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Archive for 23 de febrero de 2010

El sábado pasado lo vi anunciado en una farmacia. Decidí elaborar un artículo con él, por su referente clásico y por sus dos errores. Pero al buscar la imagen para el post observé que los alumnos de Aracne fila i fila ya lo había colgado en su blog el 1 de diciembre de 2008. Desde luego, la telaraña que está tejiendo Aracne es ya kilométrica, y, por otra parte, ¡qué acertados estuvimos al ponerle a este blog el nombre de Nihil sub sole novum!.

¿Hay algún asunto sobre el que no se haya hablado, escrito, informado?

Lo cierto es que hemos tenido que dar un giro al propósito inicial sobre el artículo y hablar un poco sobre aforismos o frases latinas, más o menos famosas, como la que el medicamento en cuestión usa, presentes en la obra de Suetonio. Ya nos referimos a uno: Ave, Caesar, morituri te salutant.

Como vimos en su momento, en el original de Suetonio es ave, imperator, morituri te salutant.

Vayamos con el medicamento en cuestión. ¿Qué es VINCIGRIP?

VINCIGRIP cápsulas se presenta en envases de 12 cápsulas duras para administración oral.
VINCIGRIP cápsulas lo componen una asociación de fármacos con acción analgésica, antitérmica, antihistamínica y descongestiva de la mucosa nasal. Este medicamento está indicado para el alivio sintomático de los procesos catarrales y gripales que cursan con dolor leve o moderado, fiebre y congestión nasal.

De forma bastante ingeniosa han utilizado la famosa frase de Julio César para destacar las propiedades del fármaco. Así a la palabra VINI sigue la frase:

Cuando lleguen los síntomas de gripes y resfriados…

en la que VINI se correspondería con lleguen.

A VIDI le corresponde:

… vas a ver muy claro…

Aquí la correlación es VIDI-vas a ver

Finalmente a VINCI le sigue la frase:

…cómo vencerlos de forma eficaz

Decíamos que dos errores se han deslizado en la cita farmacéutica. El primero en VINI, que debería ser VENI, primera persona del singular del pretérito perfecto de indicativo activo del verbo venio (venir, llegar).

El segundo VINCI, que debería ser VICI, idéntica forma que la anterior, pero del verbo vinco (vencer). Si decimos Vinci, no decimos nada en latín. O es vincit (tercera persona del singular del presente de indicativo) o vici / vicit (primera y tercera persona del singular del pretérito perfecto de indicativo activo del verbo vinco).

Creo que poco costaba consultar la frase en la red, en una enciclopedia o preguntar a algún profesor de latín.

Por cierto, otro famoso aforismo en el que suele emplearse el presente (vincit), en este caso de forma correcta, en lugar del original virgiliano vicit es labor omnia vicit (Geórgicas I, 145-146):

tum ferri rigor atque argutae lammina serrae

nam primi cuneis scindebant fissile lignum,

tum uariae uenere artes. labor omnia uicit

improbus et duris urgens in rebus egestas.

De entonces data el hierro rígido y la sierra de sonido agudo, pues los primeros hombres hendían con cuñas la fibrosa madera. Entonces aparecieron los variados oficios. Todo lo venció el extremado trabajo y la necesidad que aprieta en circunstancias duras.

La traducción es de Tomás de la Ascensión Recio García, en Gredos.

Vamos con la frase correcta de Suetonio

VENI, VIDI, VICI

“Llegué, vi, vencí “. Son, como hemos visto, la primera persona del singular del pretérito perfecto de indicativo activo de los verbos venio (venir, llegar), video (ver) y vinco (vencer). Palabras que Julio César ordenó escribir en un cartel en la procesión triunfal por su victoria en el Ponto sobre el rey Farnaces, vanagloriándose de la rapidez con la cual la había conseguido, tal como nos cuenta Suetonio (Vida de los doce Césares, I, 37, 2). Otros escritores dicen que las usó en una carta dirigida al Senado. Hoy se utiliza, a veces, para indicar facilidad y rapidez en la realización de cualquier cosa.

La frase en su contexto es:

Confectis bellis quinquiens triumphauit, post deuictum Scipionem quater eodem mense, sed interiectis diebus, et rursus semel post superatos Pompei liberos. primum et excellentissimum triumphum egit Gallicum, sequentem Alexandrinum, deinde Ponticum, huic proximum Africanum, nouissimum Hispaniensem, diuerso quemque apparatu et instrumento. Gallici triumphi die Velabrum praeteruehens paene curru excussus est axe diffracto ascenditque Capitolium ad lumina quadraginta elephantis dextra sinistraque lychnuchos gestantibus. Pontico triumpho inter pompae fercula trium uerborum praetulit titulum veni  vidi vici non acta belli significantem sicut ceteris, sed celeriter confecti notam.

Acabada la guerra, celebró cinco triunfos: cuatro después de la derrota de Escipión, en el mismo mes, pero con algunos días de intervalo, y uno más después de haber vencido a los hijos de Pompeyo. El primero y más sobresaliente de todos fue el de las Galias, le siguió el de Alejandría, luego el del Ponto, a continuación de éste el africano, y en último lugar, el de Hispania, cada uno con aparato y pompa diferentes. El día del triunfo gálico, al atravesar el Velabro, casi salió despedido del carro, al que se le había roto un eje y subió al Capitolio a la luz de las antorchas, con cuarenta elefantes que portaban candelabros a su derecha y a su izquierda. En su triunfo del Ponto llevó, entre las andas del cortejo, un rótulo de tres palabras, “llegué, vi, vencí”, que no pretendía, como en las demás ocasiones, resaltar las hazañas de la guerra, sino la particularidad de la rapidez con que la llevó a término.

