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Archive for 16 16+01:00 marzo 16+01:00 2009

La canta Fígaro justo al final del Acto I de Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro) de Mozart.

El libretto, de 1786, es de Lorenzo da Ponte y está basado en Le Mariage de Figaro de Beaumarchais.

Da Ponte también escribió los libretos de otras dos grandes óperas mozartianas: Don Giovanni y Così fan tutte, además de la cantata Davidde penitente.

Contaron con la letra del italiano óperas como Una cosa rara o L’arbore di Diana de Martín y Soler, y Il talismano, Il pastor Fido o La cifra de Antonio Salieri.

Situemos el aria. Para ello debemos ofrecer la sinopsis del Acto I:

Una habitación.

Figaro y Susanna se preparan para su boda. La ubicación del cuarto asignado, cercano al aposento del conde, despierta las sospechas de Susanna: el amo quiere hacer valer con ella el derecho de pernada, que él mismo abolió en sus dominios. Figaro se muestra seguro de sí mismo y desplegará su astucia para evitar que esto suceda, pero surge un nuevo inconveniente: Marcellina, la vieja gobernanta de don Bartolo, pretende que se cumpla un compromiso de matrimonio firmado por Figaro en un momento en el cual necesitaba obtener un préstamo de dinero. Don Bartolo tomará parte en la intriga, pues se vengará de Figaro, quien tiempo atrás le “arrebató” a su pupila Rosina, para que se convierta en la esposa del conde.

Llega el paje Cherubino, enamorado de la condesa y de todas las mujeres del palacio, para solicitar a Susanna su mediación con el conde, pues éste lo sorprendió con la joven Barbarina. Pero el señor llega para seducir a Susanna, e inmediatamente Cherubino logra esconderse detrás de un sillón. El conde, que ha retrasado el permiso de casamiento para Figaro y Susanna, trata de convencer a la muchacha cuando llega Don Basilio, el intrigante maestro de música, y gracias a la astucia de la camarera el amo puede esconderse sin toparse con Cherubino. Pero cuando don Basilio hace referencia al ardor del paje por la condesa, el conde estalla e irrumpe nuevamente en escena. Mientras hace su parlamento, levanta un vestido de la condesa que estaba colocado sobre el sillón y descubre allí a Cherubino, escondido, tal cual lo encontró en la habitación de Barbarina.

En medio de la confusión llega Figaro acompañado por un grupo de campesinos, que homenajean al conde por haber abolido el derecho de pernada en sus dominios. El señor acepta el homenaje, pero se obstina en no autorizar la boda; en lo único que piensa es en seducir a la camarera. Pero por el momento, decide que Cherubino parta como soldado con un regimiento, pues escuchó las propuestas amorosas que instantes atrás le hiciera a Susanna.

Es entonces cuando Figaro despide con esta magnífica aria, seguida de una marcha muy marcial al joven paje que en una aria anterior nos ha cantado que no puede vivir sin el amor:

Non so più cosa son, cosa faccio…

or di foco, ora sono di ghiaccio…

ogni donna cangiar di colore,

ogni donna mi fa palpitar.

Solo ai nomi d’amor, di diletto,

mi si turba, mi s’altera il petto

e a parlare mi sforza d’amore

un desio ch’io non posso spiegar.

Parlo d’amor vegliando,

parlo d’amor sognando,

all’acqua, all’ombre, ai monti,

ai fiori, all’erbe, ai fonti,

all’eco, all’aria, ai venti,

che il suon de’ vani accenti

portano via con sé.

E se non ho chi mi oda,

parlo d’amor con me.

 

Ya no sé lo que soy, lo que hago…

unas veces soy de fuego, otras de hielo…

cualquier mujer me hace cambiar de color,

cualquier mujer me hace palpitar.

Con sólo escuchar el nombre de amor, de gozo,

se me turba, se me altera el pecho

y me obliga a hablar de amor,

¡Un deseo, un deseo que no puedo explicar!

Hablo de amor despierto,

hablo de amor soñando,

al agua, a la sombra, a los montes,

a las flores, hierbas, fuentes,

al eco, al aire y a los vientos

que el sonido de mis vanos acentos

se llevan consigo.

Y si no tengo quien me oiga,

hablo de amor conmigo.

Este enamoradizo Cherubino deberá, pues, dejar sus sombreros con plumas, su cabellera, su color rosado en las mejillas, su aire brillante y, sobre todo, su costumbre de revolotear, cual mariposa entre flores, alrededor de las mujeres y acostumbrarse a la vida militar entre soldados con grandes bigotes, con su bagaje a la espalda, caminando entre el fango (en lugar de bailar el fandango), con casco, turbante y mucho honor, pero poco dinero.

Por montañas, valles, por la nieve y pasando calor, deberá sentir cerca el estruendo de cañones y bombardas.

