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Archive for 29/06/10

Emiliano J. Buis citaba en reiteradas ocasiones en su estudio la actio de pauperie, que, lógicamente, necesita ser explicada.

Áurea Ramos Maestre, en su libro La responsabilidad extracontractual del poseedor de animales, citado en la bibliografía del artículo de Buis, nos aporta interesante información:

Actio de pauperie

“La responsabilidad por el hecho de los animales aparece tratada en el Título I del Libro IX del Digesto bajo la rúbrica Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur, que preside igualmente el Título IX del Libro IV ( Si quadrupes pauperiem fecisse dicetur.) de la Instituta. Se designa con el nombre de pauperies “el daño causado sin culpa del que lo hace, porque un animal no puede haberlo hecho con injuria, porque carece de razón” (damnum sine iniuria facientis datum: nec enim potest animal iniuria fecisse, quod sensu caret. Nota: el daño causado por un animal no es obra de un ser responsable, no puede constituir un delito, sino solamente un damnum sine iniuria datum.)

Por lo que respecta al origen de esta acción, podemos indicar que ya las Doce Tablas conocían una acción de pauperie que imponía al dueño de un animal doméstico que causa un daño, la opción entre la entrega del animal al que lo sufrió (in noxam dare) y la indemnización pecuniaria del daño causado (noxiam sarcire). Nota: Tabla VIII (VIII): Si quadrupes pauperiem fecisse dicetur, actio ex lege duodecim tabularum descendit: quae lex voluit aut dari id quod nocuit, id est id animal quod noxiam commisit, aut aestimationem noxiae offerre. Esta posibilidad ha supuesto tradicionalmente que la noxalidad haya sido defendida, desde su origen, como una de las características de esta acción. La cuestión, no obstante, no es del todo pacífica, pues en contra se ha sostenido también la teoría de que la acción de pauperie no era propiamente una acción noxal en la época clásica. Esta afirmación ha conducido a la doctrina a plantearse por qué el propietario, en lugar de reparar el daño, puede optar por renunciar al animal. La respuesta es clara a juicio de Branca, porque siendo el animal un instrumento necesario para el ejercicio de la agricultura, tenía una altísima función satisfactoria, constituyendo un auténtico valor como instrumento de producción que el dañado podía emplear en sus trabajos de campo.

La primera condición que Ulpiano indica para que la víctima tuviera a su favor la acción de pauperie es que el daño fuera causado por un “quadrupes”.

El empleo de este término en el membrete del Título tanto del Digesto como de la Instituta contrasta con la palabra “animal” que figura en el texto de esta última y que Paulo recoge también en uno de sus fragmentos – D 9, 1-4 (9.1.0. Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur) – para indicar que la acción debe ser extendida a todo daño causado por un animal cualquiera. Esta divergencia ha ensombrecido la cuestión de saber qué animales podían causar una “pauperies” que diera lugar a la acción que ahora analizamos.

Los autores que han estudiado el tema aceptan que cuando la Ley de las Doce Tablas aseguraba la reparación de los daños causados por los animales se refería solamente a los animales que el hombre empleaba para su trabajo o que vivían en el campo; en otras palabras, se limitaba al género de los cuadrúpedos (Nota: los redactores de la ley tuvieron en cuenta sobre todo las cornadas de las vacas y las coces de los caballos, hasta el punto que olvidaron las mordeduras de los perros, que fueron incluidas en virtud de la Lex Pesolania (Pauli Sent., 15 1). En la época clásica la expresión del término es más general y en el Derecho de Justiniano hay ya certeza de que todos los animales domésticos que sean cuadrúpedos o bípedos deben ser incluidos en la enumeración.



En sentido contrario, los animales salvajes, designados en las fuentes romanas con el término “fera o bestia”, quedan excluidos del sistema de la actio de pauperie (D 9, 1, 1, 10 (9.1.0. Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur): In bestiis autem propter naturalem feritatem haec actio locum non habet: et ideo si ursus fugit et sic nocuit, non potest quondam dominus conveniri, quia desinit dominus esse, ubi fera evasit: et ideo et si eum occidi, meum corpus est = Mas respecto á las fieras no tiene lugar esta acción por razón de su natural ferocidad; y por lo tanto, si huyó un oso y así hizo daño, no puede ser demandado el que fue su dueño, porque dejó de ser dueño, luego que la fiera se escapó; y por consiguiente, si yo lo maté, es mío el cuerpo. García del Corral, I. L. Cuerpo del derecho civil romano, primera parte, Barcelona, 1889).

Junto a lo anterior, otros dos elementos eran necesarios para que el demandante pudiera hacer uso de esta acción, así, que el animal autor del daño tuviera un propietario y, especialmente, que el animal hubiera obrado de una manera inesperada y absolutamente espontánea. Esta segunda condición, que exigía que el daño fuera causado por el animal contra naturam, aparece expresamente recogida en D. 9, 1,1, 7 indicando que “en general, tiene lugar esta acción siempre que la bestia causó el daño movida contra su naturaleza” (Et generaliter haec actio locum habet, quotiens contra naturam fera mota pauperiem dedit).

