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Archive for 10 mayo 2010

Siguiendo con las valoraciones de la obra que aporta Alsina, llegamos a la de Albin Lesky.

Se anticipó a su época, como genial y solitario crítico, en su comprensión de la poesía de alto rango. En ojeada retrospectiva, podría parecernos que caracteriza la transición del espíritu antiguo al moderno. (Albin Lesky, Historia de la literatura griega, 1957).

El propio Lesky, en la obra citada, nos dice sobre el Tratado:

En un escrito del mismo título (se refiere al Sobre lo Sublime de Cecilio de Caleacte), que conservamos fragmentariamente, un autor anónimo, que era discípulo de Teodoro, le replicó hacia el 40 d. C. Para él, lo sublime no se alcanza con reglas, sino que existe en todas partes donde los grandes sentimientos desligados de la vulgaridad cotidiana consiguen expresarse de tal manera que llegan a cautivar nuestra alma. Esto puede conseguirse lo mismo mediante la pasión de Demóstenes que mediante el ímpetu trágico o la visión platónica. Nuestro autor no llega a establecer distinciones. Cuando comprobamos que a él no le parecen dignos de admiración los pequeños cursos de agua, aunque sean cristalinos y provechosos, sino los torrentes impetuosos, estamos escuchando la alabanza de lo genial en sus gigantescas dimensiones, pero recordamos también el principio de Calímaco, el cual se expresó con la misma imagen en sentido opuesto.

Este anónimo, cuyo nombre nos complacería conocer, se anticipó a su época, como genial y solitario crítico, en su comprensión de la poesía de alto rango. En ojeada retrospectiva, podría parecernos que caracteriza la transición del espíritu antiguo al moderno, pero, si bien se mira, su obra no pudo todavía provocar semejante cambio.

Alsina también ofrece una valoración de Cantarella, cuyo artículo El Anónimo De lo Sublime, en su obra La Literatura Griega de la época Helenística e Imperial, vamos a resumir:

Tras hablar de los problemas de la autoría de la obra, con la atribución a Longino y a Dionisio de Halicarnaso, Cantarella nos dice que la obra se encuadra en la polémica entre apolodoristas y teodoristas. Luego añade:

La obra, dedicada al joven romano Postumio Floro Terencio, discípulo del autor, parte del propósito declarado de refutar, y al mismo tiempo completar, el tratado, que con el mismo título, había compuesto Cecilio de Calacte. Comienza individualmente, según un orden de importancia, las siguientes cinco “fuentes” de lo sublime: capacidad de concepciones elevadas; pasión vehemente e inspirada; peculiar disposición de las figuras, tanto de pensamiento como de estilo; nobleza de la expresión, obtenida por medio de la selección de palabras y el empleo de tropos; por último, la colocación de las palabras para lograr la dignidad y elevación del estilo. Las dos primeras son comúnmente facultades innatas, las restantes se consiguen por medio de la “ars”. Por lo tanto, la mayor parte de la obra es una indagación sobre la naturaleza de lo sublime; el resto una preceptiva…

Por lo tanto la obra resulta, en su mayor parte, una recopilación de los grandes ejemplos del pasado, elegidos como modelo de lo sublime. Es en estas preferencias donde el autor, dejando de lado la preceptiva en sentido estricto, revela una personalidad original y vigorosa y una profunda sensibilidad. Él es quien nos ha conservado la más famosa perla de la lírica griega, la oda de Safo, que de lo contrario sólo conoceríamos en la adaptación de Catulo, aunque, a continuación, la justificación crítica de tal admiración, nos resulte – lo que es natural, por otra parte – de carácter formal. Él es quien elogia, con palabras mucho más apropiadas en este caso, el famoso y realmente sublime grito de Ayante (Ilíada, XVII, 645-647):


Ζεῦ πἀτερ ἀλλὰ σὺ ῥῦσαι ὑπ᾿ ἠέρος υἷας ᾿Αχαιῶν,

ποίησον δ᾿ αἴθρην, δὸς δ᾿ ὀφθαλμοῖσιν ἰδέσθαι·

ἐν δὲ φάει καὶ ὄλεσσον, ἐπεί νύ τοι εὔαδεν οὕτως.

Padre Zeus, libra de esta niebla a los hijos de los aqueos,

Serena el cielo, concédenos que nuestros ojos vean

Y extermínanos, incluso, pero en la luz.


Es él quien, a pesar de admirar debidamente a Sófocles, rompe la tradición aristotélica que lo colocaba en la cumbre de la tríada trágica, en homenaje al criterio de la “medietas” entre Esquilo y Eurípides y muestra que también aprecia igualmente a estos últimos. Rescata a Platón de la condena de Cecilio que lo posponía a Lisias, considerado modelo de aticismo; cita además a los grandes cómicos, Aristófanes y Éupolis y da una interesante y original definición de lo cómico (“También la risa es un pathos, pero en alegría”: XXXVIII, 6), que es una rehabilitación de lo cómico frente a la tradición aristotélica. Se muestra como profundo conocedor de toda la gran literatura clásica (de la helenística nombra a Apolonio, Teócrito, Eratóstenes y Arato en una cita brevísima) dando una amplia y eficaz documentación de sus preferencias cuya simple nómina basta para evidenciar la seguridad de los juicios que emite: naturalmente cita a Homero, pero con originales y profundas observaciones y no sólo en homenaje a la tradición; luego a Arquíloco, Safo, Sófocles, Píndaro y también Anacreonte, Esquilo, Eurípides. Entre los prosistas, los principales son Platón, Demóstenes, Tucídides, Hipérides. Pero su cultura no se detiene en el griego; dentro de la literatura romana, que conocía directamente pues vivía en Roma, da un acertado juicio sobre Cicerón, aunque sea en la característica forma de la “comparatio” con Demóstenes. Es él además el primer griego – al menos por lo que sabemos actualmente – que cita con significativas palabras, el pasaje del Génesis 1, 3: Dijo Dios: “Sea la luz”: y fue hecha; “sea la tierra”: y fue hecha. Ello ha hecho suponer que fuese, como Cecilio, de religión hebrea, pero esta hipótesis no es forzosa.

Hay una página particularmente significativa para mostrarnos con qué independencia sabía nuestro autor derrumbar todos los obstáculos de la preceptiva tradicional, en la firme exaltación de lo sublime por encima de la fría y monótona perfección formal, a pesar de los riesgos que ello comportaba (XXXIII, 4-5):

Aunque yo mismo he señalado – sin complacerme en tales faltas – no pocos errores en Homero y en otros excelentes escritores, y aunque más que faltas involuntarias las llamo equivocaciones derivadas del descuido, y alejamiento accidental e inadvertido de la innata grandeza, sin embargo, considero que las aptitudes superiores aunque no sean siempre iguales a sí mismas, merecen siempre el voto para el primer puesto, si no por otra razón, por lo menos por su noble valor. Sin duda, Apolonio, en las Argonáuticas, es un poeta sin momentos de debilidad; y Teócrito, en las Bucólicas, excepto algunos detalles algo extraños, es un poeta logradísimo; sin embargo, ¿no preferiríais ser Homero antes que Apolonio? ¿Eratóstenes, en la Erígone, poemita absolutamente irreprochable, es acaso un poeta más grande que Arquíloco que arrastra muchas cosas desordenadamente en el ímpetu de su inspiración divina que es difícil someter a las leyes? Y en la lírica ¿preferiríais ser Baquílides antes que Píndaro? En la tragedia ¿Ión de Quíos a Sófocles? Aquéllos no desfallecen jamás y son escritores perfectos en su elegancia; en tanto que Píndaro y Sófocles a veces lo incendian todo en su ardor, pero, luego se apagan extrañamente y caen de la manera más triste. Pero, ¿quién que tenga tino no escogería un solo drama suyo, el Edipo rey, en comparación con todos los de Ión puestos en fila?


Puede decirse que de este modo se demuestra el concepto fundamental de nuestro autor: “Lo sublime es la resonancia de la grandeza del alma” (IX, 2; cfr. VII, 2-3, XXIX, 2, etc.). Sin embargo, no resulta totalmente claro si lo sublime consiste en la inspiración o en la expresión artística, pero es obvio que la grandeza de alma no basta por sí sola para hacerse arte. En tanto que otras afirmaciones, relacionadas con la precedente, son frecuentes en la retórica antigua (por ejemplo, la decadencia de la elocuencia como consecuencia de la pérdida de la libertad civil y de la corrupción moral); esta primera intuición suya es realmente nueva. Pero, ella no autoriza a pensar que el autor no es griego, en cuanto expresaría una conciencia moral nueva; baste recordar que según Aristófanes no eran otros, esencialmente, los motivos de la grandeza de Esquilo.

