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Archive for 20 marzo 2010

El otro sueño que tuvo José, en el que se le vuelve a aparecer un ángel, le indica que debe marchar a Egipto, a fin de proteger a Jesús de la persecución de Herodes.

Mateo 2, 13-15:

ναχωρησάντων δ ατν δο γγελος Κυρίου φαίνεται κατ ναρ τ ᾿Ιωσήφ λέγων, γερθες παράλαβε τ παιδίον κα τν μητέρα ατο κα φεγε ες Αγυπτον, κα σθι κε ως ν επω σοι· μέλλει γρ ῾Ηρδης ζητεν τ παιδίον το πολέσαι ατό. δ γερθες παρέλαβεν τ παιδίον κα τν μητέρα ατο νυκτς κα νεχώρησεν ες Αγυπτον, κα ν κε ως τς τελευτς Ηρδου· να πληρωθ τ ηθν π Κυρίου δι το προφήτου λέγοντος, ξ Aγύπτου κάλεσα τν υόν μου.

Qui cum recessissent, ecce angelus Domini apparuit in somnis Joseph, dicens: Surge, et accipe puerum, et matrem eius, et fuge in Aegyptum, et esto ibi usque dum dicam tibi. Futurum est enim ut Herodes quaerat puerum ad perdendum eum. Qui consurgens accepit puerum et matrem eius nocte, et secessit in Aegyptum: et erat ibi usque ad obitum Herodis: ut adimpleretur quod dictum est a Domino per prophetam dicentem: Ex Aegypto vocavi filium meum.

Cuando se marcharon, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.Se levantó, todavía de noche, tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto, donde residió hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que anunció el Señor por el profeta: Llamé a mi hijo que estaba en Egipto.

Tercer sueño: el ángel indica ahora a José que ya puede regresar a Israel. Y, de nuevo avisado en sueños, decide instalarse en Nazaret, por lo que Jesús será llamado “Nazareno”.

Mateo 2, 19-23

Τελευτήσαντος δ το Ηρδου δο γγελος κυρίου φαίνεται κατ ναρ τ ᾿Ιωσήφν Αγύπτ λέγων, γερθες παράλαβε τ παιδίον κα τν μητέρα ατο κα πορεύου ες γν ᾿Ισραήλ, τεθνήκασιν γρ ο ζητοντες τν ψυχν το παιδίου. δ γερθες παρέλαβεν τ παιδίον κα τν μητέρα ατο κα εσλθεν ες γν ᾿Ισραήλ. κούσας δ τι ᾿Αρχέλαος βασιλεύει τς ᾿Ιουδαίας ντ το πατρς ατο Ηρδου φοβήθη κε πελθεν· χρηματισθες δ κατ ναρ νεχώρησεν ες τ μέρη τς Γαλιλαίας, κα λθν κατκησεν ες πόλιν λεγομένην Ναζαρέτ, πως πληρωθ τ ηθν δι τν προφητν τι Ναζωραος κληθήσεται.

Defuncto autem Herode, ecce angelus Domini apparuit in somnis Joseph in Aegypto, dicens: Surge, et accipe puerum, et matrem eius, et vade in terram Israël: defuncti sunt enim qui quærebant animam pueri. Qui consurgens, accepit puerum, et matrem eius, et venit in terram Israël. Audiens autem quod Archelaus regnaret in Judaea pro Herode patre suo, timuit illo ire: et admonitus in somnis, secessit in partes Galilaeae. Et veniens habitavit in civitate quae vocatur Nazareth: ut adimpleretur quod dictum est per prophetas: Quoniam Nazaraeus vocabitur.

A la muerte de Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:”Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a Israel, pues han muerto los que atentaban contra la vida del niño”. Se levantó, tomó al niño y a su madre y se volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao había sucedido a su padre Herodes como rey de Judea, temió dirigirse allá. Y avisado en sueños, se retiró a la provincia de Galilea y se estableció en una población llamada Nazaret, para que se cumpliera lo anunciado por los profetas:”Será llamado Nazareno”.

De Mateo a Lucas en cuyo relato de la anunciación se nos dice que María estaba desposada con José (μνηστευμένην νδρ νομα ᾿Ιωσήφ, desponsatam viro, cui nomen erat Joseph,) de la estirpe y familia de David, como quedó claro en la genealogía.

Lucas 1, 26-31:

ν δ τ μην τ κτ πεστάλη γγελος Γαβριλ π το θεο ες πόλιν τς Γαλιλαίας νομα Ναζαρθ πρς παρθένον μνηστευμένην νδρ νομα ᾿Ιωσήφξ οκου Δαυίδ, κα τ νομα τς παρθένου Μαριάμ. κα εσελθν πρς ατν επεν, χαρε, κεχαριτωμένη, Κύριος μετ σο. δ π τ λόγ διεταράχθη κα διελογίζετο ποταπς εη σπασμς οτος. κα επεν γγελος ατ, μ φοβο, Μαριάμ, ερες γρ χάριν παρ τ θε· κα δο συλλήμψ ν γαστρ κα τέξ υόν, κα καλέσεις τ νομα ατο ᾿Ιησον.

In mense autem sexto, missus est angelus Gabriel a Deo in civitatem Galilaeae, cui nomen Nazareth, ad virginem desponsatam viro, cui nomen erat Joseph, de domo David: et nomen virginis Maria. Et ingressus angelus ad eam dixit: Ave gratia plena: Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus. Quae cum audisset, turbata est in sermone ejus, et cogitabat qualis esset ista salutatio. Et ait angelus ei: Ne timeas, Maria: invenisti enim gratiam apud Deum. Ecce concipies in utero, et paries filium, et vocabis nomen eius Jesum:

El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: ”Alégrate, favorecida, el Señor está contigo”. Al oírlo, ella se turbó y discurría qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: “No temas, María, que gozas del favor de Dios. Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús”.

En el relato del nacimiento, José marcha con su esposa, ya embarazada, a inscribirse para el censo, ordenado por Augusto, a Belén de Judá.

Lucas 2, 4-5:

᾿Ανέβη δ κα ᾿Ιωσφ π τς Γαλιλαίας κ πόλεως Ναζαρθ ες τν ᾿Ιουδαίαν ες πόλιν Δαυδ τις καλεται Βηθλέεμ, δι τ εναι ατν ξ οκου κα πατρις Δαυίδ, πογράψασθαι σν Μαριμ τ μνηστευμέν ατ, οσ γκύ.

Ascendit autem et Joseph a Galilaea de civitate Nazareth in Judæam, in civitatem David, quæ vocatur Bethlehem: eo quod esset de domo et familia David, ut profiteretur cum Maria desponsata sibi uxore praegnante.

José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David en Judea, llamada Belén – pues pertenecía a la casa y familia de David-, a inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.

Si en Mateo hallamos una genealogía de Cristo, desde Abraham a José, en Lucas la tenemos inversa, desde José hasta Adán, y Dios. Nada menos que 76 nombres propios, además del de Dios. Recordemos que Mateo cita 42 nombres.

Lucas 3, 23-38:

κα ατς ν ᾿Ιησος ρχόμενος σε τν τριάκοντα, ν υός, ς νομίζετο, ᾿Ιωσφ το ᾿Ηλ το Μαθθτ το Λευ το Μελχ το ᾿Ιαννα το ᾿Ιωσφ το Ματταθίου το ᾿Αμς το Ναομ το ᾿Εσλ το Ναγγα το Μάαθ το Ματταθίου το Σεμεν το ᾿Ιωσχ το ᾿Ιωδ το ᾿Ιωανν το ῾Ρησ το Ζοροβαβλ το Σαλαθιλ το Νηρ το Μελχ το ᾿Αδδ το Κωσμ το ᾿Ελμαδμ τοΗρ το ᾿Ιησο το ᾿Ελιέζερ το ᾿Ιωρμ το Μαθθτ το Λευ το Συμεν το ᾿Ιούδα το ᾿Ιωσφ το ᾿Ιωνμ το ᾿Ελιακμ το Μελε το Μενν το Ματταθ το Ναθμ το Δαυδ το ᾿Ιεσσα το ᾿Ιωβδ το Βόοζ το Σαλ το Ναασσν το ᾿Αμιναδβ το ᾿Αδμν το ᾿Αρν το ᾿Εσρμ το Φάρες το ᾿Ιούδα το ᾿Ιακβ το ᾿Ισακ το ᾿Αβραμ το Θάρα το Ναχρ το Σεροχ το ῾Ραγα το Φάλεκ τοΕβερ το Σαλ το Καϊνμ το ᾿Αρφαξδ το Σμ το Νε το Λάμεχ το Μαθουσαλ το ᾿Ενχ το ᾿Ιάρετ το Μαλελελ το Καϊνμ το ᾿Ενς το Σθ το ᾿Αδμ το Θεο.


