰν μῦς θύλακον ἀλφίτων διαφάγῃ, πρὸς τὸν ἐξηγητὴν ἐλθὼν ἐρωτᾶν, τί χρὴ ποιεῖν, καὶ ἐὰν ἀποκρίνηται αὐτῷ ἐκδοῦναι τῷ σκυτοδέψῃ ἐπιρράψαι, μὴ προσέχειν τούτοις, ἀλλ’ ἀποτραπεὶς ἐκθύσασθαι. καὶ πυκνὰ δὲ τὴν οἰκίαν καθᾶραι δεινὸς ῾Εκάτης φάσκων ἐπαγωγὴν γεγονέναι.
Κἂν γλαῦκες βαδίζοντος αὐτοῦ ταράττωνται, [καὶ] εἴπας· ᾿Αθηνᾶ κρείττων, παρελθεῖν οὕτω. καὶ οὔτε ἐπιβῆναι μνήματι οὔτ’ ἐπὶ νεκρὸν οὔτ’ ἐπὶ λεχὼ ἐλθεῖν ἐθελῆσαι, ἀλλὰ τὸ μὴ μιαίνεσθαι συμφέρον αὑτῷ φῆσαι εἶναι. καὶ ταῖς τετράσι δὲ καὶ ἑβδόμαις προστάξας οἶνον ἕψειν τοῖς ἔνδον, ἐξελθὼν ἀγοράσαι μυρσίνας, λιβανωτόν, πόπανα καὶ εἰσελθὼν εἴσω στεφανοῦν τοὺς ῾Ερμᾶς, ἀφρονεῖν ὅλην τὴν ἡμέραν. καὶ ὅταν ἐνύπνιον ἴδῃ, πορεύεσθαι πρὸς τοὺς ὀνειροκρίτας, πρὸς τοὺς μάντεις, πρὸς τοὺς ὀρνιθοσκόπους, ἐρωτήσων, τίνι θεῶν ἢ θεᾷ προσεύχεσθαι δεῖ.
καὶ τελεσθησόμενος πρὸς τοὺς ᾿Ορφεοτελεστὰς κατὰ μῆνα πορεύεσθαι μετὰ τῆς γυναικός ἐὰν δὲ μὴ σχολάζῃ ἡ γυνή, μετὰ τῆς τίτθης καὶ τῶν παιδίων. καὶ τῶν περιρραινομένων ἐπὶ θαλάττης ἐπιμελῶς δόξειεν ἀν εἶναι. κἄν ποτε ἐπίδῃ σκορόδῳ ἐστεμμένον τῶν ἐπὶ ταῖς τριόδοις, ἀπελθὼν κατὰ κεφαλῆς λούσασθαι καὶ ἱερείας καλέσας σκίλλῃ ἢ σκύλακι κελεῦσαι αὑτὸν περικαθᾶραι. μαινόμενον δὲ ἰδὼν ἢ ἐπίληπτον φρίξας εἰς κόλπον πτύσαι. 

