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Archive for 6/06/10

En este segundo capítulo de la serie, seguimos con el trabajo de Emiliano J. Buis.

En la ciudad de Magnesia que construye a lo largo de su tratado sobre Leyes, Platón propone desde la reflexión político-filosófica un sistema normativo propio, en cuyo diseño aprovecha para revisitar y discutir aspectos de la legislación ateniense existente en su entorno. En el pasaje 873. e. 1 – 874. a. 3, se regulan ya no los meros daños materiales ocasionados por los animales, sino los casos de muerte derivados de sus conductas:

᾿Εν δ᾿ ἄρα ὑποζύγιον ζῷον ἄλλο τι φονεύσῃ τιν, πλὴν τῶν ὅσα ἐν ἀγῶνι τῶν δημοσ τιθεμένων ἀθλεύοντά τι τοιοῦτον δράσῃ, ἐπεξίτωσαν μὲν οἱ προσήκοντες τοῦ φόνου τῷ κτείναντι, διαδικαζόντων δὲ τῶν ἀγρονόμων οἷσιν ἂν καὶ ὁπόσοις προστάξῃ προσήκων, τὸ δὲ ὀφλὸν ἔξω τῶν ὅρων τῆς χώρας ἀποκτείναντας διορίσαι. ἐὰν δὲ ἄψυχόν τι ψυχῆς ἄνθρωπον στερήσῃ, πλὴν ὅσα κεραυνὸς τι παρὰ θεοῦ τοιοῦτον βέλος ἰόν, τῶν δὲ ἄλλων ὅσα τινὸς προσπεσόντος αὐτὸ ἐμπεσὸν κτείνῃ τινά, δικαστὴν μὲν αὐτῷ καθιζέτω τῶν γειτόνων τὸν ἐγγύτατα προσήκων γένει, ἀφοσιούμενος ὑπὲρ αὑτοῦ τε καὶ ὑπὲρ τῆς συγγενείας ὅλης, τὸ δὲ ὀφλὸν ἐξορίζειν, καθάπερ ἐρρήθη τὸ τῶν ζῴων γένος.

Y si acaso un animal de carga u otro animal matara a alguien, con excepción de los casos establecidos en que los que compiten oficialmente en un certamen actúan así, que por un lado los parientes del muerto persigan al asesino, llevando adelante el juicio aquellos inspectores de los campos (agrónomos) que el pariente hubiese fijado; y que el animal, condenado, sea expulsado fuera de las fronteras del territorio. Y si un objeto inanimado privara a un hombre de su vida, no en los casos en que un rayo o cualquier otra arma sea arrojada por un dios, sino en los otros supuestos en que alguien se caiga encima del objeto o la cosa cayendo matara a alguien, que el pariente haga sentar como juez al vecino más próximo, purificándose él y toda la familia; y que la cosa, condenada, sea arrojada fuera de las fronteras, como fue dicho respecto de la categoría de los animales.

Nos parece oportuno aportar la traducción de José Manuel Pabón y Manuel Fernández-Galiano, en la edición de Centro de Estudios Constitucionales:

Si una bestia de labor o algún otro animal mata a alguien, salvo en el caso de que lo haga al tomar parte en un certamen público, persigan por la muerte los parientes al animal que la causó, y juzguen los reguladores del campo, aquellos que el actor designe y en el número en que los designe: maten ellos a la bestia causante y échenla fuera de los confines del país. Si algún objeto inanimado priva del alma a un hombre, ha de dejarse aparte el caso

En que se trate de un rayo o de otro lanzamiento hecho por un dios: de las demás cosas si alguna, por caer una persona sobre ella o por caer ella sobre la persona, mata a alguien, que quien tenga parentesco con el muerto constituya como juez sobre el caso al vecino más próximo, purificándose en su nombre y en el de toda la parentela; y el objeto culpable debe ser sacado de las fronteras, como se estableció con respecto a los animales.

La diferencia fundamental entre las dos traducciones estriba en estos fragmentos:

ἐπεξίτωσαν μὲν οἱ προσήκοντες τοῦ φόνου τῷ κτείναντι

Traducción 1: que por un lado los parientes del muerto persigan al asesino.

Traducción 2: persigan por la muerte los parientes al animal que la causó.

τὸ δὲ ὀφλὸν ἔξω τῶν ὅρων τῆς χώρας ἀποκτείναντας διορίσαι

Traducción 1: que el animal, condenado, sea expulsado fuera de las fronteras del territorio. En esta traducción no se recoge el participio ἀποκτείναντας.

Traducción 2: maten ellos a la bestia causante y échenla fuera de los confines del país.

A pesar de estar ambos previstos en la normativa de Atenas, el caso de los perjuicios económicos originados por la violencia de un perro, planteado por Solón, es evidentemente muy distinto de la hipótesis que aquí examinamos, relacionada con la pérdida de la vida como consecuencia del ataque de un animal. El pasaje de Leyes muestra bien desde un aspecto formal la estructura en griego de los textos legislativos atenienses, determinada por una proposición condicional eventual encabezada por ν y con un sujeto indefinido genérico (τις, τι), en la que se describe la conducta que se pretende regular (si acaso un animal matara a alguien…), y una consecuencia jurídica, con un verbo en un imperativo de tercera persona, en la que se detallan los efectos establecidos expresamente para esos comportamientos: que los parientes del muerto persigan al asesino.

