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Archive for 13 junio 2010

El mito de Aretusa lo narra Ovidio en Metamorfosis V, 572 y siguientes. Aretusa está ligada a Siracusa, y más en concreto, a la isla de Ortigia, donde se convirtió en fuente, reclamo hoy para turistas.

ARETUSA

‘”Exigit alma Ceres nata secura recepta,

quae tibi causa fugae, cur sis, Arethusa, sacer fons.

conticuere undae, quarum dea sustulit alto

fonte caput viridesque manu siccata capillos

fluminis Elei veteres narravit amores.

‘pars ego nympharum, quae sunt in Achaide,’ dixit

‘una fui, nec me studiosius altera saltus

legit nec posuit studiosius altera casses.

sed quamvis formae numquam mihi fama petita est,

quamvis fortis eram, formosae nomen habebam,

nec mea me facies nimium laudata iuvabat,

quaque aliae gaudere solent, ego rustica dote

corporis erubui crimenque placere putavi.

lassa revertebar (memini) Stymphalide silva;

aestus erat, magnumque labor geminaverat aestum:

invenio sine vertice aquas, sine murmure euntes,

perspicuas ad humum, per quas numerabilis alte

calculus omnis erat, quas tu vix ire putares.

cana salicta dabant nutritaque populus unda

sponte sua natas ripis declivibus umbras.

accessi primumque pedis vestigia tinxi,

poplite deinde tenus; neque eo contenta, recingor

molliaque inpono salici velamina curvae

nudaque mergor aquis. quas dum ferioque trahoque

mille modis labens excussaque bracchia iacto,

nescio quod medio sensi sub gurgite murmur

territaque insisto propioris margine ripae.

“quo properas, Arethusa?” suis Alpheos ab undis,

“quo properas?” iterum rauco mihi dixerat ore.

sicut eram, fugio sine vestibus (altera vestes

ripa meas habuit): tanto magis instat et ardet,

et quia nuda fui, sum visa paratior illi.


sic ego currebam, sic me ferus ille premebat,

ut fugere accipitrem penna trepidante columbae,

ut solet accipiter trepidas urguere columbas.

usque sub Orchomenon Psophidaque Cyllenenque

Maenaliosque sinus gelidumque Erymanthon et Elin

currere sustinui, nec me velocior ille;

sed tolerare diu cursus ego viribus inpar

non poteram, longi patiens erat ille laboris.

per tamen et campos, per opertos arbore montes,

saxa quoque et rupes et, qua via nulla, cucurri.

sol erat a tergo: vidi praecedere longam

ante pedes umbram, nisi si timor illa videbat;

sed certe sonitusque pedum terrebat et ingens

crinales vittas adflabat anhelitus oris.

fessa labore fugae “fer opem, deprendimur,” inquam

“armigerae, Diana, tuae, cui saepe dedisti

ferre tuos arcus inclusaque tela pharetra!”


mota dea est spissisque ferens e nubibus unam

me super iniecit: lustrat caligine tectam

amnis et ignarus circum cava nubila quaerit

bisque locum, quo me dea texerat, inscius ambit

et bis “io Arethusa” vocavit, “io Arethusa!”

quid mihi tunc animi miserae fuit? anne quod agnae est,

si qua lupos audit circum stabula alta frementes,

aut lepori, qui vepre latens hostilia cernit

ora canum nullosque audet dare corpore motus?

non tamen abscedit; neque enim vestigia cernit

longius ulla pedum: servat nubemque locumque.

occupat obsessos sudor mihi frigidus artus,

caeruleaeque cadunt toto de corpore guttae,

quaque pedem movi, manat lacus, eque capillis

ros cadit, et citius, quam nunc tibi facta renarro,

in latices mutor. sed enim cognoscit amatas

amnis aquas positoque viri, quod sumpserat, ore

vertitur in proprias, et se mihi misceat, undas.

Delia rupit humum, caecisque ego mersa cavernis

advehor Ortygiam, quae me cognomine divae

grata meae superas eduxit prima sub auras.’

Aretusa

Demanda la nutricia Ceres, tranquila por su nacida recuperada,

cuál la causa de tu huida, por qué seas, Aretusa, un sagrado manantial.

Callaron las ondas, de cuyo alto manantial la diosa levantó

575su cabeza y sus verdes cabellos con la mano secando

del caudal Eleo narró los viejos amores.

“Parte yo de las ninfas que hay en la Acaide”, dijo,

“una fui: y no que yo con más celo otra los sotos

repasaba ni ponía con más celo otra las mallas.

580Pero aunque de mi hermosura nunca yo fama busqué,

aunque fuerte era, de hermosa nombre tenía,

y no mi faz a mí, demasiado alabada, me agradaba,

y de la que otras gozar suelen, yo, rústica, de la dote

de mi cuerpo me sonrojaba y un delito el gustar consideraba.

585Cansada regresaba, recuerdo, de la estinfálide espesura.

Hacía calor y la fatiga duplicaba el gran calor.

Encuentro sin un remolino unas aguas, sin un murmullo pasando,

perspicuas hasta su suelo, a través de las que computable, a lo hondo,

cada guijarro era: cuales tú apenas que pasaban creerías.

590Canos sauces daban, y nutrido el álamo por su onda,

espontáneamente nacidas sombras a sus riberas inclinadas.

Me acerqué y primero del pie las plantas mojé,

hasta la corva luego, y no con ello contenta, me desciño

y mis suaves vestiduras impongo a un sauce curvo

595y desnuda me sumerjo en las aguas. Las cuales, mientras las hiero y traigo,

de mil modos deslizándome y mis extendidos brazos lanzo,

no sé qué murmullo sentí en mitad del abismo

y aterrada me puse de pie en la más cercana margen del manantial.

“¿A dónde te apresuras, Aretusa?”, el Alfeo desde sus ondas,

600“¿A dónde te apresuras?”, de nuevo con su ronca boca me había dicho.

Tal como estaba huyo sin mis vestidos: la otra ribera

los vestidos míos tenía. Tanto más me acosa y arde,

y porque desnuda estaba le parecí más dispuesta para él.

Así yo corría, así a mí el fiero aquel me apremiaba

605como huir al azor, su pluma temblorosa, las palomas,

como suele el azor urgir a las trémulas palomas.

Hasta cerca de Orcómeno y de Psófide y del Cilene

y los menalios senos y el helado Erimanto y la Élide

correr aguanté, y no que yo más veloz él.

610Pero tolerar más tiempo las carreras yo, en fuerzas desigual,

no podía; capaz de soportar era él un largo esfuerzo.

Aun así, también por llanos, por montes cubiertos de árbol,

por rocas incluso y peñas, y por donde camino alguno había, corrí.


El sol estaba a la espalda. Vi preceder, larga,

615ante mis pies su sombra si no es que mi temor aquello veía,

pero con seguridad el sonido de sus pies me aterraba y el ingente

anhélito de su boca soplaba mis cintas del pelo.

Fatigada por el esfuerzo de la huida: “Ayúdame: préndese”, digo,

“a la armera, Diana, tuya, a la que muchas veces diste

620a llevar tus arcos y metidas en tu aljaba las flechas.”

Conmovida la diosa fue, y de entre las espesas nubes cogiendo una,

de mí encima la echó: lustra a la que por tal calina estaba cubierta

el caudal y en su ignorancia alrededor de la hueca nube busca,

dos veces el lugar en donde la diosa me había tapado sin él saberlo rodea

625y dos veces: “Io Aretusa, io Aretusa.”, me llamó.

¿Cuánto ánimo entonces el mío, triste de mí, fue? ¿No el que una cordera puede tener

que a los lobos oye alrededor de los establos altos bramando,

o el de la liebre que en la zarza escondida las hostiles bocas

divisa de los perros y no se atreve a dar a su cuerpo ningún movimiento?

630No, aun así, se marchó, y puesto que huellas no divisa

más lejos ningunas de pie, vigila la nube y su lugar.

Se apodera de los asediados miembros míos un sudor frío

y azules caen gotas de todo mi cuerpo,

y por donde quiera que el pie movía mana un lago, y de mis cabellos

635rocío cae y más rápido que ahora los hechos a ti recuento

en licores me muto. Pero entonces reconoce sus amadas

aguas el caudal, y depuesto el rostro que había tomado de hombre

se torna en sus propias ondas para unirse a mí.

La Delia quebró la tierra, y en ciegas cavernas yo sumergida,

640soy transportada a Ortigia, la cual a mí, por el cognomen de la divina

mía grata, hacia las superiores auras la primera me sacó.”

VI. ARETHUSA

Aretusa es una de las ninfas que viven en Acaya. Un día  va a bañarse a un río. Después de colgar sus ropas en un curvado sauce, se sumerge desnuda en el agua. Después de nadar un rato, percibe un rumor en medio del cauce; ella se asusta y brinca sobre la más cercana orilla. ¿”Adónde vas tan rápido, Aretusa?” grita el río Alfeo dos veces. Aretusa escapa. Alfeo, tomando la forma de un hombre, se pone a perseguirla. Ellos corren por colinas y valles. Cansada de sus esfuerzos para escaparse, ella grita a Dictina (Diana), “Ayúdame, o estoy perdida!” La diosa se conmueve por su grito, y envía una nube espesa con la que cubre a Aretusa.

El dios del río busca y busca alrededor de la oscura nube, pero no puede encontrarla. Ella se siente como una liebre que se oculta en las zarzas, mirando las mandíbulas de sabuesos hostiles, sin osar moverse. Del miedo un sudor frío invade sus miembros y gotas de color azul oscuro caen de su cuerpo; dondequiera que pisa se forma un charco. ¡Se convierte en una corriente, y Alfeo, que reconoce las aguas que amó, también se transforma de nuevo en sus aguas, para unir sus ondas a las suyas!

El movimiento comienza con la carrera de Aretusa. Como en el mito, se prolonga durante mucho tiempo, haciéndose finalmente muy emotivo, cuando llama a Dictina.

Ella, luego, es convertida en nube y está muy asustada. Esto está bien expresado por la cadena de trinos en la sección media.

En este punto, es transformada en una corriente de agua, o una fuente, en palabras de Britten. Con esta última parte, Britten da lo mejor de sí, para dibujar un cuadro musical de una fuente,  comenzando primero pequeña, luego el registro se hace más y más grande conduciendo al punto culminante final de la pieza.

Aquí está la partitura de este sexto y último movimiento de la obra:

BRITTEN SIX METAMORPHOSES_ARETUSA

Y el video con la interpretación de Nicholas Daniel:

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Le toca el turno ahora al estudio que el Anónimo realiza sobre el hipérbaton.

Capítulo XXII, parágrafos 1, 2, 3 y 4 (El hipérbaton).