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En efecto, la superstición parece ser un amedrentamiento respecto a lo sobrenatural. El supersticioso se comporta de la siguiente manera. Tras haberse lavado las manos y purificado en la fuente de “Los tres caños” y después de haber cogido una ramita de laurel del templo, se pasea durante todo el día con ella en la boca. En el caso de que una comadreja se atraviese en su camino, no sigue andando hasta que no pase alguien o bien él haya lanzado tres piedras por encima de su sendero. Cuando ve una serpiente en su casa, si es carrilluda, invoca a Sabacio; si es sagrada, erige en seguida un altar en aquel preciso lugar. Al pasar por el lado de esas piedras relucientes que hay en las encrucijadas, vierte el aceite de su lecito y no se aleja sin antes haberse arrodillado y haberlas adorado. En el caso de que un ratón haya roído un saco de cebada, se presenta ante el intérprete y le consulta qué debe hacer. Si le responde que lo dé a un curtidor para remendarlo, no se contenta con eso, sino que hace un sacrificio para verse librado del maleficio. Continuamente purifica su casa, por pretender que sobre ella pesa un conjuro de Hécate.
Si las lechuzas se alborotan a su paso, él pronuncia la fórmula incantatoria: “Atenea es más fuerte”, y tras esta cautela, sigue su camino. Procura no pisar una tumba, ni acercarse a un cadáver o a una parturienta, pues asegura que no le conviene contaminarse. El día cuatro y siete de cada mes, después de ordenar a los de casa que preparen el vino caliente, se va al mercado a comprar unas ramas de mirto, incienso y pasteles sagrados. A su regreso se pasa el día entero coronando a los Hermafroditos. Cuando tiene un sueño, acude a los intérpretes de visiones oníricas, a los adivinos y a los augures para que averigüen a qué dios o diosa debe suplicar. Visita a los sacerdotes de Orfeo con la intención de renovar su iniciación en los Misterios todos los meses en compañía de su mujer (o de la nodriza, en el caso de que aquélla se encuentre ocupada) y de los niños.
También podría ser de los que realizan abluciones meticulosamente a la orilla del mar. Si en alguna ocasión ve a uno de esos hombres coronados con ajos que se encuentran en las encrucijadas de los caminos, al volver a su casa, se lava desde la cabeza hasta los pies y, después de llamar a las sacerdotisas, les pide que le purifiquen con una cebolla albarrana o un cachorro. La vista de un loco o de un epiléptico le produce estremecimientos y, en consecuencia, escupe en el pliegue de su ropaje.

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La traducción des de Elisa Ruiz García, en Gredos, de quien ofrecemos también las siguientes notas:

1. En la Antigüedad el tres era considerado, originariamente, un número fatídico. Poco a poco fue perdiendo este valor y quedó convertido en una forma expresiva de carácter aumentativo.

2. Sabacio era una divinidad de procedencia tracofrigia, de carácter orgiástico, que pronto fue identificada con Dioniso en el mundo griego. La serpiente en Atenas era un animal frecuente. Su presencia siempre se interpretaba como un signo sobrenatural. En el culto a Sabacio ocupaba un lugar importante el tipo de ofidio aquí mencionado (la carrilluda).

3. El lecito era un recipiente de cuello largo, empleado especialmente para contener aceites y perfumes. El que lleve tal objeto quizá sea un signo más, característico de este grotesco personaje, el cual camina pertrechado para toda eventualidad.

4. Hécate era una diosa ctónica relacionada con el mundo de la magia y de los hechizos.

5. Los días 4 y 24 eran considerados nefastos. Quizá hay que interpretar el séptimo día empezando por atrás. Los griegos dividían el mes en tres períodos de diez días. La última década solían designarla de manera regresiva, añadiendo ἐπ᾿ εἰκάδι (sobre veinte). Con este sistema de cómputo, el día séptimo, respecto de los que quedan para finalizar el mes, coincide con el 24. El día 4 estaba consagrado a Hermes.

6. La referencia a la cebolla y el cachorro está en un pasaje de significado dudoso. Probablemente se trata de un empleado que tenía por misión limpiar los restos depositados en calidad de ofrendas ante las estatuas de Hécate, ubicadas en las encrucijadas de los caminos. Esta persona llevaría unos ajos, ya que en la Antigüedad se consideraba que eran unos bulbos depurativos. El espíritu enfermizo del supersticioso hace que se precipite a purificarse por miedo a de que la simple visión de la escena callejera le contamine.

7. Escupir era un gesto de carácter apotropaico.
 
En fin, nos queda la referencia al número 13, que ha provocado ese miedo irracional a dicha cifra llamada, en griego (¿cómo no?) triscaidekafobia (en griego trece se dice τρισκαίδεκα y miedo φόβος).

 

 

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En fin, no debería decirlo, porque no soy supersticioso, pero esta entrada me ha costado Dios y ayuda publicarla. Lo atribuyo a un fallo temporal en el editor de WordPress y no a la influencia negativa del 13, el martes, el gato negro, la sal derramada o el espejo roto.