Frente a la tradición retórica imperante, él se coloca si no en términos de rebelión, por lo menos de decidida oposición. Por supuesto no es sencillo decir dónde y en qué ambiente recogió y maduró su formación espiritual: anomalista y partidario de Teodoro, utiliza sin más los temas de la polémica anti-apolodorista, pero es posible que los mismos ya no fueran actuales sino sólo tradicionales,

Hasta aquí el texto de Raffaele Cantarella.

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Debo comenzar diciendo que este artículo lo escribo hallándome en un estado de ánimo muy bajo, pesimista, tal vez empeorado por la reflexión y por el continuo ir y venir en mi cerebro de ideas, sensaciones, experiencias, recuerdos, hechos, conversaciones, impresiones, previsiones, fantasías, ilusiones, temores…

El ir y venir de ideas se produce en plena operación limpieza semanal de mi casa, mientras, como siempre, suena de fondo música, hoy las sinfonías 7, 8 y 9, la Serenata para cuerdas, la obertura Carnaval y el Scherzo Capriccioso de Dvorák, en las versiones de Carlo Maria Giulini con las orquestas londinenses Philarmonia y London Philarmonic.

Mientras hago limpieza y escucho la música de Dvorák está cayendo un chaparrón importante. ¿Metáfora de lo que se avecina?

Ayer, mientras íbamos en tren a Sagunto a un curso de griego moderno que organiza el CEFIRE, una colega y yo hablábamos de la situación que se está produciendo en los institutos a propósito de las optativas de ESO y Bachillerato, de la guerra abierta por conseguir alumnado y horas para los departamentos. Si ya anunciábamos en un anterior artículo que la Orden de Optativas iba a producir enfrentamientos en los centros, ahora debemos decir que acertamos en ello. Se produce en los institutos que han regulado, como corresponde, la oferta de optativas con comisiones de las COCOPEs o CCPs, en los que los acuerdos adoptados no han gustado a todos, y sucede también en aquéllos que no habían afrontado este problema.

Esta guerra se ha vuelto más encarnizada a la vista de ciertos movimientos de las inspecciones educativas que parecen preludiar un severo recorte en personal y nuevos desplazados. ¡Atentos a las vacantes de julio!

Los programas PAE, PASE, PROA que se han solicitado deben contar con un informe individualizado de cada alumno que aparece en las listas y que debe elaborar el departamento de Orientación. Aquí meterán la tijera.

Asimismo, se ha pedido a los equipos directivos información sobre el alumnado matriculado en Tecnología Industrial y Electrotecnia en Bachillerato y las previsiones para el próximo curso. Recordemos lo que decía la Disposición Transitoria Tercera de la ORDEN de 19 de junio de 2009, de la Conselleria de Educación, por la que se regula la organización y el funcionamiento del Bachillerato diurno, nocturno y a distancia en la Comunitat Valenciana.

Tercera. Impartición de materias de la modalidad Ciencias y Tecnología

Durante los cursos 2010-2011 y 2011-2012, para impartir las materias Tecnología Industrial I, Tecnología Industrial II y Electrotecnia, se deberá contar con la previa autorización expresa de la dirección general competente en materia de ordenación y centros docentes ante la solicitud de la dirección del centro público o del titular del centro privado concertado correspondiente. Esta autorización se concederá cuando en los centros docentes existan espacios adecuados, y en el caso de los centros públicos y privados concertados, un mínimo de 12 alumnos o alumnas para autorizar las materias Tecnología Industrial I o Tecnología Industrial II, y un mínimo de 10 alumnos o alumnas para autorizar la materia Electrotecnia. La dirección general competente en materia de ordenación y centros docentes resolverá las solicitudes presentadas en el plazo máximo de seis meses, que podrán entenderse desestimadas si no se dictase resolución expresa en dicho plazo.

Pero, aparte, flota en el ambiente la impresión de que los recortes van a afectar a más asignaturas. Y aquí el griego se la juega.

Hasta ahora he hablado de la conversación de ayer, que sacaba a la luz esos dos asuntos: guerra de optativas y recortes en el horizonte próximo.

Respecto al primer asunto he tenido una experiencia negativa en mi centro. Muy resumido, porque no viene al caso, diré que los trabajos de la comisión de la COCOPE encargada de determinar la oferta de optativas y asignaturas de modalidad en Bachillerato del centro no satisfizo a algunos departamentos, porque sus optativas no aparecían en la oferta o su asignatura de modalidad estaba emparejada con la franja de optativas lo que impedía que se pudiera cursar una optativa y una de modalidad de un mismo departamento.

Quizás deba recordarse que la Orden de Optativas en su artículo 5 dice:

Artículo 5. Grupos

En los centros públicos, el número de grupos que se constituyan para cursar materias optativas no podrá superar, en cada uno de los cursos de la etapa, el doble de los grupos constituidos para el desarrollo de las materias comunes del currículo. Únicamente se podrá superar este número de grupos siempre que exista disponibilidad horaria del profesorado y no suponga un incremento de la plantilla prevista.

Este artículo, así como la variedad de optativas o las necesidades de departamentos sin carga horaria en la ESO o aquéllos que sólo cuentan con asignaturas que dependen de la elección de los alumnos, fueron elementos que, a mi juicio acertadamente, tuvo en cuenta la comisión.

Como decía, algunos departamentos no estuvieron de acuerdo y así lo manifestaron en el Claustro que aprobó los trabajos de la COCOPE. Alguno ha ido más allá y ha seguido una táctica no demasiado correcta, en mi opinión. No entro a valorar más a fondo el asunto.

En este tema de las optativas observo con tristeza la actitud, en bastantes centros, de departamentos con horas curriculares en todos los cursos de la ESO, Bachillerato, además de en Primaria, que aún quieren “acaparar” horas de optativas en Bachillerato.

Además la Administración les apoya. Me refiero a los departamentos de Inglés y Geografía e Historia, respectiva y fundamentalmente. Ya apareció en la Orden de Optativas la asignatura de Inglés Práctico en 1º de bachillerato y sus corolarios Inglés Práctico para Humanidades e Inglés Práctico para las Ciencias y la Tecnología en 2º.

El departamento de Historia tenía Geografía e Historia de la Comunidad Valenciana.

Otros departamentos con horas curriculares en todos los cursos, como Castellano y Valenciano, también disponían de optativas como Valenciano: lengua e imagen en 1º, Valenciano: habilidades comunicativas en 2º, o Castellano: lenguaje y documentación en 1º y Castellano: habilidades comunicativas en 2º.

Además estas asignaturas, al igual que Matemáticas, cuentan con los Talleres de refuerzo de instrumentales en el primer ciclo de ESO y Matemáticas con el Taller en 3º que sirve de profundización.

En cambio, y paradójicamente, la administración no favorecía tanto a departamentos con menor presencia en ESO o Bachillerato. Así tenemos a Filosofía que, si cuenta con dos profesores en plantilla, tiene problemas en algunos centros para cubrir horario con la Educación Éticocívica de 4º de ESO y la Filosofía de Bachillerato. Necesitan de optativas como Psicopedagogía y Sociología para salir del paso, o verse abocados a dar muchas horas de Atención Educativa.

Peor lo tiene Música que cuenta con la optativa de 1º de ESO Taller de Música y la de 1º de Bachillerato, Patrimonio Musical en la Comunidad Valenciana, si finalmente es ofertada por el centro.

Y quedan Latín y, sobre todo, Griego. Ya conocemos los profesores de clásicas lo que ocurrió con nuestras optativas. En lugar de contrarrestar la exigua presencia de las clásicas en la educación, a la Administración no se le ocurre otra idea que suprimir las optativas de Fundamentos y Referentes. Por suerte, se consiguieron salvar las dos, aunque con cierto retroceso en Referentes.

Pido, pues, perdón por ser profesor de Griego y haber contemplado cómo cada nuevo plan de estudios nos recortaba horas y por haber tenido que movilizarme, para paralizar la supresión de nuestras muchas optativas.

Pido perdón por ser profesor de Griego y depender ABSOLUTAMENTE de la voluntad y la elección de los alumnos, para poder cubrir mínimamente mi horario.

Pido perdón por ser profesor de Griego y tener que aguantar la ambición de otros departamentos, a los que sobran horas para sus profesores definitivos, en conseguir además otras optativas.

Pido perdón por ser profesor de Griego, una asignatura sin utilidad y que no sirve para los intercambios comerciales, especialmente ahora que el país heleno sufre una terrible crisis, y sufrir la falta de solidaridad de otros departamentos, de ciertas direcciones de centros, y de la Administración educativa, cuya “política” de favorecer las asignaturas “útiles”, puede provocar el que salgamos desplazados de nuestros centros los de clásicas.

Pido, por tanto, perdón al Conseller de Educación por ser profesor de Griego y no servir para los intercambios comerciales en inglés y chino.