Como vemos, la acción no está dirigida ya directamente contra el animal, sino que se ejercita contra el propietario, sin embargo se trata de una acción real, por cuanto alcanzaba a quien era propietario del animal en el momento en que la acción se intentaba, aunque no lo fuera en el instante en que se infirió el daño. Si el animal hubiera muerto antes de contestada la demanda, la acción se extinguía. (Nota: las palabras “canis nomine” (Paulo D, 9, 1, 2 1 = 9.1.0. Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur) y “animalium nomine” (Instituta 4, 9, pr. = Si quadrupes pauperiem fecisse dicetur.) atestiguan, en la época clásica, el recuerdo de una concepción arcaica, según la cual el procedimiento era dirigido contra el mismo animal. En todo caso, el hecho de que la acción se dirigiera contra quien era el  dueño del animal en el transcurso del procedimiento, prueba que las fuentes romanas, desde su origen hasta Justiniano, han recogido el sentimiento de imputabilidad en cuanto al animal culpable de pauperies.).

Con todo, para que las consecuencias lesivas de un animal encontraran remedio legal en la actio de pauperie se exigía también que la culpa no hubiera hecho acto de presencia, pues si el acaecimiento del daño se debía a su concurrencia, la responsabilidad pasaba a exigirse a través de las acciones de la Lex Aquilia ( Kuebler). En este sentido, Servio relata que “si por lo malo del lugar ó por culpa del mulero, ó si cargado más de lo justo hubiere el cuadrúpedo echado la carga sobre alguien, cesará esta acción, y se ejercitará la de daño con injuria” (D. 9, 1, 1, 4 = 9.1.0. Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur.: quod si propter loci iniquitatem aut propter culpam mulionis, aut si plus iusto onerata quadrupes in aliquem onus everterit, haec actio cessabit damnique iniuriae agetur). En estos casos, el protagonista ha dejado al animal para pasar al hombre, pues la causa relevante del daño ha sido la imprudencia o imprevisión de éste. Por la misma razón, en D. 9, 1, 1, 5 = 9.1.0. Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur. se añade que “también si un perro, cuando por alguien fuese conducido á alguna parte, se hubiese escapado por su indocilidad, y hubiere causado daño á alguno, si por otro pudiere ser contenido con más firmeza ó si no debió ser conducido por aquel lugar, cesará esta acción y quedará obligado el que llevaba al perro” (Sed et si canis, cum duceretur ab aliquo, asperitate sua evaserit et alicui damnum dederit: si contineri firmius ab alio poterit vel si per eum locum induci non debuit, haec actio cessabit et tenebitur qui canem tenebat), e igualmente cesará esta acción – pauperie – “si por hostigamiento de otro hubiese causado daño la bestia” (D. 9, 1, 1, 6 = 9.1.0. Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur: Sed et si instigatu alterius fera damnum dederit, cessabit haec actio.)



Áurea Ramos Maestre, profesora titular de Derecho Civil de la Universidad de Alicante, trata luego sobre el Edicto de feris, que se refiere a los animales potencialmente peligrosos.

Edicto de feris

En el Edicto de los ediles curules, y como consecuencia de la cura urbis (Nota: la vigilancia o la atención sobre la ciudad está encomendada a los ediles y, entre otras funciones, comprende el buen estado y la correcta utilización de las calles y plazas públicas. En esta esfera de competencia se enmarca la custodia de las fieras que por cualquier causa se encontraran en la ciudad, en aras de garantizar la incolumidad de los transeúntes) a ellos encomendada, figuraba el Edicto de feris, en el que se concedía una acción para sancionar los daños ocasionados por animales potencialmente peligrosos en lugares transitados.

Su estudio ofrece el inconveniente de la parquedad de las fuentes con las que contamos para ello, pues en el Digesto no se han conservado comentarios jurisprudenciales sobre esa acción, aunque los compiladores sí transcribieron un pasaje de Ulpiano, gracias al cual conocemos el texto del edicto “después dicen los Ediles: que nadie tenga perro, verraco, ó pequeño jabalí, lobo, oso, pantera, león”, “ó por donde vulgarmente se hiciere camino quisiera tenerlos de modo que pudieran causar perjuicio ó producir daño á cualquiera. Si contra esto se hubiere obrado, y por consecuencia de ello hubiere perecido un hombre libre, se pagarán doscientos sueldos, y si se dijere que se había causado daño al hombre libre, sea condenado en cuanto pareciere al juez bueno y equitativo; y por las demás cosas, en el duplo de cuanto sea el daño causado ó hecho” (D. 21, 1, 40 y 42: Deinde aiunt aediles: “ne quis canem, verrem vel minorem aprum, lupum, ursum, pantheram, leonem”; ”qua vulgo iter fiet, ita habuisse velit, ut cuiquam nocere damnumve dare possit. si adversus ea factum erit et homo liber ex ea re perierit, solidi ducenti, si nocitum homini libero esse dicetur, quanti bonum aequum iudici videbitur, condemnetur, ceterarum rerum, quanti damnum datum factumve sit, dupli).

