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Archive for 2/01/11

 

Seguimos desgranando la presencia de Idomeneo en la Ilíada homérica.

En los combates trabados en torno al cuerpo de Patroclo se propone atacar a Héctor, pero emprende la fuga cuando éste, arremetiendo contra él, mata al auriga de Meriones, Cérano. Idomeneo busca refugio en el campamento.

Lo leemos en Ilíada XVII, 605 y siguientes:

Ἕκτορα δ᾽ Ἰδομενεὺς μετὰ Λήϊτον ὁρμηθέντα

βεβλήκει θώρηκα κατὰ στῆθος παρὰ μαζόν:

ἐν καυλῷ δ᾽ ἐάγη δολιχὸν δόρυ, τοὶ δὲ βόησαν

Τρῶες: δ᾽ Ἰδομενῆος ἀκόντισε Δευκαλίδαο

δίφρῳ ἐφεσταότος: τοῦ μέν ῥ᾽ ἀπὸ τυτθὸν ἅμαρτεν:

αὐτὰρ Μηριόναο ὀπάονά θ᾽ ἡνίοχόν τε

Κοίρανον, ὅς ῥ᾽ ἐκ Λύκτου ἐϋκτιμένης ἕπετ᾽ αὐτῷ:

πεζὸς γὰρ τὰ πρῶτα λιπὼν νέας ἀμφιελίσσας

ἤλυθε, καί κε Τρωσὶ μέγα κράτος ἐγγυάλιξεν,

εἰ μὴ Κοίρανος ὦκα ποδώκεας ἤλασεν ἵππους:

καὶ τῷ μὲν φάος ἦλθεν, ἄμυνε δὲ νηλεὲς ἦμαρ,

αὐτὸς δ᾽ ὤλεσε θυμὸν ὑφ᾽ Ἕκτορος ἀνδροφόνοιο.

 

Contra Héctor, que perseguía a Leito, arrojó Idomeneo su lanza y le dio un bote en el peto de la coraza, junto a la tetilla; pero rompióse aquélla en la unión del asta con el hierro, y los teucros gritaron. Héctor despidió su lanza contra Idomeneo Deucálida, que iba en un carro, y por poco no acertó a herirle, pero el bronce se clavó en Cérano, escudero y auriga de Meriones, a quien acompañaba desde que partieron de la bien construida Licto. Idomeneo salió aquel día de las corvas naves al campo, como infante; y hubiera proporcionado a los teucros un gran triunfo, si no hubiese llegado Cérano guiando los veloces corceles: éste fue su salvador porque le libró del día cruel al perder la vida a manos de Héctor, matador de hombres.

 

 

 

 

En Ilíada, III, 225 y siguientes, Helena nos informa de que Idomeneo fue huésped de Menelao, su esposo:

τὸ τρίτον αὖτ᾽ Αἴαντα ἰδὼν ἐρέειν᾽ γεραιός:

τίς τὰρ ὅδ᾽ ἄλλος Ἀχαιὸς ἀνὴρ ἠΰς τε μέγας τε

ἔξοχος Ἀργείων κεφαλήν τε καὶ εὐρέας ὤμους;

τὸν δ᾽ Ἑλένη τανύπεπλος ἀμείβετο δῖα γυναικῶν:

οὗτος δ᾽ Αἴας ἐστὶ πελώριος ἕρκος Ἀχαιῶν:

Ἰδομενεὺς δ᾽ ἑτέρωθεν ἐνὶ Κρήτεσσι θεὸς ὣς

ἕστηκ᾽, ἀμφὶ δέ μιν Κρητῶν ἀγοὶ ἠγερέθονται.

πολλάκι μιν ξείνισσεν ἀρηΐφιλος Μενέλαος

οἴκῳ ἐν ἡμετέρῳ ὁπότε Κρήτηθεν ἵκοιτο.

 

Reparando la tercera vez en Ayante, dijo el anciano:

– ¿Quién es esotro aqueo gallardo y alto, que descuella entre los argivos por su cabeza y anchas espaldas?

Respondió Helena, la de largo peplo, divina entre las mujeres:

– Ese es el ingente Ayante, antemural de los aqueos. Al otro lado está Idomeneo, como un dios, entre los cretenses, rodéanle los capitanes de sus tropas. Muchas veces Menelao, caro a Ares, le hospedó en nuestro palacio cuando venía de Creta.