Pido perdón al Conseller de Educación por ser profesor de Griego y tener sólo cuatro horas de Griego I, asignatura en la que debo empezar por el alfabeto, y cuatro en Griego II en las que los alumnos tienen que traducir un texto literario, es decir, en total 8, en las que un alumno de Griego pasa del alfabeto a traducir a Lisias, mientras que, como el conseller ha explicado, el último catálogo de materias optativas es de 2008, cuyas evaluaciones diagnósticas han evidenciado que el alumnado valenciano, pese al gran número de horas de la lengua inglesa que tiene, adolece de una formación vinculada expresamente con la expresión oral.

Pido perdón por ser profesor de Griego y atreverme tímidamente a decir que ya está bien de sacarse de la manga horas de refuerzo de inglés (recordemos que además del Inglés Práctico de Bachillerato y del que ahora se quiere introducir en ESO, hay horas de desdoble para este departamento). En efecto, según ha dicho el conseller, la optativa que ahora se va a introducir en la ESO pretende ser “una especie de refuerzo”, que se añadiría al taller de lengua extranjera que ya se introdujo en el catálogo de 2008, con lo que los alumnos contarían con dos opciones distintas para trabajar adicionalmente la lengua inglesa. Eso además de las curriculares y los desdobles.

Es decir, en la ESO y el Bachillerato puede dar en total 18 horas de inglés curriculares, más 6 de Inglés Práctico en ESO y 8 de Inglés Práctico en Bachillerato, en total, 32 horas semanales, ¡ah, no me acordaba y las dos de EPC en inglés!, frente a 8 ó 4 de griego. Y no cuento las de Primaria. Pido perdón por ello.

Pido perdón por ser profesor de Griego y no servirle a nuestro eximio conseller a su objetivo de apoyar y promover el desarrollo de la enseñanza de la lengua china, profundizar en el conocimiento de los aspectos culturales y costumbres de China, así como fortalecer el entendimiento mutuo y la amistad entre los dos pueblos. Ya se sabe, los aspectos culturales de Grecia son una nimiedad, algo baladí, fútil e inane. Pido perdón por ello.

Pido perdón por ser profesor de Griego y no poder dar “Profundización en el estudio de la geografía e historia de España”, que se justifica en que esta materia está “diluida” en el sistema obligatorio español y no existe un “estudio sistemático” de la geografía y de la historia, sino que está “dispersada dentro de un contenido mixto”.

Pido perdón por ser profesor de Griego y no poder dar “Empresa e iniciativa emprendedora”, que es una materia vinculada con la economía, que este curso ya se ha incorporado al Bachillerato a través de “Economía de la Comunitat Valenciana”. Lástima que no tenga vena de empresario y no pueda inculcar en alumnos de 15 años el amor por la empresa, por algo tan poco pragmático. Pido perdón por ello.

Con este panorama, a nadie ha extrañado que no haya oposiciones de Griego (ni de Latín, Francés y Física y Química) en la Comunidad Valenciana. Como profesor de Griego pido perdón por ello.

Pido perdón por ser profesor de Griego y verme quizás envuelto en un proceso de desplazamiento de mi centro de trabajo, o, tal vez, verme obligado a compartir centro, para poder cumplir mi horario. Pido perdón por no saber chino, no ser profesor de inglés, no ser profesor de Geografía (recordemos que un profesor de Geografía SÍ puede dar Referentes Clásicos) y no poder dar “Iniciativa Emprendedora”.

Pido perdón por ser profesor de Griego y suscitar recelos y comentarios de compañeros de otros departamentos de asignaturas curriculares que se asombran de que con 4 ó 5 alumnos tenga cuatro horas semanales. Tras decirle que FIRMO DONDE HAGA FALTA PARA TENER SUS 30 ALUMNOS, PERO EN GRIEGO, le pido perdón.


Pido perdón por ser profesor de Griego y tener unos pocos esforzados y valientes alumnos que, entre el maremagnum de asignaturas, las presiones familiares, y desoyendo los cantos de sirena de ciertos departamentos de orientación que les marean con las utilidades, las salidas, el futuro y las dichosas PONDERACIONES, han optado por el estudio de la lengua de Homero. Pido perdón por ello.

Pido perdón por ser profesor de Griego y, según cómo vaya el proceso de matrícula, verme abocado a dar Atención Educativa por un tubo o asignaturas afines, lo que redunda en la calidad de la enseñanza. Pido perdón, por tanto, por tener que aguantar el no dar más que 4 ó 6 horas de mi especialidad y completar mi horario con asignaturas que no son la mía. Perdón, perdón, perdón. Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa.

Pido perdón por ser profesor de Griego y haber estudiado una carrera como Filología Clásica por gusto, sin mirar su utilidad, sus salidas, su peso específico, su valor para transacciones económicas. La recordaba cuando esta tarde pasaba el paño del polvo por encima de la orla y veía las caras de mis compañeros de promoción y de los profesores de la Facultad de Valencia.


¡Qué narices!

Ya habrán comprendido todos que he usado un tono irónico. Al contrario y parafraseando a Yourcenar en Memorias de Adriano:

Siempre agradeceré a José Casorrán, mi profesor de Griego en 3º de BUP en el IES Sos Baynat, que me hiciera estudiar tanto griego y que un día me dijera que por qué no estudiaba Filología Clásica. Estoy muy orgulloso de haberle hecho caso. Tenía 16 años cuando por primera vez probé de escribir con el bolígrafo los caracteres de ese alfabeto desconocido. Siempre quedará en mi memoria ese primer texto de Esopo, la fábula del Viejo y la muerte, y esos exámenes de la parte cultural que debíamos prepararnos por nuestra cuenta con el libro amarillo de Anaya, obra de José Alsina Clota.

Agradezco a Mª Ángeles  Aramburu, curiosa y casualmente profesora de Inglés, sus clases de Griego en COU en el mismo centro, en un curso con seis alumnos, en el que traducíamos tragedia, entre otras cosas.

Recuerdo el examen de Griego de selectividad: un texto de la Anábasis de Jenofonte que hablaba de los efectos del frío en las tropas griegas.

Me adentré en Lisias y Demóstenes de la mano de Joan Francesc Mira en el viejo CUC de Castellón. ¡Qué recuerdos de aquel grupito de estudiantes de clásicas, hoy la mayor parte de ellos profesores de Griego o Latín!

Y llegó Valencia y su Facultad de Filología, con sus aulas recónditas y cambiantes. Los textos griegos con Antonio Melero y José Antonio Martínez Conesa; los textos latinos con Jordi Pérez Durá e Ismael Roca Meliá; la Métrica Griega, también con José Antonio Martínez Conesa; la Literatura Griega con Jordi Sanchis Llopis; las Instituciones de la Antigüedad Clásica, con Francisco Javier Fernández Nieto; la Lingüística Griega con Antonia Corbera Lloveras y Antonio Melero y la Paleografía y Codicología con Mª Jose Carbonell Boria.

Traducíamos Homero (Ilíada), Tácito (Anales), Horacio (Odas), Sófocles (Antígona), Eurípides (Medea); mucha sintaxis con Corbera, algo de dialectos, las lecciones de Fernández Nieto…

He amado y amo esta lengua por su flexibilidad de cuerpo bien adiestrado, su riqueza de vocabulario donde a cada palabra se siente el contacto directo y variado de las realidades, y porque casi todo lo que los hombres han dicho de mejor lo han dicho en griego. Esa lengua tiene tras ella tesoros de experiencia, la del hombre y la del Estado. En ella han hablado los inventores de la democracia, los grandes filósofos, los primeros científicos y matemáticos, los grandes autores teatrales, historiadores como Tucídides, sabios como Solón o Bías, poetas como Píndaro o Arquíloco, evangelistas como Lucas, oradores como Demóstenes, estadistas como Pericles, médicos como Hipócrates, escultores como Fidias…

He crecido hablando valenciano y castellano: mi epitafio será inscrito en una de esas dos lenguas, pero he disfrutado, sufrido y vivido gracias al griego.

No, no pido perdón por ser profesor de griego. Estoy orgulloso de ello, pese a las circunstancias adversas.

Dejaré que todos aprendan inglés; luego dejaré a los inteligentes aprender Latín como un honor y Griego como un reto” (Winston Churchill).

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¿España no es Grecia?

Hemos escuchado esta frase muchas veces estos últimos días. La frase que da título a este artículo, usada, eso sí, como afirmación se ha convertido en una especie de mantra repetido hasta la saciedad. Sólo hay que escribirlo en Google y observar los resultados. Éste, o este otro; quizá aquél o el de más allá. Hay quien lo repite tres veces, cual jaculatoria del Rosario.

La frase me sirve de excusa para hablar sobre la herencia griega, sobre el por qué de la presencia del griego en los estudios de bachillerato en España y sobre la evidente importancia de la Grecia antigua en nuestra cultura actual.