La regulación del supuesto en el que un animal (ζῷον) ocasione la muerte de un individuo (τιν) es clara y abundan los lexemas que introducen la dimensión judicial: se trata de un homicidio (φονεύσῃ, τοῦ φόνου), la bestia es señalada como un asesino mediante el participio sustantivado τ κτείναντι y los parientes de la victima llevan el caso ante los inspectores rurales para que éstos inicien las tramitaciones forenses (διαδικαζόντων) destinadas a establecer la responsabilidad del animal. En el testimonio platónico, el tratamiento judicial de las fieras es puesto en contacto, de modo paralelo, con las muertes ocasionadas por objetos inanimados (ἄψυχα). De hecho, el vocabulario técnico de base previsto en ambos casos es idéntico, y una vez producida la condena correspondiente (τὸ ὀφλόν), la solución punitoria se reitera: se trate de una bestia o de una cosa, al ser culpables deben ser arrojados fuera de los límites del territorio del Ática (ἔξω τῶν ὅρων τῆς χώρας).

A continuación Buis cita el pasaje que ha motivado estos artículos y que provocó aquella moderada hilaridad en clase:

De hecho, las fuentes literarias nos muestran que el diálogo platónico no se encuentra demasiado apartado de la realidad ateniense. En la Athenaion Politeia, atribuida a la escuela aristotélica, se describe con precisión el ordenamiento institucional de la ciudad. En ese contexto, advertimos las funciones jurisdiccionales de las diversas magistraturas y leemos, en el pasaje 57. 4. 8-10, que

Δικζει δ᾿ βασιλεὺς κα ο φυλοβασιλεῖς, κα τς τῶν ἀψύχων κα τῶν ἄλλων ζῴων.

El basileus, junto con los phylobasileis, juzga las cosas inanimadas y los otros animales.

Una vez más, los ζῷα son puestos en relación con los ἄψυχα esta vez mediante un vínculo fundado en una lógica diferente de la que subyace en Platón: lo que une aquí ambas categorías de responsabilidades por homicidio ya no es, simplemente, la naturaleza de la expulsión como penalidad común sino, precisamente, la autoridad competente establecida para su juzgamiento.

La existencia de una única instancia judicial encargada de llevar adelante los procesos contra animales y objetos no sólo encuentra esta expresión aislada en los documentos del s. IV, sino que queda también revelada en los alegatos de la oratoria forense. Así, en su discurso Contra Aristócrates, Demóstenes introduce un argumento retórico que le permite posicionarse con respecto a la acusación (Dem. 23. 76. 1-10):

Τέταρτον τοίνυν ἄλλο πρὸς τούτοις τοὐπὶ Πρυτανείῳ. τοῦτο δ᾿ ἐστὶ τί; ν λίθος ξύλον σίδηρος τι τοιοῦτον ἐμπεσὸν πατξῃ, κα τὸν μὲν βαλόντ᾿ ἀγνοῇ τις, αὐτὸ δ᾿ εἰδῇ κα ἔχῃ τ τὸν φόνον εἰργασμένον, τούτοις ἐνταῦθα λαγχνεται. ε τοίνυν τῶν ἀψύχων κα μ μετεχόντων το φρονεῖν οὐδέν ἐσθ᾿ ὅσιον, τοιαύτην ἔχον αἰτίαν, ἐᾶν ἄκριτον, που τόν γ᾿ ἀδικοῦντα μὲν οὐδέν, ν τύχῃ, θήσω δ᾿ἀδικοῦντα, ἀλλ᾿ ἄνθρωπόν γ᾿ ὄντα κα μετειληφότα [τ τύχῃ] τς αὐτῆς ἡμῖν φύσεως, ἀνόσιον κα δεινὸν ἄνευ λόγου κα ψήφου ποιεῖν ἔκδοτον ἐπ᾿ αἰτί τοιαύτῃ.

Y ciertamente hay un cuarto (tribunal) junto a éstos, el que está en el Pritaneo. ¿Y cuál es éste? En caso de que una piedra, una madera, un hierro o alguna cosa golpeara a alguien al caer, y uno ignorara quién la arrojó pero conozca esto y tenga eso que ocasionó la muerte, se recurre aquí a este (tribunal). Y en verdad si no es conforme a la religión dejar sin juzgamiento a un objeto inanimado y desprovisto de inteligencia, que soporta esta imputación, en mayor medida es contrario a la religión y bestial el hacer lo mismo, sin alegatos y sin voto, respecto de un hombre que no cometió un delito –y si llegara a serlo, lo tomaré como a quien cometió un delito- y que es entregado por la misma imputación, un hombre que incluso participa de nuestra misma naturaleza.

La presentación de un examen comparativo entre la situación que le interesa a Demóstenes y la existencia de litigios destinados a acusar objetos desprovistos de alma y de capacidad de pensamiento constituye una estrategia argumentativa interesante. En efecto, si juzgar un ente que carece de vida permite actuar de conformidad con los preceptos de la religión, el razonamiento del logógrafo permite desprender, con válidas conclusiones, que resultaría inadmisible negar una instancia judicial a un ser humano acusado de haber actuado ilícitamente. El falso silogismo es, sin embargo, retóricamente impecable: si un objeto puede gozar de las garantías de un juicio justo, con mayor razón debe poder hacerlo un hombre que comparte la naturaleza (φύσις) de quienes idearon el sistema jurídico.

De modo indirecto, nos interesa rescatar que el pasaje da cuenta explicita, pues, de la actuación de la corte del Pritaneo en los asuntos que involucran cosas (tales como rocas, leños o barras de metal) acusadas de provocar heridas (πατξῃ) que llevan a la muerte (τὸν φόνον).

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