Et ipse Jesus erat incipiens quasi annorum triginta, ut putabatur, filius Joseph, qui fuit Heli, qui fuit Mathat, qui fuit Levi, qui fuit Melchi, qui fuit Janne, qui fuit Joseph, qui fuit Mathathiae, qui fuit Amos, qui fuit Nahum, qui fuit Hesli, qui fuit Nagge, qui fuit Mahath, qui fuit Mathathiae, qui fuit Semei, qui fuit Joseph, qui fuit Juda, qui fuit Joanna, qui fuit Resa, qui fuit Zorobabel, qui fuit Salatheil, qui fuit Neri, qui fuit Melchi, qui fuit Addi, qui fuit Cosan, qui fuit Elmadan, qui fuit Her, qui fuit Jesu, qui fuit Eliezer, qui fuit Jorim, qui fuit Mathat, qui fuit Levi, qui fuit Simeon, qui fuit Juda, qui fuit Joseph, qui fuit Jona, qui fuit Eliakim, qui fuit Melea, qui fuit Menna, qui fuit Mathatha, qui fuit Natham, qui fuit David, qui fuit Jesse, qui fuit Obed, qui fuit Booz, qui fuit Salmon, qui fuit Naasson, qui fuit Aminadab, qui fuit Aram, qui fuit Esron, qui fuit Phares, qui fuit Judae, qui fuit Jacob, qui fuit Isaac, qui fuit Abrahae, qui fuit Thare, qui fuit Nachor, qui fuit Sarug, qui fuit Ragau, qui fuit Phaleg, qui fuit Heber, qui fuit Sale, qui fuit Cainan, qui fuit Arphaxad, qui fuit Sem, qui fuit Noë, qui fuit Lamech, qui fuit Methusale, qui fuit Henoch, qui fuit Jared, qui fuit Malaleel, qui fuit Cainan, qui fuit Henos, qui fuit Seth, qui fuit Adam, qui fuit Dei.

Cuando Jesús empezó su ministerio tenía treinta años y pasaba por hijo de José, que era hijo de Elí, Elí hijo de Matat, Matat hijo de Leví, Leví hijo de Melquí, Melquí hijo de Janay, Janay hijo de José, José hijo de Matatías, Matatías hijo de Amós, Amós hijo de Nahún, Nahún hijo de Esli, Esli hijo de Nagay, Nagay hijo de Maat, Maat hijo de Matatías, Matatías hijo de Semeín, Semeín hijo de Josec, Josec hijo de Jodá, Jodá hijo de Joanán, Joanán hijo de Resá, Resá hijo de Zorobabel, Zorobabel hijo de Salatiel, Salatiel hijo de Nerí, Nerí hijo de Melquí, Melquí hijo de Adí, Adí hijo de Cosán, Cosán hijo de Elmadán, Elmadán hijo de Er, Er hijo de Jesús, Jesús hijo de Eliezer, Eliezer hijo de Jorín, Jorín hijo de Matat,  Matat hijo de Leví, Leví hijo de Simeón, Simeón hijo de Judá, Judá hijo de José, José hijo de Joná, Joná hijo de Eliacín, Eliacín hijo de Meleá, Meleá hijo de Mená, Mená hijo de Matatá, Matatá hijo de Natán, Natán hijo de David, David hijo de Jesé, Jesé hijo de Jobed, Jobed hijo de Booz, Booz hijo de Salá, Salá hijo de Naasón, Naasón hijo de Aminadab, Aminadab hijo de Admín, Admín hijo de Arní, Arní hijo de Esrón, Esrón hijo de Fares, Fares hijo de Judá, Judá hijo de Jacob, Jacob hijo de Isaac, Isaac hijo de Abrahán, Abrahán hijo de Tara, Tara hijo de Nacor, Nacor hijo de Saruc, Saruc hijo de Ragau, Ragau hijo de Fálec, Fálec hijo de Eber, Eber hijo de Salá, Salá hijo de Cainán, Cainán hijo de Arfaxad, Arfaxad hijo de Sem, Sem hijo de Noé, Noé hijo de Lamec, Lamec hijo de Matusalén, Matusalén hijo de Enoc, Enoc hijo de Jarec, Jarec hijo de Maleel, Maleel hijo de Cainán, Cainán hijo de Enós, Enós hijo de Set, Set hijo de Adán, Adán hijo de Dios.


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Celebramos hoy la solemnidad de San José, esposo de María. Es una figura evangélica callada y silenciosa. Ni una sola palabra pronuncia en los evangelios canónicos. No así en los apócrifos, y en concreto en el Protoevangelio de Santiago, donde José habla y en le que se nos da alguna información más sobre este callado personaje, que, no obstante goza en tierras valencianas de gran devoción y es un santo “simpático” para mucha gente.

Nuestra intención es ofrecer algunos textos, casi todos los evangélicos, en los que se habla de José.

Antes, no obstante de comenzar, damos dos pinceladas humorísticas a propósito de San José.

En cierta ocasión, en el transcurso de una comida de caminantes, un comensal me comentaba que de pequeño, en su casa, era normal rezar el rosario. Él asistía a dicho rezo y había memorizado todas las oraciones, hasta el punto que podía dirigir el rezo de la mencionada oración. Pero aprender de memoria a partir de lo que se escucha puede provocar errores y esta persona contaba que, al final del rosario, se dedicaba un padrenuestro a San José.

Un padrenuestro a San José “que no sé si está en la última agonía”.

Pero ¿qué dices, niño? le espetó alguien. “No se dice así”, sino “que nos asista en la última agonía”. El chaval había escuchado o interpretado mal lo que como encabezamiento se decía y había hecho una frase muy sui generis.

Parece, en efecto, que San José es el “encargado” de velar por las personas que se hallan en el último trance de la vida.

Y ahora, un chiste teológico:

Estamos en el cielo en una competición de tiro al plato. Allí están todos: San Pedro, Jesucristo, los demás apóstoles, San Pablo, ángeles, arcángeles, serafines, querubines, mártires, etc., unos de público y otros como participantes.

– ¡Plato!, ¡pum!

– ¡Plato!, ¡pum!

En eso, se escucha por megafonía: ATENCIÓN, ALTO EL FUEGO, NO DISPAREN. VA A PASAR EL ESPÍRITU SANTO POR EL ESPACIO AÉREO DE COMPETCIÓN.

El Espíritu Santo, en forma de paloma, está cruzando y se escuchan dos disparos ¡Pum, pum!; Jesús mira a su lado y pregunta a San José: “Pero, padre, ¿qué haces?”

San José responde: “PERDONA, HIJO, PERO HAY COSAS QUE NUNCA SE OLVIDAN…”

Hecha la broma, pasamos a nuestro artículo. Decíamos que lo único que se dice de José es esto:

᾿Ιωσήφ δ νρ ατς, δίκαιος ν

Ioseph autem vir eius cum esset iustus

José, su esposo, que era un hombre justo

Poco, pero bastante significativo.

La primera vez que es citado José es en el comienzo del evangelio de Mateo, en la enumeración de la genealogía de Cristo y en el brevísimo relato de la concepción de Jesús. El evangelista deja bien claro que José no tuvo trato carnal con María:

παρέλαβεν τν γυνακα ατο· κα οκ γίνωσκεν ατν ως ο τεκεν υόν· κα κάλεσεν τ νομα ατο ᾿Ιησον.

et accepit coniugem suam. Et non cognoscebat eam donec peperit filium suum primogenitum: et vocavit nomen eius Jesum.

y acogió a María como esposa. Pero no tuvo relaciones con ella hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús.

Ya en este episodio cobran importancia los sueños de José que le van a indicar siempre qué decisión debe tomar, a pesar de su determinación inicial. Ciertamente debió ser difícil para él la situación que se encontró. Desposado con una joven que queda embarazada sin intervención suya.

