Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 8 de junio de 2010

Cuarto capítulo de la serie dedicada a dos cantatas de temática mitológica de Rossini. Seguimos con el libretto de Angelo Maria Ricci (1776-1850), curiosamente el nombre de un autor de cómics italiano actual.

Damos unos datos biográficos de Angelo Maria Ricci, traducidos del italiano por nosotros de los textos de esta página.

Descendiente de noble familia, Ricci nació en el castillo de Mopolino di Capitignano (L’Aquila) el 24 de septiembre de 1776 de Serafino Ricci y de Giuseppa Pica. En Mopolino, junto con sus numerosos hermanos Rosa, Barbara, Lucrezia, Ferdinando, Benedetto, Celestino, Ranuccio e Giovanni, transcurre su infancia.

Pronto es enviado a realizar sus estudios superiores al célebre colegio Nazareno de Roma, donde, bajo la guía de los maestros escolapios, sobre todo de los padres Carlo Giuseppe Gismondi y Francesco Antonio Fasce, se adentra en el estudio de las ciencias sacras, naturales, matemáticas y literarias.

Llegan temprano sus primeras revelaciones poéticas, particularmente en la versificación latina, que Angelo Maria llevaba, por así decir, en la sangre, siendo su propio padre, Serafino, «un cultivador feliz de las Musas latinas», y que después pulió bajo el cuidado de su docto maestro P. Antonio Fasce.

Y fueron estas primeras experiencias con las Musas, tanto latinas como italianas (como el pequeño volumen de poesías, editado en Nápoles a los dieciséis años, con el título de Omaggio poetico (1792), en honor del duque de Cantalupo, D. Domenico Di Gennaro), las que le abrieron muy joven, antes de terminar sus estudios, el camino a la Accademia dell’Arcadia, donde tenía el nombre de Filidemo License. A la Arcadia Ricci llevó el prestigio de su nombre, que ya era estimado por  sus contemporáneos, y de la Arcadia tomó los estímulos poéticos y las sugestiones descriptivas, que se revelaron pronto no sólo en la bella Elegía latina, dedicada al citado duque Di Gennaro, sino sobre todo en el poema geórgico, también en latín, De Gemmis, compuesto para el matrimonio de Francisco IV de Borbón con Maria Clementina de Austria. Elegancia de forma, facilidad de metro y sabor de doctrina mineralógica, sostenida por una férvida fantasía y por coloridas imágenes en las modulaciones de un bien elegido y elaborado lenguaje clásico-latino, que hacen pensar en ciertas elementos geórgicos virgilianos, convierten este pequeño poema en una pequeña obra de arte de poesía y de ciencia y nos hacen ver los signos de la habilidad constructiva del joven poeta, de apenas veinte años (1796).
Destacan también el poema bíblico didáctico-científico La Cosmología mosaica, publicado seis años después (1802) en Roma, en dos volúmenes, de los cuales el primero, en prosa, recibe el título de Cosmología mosaica, físicamente desarrollada y poéticamente expuesta en seis meditaciones filosófico-poéticas, y el segundo, en verso, titulado Il Filantropo dell’Appennino, de seis cantos en versos libres, compuesto quizás en la tranquilidad meditativa de su Mopolino natal.

El docto Cardenal Stefano Borgia llamó a Ricci a Roma para que continuara sus estudios predilectos. Cuando en el 1799 desde Roma volvió a su villa paterna, para pasar al poco tiempo a Nápoles, cuna, entonces, de la cultura partenopea y ya bajo el dominio francés, la figura fulgurante de Napoleón lo cautivó y le hizo plasmar su fascinación y admiración en algunos himnos, entre los cuales hay una Cántico en rima tercera, en los que el sentimiento celebrativo alcanza grados de inadecuada adulación.

