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Archive for 2 de noviembre de 2010

 

Seguimos en este artículo con las fuentes clásicas sobre el dios de los vientos Eolo.

Del poder de Eolo nos habla Virgilio en Eneida I, 72 y siguientes:

 

50 Talia flammato secum dea corde volutans

nimborum in patriam, loca feta furentibus austris,

Aeoliam venit. Hic vasto rex Aeolus antro

luctantes ventos tempestatesque sonoras

imperio premit ac vinclis et carcere frenat.

55 Illi indignantes magno cum murmure montis

circum claustra fremunt; celsa sedet Aeolus arce

sceptra tenens, mollitque animos et temperat iras.

Ni faciat, maria ac terras caelumque profundum

quippe ferant rapidi secum verrantque per auras.

60 Sed pater omnipotens speluncis abdidit atris,

hoc metuens, molemque et montis insuper altos

imposuit, regemque dedit, qui foedere certo

et premere et laxas sciret dare iussus habenas.

Ad quem tum Iuno supplex his vocibus usa est:

65 ‘Aeole, namque tibi divom pater atque hominum rex

et mulcere dedit fluctus et tollere vento,

gens inimica mihi Tyrrhenum navigat aequor,

Ilium in Italiam portans victosque Penates:

incute vim ventis submersasque obrue puppes,

70 aut age diversos et disiice corpora ponto.

Sunt mihi bis septem praestanti corpore nymphae,

quarum quae forma pulcherrima Deiopea,

conubio iungam stabili propriamque dicabo,

omnis ut tecum meritis pro talibus annos

75 exigat, et pulchra faciat te prole parentem.’

Aeolus haec contra: ‘Tuus, O regina, quid optes

explorare labor; mihi iussa capessere fas est.

Tu mihi, quodcumque hoc regni, tu sceptra Iovemque

concilias, tu das epulis accumbere divom,

80 nimborumque facis tempestatumque potentem.’

Haec ubi dicta, cavum conversa cuspide montem

impulit in latus: ac venti, velut agmine facto,

qua data porta, ruunt et terras turbine perflant.

Incubuere mari, totumque a sedibus imis

85 una Eurusque Notusque ruunt creberque procellis

Africus, et vastos volvunt ad litora fluctus.

Insequitur clamorque virum stridorque rudentum.

Eripiunt subito nubes caelumque diemque

Teucrorum ex oculis; ponto nox incubat atra.

90 Intonuere poli, et crebris micat ignibus aether,

praesentemque viris intentant omnia mortem.

 

 

Revolviendo consigo misma la diosa tales pensamientos en su

acalorada fantasía, partióse a la Eolia, patria de las tempestades,

lugares henchidos de furiosos vendavales; allí el rey Eolo en su

espaciosa cueva rige los revoltosos vientos y las sonoras

tempestades, y los subyuga con cárcel y cadenas; ellos, indignados,

braman, con gran murmullo del monte, alrededor de su prisión.

Sentado está Eolo en su excelso alcázar, empuñado el cetro,

amasando sus bríos y templando sus iras,

porque si tal no hiciese, arrebatarían rápidos consigo mares y tierras

y el alto firmamento, y los barrerían por los espacios; de lo cual,

temeroso el Padre omnipotente, los encerró en negras cavernas, y

les puso encima la mole de altos montes, y les dio un rey que,

obediente a sus mandatos, supiese con recta mano tirarles y aflojarles

las riendas. Dirigióse a él entonces suplicante Juno con estas razones:

“¡Oh, Eolo, a quien el padre de los dioses y rey de los hombres

concedió sosegar las olas y revolverlas con los vientos! Una raza

enemiga mía navega por el mar Tirreno, llevando a Italia su Ilión y

sus vencidos penates. Infunde vigor a los vientos y sumerge sus

destrozadas naves, o dispérsala y esparce sus cuerpos por el mar.

Tengo catorce hermosísimas ninfas, de las cuales te daré en estable

himeneo y te destinaré para esposa a la más gallarda de todas,

Deyopea, a fin de que, en recompensa de tales favores,

more perpetuamente contigo y te haga padre de hermosa prole.”

Eolo respondió: “A ti corresponde ¡oh Reina! Ver lo que deseas; a mi

tan sólo obedecer tus mandatos. Por ti me es dado este mi reino, tal

cual es; por ti el cetro y el favor de Jove; tú me otorgas sentarme a la

mesa de los dioses y me haces árbitro de las lluvias y de las tempestades.”

Apenas hubo pronunciado estas palabras, empujó a un lado con la

punta de su cetro un hueco monte, y los vientos, como en escuadrón

cerrado, se precipitan por la puerta que les ofrece, y levantan con

sus remolinos nubes de polvo. Cerraron de tropel con el mar, y lo

revolvieron hasta sus más hondos abismos el Euro,el Noto y el

Ábrego, preñado de tempestades, arrastrando a las costas enormes

oleadas. Siguiese a esto el clamoreo de los hombres y el rechinar de

las jarcias. De pronto las nubes roban el cielo y la luz a la vista de los

Teucros; negra noche cubre el mar. Truenan los polos y

resplandece el éter con frecuentes relámpagos; todo amenaza a los navegantes

con una muerte segura.

