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Archive for 1/01/12

Seguimos con el Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz de 1 de enero de 1983, titulado El diálogo por la paz, una urgencia para nuestro tiempo. A continuación se centra en un elemento esencial para lograr la paz y, en general, para la convivencia: el diálogo:

El diálogo es un elemento central e indispensable del pensamiento ético de todos los hombres. Bajo forma de un intercambio, de esa comunicación entre seres humanos que el lenguaje permite, se trata en realidad de una búsqueda común.

– Fundamentalmente supone la búsqueda de lo verdadero, bueno y justo para todo hombre, para todo grupo y sociedad, tanto en la parte con la que se es solidario como con la que, por el contrario, se presenta como adversaria.

– Exige ante todo la apertura y acogida, es decir, que cada parte exponga sus puntos de vista, pero escuche también la exposición de la situación que presenta la otra, que siente sinceramente; con sus verdaderos problemas, derechos, injusticias de las que es consciente, soluciones razonables que propone. ¿Cómo podría establecerse la paz cuando una de las partes no se ha preocupado de considerar las condiciones de existencia de la otra?

– El diálogo supone pues que cada uno acepte esta diferencia y especificidad del otro; que mida bien lo que le separa del otro; que lo asuma, aun con el riesgo de tensiones que de ahí derivan, sin renunciar por cobardía o por coacción a aquello que reconoce como verdadero y justo, lo cual podría conducir a un compromiso falso; y, a la inversa, sin pretender tampoco reducir al otro a la condición de objeto, sino considerándolo como sujeto inteligente, libre y responsable.

– El diálogo es al mismo tiempo búsqueda de todo aquello que ha sido y sigue siendo común a los hombres, aun en medio de tensiones, oposiciones y conflictos. En este sentido, es hacer del otro un prójimo. Es aceptar su colaboración, es compartir con él la responsabilidad frente a la verdad y la justicia. Es proponer y estudiar todas las fórmulas posibles de honesta conciliación, sabiendo unir a la justa defensa de los intereses y del honor de la propia parte una no menos justa comprensión y respeto hacia las razones de la otra parte, así como las exigencias del bien general, común a ambas.
¿No es cada vez más evidente que todos los pueblos de la tierra se hallan en situación de interdependencia mutua en campo económico, político y cultural? Quien pretendiera liberarse de esta solidaridad no tardaría en pagar las consecuencias.

– Finalmente, el verdadero diálogo es la búsqueda del bien por medios pacíficos; es voluntad obstinada de recurrir a todas las fórmulas posibles de negociación, de mediación, de arbitraje, esforzándose siempre para que los factores de acercamiento prevalezcan sobre los de división y de odio. Es un reconocimiento de la dignidad inalienable del hombre. Tal diálogo se fundamenta en el respeto a la vida humana. Es una apuesta en favor de la sociabilidad de los hombres, de su vocación a caminar juntos de manera estable, mediante un encuentro convergente de inteligencias, voluntades v corazones hacia el objetivo que les ha fijado el Creador: el de hacer la tierra verdaderamente habitable para todos y digna de todos…

El diálogo por la paz debe instaurarse ante todo a nivel nacional, para resolver los conflictos sociales y buscar el bien común. Por lo tanto, teniendo en cuenta los intereses de los diferentes grupos, la concertación pacífica puede hacerse constantemente, a través del diálogo, en el ejercicio de las libertades y de los deberes democráticos para todos, merced a las estructuras de participación y a las múltiples instancias de conciliación entre los empleadores y los trabajadores, en el modo de respetar y asociar a los grupos culturales, étnicos y religiosos que forman una nación. Desgraciadamente, cuando el diálogo entre los gobernantes y el pueblo no existe, la paz social está amenazada o ausente; es como si se viviera en estado de guerra. Pero la historia y la observación actual muestran que muchos países han conseguido o consiguieron establecer una verdadera concertación permanente para resolver los conflictos que surgieron en su interior, o igualmente para prevenirlos, dotándose de unos instrumentos de diálogo verdaderamente eficaces. Ante todo se dan ellos una legislación en evolución constante, que hace respetar unas jurisdicciones apropiadas para corresponder al bien común.