La poesía napoleónica no sólo ayudó a ampliar en Italia y en el extranjero la fama del Ricci, sino que le procuró también favores y honores de parte de sus protectores: del Rey José Bonaparte, que lo nombró jefe de la Secretaría Real (1806) y le confió la cátedra de elocuencia en la universidad de Nápoles; del Rey Gioacchino Murat, que lo llamó a la Corte y lo distinguió con amplios honores.

En este trasfondo ético-político se halla la bella Oda al Emperador de Austria Francisco I (1816), el restaurador del Reino Lombardo-Véneto, oda justamente considerada la más lograda de sus composiciones líricas.

De ahora en adelante su musa cambiará el tono: serán la familia, la amistad, el amor, la naturaleza, el arte, la virtud e la religión las que centrarán su obra; habrá también grandes hechos históricos, que alimentarán su nota épica. Todo esto sucede cuando Angelo Maria, en el mudado estado de cosas y cansado de las absorbentes obligaciones políticas y diplomáticas, pensó en abandonar Nápoles (1818) para retirarse con su querida esposa Isabella Alfani y con sus hijos a la quietud de su Mopolino natal, el cual, no obstante, dejó pronto, para mudarse  definitivamente a Rieti, al magnífico palacio que lleva actualmente su nombre.

En Rieti, de hecho, es donde Ricci toma nuevo espíritu y nuevos sentimientos, y donde su experiencia literaria se consolida y se robustece. Junto con algunas obras populares y en prosa, entre las que destaca el tratado Della vulgare Eloquenza (1819) en dos libros, en los cuales recoge, ordena y profundiza las lecciones impartidas en Nápoles, su poesía adquirirá dimensiones extraordinarias, que van de lo clásico a lo renacentista, de lo arcadio a lo romántico, de lo didáctico a lo descriptivo, de lo elegíaco a lo hímnico, que sorprenden y maravillan. Figuran in primera línea dos poemas épicos de peso: L’Italiade (1819) y el San Benedetto (1824).

Y en esta vía rica y florida, el flujo de su producción de variada naturaleza y de diverso tono refleja las exigencias didácticas y arcadias del tiempo; como sus poemas sobre La Georgica dei Fiori (1825), La Villa di Camandoli (1827), L’Orologio di Flora (1827), Le Conchiglie (1830) Le Perle silicee del Monte Amiata (1833); después Idilios, variados, nuevos y originales, llenos de gracia y de sentimientos pastorales, tiernos y delicados; y los Elogios «el fruto más delicado y más bello de su ingenio», en los cuales Ricci dirige su alma sincera y afectuosa a la humanidad sufriente, y su dolor por la pérdida de queridísimos amigos, como Canova, Monti y Pindemonte, y todas las lágrimas de su corazón por la muerte de su esposa Isabella, cuyo monumento funerario, obra del célebre escultor Alberto Thorwaldsen, se conserva hoy en la iglesia de San Giovenale de Rieti. Ricci murió el 1 de abril de 1850, a las 6 de la tarde, mientras – cuenta Sacchetti – pasaba ante su palacio, llevada en procesión, la imagen de la Virgen del Popolo, muy venerada por él.

Inmenso es, pues, el repertorio poético de Ricci; infinita la variedad de los temas tratados, que de las altas cimas de la épica lo conducen a la elegía, a la amenidad de los idilios y geórgicas y a las alegres entonaciones ditirámbicas y ocasionales.

Es probable que Ricci conociera el texto de Catulo, cuya primera parte vimos en una anterior entrega. Aquí está la conclusión:

talibus amplifice vestis decorata figuris

pulvinar complexa suo velabat amictu.

quae postquam cupide spectando Thessala pubes

expletast, sanctis coepit decedere divis.

hic, qualis flatu placidum mare matutino

horrificans Zephyrus proclivas incitat undas

Aurora exoriente vagi sub limina Solis,

quae tarde primum clementi flamine pulsae

procedunt leviterque sonant plangore cachinni,

post vento crescente magis magis increbrescunt,

purpureaque procul nantes ab luce refulgent:

sic tum vestibulo linquentes regia tecta

ad se quisque vago passim pede discedebant.

