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Archive for 1 de febrero de 2010

Decíamos en nuestro anterior artículo que el video que se ofrece en el Museo Arqueológico de Tarragona nos serviría para una nueva entrega. Y así es, nos centraremos en la figura de Adriano que protagoniza el video a propósito de la visita que realizó a la ciudad. En efecto, en el año 122-123, el emperador Adriano pasó allí el invierno; en esta época convocó en la ciudad un importante concilium provinciae.

En el reportaje del museo se habla de la visita de Adriano, de su relación con Antínoo y del atentado que sufrió en una cantera próxima a la ciudad, quizás la del Mèdol, o en un bosque, pues ambas versiones tenemos.

En la Historia Augusta se nos habla de su visita, de la restauración del templo de Augusto, del concilium que convocó en Tarraco para las levas militares y del ataque sufrido a manos de un esclavo.

2 Per idem tempus in honorem Plotinae basilicam apud Nemausum opere mirabili extruxit. 3 Post haec Hispania petit et Tarracone hiemavit, ubi sumptu suo aedem Augusti restituit. 4 Omnibus Hispanis Tarraconem in conventum vocatis dilectumque ioculariter, ut verba ipsa ponit Marius Maximus, retractantibus Italicis, vehementissime ceteris prudenter et caute consuluit. 5 Quo quidem tempore non sine gloria gravissimum periculum adiit apud Tarraconem spatians per virdaria servo in se hospitis cum gladio furiosius inruente, quem retentum ille ministris adcurrentibus tradidit et, ubi furiosum esse constitit, medicis curandum dedit in nullo omnino commotus.

Por aquella misma época construyó una basílica de maravillosas hechuras en Nîmes en honor de Plotina. Después de esto viajó a Hispania y pasó el invierno en Tarraco, donde restauró el templo de Augusto a sus expensas. Convocados todos los habitantes de Hispania a una asamblea en Tarraco y oponiéndose a la leva graciosamente, por usar las mismas palabras que Mario Máximo, los colonos itálicos y vigorosamente los demás, tomó decisiones prudentes y moderadas.

En este mismo tiempo se expuso no sin gloria a un gravísimo peligro: mientras paseaba por un bosque junto a Tarraco, un esclavo de su huésped se lanzó furioso contra él, armado con una espada; tras reducirlo lo entregó a los sirvientes que corrían en su rescate y, cuando se constató que estaba loco, lo entregó a sus médicos para que lo curaran, sin mostrar en absoluto ningún síntoma de preocupación.

De este lugar sacamos la siguiente información sobre este concilium que presidió Adriano:

El consejo de la provincia (concilium provinciae) era una asamblea de delegados de las colonias y municipios de toda la provincia, probablemente seleccionados en los concilia celebrados en los respectivos conventus, que una vez al año se reunían en Tarraco para elegir el flamen anual del culto y participar en las ceremonias. Un tipo de reunión que se extendía a la práctica totalidad de las provincias occidentales y africanas (senatoriales o imperiales) pero con cronologías y desarrollos específicos todavía por conocer en profundidad. En realidad, detrás de esta parafernalia religiosa se ocultaba una razón corporativa mucho más pragmática: la reunión anual permitía a las élites urbanas de la provincia tratar sus problemas comunes, esencialmente fiscales y territoriales y actuar como un mecanismo de presión, buscando la protección de patronos influyentes o enviando embajadas ante el emperador. La actitud contestaria de los tres concilia provinciales hispanos convocados de forma excepcional en Tarraco por el emperador Adriano en el invierno del año 123, ante sus peticiones de levas militares acreditan perfectamente la autonomía de los concilia y su protagonismo en defensa de sus propios intereses.


Sobre el concilium provinciae es interesante esta información sacada de aquí.

Como mas tarde a partir del año 15 d. C., al ser construido en Tarraco el templo de Augusto, la ciudad fue sede del Consejo Provincial de la Hispania citerior. Oficialmente, el Consejo Provincial se llamó concilium provinciae Hispaniae citeriores; en una ocasión aparece la denominación univers(i). En la mayoría de las inscripciones se llama simplemente provincia Hispania citerior, y muy a menudo aparece representado con la abreviatura P.H.C. El consejo ocupaba un recinto independiente en la parte más alta de Tarraco. Formaban parte del mismo representantes de las diversas comunidades de la provincia, a partir de elecciones que seguramente tenían lugar anualmente. En las sedes del Consejo estaban grabados los nombres de cada comunidad. Es de suponer que los representantes estaban reunidos en siete grupos, correspondientes a los siete conventos de la Hispania citerior. E n la parte alta de la ciudad también se situaron estatuas de los Genii de los conventos.

