Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 4 de octubre de 2010

¡Ya hace 20 años!

Todavía hoy a uno le pueden tachar de «abuelo Cebolleta» si se remite con frecuencia a la nostalgia, al relato del pasado. En la fraseología popular ha sobrevivido el abuelo Cebolleta como el arquetipo de aquel que tiende a ponerse pesado con relatos de sus hazañas pasadas.

Puede que, por lo dicho, algún lector me tilde de “abuelo Cebolleta” por recordar aquí hoy alguna de mis batallitas, no acaecidas en la lejana Sebastopol, sino más cerca.

Lo cierto es que no me gusta demasiado hablar de mis asuntos, pero la efeméride lo requiere, más que para hablar de mí, para evocar recuerdos que muchos hemos podido tener y para volver la vista atrás, con una sonrisa, recordando nuestros titubeantes y épicos inicios en esto de la docencia, la enseñanza o la educación.

Hecha la introducción explicativa y dada la excusa (excusatio non petita…) vamos allá.

Recuerdo perfectamente que era el jueves 4 de octubre de 1990, festividad de San Francisco de Asís.

Llegué a casa y mi madre me dijo que había un aviso de telegrama. Intuía que era algo importante. Me fui a Correos, a ver si había llegado el cartero y recogerlo. No había llegado. Volví a casa. Había llamado José Vicente desde La Vall diciendo que el telegrama, que él también había recibido, decía que a las 17’00 horas (eran las 12’00) teníamos que estar en la Dirección Territorial de Cultura y Educación de Alicante (Calle Carratalá, 47) para la adjudicación de vacantes. Eran las que habían sobrado de las adjudicaciones presenciales en Valencia.

Como se puede comprobar, si no se disponía de coche era imposible llegar a las cinco a Alicante con ninguna combinación terrestre (autobús de Bacoma o tren de Renfe).

Nos habíamos apuntado a las Bolsas de Trabajo de la Conselleria.

José Vicente me dijo que me recogería con su coche en la Avenida Valencia de Castellón a las 13’00. Luego recogimos en Vila-real a Mª José. Creo que no venía nadie más o puede que también Nuria. En esto tengo un vacío.

Por el camino comentamos qué nos esperaría en Alicante y estábamos ilusionados y nerviosos. Yo iba con lo puesto, sin una pequeña maleta donde poner un pijama o alguna otra cosa. ¡Pardillo que era uno!

En Alicante también estaban Inma, Pilar y otros de otras provincias.

Comenzó el acto. Entre las plazas estaban Xixona, Ibi, Castalla, Alcoy, etc.. Había plazas puras de clásicas que la gente prefirió elegir. Yo me quedé con la plaza de Griego (con Geografía, todavía guardo el papelito de la credencial; lo firmaba el Jefe de la Sección de Personal Telesforo Díaz Gaona, de hermoso nombre griego) del I B. Miguel Hernández de la capital.

Preferí un centro en la capital, bien comunicada, aunque tuviera que dar Geografía que no una plaza pura en la montaña alicantina, peor comunicada con Castellón.

Finalizado el acto, hubo desbandada general, cada uno buscándose la vida y haciendo lo posible por llegar al centro que le había correspondido. Salí del salón y pregunté a un conserje de la Delegación cómo podía llegar al instituto. Me lo indicó: Carratalá, Avenida de Aguilera, Glorieta de la Estrella, Avenida de la Estación, Plaza de los Luceros, General Marvá. ¡No se le ocurra subir por las escaleras! Se refería a la escalinata que sube hasta el instituto Jorge Juan y que termina en la calle Fernández Flórez.

Así que di el rodeo por Jaime María Buch y Santa Felicitas hasta salir a Wenceslao Fernández Flórez, donde está el Miguel Hernández, esquina con Poeta Garcilaso.

Por suerte encontré a casi toda la directiva. Recuerdo los nombres del director, Antonio Esclapés Peralta, del departamento de Ciencias Naturales, que luego ha ostentado algún cargo en la administración; del secretario, Adolfo Nicolás Guerra Cuesta, del departamento de Geografía e Historia, que ahora creo que es inspector; y el jefe de estudios, José Luis Vidal Carreras, profesor de griego y poeta ganador, por ejemplo, del II Premio Nacional de Poesía Ciudad de Ceuta con su obra ‘Donde nunca hubo nada’ bajo el lema ‘Papaver Rhoeas’.