quorum post abitum princeps a vertice Peli

advenit Chiron portans silvestria dona:


nam quoscumque ferunt campi, quos Thessala magnis

montibus ora creat, quos propter fluminis undas

aura aperit flores tepidi fecunda Favoni,

hos indistinctis plexos tulit ipse corollis,

quo permulsa domus iucundo risit odore.

confestim Peneos adest, viridantia Tempe,

Tempe, quae silvae cingunt super impendentes,

Haemonisin linquens crebris celebranda choreis,

non vacuus: namque ille tulit radicitus altas

fagos ac recto proceras stipite laurus,

non sine nutanti platano lentaque sorore

flammati Phaethontis et aeria cupressu.

haec circum sedes late contexta locavit,

vestibulum ut molli velatum fronde vireret.

post hunc consequitur sollerti corde Prometheus,

extenuata gerens veteris vestigia poenae,

quam quondam silici restrictus membra catena

persolvit pendens e verticibus praeruptis.

inde pater divum sancta cum coniuge natisque

advenit, caelo te solum, Phoebe, relinquens

unigenamque simul cultricem montibus Idri:

Pelea nam tecum pariter soror aspernatast,

nec Thetidis taedas voluit celebrare iugales.

qui postquam niveis flexerunt sedibus artus,

large multiplici constructae sunt dape mensae,

cum interea infirmo quatientes corpora motu

veridicos Parcae coeperunt edere cantus.

his corpus tremulum complectens undique vestis

candida purpurea talos incinxerat ora,

at roseae niveo residebant vertice vittae,

aeternumque manus carpebant rite laborem.

laeva colum molli lana retinebat amictum,

dextera tum leviter deducens fila supinis

formabat digitis, tum prono in pollice torquens

libratum tereti versabat turbine fusum,

atque ita decerpens aequabat semper opus dens,

laneaque aridulis haerebant morsa labellis,

quae prius in levi fuerant exstantia filo:

ante pedes autem candentis mollia lanae

vellera virgati custodibant calathisci.

hae tum clarisona vellentes vellera voce

talia divino fuderunt carmine fata,

carmine, perfidiae quod post nulla arguet aetas.


o decus eximium magnis virtutibus augens,

Emathiae tutamen, Opis carissime nato,

accipe, quod laeta tibi pandunt luce sorores,

veridicum oraclum: sed vos, quae fata sequuntur,

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

adveniet tibi iam portans optata maritis

Hesperus, adveniet fausto cum sidere coniunx,

quae tibi flexanimo mentem perfundat amore,

languidulosque paret tecum coniungere somnos,

levia substernens robusto bracchia collo.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

nulla domus tales umquam contexit amores,

nullus amor tali coniunxit foedere amantes,

qualis adest Thetidi, qualis concordia Peleo.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

nascetur vobis expers terroris Achilles,

hostibus haud tergo, sed forti pectore notus,

qui persaepe vago victor certamine cursus

flammea praevertet celeris vestigia cervae.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

non illi quisquam bello se conferet heros,

cum Phrygii Teucro manabunt sanguine campi,

Troicaque obsidens longinquo moenia bello,

periuri Pelopis vastabit tertius heres.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

illius egregias virtutes claraque facta

saepe fatebuntur natorum in funere matres,

cum incultum cano solvent a vertice crinem,

putridaque infirmis variabunt pectora palmis.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

namque velut densas praecerpens messor aristas

sole sub ardenti flaventia demetit arva,

Troiugenum infesto prosternet corpora ferro.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

testis erit magnis virtutibus unda Scamandri,

quae passim rapido diffunditur Hellesponto,

cuius iter densis angustans corporum acervis

alta tepefaciet permixta flumina caede.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.