Mateo 1, 1-16; 18-25

Βίβλος γενέσεως ᾿Ιησο Χριστο υο Δαυδ υο ᾿Αβραάμ. ᾿Αβραμ γέννησεν τν ᾿Ισαάκ, ᾿Ισακ δ γέννησεν τν ᾿Ιακώβ, ᾿Ιακβ δ γέννησεν τν ᾿Ιούδαν κα τος δελφος ατο, ᾿Ιούδας δ γέννησεν τν Φάρες κα τν Ζάρα κ τς Θαμάρ, Φάρες δ γέννησεν τν ᾿Εσρώμ, ᾿Εσρμ δ γέννησεν τν ᾿Αράμ, ᾿Αρμ δ γέννησεν τν ᾿Αμιναδάβ, ᾿Αμιναδβ δ γέννησεν τν Ναασσών, Ναασσν δ γέννησεν τν Σαλμών, Σαλμν δ γέννησεν τν Βοόζ κ τς ῾Ραχάβ, Βοόζ δ γέννησεν τν ᾿Ιωβδ κ τς ῾Ρούθ, ᾿Ιωβδ δ γέννησεν τν ᾿Ιεσσαί, ᾿Ιεσσα δ γέννησεν τν Δαυδ τν βασιλέα. Δαυδ δ γέννησεν τν Σολομνα κ τς το Ορίου, Σολομν δ γέννησεν τν ῾Ροβοάμ, ῾Ροβομ δ γέννησεν τν ᾿Αβιά, ᾿Αβι δ γέννησεν τν ᾿Ασάφ, ᾿Ασφ δ γέννησεν τν ᾿Ιωσαφάτ, ᾿Ιωσαφτ δ γέννησεν τν ᾿Ιωράμ, ᾿Ιωρμ δ γέννησεν τν ᾿Οζίαν, ᾿Οζίας δ γέννησεν τν ᾿Ιωαθάμ, ᾿Ιωαθμ δ γέννησεν τν ᾿Αχάζ, ᾿Αχζ δ γέννησεν τν ᾿Εζεκίαν, ᾿Εζεκίας δ γέννησεν τν Μανασσ, Μανασσς δ γέννησεν τν ᾿Αμώς, ᾿Αμς δ γέννησεν τν ᾿Ιωσίαν, ᾿Ιωσίας δ γέννησεν τν ᾿Ιεχονίαν κα τος δελφος ατο π τς μετοικεσίας Βαβυλνος. Μετ δ τν μετοικεσίαν Βαβυλνος ᾿Ιεχονίας γέννησεν τν Σαλαθιήλ, Σαλαθιλ δ γέννησεν τν Ζοροβαβέλ, Ζοροβαβλ δ γέννησεν τν ᾿Αβιούδ, ᾿Αβιοδ δ γέννησεν τν ᾿Ελιακίμ, ᾿Ελιακμ δ γέννησεν τν ᾿Αζώρ, ᾿Αζρ δ γέννησεν τν Σαδώκ, Σαδκ δ γέννησεν τν ᾿Αχίμ, ᾿Αχμ δ γέννησεν τν ᾿Ελιούδ, ᾿Ελιοδ δ γέννησεν τν ᾿Ελεάζαρ, ᾿Ελεάζαρ δ γέννησεν τν Ματθάν, Ματθν δ γέννησεν τν ᾿Ιακώβ, ᾿Ιακβ δ γέννησεν τν ᾿Ιωσφ τν νδρα Μαρίας, ξ ς γεννήθη ᾿Ιησος λεγόμενος Χριστός.


Το δ ᾿Ιησο Χριστο γένεσις οτως ν. Μνηστευθείσης τς μητρς ατο Μαρίας τ ᾿Ιωσήφ, πρν συνελθεν ατος ερέθη ν γαστρ χουσα κ πνεύματος γίου. ᾿Ιωσήφ δ νρ ατς, δίκαιος ν κα μ θέλων ατν δειγματίσαι, βουλήθη λάθρ πολσαι ατήν. Τατα δ ατο νθυμηθέντος δο γγελος κυρίου κατ ναρ φάνη ατ λέγων, ᾿Ιωσήφ υἱὸς δαυίδ, μ φοβηθς παραλαβεν Μαρίαν τν γυνακά σου, τ γρ ν ατ γεννηθν κ Πνεύματός στιν γίου· τέξεται δ υἱὸν κα καλέσεις τ νομα ατο ησον, ατς γρ σώσει τν λαν ατο π τν μαρτιν ατν. Τοτο δ λον γέγονεν να πληρωθ τ ηθν π Κυρίου δι το προφήτου λέγοντος, δο παρθένος ν γαστρ ξει κα τέξεται υόν, κα καλέσουσιν τ νομα ατο ᾿Εμμανουήλ, στιν μεθερμηνευόμενον μεθ μν θεός. γερθες δ ᾿Ιωσήφπ το πνου ποίησεν ς προσέταξεν ατ γγελος Κυρίου κα παρέλαβεν τν γυνακα ατο· κα οκ γίνωσκεν ατν ως ο τεκεν υόν· κα κάλεσεν τ νομα ατο ᾿Ιησον.

Liber generationis Jesu Christi filii David, filii Abraham. Abraham genuit Isaac. Isaac autem genuit Jacob. Jacob autem genuit Judam, et fratres eius. Judas autem genuit Phares, et Zaram de Thamar. Phares autem genuit Esron. Esron autem genuit Aram. Aram autem genuit Aminadab. Aminadab autem genuit Naasson. Naasson autem genuit Salmon. Salmon autem genuit Booz de Rahab. Booz autem genuit Obed ex Ruth. Obed autem genuit Jesse. Jesse autem genuit David regem. David autem rex genuit Salomonem ex ea quæ fuit Uriae. Salomon autem genuit Roboam. Roboam autem genuit Abiam. Abias autem genuit Asa. Asa autem genuit Josophat. Josophat autem genuit Joram. Joram autem genuit Oziam. Ozias autem genuit Joatham. Joatham autem genuit Achaz. Achaz autem genuit Ezechiam. Ezechias autem genuit Manassen. Manasses autem genuit Amon. Amon autem genuit Josiam. Josias autem genuit Jechoniam, et fratres eius in transmigratione Babylonis. Et post transmigrationem Babylonis: Jechonias genuit Salathiel. Salathiel autem genuit Zorobabel. Zorobabel autem genuit Abiud. Abiud autem genuit Eliacim. Eliacim autem genuit Azor. Azor autem genuit Sadoc. Sadoc autem genuit Achim. Achim autem genuit Eliud. Eliud autem genuit Eleazar. Eleazar autem genuit Mathan. Mathan autem genuit Jacob. Jacob autem genuit Joseph virum Mariae, de qua natus est Jesus, qui vocatur Christus.


Christi autem generatio sic erat: cum esset desponsata mater eius Maria Joseph, antequam convenirent inventa est in utero habens de Spiritu Sancto. Joseph autem vir eius cum esset iustus, et nollet eam traducere, voluit occulte dimittere eam. Haec autem eo cogitante, ecce angelus Domini apparuit in somnis ei, dicens: Joseph, fili David, noli timere accipere Mariam conjugem tuam: quod enim in ea natum est, de Spiritu Sancto est. Pariet autem filium: et vocabis nomen eius Jesum: ipse enim salvum faciet populum suum a peccatis eorum. Hoc autem totum factum est, ut adimpleretur quod dictum est a Domino per prophetam dicentem: Ecce virgo in utero habebit, et pariet filium: et vocabunt nomen eius Emmanuel, quod est interpretatum Nobiscum Deus. Exsurgens autem Joseph a somno, fecit sicut praecepit ei angelus Domini, et accepit coniugem suam. Et non cognoscebat eam donec peperit filium suum primogenitum: et vocavit nomen eius Jesum.