Τῆς δὲ αὐτῆς ἰδέας καὶ τἀ ὑπερβατὰ θετέον. ἔστι δὲ λέξεων ἢ νοήσεων ἐκ τοῦ κατ᾿ ἀκολουθίαν κεκινημένη τάξις καὶ οἱονεὶ ***  χαρακτὴρ ἐναγωνίου πάθους ἀληθέστατος. ὡς γὰρ οἱ τῷ ὄντι ὀργιζόμενοι ἢ φοβούμενοι ἢ ἀγανακτοῦντες ἢ ὑπὸ ζηλοτυπίας ἢ ὑπὸ ἄλλου τινὸς (πολλὰ γὰρ καὶ ἀναρίθμητα πάθη καὶ οὐδ᾿ ἂν εἰπεῖν τις ὁπόσα δύναιτο) ἑκάστοτε παραπίπτοντες ἄλλα προθέμενοι πολλάκις ἐπ᾿ ἄλλα μεταπηδῶσι, μέσα τινὰ παρεμβάλλοντες  ἀλόγως, εἶτ᾿ αὖθις ἐπὶ τὰ πρῶτα ἀνακυκλοῦντες καὶ πάντη πρὸς τῆς ἀγωνίας, ὡς ὑπ᾿ ἀστάτου πνεύματος, τῇδε κἀκεῖσε ἀγχιστρόφως ἀντισπώμενοι τὰς λέξεις τὰς νοήσεις τὴν ἐκ τοῦ κατὰ φύσιν εἱρμοῦ παντοίως πρὸς μυρίας τροπὰς ἐναλλάττουσι τάξιν, οὕτως παρὰ τοῖς ἀρίστοις συγγραφεῦσι διὰ τῶν ὑπερβατῶν ἡ μίμησις ἐπὶ τὰ τῆς φύσεως ἔργα φέρεται. τότε γὰρ ἡ τέχνη τέλειος ἡνίκ᾿ ἀν φύσις εἶναι δοκῇ, ἡ δ᾿ αὖ φύσις ἐπιτυχὴς ὅταν λανθάνουσαν περιέχῃ τὴν τέχνην. ὥσπερ λέγει ὁ Φωκαεὺς Διονύσιος παρὰ τῷ ῾Ηροδότῳ· “ἐπὶ ξυροῦ γὰρ ἀκμῆς ἔχεται ἡμῖν τὰ πράγματα, ἄνδρες ῎Ιωνες, εἶναι ἐλευθέροις ἢ δούλοις, καὶ τούτοις ὡς δραπέτῃσι. νῦν ὦν ὑμεῖς ἢν μὲν βούλησθε ταλαιπωρίας ἐνδέχεσθαι, παραχρῆμα μὲν πόνος ὑμῖν, οἷοί τε δὲ ἔσεσθε ὑπερβαλέσθαι τοὺς πολεμίους.” ἐνταῦθ᾿ ἦν τὸ κατὰ τάξιν· “ὦ ἄνδρες ῎Ιωνες, νῦν καιρός ἐστιν ὑμῖν πόνους ἐπιδέχεσθαι· ἐπὶ ξυροῦ γὰρ ἀκμῆς ἔχεται ἡμῖν τὰ πράγματα.” ὁ δὲ τὸ μὲν “ἄνδρες ῎Ιωνες” ὑπερεβίβασε· προεισέβαλε γὰρ εὐθὺς ἀπὸ τοῦ φόβου, ὡς μηδ᾿ ἀρχὴν φθάνων πρὸς τὸ ἐφεστὼς δέος προσαγορεῦσαι τοὺς ἀκούοντας· ἔπειτα δὲ τὴν τῶν νοημάτων ἀπέστρεψε τάξιν. πρὸ γὰρ τοῦ φῆσαι ὅτι αὐτοὺς δεῖ πονεῖν (τοῦτο γάρ ἐστιν ὃ παρακελεύεται) ἔμπροσθεν ἀποδίδωσι τὴν αἰτίαν δι᾿  ἣν πονεῖν δεῖ, “ἐπὶ ξυροῦ ἀκμῆσ” φήσας “ἔχεται ἡμῖν τὰ πράγματα,” ὡς μὴ δοκεῖν ἐσκεμμένα λέγειν, ἀλλ᾿ ἠναγκασμένα. ἔτι δὲ μᾶλλον ὁ Θουκυδίδης καὶ τὰ φύσει πάντως ἡνωμένα καὶ ἀδιανέμητα ὅμως ταῖς ὑπερβάσεσιν ἀπ᾿ ἀλλήλων ἄγειν δεινότατος. ὁ δὲ Δημοσθένης οὐχ οὕτως μὲν αὐθάδης ὥσπερ οὗτος, πάντων δ᾿ ἐν τῷ γένει τούτῳ κατακορέστατος καὶ πολὺ τὸ ἀγωνιστικὸν ἐκ τοῦ ὑπερβιβάζειν καὶ ἔτι νὴ Δία τὸ ἐξ ὑπογύου λέγειν συνεμφαίνων, καὶ πρὸς τούτοις εἰς τὸν κίνδυνον τῶν μακρῶν ὑπερβατῶν τοὺς ἀκούοντας συνεπισπώμενος·

πολλάκις γὰρ τὸν νοῦν ὃν ὥρμησεν εἰπεῖν ἀνακρεμάσας, καὶ μεταξύ πως εἰς ἀλλόφυλον καὶ ἀπεοικυῖαν τάξιν ἄλλ᾿ ἐπ’ ἄλλοις διὰ μέσου καὶ ἔξωθέν ποθεν ἐπεισκυκλῶν, εἰς φόβον ἐμβαλὼν τὸν ἀκροατὴν ὡς ἐπὶ παντελεῖ τοῦ λόγου διαπτώσει, καὶ συναποκινδυνεύειν ὑπ᾿ ἀγωνίας τῷ λέγοντι συναναγκάσας, εἶτα παραλόγως διὰ μακροῦ τὸ πάλαι ζητούμενον εὐκαίρως ἐπὶ τέλει που προσαποδούς, αὐτῷ τῷ κατὰ τὰς ὑπερβάσεις παραβόλῳ καὶ ἀκροσφαλεῖ πολὺ μᾶλλον ἐκπλήττει. φειδὼ δὲ τῶν παραδειγμἀτων ἔστω διὰ τὸ πλῆθος.

1. En la misma categoría hay que colocar el hipérbaton. Consiste en alterar el orden normal de las palabras o de las ideas, y es, por así decir, el rasgo más auténtico de una emoción vehemente. En efecto, así como las personas realmente indignadas, temerosas, airadas o dominadas por los celos y otra emoción cualquiera (pues existe una cantidad innumerable de pasiones, y nadie sería capaz de enumerarlas), a cada paso cambian de conducta y tan pronto se proponen un fin como, introduciendo en sus actos absurdas alteraciones, pasan, de un salto, a otro fin, para volver de nuevo a su intención primera, y, presas, de continua agitación, como impulsadas por un viento inestable, se sienten arrastradas en direcciones opuestas, ora en ésta, ora en aquélla, alterando de mil formas el orden y la concatenación natural de las palabras y las ideas; asimismo, en los mejores literatos, la imitación, por obra y gracia del hipérbaton, se aproxima a la naturaleza en sus manifestaciones. Y es el que el arte alcanza su punto culminante cuando da la impresión de pura naturalidad, y la naturaleza, a su vez, consigue su plena perfección cuando, imperceptiblemente, encierra los principios del arte. Como dice el focense Dionisio en Heródoto (nota al pie: Heródoto, VI, 11): “En el filo de la navaja se halla nuestro destino, Jonios; se trata o de ser libres o de ser esclavos ¿qué digo?, esclavos fugitivos. Ahora, pues, si estáis dispuestos a soportar penalidades, la fatiga os va a agobiar, pero podréis vencer al enemigo”.

Hacemos un paréntesis en la traducción de Alsina para aportar el texto concreto en Heródoto en griego jónico: «᾿Επ ξυρο γρ κμς χεται μν τ πργματα, νδρες ῎Ιωνες, εναι λευθροισι δολοισι, κα τοτοισι ς δρηπτσι. Νν ν μες ν μν βολησθε ταλαιπωρας νδκεσθαι, τ παραχρμα μν πνος μν σται, οο τε δ σεσθε περβαλμενοι τος ναντους εναι λεθεροι.

Carlos Schrader, en Gredos, traduce así: “No hay duda, jonios, de que nuestro destino se halla sobre el filo de una navaja: nos jugamos ser libres o esclavos; y, en este último caso, ser considerados esclavos fugitivos. Pues bien, si, en esta tesitura, estáis dispuestos a afrontar ciertas penalidades, de momento lo pasaréis mal, pero conseguiréis imponeros a vuestros adversarios y alcanzar la libertad”. Y en nota a pie de página Schrader dice:

La expresión (“filo de la navaja”), que se ha hecho proverbial, procede de Homero ( cf. Ilíada X, 173 = 173 νν γρ δ πντεσσιν π ξυρο σταται κμς  / 174 μλα λυγρὸς ὄλεθρος ᾿Αχαιοῖς ἠὲ βιῶναι. = ahora sí que está sobre el filo de la navaja para todos los aqueos la luctuosa ruina total o seguir con vida). En este pasaje puede vislumbrarse la ironía del historiador, pues los jonios se muestran prontos a la oratoria, como los héroes homéricos (el verbo que significa “hacer uso de la palabra” es de origen épico), pero no tan valientes como éstos.

Hecho el paréntesis, seguimos con la traducción de Alsina de este capítulo XXII del Anónimo.

2. Aquí el orden lógico era. “Jonios, ahora se presenta la ocasión de hacer frente a las penalidades; pues vuestro destino se halla en el filo de la navaja”. Mas el escritor ha traspuesto la expresión “Jonios”; comienza, por lo tanto, por introducir el objeto de su temor; ante el pánico del momento, no se da prisa alguna por dirigirse, de entrada, al auditorio; en segundo lugar, invierte el orden de las ideas: en lugar de proclamar que hay que arrostrar las fatigas – la verdadera finalidad de su exhortación – les comunica ante todo la causa por la que deben arrastrarlas diciendo “en el filo de la navaja está nuestro destino”, de forma que sus palabras producen la impresión no de ser algo premeditado, sino dictado por la urgencia del momento.

3. Más sobresale aún Tucídides (nota al pie: sobre este aspecto del estilo de Tucídides ha tratado Dionisio de Halicarnaso en su De Thucydide, 52) en el arte de disociar por medio del hipérbaton ideas y expresiones que, por su naturaleza, forman un todo inseparable. Demóstenes no es tan atrevido como él, pero, en este aspecto, es quien con mayor profusión ha hecho uso de esa figura hasta la saciedad, y por medio del hipérbaton consigue imprimir a sus palabras el sello del dramatismo y, por Zeus, de la improvisación; más aún, de arrastrar a us oyentes al peligro que comporta un largo hipérbaton.

4. Y, en efecto, a menudo deja en suspenso una idea que ha apuntado, y, entretanto, va introduciendo, como si se tratara de un pasaje ajeno al asunto y extraño a él, un motivo tras otro, tomado nadie sabe de dónde; hace temer al oyente por el colapso total del período; le obliga a compartir, lleno de angustia, el riesgo que está corriendo el propio orador, para acabar pronunciando, en el instante oportuno, tras un largo silencio, la palabra durante tanto tiempo esperada, y consiguiendo, precisamente con este recurso del hipérbaton, tan audaz y peligroso, un efecto todavía más poderoso. Su frecuencia nos ahorra aducir ejemplos. (nota al pie: el autor del tratado imita aquí, en su propio estilo, el estilo de Demóstenes, aunque en la traducción que damos el hecho puede pasar desapercibido. Este método es habitual en nuestro autor, y de hecho en parte de los críticos de su época, como Dionisio de Halicarnaso).

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Empate a 23

Veintitrés, ésas son las palabras que contenían cada uno de los dos textos que se han ofrecido en las dos opciones (A: Discurso en defensa de la muerte de Eratóstenes; y B: En defensa del inválido, ambos de Lisias) del examen de Griego II en las PAU, que se han iniciado esta mañana en la Universidad Jaume I de Castellón.

Los alumnos de Griego, en este nuevo formato de las Pruebas de Acceso, con sus fases general y específica, han visto cómo su examen ya no era el último, como en todas las ocasiones del antiguo sistema, sino que lo han hecho el primer día. Por poner un pero, diremos que las 15’00 horas es mal momento para actividades educativas o que requieran concentración. Ya se sabe plenus venter, nos studet libenter.

Como el año pasado he estado presente en la llamada a los alumnos de Griego del Tribunal 4, que estaban junto a los de Matemáticas II del Sos Baynat y Torreblanca, he sido testigo de la salida de los dos alumnas que han ido a por los exámenes de Matemáticas y Griego (una de ellas era mía), de su regreso al aula, del reparto de las pruebas y de esa experiencia curiosa de observar las primeras reacciones ante lo que tenían delante. De mis alumnas una ha hecho gestos evidentes de alegría, otras dos me han mirado a través del cristal de la puerta y me ha sonreído con un gesto de asentimiento; y otras dos también han exteriorizado gestos de alegría, asentimiento o, al menos, no han puesto malas caras.