Al frente del Consejo Provincial estaba el flamen provinciae Hispaniae citerioris, elegido anualmente, que estaba asistido por una flaminica provinciae. Los funcionarios responsables de los edificios del concilium provinciae eran seguramente elegidos por el propio concilium; sus miembros también podían encargarse de misiones especiales. De ello dan testimonio las inscripciones honoríficas dedicadas por el Consejo con las siguientes fórmulas: electo a concilio provinc(iae) ad statuas aurandas Divi Hadriani (elegido por la asamblea provincial para cubrir de oro las estatuas del Divo Adriano); ob causas utilitatesque publicas fideliter et constanter defensas (por los procesos e intereses públicos defendidos fiel y constantemente); ob legationem qua gratuita aput maximum princ(ipem) Hadrianum Aug(ustum) Romrae funct(us) est («por la misión que desempeñó de una manera desinteresada en Roma ante el Emperador Adriano Augusto); ob legationem censualem gratuitam Sirmi pro[s]pere gestam [a]put imperator(em) (por la misión referida al censo desempeñada en Sirmio a sus expensas y con éxito, ante el Emperador); ob curam tabulari censualis fideliter administr(atam) (por la gestión del archivo del censo, administrado de forma correcta). Los funcionarios del Consejo tenían también a su disposición la ayuda de funcionarios subordinados como libertos del concilium provinciae. Como demuestran las inscripciones antes citadas, el Consejo Provincial logró en ocasiones imponer sus deseos al gobierno central. Como representante de la mayor de las provincias romanas, con una amplia clase social alta, gozó de gran respeto. También eligió a patronos influyentes, no solamente flamines de la provincia, sino también funcionarios del imperio. No obstante su tarea principal era básicamente el fomento del culto imperial y la representación del esplendor exterior de las clases superiores hispanas. Esta representación se manifestaba en las asambleas anuales y, además, en el homenaje oficial a los miembros de la nobleza provincial mediante estatuas e inscripciones. En el gran Foro de Tarraco, el Consejo Provincial dispuso sobre todo monumentos dedicados a los flamines provinciae, y, de vez en cuando, también a las flaminicae y otros funcionarios. Igualmente fueron homenajeadas personas de rango senatorial. Las primeras estatuas dedicadas por el Consejo Provincial fueron elevadas hacia el 70 d. C., las últimas en el siglo III. La postrera mención de la existencia del Consejo Provincial data de mediados o la segunda mitad del siglo II I d. C.

Para mejor información visual sobre Tarraco hay este video y este otro.

En la magnífica novela de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano, hay una alusión al episodio del atentado que, a continuación, transcribimos. El episodio le sirve a Adriano, y a Yourcenar, para reflexionar sobre la esclavitud:

En España, cerca de Tarragona, un día que visitaba solo una mina semiabandonada, un esclavo cuya larga vida había transcurrido casi por completo en los corredores subterráneos, se lanzó sobre mí armado de un cuchillo. Muy lógicamente, se vengaba en el emperador de sus cuarenta y tres años de servidumbre. Lo desarmé fácilmente, y lo entregué a mi médico; su furor se calmó, y acabó convirtiéndose en lo que verdaderamente era: un ser no menos sensato que los demás, y más fiel que muchos. Aquel culpable, que la ley salvajemente aplicada hubiera mandado ejecutar de inmediato, se convirtió para mí en un servidor útil. Casi todos los hombres se parecen a ese esclavo; viven demasiado sometidos, y sus largos períodos de embotamiento se ven interrumpidos por sublevaciones tan brutales como inútiles. Quería yo ver si una libertad bien entendida no sacaría mejor partido de ellos, y me asombra que una experiencia semejante no haya tentado a más príncipes. Aquel bárbaro condenado a trabajar en las minas se convirtió para mí en el emblema de todos nuestros esclavos, de todos nuestros bárbaros. No me parecía imposible tratarlos como había tratado a ese hombre, devolverlos inofensivos a fuerza de bondad, siempre y cuando comprendieran previamente que la mano que los desarmaba era firme. Los pueblos han perecido hasta ahora por falta de generosidad: Esparta hubiera sobrevivido más tiempo de haber interesado a los ilotas en su supervivencia; un buen día Atlas deja de sostener el peso del cielo y su rebelión conmueve la tierra. Hubiera querido hacer retroceder, evitar si fuera posible, ese momento en que los bárbaros de fuera y los esclavos internos se arrojarán sobre un mundo que se les exige respetar de lejos o servir desde abajo, pero cuyos beneficios no son para ellos. Me obstinaba en que el más desheredado de los seres, el esclavo que limpia las cloacas de la ciudad, el bárbaro hambriento que ronda las fronteras, tuviera interés en que Roma durara.

