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Archive for 17/01/11

 

El tema de Ganímedes  ha tenido una larga trayectoria en el arte. Sin pretender ser exhaustivos tomamos los siguientes ejemplos.

En la cerámica griega encontramos una escena que no es propiamente la del rapto, sino que nos sitúa ya en el Olimpo, donde un joven desnudo y con una corona de laurel, Ganimedes, escancia suponemos que néctar desde un oinochoe en un recipiente que le presenta un barbudo Zeus, sentado en un taburete, y que sostiene con su mano izquierda una larga vara en cuyo extremo hay posada un águila, su símbolo animal.

En el museo de Susa, Túnez, podemos contemplar un hermoso mosaico que nos presenta la escena del rapto. Una enorme águila tiene cogido a Ganimedes por su cintura, mientras su pico parece tocar el sombrero que lleva el joven. Éste lleva una capa roja, una especie de fusta en la mano izquierda y, por calzado, una especie de botines.

 

 

Es famosa una estatuilla en terracota de circa 480 a. C. que se puede admirar en el museo de Olimpia. En ella Zeus no aparece con figura de águila, sino como solía ser representado: con barba y una vara en su mano izquierda, símbolo de poder. La escultura destaca por la forma en que el dios toma al muchacho. Lo lleva cogido con su brazo derecho y lo apoya contra su pecho o, mejor, contra su hombro derecho. Destacable es el peinado de ambos personajes

 

 

En la escultura romana, basada en una iconografía helenística (ca. 160/170 d. C.), conservada en el Museo del Prado, vemos a Ganimedes mirando en escorzo al águila que le toma con sus garras por la cintura. El joven aparece desnudo y sólo lleva un manto atado al cuello con un broche, que luego descansa sobre su brazo izquierdo que sujeta, además, una vara. En su mano derecha sostiene una copa, anticipo de su futura función de copero del Olimpo. Ganimedes está con su rodilla izquierda apoyada en un bloque de mármol; la pierna derecha está recta y se puede apreciar bien su calzado. También es bien visible su peinado y su gorro. Un perro contempla la escena desde la parte inferior derecha de la escultura. En un posterior ejemplo volveremos a ver un perro como espectador. Puede ser un perro de caza o uno pastor, pues las versiones que hemos visto nos decían que bien estaba guardando los rebaños de su padre, o bien se dedicaba a la caza de ciervos.

 

 

Antonio Allegri, el Correggio (1494 – 1534) pintó hacia 1531  una obra, un óleo sobre lienzo de 163´5 x 70´5 cm., sobre el tema conservada en el Kunsthistorisches Museum de Viena. En ARTEHISTORIA podemos leer:

En la década de 1530 Correggio realizó una serie de lienzos para la Corte de los Gonzaga en Mantua con el tema de “Los amores de Zeus” al que pertenece Júpiter e Ío y este lienzo que contemplamos. Ganímedes era un bello príncipe troyano hijo de Tros, el rey de Frigia y Calírroe. Su hermosura llegó a cautivar al propio Zeus quien, transformándose en águila, le raptó y llevó al Olimpo para sustituir a Hebe como copero de los dioses. La escena se desarrolla al aire libre siendo contemplada por un perro en primer plano, y consigue un sensacional efecto de perspectiva baja. El águila despliega sus grandes alas donde se agarra con toda su fuerza el joven príncipe para evitar la mortal caída, dirigiendo su mirada al espectador con gesto de resignación. En su cuerpo encontramos ligeras referencias a Miguel Ángel, dominando la influencia de Rafael mientras que el aspecto difuminado de la composición es herencia de Leonardo. La aportación de Correggio está en la maestría a la hora de mezclar influencias tan diversas para configurar un estilo propio lleno de gracia y ternura, donde el color y la luz tienen un papel destacado mientras que los escorzos y el movimiento le sitúan ya a un paso del Barroco.

 

 

En 1533 Miguel Ángel Buonarotti realizó un dibujo sobre el asunto. Destaca la forma en que el águila sujeta al joven troyano con una de sus garras sobre su tibia derecha y otra sobre su pantorilla izquierda. El joven tiene un brazo apoyado en el ala izquierda del ave y el otro en la parte del cuerpo de ésta que hay entre su ala derecha y su cuello. La cabeza de Ganimedes está encima de la del animal, en una postura forzada pues se apoya de lado en su hombro izquierdo.

 

 

Rubens dedicó dos obras al tema. La primera es un óleo sobre lienzo de de 1611-12, conservada en el Palacio Schwarzenberg de Viena, de 203 x 203 cm.