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Conviene ahora que, tras haber escuchado el Lied schubertiano que toma la letra del poema de Goethe conozcamos más en profundidad el mito de Prometeo.

La principal fuente para conocer el mito la tenemos en la Teogonía de Hesíodo, y más en concreto, en los versos 535 al 616, que podemos seguir aquí en el original griego.

Nosotros ofrecemos la traducción de Aurelio Pérez Jiménez en la editorial Gredos.

 El mito

 

Ocurrió que cuando dioses y hombres mortales se separaron en Mecona, Prometeo presentó un enorme buey que había dividido con ánimo resuelto, pensando engañar la inteligencia de Zeus. Puso, de un lado, en la piel, la carne y ricas vísceras con la grasa, ocultándolas en el vientre del buey. De otro, recogiendo los blancos huesos del buey con falaz astucia, los disimuló cubriéndolos de brillante grasa. Entonces se dirigió a él el padre de hombres y dioses:

– ¡Japetónida, el más ilustre de todos los dioses, amigo mío, cuan parcialmente hiciste el reparto de lotes!

Así habló en torno de burla Zeus, conocedor de inmortales designios. Le respondió el astuto Prometeo con una leve sonrisa y no ocultó su falaz astucia:

– ¡Zeus, el más ilustre y poderoso de los dioses sempiternos! Escoge de ellos el que en tu pecho te dicte el corazón. Habló ciertamente con falsos pensamientos.

Y Zeus, sabedor de inmortales designios, conoció y no ignoró el engaño; pero estaba proyectando en su corazón desgracias para los hombres mortales e iba a darles cumplimiento. Cogió con ambas manos la blanca grasa. Se irritó en sus entrañas y la cólera le alcanzó el corazón cuando vio los blancos huesos del buey a causa de la falaz astucia. Desde entonces sobre la tierra las tribus de hombres queman para los inmortales los blancos huesos cuando se hacen sacrificios en los altares.

Y a aquél díjole Zeus amontonador de nubes, terriblemente indignado:

– ¡Hijo de Jápeto, conocedor de los designios sobre todas las cosas, amigo mío, ciertamente no estabas ya olvidándote de tu falaz astucia!

Así dijo lleno de cólera Zeus, conocedor de inmortales designios. Y desde entonces tuvo siempre presente este engaño y no dio la infatigable llama del fuego a los fresnos, los hombres mortales que habitan sobre la tierra.

Pero le burló el sagaz hijo de Jápeto escondiendo el brillo que se ve de lejos del infatigable fuego en una hueca cañaheja.

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Entonces hirió de nuevo el alma de Zeus altitonante y le irritó su corazón cuando vio entre los hombres el brillo que se ve de lejos del fuego. Y al punto, a cambio del fuego, preparó un mal para los hombres: modeló de tierra el ilustre Patizambo una imagen con apariencia de casta doncella, por voluntad del Crónida.

La diosa Atenea de ojos glaucos le dio ceñidor y la adornó con vestido de resplandeciente blancura; la cubrió desde la cabeza con un velo, maravilla verlo, bordado con sus propias manos; y con deliciosas coronas de fresca hierba trenzada con flores, rodeó sus sienes Palas Atenea. En su cabeza colocó una diadema de oro que el mismo cinceló con sus manos, el ilustre Patizambo, por agradar a su padre Zeus.

En ella había artísticamente labrados, maravilla verlos, numerosos monstruos, cuantos terribles cría el continente y el mar; de ellos grabó muchos aquél, y en todos se respiraba su arte, admirables, cual seres vivos dotados de voz. Luego que preparó el bello mal, a cambio de un bien, la llevó donde estaban los demás dioses y los hombres, engalanada con los adornos de la diosa de ojos glaucos, hija de poderoso padre; y un estupor se apoderó de los inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el espinoso engaño, irresistible para los hombres. Pues de ella desciende la estirpe de femeninas mujeres. Gran calamidad para los mortales, con los varones conviven sin conformarse con la funesta penuria, sino con la saciedad.

