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Archive for 10 de junio de 2010

Le toca el turno ahora al estudio que el Anónimo realiza sobre el hipérbaton.

Capítulo XXII, parágrafos 1, 2, 3 y 4 (El hipérbaton).

Τῆς δὲ αὐτῆς ἰδέας καὶ τἀ ὑπερβατὰ θετέον. ἔστι δὲ λέξεων ἢ νοήσεων ἐκ τοῦ κατ᾿ ἀκολουθίαν κεκινημένη τάξις καὶ οἱονεὶ ***  χαρακτὴρ ἐναγωνίου πάθους ἀληθέστατος. ὡς γὰρ οἱ τῷ ὄντι ὀργιζόμενοι ἢ φοβούμενοι ἢ ἀγανακτοῦντες ἢ ὑπὸ ζηλοτυπίας ἢ ὑπὸ ἄλλου τινὸς (πολλὰ γὰρ καὶ ἀναρίθμητα πάθη καὶ οὐδ᾿ ἂν εἰπεῖν τις ὁπόσα δύναιτο) ἑκάστοτε παραπίπτοντες ἄλλα προθέμενοι πολλάκις ἐπ᾿ ἄλλα μεταπηδῶσι, μέσα τινὰ παρεμβάλλοντες  ἀλόγως, εἶτ᾿ αὖθις ἐπὶ τὰ πρῶτα ἀνακυκλοῦντες καὶ πάντη πρὸς τῆς ἀγωνίας, ὡς ὑπ᾿ ἀστάτου πνεύματος, τῇδε κἀκεῖσε ἀγχιστρόφως ἀντισπώμενοι τὰς λέξεις τὰς νοήσεις τὴν ἐκ τοῦ κατὰ φύσιν εἱρμοῦ παντοίως πρὸς μυρίας τροπὰς ἐναλλάττουσι τάξιν, οὕτως παρὰ τοῖς ἀρίστοις συγγραφεῦσι διὰ τῶν ὑπερβατῶν ἡ μίμησις ἐπὶ τὰ τῆς φύσεως ἔργα φέρεται. τότε γὰρ ἡ τέχνη τέλειος ἡνίκ᾿ ἀν φύσις εἶναι δοκῇ, ἡ δ᾿ αὖ φύσις ἐπιτυχὴς ὅταν λανθάνουσαν περιέχῃ τὴν τέχνην. ὥσπερ λέγει ὁ Φωκαεὺς Διονύσιος παρὰ τῷ ῾Ηροδότῳ· «ἐπὶ ξυροῦ γὰρ ἀκμῆς ἔχεται ἡμῖν τὰ πράγματα, ἄνδρες ῎Ιωνες, εἶναι ἐλευθέροις ἢ δούλοις, καὶ τούτοις ὡς δραπέτῃσι. νῦν ὦν ὑμεῖς ἢν μὲν βούλησθε ταλαιπωρίας ἐνδέχεσθαι, παραχρῆμα μὲν πόνος ὑμῖν, οἷοί τε δὲ ἔσεσθε ὑπερβαλέσθαι τοὺς πολεμίους.» ἐνταῦθ᾿ ἦν τὸ κατὰ τάξιν· «ὦ ἄνδρες ῎Ιωνες, νῦν καιρός ἐστιν ὑμῖν πόνους ἐπιδέχεσθαι· ἐπὶ ξυροῦ γὰρ ἀκμῆς ἔχεται ἡμῖν τὰ πράγματα.» ὁ δὲ τὸ μὲν «ἄνδρες ῎Ιωνες» ὑπερεβίβασε· προεισέβαλε γὰρ εὐθὺς ἀπὸ τοῦ φόβου, ὡς μηδ᾿ ἀρχὴν φθάνων πρὸς τὸ ἐφεστὼς δέος προσαγορεῦσαι τοὺς ἀκούοντας· ἔπειτα δὲ τὴν τῶν νοημάτων ἀπέστρεψε τάξιν. πρὸ γὰρ τοῦ φῆσαι ὅτι αὐτοὺς δεῖ πονεῖν (τοῦτο γάρ ἐστιν ὃ παρακελεύεται) ἔμπροσθεν ἀποδίδωσι τὴν αἰτίαν δι᾿  ἣν πονεῖν δεῖ, «ἐπὶ ξυροῦ ἀκμῆσ» φήσας «ἔχεται ἡμῖν τὰ πράγματα,» ὡς μὴ δοκεῖν ἐσκεμμένα λέγειν, ἀλλ᾿ ἠναγκασμένα. ἔτι δὲ μᾶλλον ὁ Θουκυδίδης καὶ τὰ φύσει πάντως ἡνωμένα καὶ ἀδιανέμητα ὅμως ταῖς ὑπερβάσεσιν ἀπ᾿ ἀλλήλων ἄγειν δεινότατος. ὁ δὲ Δημοσθένης οὐχ οὕτως μὲν αὐθάδης ὥσπερ οὗτος, πάντων δ᾿ ἐν τῷ γένει τούτῳ κατακορέστατος καὶ πολὺ τὸ ἀγωνιστικὸν ἐκ τοῦ ὑπερβιβάζειν καὶ ἔτι νὴ Δία τὸ ἐξ ὑπογύου λέγειν συνεμφαίνων, καὶ πρὸς τούτοις εἰς τὸν κίνδυνον τῶν μακρῶν ὑπερβατῶν τοὺς ἀκούοντας συνεπισπώμενος·