En la introducción al currículum de Griego I y II en el Decreto que establece el currículum del bachillerato en la Comunidad Valenciana leemos:

La principal finalidad del griego en el Bachillerato es la asimilación por parte del alumnado de todos los aspectos culturales que, nacidos en la Grecia Antigua, permanecen vigentes hoy en el mundo moderno: lingüísticos, literarios, filosóficos, estéticos, éticos, políticos, científicos, etc., es decir, la comprensión de nuestra cultura partiendo del estudio de la cultura griega. La razón fundamental por la que nos acercamos a ella es la de perfeccionar el conocimiento de nosotros mismos, ya que como herederos culturales de los griegos, el estudio de su mundo y su cultura nos debe hacer aumentar el conocimiento del nuestro, tanto en aquella parte que nos une, y que es mucha, como en la que nos separa. Por ello, aunque pertenezca al área de la lengua, en la enseñanza del griego siempre se unen lengua y cultura, ya que este estudio se desarrollará sobre escritos literarios, filosóficos, históricos… de la cultura griega, y se deducen los aspectos positivos que hay que fomentar en el alumno. Es fundamental el conocimiento de la estructura de la lengua griega, ya que, la iniciación del estudio gramatical en las lenguas clásicas del Bachillerato debe permitir, por traslación, una mayor reflexión relativa al hecho lingüístico y la estructura tanto la propia lengua, como de las otras lenguas del currículo, reflexión que hasta ahora había quedado reducida.

Una de las mayores justificaciones de las lenguas clásicas en la enseñanza ha sido el despliegue del pensamiento lógico de los alumnos por medio del trabajo de traducción.

El acceso y la interpretación de los textos, de diferentes tipo y autores, que habrán estado presentados de una manera adecuada, unos originales, en la medida del posible, y otros de traducidos, les permitirá el conocimiento directo del pensamiento de los autores griegos y se descubrirá los múltiples indicios que aún persisten en el mundo actual. El contacto con las más notables muestras del legado de Grecia, con los aspectos más significativos de su historia y cultura, llevará a cabo la profundización en unas señales de identidad que se hacen relevantes, aún, en nuestros días.


Cuando analizamos la realidad que nos rodea en el mundo actual, no podemos evitar hacer referencia al mundo griego. Prácticamente todo lo que hace referencia a la conducta del ser humano ya se ha dado, se ha estudiado, y además, poseemos infinidad de referencias y antecedentes para basarnos en los acontecimientos del mundo griego o en las referencias posteriores a estas épocas. Así, los temas más candentes de la vida contemporánea, como el amor y la lucha, la libertad y la esclavitud, el ciudadano y el estado, la vida y la muerte, el hombre y la divinidad se encuentran tratados en el mundo griego tan profusamente como en el mundo actual y por eso se pueden extraer muchas enseñanzas.

Hasta aquí nuestro extracto del citado Decreto. Y proseguimos.

“Que cada uno sea a su modo griego, pero que lo sea”: este aforismo de Goethe (1749-1832), escrito en uno de los momentos más radiantes de la cultura europea, no ha perdido, hoy en día, ni un ápice de su profunda significación. En Grecia se pusieron los fundamentos de la cultura europea (de Grecia toma Europa hasta su nombre) y todo intento por ser “ser humano” debe inspirarse, necesariamente, en la concepción griega de la “humanidad”, aunque no nos percatemos. Según Dilthey (1833-1911) tres son los fermentos constitutivos de lo que nombramos “europeo”: la concepción del mundo como un κόσμος (cosmos) racional y ordenado, plástico, con el hombre en su centro – es la herencia griega -; la grandiosa concepción del Derecho Romano – la razón escrita – ; y la decisiva aportación del Cristianismo que, a su vez, recoge la herencia grecorromana, dándole un nuevo sentido. Hasta la mitad del siglo XX el mundo griego y su herencia han suscitado un enorme interés, reflejado en todos los campos de la cultura (literatura, arte, filosofía, enseñanza, pintura, historia, etc.) y lo continúa haciendo, salvo la enseñanza, por lo menos en nuestro país.

En efecto año tras año los planes de estudio se han encargado de arrinconar las asignaturas “clásicas” y la LOGSE signó, sino de iure, sí de facto la sentencia de muerte del latín y sobre todo del griego. Con la LOE la situación no ha cambiado mucho. Y eso no porque desaparezcan las asignaturas en sí, sino porque quedan en una de las dos modalidades de Bachillerato y porque dentro de la modalidad a la que pertenecen deben competir duramente, sobre todo el griego, con un gran número de asignaturas de modalidad socialmente más “útiles” o pedagógicamente más “llamativas”. La Cultura Clásica, con la última reforma (LOE) es de oferta obligatoria en tercer curso de ESO y el Latín es materia troncal con otras siete materias de las que el alumnado debe elegir tres.

Ya hemos hablado de la situación de nuestras optativas en otra ocasión.

Cuando en los países, en los que las reformas educativas que eliminaban el estudio del mundo clásico, se produce un revitalización de lo que llamamos clásicas, en España las últimas reformas, con 20 años de retraso, han puesto la lápida encima de la tumba, ya excavada por anteriores planes de estudio, del latín y el griego.

Confiamos en que de aquí 20 años llegue a España el renacimiento de la cultura clásica. Pero dejémonos de lamentaciones (recordamos el proverbio chino: si tu mal tiene remedio, por qué te quejas; si no le tiene, por qué quejarte) y volvamos a destacar la importancia del estudio del griego.

El mundo griego – ¿quien lo duda? – continúa interesando a los hombres de hoy. Continúa siendo una de las fuentes inagotables de nuestra vida espiritual.

En efecto, “El pensar europeo empieza con los griegos, y desde entonces no hay otra manera de pensar. Los europeos no tenemos opción. Tenemos la seguridad de que aquellos que filosofamos o hacemos ciencia siguiendo esta forma griega de pensar, independientemente de las condiciones históricas de su desarrollo, estamos tendiendo a lo absoluto e inmutable: tendemos hacia la verdad. Más aún, no sólo tendemos, sino que realmente alcanzamos algo absoluto, constante, verdadero.”

(Bruno Snell, Las fuentes del pensamiento europeo, Razón y Fe, Madrid, 1963, página 7)

No se puede negar el milagro. Todos los que han conocido Grecia, han orado, a su modo, sobre la Acrópolis. Todos los que han estudiado sus obras, han proclamado la deuda de la Humanidad. Ha habido en el globo un pequeño rincón de la tierra donde, bajo el cielo más bonito, hubo hombres dotados de una organización intelectual única, donde las artes y las letras se reflejaron sobre las cosas de la Naturaleza como una segunda luz: en estas palabras de Ingrès se encontrará el comentario para todo cuanto se ha escrito sobre Grecia.”

(H. Berr en el prefacio al libro de A. Jardé, La formación del pueblo griego, Cervantes, Barcelona, 1926).

La Grecia Antigua es hoy para nosotros no un ideal supremo, sino un mundo de experiencias humanas; un mundo a nuestra medida y en el que nos reconocemos a nosotros mismos. Es muy cierto que también otros pueblos y culturas del pasado han desarrollado interesantes civilizaciones, pero el caso griego es especial. En primer lugar la aventura humana de los griegos se nos ofrece como un ciclo completo desarrollado con características propias en una zona bien definida y en un espacio de tiempo relativamente breve y muy preciso.

En segundo lugar las realizaciones helénicas no sólo han dejado una fuerte huella sobre las nuestras, sino que han estado incorporadas a nuestra cultura y como tales las hemos transmitido a pueblos de otras áreas. Tenemos una filiación irrenunciable que nos une a ellas.

La relación que enlaza nuestra cultura y nuestro mundo con el mundo y la cultura griegas hace de nosotros – queramos o no – herederos de la Hélade y estamos llamados a continuar la experiencia humana que se inició en Grecia.

La asunción de esta experiencia confirma nuestra identidad propia, por qué (con palabras de Zubiri) no es que los griegos sean nuestros clásicos: es que, en cierto modo, los griegos somos nosotros. Herencia griega son el predominio de la razón crítica, que lleva hacia actitudes propicias al desarrollo del pensamiento filosófico-científico y a la creación de métodos de investigación; situaciones de conflicto y oscilaciones en las bases fundamentales de la vida humana: religión, organización social, fórmulas políticas, planteamientos éticos…, con respuestas actuales que reproducen a un nivel más amplio y en forma más compleja las que se suscitaron en varios momentos en la Antigua Grecia; los problemas – límite del ser humano -encuentran su expresión en los mitos que, elaborados en la antigüedad, perpetúan su vigencia entre nosotros, manteniéndose vivos y abiertos a la reinterpretación (en filosofía, poesía, arte, etc.).

No podríamos agotar en breve espacio la simple enumeración de los hechos que indican la penetración de los elementos culturales helénicos en nuestro mundo moderno, y no sólo en Occidente, sino en todas las zonas del planeta, ya que a todas ha llegado, de forma más o menos oportuna, la cultura occidental, que dio sus primeros y definitivos pasos en el Hélade.