Una vez las alumnas a buen recaudo, he ido a dar una vuelta por los diferentes tribunales y he comprobado que aún hay bastante gente que estudia griego. Después he ido a la sala de vocales de centro, a la espera de que llegaran los exámenes, donde he coincidido con algunos colegas clásicos. Puesto que los exámenes no llegaban, nos hemos acercado Ana y yo a uno de los tribunales, donde la correctora nos ha proporcionado a cada uno un ejemplar.

Como el año pasado, he de hablar del examen.

La primera impresión ha sido buena.

En la Opción A (Discurso en defensa de la muerte de Eratóstenes) el texto tenía 23 palabras. Era el parráfo 22, un texto sin demasiadas dificultades. Veamos:

El acusado se dispone a narrar lo sucedido el día del homicidio de Eratóstenes

κα μετ τατα διεγνοντο μραι ττταρες πντε, … ς γ μεγλοις μν τεκμηροις πιδεξω. πρτον δ διηγσασθαι βολομαι τ πραχθντα τ τελευταίᾳ μρ.

La traducción, aproximada y nuestra, es:

Y después de esto pasaron cuatro o cinco días, como yo os demostraré con importantes pruebas. Pero primero quiero exponer los hechos ocurridos el último día.

El texto no contenía ninguna nota, pero tampoco creemos que lo necesitara. Las formas verbales, personales o no, las puede encontrar en el diccionario y traducir perfectamente un alumno de 2º. Tal vez  pudiera despistar διεγνοντο, pero creo que todos los profesores decimos a los alumnos que traten de buscar en el diccionario las formas sin preverbios; si así se hace se descubrirá en la página 168, columna izquierda del VOX, la forma ἐγενόμην que nos permite saber que  es tercera del plural del aoristo de διαγίγνομαι, si hemos sabido quitar el preverbio δι.

Tres cuartos de lo mismo ocurre con πιδεξω; en la página 129, columna derecha encontramos δεξα y δεξω,  que nos remiten a δείκνυμι, y con el prefijo ἐπί a ἐπιδείκνυμι.

Διηγσασθαι se puede sacar fácilmente acudiendo a la página 150, columna de la izquierda sub voce διηγέομαι.

βολομαι no presenta ningún problema.

Tal vez lo más problemático, en vertiente doble, porque era una de las palabras cuyo análisis se pedía en la pregunta 2b, es el participio de aoristo pasivo sustantivado del verbo πρττω, es decir, τ πραχθντα. Sólo la lectura detenida de las formas del verbo πρττω nos permite averiguar que su aoristo pasivo es ἐπράχθήν, de donde el participio.

Los sustantivos (μραι, τεκμηροις, μρ), preposiciones (μετ), numerales (ττταρες, πντε), pronombres (γ, μν, τατα), adjetivos (μεγλοις, τελευταίᾳ), adverbios (πρτον), artículos (τ, τ), conjunciones (κα, , δ) o partículas subordinantes (ς) pensamos que no presentaban ninguna especial dificultad

La pregunta de sintaxis pedía que se dijera qué tipo de oración es ς γ μεγλοις μν τεκμηροις πιδεξω. En este caso se trata de una subordinada modal (“como yo os demostraré con grandes – importantes, definitivas- pruebas”) y que se analizara esta oración, que tiene sólo la partícula subordinante, un sujeto, un verbo, un CI y un CC de modo o instrumento.

El análisis morfológico pedía que se analizaran las formas διηγσασθαι y πραχθντα, infinitivo de aoristo medio del verbo διηγέομαι que realiza función de CD de βολομαι y acusativo plural neutro del participio de aoristo pasivo sustantivado, atributivo, en función de CD del anterior infinitivo διηγσασθαι, del verbo πρττω, respectivamente.

La pregunta de etimología pedía dos derivados de  μέγας, μεγάλη, μέγα y πέντε. Muy fácil.

La pregunta de cultura es uno de los temas estrella. Creo que es la cuarta vez que sale: La situación de la mujer. Salió en septiembre de 2006, junio de 2008 y septiembre de 2008.

En resumen, muy poca complicación sintáctica (sólo una subordinada adverbial modal) y como CD de un verbo de voluntad un infinitivo, que, a su vez, lleva un participio sustantivado como CD. Lo demás muy fácil.

La pregunta de etimología muy asequible y el tema de cultura permite el lucimiento.

En esta ocasión debo decir que existe una acertada compensación entre los textos de las Opciones A y B.

El texto de la Opción B, que es el que hemos trabajado en clase, es el que pregunté a mis alumnas en nuestro último examen. Me alegra que los coordinadores de la asignatura hayan coincido conmigo (o yo con ellos) en la elección de texto.

No es un texto largo (23 palabras, igual que la Opción A; hasta aquí llega la compensación o el equilibrio) y no tiene demasiadas complejidades sintácticas.

Es éste:

El acusador, según el inválido, desacredita a sus compañeros

τι δ κα συλλγεσθα φησιν νθρπους ς μ πονηρος κα πολλος, ο τ μν αυτν νηλκασι, τος δ τ σφτερα σζειν βουλομνοις πιβουλεουσιν.

Su traducción aproximada:

Y además también afirma que se reúnen en mi casa muchos hombres malvados (muchos granujas, tunantes), que no sólo han derrochado sus propios bienes, sino que maquinan contra los que quieren salvar los suyos propios.

Por cierto, en el último examen de griego, en el que, como he dicho, pregunté este texto, puse como título:

El inválido nos cuenta que el acusador dice que en su casa se reúne gente de dudosa reputación.

¿Demasiado claro? Es posible.

Creo que las dificultades sintácticas son mayores que las del texto A, pero no excesivamente.

Estas dificultades se compensan con la mayor dificultad, a mi juicio, de las formas verbales del texto A.

Yo quizá hubiera puesto una nota aclaratoria en la expresión ς μ, para evitar una posible confusión de ς con una partícula y que algún alumno pensara que μ era el sujeto de la oración de infinitivo.

Hay una oración de infinitivo que todos los alumnos deberían haber visto; por ella se preguntaba en la cuestión 2a, que además pedía el análisis sintáctico. Un alumno avispado, cuando ve que le preguntan qué tipo de oración es συλλγεσθα φησιν νθρπους ς μ πονηρος κα πολλος, ya puede atar cabos, descubrir el verbo introductor φησιν y el infinitivo συλλγεσθα y acertar con la respuesta y el análisis.

Hay además una oración de relativo, con dos semifrases ο τ μν αυτν νηλκασι, τος δ τ σφτερα σζειν βουλομνοις πιβουλεουσιν, dentro de la cual quizás lo más complicado es ver que el participio sustantivado τος βουλομνοις es complemento de régimen verbal de πιβουλεουσιν y tiene, a su vez, un CD en forma de infinitivo (σζειν) que, también, tiene un CD τ σφτερα, donde quizás hay que sobreentender un elíptico χρήματα, que también iría con el τ de τ μν αυτν.

Las formas verbales se pueden hallar fácilmente:

νηλκασι es indicativo de perfecto del verbo ἀναλίσκω y lo encontramos en el VOX, página 50, columna derecha, s. v. ἀνήλωκα.

El infinitivo συλλγεσθα no tiene misterio, igual que la forma πιβουλεουσιν, por las cuales se pregunta en la cuestión 2b.

Los derivados de ἄνθρωπος y πᾶς, πᾶσα, πᾶν son muy fáciles de sacar.

La pregunta de cultura (La oratoria), bastante asequible. Se puede hablar de la importancia de la palabra en la antigua Atenas, de la relación oratoria-retórica, de Córax y Tisias, de Gorgias, de las partes del discurso, de los tres tipos de oratoria y de los tres oradores por excelencia, Lisias, Isócrates y Demóstenes.

En definitiva, creo que, en esta ocasión, los textos de ambas opciones presentan una gran adecuación, no son excesivamente difíciles y las preguntas de etimología, sintaxis, morfología y cultura son bastante asequibles.

Las notas nos lo dirán. Confiamos en la magnanimidad, benevolencia, comprensión, caridad y buen hacer de los correctores.

Si, además, los textos están compensados ¿qué más queremos? Lo dicho, empate a 23.

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Cuarto capítulo de la serie dedicada a dos cantatas de temática mitológica de Rossini. Seguimos con el libretto de Angelo Maria Ricci (1776-1850), curiosamente el nombre de un autor de cómics italiano actual.

Damos unos datos biográficos de Angelo Maria Ricci, traducidos del italiano por nosotros de los textos de esta página.

Descendiente de noble familia, Ricci nació en el castillo de Mopolino di Capitignano (L’Aquila) el 24 de septiembre de 1776 de Serafino Ricci y de Giuseppa Pica. En Mopolino, junto con sus numerosos hermanos Rosa, Barbara, Lucrezia, Ferdinando, Benedetto, Celestino, Ranuccio e Giovanni, transcurre su infancia.

Pronto es enviado a realizar sus estudios superiores al célebre colegio Nazareno de Roma, donde, bajo la guía de los maestros escolapios, sobre todo de los padres Carlo Giuseppe Gismondi y Francesco Antonio Fasce, se adentra en el estudio de las ciencias sacras, naturales, matemáticas y literarias.

Llegan temprano sus primeras revelaciones poéticas, particularmente en la versificación latina, que Angelo Maria llevaba, por así decir, en la sangre, siendo su propio padre, Serafino, “un cultivador feliz de las Musas latinas”, y que después pulió bajo el cuidado de su docto maestro P. Antonio Fasce.

Y fueron estas primeras experiencias con las Musas, tanto latinas como italianas (como el pequeño volumen de poesías, editado en Nápoles a los dieciséis años, con el título de Omaggio poetico (1792), en honor del duque de Cantalupo, D. Domenico Di Gennaro), las que le abrieron muy joven, antes de terminar sus estudios, el camino a la Accademia dell’Arcadia, donde tenía el nombre de Filidemo License. A la Arcadia Ricci llevó el prestigio de su nombre, que ya era estimado por  sus contemporáneos, y de la Arcadia tomó los estímulos poéticos y las sugestiones descriptivas, que se revelaron pronto no sólo en la bella Elegía latina, dedicada al citado duque Di Gennaro, sino sobre todo en el poema geórgico, también en latín, De Gemmis, compuesto para el matrimonio de Francisco IV de Borbón con Maria Clementina de Austria. Elegancia de forma, facilidad de metro y sabor de doctrina mineralógica, sostenida por una férvida fantasía y por coloridas imágenes en las modulaciones de un bien elegido y elaborado lenguaje clásico-latino, que hacen pensar en ciertas elementos geórgicos virgilianos, convierten este pequeño poema en una pequeña obra de arte de poesía y de ciencia y nos hacen ver los signos de la habilidad constructiva del joven poeta, de apenas veinte años (1796).
Destacan también el poema bíblico didáctico-científico La Cosmología mosaica, publicado seis años después (1802) en Roma, en dos volúmenes, de los cuales el primero, en prosa, recibe el título de Cosmología mosaica, físicamente desarrollada y poéticamente expuesta en seis meditaciones filosófico-poéticas, y el segundo, en verso, titulado Il Filantropo dell’Appennino, de seis cantos en versos libres, compuesto quizás en la tranquilidad meditativa de su Mopolino natal.

El docto Cardenal Stefano Borgia llamó a Ricci a Roma para que continuara sus estudios predilectos. Cuando en el 1799 desde Roma volvió a su villa paterna, para pasar al poco tiempo a Nápoles, cuna, entonces, de la cultura partenopea y ya bajo el dominio francés, la figura fulgurante de Napoleón lo cautivó y le hizo plasmar su fascinación y admiración en algunos himnos, entre los cuales hay una Cántico en rima tercera, en los que el sentimiento celebrativo alcanza grados de inadecuada adulación.

La poesía napoleónica no sólo ayudó a ampliar en Italia y en el extranjero la fama del Ricci, sino que le procuró también favores y honores de parte de sus protectores: del Rey José Bonaparte, que lo nombró jefe de la Secretaría Real (1806) y le confió la cátedra de elocuencia en la universidad de Nápoles; del Rey Gioacchino Murat, que lo llamó a la Corte y lo distinguió con amplios honores.