Además, con ocasión de la actio de pauperie, la Instituta nos indica – I. 4, 9, 1 – una disposición del edicto de los ediles en la que se prohíbe tener “perro, verraco, javalí, oso, ó león allí por donde comúnmente se hace camino; y si en algo se hubiere contravenido á esto, y se dijese que se había causado daño á un hombre libre, sea condenado el dueño á tanto cuanto pareciere bueno y equitativo al juez; y en los demás casos, al duplo de cuanto sea el daño causado. Pero además de estas acciones edilicias, tendrá también lugar la de pauperies, pues concurriendo varias acciones, principalmente penales, á un mismo objeto, nunca la una extingue la otra”(ceterum sciendum est aedilitio edicto prohiberi nos canem verrem aprum ursum leonem ibi habere, qua vulgo iter fit: et si adversus ea factum erit et nocitum homini libero esse dicetur, quod bonum et aequum iudici videtur, tanti dominus condemnetur, ceterarum rerum, quanti damnum datum sit, dupli. praeter has autem aedilicias actiones et de pauperie locum habebit: numquam enim actiones praesertim poenales de eadem re concurrentes alia aliam consumit.)


En cualquier caso, la carencia de comentarios sobre el edicto que estudiamos se salva por la doctrina recurriendo, por vía de analogía, a los comentarios jurisprudenciales del edicto pretorio de effusis et deiectis que contempla idénticas hipótesis de daño que en el edicto edilicio.

Del tenor de la cláusula edilicia queda patente que la tenencia de animales potencialmente dañinos constituía una actividad permitida en la sociedad romana, siempre que se adoptaran respecto a ellos medidas de vigilancia que evitaran la producción de daños a los viandantes.

La enumeración de los animales salvajes que no deben tenerse sueltos o peligrosamente atados se realiza mediante una larga serie de nombres sin ninguna conjunción o disyunción. De ahí que la doctrina haya entendido que, aunque el edicto especifica las bestias que deben ser vigiladas, no debe atribuirse al listado carácter limitativo. En opinión de algunos autores, entre los dos pasajes de Ulpiano, los compiladores intercalaron un fragmento de Paulo 22 ad Ed. Cur., D. 21, 1, 41 = 21.1.0. De aedilicio edicto et redhibitione et quanti minoris. (Paulus 2 ad ed. aedil. curul. Et generaliter aliudve quod noceret animal, sive soluta sint, sive alligata, ut contineri vinculis, quo minus damnum inferant, non possint,), donde el jurista extiende el contenido edictal a cualquier animal que pudiera dañar.

La primera parte de la disposición edictal que nos ocupa impone a los detentadores de animales peligrosos la obligación de observar las cautelas necesarias para no atentar contra la integridad física o patrimonial de los transeúntes. El edicto tipifica, a juicio de Rodríguez-Ennes, un elemento de tipo subjetivo o intencional, en cuanto que el daño debe atribuirse a un defecto de vigilancia del cuidador del animal. Responde única y exclusivamente el detentador del animal peligroso causante del daño, y responde por un acto propio. Se trata, por tanto, de una responsabilidad subjetiva en la que incurrió el autor del daño, que con su conducta descuidada desencadenó el evento damnificador.

Ciertamente, la analogía de la cláusula edilicia con el edicto del pretor se aprecia de forma especial en la descripción de los posibles daños y en las penas asignadas a cada uno. Los daños previstos en la norma pueden consistir en la muerte de un hombre libre, en lesiones al mismo o en la destrucción de una cosa. Sin embargo, sólo la última de estas hipótesis, por suponer una disminución patrimonial, puede ser tipificada como damnum; la muerte y las lesiones, deben ser reparadas, pero su resarcimiento no es subsumible en aquel concepto.

Con todo, en el primer supuesto se concede el derecho a una suma fija de dinero; en el segundo, la condena era fijada por el juez; y en la tercera hipótesis, se concedía al dueño de la cosa animada o inanimada deteriorada una acción por el doble del perjuicio pecuniario sufrido.

Por último, interesa señalar que la acción nacida de la infracción de la disposición edilicia podía acumularse con la acción de pauperie.

Hasta aquí el estudio sobre la actio de pauperie y el edicto de feris que Áurea Ramos Maestre realiza en su libro La responsabilidad extracontractual del poseedor de animales.

Por desgracia, los enlaces a los artículos concretos del Digestum y otros textos presentes en la página The Roman Law Library siempre llevan a la página principal y nunca al lugar concreto que se enlaza; por ello, el lector interesado deberá buscar en la barra lateral izquierda el número 12 (Corpus Iuris Civilis) y una vez allí, clicar sobre Digesta o Institutiones. A continuación clicar sobre el libro concreto; en nuestro artículo citamos el Noveno de la Digesta, capítulo I (9.1.0. Si quadrupes pauperiem fecisse dicatur) o las Instituiones IV. Para la Lex Pesolania (Baviera) o la Ley de las Doce Tablas ( Bruns) se deberá clicar en el número 1 ( Leges regiae, rogatae, dat.).

Lamentamos que los enlaces no lleven directamente al texto citado.

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