Ganímedes era un bello joven -considerado el más bello de los mortales- que guardaba los rebaños de su padre en las montañas cercanas a Troya. Su belleza llamó la atención a Zeus que no dudó en raptarlo, convirtiéndose en águila. Fue trasladado al Olimpo donde serviría de copero, escanciando el néctar en la copa de Zeus, función en la que reemplazaría a Hebe, la diosa de la juventud. A pesar del contenido homosexual de la historia, los comentaristas cristianos convirtieron el rapto de Ganímedes en una alegoría del rapto del alma humana por parte de Dios y de su ascensión al reino de los Cielos. En lugar de interesarse por el dramático y violento momento del rapto, en esta composición Rubens nos muestra la entrega de la copa por parte de Hebe, un episodio que no formaba parte de la iconografía habitual en la historia. El águila con sus alas expandidas y sirviendo como asiento al propio Ganímedes se convierte en el principal protagonista de la escena, apreciándose al fondo un festín olímpico al que será conducido el joven copero. Rubens reinterpreta en esta escena uno de los plafones del techo del Palacio Farnesio pintado por Annibale Carracci, tomando como fuente para la figura de Ganímedes el Laoconte, grupo escultórico helenístico encontrado en el Renacimiento. También podría haber buscado inspiración en las apoteosis de los emperadores romanos. Las circunstancias en las que el pintor flamenco ejecutó esta tela son desconocidas. Recientemente se ha lanzado la hipótesis que plantea la obra como un homenaje ante la muerte prematura de su hermano Philip, en 1611. La referencia heráldica del águila sugiere que podría tratarse de un encargo para la corte de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, gobernadores de los Países Bajos. Veinticinco años después, Rubens pintó para la Torre de la Parada una versión diferente de este tema, ahora sí cargada de dramatismo, intensidad y violencia, las características que definen su pintura.

 

 

La segunda es de 1636/37 y 181 x 87 cm. Y se conserva en el Museo del Prado.

La violencia del rapto del joven príncipe por Zeus, convertido en águila, ha sido el momento elegido por Rubens para realizar esta escena, destinada a la Torre de la Parada, lugar para donde el maestro trabajó durante sus últimos años. Los escorzos, tanto de Ganímedes como del águila, protagonizan la escena, dentro del típico estilo que caracteriza toda la obra de Rubens, uno de los mejores representantes del Barroco. El gesto de sorpresa y temor del joven está captado a la perfección, así como los movimientos para zafarse del animal. Luces y colores definen el estilo del maestro flamenco, que influye en todas las Escuelas europeas, especialmente en la española con la que estuvo muy relacionado. Saturno devorando a sus hijos y el Rapto de Proserpina son otras escenas de la serie.

 

 

Entre 1570 y 1590 Damiano Mazza pintó un óleo sobre lienzo, de 170 x 186, 6 centímetros, conservado en la National Gallery de Londres. Destaca en el cuadro el contraste de los colores azul del cielo y rosado del manto del joven con el negro del águila. Difícil es la postura de ambos personajes: a Ganimedes lo vemos de espalda con la pierna derecha levantada, como el brazo izquierdo, y la cabeza en escorzo. El águila está con su panza hacia el espectador y muestra un cuello muy estirado. Sus garras hacen presa en la parte posterior del muslo de su pierna izquierda, un poco más arriba de las corvas y en el manto a al altura de la parte derecha de la espalda.

 

 

Finalizamos con una escultura realizada en París en 1804 de José Álvarez Cubero (1768–1827) conservada en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Por ella fue premiado y distinguido en 1804, recibiendo una medalla de oro de 500 francos de manos del propio Napoleón.

La escena es la más relajada de todas las vistas, con un Ganimedes apoyado tranquilamente en el cuerpo del águila que está posada sobre una especie de base de columna. Está desnudo y lleva en su mano izquierda una copa. Ambos personajes se miran mutuamente, destacando la boca entreabierta del animal, que parece expresar deseo amoroso. La postura del joven es la típica de la escultura griega, con una pierna adelantada a la otra, que aparece ligeramente flexionada. Muy trabajados el peinado del joven y las plumas del águila.

 

 

Y cerramos la presencia iconográfica de Ganimedes con esta escultura “flotante” en una de las salas del Palazzo Grimani, obra de Michele Sanmicheli, de Santa Maria Formosa de Venecia, con esta foto, cortesía de una lectora del blog.

 

 

Aquí en detalle, sacada de aquí:

 

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