Éramos tres los profesores de Griego, el citado José Luis, que era jefe de estudios, una persona muy maja, Mario Sánchez Candela, que impartía clases en horario nocturno, y servidor que tenía 3º de BUP y COU de Griego y dos primeros (el F y el G) no de Geografía de 2º de BUP, sino de Historia de 1º.

Me presenté, me recibieron muy bien, se extrañaron, medio en broma, de que enviaran un profesor de griego desde Castellón y me dijeron que “debutaba” al día siguiente, viernes cinco de octubre de 1990, con una clase de Historia en 1º de BUP F, grupo del cual era cotutor, a las 08’00 horas. Me dieron el horario y les pregunté si sabían de un lugar asequible donde pasar la noche. Me indicaron que en la calle de las Navas había algunos hostales y hoteles.

Y allá que se va servidor, tras despedirse de mis nuevos compañeros, a buscar un lugar donde dormir aquella noche. Bajé las escaleras del Jorge Juan, salí a General Marvá y Luceros y por Alfonso X el Sabio llegué a la calle de las Navas, donde en la esquina con la calle del Teatro está el Hotel Residencia San Remo, en el que me instalé aquella noche. Siempre recordaré que el recepcionista se llamaba Demófilo y tuve el honor de explicarle, más adelante, cuando llevaba allí algunos días, el significado de su nombre. Llamé por teléfono a casa para explicar la peripecia del viaje, la elección, el destino y mi próximo debut.

Cuando lo pienso veo que todo aquello fue muy precipitado. Telegrama, viaje, elección de plaza, presentación en el centro, noche en el hostal, con lo puesto, y debut al día siguiente dando Historia.

Mi horario del viernes me permitía dar la primera clase y hasta las 12’00 no volver a tener otra, por lo que aprovechaba para ir a la estación de autobuses a comprar el billete de ida y vuelta a Castellón, en semanas alternas, ya que pasaba un fin de semana en Alicante y al siguiente subía a Castellón con BACOMA, en la línea Almería-Barcelona, que paraba en Benidorm y Valencia.

Debuté, pues, como profesor dando clase de Historia en 1º de BUP un viernes 5 de octubre de 1990. Luego vino el Griego de 3º. Usábamos el libro de Pragma.

Llegaron las 14’10 y me fui a la estación de autobuses a tomar el de Castellón. Fin de semana en casa. Experiencias contadas a la familia. Preparación de maleta y a las 15’30 (creo) tomé el autobús a Alicante. Estuve en el San Remo la semana siguiente.

Y el lunes 8 de octubre a primera hora, Griego de COU. Texto para traducir en la Selectividad: ¡el Protágoras de Platón, entero! ¡Dios mío, qué cruz! Tenía tres alumnas y una no había cursado Griego en 3º. Bueno, pues creo recordar, que vimos todo el texto.

El día 9, que era festivo, llamé a un teléfono de un anuncio que alquilaba piso en la zona del instituto. La dueña me dijo que estaba ya alquilado, pero me dio el teléfono de José Luis, un chico de San Felipe Neri, pedanía de Catral, que vivía en una granja, y que es el que había alquilado el piso junto con Andreu, de Crevillent. Ambos estudiaban Derecho en el campus de San Vicent del Raspeig. Nos pusimos de acuerdo y me instalé en el piso el lunes siguiente.  Estuve muy a gusto con ellos; nos entendimos bien; José Luis era un gran cocinero (recuerdo su arroz con verduras y sus migas) que traía de su granja algunos productos frescos. Pasé esa semana en el San Remo.

El piso estaba en la calle Presbítero Baltasar Carrasco, justo al lado del instituto. De hecho, desde el balcón hubiera podido tirarme con tirolina y hubiera aterrizado en una de las aulas. La calle donde está el piso, es perpendicular a Poeta Garcilaso, calle en la que muere y en la que está la pared lateral del “Miguel Hernández”.

Y allí pasamos un curso. Como he dicho, iba a Castellón en fines de semana alternos, unas veces en tren, que llegaba a Alicante a las 23’00 y otras en autobús, que llegaba sobre las 19’30. Los que me quedaba dedicaba el sábado al estudio y al paseo vespertino y el domingo por la mañana a pasear por la Explanada y oír a la banda municipal.