En este trasfondo ético-político se halla la bella Oda al Emperador de Austria Francisco I (1816), el restaurador del Reino Lombardo-Véneto, oda justamente considerada la más lograda de sus composiciones líricas.

De ahora en adelante su musa cambiará el tono: serán la familia, la amistad, el amor, la naturaleza, el arte, la virtud e la religión las que centrarán su obra; habrá también grandes hechos históricos, que alimentarán su nota épica. Todo esto sucede cuando Angelo Maria, en el mudado estado de cosas y cansado de las absorbentes obligaciones políticas y diplomáticas, pensó en abandonar Nápoles (1818) para retirarse con su querida esposa Isabella Alfani y con sus hijos a la quietud de su Mopolino natal, el cual, no obstante, dejó pronto, para mudarse  definitivamente a Rieti, al magnífico palacio que lleva actualmente su nombre.

En Rieti, de hecho, es donde Ricci toma nuevo espíritu y nuevos sentimientos, y donde su experiencia literaria se consolida y se robustece. Junto con algunas obras populares y en prosa, entre las que destaca el tratado Della vulgare Eloquenza (1819) en dos libros, en los cuales recoge, ordena y profundiza las lecciones impartidas en Nápoles, su poesía adquirirá dimensiones extraordinarias, que van de lo clásico a lo renacentista, de lo arcadio a lo romántico, de lo didáctico a lo descriptivo, de lo elegíaco a lo hímnico, que sorprenden y maravillan. Figuran in primera línea dos poemas épicos de peso: L’Italiade (1819) y el San Benedetto (1824).

Y en esta vía rica y florida, el flujo de su producción de variada naturaleza y de diverso tono refleja las exigencias didácticas y arcadias del tiempo; como sus poemas sobre La Georgica dei Fiori (1825), La Villa di Camandoli (1827), L’Orologio di Flora (1827), Le Conchiglie (1830) Le Perle silicee del Monte Amiata (1833); después Idilios, variados, nuevos y originales, llenos de gracia y de sentimientos pastorales, tiernos y delicados; y los Elogios “el fruto más delicado y más bello de su ingenio”, en los cuales Ricci dirige su alma sincera y afectuosa a la humanidad sufriente, y su dolor por la pérdida de queridísimos amigos, como Canova, Monti y Pindemonte, y todas las lágrimas de su corazón por la muerte de su esposa Isabella, cuyo monumento funerario, obra del célebre escultor Alberto Thorwaldsen, se conserva hoy en la iglesia de San Giovenale de Rieti. Ricci murió el 1 de abril de 1850, a las 6 de la tarde, mientras – cuenta Sacchetti – pasaba ante su palacio, llevada en procesión, la imagen de la Virgen del Popolo, muy venerada por él.

Inmenso es, pues, el repertorio poético de Ricci; infinita la variedad de los temas tratados, que de las altas cimas de la épica lo conducen a la elegía, a la amenidad de los idilios y geórgicas y a las alegres entonaciones ditirámbicas y ocasionales.

Es probable que Ricci conociera el texto de Catulo, cuya primera parte vimos en una anterior entrega. Aquí está la conclusión:

talibus amplifice vestis decorata figuris

pulvinar complexa suo velabat amictu.

quae postquam cupide spectando Thessala pubes

expletast, sanctis coepit decedere divis.

hic, qualis flatu placidum mare matutino

horrificans Zephyrus proclivas incitat undas

Aurora exoriente vagi sub limina Solis,

quae tarde primum clementi flamine pulsae

procedunt leviterque sonant plangore cachinni,

post vento crescente magis magis increbrescunt,

purpureaque procul nantes ab luce refulgent:

sic tum vestibulo linquentes regia tecta

ad se quisque vago passim pede discedebant.

quorum post abitum princeps a vertice Peli

advenit Chiron portans silvestria dona:


nam quoscumque ferunt campi, quos Thessala magnis

montibus ora creat, quos propter fluminis undas

aura aperit flores tepidi fecunda Favoni,

hos indistinctis plexos tulit ipse corollis,

quo permulsa domus iucundo risit odore.

confestim Peneos adest, viridantia Tempe,

Tempe, quae silvae cingunt super impendentes,

Haemonisin linquens crebris celebranda choreis,

non vacuus: namque ille tulit radicitus altas

fagos ac recto proceras stipite laurus,

non sine nutanti platano lentaque sorore

flammati Phaethontis et aeria cupressu.

haec circum sedes late contexta locavit,

vestibulum ut molli velatum fronde vireret.

post hunc consequitur sollerti corde Prometheus,

extenuata gerens veteris vestigia poenae,

quam quondam silici restrictus membra catena

persolvit pendens e verticibus praeruptis.

inde pater divum sancta cum coniuge natisque

advenit, caelo te solum, Phoebe, relinquens

unigenamque simul cultricem montibus Idri:

Pelea nam tecum pariter soror aspernatast,

nec Thetidis taedas voluit celebrare iugales.

qui postquam niveis flexerunt sedibus artus,

large multiplici constructae sunt dape mensae,

cum interea infirmo quatientes corpora motu

veridicos Parcae coeperunt edere cantus.

his corpus tremulum complectens undique vestis

candida purpurea talos incinxerat ora,

at roseae niveo residebant vertice vittae,

aeternumque manus carpebant rite laborem.

laeva colum molli lana retinebat amictum,

dextera tum leviter deducens fila supinis

formabat digitis, tum prono in pollice torquens

libratum tereti versabat turbine fusum,

atque ita decerpens aequabat semper opus dens,

laneaque aridulis haerebant morsa labellis,

quae prius in levi fuerant exstantia filo:

ante pedes autem candentis mollia lanae

vellera virgati custodibant calathisci.

hae tum clarisona vellentes vellera voce

talia divino fuderunt carmine fata,

carmine, perfidiae quod post nulla arguet aetas.


o decus eximium magnis virtutibus augens,

Emathiae tutamen, Opis carissime nato,

accipe, quod laeta tibi pandunt luce sorores,

veridicum oraclum: sed vos, quae fata sequuntur,

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

adveniet tibi iam portans optata maritis

Hesperus, adveniet fausto cum sidere coniunx,

quae tibi flexanimo mentem perfundat amore,

languidulosque paret tecum coniungere somnos,

levia substernens robusto bracchia collo.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

nulla domus tales umquam contexit amores,

nullus amor tali coniunxit foedere amantes,

qualis adest Thetidi, qualis concordia Peleo.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

nascetur vobis expers terroris Achilles,

hostibus haud tergo, sed forti pectore notus,

qui persaepe vago victor certamine cursus

flammea praevertet celeris vestigia cervae.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

non illi quisquam bello se conferet heros,

cum Phrygii Teucro manabunt sanguine campi,

Troicaque obsidens longinquo moenia bello,

periuri Pelopis vastabit tertius heres.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

illius egregias virtutes claraque facta

saepe fatebuntur natorum in funere matres,

cum incultum cano solvent a vertice crinem,

putridaque infirmis variabunt pectora palmis.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

namque velut densas praecerpens messor aristas

sole sub ardenti flaventia demetit arva,

Troiugenum infesto prosternet corpora ferro.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

testis erit magnis virtutibus unda Scamandri,

quae passim rapido diffunditur Hellesponto,

cuius iter densis angustans corporum acervis

alta tepefaciet permixta flumina caede.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.


denique testis erit morti quoque reddita praeda,

cum teres excelso coacervatum aggere bustum

excipiet niveos perculsae virginis artus.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

nam simul ac fessis dederit fors copiam Achivis

urbis Dardaniae Neptunia solvere vincla,

alta Polyxenia madefient caede sepulcra;

quae, velut ancipiti succumbens victima ferro,

proiciet truncum summisso poplite corpus.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

quare agite optatos animi coniungite amores,

accipiat coniunx felici foedere divam,

dedatur cupido iam dudum nupta marito.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

non illam nutrix orienti luce revisens

hesterno collum poterit circumdare filo,

anxia nec mater discordis maesta puellae

secubitu caros mittet sperare nepotes.

currite ducentes subtegmina, currite, fusi.

talia praefantes quondam felicia Peleo

carmina divino cecinerunt pectore Parcae.


Sigue la traducción de Ana Pérez Vega:

Con tales figuras ampulosamente la veste decorada, 265

el lecho abrazando, con su ropaje lo velaba.

Lo cual, después de que ávidamente contemplándolo, la tésala juventud

saciado se hubo, a los santos divinos empezó a ceder el lugar.

Entonces, cual con su aflato matutino el céfiro estremece

el plácido mar y suscita proclives olas, 270

la Aurora al surgir por los umbrales del errante Sol,

las cuales, tardamente primero, por su clemente soplo empujadas

avanzan y levemente suenan con el plañir de la carcajada,

tras ello, el viento al crecer, más, más se incrementan,

y, con la purpúrea luz, de lejos nadando, refulgen: 275

así entonces del vestíbulo abandonando los regios techos

a su casa cada uno con errante pie por doquier se retiraban.

De ellos tras la partida, adalid, desde el vértice del Pelión

adviene Quirón portando silvestres dones,

pues cuantas llevan los llanos, las que la tésala orilla 280

en sus grandes montes cría, las flores que cerca de las ondas

de un río pare el aura, fecunda del tibio Favonio,

éstas, en indistintas coronitas trenzadas, trajo él mismo,

con cuyo agradable olor acariciada la casa rió.


Rápidamente el Penío llega, el verdeante Tempe 285

abandonando, el Tempe, al que espesuras ciñen por encima

pendientes, que las hijas de Hemonia en concurridos coros han de celebrar:

y no de vacío, pues él trajo, de raíz, altas

hayas y de recto tronco eminentes laureles,

no sin un oscilante plátano, la flexible hermana 290

del inflamado Faetón, y un aéreo ciprés.

Ello alrededor de las sedes, anchamente entretejido, colocó,

que el vestíbulo, de muelle fronda velado, verdeara.

Tras éste sigue, de industrioso corazón, Prometeo,

atenuadas llevando las huellas de su vieja pena, 295

la que un día, a un sílice atados sus miembros con una cadena,

cumplió pendiendo de abruptos vértices.

Después el padre de los dioses con su santa esposa y sus nacidos

advino, en el cielo a ti solo, Febo, dejándote,

y a tu gemela a la vez, la que honra los montes del Idro: 300

pues a Peleo, contigo al par, tu hermana despreció

y de Tetis las teas no quiso celebrar, conyugales.

Los cuales, después de que a los níveos asientos doblegaron sus cuerpos,

largamente, con múltiple festín equipadas fueron las mesas,

cuandon entre tanto, con infirme movimiento agitando sus cuerpos, 305

verídicos cantos las Parcas comenzaron a declarar.


Su cuerpo tembloroso, envolviéndolo por doquier, una veste

cándida, con una purpúrea orilla a los talones, ceñía;

mas róseas cintas descansaban en su nívea cabeza,

y su eterna labor sus manos carpían ritualmente. 310

La izquierda la rueca, de muelle lana revestida, retenía,

la derecha, ora levemente abajando los hilos, con los dedos

supinos los conformaba, ora en el prono pulgar torciéndolo,

el huso equilibrado volteaba con el torneado rocadero,

y de este modo, rasgándolo, igualaba siempre la obra el diente, 315

y los bocados de lana se adherían a los ariditos labiecillos,

los que previamente del flexible hilo habían quedado sobresalientes;

ante sus pies, en cambio, de candente lana, muelles

vellones custodiaban, de varitas hechas, unas cestas.

Ellas, entonces, con clarísona voz empujando los vellones, 320

tales hados vertieron en una divina canción,

en una canción de perfidia que después ninguna edad acusará.

“Oh gloria eximia, que por tus grandes virtudes te acreces,

de Ematia protección, de Ops para el nacido queridísimo,

escucha el que en esta alegre luz a ti te revelan las hermanas, 325

el verídico oráculo: pero vosotros, a quienes los hados siguen,

corred guiando las hebras, corred, husos.