denique testis erit morti quoque reddita praeda,

cum teres excelso coacervatum aggere bustum

excipiet niveos perculsae virginis artus.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

nam simul ac fessis dederit fors copiam Achivis

urbis Dardaniae Neptunia solvere vincla,

alta Polyxenia madefient caede sepulcra;

quae, velut ancipiti succumbens victima ferro,

proiciet truncum summisso poplite corpus.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

quare agite optatos animi coniungite amores,

accipiat coniunx felici foedere divam,

dedatur cupido iam dudum nupta marito.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

non illam nutrix orienti luce revisens

hesterno collum poterit circumdare filo,

anxia nec mater discordis maesta puellae

secubitu caros mittet sperare nepotes.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

talia praefantes quondam felicia Peleo

carmina divino cecinerunt pectore Parcae.


Sigue la traducción de Ana Pérez Vega:

Con tales figuras ampulosamente la veste decorada, 265

el lecho abrazando, con su ropaje lo velaba.

Lo cual, después de que ávidamente contemplándolo, la tésala juventud

saciado se hubo, a los santos divinos empezó a ceder el lugar.

Entonces, cual con su aflato matutino el céfiro estremece

el plácido mar y suscita proclives olas, 270

la Aurora al surgir por los umbrales del errante Sol,

las cuales, tardamente primero, por su clemente soplo empujadas

avanzan y levemente suenan con el plañir de la carcajada,

tras ello, el viento al crecer, más, más se incrementan,

y, con la purpúrea luz, de lejos nadando, refulgen: 275

así entonces del vestíbulo abandonando los regios techos

a su casa cada uno con errante pie por doquier se retiraban.

De ellos tras la partida, adalid, desde el vértice del Pelión

adviene Quirón portando silvestres dones,

pues cuantas llevan los llanos, las que la tésala orilla 280

en sus grandes montes cría, las flores que cerca de las ondas

de un río pare el aura, fecunda del tibio Favonio,

éstas, en indistintas coronitas trenzadas, trajo él mismo,

con cuyo agradable olor acariciada la casa rió.


Rápidamente el Penío llega, el verdeante Tempe 285

abandonando, el Tempe, al que espesuras ciñen por encima

pendientes, que las hijas de Hemonia en concurridos coros han de celebrar:

y no de vacío, pues él trajo, de raíz, altas

hayas y de recto tronco eminentes laureles,

no sin un oscilante plátano, la flexible hermana 290

del inflamado Faetón, y un aéreo ciprés.

Ello alrededor de las sedes, anchamente entretejido, colocó,

que el vestíbulo, de muelle fronda velado, verdeara.

Tras éste sigue, de industrioso corazón, Prometeo,

atenuadas llevando las huellas de su vieja pena, 295

la que un día, a un sílice atados sus miembros con una cadena,

cumplió pendiendo de abruptos vértices.

Después el padre de los dioses con su santa esposa y sus nacidos

advino, en el cielo a ti solo, Febo, dejándote,

y a tu gemela a la vez, la que honra los montes del Idro: 300

pues a Peleo, contigo al par, tu hermana despreció

y de Tetis las teas no quiso celebrar, conyugales.

Los cuales, después de que a los níveos asientos doblegaron sus cuerpos,

largamente, con múltiple festín equipadas fueron las mesas,

cuandon entre tanto, con infirme movimiento agitando sus cuerpos, 305

verídicos cantos las Parcas comenzaron a declarar.


Su cuerpo tembloroso, envolviéndolo por doquier, una veste

cándida, con una purpúrea orilla a los talones, ceñía;

mas róseas cintas descansaban en su nívea cabeza,

y su eterna labor sus manos carpían ritualmente. 310

La izquierda la rueca, de muelle lana revestida, retenía,

la derecha, ora levemente abajando los hilos, con los dedos

supinos los conformaba, ora en el prono pulgar torciéndolo,

el huso equilibrado volteaba con el torneado rocadero,

y de este modo, rasgándolo, igualaba siempre la obra el diente, 315

y los bocados de lana se adherían a los ariditos labiecillos,

los que previamente del flexible hilo habían quedado sobresalientes;

ante sus pies, en cambio, de candente lana, muelles

vellones custodiaban, de varitas hechas, unas cestas.