Jacqueline de Romilly concluye su libro de 1997 ¿Por qué Grecia?, al que ya nos hemos referido en otra ocasión, con estas palabras:

Resulta incluso asombroso constatar que, en nuestra época de rechazo de los estudios griegos, esa influencia se manifieste de dos formas muy diferentes y de alcance muy desigual. La primera es visible y, al menos en apariencia, muy objetiva. Se traduce en modas, por el recurso a nombres propios y a vagas alusiones mitológicas. El hilo de Ariadna o el complejo de Edipo son recuerdos griegos; los juegos olímpicos y la maratón, también. La Europa que forjamos a toda marcha lleva nombre griego y se vale gustosa de una heroína raptada por Zeus. Todos los espectadores de televisión están acostumbrados a escuchar fórmulas como ésta: “Ariane 5 va a alcanzar a Hermes”. Y hasta los más ignaros de los jóvenes intelectuales hablan con más satisfacción del eros que del amor.

Esta moda me divierte. No descansa en ningún conocimiento serio, pero comporta, no obstante, implicaciones reveladoras. Supone, en algunos casos, que las palabras griegas conservan su fuerza y su claridad: el eros (ἔρως) no es ni la philía (φιλία) ni el ágape (ἀγάπη); el eros es por tanto más claro que el amor. Más a menudo, estos usos suponen la proyección de los símbolos, incluso desviados de su sentido o segados de su origen: el complejo de Edipo o la maratón no sobrevivirían si muchas generaciones no hubieran oído hablar de esas imágenes límite del crimen o de la hazaña. Y, por último, constataremos que estos griegos son de todos y de nadie; y, como en muchos otros terrenos, la Grecia antigua proporciona un lenguaje que, una vez más lo diré, es universal.

Sin embargo, aunque estas supervivencias me divierten – pequeños icebergs que flotan a la deriva sin que nadie sepa ya por qué están ahí -, existe otra supervivencia, mucho más profunda y desconocida por casi todos. Lo queramos o no, está hecha de ideas que viven en nosotros sin que lo sepamos – como nuestro corazón o nuestra sangre – y que, a través de distintos intermediarios, provienen de la Grecia antigua. En efecto, la herencia griega, basada en la aspiración a lo universal, se ha convertido en el espíritu mismo de nuestra civilización occidental. La condena de la violencia, la tolerancia, el respeto de la justicia y el deseo de libertad son un poco los lemas que se atribuyen a la democracia. Y detrás de los lemas se ocultan fuerzas vivas, a las que, en nuestros días, resulta ya peligroso resistirse. Por el contrario, en la época en la que Europa se crea, puede no resultar indiferente reconocer esta deuda, cuando la tendencia es en demasiadas ocasiones a olvidar.

Cuando vemos que disidentes checos invocan contra la tiranía las lecciones de Tucídides, hay sin duda ahí un escorzo; y la mayoría de ellos, seguramente, no conocen a Tucídides. Sin embargo, su actitud se corresponde a la perfección con la lección de Grecia, y quizá no se la comprendería sin el impulso primero dado en Grecia hace veinticinco siglos.

Sólo hemos hablado aquí de política, pero la sensibilidad en nuestros diversos países, los hábitos de pensamiento y el esfuerzo hacia la claridad, la ciencia, la filosofía – ese esfuerzo que casi nunca ha cesado desde entonces -, remiten de nuevo a las primeras audacias de Grecia en esos diversos ámbitos.


Incluso si se llega a cortar hoy días el contacto con ese momento privilegiado de la historia de la humanidad, no se destruirá esa larga maduración, a lo largo de la cual ha dado sus frutos, en nosotros.

Un corte semejante sería absurdo, culpable y peligroso. Al intentar responder a la pregunta “¿Por qué Grecia?”, respondemos siempre un poco a la pregunta más habitual y prosaica que plantea: “¿Por qué el griego?”.

Después de todo, los atenienses de entonces eran muy conscientes de lo que hacían y del papel que merecían desempeñar. Tucídides le hace decir a Pericles que Atenas es para Grecia una “lección viva”, una “educación”, una paideusis (παίδευσις). Lo fue para los griegos y los griegos lo fueron para todos nosotros: que Grecia tuviera un presentimiento tan fuerte de ello me tranquiliza y me maravilla.

Hasta aquí el fragmento de Jacqueline de Romilly.

¿España no es Grecia? nos preguntábamos en el título. Puede que en el sentido económico y financiero en el que se ha usado últimamente esta frase, quizás no lo seamos (así lo espero por nuestro bien).

Pero en otros muchos sentidos sí somos Grecia, como han dicho Goethe, Snell, Berr, Zubiri o Romilly, pese a que muchos no lo quieran ver, lo ignoren o se nieguen a reconocerlo.

Todos, sin embargo, al definir, calificar o etiquetar la situación económica que afecta a la Unión Europea han unido a la palabra “crisis” el gentilicio “griega”. ¿Sabrán que al hacerlo han unido la palabra “crisis” (κρίσις) al país de cuya lengua toma su origen etimológico?

crisis.

(Del lat. crisis, y este del gr. κρσις).

1. f. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente.

2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.

3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese.

4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes.

5. f. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.

6. f. Escasez, carestía.

7. f. Situación dificultosa o complicada.

¿España no es Grecia? Sí, lo es, y en gran medida.

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Le toca el turno ahora a la infortunada Níobe, cuyo relato en Ovidio es también extenso.

NÍOBE:

Lydia tota fremit, Phrygiaeque per oppida facti

rumor it et magnum sermonibus occupat orbem.

ante suos Niobe thalamos cognoverat illam,

tum cum Maeoniam virgo Sipylumque colebat;

nec tamen admonita est poena popularis Arachnes,

cedere caelitibus verbisque minoribus uti.

multa dabant animos; sed enim nec coniugis artes

nec genus amborum magnique potentia regni

sic placuere illi, quamvis ea cuncta placerent,

ut sua progenies; et felicissima matrum

dicta foret Niobe, si non sibi visa fuisset.

nam sata Tiresia venturi praescia Manto

per medias fuerat divino concita motu

vaticinata vias: ‘Ismenides, ite frequentes

et date Latonae Latonigenisque duobus

cum prece tura pia lauroque innectite crinem:

ore meo Latona iubet.’ paretur, et omnes

Thebaides iussis sua tempora frondibus ornant

turaque dant sanctis et verba precantia flammis.

Ecce venit comitum Niobe celeberrima turba

vestibus intexto Phrygiis spectabilis auro

et, quantum ira sinit, formosa; movensque decoro

cum capite inmissos umerum per utrumque capillos

constitit, utque oculos circumtulit alta superbos,

‘quis furor auditos’ inquit ‘praeponere visis

caelestes? aut cur colitur Latona per aras,

numen adhuc sine ture meum est? mihi Tantalus auctor,

cui licuit soli superorum tangere mensas;

Pleiadum soror est genetrix mea; maximus Atlas

est avus, aetherium qui fert cervicibus axem;

Iuppiter alter avus; socero quoque glorior illo.

me gentes metuunt Phrygiae, me regia Cadmi

sub domina est, fidibusque mei commissa mariti

moenia cum populis a meque viroque reguntur.

in quamcumque domus adverti lumina partem,

inmensae spectantur opes; accedit eodem

digna dea facies; huc natas adice septem

et totidem iuvenes et mox generosque nurusque!

quaerite nunc, habeat quam nostra superbia causam,

nescio quoque audete satam Titanida Coeo

Latonam praeferre mihi, cui maxima quondam

exiguam sedem pariturae terra negavit!

nec caelo nec humo nec aquis dea vestra recepta est:

exsul erat mundi, donec miserata vagantem

“hospita tu terris erras, ego” dixit “in undis”

instabilemque locum Delos dedit. illa duorum

facta parens: uteri pars haec est septima nostri.

sum felix quis enim neget hoc? felixque manebo

hoc quoque quis dubitet?: tutam me copia fecit.

maior sum quam cui possit Fortuna nocere,

multaque ut eripiat, multo mihi plura relinquet.


excessere metum mea iam bona. fingite demi

huic aliquid populo natorum posse meorum:

non tamen ad numerum redigar spoliata duorum,

Latonae turbam, qua quantum distat ab orba?

itesatis pro re sacrilaurumque capillis

ponite!’ deponunt et sacra infecta relinquunt,

quodque licet, tacito venerantur murmure numen.

Indignata dea est summoque in vertice Cynthi

talibus est dictis gemina cum prole locuta:

‘en ego vestra parens, vobis animosa creatis,

et nisi Iunoni nulli cessura dearum,

an dea sim, dubitor perque omnia saecula cultis

arceor, o nati, nisi vos succurritis, aris.

nec dolor hic solus; diro convicia facto

Tantalis adiecit vosque est postponere natis

ausa suis et me, quod in ipsam reccidat, orbam

dixit et exhibuit linguam scelerata paternam.’

adiectura preces erat his Latona relatis:

‘desine!’ Phoebus ait, ‘poenae mora longa querella est!’

dixit idem Phoebe, celerique per aera lapsu

contigerant tecti Cadmeida nubibus arcem.