Genealogía de Jesucristo, del linaje de David, del linaje de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y Zará; Fares engendró a Esrón; Esrón engendró a Arán. Arán engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón. Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé. Jesé engendró al rey David. David engendró, de la mujer de Urías, a Salomón. Salomón engendró a Roboán; Roboán engendró a Abías; Abías engendró a Asaf. Asaf engendró a Josafat; Josafat engendró a Jorán; Jorán engendró a Ozías. Ozías engendró a Joatán; Joatán engendró a Acaz; Acaz engendró a Ezequías. Ezequías engendró a Manasés; Manasés engendró a Amón; Amón engendró a Josías. Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel. Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliacín; Eliacín engendró a Azor. Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Aquín; Aquín engendró a Eliud. Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matán; Matán engendró a Jacob. Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Mesías.

El nacimiento de Jesucristo sucedió así: su madre, María, estaba prometida a José, y antes del matrimonio, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, decidió repudiarla en secreto. Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en acoger a María como esposa tuya, pues lo que ha concebido es obra del Espíritu Santo.Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está encinta, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel, que significa: Dios con nosotros. Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y acogió a María como esposa. Pero no tuvo relaciones con ella hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús.


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Es hora ya de que ofrezcamos el texto griego de la parábola del hijo pródigo y su traducción.

επεν δέ, νθρωπός τις εχεν δύο υούς. κα επεν νεώτερος ατν τ πατρί, πάτερ, δός μοι τ πιβάλλον μέρος τς οσίας. δ διελεν ατος τν βίον. κα μετ ο πολλς μέρας συναγαγν πάντα νεώτερος υἱὸς πεδήμησεν ες χώραν μακράν, κα κε διεσκόρπισεν τν οσίαν ατο ζν σώτως.

δαπανήσαντος δ ατο πάντα γένετο λιμς σχυρ κατ τν χώραν κείνην, κα ατς ρξατο στερεσθαι. κα πορευθες κολλήθη ν τν πολιτν τς χώρας κείνης, κα πεμψεν ατν ες τος γρος ατο βόσκειν χοίρους· κα πεθύμει χορτασθναι κ τν κερατίων ν σθιον ο χοροι, κα οδες δίδου ατ.

ες αυτν δ λθν φη, πόσοι μίσθιοι το πατρός μου περισσεύονται ρτων, γ δ λιμ δε πόλλυμαι. ναστς πορεύσομαι πρς τν πατέρα μου κα ρ ατ, πάτερ, μαρτον ες τν ορανν κα νώπιόν σου, οκέτι εμ ξιος κληθναι υός σου· ποίησόν με ς να τν μισθίων σου.

κα ναστς λθεν πρς τν πατέρα αυτο. τι δ ατο μακρν πέχοντος εδεν ατν πατρ ατο κα σπλαγχνίσθη κα δραμν πέπεσεν π τν τράχηλον ατο κα κατεφίλησεν ατόν. επεν δ υἱὸς ατ, πάτερ, μαρτον ες τν ορανν κα νώπιόν σου, οκέτι εμ ξιος κληθναι υός σου.

επεν δ πατρ πρς τος δούλους ατο, ταχ ξενέγκατε στολν τν πρώτην κα νδύσατε ατόν, κα δότε δακτύλιον ες τν χερα ατο κα ποδήματα ες τος πόδας, κα φέρετε τν μόσχον τν σιτευτόν, θύσατε κα φαγόντες εφρανθμεν, τι οτος υός μου νεκρς ν κα νέζησεν, ν πολωλς κα ερέθη. κα ρξαντο εφραίνεσθαι.

ν δ υἱὸς ατο πρεσβύτερος ν γρ· κα ς ρχόμενος γγισεν τ οκί, κουσεν συμφωνίας κα χορν, κα προσκαλεσάμενος να τν παίδων πυνθάνετο τί ν εη τατα. δ επεν ατ τι δελφός σου κει, κα θυσεν πατήρ σου τν μόσχον τν σιτευτόν, τι γιαίνοντα ατν πέλαβεν.

ργίσθη δ κα οκ θελεν εσελθεν. δ πατρ ατο ξελθν παρεκάλει ατόν. δ ποκριθες επεν τ πατρ ατο, δο τοσατα τη δουλεύω σοι κα οδέποτε ντολήν σου παρλθον, κα μο οδέποτε δωκας ριφον να μετ τν φίλων μου εφρανθ· τε δ υός σου οτος καταφαγών σου τν βίον μετ πορνν λθεν, θυσας ατ τν σιτευτν μόσχον.

δ επεν ατ, τέκνον, σ πάντοτε μετ μο ε, κα πάντα τ μ σά στιν· εφρανθναι δ κα χαρναι δει, τι δελφός σου οτος νεκρς ν κα ζησεν, κα πολωλς κα ερέθη.


Añadió: Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al padre: “Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde”. Él les repartió los bienes. A los pocos días, el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo como un libertino.

Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

Entonces recapacitando pensó: “A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros”.

Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados: “Enseguida, traed el mejor vestido y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traed el ternero cebado y matadlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y llamó a uno de los criados para informarse de lo que pasaba. Le contestó: “Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo”.

Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él respondió a su padre: “Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero cebado”.

Le contestó: “Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado.


Prosigue diciendo Francesc Ramis.

Desde el aspecto literario nuestra historia constituye una parábola. En ella aparece la confrontación de dos actitudes opuestas: la de los dos hermanos y la del padre.

La actitud de los dos hijos

El hijo menor

a) La decisión de dejar la casa del Padre

La regla fundamental, en el derecho israelita, es que solo los hijos varones tienen derecho a la herencia. Entre ellos, el mayor tiene una posición privilegiada y recibe el doble que los demás en la distribución de los bienes paternos (Dt 21, 17; metafóricamente 2 Re 2, 9). Sin embargo, en nuestro texto, es el hijo menor quien pide al padre la parte correspondiente de la heredad.

El menor, el que tenía menos derecho, pide a su padre un lote de la fortuna familiar. No se limita a “pedir”, sino que “exige”. La palabra “dame” figura en imperativo (δός = imperativo de aoristo del verbo δίδωμι). No se dirige a su padre mediante una súplica, o una solicitud; lo hace exigiendo una prerrogativa. El padre respeta la libertad de su hijo; y, sin replicar nada, reparte los bienes entre los dos hermanos. Después, el hijo menor, reuniendo todo lo suyo, abandona la casa paterna y se encamina a un país lejano.

b) La experiencia de una vida que se destruye

Lejos de la casa del padre y en una tierra extraña, las condiciones se vuelven adversas. Para explicarnos plásticamente el estado de abandono que padece, la narración se vale de frases muy duras:

Se ajustó con uno de los habitantes de aquel país = ἐκολλήθη ἑνὶ τῶν πολιτῶν τῆς χώρας ἐκείνης

Aquel hijo que, tal vez, había abusado de su derecho al obligar a su padre a repartir la herencia, ahora tiene que “ajustarse” a las condiciones que le impone un desconocido en un país extranjero y en tiempo de hambre. Todos hemos experimentado, en nuestra vida que la existencia se hace más dura cuando debemos adaptarnos a las leyes del mundo por haber abandonado los preceptos de Dios.

– … lo mandó a sus campos a guardar cerdos = ἔπεμψεν αὐτὸν εἰς τοὺς ἀγροὺς αὐτοῦ βόσκειν χοίρους

Guardar cerdos era, desde la perspectiva de la religión judía, una actividad degradante e inaceptable. La misma legislación israelita prohíbe comer carne de cerdo, y el Antiguo Testamento considera el cerdo como un animal impuro (Dt 14, 8). El Nuevo Testamento, destacando la repugnancia judía hacia los cerdos, nos cuenta la curación del endemoniado de Gerasa (Lc 8, 26-39): los demonios que salen de aquel enfermo penetran en el cuerpo de los puercos, en lo más inmundo. La situación del hijo menor es peor que la de los mismos cerdos. Éstos pueden comer algarrobas, pero él ni siquiera puede saciarse con esta comida. Desearía comer el alimento de los puercos, pero nadie se lo da.


c) La decisión por rehacer la vida

Cuando la situación de este hombre no puede ser más desesperada, decide volver a la casa del padre. Pero fijémonos, con atención, en las razones que le impulsan a regresar al hogar paterno.

– La primera motivación, la más profunda y también la más real, es el hambre. La primera razón por la cual piensa volver no es por amor a su padre, ni para reconstruir la unidad familiar. La actitud de fondo por la que decide retornar es porque “no tiene donde caerse muerto” (como diríamos en un lenguaje coloquial): “Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo aquí estoy muriéndome de hambre”.


