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Archive for 8 08+01:00 julio 08+01:00 2011

El punto culminante del acto, y tal vez de la ópera, es el diálogo, casi a modo de agón, entre Admeto y Alcestis. Tras los primeros momentos de incertidumbre, en los que Admeto se extraña del silencio, de la ausencia de miradas, de las lágrimas de Alcestis, llegamos al momento de la revelación: Alcestis es quien ha cumplido la condición del oráculo. Los reproches de Admeto son terribles ante tal noticia: peor que morir él, será quedar en la tierra sin su esposa querida.

Escena V

La alegría de Admeto de volver a ver a Alcestis queda enturbiada por las lágrimas de ésta, que no es capaz de dirigir la mirada y abrazar a su marido. En el diálogo, Alcestis inquiere a Admeto si conoce el oráculo y éste responde afirmativamente, y añade que si Alcestis le revela quién es, recibirá el correspondiente premio. Alcestis le revela que es ella misma, ante el estupor general y la sorpresa indignada de Admeto que recuerda que nunca le pidió a Alcestis tal acto:Io quando mai ti chiesi questa prova d’amor! La congoja de Admeto va en aumento, ya que ahora deberá vivir sin su querida esposa, lo que echa en cara a Alcestis.

Scena Quinta

(Alceste, Ismene, Seguito d’Alceste e detti)

ADMETO

Adorata consorte, e pur di nuovo

ti riveggo, son teco, son tuo,

ti stringo al sen.

Per te penoso m’era il morir;

per la diletta Alceste

amo tanto la vita.

I cari figli così mi serbi il ciel,

com’io sol bramo

nel nostro dolce laccio

passarne i giorni, e poi

morirti in braccio.

ALCESTE

(fra sé)

Misera! Che dirò?

ADMETO

Non mi rispondi!

Ma perché non mi parli!

Ah perché con quelle lagrime

m’avveleni il mio contento?

Perché? Perché?

Dunque io godo un sol momento

e poi sempre ho da soffrir.

Idol mio!

ALCESTE

Mancar mi sento.

ADMETO

Non rispondi.

ALCESTE

Ah che martir!

ADMETO

Uno sguardo…

ALCESTE

E senza piangere!

ADMETO

Un amplesso…

ALCESTE

Oh Dio, l’estremo!

ADMETO

Ah, m’ascolta…

ALCESTE

Io gelo, io tremo.

ADMETO

Parla almen…

ALCESTE

Che posso dir?

ADMETO

È mia pena il tuo tormento,

sei mia speme e mio tesoro.

ALCESTE

Mille volte io così moro

pria di giungere a morir.

ADMETO

Consorte! Alceste! E perché più palese

a me non è tutto il tuo core?

A parte perché più non son io

de’ tuoi contenti, delle tue pene?

ALCESTE

Ah, la fedel sposa non affligger così!

Tu vivi! E al mondo altri non v’è

che più ne goda,

e v’abbia di me parte miglior.


ADMETO

Ma perché tanto dunque t’affanni?

ALCESTE

Oh Dio, non curar di saperlo.

ADMETO

Altri perigli minaccia il cielo?

Ah, mi conservi Alceste, e poi tutto

si sfoghi in me lo sdegno suo! M’ami?

ALCESTE

Se t’amo?

Lo san gli dei, lo sa il mio cor.

T’adoro, t’adorerò.

La tomba il mio pudico affetto

estinguer non potrà. L’anima mia

seco trarrà nel fortunato Eliso

questo tenero amor.

Per la tua vita mille vite io darei.

ADMETO

E i cari figli?

ALCESTE

Non ti turbar, son salvi i figli.

ADMETO

E come, temer puoi che la sorte

che ci ride felice ancor si cangi?

Vivo; sei mia;

son salvi i figli, e piangi!

ALCESTE

Ma non sai?

Ma ti è ignoto, come Apollo parlò?

ADMETO

Lo so; t’intendo; v’è chi more per me.

Senti, io comprendo

del magnanime voto

la sublime virtù.

Tuo sposo apprese il prezzo della vita;

un sì gran dono avanza ogni mercé!

Ma se t’è noto questo eroe,

questo amico,

questo benefattor, scoprilo:

io giuro che eterno in questi lidi

il suo nome vivrà; che alla sua sposa,

a’ genitori, a’ figli,

padre, figlio, consorte sempre sarò:

che dopo te, mia vita, la miglior parte

avranno di tutti i miei pensieri

e del cor mio. Parla.

ALCESTE

Oh Dei!

ADMETO

Piangi?

ALCESTE

Ah sposo!

ADMETO

E ben!

ALCESTE

Son io.

ISMENE, EVANDRO

Santi numi del ciel!

ADMETO

Tu, come Alceste! Tu stessa!

Oh, colpo atroce!

Oh nero giorno!

Oh d’una cieca mente, misero error!

Tu m’ami e te non ami,

e a segno di morir, di lasciarmi,

di privarmi di te.

Che mai facesti!

Io quando mai ti chiesi

questa prova d’amor!

Quando? Rispondi, parla,

stracciami il cor!

Ma quando, oh Dio!

ALCESTE

Sposo, non v’è più tempo.

I voti miei son scritti in cielo.

Il tuo presente stato lo palesa abbastanza,

e mai più chiaro il dio parlò.


ADMETO

No; No crudel, non posso vivere,

tu lo sai senza di te.