πολλάκις γὰρ τὸν νοῦν ὃν ὥρμησεν εἰπεῖν ἀνακρεμάσας, καὶ μεταξύ πως εἰς ἀλλόφυλον καὶ ἀπεοικυῖαν τάξιν ἄλλ᾿ ἐπ’ ἄλλοις διὰ μέσου καὶ ἔξωθέν ποθεν ἐπεισκυκλῶν, εἰς φόβον ἐμβαλὼν τὸν ἀκροατὴν ὡς ἐπὶ παντελεῖ τοῦ λόγου διαπτώσει, καὶ συναποκινδυνεύειν ὑπ᾿ ἀγωνίας τῷ λέγοντι συναναγκάσας, εἶτα παραλόγως διὰ μακροῦ τὸ πάλαι ζητούμενον εὐκαίρως ἐπὶ τέλει που προσαποδούς, αὐτῷ τῷ κατὰ τὰς ὑπερβάσεις παραβόλῳ καὶ ἀκροσφαλεῖ πολὺ μᾶλλον ἐκπλήττει. φειδὼ δὲ τῶν παραδειγμἀτων ἔστω διὰ τὸ πλῆθος.

1. En la misma categoría hay que colocar el hipérbaton. Consiste en alterar el orden normal de las palabras o de las ideas, y es, por así decir, el rasgo más auténtico de una emoción vehemente. En efecto, así como las personas realmente indignadas, temerosas, airadas o dominadas por los celos y otra emoción cualquiera (pues existe una cantidad innumerable de pasiones, y nadie sería capaz de enumerarlas), a cada paso cambian de conducta y tan pronto se proponen un fin como, introduciendo en sus actos absurdas alteraciones, pasan, de un salto, a otro fin, para volver de nuevo a su intención primera, y, presas, de continua agitación, como impulsadas por un viento inestable, se sienten arrastradas en direcciones opuestas, ora en ésta, ora en aquélla, alterando de mil formas el orden y la concatenación natural de las palabras y las ideas; asimismo, en los mejores literatos, la imitación, por obra y gracia del hipérbaton, se aproxima a la naturaleza en sus manifestaciones. Y es el que el arte alcanza su punto culminante cuando da la impresión de pura naturalidad, y la naturaleza, a su vez, consigue su plena perfección cuando, imperceptiblemente, encierra los principios del arte. Como dice el focense Dionisio en Heródoto (nota al pie: Heródoto, VI, 11): “En el filo de la navaja se halla nuestro destino, Jonios; se trata o de ser libres o de ser esclavos ¿qué digo?, esclavos fugitivos. Ahora, pues, si estáis dispuestos a soportar penalidades, la fatiga os va a agobiar, pero podréis vencer al enemigo”.