Planus erat lateque patens prope moenia campus,

adsiduis pulsatus equis, ubi turba rotarum

duraque mollierat subiectas ungula glaebas.

pars ibi de septem genitis Amphione fortes

conscendunt in equos Tyrioque rubentia suco

terga premunt auroque graves moderantur habenas.

e quibus Ismenus, qui matri sarcina quondam

prima suae fuerat, dum certum flectit in orbem

quadripedis cursus spumantiaque ora coercet,

‘ei mihi!’ conclamat medioque in pectore fixa

tela gerit frenisque manu moriente remissis

in latus a dextro paulatim defluit armo.

proximus audito sonitu per inane pharetrae

frena dabat Sipylus, veluti cum praescius imbris

nube fugit visa pendentiaque undique rector

carbasa deducit, ne qua levis effluat aura:

frena tamen dantem non evitabile telum

consequitur, summaque tremens cervice sagitta

haesit, et exstabat nudum de gutture ferrum;


ille, ut erat, pronus per crura admissa iubasque

volvitur et calido tellurem sanguine foedat.

Phaedimus infelix et aviti nominis heres

Tantalus, ut solito finem inposuere labori,

transierant ad opus nitidae iuvenale palaestrae;

et iam contulerant arto luctantia nexu

pectora pectoribus, cum tento concita nervo,

sicut erant iuncti, traiecit utrumque sagitta.

ingemuere simul, simul incurvata dolore

membra solo posuere, simul suprema iacentes

lumina versarunt, animam simul exhalarunt.

adspicit Alphenor laniataque pectora plangens

advolat, ut gelidos conplexibus adlevet artus,

inque pio cadit officio; nam Delius illi

intima fatifero rupit praecordia ferro.

quod simul eductum est, pars et pulmonis in hamis

eruta cumque anima cruor est effusus in auras.

at non intonsum simplex Damasicthona vulnus

adficit: ictus erat, qua crus esse incipit et qua

mollia nervosus facit internodia poples.

dumque manu temptat trahere exitiabile telum,

altera per iugulum pennis tenus acta sagitta est.

expulit hanc sanguis seque eiaculatus in altum

emicat et longe terebrata prosilit aura.

ultimus Ilioneus non profectura precando

bracchia sustulerat ‘di’ que ‘o communiter omnes,’

dixerat ignarus non omnes esse rogandos

‘parcite!’ motus erat, cum iam revocabile telum

non fuit, arcitenens; minimo tamen occidit ille

vulnere, non alte percusso corde sagitta.

Fama mali populique dolor lacrimaeque suorum

tam subitae matrem certam fecere ruinae,

mirantem potuisse irascentemque, quod ausi

hoc essent superi, quod tantum iuris haberent;

nam pater Amphion ferro per pectus adacto

finierat moriens pariter cum luce dolorem.

heu! quantum haec Niobe Niobe distabat ab illa,

quae modo Latois populum submoverat aris

et mediam tulerat gressus resupina per urbem

invidiosa suis; at nunc miseranda vel hosti!

corporibus gelidis incumbit et ordine nullo

oscula dispensat natos suprema per omnes;

a quibus ad caelum liventia bracchia tollens

‘pascere, crudelis, nostro, Latona, dolore,

pascere’ ait ‘satiaque meo tua pectora luctu!

[corque ferum satia!’ dixit. ‘per funera septem]

efferor: exsulta victrixque inimica triumpha!

cur autem victrix? miserae mihi plura supersunt,

quam tibi felici; post tot quoque funera vinco!’

Dixerat, et sonuit contento nervus ab arcu;

qui praeter Nioben unam conterruit omnes:

illa malo est audax. stabant cum vestibus atris

ante toros fratrum demisso crine sorores;

e quibus una trahens haerentia viscere tela

inposito fratri moribunda relanguit ore;

altera solari miseram conata parentem

conticuit subito duplicataque vulnere caeco est.

[oraque compressit, nisi postquam spiritus ibat]

haec frustra fugiens collabitur, illa sorori

inmoritur; latet haec, illam trepidare videres.

sexque datis leto diversaque vulnera passis

ultima restabat; quam toto corpore mater,

tota veste tegens ‘unam minimamque relinque!

de multis minimam posco’ clamavit ‘et unam.’

dumque rogat, pro qua rogat, occidit: orba resedit

exanimes inter natos natasque virumque

deriguitque malis; nullos movet aura capillos,

in vultu color est sine sanguine, lumina maestis

stant inmota genis, nihil est in imagine vivum.

ipsa quoque interius cum duro lingua palato

congelat, et venae desistunt posse moveri;

nec flecti cervix nec bracchia reddere motus

nec pes ire potest; intra quoque viscera saxum est.

flet tamen et validi circumdata turbine venti

in patriam rapta est: ibi fixa cacumine montis

liquitur, et lacrimas etiam nunc marmora manant.


Níobe

La Lidia entera brama y de Frigia por las fortalezas la noticia

del hecho va, y el gran orbe con esos discursos ocupa.

Antes Níobe de sus tálamos la había conocido a ella,

por el tiempo en que, de virgen, Meonia y el Sípilo habitaba;

150 y no, aun así, advertida quedó con el castigo de su paisana Aracne

de ceder ante los celestiales y de palabras menores usar.

Muchas cosas le daban arrestos; pero ni de su esposo las artes

ni la familia de ambos y de su gran reino el poderío

así la placían –aunque ello todo le pluguiera–

155 como su progenie; y la más feliz de las madres

dicha hubiera sido Níobe, si no a sí misma se lo hubiera parecido.

Pues la simiente de Tiresias, del porvenir présaga, Manto,

por mitad de las calles, excitada por una divina fuerza,

había vaticinado: “Isménides, marchad incesantes

160 y dad a Latona y a los dos hijos de Latona

con su plegaria inciensos píos, y con laurel enlazaos el pelo.

Por la boca mía Latona lo ordena.” Se obedece, y todas

las tebaides con las ordenadas frondas sus sienes ornan

e inciensos dan a los santos –y palabras suplicantes– fuegos.

165 He aquí que viene rodeadísima Níobe de la multitud de sus acompañantes,

por sus vestidos frigios de oro entretejido vistosa

y, cuanto su ira permite, hermosa; y, moviendo con su agraciada

cabeza sueltos por ambos hombros sus cabellos,

se detuvo, y cuando sus ojos soberbios alrededor hubo llevado, alta:

170 “¿Qué furor, unos oídos dioses”, dijo, “anteponer

a los vistos, o por qué se honra a Latona por las aras,

cuando el numen todavía mío sin incienso está? Tántalo el autor mío,

único al que fue permitido de los altísimos tocar las mesas;

de las Pléyades hermana es la genetriz mía; el máximo Atlas

175 es mi abuelo, el que lleva sobre su cuello el etéreo eje;

Júpiter mi otro abuelo; como suegro también me glorío de él.

A mí los pueblos me temen de Frigia; debajo de mí, su dueña,

el real de Cadmo está, y reunidas por las liras de mi esposo,

estas murallas con sus pueblos por mí y mi marido son regidas.


180 A cualquier parte de mi casa al volver mis ojos

inmensas riquezas vense; adviene a esto mismo,

digna de una diosa, mi faz; aquí mis nacidas añade, siete,

y otros tantos jóvenes, y pronto yernos y nueras.

Preguntad ahora qué causa tenga nuestra soberbia,

185 a la simiente de no sé qué Ceo atreveos, a la Titánide

Latona, a preferir a mí, a la cual la máxima tierra un día

una exigua sede cuando iba a parir le negó.

Ni en el cielo ni en el suelo ni en las aguas la diosa vuestra recibida fue:

una desterrada era del cosmos hasta que compadecida de su vagar:

190 “Huésped tú por las tierras vas errante: yo”, dijo Delos,

“en las ondas” y un inestable lugar le dio. Ella de dos

se hizo madre: del útero nuestro la parte esta es la séptima.

Soy feliz –pues quién niegue esto– y feliz permaneceré

–esto también quién lo dude–: segura a mí mi abundancia me hizo.

195 Mayor soy que a quien pueda la Fortuna dañar,

y mucho aunque me arrebatara, que mucho a mí más me quedará.

Han excedido al miedo ya mis bienes: fingid que quitarse

algo a este pueblo de los nacidos míos pudiera:

no, aun así, al número de dos me reduciría expoliada,

200 de Latona la multitud, la cual, cuánto dista de una huérfana.

Dejad † deprisa estos sacrificios † y el laurel de los cabellos

quitaos.” Se lo quitan y los sacrificios inconclusos abandonan,

y, lo que lícito es, con tácito murmullo veneran su numen.