Si el diálogo se muestra capaz de producir resultados positivos a nivel nacional ¿por qué razón no será así a nivel internacional? Es cierto que cada vez los problemas son más homogéneos. Pero el medio por excelencia sigue siendo el diálogo leal y paciente. Cuando éste falta entre las naciones, hay que hacer todo para instaurarlo. Cuando es deficiente, hay que perfeccionarlo. Jamás se deberá descartar el diálogo, recurriendo a la fuerza de las armas como medio para resolver los conflictos. La grave responsabilidad que aquí está comprometida, no es sólo la de las partes adversarias presentes, cuya pasión es difícil de dominar, sino también y más aún la de los países más poderosos que se abstienen de ayudarles a renovar el diálogo, abocándoles a la guerra, o tentándoles con el comercio de las armas.
El diálogo entre las naciones debe fundarse en la fuerte convicción de que el bien de un pueblo no puede obtenerse a costa del bien de otro pueblo. Todos tienen los mismos derechos y las mismas reivindicaciones de una vida digna para sus ciudadanos. Es esencial también progresar en la superación de rupturas artificiales, herencia del pasado, y de los antagonismos de bloques. Más aún es necesario reconocer la interdependencia creciente entre las naciones.

Si la injusticia bajo todas sus formas es la fuente primera de la violencia y de la guerra, es evidente que, de manera general, el diálogo por la paz es inseparable del diálogo por la justicia, en favor de los pueblos que sufren frustración y dominio por parte de los restantes pueblos.
El diálogo por la paz comporta necesariamente también una discusión sobre las reglas que rigen la vida económica. Porque la tentación de la violencia y la guerra estará presente siempre en aquellas sociedades donde la avidez, la carrera a los bienes materiales impulsan a una minoría satisfecha a rehusar a la gran masa la satisfacción de los derechos más elementales a la alimentación, a la educación, a la sanidad, a la vida (cf. Gaudium et spes, 69). Esto es cierto a nivel nacional, pero también a nivel internacional, sobre todo si las relaciones bilaterales siguen siendo preponderantes. Es ahí donde la apertura a las relaciones multilaterales, particularmente en el marco de las organizaciones internacionales, aporta una posibilidad de diálogo, menos cargado de desigualdades y, por lo tanto, más favorable a los criterios de justicia…

Pero el objeto del diálogo para la paz no deberá reducirse a una mera denuncia de la carrera armamentista; se trata de buscar un orden internacional más justo, un consenso sobre una repartición más equitativa de los bienes, de los servicios, del saber, de la información y una decidida voluntad de encaminarlos hacia el bien común. Sé que tal diálogo, del que forma parte el diálogo Norte-Sur, es muy complejo; debe resueltamente proseguir con el fin de preparar las condiciones de la verdadera paz ante la proximidad del tercer milenio…

Después de estas consideraciones, mi Mensaje querría ser sobre todo una llamada destinada a recoger el desafío al diálogo por la paz.

Finalizamos con el decálogo que se elaboró en el encuentro interreligioso que tuvo lugar en Asís en enero de 2002.

DECÁLOGO DE ASÍS PARA LA PAZ
Encuentro interreligioso en Asís, 24 de enero de 2002

El día 24 de enero del 2002 tuvo lugar en Asís la histórica Jornada de oración por la paz en el mundo. En aquel importante encuentro interreligioso, los representantes de las diversas confesiones religiosas quisieron codificar su deseo sincero de trabajar en favor de la concordia, de la búsqueda común del verdadero progreso y de la paz en el seno de toda la familia humana, en un «decálogo» proclamado al término de esa excepcional jornada.
Al cumplirse un mes de dicha celebración, el Santo Padre Juan Pablo II envió a todos los jefes de Estado o de Gobierno del mundo ese «Decálogo de Asís para la paz», convencido de que sus diez proposiciones podrán inspirar su acción política y social.
Ofrecemos a continuación el texto de ese «Decálogo».

Decálogo de Asís para la paz:

1. Nos comprometemos a proclamar nuestra firme convicción de que la violencia y el terrorismo se oponen al auténtico espíritu religioso, y, condenando todo recurso a la violencia y a la guerra en nombre de Dios o de la religión, nos comprometemos a hacer todo lo posible por erradicar las causas del terrorismo.

2. Nos comprometemos a educar a las personas en el respeto y la estima recíprocos, a fin de que se llegue a una convivencia pacífica y solidaria entre los miembros de etnias, culturas y religiones diversas.

3. Nos comprometemos a promover la cultura del diálogo, para que aumenten la comprensión y la confianza recíprocas entre las personas y entre los pueblos, pues estas son las condiciones de una paz auténtica.

4. Nos comprometemos a defender el derecho de toda persona humana a vivir una existencia digna según su identidad cultural y a formar libremente su propia familia.

5. Nos comprometemos a dialogar con sinceridad y paciencia, sin considerar lo que nos diferencia como un muro insuperable, sino, al contrario, reconociendo que la confrontación con la diversidad de los demás puede convertirse en ocasión de mayor comprensión recíproca.

