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Archive for 13 de junio de 2010

El mito de Aretusa lo narra Ovidio en Metamorfosis V, 572 y siguientes. Aretusa está ligada a Siracusa, y más en concreto, a la isla de Ortigia, donde se convirtió en fuente, reclamo hoy para turistas.

ARETUSA

‘»Exigit alma Ceres nata secura recepta,

quae tibi causa fugae, cur sis, Arethusa, sacer fons.

conticuere undae, quarum dea sustulit alto

fonte caput viridesque manu siccata capillos

fluminis Elei veteres narravit amores.

‘pars ego nympharum, quae sunt in Achaide,’ dixit

‘una fui, nec me studiosius altera saltus

legit nec posuit studiosius altera casses.

sed quamvis formae numquam mihi fama petita est,

quamvis fortis eram, formosae nomen habebam,

nec mea me facies nimium laudata iuvabat,

quaque aliae gaudere solent, ego rustica dote

corporis erubui crimenque placere putavi.

lassa revertebar (memini) Stymphalide silva;

aestus erat, magnumque labor geminaverat aestum:

invenio sine vertice aquas, sine murmure euntes,

perspicuas ad humum, per quas numerabilis alte

calculus omnis erat, quas tu vix ire putares.

cana salicta dabant nutritaque populus unda

sponte sua natas ripis declivibus umbras.

accessi primumque pedis vestigia tinxi,

poplite deinde tenus; neque eo contenta, recingor

molliaque inpono salici velamina curvae

nudaque mergor aquis. quas dum ferioque trahoque

mille modis labens excussaque bracchia iacto,

nescio quod medio sensi sub gurgite murmur

territaque insisto propioris margine ripae.

«quo properas, Arethusa?» suis Alpheos ab undis,

«quo properas?» iterum rauco mihi dixerat ore.

sicut eram, fugio sine vestibus (altera vestes

ripa meas habuit): tanto magis instat et ardet,

et quia nuda fui, sum visa paratior illi.


sic ego currebam, sic me ferus ille premebat,

ut fugere accipitrem penna trepidante columbae,

ut solet accipiter trepidas urguere columbas.

usque sub Orchomenon Psophidaque Cyllenenque

Maenaliosque sinus gelidumque Erymanthon et Elin

currere sustinui, nec me velocior ille;

sed tolerare diu cursus ego viribus inpar

non poteram, longi patiens erat ille laboris.

per tamen et campos, per opertos arbore montes,

saxa quoque et rupes et, qua via nulla, cucurri.

sol erat a tergo: vidi praecedere longam

ante pedes umbram, nisi si timor illa videbat;

sed certe sonitusque pedum terrebat et ingens

crinales vittas adflabat anhelitus oris.

fessa labore fugae «fer opem, deprendimur,» inquam

«armigerae, Diana, tuae, cui saepe dedisti

ferre tuos arcus inclusaque tela pharetra!»


mota dea est spissisque ferens e nubibus unam

me super iniecit: lustrat caligine tectam

amnis et ignarus circum cava nubila quaerit

bisque locum, quo me dea texerat, inscius ambit

et bis «io Arethusa» vocavit, «io Arethusa!»

quid mihi tunc animi miserae fuit? anne quod agnae est,

si qua lupos audit circum stabula alta frementes,

aut lepori, qui vepre latens hostilia cernit

ora canum nullosque audet dare corpore motus?

non tamen abscedit; neque enim vestigia cernit

longius ulla pedum: servat nubemque locumque.

occupat obsessos sudor mihi frigidus artus,

caeruleaeque cadunt toto de corpore guttae,

quaque pedem movi, manat lacus, eque capillis

ros cadit, et citius, quam nunc tibi facta renarro,

in latices mutor. sed enim cognoscit amatas

amnis aquas positoque viri, quod sumpserat, ore

vertitur in proprias, et se mihi misceat, undas.

Delia rupit humum, caecisque ego mersa cavernis

advehor Ortygiam, quae me cognomine divae

grata meae superas eduxit prima sub auras.’

Aretusa

Demanda la nutricia Ceres, tranquila por su nacida recuperada,

cuál la causa de tu huida, por qué seas, Aretusa, un sagrado manantial.

Callaron las ondas, de cuyo alto manantial la diosa levantó

575su cabeza y sus verdes cabellos con la mano secando

del caudal Eleo narró los viejos amores.

“Parte yo de las ninfas que hay en la Acaide”, dijo,

“una fui: y no que yo con más celo otra los sotos

repasaba ni ponía con más celo otra las mallas.

580Pero aunque de mi hermosura nunca yo fama busqué,

aunque fuerte era, de hermosa nombre tenía,

y no mi faz a mí, demasiado alabada, me agradaba,

y de la que otras gozar suelen, yo, rústica, de la dote

de mi cuerpo me sonrojaba y un delito el gustar consideraba.

585Cansada regresaba, recuerdo, de la estinfálide espesura.

Hacía calor y la fatiga duplicaba el gran calor.

Encuentro sin un remolino unas aguas, sin un murmullo pasando,

perspicuas hasta su suelo, a través de las que computable, a lo hondo,

cada guijarro era: cuales tú apenas que pasaban creerías.

590Canos sauces daban, y nutrido el álamo por su onda,

espontáneamente nacidas sombras a sus riberas inclinadas.