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Como cuando en las abovedadas colmenas las abejas alimentan a los zánganos, siempre ocupados en miserables tareas aquéllas durante todo el día hasta la puesta del sol diariamente se afanan y hacen blancos panales de miel, mientras ellos aguardando dentro, en los recubiertos panales, recogen en su vientre el esfuerzo ajeno-, así también desgracia para los hombres mortales hizo Zeus altitonante a las mujeres, siempre ocupadas en perniciosas tareas. Otro mal les procuró a cambio de aquel bien: El que huyendo del matrimonio y las terribles acciones de las mujeres no quiere casarse y alcanza la funesta vejez sin nadie que le cuide, éste no vive falto de alimento; pero al morir, los parientes se reparten su hacienda.

Y a quien, en cambio, le alcanza el destino del matrimonio y consigue tener una mujer sensata y adornada de recato, éste, durante toda la vida, el mal equipara constantemente al bien. Y quien encuentra una mujer desvergonzada, vive sin cesar con la angustia en su pecho, en su alma y en su corazón; y su mal es incurable. De esta manera no es posible engañar ni transgredir la voluntad de Zeus; pues ni siquiera el Japetónida, el remediador Prometeo, logró librarse de su terrible cólera, sino que por la fuerza, aunque era muy astuto, le aprisionó una enorme cadena.

  

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Los santorales discrepan en cuanto a su fiesta: unos dicen que es el 9 de marzo y otros el 10 de enero, o sea, hoy. Nosotros preferimos la segunda de las fechas y le dedicamos nuestro artículo de hoy.

Nació alrededor del 335 d. C. en Cesarea, pero fue llamado de Nisa por su sede episcopal. Fue hermano menor de Basilio el Grande.

Lo que sigue lo hemos tomado de un discurso de Benedicto XVI:

Hombre de carácter meditativo, con gran capacidad de reflexión y una inteligencia despierta, abierta a la cultura de su tiempo. Fue un pensador original y profundo en la historia del cristianismo. Su formación cristiana fue atendida particularmente por su hermano Basilio, definido por él «padre y maestro » (Epístola 13,4: SC 363,198), y por su hermana Macrina. En sus estudios, le gustaba particularmente la filosofía y la retórica. En un primer momento se dedicó a la enseñanza y se casó. Después, como su hermano y su hermana, se dedicó totalmente a la vida ascética. Más tarde, fue elegido obispo de Nisa, convirtiéndose en pastor celoso, conquistando la estima de la comunidad. Acusado de malversaciones económicas por sus adversarios herejes, tuvo que abandonar brevemente su sede episcopal, pero después regresó triunfalmente (Cf. Epístola 6: SC 363,164-170), y siguió comprometiéndose en la lucha por defender la auténtica fe.

Tras la muerte de Basilio, como recogiendo su herencia espiritual, cooperó sobre todo en el triunfo de la ortodoxia. Participó en varios sínodos; trató de dirimir los enfrentamientos entre las Iglesias; participó en la reorganización eclesiástica y, como «columna de la ortodoxia», fue uno de los protagonistas del Concilio de Constantinopla del año 381, que definió la divinidad del Espíritu Santo.

Tuvo varios encargos oficiales por parte del emperador Teodosio, pronunció importantes homilías y discursos fúnebres, compuso varias obras teológicas. En el año 394 volvió a participar en un sínodo que se celebró en Constantinopla. Se desconoce la fecha de su muerte.

Gregorio expresa con claridad la finalidad de sus estudios, objetivo supremo al que dedica su trabajo teológico: no entregar la vida a cosas banales, sino encontrar la luz que permita discernir lo que es verdaderamente útil (Cf. In Ecclesiasten hom. 1: SC 416,106-146).