Advendrá a ti, ya portando lo que desean los maridos,

Héspero, advendrá con fausta estrella la esposa,

que a ti de doblegador amor la mente inunde, 330

y, languiditos, se preparará contigo a desposar sus sueños,

sus flexibles brazos sometiendo a tu robusto cuello.

corred guiando las hebras, corred, husos.

Ninguna casa tales nunca cobijó amores,

ningún amor con tal pacto desposó a unos amantes, 335

cual asiste a Tetis, cual concordia a Peleo.

corred guiando las hebras, corred, husos.

Nacerá a vosotros, privado de terror, Aquiles,

para los enemigos no por la espalda, sino por su fuerte pecho conocido,

quien muy a menudo, vencedor en el errante certamen de la carrera, 340

las flámeas huellas precederá de la veloz cierva.

corred guiando las hebras, corred, husos.

No a él ningún héroe en la guerra se comparará

cuando los frigios llanos manen de teucra sangre,

y las troicas murallas tras asediar en prolongada guerra, 345

del perjuro Pélope las devaste el tercer heredero.

corred guiando las hebras, corred, husos.

De él las egregias virtudes y claros hechos

a menudo confesarán, de sus hijos en el funeral, las madres,

cuando su descuidado pelo suelten de su cana cabeza 350

y sus marchitos pechos señalen con sus infirmes palmas.

corred guiando las hebras, corred, husos.

Pues igual que cortando las densas aristas el segador

bajo el sol ardiente los bronceados cultivos cosecha,

de los hijos de Troya los cuerpos abatirá con hierro infesto. 355

corred guiando las hebras, corred, husos.

Testigo será de sus grandes virtudes la onda del Escamandro,

que por doquier en el arrebatador Helesponto se difunde,

cuyo camino, que angostan las masacradas pilas de cuerpos,

sus altas entibiarán, mezcladas corrientes de masacre. 360

corred guiando las hebras, corred, husos.

Después, testigo será para la muerte también el devuelto botín,

cuando su torneada pira, compilada en un excelso montón,

reciba los níveos miembros de una abatida virgen.

corred guiando las hebras, corred, husos. 365

Pues una vez que a los fatigados aquivos diera la suerte ocasión

de soltar los neptunios lazos de la ciudad dardania,

sus altos sepulcros se mojarán de la masacre de Políxena,

la cual, igual que sucumbida víctima por el dicéfalo hierro,

hará caer su trunco cuerpo, sometida su corva. 370

corred guiando las hebras, corred, husos.

Por lo cual, venga, los optados amores de vuestro ánimo desposad.

Reciba el esposo con feliz pacto a la divina,

sea dada, ansioso ya hace tiempo, la novia al marido.

corred guiando las hebras, corred, husos. 375

No a ella su nodriza, al aparecer la luz, volviéndola a ver,

de la víspera el hilo a su cuello podrá circundar, 377

ni ansiosa la madre, afligida porque su discorde niña 379

duerme aparte, caros nietos cesará de esperar. 380

corred guiando las hebras, corred, husos.

Tales prenunciando un día, felices canciones

de Peleo, con divino pecho cantaron las Parcas.


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En este segundo capítulo de la serie, seguimos con el trabajo de Emiliano J. Buis.

En la ciudad de Magnesia que construye a lo largo de su tratado sobre Leyes, Platón propone desde la reflexión político-filosófica un sistema normativo propio, en cuyo diseño aprovecha para revisitar y discutir aspectos de la legislación ateniense existente en su entorno. En el pasaje 873. e. 1 – 874. a. 3, se regulan ya no los meros daños materiales ocasionados por los animales, sino los casos de muerte derivados de sus conductas:

᾿Εν δ᾿ ἄρα ὑποζύγιον ζῷον ἄλλο τι φονεύσῃ τιν, πλὴν τῶν ὅσα ἐν ἀγῶνι τῶν δημοσ τιθεμένων ἀθλεύοντά τι τοιοῦτον δράσῃ, ἐπεξίτωσαν μὲν οἱ προσήκοντες τοῦ φόνου τῷ κτείναντι, διαδικαζόντων δὲ τῶν ἀγρονόμων οἷσιν ἂν καὶ ὁπόσοις προστάξῃ προσήκων, τὸ δὲ ὀφλὸν ἔξω τῶν ὅρων τῆς χώρας ἀποκτείναντας διορίσαι. ἐὰν δὲ ἄψυχόν τι ψυχῆς ἄνθρωπον στερήσῃ, πλὴν ὅσα κεραυνὸς τι παρὰ θεοῦ τοιοῦτον βέλος ἰόν, τῶν δὲ ἄλλων ὅσα τινὸς προσπεσόντος αὐτὸ ἐμπεσὸν κτείνῃ τινά, δικαστὴν μὲν αὐτῷ καθιζέτω τῶν γειτόνων τὸν ἐγγύτατα προσήκων γένει, ἀφοσιούμενος ὑπὲρ αὑτοῦ τε καὶ ὑπὲρ τῆς συγγενείας ὅλης, τὸ δὲ ὀφλὸν ἐξορίζειν, καθάπερ ἐρρήθη τὸ τῶν ζῴων γένος.

Y si acaso un animal de carga u otro animal matara a alguien, con excepción de los casos establecidos en que los que compiten oficialmente en un certamen actúan así, que por un lado los parientes del muerto persigan al asesino, llevando adelante el juicio aquellos inspectores de los campos (agrónomos) que el pariente hubiese fijado; y que el animal, condenado, sea expulsado fuera de las fronteras del territorio. Y si un objeto inanimado privara a un hombre de su vida, no en los casos en que un rayo o cualquier otra arma sea arrojada por un dios, sino en los otros supuestos en que alguien se caiga encima del objeto o la cosa cayendo matara a alguien, que el pariente haga sentar como juez al vecino más próximo, purificándose él y toda la familia; y que la cosa, condenada, sea arrojada fuera de las fronteras, como fue dicho respecto de la categoría de los animales.

Nos parece oportuno aportar la traducción de José Manuel Pabón y Manuel Fernández-Galiano, en la edición de Centro de Estudios Constitucionales:

Si una bestia de labor o algún otro animal mata a alguien, salvo en el caso de que lo haga al tomar parte en un certamen público, persigan por la muerte los parientes al animal que la causó, y juzguen los reguladores del campo, aquellos que el actor designe y en el número en que los designe: maten ellos a la bestia causante y échenla fuera de los confines del país. Si algún objeto inanimado priva del alma a un hombre, ha de dejarse aparte el caso

En que se trate de un rayo o de otro lanzamiento hecho por un dios: de las demás cosas si alguna, por caer una persona sobre ella o por caer ella sobre la persona, mata a alguien, que quien tenga parentesco con el muerto constituya como juez sobre el caso al vecino más próximo, purificándose en su nombre y en el de toda la parentela; y el objeto culpable debe ser sacado de las fronteras, como se estableció con respecto a los animales.

La diferencia fundamental entre las dos traducciones estriba en estos fragmentos:

ἐπεξίτωσαν μὲν οἱ προσήκοντες τοῦ φόνου τῷ κτείναντι

Traducción 1: que por un lado los parientes del muerto persigan al asesino.

Traducción 2: persigan por la muerte los parientes al animal que la causó.

τὸ δὲ ὀφλὸν ἔξω τῶν ὅρων τῆς χώρας ἀποκτείναντας διορίσαι

Traducción 1: que el animal, condenado, sea expulsado fuera de las fronteras del territorio. En esta traducción no se recoge el participio ἀποκτείναντας.

Traducción 2: maten ellos a la bestia causante y échenla fuera de los confines del país.

A pesar de estar ambos previstos en la normativa de Atenas, el caso de los perjuicios económicos originados por la violencia de un perro, planteado por Solón, es evidentemente muy distinto de la hipótesis que aquí examinamos, relacionada con la pérdida de la vida como consecuencia del ataque de un animal. El pasaje de Leyes muestra bien desde un aspecto formal la estructura en griego de los textos legislativos atenienses, determinada por una proposición condicional eventual encabezada por ν y con un sujeto indefinido genérico (τις, τι), en la que se describe la conducta que se pretende regular (si acaso un animal matara a alguien…), y una consecuencia jurídica, con un verbo en un imperativo de tercera persona, en la que se detallan los efectos establecidos expresamente para esos comportamientos: que los parientes del muerto persigan al asesino.

La regulación del supuesto en el que un animal (ζῷον) ocasione la muerte de un individuo (τιν) es clara y abundan los lexemas que introducen la dimensión judicial: se trata de un homicidio (φονεύσῃ, τοῦ φόνου), la bestia es señalada como un asesino mediante el participio sustantivado τ κτείναντι y los parientes de la victima llevan el caso ante los inspectores rurales para que éstos inicien las tramitaciones forenses (διαδικαζόντων) destinadas a establecer la responsabilidad del animal. En el testimonio platónico, el tratamiento judicial de las fieras es puesto en contacto, de modo paralelo, con las muertes ocasionadas por objetos inanimados (ἄψυχα). De hecho, el vocabulario técnico de base previsto en ambos casos es idéntico, y una vez producida la condena correspondiente (τὸ ὀφλόν), la solución punitoria se reitera: se trate de una bestia o de una cosa, al ser culpables deben ser arrojados fuera de los límites del territorio del Ática (ἔξω τῶν ὅρων τῆς χώρας).

A continuación Buis cita el pasaje que ha motivado estos artículos y que provocó aquella moderada hilaridad en clase:

De hecho, las fuentes literarias nos muestran que el diálogo platónico no se encuentra demasiado apartado de la realidad ateniense. En la Athenaion Politeia, atribuida a la escuela aristotélica, se describe con precisión el ordenamiento institucional de la ciudad. En ese contexto, advertimos las funciones jurisdiccionales de las diversas magistraturas y leemos, en el pasaje 57. 4. 8-10, que

Δικζει δ᾿ βασιλεὺς κα ο φυλοβασιλεῖς, κα τς τῶν ἀψύχων κα τῶν ἄλλων ζῴων.

El basileus, junto con los phylobasileis, juzga las cosas inanimadas y los otros animales.

Una vez más, los ζῷα son puestos en relación con los ἄψυχα esta vez mediante un vínculo fundado en una lógica diferente de la que subyace en Platón: lo que une aquí ambas categorías de responsabilidades por homicidio ya no es, simplemente, la naturaleza de la expulsión como penalidad común sino, precisamente, la autoridad competente establecida para su juzgamiento.

La existencia de una única instancia judicial encargada de llevar adelante los procesos contra animales y objetos no sólo encuentra esta expresión aislada en los documentos del s. IV, sino que queda también revelada en los alegatos de la oratoria forense. Así, en su discurso Contra Aristócrates, Demóstenes introduce un argumento retórico que le permite posicionarse con respecto a la acusación (Dem. 23. 76. 1-10):

Τέταρτον τοίνυν ἄλλο πρὸς τούτοις τοὐπὶ Πρυτανείῳ. τοῦτο δ᾿ ἐστὶ τί; ν λίθος ξύλον σίδηρος τι τοιοῦτον ἐμπεσὸν πατξῃ, κα τὸν μὲν βαλόντ᾿ ἀγνοῇ τις, αὐτὸ δ᾿ εἰδῇ κα ἔχῃ τ τὸν φόνον εἰργασμένον, τούτοις ἐνταῦθα λαγχνεται. ε τοίνυν τῶν ἀψύχων κα μ μετεχόντων το φρονεῖν οὐδέν ἐσθ᾿ ὅσιον, τοιαύτην ἔχον αἰτίαν, ἐᾶν ἄκριτον, που τόν γ᾿ ἀδικοῦντα μὲν οὐδέν, ν τύχῃ, θήσω δ᾿ἀδικοῦντα, ἀλλ᾿ ἄνθρωπόν γ᾿ ὄντα κα μετειληφότα [τ τύχῃ] τς αὐτῆς ἡμῖν φύσεως, ἀνόσιον κα δεινὸν ἄνευ λόγου κα ψήφου ποιεῖν ἔκδοτον ἐπ᾿ αἰτί τοιαύτῃ.

