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Archive for 31/10/09

Otro que no puede faltar, tratándose de personajes que cambian de aspecto, es Ovidio y sus Metamorfosis.

Éste es el relato del episodio del baño de Diana, el desafortunado encuentro de Acteón con dicha escena, su conversión en ciervo y su muerte a manos de sus perros.

dianayacteónbrueghel

Vallis erat piceis et acuta densa cupressu,

nomine Gargaphie succinctae sacra Dianae,

cuius in extremo est antrum nemorale recessu

arte laboratum nulla: simulaverat artem

ingenio natura suo; nam pumice vivo

et levibus tofis nativum duxerat arcum;

fons sonat a dextra tenui perlucidus unda,

margine gramineo patulos incinctus hiatus.

hic dea silvarum venatu fessa solebat

virgineos artus liquido perfundere rore.

quo postquam subiit, nympharum tradidit uni

armigerae iaculum pharetramque arcusque retentos,

altera depositae subiecit bracchia pallae,

vincla duae pedibus demunt; nam doctior illis

Ismenis Crocale sparsos per colla capillos

colligit in nodum, quamvis erat ipsa solutis.

excipiunt laticem Nepheleque Hyaleque Rhanisque

et Psecas et Phiale funduntque capacibus urnis.

dumque ibi perluitur solita Titania lympha,

ecce nepos Cadmi dilata parte laborum

per nemus ignotum non certis passibus errans

pervenit in lucum: sic illum fata ferebant.

JosephHeinztheelder-DianaandActeon

qui simul intravit rorantia fontibus antra,

sicut erant, nudae viso sua pectora nymphae

percussere viro subitisque ululatibus omne

inplevere nemus circumfusaeque Dianam

corporibus texere suis; tamen altior illis

ipsa dea est colloque tenus supereminet omnis.

qui color infectis adversi solis ab ictu

nubibus esse solet aut purpureae Aurorae,

is fuit in vultu visae sine veste Dianae.

quae, quamquam comitum turba est stipata suarum,

in latus obliquum tamen adstitit oraque retro

flexit et, ut vellet promptas habuisse sagittas,

quas habuit sic hausit aquas vultumque virilem

perfudit spargensque comas ultricibus undis

addidit haec cladis praenuntia verba futurae:

‘nunc tibi me posito visam velamine narres,

sit poteris narrare, licet!’ nec plura minata

dat sparso capiti vivacis cornua cervi,

dat spatium collo summasque cacuminat aures

cum pedibusque manus, cum longis bracchia mutat

cruribus et velat maculoso vellere corpus;

additus et pavor est: fugit Autonoeius heros

et se tam celerem cursu miratur in ipso.

ut vero vultus et cornua vidit in unda,

‘me miserum!’ dicturus erat: vox nulla secuta est!

ingemuit: vox illa fuit, lacrimaeque per ora

non sua fluxerunt; mens tantum pristina mansit.

quid faciat? repetatne domum et regalia tecta

an lateat silvis? pudor hoc, timor inpedit illud.

Dum dubitat, videre canes, primique Melampus

Ichnobatesque sagax latratu signa dedere,

Cnosius Ichnobates, Spartana gente Melampus.

inde ruunt alii rapida velocius aura,

Pamphagos et Dorceus et Oribasos, Arcades omnes,

Nebrophonosque valens et trux cum Laelape Theron

et pedibus Pterelas et naribus utilis Agre

Hylaeusque ferox nuper percussus ab apro

deque lupo concepta Nape pecudesque secuta

Poemenis et natis comitata Harpyia duobus

et substricta gerens Sicyonius ilia Ladon

et Dromas et Canache Sticteque et Tigris et Alce

et niveis Leucon et villis Asbolos atris

praevalidusque Lacon et cursu fortis Aello

et Thoos et Cyprio velox cum fratre Lycisce

et nigram medio frontem distinctus ab albo

Harpalos et Melaneus hirsutaque corpore Lachne

et patre Dictaeo, sed matre Laconide nati

Labros et Argiodus et acutae vocis Hylactor

quosque referre mora est: ea turba cupidine praedae

per rupes scopulosque adituque carentia saxa,

quaque est difficilis quaque est via nulla, sequuntur.