– Una vez que ha padecido el dolor del hambre y el abandono, aparece una segunda reflexión: “He pecado contra el cielo y ante ti”. La expresión “pecar contra el cielo” (ἁμαρτάνειν εἰς τὸν οὐρανὸν) equivale a “pecar contra Dios”. Durante el siglo I, los judíos no citaban el nombre de Dios. Únicamente lo pronunciaba con voz temblorosa el Sumo Sacerdote cuando, una vez al año, entraba en el recinto más sagrado y recóndito del Templo. En el habla cotidiana los judíos sustituían la palabra “Dios” por el término “cielo”; así, la realidad divina permanecería envuelta en el misterio.

Esa segunda reflexión es crucial. El hijo menor se da cuenta de que él ha pecado. Su situación no es fruto de la casualidad ni de la mala suerte. Él mismo ha desordenado y arruinado su vida. Precisamente eso es el pecado: romper nuestra propia vida; hacer añicos el proyecto de Dios para con nosotros y destrozar la relación con los hermanos. La “cornada” del hambre le hace descubrir que él ha malbaratado su propia existencia y, a la vez, arruinado el proyecto de su padre en favor suyo.

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Último capítulo de esta larga serie dedicada a glosar brevemente dos de las Elegías Romanas de Goethe. Estábamos con la XII y su referencia los misterios eleusinos.

Para referirnos a Eleusis y su culto aportamos un texto sacado, en su mayor parte, del apartado Cultos mistéricos: Eleusis, el orfismo, dentro del capítulo VIII, La vida religiosa. El teatro, del libro de Robert Flacelière, La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles.

Cultos mistéricos: Eleusis

¿Los cultos de la ciudad y los cultos de los santuarios panhelénicos bastaban para colmar las aspiraciones religiosas del pueblo griego? Desde luego, un ateniense podía sentir un verdadero fervor por su diosa Atenea, igual que Hipólito, en la tragedia de Eurípides que lleva su nombre, siente por Artemisa una piedad casi mística, pero Hipólito es casi un órfico. Los cultos públicos en las ceremonias a menudo grandiosas eran siempre algo fríos e impersonales: se dirigían a los dioses en aras de la prosperidad colectiva de las ciudades e incluso de toda Grecia, pero no se interesaban lo suficiente por la felicidad individual del ser humano en esta vida y en la otra; incluso el culto de los muertos se preocupaba por el alimento de las “sombras“, aunque no garantizaban en absoluto la felicidad, o la desgracia, en el más allá. Estas formas colectivas de religiosidad no podían satisfacer por entero el anhelo religioso individual.

No ofrecían medio alguno de salvar la distancia entre dioses y mortales. De ahí que, ya desde los comienzos, surgieran manifestaciones de otro tipo de religiosidad más emocional: muchos opinan que las religiones del éxtasis proceden de la época pregriega, que durante algún tiempo quedaron sofocadas por la religión de los indoeuropeos inmigrantes, pero que bien pronto rebrotaron con irresistible fuerza en formas muy variadas. Las formas religiosas que llamamos mistéricas, de origen y naturaleza aún no bien conocidos por nosotros, se desarrollan de modo paralelo a las formas corrientes sin entrar en conflicto con éstas. En gran medida tienden a invadir, dada su enorme fuerza, todo el ámbito religioso y son parcialmente absorbidas por la religión oficial, sobre todo en la época clásica. Las religiones mistéricas prometían a sus adeptos una inmortalidad dichosa, si se iniciaban y observaban sus ritos, al margen de todo concepto de conducta meritoria o pecaminosa; su finalidad era pues la salvación individual de los hombres. La palabra griega μυστήριον implica, igual que las palabras románicas que derivan de ella, la idea de secreto reservado a cierto número de privilegiados, y las ideas cercanas de místico y misticismo se estaban desarrollando en varias de estas sectas.

Algunas resultaron sospechosas a los ojos del Estado, mientras que los misterios de Eleusis, reconocidos y protegidos por Atenas, gozaron de una situación especialmente favorable que les confirió, a lo largo de la Antigüedad, una importancia excepcional. Los Grandes Misterios de Eleusis se celebraban en Boedromión (septiembre) en honor de Deméter y de su hija Perséfone. Estas diosas velan tanto sobre los cereales como sobre los muertos que, como el grano, están enterrados en la tierra. Los misterios parecen haber recibido influencias órficas y dionisíacas. El Himno homérico a Deméter, que se ha conservado, cuenta el mito del rapto de Perséfone por Hades, y la búsqueda de la madre afligida que, recibida en Eleusis, se propone conferir la inmortalidad al joven Demofonte, y con posterioridad funda su culto de misterios. Éstos son los últimos versos del himno, una especie de “beatitud“:

Bienaventurado quien posee, entre los hombres, la visión de estos misterios. Pero el que no está iniciado en los ritos santos no tiene el mismo destino cuando, al morir, mora en las húmedas tinieblas.

Eleusis, demo del Ática, está a veintidós kilómetros de Atenas. El 14 del Boedromión, los objetos sagrados (ἱερά), contenidos en una cesta, se llevaban con gran pompa desde Eleusis a Atenas, donde se depositaban en el Eleusinion (᾿Ελευσίνιον). El 15 se reunían en el Pórtico de las pinturas (Ποικίλη Στοά) los candidatos a la iniciación: se admitía a todos, incluidos los esclavos y los bárbaros, excepto los homicidas sin purificar y aquellos cuya voz no es inteligible; se refiere quizás a los que, al no saber griego no podían pronunciar de manera adecuada las fórmulas rituales. El 16, los μύσται (iniciados) acudían a la ensenada del Falero para asistir a una curiosa ceremonia de purificación: al oír que los sacerdotes ordenaban: “al mar los iniciados“, todos corrían a bañarse arrastrando tras de sí un cochinillo, que más tarde sacrificaban. El 19, una enorme y solemne procesión devolvía por la vía sagrada de Atenas a Eleusis la cesta mística en medio de los cantos y gritos de “Íacco, Íacco“ (ἴακχος, ἴακχος). En Eleusis, por fin, tras un día de ayuno, tenían lugar, del 21 al 23, las dos noches de iniciación.

Pero lo que ocurría durante esas dos noches debía permanecer en secreto, y el que revelara lo que había visto u oído merecía la muerte. El secreto se guardó tan bien que sólo algunos textos tardíos, sobre todo los de los Padres de la Iglesia, nos permiten vislumbrar en qué consistía la iniciación.


Las excavaciones han permitido encontrar la gran sala en la que se desarrollaban los ritos secretos, el τελεστήριον: es un enorme cuadrilátero de cincuenta metros de lado, con seis hileras de siete columnas cuyas bases todavía se pueden ver; en las gradas, talladas en parte en la roca, se podían sentar unas tres mil personas.

La primera noche confería el grado inferior de la iniciación. Se rompía el ayuno de los iniciados – como el de Deméter en el Himno homérico – tomando el κυκεών, bebida ritual hecha con agua, caldo de cereales y poleo. Después se mostraban los objetos sagrados a los iniciados y éstos los tocaban. Se supone que se trataba esencialmente de representaciones de los órganos sexuales masculino y femenino.

El iniciado debía pronunciar esta fórmula: “he ayunado, he bebido el kykeón, he cogido el objeto de la cesta y tras cumplir el acto, lo he vuelto a colocar en el cesto, después de nuevo del cesto a la cesta“. También se cantaban cantos sagrados que debían dirigir los sacerdotes de la familia de los Eumólpidas (es decir, los buenos cantores). Parece ser que el fundador de los Misterios fue Eumolpo y por ello de entre los miembros de esta familia se elegía al hierofante o jefe oficial de los Misterios.

En la segunda noche los iniciados del año anterior pasaban a ser ἐπόπται (iniciados contemplativos), alcanzando así el grado de iniciación más elevado. La sala del telesterion estaba sumida en la más completa oscuridad y los iniciados debían desplazarse en un ambiente de terror y de angustia, creado por los cantos lúgubres. Luego, de pronto, unas antorchas (atributos característicos de Deméter y de Perséfone y símbolo de la revelación) iluminaban con brillantez el centro de la sala. Estas antorchas eran llevadas por los porta – antorchas (δᾳδοῦχοι). Entonces se mostraba a los iniciados “ese gran y admirable misterio: una espiga segada“, y también quizás un verdadero drama litúrgico, una hierogamia, es decir, es la representación de la unión sexual divina, normalmente entre Zeus y Hera.