Indignóse la diosa y en el sumo vértice del Cinto

205 con tales palabras a su gemela prole habló:

“Heme yo, vuestra madre, de vosotros ardida, mis criaturas,

y que si no a Juno a ninguna cedería de las diosas,

si una diosa soy se duda y, a través de todos los siglos adoradas,

se me aparta, oh mis nacidos, si vosotros no me socorréis, de mis aras.

210 Y no el dolor este solo: a su siniestra acción insultos

la Tantálide ha añadido y a vosotros posponer a los nacidos

suyos se ha atrevido y a mí –lo cual en ella recaiga– huérfana

me ha dicho y ha exhibido la lengua, maldita, paterna.”

Añadido súplicas habría la Latona a estos relatos:

215 “Deja”, Febo dice. “Del castigo dilación una larga queja es.”

Dijo lo mismo Febe, y en rápida caída por el aire

alcanzaron, cubiertos por unas nubes, de Cadmo el recinto.

Plana había, y a lo ancho abriéndose cerca de las murallas, una llanura,

por asiduos caballos batida, donde una multitud de ruedas

220 y dura pezuña había mullido los terrones a ellos sometidos.

Una parte allí de los siete engendrados de Anfíon en fuertes

caballos montan y, rojecientes de tirio jugo,

sus lomos hunden y de oro pesadas moderan sus riendas.

De los cuales Ismeno, que para la madre suya el fardo un día

225 primero había sido, mientras dobla en un certero círculo

de su cuadrípede el curso y su espumante boca somete:

“¡Ay de mí!”, clama, y en mitad del pecho clavadas

unas flechas lleva y los frenos su mano moribunda soltando,

hacia el costado poco a poco él se derrama desde el diestro ijar.

230 Próximo a él, tras oír un sonido de aljaba a través del vacío,

los frenos soltaba Sípilo, igual que cuando barruntando lluvias

al ver una nube huye, y dejándolas colgar por todas partes su gobernador,

los linos arría para que ni una leve aura efluya:

los frenos, aun así, soltando, no evitable, una flecha

235 lo alcanza y en lo alto de su nuca una temblorosa saeta

se queda clavada y sobresalía desnudo de su garganta el hierro;

él, como estaba, inclinado hacia adelante, por la cruz liberada y crines

se rueda, y con su cálida sangre la tierra mancha.

Fédimo, el infeliz, y del nombre de su abuelo el heredero,

240 Tántalo, una vez que fin pusieron al acostumbrado trabajo,

habían pasado a la obra juvenil de la nítida palestra.

Y ya habían confrontado, luchando en estrecho nudo,

pecho con pecho, cuando disparada por el tenso nervio

como estaban, unidos, atravesó a uno y otro una saeta.

245 Gimieron a la vez, a la vez encorvados por el dolor

sus miembros en el suelo pusieron, a la vez sus supremas luces

giraron, yacentes, su aliento a la vez exhalaron.


Los contempla Alfénor y su desgarrado pecho golpeando

a ellos vuela para con sus abrazos aliviar sus helados miembros,

250 y en el piadoso servicio cae; pues el Delio a él

lo íntimo de su torso rompió con un mortífero hierro.

El cual, una vez que sacado fue, parte fue del pulmón en sus arpones

extraída y con su aliento su crúor se difundió a las auras.

Mas no al intonso Damasicton una simple herida

255 inflige: herido había sido por donde el muslo a serlo empieza, y por donde

su blanda articulación hace la nervosa corva,

y mientras con la mano intenta sacar la fúnebre flecha

otra saeta a través de la garganta hasta las plumas le entró.

Expulsó a ésta la sangre, que proyectándose a lo alto

260 riela y, largamente por ella horadada el aura, saltando sube.

El último Ilioneo, rezando, unos brazos que no le habían

de aprovechar había elevado y: “Dioses oh, en común, todos”,

había dicho, sin él saber que no todos debían ser rogados,

“guardadme.” Conmovido se había, cuando ya revocable la flecha

265 no era, el señor del arco; de una mínima herida aun así muere él,

no profundamente perforado su corazón por la saeta.

La noticia de ese mal y de su pueblo el dolor y las lágrimas

de los suyos a la madre de tan súbita ruina cercioraron,

admirada de que hubieran podido, y enconada de que se hubieran

270 a ello atrevido los altísimos, de que tan gran poder tuvieran;

pues el padre, Anfíon, su hierro a través del pecho empujando

había puesto fin, muriendo, juntamente con la luz, a su dolor.

Ay, cuánto esta Níobe de la Níobe distaba aquella

que ahora poco a su pueblo había apartado de las Latoas aras

275 y por mitad de su ciudad había llevado sus pasos, alta la cabeza,

malquerida para los suyos, mas ahora digna de compasión incluso para su oponente.

Sobre sus cuerpos helados se postra y sin orden ninguno

besos dispensa, los supremos, por sus nacidos todos,

desde los cuales al cielo sus lívidos brazos levantando:

280 “Cébate, cruel, de nuestro dolor, Latona,

cébate”, dice, “y sacia tu pecho de mi luto

y tu corazón fiero sacia”, dijo. “Mediante funerales siete

a mí me llevan: exulta, y, vencedora enemiga, triunfa.


¿Pero por qué vencedora? A mí desgraciada más me quedan

285 que a ti feliz; después de tantos funerales también venzo.”

Había dicho, y sonó desde su tensado arco un nervio,

el cual, excepto a Níobe sola, aterró a todos.

Ella en su mal es audaz. Apostadas estaban con sus ropas negras

ante los lechos de sus hermanos, suelto el pelo, sus hermanas,

290 de las cuales una, sacándose unas flechas clavadas en su vientre,

impuesto sobre su hermano, moribunda, el rostro, languideció;

la segunda, consolar a su desgraciada madre intentando

calló súbitamente y doblegada por una herida ciega quedó

[y su boca no cerró sino después que su espíritu se fuera].

295 Ésta en vano huyendo se desploma, aquélla sobre su hermana

muere; se esconde ésta, aquélla temblar habrías visto.

Y seis dadas ya a la muerte y diversas heridas padeciendo

la última restaba; a la cual con todo su cuerpo su madre,

con todo su vestido cubriendo: “Ésta sola y la más pequeña deja;

300 de muchas la más pequeña te pido”, clamaba, “y ella sola”,

y mientras suplicaba por la que rogaba muere. Huérfana se sentó,

entre sus exánimes nacidos y nacidas y marido,

y rigente quedó por sus males; cabellos mueve la brisa ningunos,

en su rostro el color es sin sangre, sus luces en sus afligidas

305 mejillas están inmóviles, nada hay en su imagen vivo.

Su propia lengua también interiormente con su duro paladar

unida se congela y las venas desisten de poder moverse;

ni doblarse su cuello, ni sus brazos hacer movimientos,

ni su pie andar puede; por dentro también de sus entrañas roca es.

310 Llora aun así y circundada por un torbellino de vigoroso viento

hasta su patria es arrebatada; allí, fija a la cima de un monte

se licuece y lágrimas todavía ahora sus mármoles manan.


III. NIOBE

El mito de Níobe es narrado tonalmente en la música de Britten. La historia es ésta; Níobe, celosa de todo el culto que las mujeres de Tebas rendían a Leto, aconsejó a aquellas mujeres que cesaran en sus sacrificios. Níobe se sentía a sí misma más digna de culto, ya que ella tenía 14 niños en vez de los 2 de Leto. Leto se enfureció por esta blasfemia, y envió a sus dos hijos, Apolo y Diana para matar a todos los hijos de Níobe. La triste canción que Níobe canta es la historia de la muerte de sus siete hijos y siete hijas, y por su pena, su transformación en roca. Primero son muertos los siete hijos. Primero seis y finalmente el último. Nótese, primero seis notas, luego siete.

Luego canta la muerte de las siete hijas, primero seis, luego siete. Luego catorce notas en escala descendente, los catorce hijos están muertos.  Completamente sola se hunde, rodeada por los cuerpos de sus hijos e hijas y la pena la convierte en piedra. Pierde todo aliento de vida, pero aún así llora. Un torbellino violento la arrebata, y s la lleva a su patria, donde es sujeta a la cima de una montaña. (Nótense las 14 notas usadas para este pasaje). Allí se licúa, y todavía ahora siguen manando lágrimas de su rostro marmóreo.

La correspondiente partitura:

BRITTEN SIX METAMORPHOSES_ NIOBE

Y el video:

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Damos este título a una serie de artículos destinados a repasar dos obras de temática mitológica de Gioachino Rossini (1792-1868). Evidentemente no es pertinente en esta serie hablar del compositor italiano, del que se puede obtener muchísima información en la red.