 

La traducción es de Ana Pérez Vega.

 

Tras rastrear y glosar la figura de Eolo y su presencia en algunos textos clásicos, volvemos al texto de la cantata BWV 205

Pallas (S), Pomona (A), Zephyrus (T), Aeolus (B)

1. Coro

Tromba I-III, Tamburi, Corno I/II, Flauto traverso I/II, Oboe I/II, Violino I/II, Viola, Continuo

Chor der Winde

Zerreißet, zersprenget, zertrümmert die Gruft,

Die unserm Wüten Grenze gibt! Durchbrechet die Luft,

Dass selber die Sonne zur Finsternis werde, Durchschneidet die Fluten,

durchwühlet die Erde, Dass sich der Himmel selbst betrübt!

 


1 Coro [S, C, T, B]

Coro de los vientos:

¡Romped, destruid, reducid a escombros la tumba

que confina nuestra furia! ¡Irrumpid en el aire

para que el mismo sol se torne oscuro! ¡Desatad las mareas,

bramad por la tierra, para que el propio cielo se disturbe!

2. Recitativo Bajo

Tromba I-III, Tamburi, Corno I/II, Flauto traverso I/II, Oboe I/II, Violino I/II, Viola, Continuo

Aeolus

Ja! ja! Die Stunden sind nunmehro nah,

Dass ich euch treuen Untertanen

Den Weg aus eurer Einsamkeit

Nach bald geschlossner Sommerszeit

Zur Freiheit werde bahnen.

Ich geb euch Macht,

Vom Abend bis zum Morgen,

Vom Mittag bis zur Mitternacht

Mit eurer Wut zu rasen,

Die Blumen, Blätter, Klee

Mit Kälte, Frost und Schnee

Entsetzlich anzublasen.

Ich geb euch Macht,

Die Zedern umzuschmeißen

Und Bergegipfel aufzureißen.

Ich geb euch Macht,

Die ungestümen Meeresfluten

Durch euren Nachdruck zu erhöhn,

Dass das Gestirne wird vermuten,

Ihr Feuer soll durch euch erlöschend untergehn.

 

2 Recitativo [Bajo]

Eolo:

¡Si, sí!

Las horas ya se acercan,

cuando para vosotros, leales vasallos,

el camino desde vuestra soledad

-tras el próximo final del verano-,

abriré y os liberaré.

Os doy poder

de la tarde a la mañana,

del mediodía a la medianoche,

para bramar con vuestra furia

y así flores, hojas y tréboles,

con frío, hielo y nieve

sufran vuestro terrible golpe.

Os doy poder

para abatir los cedros

y desgarrar los picos de las montañas.

Os doy poder

para levantar las impetuosas olas del océano

con vuestra energía

para que las estrellas sospechen

que por vosotros su fuego casi se extinguirá y perecerá.

 

 

3. Aria Bajo

Violino I/II, Viola, Continuo

Wie will ich lustig lachen,

Wenn alles durcheinandergeht!

Wenn selbst der Fels nicht sicher steht

Und wenn die Dächer krachen,

So will ich lustig lachen!

3 Aria [Bajo]

Eolo:

¡Con qué gozo me reiré

cuando todo sea arrojado a la confusión!

Cuando incluso las rocas no se sostengan

y cuando los tejados caigan rotos,

¡entonces reiré gozoso!

4. Recitativo Tenor

Continuo

Gefürcht’ter Aeolus,

Dem ich im Schoße sonsten Liege

Und deine Ruh vergnüge,

Laß deinen harten Schluss

Mich doch nicht allzufrüh erschrecken;

Verziehe, lass in dir,

Aus Gunst zu mir,

Ein Mitleid noch erwecken!

4 Recitativo [Tenor]

Céfiro:

Temible Eolo,

en cuyo pecho en otros tiempos reposé

y gocé en tu paz,

abandona tu dura conclusión

y no me aterrorices tan pronto;

detente y dígnate,

como favor para mí,

sentir algo de compasión!

5. Aria Tenor

Viola, Viola da gamba, Continuo

Frische Schatten, meine Freude,

Sehet, wie ich schmerzlich scheide,

Kommt, bedauret meine Schmach!

Windet euch, verwaisten Zweige,

Ach! ich schweige,

Sehet mir nur jammernd nach!

5 Aria [Tenor]

Céfiro:

Frías sombras, alegría mía,

ved cómo parto apenado,

venid, ¡sentid pena por mi desgracia!

Retorceos, ramas abandonadas,

¡ah! silencioso estoy,

¡sólo contempladme tristemente.