Un fragmento precioso del retórico Temistius, atribuido por error a Plutarco, nos dice:

En el momento de la muerte, el alma siente la misma impresión que quienes se inician en los Grandes Misterios…En primer lugar son las carreras al azar, penosas desviaciones, marchas inquietantes e interminables a través de las tinieblas. Antes del final, el terror, el estremecimiento llegan a su fin.

Pero enseguida una maravillosa luz surge ante sus ojos, se pasa a lugares puros y praderas donde resuenan cantos, donde se ven danzas; las palabras sagradas y las apariciones divinas inspiran un respeto religioso. Entonces el hombre, perfecto e iniciado a partir de ese momento, libre ya, se pasea sin temor, e incluso celebra los Misterios con una corona en la cabeza; vive con los hombres puros y santos; ve en la tierra a la multitud de los no iniciados aplastarse y arrojarse al lodazal y las tinieblas y, por temor a la muerte, persiste en el mal en vez de creer en la felicidad del más allá.

El día 24 era dedicado a juegos y teatralidades. Después, los iniciados volvían a Atenas en procesión y eran recibidos por la gente del pueblo en el puente del río Cefiso, donde se producían escenas de travesura, burlas y regocijos (γεφυρίζειν).

Hasta aquí el texto de Flacelière sobre los cultos mistéricos y el caso de Eleusis, al que Goethe se ha referido en su elegía.

El humor está presente en este poema, en el que el autor compara su propia situación con la de la diosa Deméter y sus amores con Yasión. El final lo evidencia:

Con gran asombro escuchó el iniciado la historia,

hizo señas a la amada. ¿Entiendes ahora la seña, amor mío?

Da aquel tupido mirto sombra a un sagrado lugar.

Nuestra satisfacción no pone al mundo en peligro.”


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En nuestro primer capítulo de esta miniserie hemos hablado de las parábolas y de nuestra pretensión de analizar la parábola del “hijo pródigo”, que aparece en el evangelio de Lucas 15, 11-32. Francesc Ramis Darder nos ha hablado ya de la comunidad para la que escribe Lucas y ahora nos hablará de quién era este personaje.

¿Quién es Lucas?

No estamos en condiciones de reconstruir la biografía precisa de nuestro evangelista, pero basándonos en los datos de la arqueología, en el testimonio de algunos autores antiguos y en el mismo texto evangélico, podemos esbozar algunos trazos que perfilen su figura. Lucas viviría en la provincia romana de Acaya y participaría de la situación sociocultural del resto de la gente. También en su interior habría echado raíces la desesperanza que anidaba en el corazón de sus convecinos. Algún misionero cristiano -tal vez Pablo o algún discípulo suyo- le anunciaría la buena noticia del Evangelio de Jesús. Ante el anuncio evangélico, Lucas se siente seducido por Cristo y se decide a seguirlo. Nuestro autor ha encontrado lo único que es importante descubrir en la existencia humana: Cristo es el único Señor de la vida. Lucas abandona la esclavitud que supone la dependencia de los pequeños señores, y se dispone a emprender la gran aventura de su existencia: seguir los pasos del Cristo Vivo.

La tradición cristiana nos cuenta que Lucas era médico y compañero de Pablo. Cuando leemos el tercer evangelio, apreciamos la pluma de un escritor erudito. Un buen conocedor de la lengua griega y un excelente estilista. Al analizar el vocabulario de su texto apreciamos que unas 400 palabras reflejan una terminología propia del lenguaje de la medicina. Una vez incorporado a la comunidad cristiana, Lucas se propone escribir un evangelio. Tal vez, en su corazón, se dijera a sí mismo: “Yo he experimentado la salvación de Jesús y me siento liberado por Él. Escribiré un libro en el cual contaré a mis hermanos mi experiencia de liberación. Les anunciaré gozosamente que Cristo es el único Señor. No vale la pena malbaratar la vida para sobrevivir al servicio de pequeños señores”.

Observemos bien este detalle. Lucas no se propone realizar una descripción ni una biografía de Jesús. Lucas cuenta a sus condiscípulos una experiencia de fe: “He descubierto que Cristo es el Señor, y quiero anunciaros que tan solo Él libera”. Lucas escribe un evangelio. No nos presenta a Jesús para que lo admiremos de lejos, nos presenta al Señor de la misericordia para que nos decidamos a seguirlo llevando la cruz de cada día. El Evangelio no se estudia para conocer mejor a Jesús o para conocer más datos referentes a su persona. El Evangelio se estudia para seguir a Cristo mejor; y siguiéndolo mejor es como se lo conoce en profundidad.

Las palabras de Jesús son, todas ellas, muy importantes; pero también es muy significativo el lugar que ocupan en el evangelio. El texto de Lucas, tal como lo presentábamos en la introducción, se divide en tres secciones (Anuncio del reino a todo Israel empezando por Galilea (4, 14-9, 50), el gran viaje de Jesús a Jerusalén (9, 51-19, 28) y narración  de la Pasión y Resurrección de Jesús (19, 29-24, 53). Estos grandes bloques van precedidos de dos fragmentos a modo de preludios: relatos de la infancia de Jesús (1, 5-2, 52) y predicación de Juan Bautista y tentaciones de Jesús en el desierto (3, 1-4, 13).

Nuestra parábola se halla en la segunda: el viaje de Jesús con sus discípulos desde Galilea hasta Jerusalén (9,51-19,27). Es la sección central del evangelio; y, además, la más extensa. Si consideramos con detenimiento el conjunto de la sección, observaremos que Jesús se dedica principalmente a comunicar enseñanzas a sus discípulos. Es cierto que también lleva a cabo diversas tareas, pero su cometido prioritario es enseñar a sus amigos las características del verdadero discípulo: la oración, el amor, la justicia, la misericordia, el perdón, etc. De alguna manera, en esa segunda sección, Jesús se hace Palabra. Una Palabra que siembra en el corazón de los apóstoles la fructífera semilla del reino.


Hagamos ahora una segunda observación. La parábola (Lucas 15, 11-32) está, más o menos, en la parte central de la segunda sección (9, 51-19, 27). No está exactamente en el centro, pero ocupa una posición bastante central. Advirtamos ese detalle: la segunda sección describe las peculiaridades del auténtico discípulo, pero en la zona céntrica, se encuentra la parábola del hijo pródigo que nos explica la naturaleza más íntima del Dios de Jesús: la ternura y la misericordia. Jesús, durante el viaje, enseña a sus seguidores a ser buenos discípulos, pero en el centro de su enseñanza coloca la descripción del rostro de Dios.

Si nos fijamos, veremos que el auténtico protagonista no es el hijo pródigo, sino el padre. Viendo como actúa el padre percibimos la manera de ser de Dios. El objetivo de esta narración es hacernos descubrir la más íntima naturaleza del Dios de quien somos hijos: Padre de ternura y de misericordia.

El episodio pertenece al género literario de las parábolas. Una parábola es un fragmento del texto en que se confrontan elementos muy desiguales: en la parábola del grano de mostaza (Lc 13, 18-19) se compara la pequeñez de la semilla con la magnitud del arbusto; en la de la levadura (Lc 13, 20-21) se parangona la nimiedad de la levadura con la gran cantidad de harina que hace fermentar. Nuestra parábola confronta la actitud tierna y misericordiosa del padre, con la actitud mezquina del hijo mayor y la traición del hijo menor.


Pero una parábola no se limita a confrontar elementos diversos. Obliga a quien la escucha, a darse cuenta de la enorme diferencia que hay entre las situaciones confrontadas, e inclinarse en favor de la mejor. Nuestra narración parangona la actitud del padre (ternura y misericordia) con las de los hijos (mezquindad y traición). Nos obliga a percibir la desemejanza entre ellas y a adherirnos a la del padre. Esta parábola, mostrando la trivialidad de la perspectiva humana (mezquindad y traición) nos hace discernir mejor la profundidad de la mirada de Dios (ternura y misericordia). La misericordia de Dios es infinitamente más poderosa que la fuerza del pecado y la estrechez de los hombres.