Fijémonos en el nombre de Cherubino (querubín) y reparemos en que los amorcillos, los cupidos, las representaciones de Eros como un niño alado, con los ojos vendados y armado de arco y flechas, se asimilaron en el cristianismo en la figura de los angelitos o querubines.

 

A Cherubino le espera, es una ironía de Figaro, la victoria, la gloria militar que se reafirma con la contundente marcha que cierra el aria y el acto.

Los tres personajes mitológicos citados son Narciso, Adonis y Baco.

Los dos primeros, usados en diminutivo, Narcisetto- Adoncino, son aplicados a Cherubino por Figaro, haciendo ver su fama de conquistador y de hombre amado por las mujeres.

En efecto, Adonis, ya desde su nacimiento, desató los amores de dos diosas, Afrodita y Perséfone.

Ésta es la historia de Adonis:

El rey de Siria, Tías, tenía una hija, Mirra o Esmirna, a quien la cólera de Afrodita (Venus) impulsó a desear un incesto con su padre. Ayudada por su nodriza, Hipólita, logró engañar a Tías, uniéndose con él durante doce noches; pero a la duodécima el padre se dio cuenta de la estratagema de su hija y, armada de su cuchillo, la persiguió para darle muerte. Ante el peligro, Mirra invocó la protección de los dioses, los cuales la transformaron en árbol: el árbol de la mirra. Diez meses después, la corteza de ese árbol se levantó, rompiéndose y dando salida a un niño, que recibió el nombre de Adonis. Afrodita, enternecida por la belleza de la criatura, la recogió y la confió en secreto a Perséfone para que la criara. Pero ésta se prendó a su vez del niño y se negó a devolverlo a Afrodita.

La disputa entre las dos diosas fue zanjada por Zeus, decidiéndose que Adonis viviría un tercio del año con Afrodita, otro con Perséfone y el tercero donde él quisiera. Pero Adonis pasaba siempre las dos terceras partes del año junto a Afrodita y sólo una al lado de Perséfone. Este primer esbozo del mito, donde puede reconocerse el símbolo del misterio de la vegetación en este niño nacido de un árbol, que pasa un tercio del año bajo tierra y el resto del tiempo se remonta a la luz para unirse a la diosa de la primavera y del amor, fue luego embellecido y completado…

La imaginación de los poetas helenísticos se recreó presentando a Adonis educado por las Ninfas y cazando o apacentando rebaños en el campo y el bosque. En cuanto a la catástrofe que causó su muerte se asegura que la diosa Ártemis lanzó contra él un jabalí que, durante una cacería, lo hirió mortalmente. Otras fuentes dicen que su muerte fue provocada por los celos de Ares, el amante de Afrodita, o también que fue una venganza de Apolo contra esta diosa, por haber cegado a Erimanto, hijo del dios, cuando la vio desnuda cuando se bañaba…

Varias leyendas de flores van ligadas a la historia de Adonis: no solamente el origen mítico de la mirra (las lágrimas de Mirra), sino la de la rosa. En su origen la rosa era blanca, pero Afrodita cuando corría a socorrer a su amigo herido se clavó una espina en el pie y su sangre dio color a las flores que le son consagradas. También las anémonas pasan por haber nacido de la sangre que Adonis derramó. Afrodita, en honor de su amigo, instituyó una fiesta fúnebre, que las mujeres sirias celebraban todos los años en primavera.

En vasos, cajas, etc, plantaban semillas, que regaban con agua caliente para que brotasen rápidamente. Estas plantaciones se llamaban jardines de Adonis. Las plantas, así forzadas, morían a poco de haber salido de la tierra, simbolizando la suerte de Adonis, y las mujeres prorrumpían en plañidos rituales por el destino del joven amado de Afrodita.

Hay quien cree que Figaro se refiere a Cherubino como “pequeño Adonis”, aunque “Adonis” es el Conde. Para este Adonis, Figaro es Ares, el jabalí que causó la muerte del muchacho, como Figaro quiere ahora vencer al Conde.

Narciso era un hermoso joven que despreciaba el amor. Narciso es hijo del dios del río Cefiso y de la ninfa Liríope. Al nacer, sus padres consultaron al adivino Tiresias, el cual les respondió que el niño “viviría hasta viejo si no se contemplaba a sí mismo“. Llegado a la edad viril, Narciso fue objeto de la pasión de numerosísimas doncellas y ninfas, pero siempre permanecía insensible. Finalmente, la ninfa Eco se enamoró de él, pero no consiguió más que las otras.

El rechazo de Narciso a acceder a los amores con Eco provocó que ésta, desesperada, se retirara a un lugar solitario, donde adelgazó tanto, que de toda su persona sólo quedó una voz lastimera que repite en ciertos lugares del campo las últimas sílabas pronunciadas por las personas.