Encontró este bien supremo en el cristianismo, gracias al cual es posible «la imitación de la naturaleza divina» (De professione christiana: PG 46, 244C). Con su aguda inteligencia y sus amplios conocimientos filosóficos y teológicos, defendió la fe cristiana contra los herejes, que negaban la divinidad del Espíritu Santo (como Eunomio y los macedonios), o ponían en tela de juicio la perfecta humanidad de Cristo (como Apolinar). Comentó la Sagrada Escritura, meditando en la creación del hombre. La creación era para él un tema central. Veía en la criatura un reflejo del Creador y a partir de aquí encontraba el camino hacia Dios.
Pero también escribió un importante libro sobre la vida de Moisés, a quien presenta como hombre en camino hacia Dios: esta ascensión hacia el Monte Sinaí se convierte para él en una imagen de nuestra ascensión en la vida humana hacia la verdadera vida, hacia el encuentro con Dios. Interpretó también la oración del Señor, el Padrenuestro y las Bienaventuranzas.

En su «Gran discurso catequístico» (Oratio catechetica magna), expuso las líneas fundamentales de la teología, no de una teología académica, cerrada en sí misma, sino que ofreció a los catequistas un sistema de referencia para sus enseñanzas, como una especie de marco en el que se mueve después la interpretación pedagógica de la fe.

Gregorio, además, es insigne por su doctrina espiritual. Su teología no era una reflexión académica, sino la expresión de una vida espiritual, de una vida de fe vivida. Como gran «padre de la mística» presentó en varios tratados, como el De professione christiana y el «De perfectione christiana, el camino que los cristianos tienen que emprender para alcanzar al verdadera vida, la perfección.

Pronunció varios discursos y homilías, escribió numerosas cartas. Comentando la creación del hombre, Gregorio subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. A causa de la superioridad del alma, y gracias a la misma conformación del cuerpo, hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» (De hominis opificio 4: PG 44,136B).

Pero vemos cómo el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce la verdadera realeza. Por este motivo, para desempeñar una verdadera responsabilidad ante las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. El hombre, de hecho, es un reflejo de esa belleza original que es Dios: «Todo lo que creó Dios era óptimo», escribe el santo obispo. Y añade: «Lo testimonia la narración de la creación (Cf. Génesis 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como la que era semejante a la belleza pura e incorruptible?… Reflejo e imagen de la vida eterna, él era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro» (Homilia in Canticum 12: PG 44,1020C).

 

Como ejemplo de la obra de Gregorio de Nisa, ofrecemos un fragmento de la Epístola a Armonio o De professione christiana.

Su tratado ¿Qué significan el nombre y la profesión de los cristianos? se presenta como una carta dirigida a un tal Armonio. No se trata de un artificio literario, pues Armonio le había escrito, efectivamente, varias veces. Como compara a su corresponsal con el plectro que ha hecho sonar las cuerdas de su vieja lira, podemos deducir que Gregorio lo escribió en los últimos años de su vida. Define la profesión cristiana como “la imitación de la naturaleza divina.” Se adelanta a la objeción de Armonio de que eso seria “demasiado elevado para la bajeza de nuestra naturaleza,” y aprovecha la ocasión para tocar una de las enseñanzas fundamentales de su teología de la vida espiritual, a saber: la doctrina del hombre como imagen de Dios:

Que nadie vaya a rechazar la definición por exagerada y porque excede la humildad de nuestra naturaleza, pues no ha salido de los límites de la naturaleza. Si alguno considerara el estado primitivo del hombre, se percataría, por las enseñanzas de las Escrituras, que la definición no ha excedido la medida de nuestra naturaleza, por cuanto que la condición primera del hombre fue a imitación de la semejanza de Dios. Así comenta sobre el hombre Moisés, cuando dice: “Dios hizo al hombre, a imagen de Dios lo hizo” (Gen 1,27). La profesión del cristianismo es, pues, restablecer al hombre en su felicidad original. Si antiguamente el hombre fue imagen de Dios, quizás no ha sido un despropósito la definición que hemos dado cuando hemos afirmado que el cristianismo es imitación de la naturaleza divina (244C-D).

