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Archive for 25 de octubre de 2010

 

Seguimos con la presencia de Andrómeda en las fuentes clásicas, y lo hacemos con la traducción del texto ovidiano que presentamos en el anterior capítulo.

La traducción es de Ana Pérez Vega:

Allí, sin ella merecerlo, expiar los castigos de la lengua

de su madre a Andrómeda, injusto, había ordenado Amón;

a la cual, una vez que a unos duros arrecifes atados sus brazos

la vio el Abantíada –si no porque una leve brisa le había movido

los cabellos, y de tibio llanto manaban sus luces,

de mármol una obra la habría considerado–, contrae sin él saber unos fuegos

y se queda suspendido y, arrebatado por la imagen de la vista hermosura,

casi de agitar se olvidó en el aire sus plumas.

Cuando estuvo de pie: “Oh”, dijo, “mujer no digna, de estas cadenas,

sino de esas con las que entre sí se unen los deseosos amantes,

revélame, que te lo pregunto, el nombre de tu tierra y el tuyo

y por qué ataduras llevas.” Primero calla ella y no se atreve

a dirigirse a un hombre, una virgen, y con sus manos su modesto

rostro habría tapado si no atada hubiera estado;

sus luces, lo que pudo, de lágrimas llenó brotadas.

Al que más veces la instaba, para que delitos suyos confesar

no pareciera que ella no quería, el nombre de su tierra y el suyo,

y cuánta fuera la arrogancia de la materna hermosura

revela, y todavía no recordadas todas las cosas, la onda

resonó, y llegando un monstruo por el inmenso ponto

se eleva sobre él y ancha superficie bajo su pecho ocupa.

Grita la virgen: su genitor lúgubre, y a la vez

su madre está allí, ambos desgraciados, pero más justamente ella,

y no consigo auxilio sino, dignos del momento, sus llantos

y golpes de pecho llevan y en el cuerpo atado están prendidos,

cuando así el huésped dice: “De lágrimas largos tiempos

quedar a vosotros podrían; para ayuda prestarle breve la hora es.

 

Perseo y Andrómeda de Mengs.

 



A ella yo, si la pidiera, Perseo, de Júpiter nacido y de aquélla

a la que encerrada llenó Júpiter con fecundo oro,

de la Górgona de cabellos de serpiente, Perseo, el vencedor, y el que sus alas

batiendo osa ir a través de las etéreas auras,

sería preferido a todos ciertamente como yerno; añadir a tan grandes

dotes también el mérito, favorézcanme sólo los dioses, intento:

que mía sea salvada por mi virtud, con vosotros acuerdo.”

Aceptan su ley –pues quién lo dudaría– y suplican

y prometen encima un reino como dote los padres.

He aquí que igual que una nave con su antepuesto espolón lanzada

surca las aguas, de los jóvenes por los sudorosos brazos movida:

así la fiera, dividiendo las ondas al empuje de su pecho,

tanto distaba de los riscos cuanto una baleárica honda,

girado el plomo, puede atravesar de medio cielo,

cuando súbitamente el joven, con sus pies la tierra repelida,

arduo hacia las nubes salió: cuando de la superficie en lo alto

la sombra del varón avistada fue, en la avistada sombra la fiera se ensaña,

y como de Júpiter el ave, cuando en el vacío campo vio,

ofreciendo a Febo sus lívidas espaldas, un reptil,

se apodera de él vuelto, y para que no retuerza su salvaje boca,

en sus escamosas cervices clava sus ávidas uñas,

así, en rápido vuelo lanzándose en picado por el vacío,

las espaldas de la fiera oprime, y de ella, bramante, en su diestro ijar

el Ináquida su hierro hasta su curvo arpón hundió.

Por su herida grave dañada, ora sublime a las auras

se levanta, ora se somete a las aguas, ora al modo de un feroz jabalí

se revuelve, al que el tropel de los perros alrededor sonando aterra.