 

En estos fragmentos es destacable la presencia del Céfiro, el más amable de los vientos.

 

En Ilíada XXIII, 194 y siguientes tenemos un ejemplo de la presencia de Céfiro, junto con Bóreas:

 

Οδ πυρ Πατρκλου καετο τεθνητος

νθ᾿ ατ᾿ λλ᾿ νησε ποδρκης δος ᾿Αχιλλες

στς πνευθε πυρς δοιος ρτ᾿ νμοισι

Βορέῃ κα Ζεφρ, κα πσχετο ερ καλ

Πολλ δ κα σπνδων χρυσέῳ δπαϊ λιτνευεν

λθμεν, φρα τχιστα πυρ φλεγεθοατο νεκρο,

λη τε σεαιτο καμεναι. κα δ Ιρις

ρων ἀΐουσα μετγγελος λθ᾿ νμοισιν.

οἳ μν ρα Ζεφροιο δυσαος θροι νδον

ελαπνην δανυντο· θουσα δ ῎Ιρις πστη

βηλ πι λιθέῳ· το δ’ ς δον φθαλμοσι

πντες νóξαν, κλεν τ μιν ες καστος

δ᾿ αθ’ ζεσθαι μν ννατο, επε δ μθον

οχ δος εμι γρ ατις π᾿ ᾿Ωκεανοο ῥέεθρα

Αθιπων ς γααν, θι ῥέζουσ᾿ κατμβας

θαντοις, να δ κα γ μεταδασομαι ρν.

 


λλ᾿ ᾿Αχιλες Βορην δ Ζφυρον κελαδεινν

λθεν ρται, κα πσχεται ερ καλ,

φρα πυρν ρσητε καμεναι, νι κεται

Πτροκλος, τν πντες ναστενχουσιν ᾿Αχαιο.

μν ρ᾿ ς εποσ᾿ πεβσετο, το δ᾿ ροντο

χ θεσπεσίῃ νφεα κλονοντε προιθεν.

αψα δ πντον κανον ἀήμεναι, ρτο δ κμα

πνοι πο λιγυρ· Τροην δ᾿ ρβωλον κσθην,

ν δ πυρ πεστην, μγα δ᾿ἴαχε θεσπιδας πρ.

παννχιοι δ᾿ ρα το γε πυρς μυδις φλγ᾿ βαλλον

φυσντες λιγως· δ πννυχος κς ᾿Αχιλλες

χρυσου κ κρητρος λν δπας μφικπελλον

ονον φυσσμενος χαμδις χε, δεε δ γααν

ψυχν κικλσκων Πατροκλος δειλοο.

ς δ πατρ ο παιδς δρεται στα καων

νυμφου, ς τε θανν δειλος κχησε τοκας,

ς ᾿Αχιλες τροιο δρετο στα καων,

ρπζων παρ πυρκαϊν διν στεναχζων.

 

En tanto, la pira en que se hallaba el cadáver de Patroclo no ardía. Entonces el divino Aquileo, el de los pies ligeros, tuvo otra idea: apartóse de la pira, oró a los vientos Bóreas y Céfiro y votó ofrecerles solemnes sacrificios; y haciéndoles repetidas libaciones con una copa de oro, les rogó que acudieran para que la leña ardiese bien y los cadáveres fueran consumidos prestamente por el fuego. La veloz Iris oyó las súplicas, y fue a avisar a los vientos, que estaban reunidos celebrando un banquete en la morada del impetuoso Céfiro. Iris llegó corriendo y se detuvo en el umbral de piedra. Así que la vieron, levantáronse todos, y cada uno la llamaba a su lado. Pero ella no quiso sentarse, y pronunció estas palabras:

205  —No puedo sentarme; porque voy, por cima de la corriente del Océano, a la tierra de los etíopes, que ahora ofrecen hecatombes a los inmortales, para entrar a la parte en los sacrificios. Aquileo ruega al Bóreas y al estruendoso Céfiro, prometiéndoles solemnes sacrificios, que vayan y hagan arder la pira en que yace Patroclo, por el cual gimen los aqueos todos.

212 Habló así y fuese. Los vientos se levantaron con inmenso ruido esparciendo las nubes; pasaron por cima del ponto y las olas crecían al impulso del sonoro soplo; llegaron, por fin, a la fértil Troya, cayeron en la pira y el fuego abrasador bramó grandemente. Durante toda la noche, los dos vientos, soplando con agudos silbidos, agitaron la llama de la pira; durante toda la noche, el veloz Aquileo, sacando vino de una cratera de oro, con una copa doble, lo vertió y regó la tierra e invocó el alma del mísero Patroclo. Como solloza un padre, quemando los huesos del hijo recién casado, cuya muerte ha sumido en el dolor a sus progenitores; de igual modo sollozaba Aquileo al quemar los huesos del amigo; y arrastrándose en torno de la hoguera, gemía sin cesar.

 

La traducción es de Luis Segalá.

 

 

 

 


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