Las doncellas despreciadas por Narciso piden venganza al cielo. Némesis, la diosa de la venganza divina, las escucha y hace que, en un día muy caluroso, después de una cacería, Narciso se incline sobre una fuente para calmar la sed. Ve allí la imagen de su rostro, tan bello, que se enamora de él en el acto, e insensible ya al resto del mundo, se deja morir, inclinado sobre su imagen. Aún en el Éstige trata de contemplar los amados rasgos.  En el lugar de su muerte brotó una flor, ala que se dio su nombre: el narciso.

El tercer personaje es Baco, el dios del vino, aunque aparece en una expresión (poffar Bacco! = ¡voto a Baco!), que hallamos también en la ópera Don Giovanni de Giuseppe Gazzaniga, en la que, por cierto, hallamos también la expresión poffar Diana!

No obstante, en el contexto en el que se inserta Tra guerrieri, poffar Bacco!, puede referirse a la inclinación por el vino que se da entre los soldados.

Pero lo más correcto es verlo cómo una expresión de sorpresa. «Poffarbacco» es una expresión juguetona de sorpresa. Deriva de «Può far Bacco…». El verbo «poffare», usado antiguamente en italiano, es la forma sincopada de «poter fare» e se usaba en expresiones de sorpresa como «Poffare il mondo!».

 Ya antes, en este mismo Acto I, Marcellina había dicho:

MARCELLINA

(riverenza)

Per Bacco, precipito,

se ancor resto qua.

MARCELINA

(haciendo otra reverencia)

¡Por Baco!, me precipito

si continúo aquí.

 

¿Sería ir demasiado lejos ver en este “precipito” una referencia a la muerte de Sémele, máxime habiendo hecho antes alusión Marcelina a Baco, el hijo que llevaba en el vientre, cuando la infeliz murió desintegrada?

Cuando Dioniso estaba a punto de nacer del vientre de Sémele, Hera, con sus artimañas, consiguió que ésta pidiera a su amante Zeus, padre del futuro Dioniso, que apareciera con todo su esplendor. El resultado fue que la lluvia de oro incandescente en que apareció produjo un terrible incendio, en el que sucumbió la propia Sémele. Pero Zeus consiguió salvar del vientre de la infortunada Sémele el feto de Dioniso, que tenía seis meses, cuya gestación terminó en el cuerpo de Zeus (lo cosió a su muslo y, al llegar la hora del parto, lo sacó, vivo y perfectamente formado).

 

A esto Susanna responde con otra alusión mitológica

SUSANNA

(riverenza)

Sibilla decrepita,

da rider mi fa.

SUSANA

(haciendo otra reverencia)

¡Sibila decrépita,

me hace reír!

La Sibila era esencialmente el nombre de una sacerdotisa encargada de enunciar los oráculos de Apolo.

Estaban también las Sibilas de Cumas, la de Eritreas, la líbica, etc.

Aquí, no obstante, y como demuestra el adjetivo “sibilino”, Sibila es un insulto, algo así como “bruja”.

 

Pero vamos ya con el aria de Figaro

 

Non più andrai, farfallone amoroso,

notte e giorno d’intorno girando;

delle belle turbando il riposo

Narcisetto, Adoncino d’amor.

Non più avrai questi bei pennacchini,

quel cappello leggero e galante,

quella chioma, quell’aria brillante,

quel vermiglio donnesco color.

Tra guerrieri, poffar Bacco!

Gran mustacchi, stretto sacco.

Schioppo in spalla, sciabola al fianco,

collo dritto, muso franco,

un gran casco, o un gran turbante,

molto onor, poco contante,

Ed invece del fandango,

una marcia per il fango.

Per montagne, per valloni,

con le nevi e i solleoni.

Al concerto di tromboni,

di bombarde, di cannoni,

che le palle in tutti i tuoni

all’orecchio fan fischiar.

Cherubino alla vittoria:

alla gloria militar.

 

No irás más, mariposón amoroso

día y noche rondando alrededor

de las bellas, turbándoles el reposo,

Narcisito, pequeño Adonis del amor.

No tendrás ya estos bellos penachos,

ese sombrero ligero y galante,

esa cabellera, ese aire brillante,

ese sonrosado color femenino.

Entre guerreros ¡voto a Baco!

Grandes mostachos, ajustada casaca,

el fusil a la espalda, el sable al flanco,

cuello erguido, gesto franco,

un gran casco, un gran turbante,

mucho honor, poco dinero,

Y en vez del fandango

una marcha por el fango,

por montañas, por valles,

con las nieves y los grandes calores

al concierto de trombones,

de bombardas, de cañones,

que las balas en todos los tonos

al oído hacen silbar.

Cherubino a la victoria,

a la gloria militar.