ille fugit per quae fuerat loca saepe secutus,

heu! famulos fugit ipse suos. clamare libebat:

acteóncerámica6

‘Actaeon ego sum: dominum cognoscite vestrum!’

verba animo desunt; resonat latratibus aether.

prima Melanchaetes in tergo vulnera fecit,

proxima Theridamas, Oresitrophos haesit in armo:

tardius exierant, sed per conpendia montis

anticipata via est; dominum retinentibus illis,

cetera turba coit confertque in corpore dentes.

iam loca vulneribus desunt; gemit ille sonumque,

etsi non hominis, quem non tamen edere possit

cervus, habet maestisque replet iuga nota querellis

et genibus pronis supplex similisque roganti

circumfert tacitos tamquam sua bracchia vultus.

at comites rapidum solitis hortatibus agmen

ignari instigant oculisque Actaeona quaerunt

et velut absentem certatim Actaeona clamant

ad nomen caput ille refert et abesse queruntur

nec capere oblatae segnem spectacula praedae.

vellet abesse quidem, sed adest; velletque videre,

non etiam sentire canum fera facta suorum.

undique circumstant, mersisque in corpore rostris

dilacerant falsi dominum sub imagine cervi,

nec nisi finita per plurima vulnera vita

ira pharetratae fertur satiata Dianae.

acteónyperros

(Ovidio, Metamorfosis III, 155-250)

Un valle había, de píceas y agudo ciprés denso, 155

por nombre Gargafie, a la ceñida Diana consagrado,

del cual en su extremo receso hay una caverna boscosa,

por arte ninguna labrada: había imitado al arte

con el ingenio la naturaleza suyo, pues, con pómez viva

y leves tobas, un nativo arco había trazado. 160

Un manantial suena a diestra, por su tenue onda perlúcido,

y por una margen de grama estaba él en sus anchurosas aberturas ceñido.

Aquí la diosa de las espesuras, de la caza cansada, solía

sus virgíneos miembros con líquido rocío regar.

El cual después que alcanzó, de sus ninfas entregó a una, 165

la armera, su jabalina y su aljaba y sus arcos destensados.

Otra ofreció al depuesto manto sus brazos.

Las ligaduras dos de sus pies quitan; pues más docta que ellas

la isménide Crócale, esparcidos por el cuello sus cabellos,

los traba en un nudo, aunque los había ella sueltos. 170

Recogen licor Néfele y Híale y Ránide,

y Psécade, y Fíale, y lo vierten en sus capaces urnas.

dianaenelbaño

Y mientras allí se lava la Titania en su acostumbrada linfa,

he aquí que el nieto de Cadmo, diferida parte de sus labores,

por un bosque desconocido con no certeros pasos errante, 175

llega a esa floresta: así a él sus hados lo llevaban.

El cual, una vez entró, rorantes de sus manantiales, en esas cavernas,

como ellas estaban, desnudas sus pechos las ninfas se golpearon

al verle un hombre, y con súbitos aullidos todo

llenaron el bosque, y a su alrededor derramadas a Diana 180

con los cuerpos cubrieron suyos; aun así, más alta que ellas

la propia diosa es, y hasta el cuello sobresale a todas.

El color que, teñidas del contrario sol por el golpe,

el de las nubes ser suele, o de la purpúrea aurora,

tal fue en el rostro, vista sin vestido, de Diana. 185

La cual, aunque de las compañeras por la multitud rodeada suyas,

a un lado oblicuo aun así se estuvo y su cara atrás

dobló y, aunque quisiera prontas haber tenido sus saetas,

las que tuvo, así cogió aguas y el rostro viril

regó con ellas, y asperjando sus cabellos con vengadoras ondas, 190

añadió estas, del desastre futuro prenunciadoras, palabras:

«Ahora para ti, que me has visto dejado mi atuendo, que narres

-si pudieras narrar- lícito es». Y sin más amenazar,

da a su asperjada cabeza del vivaz ciervo los cuernos,

da espacio a su cuello y lo alto aguza de sus orejas, 195

y con pies sus manos, con largas patas muta

sus brazos, y vela de maculado vellón su cuerpo;

acteóndelacroix

añadido también el pavor le fue. Huye de Autónoe el héroe,

y de sí, tan raudo, en la carrera se sorprende misma.