El otro episodio de la vida de Adriano referido en el video del MNAT es su relación con Antínoo. El autor de la Historia Augusta dice:

Peragrata Arabia Pelusium venit et Pompeii tumulum magnificentius exstruxit. 5 Antinoum suum, dum per Nilum navigat, perdidit, quem muliebriter flevit. 6 De quo varia fama est, aliis eum devotum pro Hadriano adserentibus, aliis quod et forma eius ostentat et nimia voluptas Hadriani. 7 Et Graeci quidem volente Hadriano eum consecraverunt, oracula per eum dari adserentes, quae Hadrianus ipse composuisse iactatur.

Tras atravesar Arabia llegó a Pelusium y reconstruyó de forma más suntuosa la tumba de Pompeyo. Mientras navegaba por el Nilo, perdió a su Antínoo, al cual lloró como una mujer. Sobre ello hay varias versiones: declarando unos que se había consagrado a la muerte por Adriano, y otros lo que sugiere la belleza del joven y la excesiva sensualidad de Adriano. Y los griegos lo deificaron a petición de Adriano, afirmando que los oráculos eran dados por medio de él, pero es comúnmente aceptado que éstos eran compuestos por el propio Adriano.

Sobre esta relación y el suicidio del joven Antínoo escribió Dión Casio en sus Historiae Romanae LXIX, 11:

ἐν δ τ Αγπτ κα τν ᾿Αντινου νομασμνην νκοδμησε πλιν. γρ ᾿Αντνοος ν μν κ Βιθυνου πλεως Βιθυνδος, ν κα Κλαυδιοπολιν καλομεν, παιδικ δ ατο γεγνει, κα ν τ Αγπτ τελετησεν, ετ᾿ ον ς τν Νελον κπεσν, ς ᾿Αδριανς γρφει, ετε κα ερουργηθες, ς λθεια χει· τ τε γρ λλα περιεργτατος ᾿Αδριανς, σπερ επον, γνετο, κα μαντεαις μαγγανεαις τε παντοδαπας χρτο. κα οτω γε τν ᾿Αντνοον, τοι δι τν ρωτα ατο τι θελοντς θανατθη (κουσου γρ ψυχς πρς πραττεν δετο), τμησεν ς κα πλιν ν τ χωρίῳ, ν τοτ᾿ παθε, κα συνοικσαι κα νομσαι π᾿ ατο. κα κενου νδριντας ν πσ ς επεν τ οκουμν, μλλον δ γλματα, νθηκε. κα τλος στρα τιν ατς τε ρν ς κα το ᾿Αντινου ντα λεγε, κα τν συνντων ο μυθολογοντων δως κουεν κ τε τς ψυχς το ᾿Αντινου ντως τν στρα γεγενσθαι κα ττε πρτον ναπεφηνναι. Δι τατ τε ον σκπτετο, κα τι Παυλν τ δελφ ποθανοσ παραχρμα μν οδεμαν τιμν νειμεν.

En Egipto también reconstruyó la ciudad llamada desde entonces Antínoo. Pues Antínoo era de Bitinio, una ciudad de Bitinia, que también llamamos Claudiópolis, y había sido su favorito y murió en Egipto, bien tras caer al río Nilo, como escribe Adriano, bien habiéndose ofrecido en sacrificio, como es la verdad. Pues, por lo demás, Adriano, como he dicho, fue curioso y empleó adivinaciones y sortilegios de todo tipo. Y así honró a Antínoo, bien por su amor hacia él o porque se ofreció voluntariamente a morir (pues era necesario que una vida se entregara libremente para el éxito de lo que Adriano se proponía) con la construcción de una ciudad en el lugar en el que ocurrieron los hechos y dándole su nombre. Y erigió estatuas suyas, o mejor imágenes sagradas, por así decir, en toda la tierra habitada. Y finalmente decía que él mismo había visto una estrella como si fuera la de Antínoo y escuchaba con placer a sus allegados que le contaban relatos fantásticos en el sentido de que la estrella realmente se había creado a partir del alma de Antínoo y que era entonces la primera ocasión en la que aparecía. Por ello era objeto de burla y también porque, al morir su hermana Paulina, no le concedió al instante ningún honor.


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