6. Nos comprometemos a perdonarnos mutuamente los errores y los prejuicios del pasado y del presente, y a sostenernos en el esfuerzo común por vencer el egoísmo y el abuso, el odio y la violencia, y por aprender del pasado que la paz sin justicia no es verdadera paz.

7. Nos comprometemos a estar al lado de quienes sufren la miseria y el abandono, convirtiéndonos en voz de quienes no tienen voz y trabajando concretamente para superar esas situaciones, con la convicción de que nadie puede ser feliz solo.

8. Nos comprometemos a hacer nuestro el grito de quienes no se resignan a la violencia y al mal, y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia y de paz.

9. Nos comprometemos a apoyar cualquier iniciativa que promueva la amistad entre los pueblos, convencidos de que el progreso tecnológico, cuando falta un entendimiento sólido entre los pueblos, expone al mundo a riesgos crecientes de destrucción y de muerte.

10. Nos comprometemos a solicitar a los responsables de las naciones que hagan todo lo posible para que, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, se construya y se consolide un mundo de solidaridad y de paz fundado en la justicia.

Dentro de unas horas vamos a escuchar el Concierto de Año Nuevo desde la Sala Dorada de la Musikverein de Viena. Este año dirige por segunda vez a la Filarmónica vienesa el letón Mariss Jansons; la primera fue en 2006. Es el director de dos de las mejores orquestas del mundo: la Sinfónica de la Radio de Baviera, con sede en Munich y la Real Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam.

El programa del concierto de Año Nuevo 2012 es el siguiente:

Johann und Joseph Strauß: “Vaterländischer Marsch”

Johann Strauß: “Rathausball-Tänze”, Walzer, op. 438

Johann Strauß: “Entweder – oder!”, Polka schnell op. 403

Johann Strauß: “Tritsch-Tratsch”, Polka, op. 214

Carl Michael Ziehrer: “Wiener Bürger”, Walzer, op. 419

Johann Strauß: “Albion Polka”, op. 102

Joseph Strauß: “Jokey Polka”, Polka schnell, op. 278

– Pause –

Joseph Hellmesberger d.J.: Danse Diabolique

Joseph Strauß: “Künstler-Gruß”, Polka française, op. 274

Johann Strauß: “Freuet euch des Lebens”, Walzer, op. 340

Johann Strauß Vater: “Sperl Galopp”, op. 42

Hans Christian Lumbye: “Kopenhagener Eisenbahn Dampf Galopp”

Joseph Strauß: “Feuerfest”, Polka française, op. 269

Eduard Strauß: “Carmen-Quadrille”, op. 134

Peter I. Tschaikowsky: “Panorama” aus dem Ballet “Dornröschen”, op. 66

Peter I. Tschaikowsky: “Walzer” aus dem Ballet “Dornröschen”, op. 66

Johann und Joseph Strauß: “Pizzicato Polka”

Johann Strauß: “Persischer Marsch”, op. 289

Joseph Strauß: “Brennende Liebe”, Polka Mazur, op. 129

Joseph Strauß: “Delirien”, Walzer, op. 212

Johann Strauß: “Unter Donner und Blitz”, Polka schnell, op. 324

Despedimos la serie sobre la paz con Jansons dirigiendo a la Sinfónica de la Radio de Baviera una de mis músicas preferidas, BEIM SCHLAFENGEHEN, la tercera de las Cuatro Últimas canciones op. 27 de Richard Strauss, con letra de Hermann Hesse. Canta la soprano alemana Anja Harteros, que no puede negar que su padre es griego:

Ahora que el día se ha fatigado, que mi nostálgico deseo sea acogido por la noche estrellada como un niño cansado. Manos, abandonad toda acción. Mente, olvida todo pensamiento. Ahora todos mis sentidos quieren caer en el sueño. Y el alma sin más guardián quiere volar, liberadas sus alas, en el círculo mágico de la noche, para vivir profundamente mil veces.

con el expreso deseo de que la paz reine en este 2012

Deseo para nuestros lectores de paz, interior primero, porque sólo quien tiene paz interior puede aportar en los ambientes en que se mueve un verdadero espíritu de paz y armonía.

Εὐλογήσαι σε Κύριος καὶ φυλάξαι σε, ἐπιφάναι Κύριος τὸ πρόσωπον αὐτοῦ ἐπὶ σὲ καὶ ἐλεήσαι σε, ἐπάραι Κύριος τὸ πρόσωπον αὐτοῦ ἐπὶ σὲ καὶ δῴη σοι εἰρήνην.

El Señor te bendiga y te guarde; ilumine el Señor su rostro sobre ti y te sea propicio; el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz. (Números 6, 24-26)

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