 

 

ΓΡΗΓΟΡΙΟΥ ΕΠΙΣΚΟΠΟΥ ΝΥΣΣΗΣ

ΠΡΟΣ ΑΠΜΟΝΙΟΝ ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΤΙ ΤΟΥ XΡΙΣΤΙΑΝΟΥ ΕΠΑΓΓΕΛΜΑ

Τ το Xριστιανο τ πγγελμα; τχα γὰρ οκ ξω το λυσιτελοντος περ τοτου σκψις γενσεται. ε γρ κριβς ερεθεη τ διὰ το νματος τοτου δηλομενον, πολλν ν λβοιμεν πρς τν κατ’ ρετν βον συνεργαν, ληθς περ νομαζμεθα  τοτο κα εναι διὰ τς ψηλς πολιτεας σπουδζοντες. σπερ γρ εἴ τις ατρς ἢ ῥήτωρ ἢ γεωμτρης καλεσθαι ποθσειεν, οκ ἂν δξαιτο τ παιδευσίᾳ  τὴν ἐπωνυμίαν ἐλέγχεσθαι, μὴ εὑρισκόμενος ἐπὶ τῆς πείρας ὃ ὀνομάζεται, ἀλλ’ ὁ κατὰ ἀλήθειάν τι τούτων προσαγορεύεσθαι θέλων, ὡς ἂν μὴ ψευδώνυμος ἡ κλῆσις ἐλέγχοιτο, αὐτῷ τῷ ἐπιτηδεύματι τὴν προσηγορίαν πιστώσεται· τὸν αὐτὸν καὶ ἡμεῖς τρόπον, εἴπερ τὸν ἀληθῆ σκοπὸν τοῦ Xριστιανοῦ ἐπαγγέλματος ἐξετάζοντες εὕροιμεν, οὐκ ἂν ἑλοίμεθα μὴ εἶναι τοῦτο, ὅπερ τὸ ὄνομα ὑπὲρ ἡμῶν ἐπαγγέλλεται, ὡς ἂν μὴ τὸ περὶ τοῦ πιθήκου διήγημα τὸ παρὰ τοῖς ἔξω περιφερόμενον καὶ ἡμῖν ἐφαρμόσειε. φασὶ γάρ τινα τῶν θαυματοποιῶν ἐπὶ τῆς ᾿Αλεξάνδρου πόλεως ἀσκήσαντα πίθηκον διὰ τινος εὐστροφίας ὀρχηστικῶς σχηματίζεσθαι, περιθεῖναι δὲ αὐτῷ πρόσωπόν τε ὀρχηστικὸν καὶ ἐσθῆτα τῷ ἐπιτηδεύματι πρόσφορον καὶ χορὸν αὐτῷ περιστήσαντα ἐνευδοκιμεῖν τῷ πιθήκῳ πρὸς τὸν τοῦ μέλους ῥυθμὸν ἑαυτὸν ἐκλυγίζοντι καὶ διὰ πάντων ἐπικρυπτομένῳ τὴν φύσιν, οἷς ἐποίει τε καὶ ἐφαίνετο. κατεχομένου δὲ τοῦ θεάτρου πρὸς τὸ καινοπρεπὲς τοῦ θεάματος παρόντατινά τῶν ἀστειοτέρων παιδιά τινι δεῖξαι τοῖς προσκεχηνόσι τῷ θεάματι πίθηκον ὄντα τὸν πίθηκον. ἐπιβοώντων γὰρ πάντων καὶ ἐπικροτούντων ταῖς τοῦ πιθήκου περιστροφαῖς εὐρύθμως πρὸς τὴν ᾠδὴν καὶ τὸ μέλος συγκινουμένου, ῥίψαι φασὶν