Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 30 de marzo de 2009

Fue el 23 de diciembre del pasado 2008, cuando iniciamos nuestra serie sobre Prometeo. Hoy llega a su fin. Nuestra voluntad ha sido simplemente ofrecer una somera visión de la presencia del titán en las manifestaciones artísticas.

Tras el análisis de José Ramón del Canto Nieto sobre la obra prometeica unamuniana, aquí tenemos el poema completo:

A la roca del mundo Prometeo,

-que es de los hombres el mejor amigo-,

con divinas cadenas

atado y preso, se alimenta de penas,

y al buitre acariciando, -su castigo-,

al buitre ‘Pensamiento’, así le dice:

¿Qué me cuentas? ¿Qué viste allá en las nubes?

¿Tu cuello acariciando el vil tirano

le temblaba la mano?;

¿era más suave y blanda que esta mía?

-¡Ay, ay, ay! Me arrancas el sentido

¡quieto, quieto, despacio!

¡déjame que te sienta, pues te sacio!

Vamos, vamos, verdugo

Sumerge tu cabeza aquí, en mi seno,

Y engulle mis entrañas, pero no alces el pico,

quedo aprende a comer, sin feas mañas,

Ni así me lo sacudas ¡te suplico!

No, no esos desgarrones,

come pausado, la cabeza hundida;

mira que esos tirones

me hacen desfallecer y no te siento,

dame un lento dolor, sordo, apacible,

dame un dolor de vida, ¡pensamiento!

prometeoencadenado

¡Quieto y pico a la presa!

¿Qué mi sangre la vista te oscurece?

¿Y qué te imposta?

¿No tienes qué comer, fiera insaciable?

Según comes mi carne, ella se acrece.

¡Dale, dale, mi buitre, sin cuidado!

¡No temas que me muera:

manjar tendrás en mí por largos siglos;

común es nuestra vida,

y en tanto me devores

se mantendrá mi vida con dolores!

No busques otro pasto,

Mira, mi vida, como yo te basto.

Bajo tus picotazos las entrañas

Muriendo me renacen de continuo;

Cuando la muerte viene, así, de cara,

Sin vil disfraz ni engaño,

se puede combatirla;

lo malo es cuando viene de soslayo

cautelosa, tapada, y sin sentirla;

su violencia no temo, sí su dolo.

Gracias a mi buitre no estoy solo;

¡tengo en ti compañero,

Mi amigo y carnicero!

La soledá es la nada;

El dolor de pensar es ya un remedio,

Mejor tus picotazos que no el tedio…

¿Adónde volver quieres la cabeza?

¿A ver tu patria, el cielo, por ventura?

¿Buscas leer de Júpiter la frente?

¿No te doy carne, carne hasta la hartura?

¿Buscas cobrar de su sonrisa brío?

¡Toma, toma y bebe mi sangre;

Deja, deja al tirano, eres ya mío!

Y no has de leer su frente, el claro cielo,

Pues el vaho de la sangre en que te abrevas

Es de tus ojos velo.

Vamos, quieto, devórame con calma;

Yo te doy carne y sangre, pensamiento,

Y Jove, sólo luz, luz sólo y aire…

Y qué, ¿no estás contento?

¿Aún pides más? ¿Te has vuelto acaso loco?

¿Te emborrachó mi sangre?

¡Vamos, traga con calma y poco a poco!

Deja que mis entrañas se renueven

Y escarba en mis redaños;

Somos viejos amigos, mi verdugo;

Pasan los años

Y tú a tu faena destructora

La tela de mi vida desgarrando!

buitre1

¡Quieto, quieto, y devora;

Vamos pasando!

¿sientes morriña de tu patria el cielo?

¿Quieres volar a la escarpada roca

Que cobija tu nido

Sirviéndose las nubes de cortina?

¡No lograrás llegar, te abate a tierra

El buche con mi carne perhinchido;

Es muy alta la sierra!

¿Qué se te gasta el pico?

Lo puedes afilar en mis costillas

Que pusiste al desnudo.