 

 

 

 

En IV, 250 y siguientes, leemos un breve diálogo entre Idomeneo y el comandante en jefe de las tropas griegas ante Troya, Agamenón:

ὣς γε κοιρανέων ἐπεπωλεῖτο στίχας ἀνδρῶν:

ἦλθε δ᾽ ἐπὶ Κρήτεσσι κιὼν ἀνὰ οὐλαμὸν ἀνδρῶν.

οἳ δ᾽ ἀμφ᾽ Ἰδομενῆα δαΐφρονα θωρήσσοντο:

Ἰδομενεὺς μὲν ἐνὶ προμάχοις συῒ εἴκελος ἀλκήν,

Μηριόνης δ᾽ ἄρα οἱ πυμάτας ὄτρυνε φάλαγγας.

τοὺς δὲ ἰδὼν γήθησεν ἄναξ ἀνδρῶν Ἀγαμέμνων,

αὐτίκα δ᾽ Ἰδομενῆα προσηύδα μειλιχίοισιν:

Ἰδομενεῦ περὶ μέν σε τίω Δαναῶν ταχυπώλων

ἠμὲν ἐνὶ πτολέμῳ ἠδ᾽ ἀλλοίῳ ἐπὶ ἔργῳ

ἠδ᾽ ἐν δαίθ᾽, ὅτε πέρ τε γερούσιον αἴθοπα οἶνον

Ἀργείων οἳ ἄριστοι ἐνὶ κρητῆρι κέρωνται.

εἴ περ γάρ τ᾽ ἄλλοι γε κάρη κομόωντες Ἀχαιοὶ

δαιτρὸν πίνωσιν, σὸν δὲ πλεῖον δέπας αἰεὶ

ἕστηχ᾽, ὥς περ ἐμοί, πιέειν ὅτε θυμὸς ἀνώγοι.

ἀλλ᾽ ὄρσευ πόλεμον δ᾽ οἷος πάρος εὔχεαι εἶναι.

τὸν δ᾽ αὖτ᾽ Ἰδομενεὺς Κρητῶν ἀγὸς ἀντίον ηὔδα:

Ἀτρεΐδη μάλα μέν τοι ἐγὼν ἐρίηρος ἑταῖρος

ἔσσομαι, ὡς τὸ πρῶτον ὑπέστην καὶ κατένευσα:

ἀλλ᾽ ἄλλους ὄτρυνε κάρη κομόωντας Ἀχαιοὺς

ὄφρα τάχιστα μαχώμεθ᾽, ἐπεὶ σύν γ᾽ ὅρκι᾽ ἔχευαν

Τρῶες: τοῖσιν δ᾽ αὖ θάνατος καὶ κήδε᾽ ὀπίσσω

ἔσσετ᾽ ἐπεὶ πρότεροι ὑπὲρ ὅρκια δηλήσαντο.

ὣς ἔφατ᾽, Ἀτρεΐδης δὲ παρῴχετο γηθόσυνος κῆρ:

 

De tal suerte revistaba, como generalísimo, las filas de guerreros. Andando por entre la muchedumbre, llegó al sitio donde los cretenses vestían las armas con el aguerrido Idomeneo. Este, semejante a un jabalí por su braveza, se hallaba en las primeras filas, y Meriones enardecía a los soldados de las últimas falanges. Al verlos, el rey de hombres Agamemnón se alegró y dijo a Idomeneo con suaves voces:

– ¡Idomeneo! Te honro de un modo especial entre los dánaos, de ágiles corceles, así en la guerra u otra empresa, como en el banquete, cuando los próceres argivos beben el negro vino de honor mezclado en las crateras. A los demás aqueos de larga cabellera se les da su ración pero tú tienes siempre la copa llena como yo, y bebes cuanto te place. Corre ahora a la batalla y muestra el denuedo de que te jactas.

Respondióle Idomeneo, caudillo de los cretenses:

–  ¡Atrida! Siempre he de ser tu amigo fiel como te aseguré y prometí que sería. Pero exhorta a los demás aqueos, de larga cabellera, para que cuanto antes peleemos con los teucros, ya que éstos han roto los pactos. La muerte, y toda clase de calamidades les aguardan, por haber sido los primeros en faltar a lo jurado.