La traducción es de Rosa María Agudo Cubas, en Gredos

Aclarada la cita de Suetonio, proseguimos con otras frases convertidas en aforismos y presentes en el texto citado de Suetonio.

ACTA EST FABULA

La pieza teatral ha terminado“. Expresión formada por el nominativo singular del sustantivo fabula, fabulae (fábula, obra teatral) y la tercera persona del singular del pretérito perfecto de indicativo pasivo del verbo ago (hacer, realizar). Palabras con las cuales los directores de teatro antiguo anunciaban al público que el espectáculo ya había terminado y se podían retirar. Esta frase se hizo célebre porque la pronunció Augusto al morir, aplicándola a su propia vida (Suetonio, Vida de los doce Césares, II, 99, 1). También se dice que el escritor francés Rabelais la pronunció en idénticas circunstancias.

No podemos dejar de pensar nosotros en la frase La commedia è finita, del final de Pagliacci de Ruggero Leoncavallo.

En realidad, como ahora veremos en el texto de Suetonio, tales palabras literales no se pronunciaron. Según el historiador, Augusto habló en griego

Supremo die identidem exquirens, an iam de se tumultus foris esset, petito speculo capillum sibi comi ac malas labantes corrigi praecepit et admissos amicos percontatus, ecquid iis uideretur mi[ni]mum uitae commode transegisse, adiecit et clausulam: πε δ πνυ κα<λ>ς ππαισται, δτε κρτον κα πντες μς μετ χαρς προπμψατε.

omnibus deinde dimissis, dum aduenientes ab urbe de  Drusi filia aegra interrogat, repente in osculis Liuiae et in hac uoce defecit: ‘Liuia, nostri coniugii memor uiue, ac uale!’ sortitus exitum facilem et qualem semper optauerat. nam fere quotiens audisset cito ac nullo cruciatu defunctum quempiam, sibi et suis εὐθανασίαν similem hoc enim et uerbo uti solebat precabatur.

El último día de su vida preguntó repetidas veces si había ya revuelo en las calles a causa de su estado. Después pidió un espejo, se hizo arreglar el cabello y afirmar las mejillas que le colgaban, y recibió a sus amigos, a quines preguntó si les parecía que había representado bien la farsa de la vida, añadiendo incluso el final consabido: Si la comedia os ha gustado, concededle vuestro aplauso y, todos a una, despedidnos con alegría. Luego los despachó a todos y, mientras interrogaba a unas personas recién llegadas de Roma sobre la enfermedad de la hija de Druso, expiró de repente en los brazos de Livia, pronunciando estas palabras: “¡Livia, conserva mientras vivas el recuerdo de nuestra unión! Adiós”. Alcanzó así una muerte dulce y a la medida de sus deseos, pues casi siempre, cuando oía que alguien había muerto rápidamente y sin dolor, pedía para él y para los suyos una similar εὐθανασίαν (buena muerte) – ésta era, en efecto, la palabra que solía emplear.

AD KALENDAS GRAECAS

Compuesta por la preposición ad (a, hasta) y el acusativo plural del sintagma kalendae Graecae. Significa “hasta las calendas griegas“. Kalendae era el primer día del mes en el calendario  romano, pero los griegos no tenían este día, por lo que la expresión significa que algo no se hará nunca. De hecho los griegos dividían sus meses lunares, de 29 ó 30 días, en tres décadas: el primer día del mes era el día de la luna nueva (νουμηνία), el segundo “el segundo del comienzo del mes“, y así sucesivamente. El día 11 era el primero de “mitad del mes“; y a partir del 20 se contaba al revés; el 21 era el día décimo o noveno antes del fin del mes. La frase era ya proverbial en latín i el propio Augusto, aludiendo a los deudores que no cumplían sus compromisos, dice que pagarán ad kalendas graecas ( Suetonio, Vida de los doce Césares, II, 87, 1 ).

Cotidiano sermone quaedam frequentius et notabiliter usurpasse eum, litterae ipsius autographae ostentant, in quibus identidem, cum aliquos numquam soluturos significare uult, ‘ad Kalendas Graecas soluturos’ ait; et cum hortatur ferenda esse praesentia, qualiacumque sint: ‘contenti simus hoc Catone’; et ad exprimendam festinatae rei uelocitatem: ‘celerius quam asparagi cocuntur’ .

Sus cartas autógrafas muestran que en su conversación cotidiana utilizaba con frecuencia ciertos giros curiosos; por ejemplo, a menudo escribe en ellas, cuando quiere dar a entender que algunos deudores no van a pagar nunca, que “pagarán para las calendas griegas”; cuando aconseja aceptar el momento presente tal como es, “contentémonos con este Catón”; y para expresar la rapidez con que se ha hecho algo, “más deprisa que se cuecen los espárragos”.

Traducciones sacadas de aquí.

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