Nacer fue mi delito

Nacer a la conciencia,

Sentir el mar en mí de lo infinito

Y amar a los humanos…

¡Pensar es mi castigo!

¡Dale, dale de firme, cruel amigo!

Desde los bordes de tu córnea boca

A mi abierto regazo

Mi propia sangre escurre

Como el orvallo cae sobre la grieta

Que guarda el manantial do nace el río,

Río de que la nube luego brota,

Nube que vuelve al río gota a gota.

¡Cuánto me quieres, buitre mío, cuánto!

¡Con qué voraz cariño me devoras

Encendido en deseo de mi cebo!

¡Sangre eres de mi carne y es tu carne

De mi carne renuevo!

Me abrazas y me estrechas en tus garras,

Como en espasmo de fusión suprema;

Tiembla mi cuerpo de dolor entre ellas,

Palpitantes amarras,

Pero mi alma,

Mi alma a ti se vuelve, mi verdugo,

Pues que te debe de su vida el jugo.

Lo que es en mi dolor en ti es delicia,

Mi desgracia tu triunfo;

Mientras tu corvo pico me acaricia,

Con lo que sufro gozas;

Para henchirte de vida me destrozas.

Pero no, no te apartes de mi seno,

Que a tu falta me duermo para siempre;

Escarba en mis entrañas, pensamiento;

Mejor que no el vacío, tu tormento.

Existir, existir, pensar sufriendo

Más bien que no dormir, libre de penas,

El sueño sin ensueños, que no acaba;

prometeo-flamenco

Benditas tus cadenas.

Ya que sin ellas pronto me hundiría

De las pálidas sombras en el gremio.

Sea inmortal dolor, mi eterno buitre,

Y no placer efímero, mi premio.

Arrímate así más, sobre mí hundido;

Al calor de tu pecho arda mi pecho,

Guárdamelo del duro aire serrano,

De su arreciente hostigo;

Más cruel no me seas que el tirano,

Y al cumplir su sentencia compasivo

Con tus alas protégeme y enjuga

Con tu redondo pecho mis heridas;

¡sea bizma su pluma,

Blanda esponja, sedeña como espuma!

Cuando en verano encone mis heridas

El sol por el que vemos y él es ciego,

Haz de tus recias alas abanico

Y oréame con ellas

Al compás de los golpes de tu pico.

Y ahuyéntame las moscas,

Las moscas asquerosas, tercas, blandas,

Enjambre de gangrena,

Mandaderas de sangre y podredumbre;

No envilezcas mi pena;

¡a ellas es imposible me acostumbre!

Todo, todo devóralo, no arrojes

Piltrafas a los cuervos;

No soy manjar de echar bajo la mesa;

Nada, nada de sobras a los siervos;

¡toda entera resérvate la presa!

Eres digno de mí, yo de ti digno,

Pero los cuervos,

Los que aman la carroña…,

Aléjalos, mi buitre, a picotazos,

Que sepan que estoy vivo;

¡lejos, lejos de mí, sepultureros,

Nos bastamos tú y yo, sin compañeros!

Y esto, ¿se acabará? Todo se acaba.

en la más dura peña, gota a gota

el hilo de agua su sepulcro excava

y desde el pétreo y funerario cáliz

en vapor invisible

va a derretirse el cielo.

Gota a gota mi sangre va mellando

estos férreos lazos

que Hércules y la Fuerza remacharon;

gota a gota los roe con la herrumbre

y ha de quebrar al fin su pesadumbre.

Viva es la sangre, muertas las cadenas;

la guardo como arroyo

de una savia perenne que en las venas

tiene su cauce estrecho.

Y vosotras, inmobles ligaduras

que me surcáis el pecho,

sois sólo hierro inerte…

y a la larga el que vive es el más fuerte

Con el jugo inmortal de sus entrañas

arrasar puede el hombre las montañas.

Y tú, verdugo, te has de hartar un día;

llegarás a las bascas y al hastío;

tupido hasta el gañote,

a la modorra abatirás tu brío,

y alicaído, lacio,

te acostarás para dormir tu hartazgo;

colchón tendrás en mí sobre esta roca

en que a merced de tus furores yazgo.