Pero cuando sus rasgos y sus cuernos vio en la onda: 200

«Triste de mí», a decir iba: voz ninguna le siguió.

Gimió hondo: su voz aquélla fue, y lágrimas por una cara

no suya fluyeron; su mente solamente prístina permaneció.

¿Qué haría? ¿Volvería, pues, a su casa y a sus reales techos,

o se escondería en los bosques? El temor esto, el pudor le impide aquello. 205

Mientras duda, lo vieron los canes, y el primero Melampo

e Icnóbates el sagaz con su ladrido señales dieron:

gnosio Icnóbates, de la espartana gente Melampo.

Después se lanzan los otros, que la arrebatadora brisa más rápido,

Pánfago y Dorceo y Oríbaso, árcades todos, 210

y Nebrófono el vigoroso y el atroz, con Lélape, Terón,

y por sus pies Ptérelas, y por sus narices útil Agre,

e Hileo el feroz, recién golpeado por un jabalí,

y de un lobo concebida Nape, y de ganados perseguidora

Pémenis, y de sus nacidos escoltada Harpía dos, 215

y atados llevando sus ijares el sicionio Ladón,

y Dromas y Cánaque y Esticte y Tigre y Alce,

y de níveos Leucón, y de vellos Ásbolo negros,

y el muy vigoroso Lacón, y en la carrera fuerte Aelo,

y Too y veloz, con su chipriota hermano, Licisca, 220

y en su negra frente distinguido en su mitad con un blanco,

Hárpalo, y Melaneo, e hirsuta de cuerpo Lacne,

y de padre dicteo pero de madre lacónide nacidos

Labro y Agriodunte, y de aguda voz Hiláctor,

y cuantos referir largo es: esa multitud, con deseo de presa, 225

por acantilados y peñas y de acceso carentes rocas,

y por donde quiera que es difícil, o por donde no hay ruta alguna, le persiguen.

Él huye por los lugares que él había muchas veces perseguido,

ay, de los servidores huye él suyos. Gritar ansiaba:

«¡Acteón yo soy, al dueño conoced vuestro!». 230

Palabras a su ánimo faltan: resuena de ladridos el éter.

Las primeras heridas Melanquetes en su espalda hizo,

las próximas Teródamas, Oresítropo prendióse en su antebrazo:

más tarde había salido, pero por los atajos del monte

anticipada la ruta fue; a ellos, que a su dueño retenían, 235

la restante multitud se une y acumula en su cuerpo sus dientes.

Ya lugares para las heridas faltan; gime él, y un sonido,

aunque no de un hombre, cual no, aun así, emitir pueda

un ciervo, tiene, y de afligidas quejas llena los cerros conocidos,

y con las rodillas inclinadas, suplicante, semejante al que ruega, 240

alrededor lleva, tácito, como brazos, su rostro.

Mas sus compañeros la rabiosa columna con sus acostumbrados apremios,

ignorantes, instigan, y con los ojos a Acteón buscan,

y, como ausente, a porfía a Acteón llaman

-a su nombre la cabeza él vuelve- y de que no esté se quejan 245

y de que no coja, perezoso, el espectáculo de la ofrecida presa.

Querría no estar, ciertamente, pero está, y querría ver,

no también sentir, de los perros suyos los fieros hechos.

Por todos lados le rodean, y hundidos en su cuerpo los hocicos

despedazan a su dueño bajo la imagen de un falso ciervo, 250

y no, sino terminada por las muchas heridas su vida,

la ira se cuenta saciada, ceñida de aljaba, de Diana.

acteónysusperros

La traducción es de Ana Pérez Vega, sacada de aquí.

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