Así se expresó, y el Atrida, con el corazón alegre, pasó adelante.

 


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Proseguimos con las peripecias de la Sagrada Familia por Egipto.

 

XXII

1. Cum autem iter agerent, dixit ei Ioseph: “Domine, calor nimis decoquit nos: si tibi placet, viam teneamus iuxta mare, ut possimus per civitates maritimas requiescendo transire”. Dixit ei Iesus: “Noli timere, Ioseph; ego viam vobis breviabo, ut quod spatio triginta dierum ituri eratis, in hac una die perficiatis”. Haec illis loquentibus ecce prospicientes videre coeperunt montes Aegyptios et civitates eius.

1. Y, según caminaban, José dijo a Jesús: Señor, el calor nos abruma. Tomemos, si quieres, el camino cercano al mar, para poder reposar en las ciudades de la costa. Jesús le respondió: No temas nada, José, que yo abreviaré nuestra ruta, de suerte que la distancia que habíamos de recorrer en treinta días la franqueemos en esta sola jornada. Y, mientras hablaban así, he aquí que, mirando ante ellos, divisaron las montañas y las ciudades de Egipto.

 


2. Et gaudentes et exultantes devenerunt in finibus Hermopolis, et in unam ex civitatibus Aegypti quae Sotinen dicitur ingressi sunt; et quoniam in ea nullus erat notus apud quem potuissent hospitari, templum ingressi sunt quod capitolium Aegypti vocabatur. In quo templo trecenta sexaginta quinque idola posita erant, quibus singulis diebus honor deitatis in sacrilegiis perhibebatur.

2. Alegremente entraron en el territorio de Hermópolis y llegaron a una ciudad denominada Sotina, y, como no conocían a nadie que hubiese podido darles hospitalidad, penetraron en un templo que se llamaba el capitolio de Egipto. Y en este templo había trescientos sesenta y cinco ídolos, a quienes se rendían a diario honores divinos con ceremonias sacrílegas.

XXIII

Factum est autem cum beatissima Maria cum infantulo templum fuisset ingressa, universa idola prostrata sunt in terram, ita ut omnia convulsa iacerent penitus et confracta in faciem suam; et sic se nihil esse evidenter docuerunt. Tunc adimpletum est quod dictum est per prophetam Isaiam: “Ecce Dominus veniet super nubem levem et ingredietur Aegyptum, et movebuntur a facie eius omnia manufacta Aegyptiorum”.

Pero ocurrió que, cuando la bienaventurada María, con el niño, entró en el templo, todos los ídolos cayeron por tierra, cara al suelo y hechos pedazos, y así revelaron que no eran nada. Entonces se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: He aquí que el Señor vendrá sobre una nube ligera, y entrará en Egipto, y todas las obras de la mano de los egipcios temblarán ante su faz.

 


XXIV

Tunc Affrodisio, duci civitatis illius cum nuntiatum fuiste, cum universo exercitu suo venit ad templum. Pontifices vero templi ut viderunt Affrodisium cum universo exercitu suo ad templum properare, putabant se vindictam videre in eos quorum causa dii corruerant. Ille autem ingressus templum, ut vidit omnia idola in facies suas prostrata iacere, accessit ad Mariam et adoravit infantem, quem ipsa in sinu suo portabat et cum adorasset eum, allocutus est universum exercitum suum et amicos suos dicens: “Nisi hic Deus esset deorum nostrorum, dii nostri coram eo in facies suas minime cecidissent, neque in eius conspectu prostrati iacerent: unde eum Dominum suum taciti protestantur. Nos ergo deos nostros quod videmus facere nisi cautius fecerimus omnes, poterimus periculum eius indignationis incurrere et universi in interitum devenire, sicut contigit Pharaoni regi Aegyptiorum, qui tantis virtutibus non credens cum omni exercitu suo in mare demersus est”. Tunc omnis populus eiusdem civitatis credidit Domino Deo per Iesum Christum.