Dormirás para siempre

aquí, mi buitre, en mí, sobre tu presa,

y yo, tu pábulo hoy, seré tu huesa.

Y tú, impasible Júpiter celeste,

Razón augusta, Idea soberana,

Buitre del universo que devoras

mundos, soles y estrellas,

Tú, a quien los siglos son como las horas,

harto también un día

la cabeza almenada de centellas

doblegarás de la modorra al peso.

Será tu fin, el fin de tu reinado;

sobre ti manda, incontestable, el Hado.

¿Y después? ¿Cuando cese el Pensamiento

de regir a los mundos?

¿Y después…?

-¡Ay, ay, ay!, ¡no tan recio!-

¡No tan recio, mi buitre!

Mira que así me arrancas la conciencia;

Aun dentro de tu oficio, ¡ten clemencia!

prometeokokoschka2

Unamuno ofrece una variante poética del mismo tema (a pesar de que no se nombra explícitamente a Prometeo y de que podría leerse de un modo independiente). Se trata del poema titulado «A mi buitre» del Rosario de sonetos líricos (LXXXVI):

El soneto es éste:

A mi buitre

Este buitre voraz de ceño torvo

que me devora las entrañas fiero

y es mi único constante compañero

labra mis penas con su pico corvo.

El día en que le toque el postrer sorbo

apurar de mi negra sangre quiero

que me dejéis con él solo y señero

un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,

mientras él mi último despojo traga,

sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga

sin esta presa en que satisfacía

el hambre atroz que nunca se le apaga.

Carlos Bousoño ha hecho un análisis de este soneto: «Que un buitre –dice– devore al poeta es posible, pero improbable, inverosímil; por otra parte no hay un significado lógico, sino emocional». Se trata sin duda, dice Bousoño, de una obsesión angustiosa, pero «a la vista del soneto, y sin otros datos (como los que nos proporciona el resto de la obra unamunesca, que es un grito de aspiración patética a la vida eterna, de la que sin embargo, duda) no lo podríamos decir nunca

 

 

bousono

 

 

En el soneto nuestro autor incide en un símbolo poético muy querido por él, el de la esfinge: el monstruo que en la mitología griega simboliza lo misterioso, lo indescifrable, aquello ante lo que la razón humana resulta impotente. Ante la esfinge, el hombre ha de presentarse cara a cara para resolver su enigma y no ser devorado por ella.

Vistos los dos ejemplos unamunianos, finalizamos con otro soneto, en esta ocasión de Juan Boscán:

 

Este fuego que agora yo en mí siento

es puro y simple, y puesto allá en su’spera;

y cuando acá deciende su hoguera

es porque tal materia le presento,

que’n su calor rebivo y me caliento,

templando todo‘l ayre en tal manera,

que, doquiera que’stoy, es primavera,

con flores y con fruto en un momento.

Su luz, alderredor do’stoy presente,

alumbra en un instante cuanto veo,

mudándolo en color claro y luziente.

Si este tal fuego hurtara Prometheo,

cuando quiso alegrar la mortal gente,

tuviera gran desculpa su deseo.”

 

Damos fin, pues, a esta serie sobre Prometeo en la que se han quedado muchas cosas en el tintero. Ha pretendido ser, como decíamos al comienzo del post, un acercamiento a la figura del titán mitológico y su dilatada y prolongada presencia en la literatura y, en general, el arte posterior.

Prometeo sigue dando mucho juego. Y, en una composición circular, cerramos la serie con las últimas palabras del poema de Goethe que la suscitaron y el Lied de Schubert que la motivó:

Hier sitz’ ich, forme Menschen

Nach meinem Bilde.

Ein Geschlecht, das mir gleich sei,

Zu leiden, zu weinen,

Zu genießen und zu freuen sich

Und dein nicht zu achten,

Wie ich!

 

 

 

¡Aquí estoy, formo hombres

según mi imagen,

una raza que sea igual a mí,

para sufrir, para llorar,

para gozar y alegrarse

y no respetarte a ti,

como yo!

 

Read Full Post »