αὐτὸν ἐπὶ τῆς ὀρχήστρας τῶν τραγημάτων ἐκεῖνα ὅσα τὴν λιχνείαν τῶν τοιούτων θηρίων ἐφέλκεται· τὸν δὲ μηδὲν μελλήσαντα, ἐπειδὴ διασπαρέντα εἶδε πρὸ τοῦ χοροῦ τὰ ἀμύγδαλα, ἐκλαθόμενον τῆς τε ὀρχήσεως καὶ τῶν κρότων καὶ τῶν τῆς ἐσθῆτος καλλωπισμῶν ἐπιδραμεῖν τε αὐτοῖς καὶ ταῖς τῶν χειρῶν παλάμαις ἐγκρατεῖν τἀ εὑρισκόμενα· καὶ ὡς ἂν μὴ ἐμποδὼν εἴη τὸ προσωπεῖον τῷ στόματι, περιαιρεῖσθαι κατὰ σπουδὴν ἑαυτοῦ τοῖς ὄνυξι τὴν σεσοφισμένην μορφὴν περιθρύπτοντα, ὥστε αὐτὸν ἀθρόως γέλωτα κινῆσαι τοῖς θεαταῖς ἀντὶ τῶν ἐπαίνων τε καὶ τοῦ θαύματος, εἰδεχθῶς καὶ  γελοίως ἐκ τῶν τοῦ προσωπείου λειψάνων διαφαινόμενον. ὥσπερ οὖν οὐκ ἐπήρκεσεν ἐκείνῳ τὸ σεσοφισμένον σχῆμα πρὸς τὸ νομισθῆναι ἄνθρωπον, ἀπελεγχθείσης ἐν τῇ λιχνείᾳ τῶν τραγημάτων τῆς φύσεως, οὕτως οἱ μὴ ἀληθῶς αὐτὴν τὴν φύσιν ἑαυτῶν τῇ πίστει μορφώσαντες ῥᾳδίως ἐν ταῖς τοῦ διαβόλου λιχνείαις ἀπελεγχθήσονται ἄλλο τι ὄντες παρ’ ὃ ἐπαγγέλλονται. ἀντὶ γὰρ ἰσχάδος ἢ ἀμυγδάλης ἢ τῶν τοιούτων τινὸς τὸ κενόδοξον καὶ φιλότιμον καὶ τὸ φιλοκερδὲς καὶ φιλήδονον καὶ ὅσα ἄλλα τοιαῦτα ἡ κακὴ τοῦ διαβόλου ἀγορὰ τοῖς λίχνοις τῶν ἀνθρώπων ἀντὶ τραγημάτων προτιθεῖσα ῥᾳδίως εἰς ἔλεγχον ἄγει τὰς πιθηκώδεις ψυχάς, οἲ διὰ μιμήσεως ἐσχηματισμένης τὸν χριστιανισμὸν ὑποκρίνονται, τὸ τῆς σωφροσύνης ἢ τὸ τῆς πραότητος ἤ τινος ἄλλης ἀρετῆς προσωπεῖον ἐν τῷ καιρῷ τῶν παθημάτων ἑαυτοῖς ἀφανίζοντες. οὐκοῦν ἀναγκαῖον ἂν εἴη νοῆσαι τοῦ χριστιανισμοῦ τὸ ἐπάγγελμα· τάχα γὰρ ἂν τοῦτο γενοίμεθα, ὅπερ τὸ ὄνομα βούλεται, ἵνα μὴ ψιλῇ τῇ ὁμολογίᾳ  καὶ τῷ προσχήματι τοῦ ὀνόματος μόνου μεταμορφούμενοι, ἄλλο τι παρὰ τὸ φαινόμενον ὄντες, τῷ τὰ κρυπτὰ καθορῶντι ἐπιδειχθείημεν.