Non mi salvi ma m’uccidi

Se da me così dividi

la più viva, la più tenera,

cara parte del mio cor.

E un sì barbaro abbandono,

e l’orror d’un tale addio,

virtù credi e chiami amor!

Nel tiranno affanno mio

Ogni morte, oh numi, è un dono:

d’una vita così misera

peggior sorte oh Dio non v’è!

No crudel, ecc.

(Parte e seco Evandro)


Escena Quinta

(Entra Alcestis con su séquito e Ismene)

ADMETO

Adorada esposa,

nuevamente te vuelvo a ver,

estoy contigo y puedo estrecharte en mi pecho.

Por ti me era penoso morir;

por mi adorable Alcestis

amo la vida.

Sólo deseo ver crecer

los queridos hijos con los que el cielo

ha bendecido nuestro dulce matrimonio,

y luego,

poder morir en tus brazos.

ALCESTIS

(para sí)

¡Pobre de mí!… ¿Qué le diré?

ADMETO

¡No me contestas!

Pero ¿por qué no me hablas?

¡Ah! ¿Por qué con esas lágrimas

enturbias mi felicidad?

¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué disfruto sólo un momento

y luego siempre tengo de sufrir?

¡Amor mío!

ALCESTIS

Me siento morir.

ADMETO

No contestas.

ALCESTIS

¡Ay, qué martirio!

ADMETO

Una mirada…

ALCESTIS

¡No puedo llorar!

ADMETO

Un abrazo…

ALCESTIS

¡Oh dioses, es el fin!

ADMETO

¡Ah, escúchame!…

ALCESTIS

Me paralizo, tiemblo.

ADMETO

¡Háblame al menos!…

ALCESTIS

¿Qué puedo decir?

ADMETO

Es mi pena tu tormento,

eres mi esperanza y mi tesoro.

ALCESTIS

Mil veces muero así

antes de morir definitivamente.

ADMETO

¡Esposa! ¡Alcestis!

¿Por qué no me abres tu corazón?

¿Por qué ya no soy

parte de tu felicidad y de tus penas?

ALCESTIS

¡Ay, a la fiel esposa no aflijas así!

¡Tú vives! Y en el mundo no hay otro

al que más ame,

y obtenga lo mejor de mí.

ADMETO

Pero ¿por qué tanta ansiedad?

ALCESTIS

¡Ay dioses, no busques saberlo!

ADMETO

¿Con otro peligro nos amenaza el cielo?

¡Ah, que me conserve a Alcestis, y luego

descargue sobre mí todo su desdén! ¿Me quieres?

ALCESTIS

¿Si te quiero?

Lo saben los dioses, lo sabe mi corazón.

¡Te adoro, te adoraré siempre!

La tumba no podrá extinguir mi púdico cariño.

Mi alma llevará consigo

hasta el dichoso Elíseo

este tierno amor.

¡Por tu vida, mil vidas yo daría!

ADMETO

¿Y mis amados hijos?

ALCESTIS

No te preocupes, tus hijos están a salvo.

ADMETO

¿Y cómo puedes temer que cambie

la suerte que nos sonríe feliz?

Vivo, eres mía,

nuestros hijos están bien, ¡y lloras!

ALCESTIS

Pero ¿tú no sabes?

Pero ¿desconoces lo que dijo Apolo?

ADMETO

Lo sé; te entiendo; alguien muere por mí.

Yo comprendo

del magnánimo juramento

la sublime virtud.

Tu esposo aprecia el valor de la vida;

¡un don tan valioso supera cualquier gracia!

Pero si conoces a ese héroe,

a ese amigo,

a ese benefactor, revélamelo:

yo juro que eternamente en este reino

su nombre vivirá; que a su esposa,

a sus padres, a sus hijos;

padres, hijos, cónyuge siempre cuidaré:

que después de ti, durante mi vida, tendrán

la mejor parte de todos mis pensamientos

y de mi corazón. Habla.

ALCESTIS

¡Ay, dioses!

ADMETO

¿Lloras?

ALCESTIS

¡Ay, esposo mío!

ADMETO

¡Y bien!

ALCESTIS

Soy yo.

ISMENE, EVANDRO

¡Santos dioses del cielo!

ADMETO

¡Tú, Alcestis! ¡Tú misma!

¡Ay, qué golpe atroz!

¡Ay, qué negro día!

¡Ay, de una mente ciega, grave error!

Tú me amas y tú no te amas,

so pena de morir, de dejarme,

de privarme de ti.

¡Qué hiciste!

¿Cuándo te pedí

esa prueba de amor?

¿Cuándo?… ¡Contesta, habla,

desgárrame el corazón!

¡Cuando, oh dioses!

ALCESTIS

Esposo mío, ya es tarde.

Mis promesas están registradas en el cielo.

Tu estado actual lo demuestra suficientemente,

y jamás el dios habló más claro.

ADMETO

¡No, no cruel, no puedo vivir,

bien lo sabes, sin ti!

Así no me salvas, al contrario, me matas

si de mí así separas

la más viva, la más tierna,

la más querida parte de mi corazón.

¡Y a tan cruel abandono,

a semejante adiós,

crees que es una virtud y le llamas amor!

Ante tan despiadada aflicción

toda muerte ¡oh dioses! es un regalo.

De una vida tan miserable

peor suerte ¡oh, dioses! no hay.

No cruel, etcétera.

(Sale y Evandro lo acompaña)


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