Y ciertamente hay un cuarto (tribunal) junto a éstos, el que está en el Pritaneo. ¿Y cuál es éste? En caso de que una piedra, una madera, un hierro o alguna cosa golpeara a alguien al caer, y uno ignorara quién la arrojó pero conozca esto y tenga eso que ocasionó la muerte, se recurre aquí a este (tribunal). Y en verdad si no es conforme a la religión dejar sin juzgamiento a un objeto inanimado y desprovisto de inteligencia, que soporta esta imputación, en mayor medida es contrario a la religión y bestial el hacer lo mismo, sin alegatos y sin voto, respecto de un hombre que no cometió un delito –y si llegara a serlo, lo tomaré como a quien cometió un delito- y que es entregado por la misma imputación, un hombre que incluso participa de nuestra misma naturaleza.

La presentación de un examen comparativo entre la situación que le interesa a Demóstenes y la existencia de litigios destinados a acusar objetos desprovistos de alma y de capacidad de pensamiento constituye una estrategia argumentativa interesante. En efecto, si juzgar un ente que carece de vida permite actuar de conformidad con los preceptos de la religión, el razonamiento del logógrafo permite desprender, con válidas conclusiones, que resultaría inadmisible negar una instancia judicial a un ser humano acusado de haber actuado ilícitamente. El falso silogismo es, sin embargo, retóricamente impecable: si un objeto puede gozar de las garantías de un juicio justo, con mayor razón debe poder hacerlo un hombre que comparte la naturaleza (φύσις) de quienes idearon el sistema jurídico.

De modo indirecto, nos interesa rescatar que el pasaje da cuenta explicita, pues, de la actuación de la corte del Pritaneo en los asuntos que involucran cosas (tales como rocas, leños o barras de metal) acusadas de provocar heridas (πατξῃ) que llevan a la muerte (τὸν φόνον).

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El protagonista del quinto movimiento es Narciso. El mito está narrado en Metamorfosis III, del 339 al 510; de nuevo, un extenso relato. En él es destacable la presencia de la ninfa Eco. El mito explica el fenómeno del eco y la flor del narciso.

También es un mito válido para explicar el origen del término “narcisismo”.

NARCISO

Ille per Aonias fama celeberrimus urbes

inreprehensa dabat populo responsa petenti;

prima fide vocisque ratae temptamina sumpsit

caerula Liriope, quam quondam flumine curvo

inplicuit clausaeque suis Cephisos in undis

vim tulit: enixa est utero pulcherrima pleno

infantem nymphe, iam tunc qui posset amari,

Narcissumque vocat. de quo consultus, an esset

tempora maturae visurus longa senectae,

fatidicus vates ‘si se non noverit’ inquit.

vana diu visa est vox auguris: exitus illam

resque probat letique genus novitasque furoris.

namque ter ad quinos unum Cephisius annum

addiderat poteratque puer iuvenisque videri:

multi illum iuvenes, multae cupiere puellae;

sed fuit in tenera tam dura superbia forma,

nulli illum iuvenes, nullae tetigere puellae.

adspicit hunc trepidos agitantem in retia cervos

vocalis nymphe, quae nec reticere loquenti

nec prior ipsa loqui didicit, resonabilis Echo.

Corpus adhuc Echo, non vox erat et tamen usum

garrula non alium, quam nunc habet, oris habebat,

reddere de multis ut verba novissima posset.

fecerat hoc Iuno, quia, cum deprendere posset

sub Iove saepe suo nymphas in monte iacentis,

illa deam longo prudens sermone tenebat,

dum fugerent nymphae. postquam hoc Saturnia sensit,

‘huius’ ait ‘linguae, qua sum delusa, potestas

parva tibi dabitur vocisque brevissimus usus,’

reque minas firmat. tantum haec in fine loquendi

ingeminat voces auditaque verba reportat.


ergo ubi Narcissum per devia rura vagantem

vidit et incaluit, sequitur vestigia furtim,

quoque magis sequitur, flamma propiore calescit,

non aliter quam cum summis circumlita taedis

admotas rapiunt vivacia sulphura flammas.

o quotiens voluit blandis accedere dictis

et mollis adhibere preces! natura repugnat

nec sinit, incipiat, sed, quod sinit, illa parata est

exspectare sonos, ad quos sua verba remittat.

forte puer comitum seductus ab agmine fido

dixerat: ‘ecquis adest?’ et ‘adest’ responderat Echo.

hic stupet, utque aciem partes dimittit in omnis,

voce ‘veni!’ magna clamat: vocat illa vocantem.

respicit et rursus nullo veniente ‘quid’ inquit

‘me fugis?’ et totidem, quot dixit, verba recepit.

perstat et alternae deceptus imagine vocis

‘huc coeamus’ ait, nullique libentius umquam

responsura sono ‘coeamus’ rettulit Echo

et verbis favet ipsa suis egressaque silva

ibat, ut iniceret sperato bracchia collo;

ille fugit fugiensque ‘manus conplexibus aufer!

ante’ ait ‘emoriar, quam sit tibi copia nostri’;

rettulit illa nihil nisi ‘sit tibi copia nostri!’

spreta latet silvis pudibundaque frondibus ora

protegit et solis ex illo vivit in antris;

sed tamen haeret amor crescitque dolore repulsae;

extenuant vigiles corpus miserabile curae

adducitque cutem macies et in aera sucus

corporis omnis abit; vox tantum atque ossa supersunt:

vox manet, ossa ferunt lapidis traxisse figuram.

inde latet silvis nulloque in monte videtur,

omnibus auditur: sonus est, qui vivit in illa.

Sic hanc, sic alias undis aut montibus ortas

luserat hic nymphas, sic coetus ante viriles;

inde manus aliquis despectus ad aethera tollens

‘sic amet ipse licet, sic non potiatur amato!’

dixerat: adsensit precibus Rhamnusia iustis.

fons erat inlimis, nitidis argenteus undis,

quem neque pastores neque pastae monte capellae

contigerant aliudve pecus, quem nulla volucris

nec fera turbarat nec lapsus ab arbore ramus;

gramen erat circa, quod proximus umor alebat,

silvaque sole locum passura tepescere nullo.

hic puer et studio venandi lassus et aestu

procubuit faciemque loci fontemque secutus,

dumque sitim sedare cupit, sitis altera crevit,

dumque bibit, visae correptus imagine formae

spem sine corpore amat, corpus putat esse, quod umbra est.

adstupet ipse sibi vultuque inmotus eodem

haeret, ut e Pario formatum marmore signum;


spectat humi positus geminum, sua lumina, sidus

et dignos Baccho, dignos et Apolline crines

inpubesque genas et eburnea colla decusque

oris et in niveo mixtum candore ruborem,

cunctaque miratur, quibus est mirabilis ipse:

se cupit inprudens et, qui probat, ipse probatur,

dumque petit, petitur, pariterque accendit et ardet.

inrita fallaci quotiens dedit oscula fonti,

in mediis quotiens visum captantia collum

bracchia mersit aquis nec se deprendit in illis!

quid videat, nescit; sed quod videt, uritur illo,

atque oculos idem, qui decipit, incitat error.

credule, quid frustra simulacra fugacia captas?

quod petis, est nusquam; quod amas, avertere, perdes!

ista repercussae, quam cernis, imaginis umbra est:

nil habet ista sui; tecum venitque manetque;

tecum discedet, si tu discedere possis!

Non illum Cereris, non illum cura quietis

abstrahere inde potest, sed opaca fusus in herba

spectat inexpleto mendacem lumine formam

perque oculos perit ipse suos; paulumque levatus

ad circumstantes tendens sua bracchia silvas

‘ecquis, io silvae, crudelius’ inquit ‘amavit?

scitis enim et multis latebra opportuna fuistis.

ecquem, cum vestrae tot agantur saecula vitae,

qui sic tabuerit, longo meministis in aevo?

et placet et video; sed quod videoque placetque,

non tamen invenio’tantus tenet error amantem

‘quoque magis doleam, nec nos mare separat ingens

nec via nec montes nec clausis moenia portis;

exigua prohibemur aqua! cupit ipse teneri:

nam quotiens liquidis porreximus oscula lymphis,

hic totiens ad me resupino nititur ore.

posse putes tangi: minimum est, quod amantibus obstat.

quisquis es, huc exi! quid me, puer unice, fallis

quove petitus abis? certe nec forma nec aetas

est mea, quam fugias, et amarunt me quoque nymphae!


spem mihi nescio quam vultu promittis amico,

cumque ego porrexi tibi bracchia, porrigis ultro,

cum risi, adrides; lacrimas quoque saepe notavi

me lacrimante tuas; nutu quoque signa remittis

et, quantum motu formosi suspicor oris,

verba refers aures non pervenientia nostras!

iste ego sum: sensi, nec me mea fallit imago;

uror amore mei: flammas moveoque feroque.

quid faciam? roger anne rogem? quid deinde rogabo?

quod cupio mecum est: inopem me copia fecit.

o utinam a nostro secedere corpore possem!

votum in amante novum, vellem, quod amamus, abesset.

iamque dolor vires adimit, nec tempora vitae

longa meae superant, primoque exstinguor in aevo.

nec mihi mors gravis est posituro morte dolores,

hic, qui diligitur, vellem diuturnior esset;

nunc duo concordes anima moriemur in una.’

Dixit et ad faciem rediit male sanus eandem

et lacrimis turbavit aquas, obscuraque moto

reddita forma lacu est; quam cum vidisset abire,

‘quo refugis? remane nec me, crudelis, amantem

desere!’ clamavit; ‘liceat, quod tangere non est,

adspicere et misero praebere alimenta furori!’

dumque dolet, summa vestem deduxit ab ora

nudaque marmoreis percussit pectora palmis.

pectora traxerunt roseum percussa ruborem,

non aliter quam poma solent, quae candida parte,

parte rubent, aut ut variis solet uva racemis

ducere purpureum nondum matura colorem.

quae simul adspexit liquefacta rursus in unda,

non tulit ulterius, sed ut intabescere flavae

igne levi cerae matutinaeque pruinae

sole tepente solent, sic attenuatus amore

liquitur et tecto paulatim carpitur igni;

et neque iam color est mixto candore rubori,

nec vigor et vires et quae modo visa placebant,

nec corpus remanet, quondam quod amaverat Echo.

quae tamen ut vidit, quamvis irata memorque,

indoluit, quotiensque puer miserabilis ‘eheu’

dixerat, haec resonis iterabat vocibus ‘eheu’;

cumque suos manibus percusserat ille lacertos,

haec quoque reddebat sonitum plangoris eundem.

ultima vox solitam fuit haec spectantis in undam:

‘heu frustra dilecte puer!’ totidemque remisit

verba locus, dictoque vale ‘vale’ inquit et Echo.

ille caput viridi fessum submisit in herba,

lumina mors clausit domini mirantia formam:

tum quoque se, postquam est inferna sede receptus,

in Stygia spectabat aqua. planxere sorores

naides et sectos fratri posuere capillos,

planxerunt dryades; plangentibus adsonat Echo.

iamque rogum quassasque faces feretrumque parabant:

nusquam corpus erat; croceum pro corpore florem

inveniunt foliis medium cingentibus albis.

Narciso y Eco

Él, por las aonias ciudades, por su fama celebradísimo,

340irreprochables daba al pueblo que las pedía sus respuestas.

La primera, de su voz, por su cumplimiento ratificada, hizo la comprobación

la azul Liríope, a la que un día en su corriente curva

estrechó, y encerrada el Cefiso en sus ondas

fuerza le hizo. Expulsó de su útero pleno bellísima

345un pequeño la ninfa, ya entonces que podría ser amado,

y Narciso lo llama, del cual consultado si habría

los tiempos largos de ver de una madura senectud,

el fatídico vate: “Si a sí no se conociera”, dijo.

Vana largo tiempo parecióle la voz del augur: el resultado a ella,

350y la realidad, la hace buena, y de su muerte el género, y la novedad de su furor.

Pues a su tercer quinquenio un año el Cefisio

había añadido y pudiera un muchacho como un joven parecer.