Él los ávidos mordiscos con sus veloces alas rehúye

y por donde acceso le da, ahora sus espaldas, de cóncavas conchas por encima sembradas,

ahora de sus lomos las costillas, ahora por donde su tenuísima cola

acaba en pez, con su espada en forma de hoz, hiere.

 

Perseo y Andrómeda de Ferroni.


El monstruo, con bermellón sangre mezclados, oleajes

de su boca vomita; se mojaron, pesadas por la aspersión, sus plumas,

y no en sus embebidos talares más allá Perseo osando

confiar, divisó un risco que con lo alto de su vértice

de las quietas aguas emerge: se cubre con el mar movido.

Apoyado en él y de la peña sosteniendo las crestas primeras con su izquierda,

tres veces, cuatro veces pasó por sus ijares, una y otra vez buscados, su hierro.

Los litorales el aplauso y el clamor llenaron, y las superiores

moradas de los dioses: gozan y a su yerno saludan

y auxilio de su casa y su salvador le confiesan

Casíope y Cefeo, el padre; liberada de sus cadenas

avanza la virgen, precio y causa de su trabajo.


También el mitógrafo Higino, en su Fábula 64, nos habla del episodio:

ANDROM<E>DA.

Cassiope filiae suae Androm<e>dae formam Nereidibus anteposuit. Ob id Neptunus expostulauit ut Androm<e>da Cephei filia ceto obiceretur. Quae cum esset obiecta, Perseus Mercurii talaribus uolans eo dicitur uenisse et eam liberasse a periculo; quam cum adducere uellet, Cepheus pater cum Agenore, cuius sponsa fuit, Perseum clam interficere uoluerunt. Ille cognita re caput Gorgonis eis ostendit omnesque ab humana specie sunt informati in saxum. Perseus cum Androm<e>da in patriam redit. Polydectes [siue Proetus] <ut> uidit Perseum tantam uirtutem habere, pertimuit eumque per dolum interficere uoluit; qua re cognita Perseus caput Gorgonis ei ostendit et is ab humana specie est immutatus in lapidem.

 

Casiopea antepuso a las Nereidas la belleza de su propia hija Andrómeda. Por ello Neptuno exigió que Andrómeda, la hija de Cefeo, fuera expuesta a un monstruo. Tras haber sido ella expuesta, se dice que Perseo, volando con ayuda de las sandalias aladas de Mercurio, llegó allí y la liberó del peligro; cuando quería llevársela, su padre Cefeo junto a Agenor, al cual había sido prometida, quisieron matar a escondidas a Perseo. Éste, informado del hecho, les mostró la cabeza de Gorgona y todos fueron transformados de la figura humana a roca. Perseo regresó a su patria con Andrómeda. Polidectes (o Preto), cuando vio que Perseo poseía tanto valor, tuvo mucho miedo y quiso matarlo por medio de un engaño; conocido el hecho Perseo le mostró la cabeza de Gorgona y éste fue transformado de aspecto humano a piedra.

 

 

 

El astrónomo Higino, en De Astronomia II, 11 dice:

Andromeda. Haec dicitur Mineruae beneficio inter astra conlocata, propter Persei uirtutem, quod eam ceto propositam periculo liberarat. Nec enim ab ea minorem animi beneuolentiam pro beneficio accepit. Nam neque pater Cepheus neque Cassiepia mater ab ea potuerunt impetrare quin parentes ac patriam relinquens Persea sequeretur. Sed de hac Euripides hoc eodem nomine fabulam commodissime scribit.

 

Andrómeda. Se dice que ella fue colocada entre las estrellas por el favor de Minerva, a causa del valor de Perseo, porque la había liberado del peligro al ser expuesta a un monstruo marino. Y no recibió de ella menor benevolencia de ánimo por su favor. Pues ni su padre Cefeo ni su madre Casiopea pudieron conseguir de ella que no siguiera a Perseo, abandonando a sus padres y a su patria. Pero sobre ella escribió con gran maestría Eurípides una tragedia del mismo nombre.

 

 

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