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Archive for 4 de marzo de 2011

 

Ofrecido el análisis de Roberta d’Adda y rastreadas las fuentes sobre Dánae  en los clásicos grecolatinos, seguimos con el comentario del cuadro que ofrece la página de Artehistoria:

A pesar de que la mayoría de los encargos tenían una temática religiosa, algunos burgueses de Amsterdam también solicitaban escenas mitológicas en las que se permitía contemplar desnudos femeninos como en el caso de Dánae. Hija de Acrisio, rey de Argos, Dánae fue encerrada por su padre en una torre de bronce para evitar que no tuviese hijos ya que el oráculo de Delfos había predicho que el hijo de Dánae mataría a Acrisio. Zeus se prendó de la belleza de la joven y logró penetrar en la torre metamorfoseándose en lluvia de oro. Fruto de esa relación nacería Perseo quien mataría a su abuelo, siguiendo el pronóstico del oráculo.

Rembrandt ha presentado a la bella joven desnuda recostada en su cama, recibiendo un potente rayo de luz que anticipa la entrada de Zeus en la estancia convertido en lluvia dorada. Al fondo encontramos a la anciana que custodiaba a Dánae, acudiendo rápidamente al escuchar ruidos extraños.

Como ocurre en las demás mujeres desnudas pintadas por el maestro, Dánae es hermosa, tiene armoniosas proporciones y refleja el ideal de belleza de la época, como también hizo Rubens. La luz dorada resbala por el escorzado cuerpo de la joven, provocando atractivos contrastes entre zonas iluminadas y zonas ensombrecidas que otorgan un mayor verismo a la figura. Para provocar una mayor sensación de riqueza, Rembrandt ha recurrido a una cama de bronce con dosel, decorada por un amorcillo dorado que parece llorar por la desgracia del encierro de la muchacha que se nos presenta envuelta en ricas telas ejecutadas con todo lujo de detalles, demostrando una vez más la excelente calidad en la factura del artista. La sensación de vitalidad que se crea está reforzada por el gesto de extrañeza de Dánae y la curiosidad de la anciana, creando la sensación de estar presentes ante una escena teatral. En 1985 un lituano llamado Bronius Maigis atentó contra la obra rociándola con ácido sulfúrico y realizando diversos cortes con un cuchillo. Tras 12 años de intensas restauraciones el lienzo ha sido expuesto en su lugar original protegido por un cristal antibalas. Mijaíl Piotrovski, el director del Ermitage, ha comentado al respecto que «aquella Dánae que existía ya no existe. Nuestro objetivo es mostrar al público lo que ha quedado de la obra maestra de Rembrandt (…) Los restauradores no se inmiscuyeron en la pintura del autor y, por eso, se logró conservar su espíritu». El museo ruso recibió esta obra maestra en 1772, cuando Catalina II la adquirió a un barón francés.

El tema ha sido objeto, como el de Ganimedes y Andrómeda,  de numerosas recreaciones.

En la cerámica griega tenemos ejemplos del episodio de la lluvia de oro, así como del enclaustramiento en un arca de Perseo y Dánae por parte de Acrisio.

 

 

 

En el cuadro (1527) de Jan Gossaert o Jan Mabuse (1478-1532), una pintura sobre tabla conservada en la Alte Pinakothek de Munich, de 113,5 x 95 cm., podemos ver como se viste a la joven princesa con un manto azul, tal y como se hace con la Virgen ya que el azul será el color que simbolice la esperanza en el cielo, de la misma manera que se la sitúa en un recinto cerrado (hortus conclusus), símbolo de su previa virginidad, o la lluvia dorada asemejándose a los rayos del sol (como representación pictórica del Espíritu Santo en algunos cuadros de la Anunciación), elementos todos que al lado de sus expresiones dulces, nos recuerdan (salvo por el desnudo) a cualquier escena de la Anunciación de María.

Zeus deseaba poseer a Dánae. Su padre intentó protegerla del dios encerrándola en una torre, vigilada por su criada, pero Zeus consiguió tomar a la joven bajo el aspecto de una lluvia de oro que cayó encima de Dánae. Esta erótica historia de la Grecia antigua es la que narra Jan Gossaert, en un cuadro que demuestra la influencia que sobre él tuvo el arte del Cinquecento. Gossaert viajó a Roma y tuvo oportunidad de conocer la mitología clásica y la importancia que había tenido en la renovación plástica del renacimiento. Sin embargo, el artista flamenco no llegó a comprender hasta sus últimas consecuencias el lenguaje renacentista y se limitó a dar un nuevo aspecto a las composiciones aprendidas de la pintura flamenca. Así, la estructura típica de una escena vista a través de un marco arquitectónico que aparece en obras flamencas se mantiene; simplemente cambia los adornos y cresterías góticas por columnas y capiteles a la romana. Del mismo modo, el paisaje urbano visto a través de las ventanas es un rasgo característico de los artistas flamencos, que nos muestran los techos apuntados y las torres de sus iglesias. Gossaert transforma las calles de Brujas y Flandes en calles romanas, con edificios de arcos de medio punto y mármoles de colores. Pero la estructura subyacente en flamenca, no hay una estructura clásica.

 

 

Correggio (hacia 1530) en un óleo sobre lienzo de 161 x 193 cm, conservado en la Galería Borghese de Roma también trató el tema.

Federico II Gonzaga encargó a Correggio una serie de ocho paneles dedicados a los amores de Júpiter para una sala del Palacio del Té denominada «Sala de Ovidio». El programa había sido proyectado por Giulio Romano, confiándose en Allegri para su ejecución. El Rapto de Ganímedes, Io y Júpiter, Leda y Danae son algunas de estas escenas mitológicas presididas por la metamorfosis del dios. Dánae era hija de Acriso, el rey de Argos, al que el oráculo de Delfos había pronosticado que su nieto le mataría. Para evitarlo encerró a su hija en una torre de bronce pero Júpiter conoció la belleza que había allí encerrada, convirtiéndose en lluvia de oro para engendrar a Perseo, quien acabó con la vida de su abuelo como había dicho el oráculo. Correggio nos presenta la escena en un interior, situando en la zona izquierda una ventana abierta a un paisaje, recostando a la joven en un lecho cubierto por elegantes y ricas sábanas blancas. Eros sirve como intercesor entre Júpiter y Danae mientras que unos amorcillos están grabando una tablilla en primer plano. La escena está realizada con el característico estilo del maestro, manifestando la dulzura y ternura que le definen, interesándose por los escorzos que preludian el Barroco. Algunas referencias a Tiziano y Raimondi están presentes en el lienzo, resultando una de las más atractivas escenas mitológicas pintadas en el Cinquecento que tendrá influencia en el Renacimiento Francés.

 

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