 

 Más adelante, el Acto IV, en el Recitativo y Aria de Figaro Tutto è disposto, hay una nueva alusión mitológica, en una intervención un tanto misógina, en este caso a las Sirenas. Pero también esas “colombe maligne” pueden referirse a las palomas, animales consagrados a Afrodita y, por tanto, con el calificativo “malignas”, son símbolo de la pasión desenfrenada promovida por la diosa del amor.

Ah, che il fidarsi a donna

è ognor follia.

Aprite un po’ quegli’ occhi,

uomini incauti e sciocchi,

guardate queste femmine,

guardate cosa son!

Queste chiamate Dee

dagli ingannati sensi

a cui tributa incensi

la debole ragion,

son streghe che incantano

per farci penar,

sirene che cantano

per farci affogar,

civette che allettano

per trarci le piume,

comete che brillano

per toglierci il lume;

son rose spinose,

son volpi vezzose,

son orse benigne,

colombe maligne,

maestre d’inganni,

amiche d’affanni

che fingono, mentono,

amore non senton,

non senton pietà.

 

¡Ah, fiarse de una mujer

es siempre una locura!

¡Abrid un poco esos ojos,

hombres incautos y necios!

Mirad estas mujeres,

mirad lo que son,

Estas llamadas diosas

de los sentidos engañados,

a las que tributa inciensos

la débil razón,

son hechiceras que nos encantan

para hacernos sufrir;

sirenas que cantan

para ahogarnos;

coquetas que seducen

para desplumarnos,

cometas que brillan

para quitarnos la luz.

Son rosas espinosas,

son zorras graciosas,

son osas benévolas,

palomas malignas,

maestras de engaños,

amigas de crear dificultades

que fingen, que mienten,

que no sienten amor,

no sienten piedad.

 

Finalmente, el Conde se dirige a la Condesa con la expresión “mi bella Venus”:

CONTE

Entriam, mia bella Venere,

andiamoci a celar!

CONDE

Entremos mi bella Venus,

vayamos a ocultarnos

 

Más adelante Figaro exclama:

FIGARO

Tutto è tranquillo e placido;

entrò la bella Venere;

col vago Marte a prendere

nuovo Vulcan del secolo

in rete la potrò.

FÍGARO

Todo está tranquillo y plácido:

entró la bella Venus;

con el bello Marte,

nuevo Vulcano del siglo,

en la red la cogeré.

 

 Que claramente se refiere al episodio de los amores de Ares y Afrodita, descubiertos por Hefesto a los demás dioses, tras el chivatazo de Apolo-Helios:

El marido de la bella Afrodita era el más feo y deforme de los dioses, el herrero Hefesto. El matrimonio no fue ejemplar, pues Afrodita era infiel al pobre Hefesto y prefería la compañía del dios de la guerra, el fogoso Ares. Un día en que los dos amantes se entregaban a los dulces placeres del amor, prolongaron en exceso su disfrute y fueron sorprendidos por el Sol, que comunicó a Hefesto el hecho. Éste, sin decir nada a Afrodita, preparó con su proverbial habilidad una red mágica, que sólo él podía accionar, de bronce, delicada como una gasa, pero irrompible y la ató secretamente a los postes y a los lados de la cama de matrimonio. Se despidió de Afrodita con el pretexto de pasar unas pequeñas vacaciones en la isla de Lemnos. Ella prefirió quedarse y tan pronto como Hefesto se fue llamó a Ares y se fueron alegremente a la cama. Hefesto retornó de improviso, accionó el mecanismo y la red atrapó a los amantes in fraganti. Hefesto convocó a todos los dioses y los puso por testigos de la infidelidad de su esposa. Homero cuenta que “ una risa inextinguible “ se extendió entre los dioses al ver aquel espectáculo. A ruegos de Poseidón, Hefesto consintió en liberar de la red a los amantes y la diosa escapó, avergonzada a Chipre, donde renovó su virginidad y Ares a Tracia. De estos amores nacieron Eros, Deimo y Fobo (el terror y el temor) y Harmonía.

 Es curioso que esta alusión a la red en la que fueron sorprendidos Ares y Afrodita en el tálamo nupcial de Hefesto y Afrodita sea pronunciada por Figaro que iniciaba la ópera midiendo el espacio destinado a la cama en la habitación que les ha cedido el Conde:

SUSANNA

Cosa stai misurando,

caro il mio Figaretto?

FIGARO

Io guardo se quel letto

che ci destina il Conte

farà buona figura in questo loco.

SUSANNA

E in questa stanza?

FIGARO

Certo: a noi la cede

generoso il padrone.

SUSANA

¿Qué estás midiendo

querido Figarito?

FÍGARO

Miro si la cama

que nos destina el conde

quedará bien en este lugar.

SUSANA

¿En esta habitación?

FÍGARO

Cierto, nos la cede

generoso el amo.

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