Muchos jóvenes a él, muchas muchachas lo desearon.

Pero –hubo en su tierna hermosura tan dura soberbia–

355ninguno a él, de los jóvenes, ninguna lo conmovió, de las muchachas.

Lo contempla a él, cuando temblorosos azuzaba a las redes a unos ciervos,

la vocal nifa, la que ni a callar ante quien habla,

ni primero ella a hablar había aprendido, la resonante Eco.

Un cuerpo todavía Eco, no voz era, y aun así, un uso,

360gárrula, no distinto de su boca que ahora tiene tenía:

que devolver, de las muchas, las palabras postreras pudiese.

Había hecho esto Juno, porque, cuando sorpender pudiese

bajo el Júpiter suyo muchas veces a ninfas en el monte yaciendo,

ella a la diosa, prudente, con un largo discurso retenía

365mientras huyeran las ninfas. Después de que esto la Saturnia sintió:

“De esa”, dice, “lengua, por la que he sido burlada, una potestad

pequeña a ti se te dará y de la voz brevísimo uso.”

Y con la realidad las amenazas confirma; aun así ella, en el final del hablar,

gemina las voces y las oídas palabras reporta.


370Así pues, cuando a Narciso, que por desviados campos vagaba,

vio y se encendió, sigue sus huellas furtivamente,

y mientras más le sigue, con una llama más cercana se enciende,

no de otro modo que cuando, untados en lo alto de las teas,

a ellos acercadas, arrebatan los vivaces azufres las llamas.

375Oh cuántas veces quiso con blandas palabras acercársele

y dirigirle tiernas súplicas. Su naturaleza en contra pugna,

y no permite que empiece; pero, lo que permite, ella dispuesta está

a esperar sonidos a los que sus palabras remita.

Por azar el muchacho, del grupo fiel de sus compañeros apartado

380había dicho: “¿Alguien hay?”, y “hay”, había respondido Eco.

Él quédase suspendido y cuando su penetrante vista a todas partes dirige,

con voz grande: “Ven”, clama; llama ella a aquel que llama.

Vuelve la vista y, de nuevo, nadie al venir: “¿Por qué”, dice,

“me huyes?”, y tantas, cuantas dijo, palabras recibe.

385Persiste y, engañado de la alterna voz por la imagen:

“Aquí unámonos”, dice, y ella, que con más gusto nunca

respondería a ningún sonido: “Unámonos”, respondió Eco,

y las palabras secunda ella suyas, y saliendo del bosque

caminaba para echar sus brazos al esperado cuello.

Él huye, y al huir: “¡Tus manos de mis abrazos quita!

Antes”, dice, “pereceré, de que tú dispongas de nos.”

Repite ella nada sino: “tú dispongas de nos.”

Despreciada se esconde en las espesuras, y pudibunda con frondas su cara

protege, y solas desde aquello vive en las cavernas.

395Pero, aun así, prendido tiene el amor, y crece por el dolor del rechazo,

y atenúan, vigilantes, su cuerpo desgraciado las ansias,

y contrae su piel la delgadez y al aire el jugo

todo de su cuerpo se marcha; voz tan solo y huesos restan:

la voz queda, los huesos cuentan que de la piedra cogieron la figura.

400Desde entonces se esconde en las espesuras y por nadie en el monte es vista,

por todos oída es: el sonido es el que vive en ella.

Así a ésta, así a las otras, ninfas en las ondas o en los montes

originadas, había burlado él, así las uniones antes masculinas.

De ahí las manos uno, desdeñado, al éter levantando:

405“Que así aunque ame él, así no posea lo que ha amado.”

Había dicho. Asintió a esas súplicas la Ramnusia, justas.

Un manantial había impoluto, de nítidas ondas argénteo,

que ni los pastores ni sus cabritas pastadas en el monte

habían tocado, u otro ganado, que ningún ave

410ni fiera había turbado ni caída de su árbol una rama;

grama había alrededor, a la que el próximo humor alimentaba,

y una espesura que no había de tolerar que este lugar se templara por sol alguno.


Aquí el muchacho, del esfuerzo de cazar cansado y del calor,

se postró, por la belleza del lugar y por el manantial llevado,

415y mientras su sed sedar desea, sed otra le creció,

y mientras bebe, al verla, arrebatado por la imagen de su hermosura,

una esperanza sin cuerpo ama: cuerpo cree ser lo que onda es.

Quédase suspendido él de sí mismo y, inmóvil con el rostro mismo,

queda prendido, como de pario mármol formada una estatua.

420Contempla, en el suelo echado, una geminada –sus luces– estrella,

y dignos de Baco, dignos también de Apolo unos cabellos,

y unas impúberas mejillas, y el marfileño cuello, y el decor

de la boca y en el níveo candor mezclado un rubor,

y todas las cosas admira por las que es admirable él.

425A sí se desea, imprudente, y el que aprueba, él mismo apruébase,

y mientras busca búscase, y al par enciende y arde.

Cuántas veces, inútiles, dio besos al falaz manantial.

En mitad de ellas visto, cuántas veces sus brazos que coger intentaban

su cuello sumergió en las aguas, y no se atrapó en ellas.

430Qué vea no sabe, pero lo que ve, se abrasa en ello,

y a sus ojos el mismo error que los engaña los incita.

Crédulo, ¿por qué en vano unas apariencias fugaces coger intentas?

Lo que buscas está en ninguna parte, lo que amas, vuélvete: lo pierdes.

Ésa que ves, de una reverberada imagen la sombra es:

435nada tiene ella de sí. Contigo llega y se queda,

contigo se retirará, si tú retirarte puedas.

No a él de Ceres, no a él cuidado de descanso

abstraerlo de ahí puede, sino que en la opaca hierba derramado

contempla con no colmada luz la mendaz forma

440y por los ojos muere él suyos, y un poco alzándose,

a las circunstantes espesuras tendiendo sus brazos:

“¿Es que alguien, io espesuras, más cruelmente”, dijo, “ha amado?

Pues lo sabéis, y para muchos guaridas oportunas fuisteis.

¿Es que a alguien, cuando de la vida vuestra tantos siglos pasan,

445que así se consumiera, recordáis, en el largo tiempo?

Me place, y lo veo, pero lo que veo y me place,

no, aun así, hallo: tan gran error tiene al amante.

Y por que más yo duela, no a nosotros un mar separa ingente,

ni una ruta, ni montañas, ni murallas de cerradas puertas.

450Exigua nos prohíbe un agua. Desea él tenido ser,

pues cuantas veces, fluentes, hemos acercado besos a las linfas,

él tantas veces hacia mí, vuelta hacia arriba, se afana con su boca.

Que puede tocarse creerías: mínimo es lo que a los amantes obsta.

Quien quiera que eres, aquí sal, ¿por qué, muchacho único, me engañas,

455o a dónde, buscado, marchas? Ciertamente ni una figura ni una edad

es la mía de la que huyas, y me amaron a mí también ninfas.

Una esperanza no sé cuál con rostro prometes amigo,

y cuando yo he acercado a ti los brazos, los acercas de grado,

cuando he reído sonríes; lágrimas también a menudo he notado

460yo al llorar tuyas; asintiendo también señas remites

y, cuanto por el movimiento de tu hermosa boca sospecho,

palabras contestas que a los oídos no llegan nuestros…

Éste yo soy. Lo he sentido, y no me engaña a mí imagen mía:

me abraso en amor de mí, llamas muevo y llamas llevo.

465¿Qué he de hacer? ¿Sea yo rogado o ruegue? ¿Qué desde ahora rogaré?

Lo que deseo conmigo está: pobre a mí mi provisión me hace.

Oh, ojalá de nuestro cuerpo separarme yo pudiera,

voto en un amante nuevo: quisiera que lo que amamos estuviera ausente…

Y ya el dolor de fuerzas me priva y no tiempos a la vida

470mía largos restan, y en lo primero me extingo de mi tiempo,

y no para mí la muerte grave es, que he de dejar con la muerte los dolores.

Éste, el que es querido, quisiera más duradero fuese.

Ahora dos, concordes, en un aliento moriremos solo.”

Dijo, y al rostro mismo regresó, mal sano,

475y con lágrimas turbó las aguas, y oscura, movido

el lago, le devolvió su figura, la cual como viese marcharse:

“¿A dónde rehúyes? Quédate y no a mí, cruel, tu amante,

me abandona”, clamó. “Pueda yo, lo que tocar no es,

contemplar, y a mi desgraciado furor dar alimento.”

480Y mientras se duele, la ropa se sacó arriba desde la orilla

y con marmóreas palmas se sacudió su desnudo pecho.


Su pecho sacó, sacudido, de rosa un rubor,

no de otro modo que las frutas suelen, que, cándidas en parte,

en parte rojean, o como suele la uva en los varios racimos

485llevar purpúreo, todavía no madura, un color.

Lo cual una vez contempló, transparente de nuevo, en la onda,

no lo soportó más allá, sino como consumirse, flavas,

con un fuego leve las ceras, y las matutinas escarchas,

el sol al templarlas, suelen, así, atenuado por el amor,

490se diluye y poco a poco cárpese por su tapado fuego,

y ni ya su color es el de, mezclado al rubor, candor,

ni su vigor y sus fuerzas, y lo que ahora poco visto complacía,

ni tampoco su cuerpo queda, un día el que amara Eco.

La cual, aun así, cuando lo vio, aunque airada y memoriosa,

495hondo se dolió, y cuantas veces el muchacho desgraciado: “Ahay”,

había dicho, ella con resonantes voces iteraba, “ahay.”

Y cuando con las manos se había sacudido él los brazos suyos,

ella también devolvía ese sonido, de golpe de duelo, mismo.

La última voz fue ésta del que se contemplaba en la acostumbrada onda:

500“Ay, en vano querido muchacho”, y tantas otras palabras

remitió el lugar, y díchose adiós, “adiós” dice también Eco.

Él su cabeza cansada en la verde hierba abajó,

sus luces la muerte cerró, que admiraban de su dueño la figura.

Entonces también, a sí, después que fue en la infierna sede recibido,

505en la estigia agua se contemplaba. En duelo se golpearon sus hermanas

las Náyades, y a su hermano depositaron sus cortados cabellos,

en duelo se golpearon las Dríades: sus golpes asuena Eco.

Y ya la pira y las agitadas antorchas y el féretro preparaban:

en ninguna parte el cuerpo estaba; zafranada, en vez de cuerpo, una flor

510encuentran, a la que hojas en su mitad ceñían blancas.

V. NARCISSUS

El mito de la transformación de Narciso es fácil de ver, en la música, pero muy difícil de plasmar en la ejecución. La historia es como sigue; Narciso, cansado después de la caza en un día caluroso, se acostó al lado de un estanque claro con aguas plateadas. Mientras él apagaba su sed, de repente quedó encantado por el reflejo que vio en el agua. Él se enamoró de una esperanza insustancial, confundiendo una mera sombra con un cuerpo verdadero. Sin ser consciente se deseó a sí mismo, y él mismo era el objeto de su propia aprobación, encendiendo la llama con la cual se quemó. Él intentó y trató de besar la imagen en el agua.

Sumergió sus brazos profundamente en el agua, tratando de abrazar el cuello que veía. ¡” ¡Ay!! Soy el muchacho que yo veo. ¿Qué debería yo hacer? ¿Cortejar o ser cortejado?? Lo que deseo lo tengo. Mi abundancia me hace pobre. Como desearía poder separarme de mi cuerpo…. Ahora la pena debilita mi fuerza… No tengo ninguna pelea con la muerte, ya que en la muerte olvidaré mi dolor: pero deseo que el objeto de mi amor pudiera sobrevivirme; pero siendo así, los dos moriremos unidos en un solo aliento”. En su lamento él arrancó su túnica y se golpeó el pecho desnudo, que tomó un matiz sonrosado y cuando lo vio en el agua, ya no pudo soportarlo más. Él se consumió con el amor. Más tarde en vez de un cadáver había sólo una flor con un círculo de pétalos blancos alrededor de un centro amarillo.