En el largo camino hacia Jerusalén, Jesús explica a sus amigos las cualidades que debe tener todo discípulo, y en esta parábola les muestra la intimidad de Dios. Pero también sabe muy bien que los proyectos humanos suelen ser geniales e ilusionados, pero que las respuestas son, muchas veces, tan sólo mediocres. Jesús no se conforma con presentar a Dios como un Padre de misericordia, sino que matiza, certeramente, la forma en que el Padre ejerce la ternura. Los discípulos se alejarán del camino propuesto por Jesús y abandonarán la senda del amor. Pero a pesar del pecado humano, Dios -igual que el padre de nuestra parábola- siempre permanecerá a la espera del retorno de sus hijos y, sin que ellos lo sepan, velará la senda de su regreso.

Nuestra parábola está precedida de otras dos que nos permiten contemplar a Dios como el Padre que siempre espera y perdona. La parábola de la oveja perdida (15, 1-7) nos presenta al Dios de la ternura yendo en busca de aquel discípulo que se ha salido del camino. La dracma perdida (15, 8-10) nos recuerda la preferencia del Dios de la misericordia por los pequeños y por todos aquellos que se “pierden”. El hijo pródigo nos muestra al Dios Padre que acoge siempre, espera siempre y perdona siempre sin imponer condiciones.

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Y vamos ya con nuestra primera y primitiva intención que no era otra que ofrecer una serie de monedas de uso actual, o no muy lejano, con elementos históricos o mitológicos.

Los artículos anteriores han pretendido ser una aproximación, como se habrá comprobado, muy sui generis al mundo de las monedas griegas y romanas antiguas, asunto sobre el que hay muy buenas páginas en la red, de algunas de las cuales nos hemos nutrido.

Empezaremos por las monedas que ya no están en uso. Y nos vamos a las dracmas griegas.

La antigua moneda de 5 dracmas griegas tenía en su anverso a Aristóteles y en su reverso la cantidad (5 dracmas y la leyenda ΕΛΛΗΝΙΚΗ ΔΗΜΟΚΡΑΤΙΑ= DEMOCRACIA GRIEGA

La moneda de 10 dracmas tiene en su anverso a Demócrito y en el reverso un átomo, electrones y neutrones, por aquello de la teoría del atomismo.

La de 50 dracmas nos muestra a Homero en el anverso y una trirreme ateniense en el reverso.

Las 100 dracmas eran una moneda con Alejandro Magno en el anverso (con la leyenda ΜΕΓΑΣ ΑΛΕΞΑΝΔΡΟΣ ΒΑΣΙΛΕΥΣ ΜΑΚΕΔΟΝΩΝ = ALEJANDRO MAGNO, REY DE LOS MACEDONIOS) y el sol de Vergina en el reverso, como símbolo de la cultura macedonia.

La diosa Atenea es la protagonista del antiguo billete de 100 dracmas.

El billete de 1.000 dracmas tenía al dios Apolo en el anverso y el templo de Hera en Olimpia y el Discóbolo de Mirón en el reverso.

Finalmente, el billete de 10.000 dracmas tenía en el  reverso al dios de la medicina, Asclepio.

Otra muestra significativa de monedas mitológicas son la serie de libras acuñadas en Gibraltar sobre los trabajos de Hércules. Esta serie se inició en 1997 con la emisión de la primera moneda, en 1998 se emitieron tres y en 1999 cuatro, durante el año 2000 se emitieron las cuatro restantes, tienen un diámetro de 28,4 mm. De todos es conocida la relación de Gibraltar con Heracles.

Y, en efecto, aquí tenemos a Hércules con

– el león de Nemea

– la Hidra de Lerna

– el jabalí del Erimanto

– la cierva de Cerinia

– las aves del lago Estinfalo

– los establos del rey Augías

– el toro de Creta

– las yeguas de Diomedes

– el cinturón de Hipólita, la reina de las Amazonas

– los bueyes de Geriones

– el can Cerbero

– las manzanas de oro de las Hespérides

Vamos con nuestra moneda europea común.

La moneda de 1 céntimo de euro griega es una trirreme del s. V. a. C., diferente a la que se podía ver en el reverso de las antiguas 50 dracmas.

La moneda de 1 euro griego es un homenaje a la antigua moneda de 4 dracmas (tetradracma) con la lechuza de Atenea y la rama de olivo. Lo único que falta son las tres primeras letras del nombre de la ciudad de Atenas (ΑΘΕ).

La moneda de 2 euros griegos tiene en su anverso el rapto de Europa por Zeus, procedente de un mosaico espartano.

Y la de 2 euros conmemorativa (2004, Olimpiadas en Atenas), el Discóbolo de Mirón:

En el caso de Italia, la moneda de 2 euros conmemorativa presenta también en el centro a Europa y el toro (Zeus), junto con la Constitución Europea. Europa sostiene una pluma, simbolizando la firma. La marca de la ceca (R) está en el margen superior derecho y las iniciales en el margen inferior derecho. La marca de la ceca (R) está en la parte superior izquierda de la imagen, las iniciales (MCC) de la grabadora (Maria Carmela Colaneri), en la parte inferior izquierda y la marca del año está en la parte superior derecha. El monograma de la república Italiana (RI) está en la parte inferior central, ligeramente hacia la derecha. En el anillo exterior está inscrito COSTITUZIONE EUROPEA, creando casi un semicírculo completo, mientras que el resto del círculo lo forman las doce estrellas de la bandera de la unión.

Siguiendo con Italia, la moneda de 5 céntimos italiana representa el Coliseo de Roma.

La de 10 céntimos tiene un detalle del Nacimiento de Venus de Botticelli, en concreto la cara de la diosa Venus.

La de 50 céntimos contiene la estatua ecuestre de Marco Aurelio en la Colina del Capitolio, obra de Miguel Ángel.

Y hasta aquí este artículo final de la serie dedicada a las monedas mitológicas e históricas. Como se habrá observado, este último post no es más que una sucesión de imágenes que aún sigue con otras tres monedas: una dracma emporitana en la que aparece en el anverso la cabeza de Aretusa y en el reverso el Pegaso con la cabeza transformada en un niño que con los brazos estirados se toca la punta de los pies, una moneda con un sátiro y un sestercio de la época de Marco Aurelio.

Ustedes perdonarán esta serie realizada por alguien que no sabe casi nada de numismática, algo de mitología, un poco de historia de Grecia y Roma y, eso sí, gusto por aprender.

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Los versos siguientes son una clara alusión a los misterios de Eleusis:

¿Oíste jamás hablar de aquel místico festejo

que de Eleusis aquí pronto llegó tras el vencedor?

Unos griegos lo crearon, y griegos sólo exclamaron

hasta en los muros de Roma: “¡Venid a la noche santa!”

Lejos se evadió el profano, temblaba el neófito expectante,

Envuelto en ropaje blanco, símbolo de la pureza.

Seguía un curioso deambular del iniciado por círculos

de extrañas figuras; parecía andar en sueños: aquí

retorcíanse serpientes por el suelo, cofres cerrados

muy adornados de espigas, traían unas muchachas .

Significativo era el gesto y rumor de los sacerdotes;

el aprendiz esperaba la luz, impaciente y temeroso.

Después de diversas pruebas pusiéronle al descubierto

Lo que el círculo sagrado en extraña imagen ocultaba.

¿Y cuál era este secreto, sino que Démeter, la grande,

se entregara complaciente también una vez a un héroe?

Goethe parece conocer bien los entresijos de estos misterios eleusinos. Las figuras del profano, el neófito, el ropaje blanco, el iniciado, los círculos de extrañas figuras, los cofres cerrados adornados con espigas, los sacerdotes, la espera de la luz por parte del aprendiz, el círculo sagrado y el secreto final que se ofrecía a los ojos del iniciado. En la realidad: una espiga cortada y, quizás, una hierogamia, la representación de la unión sexual divina, normalmente entre Zeus y Hera.

Goethe, no obstante, introduce una variante y se refiere a los amores de Yasión (o Jasón) y Deméter.

Cuando un día a Jasón (Yasión), el robusto rey de Creta,

Concedió el secreto encanto de su cuerpo inmortal.

¡Creta fue entonces dichosa! El tálamo de la diosa,

estaba henchido de espigas, y el campo era sofocado por el abundante grano.