 

¿Qué significa ser cristiano? (Epístola ad Armonium, 4-11)

¿Qué significa ser cristiano? Seguro que la consideración de este asunto nos deparará mucho provecho.

En efecto, si captamos con precisión lo que se significa con este nombre (cristiano), recibiremos gran ayuda para vivir virtuosamente. Pues nos esforzaremos, mediante una conducta más elevada, en ser realmente lo que nos llamamos.

Así le sucede, por ejemplo, al que se llama médico, orador o geómetra: no deja que se le prive de este titulo a causa de su incompetencia, como le ocurriría si en el ejercicio de su profesión se le encontrara sin la experiencia debida. Por el contrario, como no quiere que su nombre se le aplique falsamente, se esfuerza por hacerlo verdadero en su trabajo. Lo mismo debe apreciarse en nosotros. Si buscamos el verdadero sentido de ser cristiano no querremos apartarnos de lo que significa el nombre que llevamos, para que no se emplee contra nosotros la anécdota de la mona, tan divulgada entre los paganos.

Cuentan que en la ciudad de Alejandría un titiritero había domesticado a una mona para que danzase. Aprovechando su facilidad para adoptar los pasos de la danza, le puso una máscara de danzante y la cubrió con un vestido apropiado. Le puso unos músicos y se hizo famoso con el simio, que se contoneaba con el ritmo de la melodía. El animal, gracias al disfraz, ocultaba su naturaleza en todo lo que hacía. El público estaba sorprendido por la novedad del espectáculo; pero había un niño mas astuto, que mostró a los espectadores boquiabiertos que la mona no era más que una mona.

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Mientras los demás aclamaban y aplaudían la agilidad del simio, que se movía conforme al canto y la melodía, el chico arrojó sobre la orquesta golosinas que excitan la glotonería de estos animales. Cuando la mona vio las almendras esparcidas delante del coro, sin pensarlo más, olvidada enteramente de la música, de los aplausos y de los adornos de la vestimenta, corrió hacia ellas. Cogió con las manos todas las que encontró y, para que la máscara no estorbase a la boca, se quitó con las uñas apresuradamente la engañosa apariencia que la revestía. De este modo, en vez de admiración y elogios, provocó la risa del público, puesto que, bajo los restos del disfraz, aparecía risible y ridícula.

La falsa apariencia no le fue suficiente a la mona para que la considerasen un ser humano, pues su verdadera naturaleza se descubrió en su glotonería por las chucherías. Así, también serán descubiertos por las golosinas del diablo aquellos que no conformen realmente su naturaleza a la fe cristiana y sean una cosa distinta de lo que profesan.

En efecto, la vanagloria, la ambición, el afán de riquezas y de placer, y todas las demás cosas que constituyen la perversa mercancía del diablo son presentados como chucherías a la avidez de los hombres, en lugar de higos, almendras o cualquiera de esas cosas. Esto es precisamente lo que lleva a descubrir con facilidad a las almas simiescas: quienes simulan el cristianismo con fingimiento hipócrita, se quitan la máscara de la templanza, de la mansedumbre o de cualquier otra virtud en el tiempo de la prueba.

Es necesario conocer la tarea que lleva consigo llamarse cristiano. Sólo así llegaremos a ser de verdad lo que el nombre exige, para que no suceda que, si nos revestimos con el mero ropaje del nombre, aparezcamos ante Aquél que ve en lo escondido como algo distinto de lo que aparentamos ser en lo exterior.

 

Raffaele Cantarella en La Literatura Griega de la Época Helenística e Imperial (Losada, 1972) dice del Niseno:

En la tradición de la enseñanza de orígenes y con evidentes influencias que, a través de Filón y Posidonio se remontan a Platón, Gregorio es uno de los teólogos que más han contribuido a la definición de algunos dogmas fundamentales de la ortodoxia; desde este punto de vista tiene suma importancia el Gran discurso catequístico. En al exégesis, las tendencias históricas lo han llevado quizá a conceder excesiva importancia a la interpretación alegórica. A pesar del desacuerdo de algunas opiniones autorizadas, puede ser considerado uno de los más grandes pensadores cristianos y de los tres capadocios (Basilio, Gregorio Nacianceno y él mismo), el más dotado de aptitudes especulativas, si bien no siempre con la precisión de un Basilio o la claridad de su homónimo, el Nacianceno. Como escritor suele reprochársele el abuso de los recursos retóricos, pero algunos discursos, por ejemplo, aquel por la muerte de su hermano, y la Vida de la hermana, están penetrados de una sincera emoción. El Diálogo con Macrina es literalmente estimable, incluso por el empeño de aproximarse al inmortal modelo platónico. Como hemos recordado, su prosa es un notable documento, junto con la de Sinesio, del más antiguo empleo de prosa acentual con manifiesta tendencia hacia el ritmo regular y determinadas cadencias.

 

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