Hacemos un paréntesis en la traducción de Alsina para aportar el texto concreto en Heródoto en griego jónico: «᾿Επ ξυρο γρ κμς χεται μν τ πργματα, νδρες ῎Ιωνες, εναι λευθροισι δολοισι, κα τοτοισι ς δρηπτσι. Νν ν μες ν μν βολησθε ταλαιπωρας νδκεσθαι, τ παραχρμα μν πνος μν σται, οο τε δ σεσθε περβαλμενοι τος ναντους εναι λεθεροι.

Carlos Schrader, en Gredos, traduce así: “No hay duda, jonios, de que nuestro destino se halla sobre el filo de una navaja: nos jugamos ser libres o esclavos; y, en este último caso, ser considerados esclavos fugitivos. Pues bien, si, en esta tesitura, estáis dispuestos a afrontar ciertas penalidades, de momento lo pasaréis mal, pero conseguiréis imponeros a vuestros adversarios y alcanzar la libertad». Y en nota a pie de página Schrader dice:

La expresión (“filo de la navaja”), que se ha hecho proverbial, procede de Homero ( cf. Ilíada X, 173 = 173 νν γρ δ πντεσσιν π ξυρο σταται κμς  / 174 μλα λυγρὸς ὄλεθρος ᾿Αχαιοῖς ἠὲ βιῶναι. = ahora sí que está sobre el filo de la navaja para todos los aqueos la luctuosa ruina total o seguir con vida). En este pasaje puede vislumbrarse la ironía del historiador, pues los jonios se muestran prontos a la oratoria, como los héroes homéricos (el verbo que significa “hacer uso de la palabra” es de origen épico), pero no tan valientes como éstos.

Hecho el paréntesis, seguimos con la traducción de Alsina de este capítulo XXII del Anónimo.

2. Aquí el orden lógico era. “Jonios, ahora se presenta la ocasión de hacer frente a las penalidades; pues vuestro destino se halla en el filo de la navaja”. Mas el escritor ha traspuesto la expresión “Jonios”; comienza, por lo tanto, por introducir el objeto de su temor; ante el pánico del momento, no se da prisa alguna por dirigirse, de entrada, al auditorio; en segundo lugar, invierte el orden de las ideas: en lugar de proclamar que hay que arrostrar las fatigas – la verdadera finalidad de su exhortación – les comunica ante todo la causa por la que deben arrastrarlas diciendo “en el filo de la navaja está nuestro destino”, de forma que sus palabras producen la impresión no de ser algo premeditado, sino dictado por la urgencia del momento.

3. Más sobresale aún Tucídides (nota al pie: sobre este aspecto del estilo de Tucídides ha tratado Dionisio de Halicarnaso en su De Thucydide, 52) en el arte de disociar por medio del hipérbaton ideas y expresiones que, por su naturaleza, forman un todo inseparable. Demóstenes no es tan atrevido como él, pero, en este aspecto, es quien con mayor profusión ha hecho uso de esa figura hasta la saciedad, y por medio del hipérbaton consigue imprimir a sus palabras el sello del dramatismo y, por Zeus, de la improvisación; más aún, de arrastrar a us oyentes al peligro que comporta un largo hipérbaton.

4. Y, en efecto, a menudo deja en suspenso una idea que ha apuntado, y, entretanto, va introduciendo, como si se tratara de un pasaje ajeno al asunto y extraño a él, un motivo tras otro, tomado nadie sabe de dónde; hace temer al oyente por el colapso total del período; le obliga a compartir, lleno de angustia, el riesgo que está corriendo el propio orador, para acabar pronunciando, en el instante oportuno, tras un largo silencio, la palabra durante tanto tiempo esperada, y consiguiendo, precisamente con este recurso del hipérbaton, tan audaz y peligroso, un efecto todavía más poderoso. Su frecuencia nos ahorra aducir ejemplos. (nota al pie: el autor del tratado imita aquí, en su propio estilo, el estilo de Demóstenes, aunque en la traducción que damos el hecho puede pasar desapercibido. Este método es habitual en nuestro autor, y de hecho en parte de los críticos de su época, como Dionisio de Halicarnaso).

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