Languidecían, no obstante, las demás partes del mundo, pues

El gozo del amor hizo descuidar a Ceres su hermosa ocupación.

Grimal dice que Yasión es hijo de Zeus y Electra. Por su madre desciende de Atlante. Habitaba en Samotracia con su hermano Dárdano, aunque en ciertas leyendas pasa por ser de origen cretense. Un rasgo común a todas las tradiciones es el amor de pasión por Deméter. Pero a veces este amor no es correspondido, y Yasión trata de violentar a la diosa, o bien a un simulacro suyo, lo cual le atrae inmediatamente la cólera de Zeus, y es fulminado. Con más frecuencia, los autores coinciden en afirmar que este amor fue recíproco, y que Yasión se unió a deméter “sobre un barbecho renovado tres veces”. Allí tuvo con la diosa un hijo, Pluto (la Riqueza), que recorre la Tierra esparciendo la abundancia por doquier.

Cuenta Diodoro que Yasión figuraba en Samotracia no sólo como hermano de Dárdano, sino también de Harmonía. Zeus lo inició en los misterios de la isla, y él, a su vez, inició a numerosos héroes. Cuando la boda de su hermana con Cadmo, se encontró con Deméter que se enamoró de él y le regaló la semilla del trigo. Más tarde, Yasión casó con Cibeles de la cual tuvo un hijo, llamado Coribante, epónimo de los Coribantes.

Ya en la Odisea (V, 125 y siguientes) aparecen estos amores. Salen de la boca de la ninfa Calipso, irritada con los dioses, porque debe dejar ir a Ulises a Ítaca, ella que está enamorada del itacense. Sus amargas palabras son una queja en toda regla:

ὣς φάτο, ῥίγησεν δὲ Καλυψώ, δῖα θεάων,

καί μιν φωνήσασ ἔπεα πτερόεντα προσηύδα᾿

“σχέτλιοί ἐστε, θεοί, ζηλήμονες ἔξοχον ἄλλων,

οἵ τε θεαῖσ ἀγάασθε παρ ἀνδράσιν εὐνάζεσθαι᾿᾿

ἀμφαδίην, ἤν τίς τε φίλον ποιήσετ ἀκοίτην.᾿

ὣς μὲν ὅτ Ωρίων ἕλετο ῥοδοδάκτυλος Ηώς,᾿᾿᾿᾿

τόφρα οἱ ἠγάασθε θεοὶ ῥεῖα ζώοντες,

ἕως μιν ἐν Ορτυγίῃ χρυσόθρονος ῎Αρτεμις ἁγνὴ᾿

οἷσ ἀγανοῖσι βέλεσσιν ἐποιχομένη κατέπεφνεν.᾿

ὣς δ ὁπότ Ιασίωνι ἐϋπλόκαμος Δημήτηρ,᾿᾿᾿

ᾧ θυμῷ εἴξασα, μίγη φιλότητι καὶ εὐνῇ

νειῷ ἔνι τριπόλῳ· οὐδὲ δὴν ἦεν ἄπυστος

Ζεύς, ὅς μιν κατέπεφνε βαλὼν ἀργῆτι κεραυνῷ.

ὣς δ αὖ νῦν μοι ἄγασθε, θεοί, βροτὸν ἄνδρα παρεῖναι.᾿

τὸν μὲν ἐγὼν ἐσάωσα περὶ τρόπιος βεβαῶτα

οἶον, ἐπεί οἱ νῆα θοὴν ἀργῆτι κεραυνῷ

Ζεὺς ἐλάσας ἐκέασσε μέσῳ ἐνὶ οἴνοπι πόντῳ.

ἔνθ ἄλλοι μὲν πάντες ἀπέφθιθεν ἐσθλοὶ ἑταῖροι,᾿

τὸν δ ἄρα δεῦρ ἄνεμός τε φέρων καὶ κῦμα πέλασσε.᾿᾿

τὸν μὲν ἐγὼ φίλεόν τε καὶ ἔτρεφον ἠδὲ ἔφασκον

θήσειν ἀθάνατον καὶ ἀγήραον ἤματα πάντα.

Luis Segalá, traduce:

Así dijo. Estremecióse Calipso, la divina entre las diosas, y respondió con estas aladas palabras:

—Sois, oh dioses, malignos y celosos como nadie, pues sentís envidia de las diosas que no se recatan de dormir con el hombre a quien han tomado por esposo. Así, cuando Eos de rosáceos dedos arrebató a Orión le tuvisteis envidia vosotros los dioses, que vivís sin cuidados, hasta que la casta Artemis, la de trono de oro, lo mató en Ortigia alcanzándole con sus dulces flechas. Asimismo, cuando Deméter, la de hermosas trenzas. Cediendo a los impulsos de su corazón, juntóse en amor y cama con Yasión en una tierra noval labrada tres veces, Zeus, que no tardó en saberlo, mató al héroe hiriéndole con el ardiente rayo, y así también me tenéis envidia, oh dioses, porque está conmigo un hombre mortal; a quien salvé cuando bogaba solo y montado en una quilla, después que Zeus le hendió la nave, en medio del vinoso ponto, arrojando contra la misma el ardiente rayo. Allí acabaron la vida sus fuertes compañeros; mas a él trajéronlo acá el viento y el oleaje. Y le acogí amigablemente, le mantuve y díjele a menudo que le haría inmortal y libre de la vejez por siempre jamás.

Hesíodo, en Teogonía 969 y siguientes dice:

Δημτηρ μν Πλοτον γενατο δα θεων,

᾿Ιασίῳ ρωι μιγεσ᾿ ρατ φιλτητι

νει νι τριπλ, Κρτης ν πονι δμ,

σθλν, ς εσ᾿ π γν τε κα ερα ντα θαλσσης

πσαν· τ δ τυχντι κα ο κ᾿ ς χερας κηται,

Aurelio Pérez Jiménez, en Gredos, traduce así:

Deméter, divina entre las diosas, parió al generoso Pluto en placentero abrazo con el héroe Yasio en un fértil campo en el rico país de Creta. Éste recorre toda la tierra y los anchos lomos del mar y a quien le encuentra, si se echa en sus brazos, le vuelve rico y le colma de prosperidad.

Éstos aparecen en Ovidio, Amores, III, 10, 25-42:

viderat Iasium Cretaea diva sub Ida             25

figentem certa terga ferina manu.

vidit, et ut tenerae flammam rapuere medullae,

hinc pudor, ex illa parte trahebat amor.

victus amore pudor; sulcos arere videres

et sata cum minima parte redire sui.               30

cum bene iactati pulsarant arva ligones,

ruperat et duram vomer aduncus humum,

seminaque in latos ierant aequaliter agros,

inrita decepti vota colentis erant.

diva potens frugum silvis cessabat in altis;         35

deciderant longae spicea serta comae.

sola fuit Crete fecundo fertilis anno;

omnia, qua tulerat se dea, messis erat;

ipsa, locus nemorum, canebat frugibus Ide,

et ferus in silva farra metebat aper.               40

optavit Minos similes sibi legifer annos;

optasset, Cereris longus ut esset amor.

Ana Pérez Vega traduce así:

La diosa de Creta vió a Jasón por las faldas del Ida, atravesando con mano vigorosa los costados de las fieras; lo vió, y así que el fuego prendió en la ardiente sangre de sus venas, el pudor y el amor comenzaron a disputarse la presa. El pudor cayó rendido ante el amor, y vieras en seguida los surcos estériles y secos, sin producir una mínima parte del grano que en ellos se depositaba; los azadones cavaban esforzados el suelo, la reja penetrante rompía el duro seno de la tierra, las semillas se esparcían con igualdad por los anchos campos, y las ruines cosechas defraudaban las esperanzas del cultivador. La potente diosa de los frutos erraba por los espesos bosques; la guirnalda de espigas habíase desprendido de su larga cabellera, y sólo la fértil Creta disfrutó un año abundantísimo, pues todas las regiones que visitaba la diosa se cubrían de ricas mieses. El mismo Ida las vió crecer abundantes en sus bosques, y el feroz jabalí del monte se alimentó con su trigo. El legislador Minos deseaba a su patria años semejantes, y que fuese eterno el amor que embargaba a Ceres.


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