Me acerqué y primero del pie las plantas mojé,

hasta la corva luego, y no con ello contenta, me desciño

y mis suaves vestiduras impongo a un sauce curvo

595y desnuda me sumerjo en las aguas. Las cuales, mientras las hiero y traigo,

de mil modos deslizándome y mis extendidos brazos lanzo,

no sé qué murmullo sentí en mitad del abismo

y aterrada me puse de pie en la más cercana margen del manantial.

“¿A dónde te apresuras, Aretusa?”, el Alfeo desde sus ondas,

600“¿A dónde te apresuras?”, de nuevo con su ronca boca me había dicho.

Tal como estaba huyo sin mis vestidos: la otra ribera

los vestidos míos tenía. Tanto más me acosa y arde,

y porque desnuda estaba le parecí más dispuesta para él.

Así yo corría, así a mí el fiero aquel me apremiaba

605como huir al azor, su pluma temblorosa, las palomas,

como suele el azor urgir a las trémulas palomas.

Hasta cerca de Orcómeno y de Psófide y del Cilene

y los menalios senos y el helado Erimanto y la Élide

correr aguanté, y no que yo más veloz él.

610Pero tolerar más tiempo las carreras yo, en fuerzas desigual,

no podía; capaz de soportar era él un largo esfuerzo.

Aun así, también por llanos, por montes cubiertos de árbol,

por rocas incluso y peñas, y por donde camino alguno había, corrí.


El sol estaba a la espalda. Vi preceder, larga,

615ante mis pies su sombra si no es que mi temor aquello veía,

pero con seguridad el sonido de sus pies me aterraba y el ingente

anhélito de su boca soplaba mis cintas del pelo.

Fatigada por el esfuerzo de la huida: “Ayúdame: préndese”, digo,

“a la armera, Diana, tuya, a la que muchas veces diste

620a llevar tus arcos y metidas en tu aljaba las flechas.”

Conmovida la diosa fue, y de entre las espesas nubes cogiendo una,

de mí encima la echó: lustra a la que por tal calina estaba cubierta

el caudal y en su ignorancia alrededor de la hueca nube busca,

dos veces el lugar en donde la diosa me había tapado sin él saberlo rodea

625y dos veces: “Io Aretusa, io Aretusa.”, me llamó.

¿Cuánto ánimo entonces el mío, triste de mí, fue? ¿No el que una cordera puede tener

que a los lobos oye alrededor de los establos altos bramando,

o el de la liebre que en la zarza escondida las hostiles bocas

divisa de los perros y no se atreve a dar a su cuerpo ningún movimiento?

630No, aun así, se marchó, y puesto que huellas no divisa

más lejos ningunas de pie, vigila la nube y su lugar.

Se apodera de los asediados miembros míos un sudor frío

y azules caen gotas de todo mi cuerpo,

y por donde quiera que el pie movía mana un lago, y de mis cabellos

635rocío cae y más rápido que ahora los hechos a ti recuento

en licores me muto. Pero entonces reconoce sus amadas

aguas el caudal, y depuesto el rostro que había tomado de hombre

se torna en sus propias ondas para unirse a mí.

La Delia quebró la tierra, y en ciegas cavernas yo sumergida,

640soy transportada a Ortigia, la cual a mí, por el cognomen de la divina

mía grata, hacia las superiores auras la primera me sacó.”

VI. ARETHUSA

Aretusa es una de las ninfas que viven en Acaya. Un día  va a bañarse a un río. Después de colgar sus ropas en un curvado sauce, se sumerge desnuda en el agua. Después de nadar un rato, percibe un rumor en medio del cauce; ella se asusta y brinca sobre la más cercana orilla. ¿»Adónde vas tan rápido, Aretusa?» grita el río Alfeo dos veces. Aretusa escapa. Alfeo, tomando la forma de un hombre, se pone a perseguirla. Ellos corren por colinas y valles. Cansada de sus esfuerzos para escaparse, ella grita a Dictina (Diana), «Ayúdame, o estoy perdida!» La diosa se conmueve por su grito, y envía una nube espesa con la que cubre a Aretusa.

El dios del río busca y busca alrededor de la oscura nube, pero no puede encontrarla. Ella se siente como una liebre que se oculta en las zarzas, mirando las mandíbulas de sabuesos hostiles, sin osar moverse. Del miedo un sudor frío invade sus miembros y gotas de color azul oscuro caen de su cuerpo; dondequiera que pisa se forma un charco. ¡Se convierte en una corriente, y Alfeo, que reconoce las aguas que amó, también se transforma de nuevo en sus aguas, para unir sus ondas a las suyas!

El movimiento comienza con la carrera de Aretusa. Como en el mito, se prolonga durante mucho tiempo, haciéndose finalmente muy emotivo, cuando llama a Dictina.

Ella, luego, es convertida en nube y está muy asustada. Esto está bien expresado por la cadena de trinos en la sección media.

En este punto, es transformada en una corriente de agua, o una fuente, en palabras de Britten. Con esta última parte, Britten da lo mejor de sí, para dibujar un cuadro musical de una fuente,  comenzando primero pequeña, luego el registro se hace más y más grande conduciendo al punto culminante final de la pieza.

Aquí está la partitura de este sexto y último movimiento de la obra:

BRITTEN SIX METAMORPHOSES_ARETUSA

Y el video con la interpretación de Nicholas Daniel:

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