Otra advertencia previa es que no somos musicólogos, ni tan siquiera tenemos demasiados conocimientos de lenguaje musical, sino sólo unos rudimentos de solfeo y, eso sí, un gran amor por la música, muchas horas de escucha de música y un conocimiento bastante grande de historia de la música (compositores, intérpretes, directores, etc.).

En el catálogo de composiciones del “cisne de Pesaro” hay algunas obras con temática mítica. Son las siguientes:

Cantatas:

ll pianto d’armonia sulla morte di Orfeo (1808)

La morte di Didone (1811)

Le nozze di Teti, e di Peleo (1816)

Giunone (anterior a 1822)

Óperas:

Ermione, basada en la Andrómaca de Racine (1819).

Edipo a Colono, compuesta con anterioridad a 1817 y revisada y ampliada por el compositor entre 1840 y 1843, pero nunca concluida.

Entre las más significativas obras no operísticas de Rossini se incluyen una serie de cantatas, bien escritas con acompañamiento orquestal para ser ejecutadas en salas de concierto, en los tetaros o en otros lugares públicos, bien con acompañamiento de piano destinadas a los salones. Todas estas composiciones pertenecen a un género caído en desuso a finales del siglo XIX, cuyo lugar entre las obras de Rossini (e incluso su propia existencia) parece como un vago recuerdo. Gracias a recientes investigaciones musicológicas en bibliotecas italianas, de la Europa del Norte y de América, y gracias también a la generosidad de algunos coleccionistas privados, ha sido posible reconstruir la mayor parte de este repertorio y las nuevas ediciones aparecen con una cierta regularidad en el Edición crítica de las obras de Gioachino Rossini, publicada por la Fundación Rossini de Pesaro.

Las cantatas, tanto sacras como profanas, era uno de los géneros vocales más importante del período barroco. Independientemente de si fueron concebidas como formas de entretenimiento para los salones de los aristócratas, o como meditaciones sacras (para ejecutar en la iglesia o en los salones), o como piezas ocasionales para celebrar eventos históricos, estaban estructuradas como breves escenas narrativas para una o más voces, comprendiendo arias y recitativos, con intervención de un coro cuando se creía oportuno.

En el siglo XVII eran generalmente escritas con un acompañamiento para bajo continuo, desarrollando después una mayor naturaleza orquestal (si bien muchas de las primeras cantatas presentan un acompañamiento orquestal completo, y cantatas con el único acompañamiento del piano continuaban componiéndose en buena parte del siglo XIX). En al Italia del siglo XVIII los teatros financiados por el estado eran justamente el lugar donde se representaban elaboradas cantatas escénicas para acontecimientos de celebración de las familias gobernantes: Ascanio in Alba, de Mozart, por ejemplo, fue escrita para el Teatro Regio Ducal de Milán en el 1771 con ocasión del matrimonio del archiduque Fernando de Austria con Maria Riccarda Berenice de Módena.

Los compositores, sin embargo, continuaron escribiendo cantatas para otras diversas ocasiones: eventos eclesiásticos, para determinados intérpretes, como forma de agradecimiento a sus mecenas. Mientras en el periodo revolucionario cambió la naturaleza de la música, especialmente en Francia, la restauración de la monarquía determinó un retorno a un modo de hacer música más compatible con la formalidad de la cultura de las cortes europeas.

Rossini, cuya actividad de compositor coincidió con muchos y diversos contextos públicos y privados, escribió cantatas para numerosas ocasiones. Para familias ricas en Venecia, Milán, Nápoles, Roma y París compuso cantatas con acompañamiento de piano, como Dalle quete e pallid’ombre, Egle ed Irene y L’aurora. Para Alessandro Aguado, su banquero de París, preparó una cantata a seis voces con acompañamiento de piano para festejar el bautismo del hijo de Aguado en el 1827. Una cantata más elaborada vocalmente, con acompañamiento de piano, es Giovanna d’Arco, un regalo para Olympe Pélissier, de 1832, en los inicios de su larga relación que les llevó al matrimonio, después de la muerte en 1845 de Isabella Colbran, la primera esposa de Rossini,

La primera cantata para orquesta de Rossini fue compuesta como parte de su aprendizaje en el Liceo Musical de Bolonia, donde Il pianto d’Armonia sulla morte di Orfeo fue estrenada el 11 de agosto de 1808. Luego volveremos sobre esta obra.

En los siete años de actividad en el Teatro San Carlo de Nápoles (1815-1822), Rossini escribió diversas cantatas importantes con acompañamiento de orquesta, empleando a los mejores cantantes de su troupe teatral. Se celebraban eventos como el cumpleaños del rey en el 1816 (Pel faustissimo giorno natalizio…), el matrimonio en el 1816 de la sobrina del rey, Maria Carolina, con el duque francés de Berry, cuyo padre reinó como Carlos X (Le nozze di Teti, e di Peleo), la curación del rey de una grave enfermedad en el 1819 (Omaggio umiliato…) y una visita, aquel mismo año, del emperador de Austria (Cantata da eseguirsi…)


En 1822 para el Congreso de Viena, donde las potencias europeas continuaron con sus esfuerzos para controlar la estructura política de Europa tras Napoleón, Rossini aceptó, a petición del canciller Metternich, preparar al menos dos cantatas, La Santa Alleanza e Il vero omaggio. También el dramma giocoso Il viaggio a Reims, escrito para celebrar la coronación de Carlos X en 1825, debe mucho a la tradición de la cantata.

A veces las cantatas se componían con ocasión de las veladas concedidas por un teatro a un cantante o a un compositor famoso de modo que el artista pueda beneficiarse directamente de los ingresos por la recaudación. Es por este motivo por el que la soprano Ester Mombelli utilizó La morte di Didone, la cantata con acompañamiento de orquesta que Rossini había compuesto unos años antes, y que fue ejecutada, por primera vez, en una velada en su honor en Venecia en 1818. Rossini escribió la que es quizás su cantata para orquesta más bella, La riconoscenza, para una velada en su propio honor en Nápoles en diciembre de 1821 (música sacada de La riconoscenza encontró enseguida nuevo uso en Il vero omaggio y en Omaggio pastorale, una cantata esta última con la que Rossini en 1823 honró la muerte del gran escultor Antonio Canova).

La última cantata de Rossini, interpretada en Roma en el Campidoglio el primero de enero de 1847, es una obra mayor que celebra la elección del nuevo papa Pío IX. Cantata in onore del Sommo Pontefice Pio Nono.

Como la mayor parte de los italianos, Rossini creía que Pío IX llevaría adelante la tan ansiada unificación de todos los estados de la península. La cantata está compuesta en un espíritu de optimismo, que pronto de revelaría infundado, pues el papa asumió siempre posiciones reaccionarias, mientras los sentimientos revolucionarios se hacían más patentes.

La mayor parte de las cantatas de Rossini eran trabajos de ocasión, concebidos para un número limitado de representaciones. No debe por ello sorprender que Rossini pensara en insertar en una cantata música escrita originariamente para una ópera, que utilizara la misma música para más de una cantata, o que reciclara en una ópera música escrita en origen para una cantata. El compositor estuvo siempre muy atento a las particularidades de cada encargo: hizo su elección para garantizar una perfecta integridad musical y dramática para la ocasión. Si se escucha por ejemplo la Cantata in onore del Sommo Pontefice Pio Nono, no se sospecharía nunca que la música deriva de cuatro óperas diferentes (Armida, Riccardo e Zoraide, Ermione y La siège de Corinthe), tal es la pericia de Rossini en los arreglos, en la modificación de la instrumentación, en la inserción de un nuevo recitativo y en las nuevas líneas vocales.

Las cantatas de Rossini, en particular las orquestales escritas para una ejecución pública, son verdaderos testimonios históricos de momentos de historia política y social europea de la primera parte del siglo XIX traducidas a música por uno de los más grandes genios de su tiempo. Esta introducción general a las cantatas rossinianas no es más que mi traducción al español de la, a su vez, traducción al italiano, a cargo de Abele Longo, del texto de Philip Gossett, en el librito que acompaña al disco con las cantatas Le nozze di Teti, e di Peleo e Il pianto d’Armonia sulla morte d’Orfeo de la casa discográfica DECCA. Se trata del volumen 2 de las cantatas de Rossini. Le nozze di Teti, e di Peleo, cuyo libretto se debe a Angelo Maria Ricci, está interpretada por Elisabetta Scano (Tetis, soprano), Juan Diego Flórez (Peleo, tenor), Cecilia Bartoli (Ceres, mezzo-soprano), Daniela Barcellona (Juno, soprano) y Luigi Petroni (Júpiter, tenor).

Il pianto d’Armonia sulla morte d’Orfeo, con libretto de Girolamo Ruggia, está interpretada en el papel de Armonía por el tenor Paul Austin Kelly. Con ellos canta el Coro Filarmonico Della Scala de Milán, dirigido por Roberto Gabbiani, y toca la Orchestra Filarmonica Della Scala de Milán, dirigida por Riccardo Chailly.

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