Ellas, entonces, con clarísona voz empujando los vellones, 320

tales hados vertieron en una divina canción,

en una canción de perfidia que después ninguna edad acusará.

“Oh gloria eximia, que por tus grandes virtudes te acreces,

de Ematia protección, de Ops para el nacido queridísimo,

escucha el que en esta alegre luz a ti te revelan las hermanas, 325

el verídico oráculo: pero vosotros, a quienes los hados siguen,

corred guiando las hebras, corred, husos.

Advendrá a ti, ya portando lo que desean los maridos,

Héspero, advendrá con fausta estrella la esposa,

que a ti de doblegador amor la mente inunde, 330

y, languiditos, se preparará contigo a desposar sus sueños,

sus flexibles brazos sometiendo a tu robusto cuello.

corred guiando las hebras, corred, husos.

Ninguna casa tales nunca cobijó amores,

ningún amor con tal pacto desposó a unos amantes, 335

cual asiste a Tetis, cual concordia a Peleo.

corred guiando las hebras, corred, husos.

Nacerá a vosotros, privado de terror, Aquiles,

para los enemigos no por la espalda, sino por su fuerte pecho conocido,

quien muy a menudo, vencedor en el errante certamen de la carrera, 340

las flámeas huellas precederá de la veloz cierva.

corred guiando las hebras, corred, husos.

No a él ningún héroe en la guerra se comparará

cuando los frigios llanos manen de teucra sangre,

y las troicas murallas tras asediar en prolongada guerra, 345

del perjuro Pélope las devaste el tercer heredero.

corred guiando las hebras, corred, husos.

De él las egregias virtudes y claros hechos

a menudo confesarán, de sus hijos en el funeral, las madres,

cuando su descuidado pelo suelten de su cana cabeza 350

y sus marchitos pechos señalen con sus infirmes palmas.

corred guiando las hebras, corred, husos.

Pues igual que cortando las densas aristas el segador

bajo el sol ardiente los bronceados cultivos cosecha,

de los hijos de Troya los cuerpos abatirá con hierro infesto. 355

corred guiando las hebras, corred, husos.

Testigo será de sus grandes virtudes la onda del Escamandro,

que por doquier en el arrebatador Helesponto se difunde,

cuyo camino, que angostan las masacradas pilas de cuerpos,

sus altas entibiarán, mezcladas corrientes de masacre. 360

corred guiando las hebras, corred, husos.

Después, testigo será para la muerte también el devuelto botín,

cuando su torneada pira, compilada en un excelso montón,

reciba los níveos miembros de una abatida virgen.

corred guiando las hebras, corred, husos. 365

Pues una vez que a los fatigados aquivos diera la suerte ocasión

de soltar los neptunios lazos de la ciudad dardania,

sus altos sepulcros se mojarán de la masacre de Políxena,

la cual, igual que sucumbida víctima por el dicéfalo hierro,

hará caer su trunco cuerpo, sometida su corva. 370

corred guiando las hebras, corred, husos.

Por lo cual, venga, los optados amores de vuestro ánimo desposad.

Reciba el esposo con feliz pacto a la divina,

sea dada, ansioso ya hace tiempo, la novia al marido.

corred guiando las hebras, corred, husos. 375

No a ella su nodriza, al aparecer la luz, volviéndola a ver,

de la víspera el hilo a su cuello podrá circundar, 377

ni ansiosa la madre, afligida porque su discorde niña 379

duerme aparte, caros nietos cesará de esperar. 380

corred guiando las hebras, corred, husos.

Tales prenunciando un día, felices canciones

de Peleo, con divino pecho cantaron las Parcas.


Read Full Post »