El acercamiento polifónico al movimiento es la clave para la correcta ejecución de la pieza. Las dos voces diferentes, la de Narciso, y la de su reflejo, son fáciles de ver. Las dos voces son, a menudo, reflejos una de otra.  Cuando los reflejos se hacen más y más rápidos, el resultado es un trino largo, la imagen y su reflejo se han convertido musicalmente en uno solo. Más tarde las dos voces ejecutan unidas una melodía.

Esta melodía de dos voces finaliza de nuevo en un trino, fuera del cual solo una voz permanece.

Aquí está la partitura:

BRITTEN SIX METAMORPHOSES_NARCISO

Y el video:

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Seguimos con nuestra selección de fragmentos de Sobre lo Sublime y ofrecemos a continuación el dedicado por el Anónimo a la acumulación, con una bella referencia a un conocido poema de Safo, y a la comparación de Demóstenes y Cicerón.

Capítulo X, parágrafos 1, 2 y 3 (La acumulación).

Φέρε νῦν, εἴ τι καὶ ἕτερον ἔχοιμεν ὑψηλοὺς ποιεῖν τοὺς λόγους δυνάμενον, ἐπισκεψώμεθα. οὐκοῦν ἐπειδὴ πᾶσι τοῖς πράγμασι φύσει συνεδρεύει τινὰ μόρια ταῖς ὕλαις συνυπάρχοντα, ἐξ ἀνἀγκης γένοιτ᾿ ἂν ἡμῖν ὕψους αἴτιον τὸ τῶν ἐμφερομένων ἐκλέγειν ἀεὶ τὰ καιριώτατα καὶ ταῦτα τῇ πρὸς ἄλληλα ἐπισυνθέσει καθάπερ ἕν τι σῶμα ποιεῖν δύνασθαι· ὃ μὲν γὰρ τῇ ἐκλογῇ τὸν ἀκροατὴν τῶν λημμάτων, ὃ δὲ τῇ πυκνώσει τῶν ἐκλελεγμένων προςάγεται. οἷον ἡ Σαπφὼ τὰ συμβαίνοντα ταῖς ἐρωτικαῖς μανίαις παθήματα ἐκ τῶν παρεπομένων καὶ ἐκ τῆς ἀληθείας αὐτῆς ἑκάστοτε λαμβάνει. ποῦ δὲ τὴν ἀρετὴν ἀποδείκνυται; ὅτι τὰ ἄκρα αὐτῶν καὶ ὑπερτεταμένα δεινὴ καὶ ἐκλέξαι καὶ εἰς ἄλληλα συνδῆσαι·

φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν

ἔμμεν᾿ ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι

ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-

σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν, τό μ᾿ ἦ μὰν

καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν.

ὠς γὰρ ἔς σ᾿ἴδω βρόχε’, ὤς με φώναισ᾿

οὐδὲν ἔτ’ εἴκει·

ἀλλὰ κὰμ μὲν γλῶσσα ἔαγε· λέπτον δ᾿

αὔτικα χρῷ πῦρ ὐπαδεδρόμακεν·

ὀππάτεσσι δ᾿ οὐδὲν ὄρημμ᾿, ἐπιρρόμ-

βεισι δ’ ἄκουαι·

εκαδε μ᾿ ἴδρως ψυχρὸσ κακχέεται, τρόμος δὲ

παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας

ἔμμι· τεθνάκην δ᾿ ὀλίγω ᾿πιδεύης

φαίνομαι …

ἀλλὰ πὰν τόλματον,

οὐ θαυμάζεις ὡς ὑπὸ τὸ αὐτὸ τὴν ψυχὴν τὸ σῶμα, τὰς ἀκοὰς τὴν γλῶσσαν, τὰς ὄψεις τὴν χρόαν, πάνθ᾿ ὡς ἀλλότρια διοιχόμενα ἐπιζητεῖ, καὶ καθ᾿ ὑπεναντιώσεις ἅμα ψύχεται καίεται, ἀλογιστεῖ φρονεῖ· ἢ γὰρ φοβεῖται ἢ παρ᾿ ὀλίγον τέθνηκεν ἵνα μὴ ἕν τι περὶ αὐτὴν πάθος φαίνηται, παθῶν δὲ σύνοδος; πάντα μὲν τοιαῦτα γίνεται περὶ τοὺς ἐρῶντας, ἡ λῆψις δ᾿ ὡς ἔφην τῶν ἄκρων καὶ ἡ εἰς ταὐτὸ συναίρεσις ἀπειργάσατο τὴν ἐξοχήν. ὅνπερ οἶμαι καὶ ἐπὶ τῶν χειμώνων τρόπον ὁ ποιητὴς ἐκλαμβάνει τῶν παρακολουθούντων τὰ χαλεπώτατα.

X, 1. Y pasemos ahora a examinar si disponemos aún de otro medio para conceder elevación al estilo. Dado que a todo ser le están siempre asociados ciertos elementos inherentes a su sustancia, se sigue de ahí que podremos hallar un factor de sublimidad en la consistente y apropiada selección de esos elementos y en la posibilidad de combinar estos rasgos constituyentes para formar un todo orgánico. Porque un escritor se atrae el interés de sus lectores por la selección de sus temas, otro por la acumulación de esos rasgos seleccionados. Y así, por ejemplo, Safo (nota al pie: este texto, que nos ha llegado muy mutilado, y que fue traducido por Catulo al latín, ha sido estudiado en especial por Page. Sappho and Alcaeus, Oxford, 1955, cap. II; Bowra, Greek lyrics poetry, Oxford, 1936, 185 y ss. y últimamente por H. Saake, Zur Kunst Sapphos, Munich, 1971, 17 ss.) evoca siempre las emociones de la pasión amorosa tomándolas de los síntomas que la acompañan en la realidad. Y ¿en qué revela su talento poético? Pues en la habilidad con que sabe seleccionar y combinar los síntomas más intensos y sorprendentes:

2. Me parece el igual de los dioses

aquel hombre ante ti sentado

y que escucha de cerca tu voz

melodiosa,

y la dulce sonrisa, que el corazón

en el pecho llena de transporte.

Pues te miro tan solo, y, al punto,

la voz enmudece;

se me traba la lengua, y de mí se apodera

el temblor, y me torno más lívida

que el heno; desfallecida, sin aliento,

muerta parezco.

Mas todo ha de sufrirse, porque…

3. ¿No provoca tu admiración la forma con que Safo solicita, al mismo tiempo, al alma, el cuerpo, el oído, la lengua, la vista, la tez, cual si se tratara de cosas, que no le pertenecen ya y le fueran extrañas; y cómo, sacudida por sensaciones contrarias, experimenta a la vez frío y calor, se siente enajenada y dueña de sí – pues o está llena de temor o a un paso de la muerte – y todo de tal modo que no parece una sola pasión la que se exterioriza, sino un cúmulo de ellas? Todos los enamorados experimentan estos síntomas; pero la elección de los predominantes, como antes decía, y su combinación en un solo cuadro, han conseguido una obra maestra. En el mismo estilo, creo yo, con el que el poeta, al describir una tempestad, sabe seleccionar, de entre los detalles concretos, los más aterradores.

Capítulo XII, parágrafos 3, 4 y 5 (Demóstenes y Cicerón).

ὅθεν, οἶμαι, κατὰ λόγον ὁ μὲν ῥήτωρ ἅτε παθητικώτερος πολὺ τὸ διάπυρον ἔχει καὶ θυμικῶς ἐκφλεγόμενον, ὁ δέ, καθεστὼς ἐν ὄγκῳ καὶ μεγαλοπρεπεῖ σεμνότητι, οὐκ ἔψυκται μέν, ἀλλ᾿ οὐχ οὕτως ἐπέστραπται. οὐ κατ᾿ ἄλλα δέ τινα ἢ ταῦτα, ἐμοὶ δοκεῖ, φίλτατε Τερεντιανέ, (λέγω δέ, <εἰ> καὶ ἡμῖν ὡς ῞Ελλησιν ἐφεῖταί τι γινώσκειν) καὶ ὁ Κικέρων τοῦ Δημοσθένους ἐν τοῖς μεγέθεσι παραλλάττει. ὁ μὲν γὰρ ἐν ὕψει τὸ πλέον ἀποτόμῳ, ὁ δὲ Κικέρων ἐν χύσει, καὶ ὁ μὲν ἡμέτερος διὰ τὸ μετὰ βίας ἕκαστα, ἔτι δὲ τάχους ῥώμης δεινότητος, οἷον καίειν τε ἅμα καὶ διαρπάζειν σκηπτῷ τινι παρεικάζοιτ᾿ ἂν ἢ κεραυνῷ, ὁ δὲ Κικέρων ὡς ἀμφιλαφής τις ἐμπρησμός, οἶμαι, πάντη νέμεται καὶ ἀνειλεῖται, πολὺ ἔχων καὶ ἐπίμονον ἀεὶ τὸ καῖον καὶ διακληρονομούμενον ἄλλοτ᾿ ἀλλοίως ἐν αὐτῷ καὶ κατὰ διαδοχὰς ἀνατρεφόμενον. ἀλλὰ ταῦτα μὲν ὑμεῖς ἂν ἄμεινον ἐπικρίνοιτε, καιρὸς δὲ τοῦ Δημοσθενικοῦ μὲν ὕψους καὶ ὑπερτεταμένου ἔν τε ταῖς δεινώσεσι καὶ τοῖς σφοδροῖς πάθεσι καὶ ἔνθα δεῖ τὸν ἀκροατὴν τὸ σύνολον ἐκπλῆξαι, τῆς δὲ χύσεως ὅπου χρὴ καταντλῆσαι· τοπηγορίαις τε γὰρ καὶ ἐπιλόγοις κατὰ τὸ πλέον καὶ παρεκβάσεσι καὶ τοῖς φραστικοῖς ἅπασι καὶ ἐπιδεικτικοῖς, ἱστορίαις τε καὶ φυσιολογίαις, καὶ οὐκ ὀλίγοις ἄλλοις μέρεσιν ἁρμόδιος.

3. De aquí que, lógicamente, a mi entender, el orador (nota al pie: es decir, Demóstenes), por su mayor apasionamiento, posea más ardor y un fuego más vehemente en las pasiones, en tanto que el otro, instalado en una esfera de grandeza y de soberana majestad, se halle ciertamente lejos de ser frío, pero no es, evidentemente, tan intenso.

4. Ahí y no en otra causa reside, a mi juicio, querido Terenciano, lo que distingue, en materia de grandeza, a Cicerón de Demóstenes (nota al pie: sabemos por Plutarco (Demóstenes, 3) que Cecilio trató, con poca fortuna, de la diferencia entre Cicerón y Demóstenes. Acaso el Anónimo aluda a este estudio) – y hago esta afirmación en la medida que, como griegos, nos es dado opinar sobre estos temas. Demóstenes está por lo general apostado en una abrupta sublimidad; Cicerón en una amplitud efusiva. Nuestro orador, por la violencia, rapidez, fuerza y vehemencia con que, por así decir, se inflama y se desborda en cada uno de sus pasajes, puede compararse al rayo o al relámpago; Cicerón, entiendo, como un incendio que se va propagando, lo devora todo a su alrededor, avanza en todas direcciones, con una llama grandiosa y persistente que se va renovando de forma variada y que se alimenta por sucesivas adiciones de material combustible.

5. Por supuesto, los romanos podéis juzgar mejor que nosotros sobre este punto concreto, pero, evidentemente, lo que concede adecuación a la hipertensa sublimidad de Demóstenes es la vehemencia y el juego violento de las pasiones, así como el hecho de que sabe conmover absolutamente al oyente en el momento preciso. En cambio, la difusión es apropiada para agotar un tema: y, en efecto, se adapta muy bien al desarrollo de un lugar común, y, en general, a una peroración o una digresión, y a todos los pasajes de carácter descriptivo, a la elocuencia de aparato, a los temas de historia o de filosofía de la naturaleza, y a otros muchos contextos.

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