Y, anunciada la nueva a Afrodisio, gobernador de la ciudad, éste vino al templo con todas sus tropas. Y, al verlo acudir, los pontífices del templo esperaban que castigase a los que habían causado la caída de los dioses. Pero, entrando en el templo, cuando vio a todos los ídolos caídos de cara al suelo, se acercó a María, y adoró al niño, que ella llevaba sobre su seno, y, cuando lo hubo adorado, se dirigió a su ejército y a sus amigos, diciendo: “Si éste no fuera el Dios de nuestros dioses, éstos no se prosternarían ante él, por lo que atestiguan tácitamente que es su Señor. Conque, si nosotros no hacemos prudentemente lo que vemos hacer a nuestros dioses, correremos el riesgo de atraer su indignación y de perecer, como ocurrió al Faraón de Egipto, que, por no rendirse a grandes prodigios, fue ahogado en el mar con todo su ejército”. Entonces, por Jesucristo, todo el pueblo de aquella ciudad creyó en el Señor Dios.

XXV

Non post multum dixit angelus ad Ioseph: “Revertere in terram Iuda; mortui sunt qui quaerebant animam pueri”.

Poco tiempo más tarde, el ángel dijo a José: “Vuelve al país de Judá, pues muertos son los que querían la vida del niño”.

 

Por su parte, el Evangelio Árabe de la Infancia, en su capítulo X, nos habla también de la huida a Egipto.

X

1. Dum secum reputat quomodo iter suum instituendum esset, supervenit ipsi mane postquam paullulum viae confecit. Iamque appropinquabat urbi magnae, in qua idolum erat, cui reliqua Aegyptiorum idola et numina munera et vota offerebant aderatque huic idolo sacerdos ministrans ipsi qui quotiescumque Satanas ex idolo illo loquebatur ea incolis Aegypti atque plagarum eius referebat. Erat huic sacerdoti filius triennis ab aliquot daemonibus obsessus qui multa loquebatur et proferebat, et cum corriperent eum daemones laceratis vestibus suis nudus remanebat et homines lapidibus petebat.

1. Y, mientras pensaba entre sí cómo realizaría su viaje, sobrevino la aurora, cuando ya había recorrido un trecho del camino. Y estaba próximo a una gran ciudad, en la que había un ídolo, al que los demás ídolos y divinidades de los egipcios le hacían sacrificios y ofrendas. Y junto a este ídolo había un sacerdote, que lo servía, y se encargaba de transmitir a los habitantes de Egipto y de sus regiones cuanto Satanás hablaba por su boca. Este sacerdote tenía un hijo de tres años, que estaba poseído por varios demonios, que charlaba y decía muchas cosas. Cuando los demonios se apoderaban de él, rasgaba sus vestiduras, se mostraba desnudo a todos, y acometía a la gente a pedradas.

 


2. Erat autem nosocomium idolo illi dedicatum in illa urbe, ad quam cum pervenissent Iosephus et domina Maria et in nosocomium istud divertissent, valde timuerunt cives eius conveneruntque omnes principes idolorumque sacerdotes ad idolum illud eique dixerunt: “Ecquaenam est ista agitatio et commotio in terra nostra oborta?” Respondit eis idolum: “Venit huc occultus qui revera est neque ullus praeter illum divino cultu dignus est, quia revera est filius Dei, quem cum persensisset haec terra contremuit eiusque adventu commota et concussa est et nos a magnitudine potentiae eius valde timemus”. Eademque hora idolum istud corruit et ad ruinam eius omnes Aegypti incolae aliique concurrerunt.

2. Y, en la aldea, había un asilo, puesto bajo la advocación de dicho ídolo. Y, cuando María y José llegaron a la aldea, y se acercaron al asilo, se apoderó de los habitantes del país un terror extremo, y todos los hombres principales y todos los sacerdotes de los ídolos se congregaron junto al sacerdote del ídolo en cuestión, y le preguntaron: ¿Qué significan este trastorno y este terremoto que se han producido en nuestro país? Y el ídolo les respondió: “Ha llegado aquí un dios disfrazado que es el Dios verdadero, ya que a ninguno fuera de Él se deben tributar honores divinos. Él en verdad es el Hijo de Dios. Esta tierra, al presentirle, se puso a temblar y ante su llegada se ha estremecido y conmovido. Nosotros nos sentimos también sobrecogidos de pavor ante la grandeza de su poder”. Y en el mismo momento se desplomó, y a su caída acudieron todos los habitantes de Egipto y de otras regiones.

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