Estando en Alicante cursé el Mitjà de valencià, en el propio IES (lo tenía muy cerca de casa) y el 2º de alemán en la EOI que, provisionalmente, se instaló en el IES Bahía de Babel, inaugurado el curso 1988-1989 (bastante apartado del barrio de San Blas, donde vivía). Acabé el curso en la remodelada y flamante EOI de la calle Marqués de Molins, al pie del castillo de San Fernando. También estudié, lo que pude, que fue poco, porque bastante tenía con preparar las clases de Griego e Historia, para las oposiciones del año 1991. ¡Contra todo pronóstico, el mío el primero, las aprobé!

Fue, pues, un año fructífero: valenciano, alemán, dar clases, estudiar oposiciones y… aprobarlas.

¡Recuerdos! Como las entradas de Moros y Cristianos del barrio de San Blas, que veía desde el balcón o la procesión del Domingo de Ramos por la tarde que seguí desde la avenida de los Condes de Soto Ameno; la visita a la catedral de San Nicolás o el Museo de la Asegurada, cuyo director era el profesor de Dibujo del IES, Segundo García, natural de Cuenca, pintor, que había sido director del IES. La memoria tiene esas cosas: recuerdo perfectamente el nombre de su compañera de departamento: Trinidad Rico Galipienso, sonoro nombre, que ambos comentábamos precisamente por su sonoridad, y no otros detalles.

Y por lo que respecta a mis clases, debo decir que mis pobres alumnos pagaron mi nula experiencia en la docencia, especialmente los de Historia. Recuerdo que terminé el libro, que era de Akal (Trabajos Prácticos de Historia) de A, M. Ballarini. Un alumno decía: “Hemos batido el récord, hemos terminado el libro”. Mala señal eso de terminar un libro.

Tenía otro alumno, cuyo nombre completo recuerdo perfectamente, que era una fiera. Sacó 9 y 10 en todos los exámenes de Historia. Germán Torregrosa Penalva. Google me ha permitido saber que ahora es subdirector de Grado en Ingeniería de Tecnologías de Telecomunicación (Escuela Politécnica Superior de Elche) y que, el año 2004, presentó en la Universidad Politécnica de Madrid su tesis doctoral “Caracterización Eléctrica y Térmica de Amplificadores MMIC de Potencia”.

Echando la vista atrás, ¡qué verde estaba en dar clases y en muchos otros aspectos! Pero, ¿quién nos había enseñado? Las prácticas del CAP no creo que sirvieran para mucho, aunque fueron muy buenas. Hice la fase teórica en el IES Cid Campeador con Juan Bautista González Catalá y asistí a clases prácticas en los IES Benlliure con Fernando Estébanez y Luis Vives, con Horacio García. Pero una cosa es eso y otra enfrentarte, recién salido de la facultad, a la docencia de una materia como el griego y de otra, que no era la tuya.

Sobrevivimos, por lo menos, aunque debimos ser un suplicio para muchos alumnos. El método Reading Greek para alguien que había salido de la facultad con el tipo de formación que allí recibimos era difícil y mis alumnos de Alicante unos pobres conejillos de Indias. Traducir ¡completo! el Protágoras, una barbaridad y mis tres alumnas, unas mártires y dar clases de Historia a 1º de BUP (= 3º ESO) fue un reto y Germán y compañía, unos benditos por aguantarme.

Han pasado 20 años. He tenido mucha suerte con mis destinos, pues, quitando el curso comentado aquí profusamente, no he salido de la provincia de Castellón y nunca he estado a más de 25 kilómetros de mi casa. Lo dicho, soy afortunado. He pasado por siete centros, incluido el actual, lo cual es poco en 20 años, y he estado a gusto en todos, aunque ha habido años de hierro y difíciles.

Me he dado cuenta de que, en la enseñanza, un elemento capital es la experiencia y que se aprende a dar clases dándolas. El paso del tiempo y el repaso de los contenidos ayuda a transmitirlos mejor. Espero haber mejorado como docente, aunque me temo que este curso todavía habrá alumnos a los que pueda calificarse de santos y mártires, sobre todo los que me tienen que soportar ¡8 horas semanales!, cuatro en Latín y cuatro en Griego.

Tempus fugit.

Read Full Post »