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Archive for 10/01/12

El colegio católico “Anástasis” gozaba de gran predicamento en el mundo académico e instructivo de Palinodia. Fundado en el 2034, tenía una dilatada historia de más de 160 años y en él se había formado una gran parte de la juventud de Palinodia, una ciudad media, de unos 35.000 habitantes, bastante alejada de la capital del país.

Fiel a su ideario, además de enseñar las materias oficiales del curriculum, establecidas por la administración educativa, el centro se ocupaba de la formación religiosa de los alumnos que así lo quisieran, ya que, pese a ser de confesión católica, a él acudían niños y jóvenes, cuyas familias no lo eran; la razón, pues, de llevarlos allí era la calidad de la enseñanza, debida a las magníficas infraestructuras del centro y a la excelente preparación del profesorado.

En esta formación religiosa, a los alumnos de mayor edad, quienes cursaban el Cuarto Grado, se les enseñaban rudimentos de teología en los que se incluía el estudio de la Sagrada Escritura y, dentro de éste, las lenguas clásicas Latín y Griego en las que se había escrito aquélla, bien fuera en la redacción griega de los Setenta (Septuaginta), y la latina de la Vulgata.

Desde 2139 a 2152 Homer Greek había desempeñado aquí su último empleo como docente de griego. Ésa era la información que la señora Yourcenar había dado a Ulrich von Wilamowitz, el detective que había contratado, dada su desconfianza en la policía de Pangea. Wilamowitz  había decidido encargarse él de la visita al “Anástasis” y había dejado a su ayudante Romilly la investigación en el centro en el que Greek desempeñó el cargo de conserje.

Durante su viaje en automóvil a Palinodia, Wilamowitz meditaba sobre las razones que tendría Yourcenar para dar con el paradero de un profesor de griego. Y, sobre todo, le asombraba el hecho de que no pudieran dar con él, cuando había pertenecido a la plantilla de profesores del Estado. Es cierto que hacía muchos años, más de 40, que ya no ejercía y, por tanto, los datos que pudieran tener el ministerio o la Secretaría de instrucción pública, serían ya antiguos y, tal vez, Greek hubiera cambiado de residencia, incluso de ciudad y fuera imposible dar con él.

Entonces – se preguntaba – ¿qué podré conseguir sobre él en el “Anástasis”? Todo lo más, que me digan donde vivía cuando ejercía aquí, pero de eso hace ya 43 años y las cosas habrán cambiado mucho. Debo obtener algún otro dato relevante. La dirección que puedan darme, seguro que no me sirve. Debo dar con alguien que siga manteniendo relación con él, ¿quién sabe?, algún compañero con quien mantenga una amistad…

Tales elucubraciones se hacía Wilamowitz, cuando, sin darse cuenta, estaba ya en la entrada sur de la ciudad de Palinodia. El GPS de su coche le llevó con calculada precisión al número 136 de la Avenida Episteme de Palinodia, donde se ubicaban las instalaciones, recientemente reformadas, del “Anástasis”.

Wilamowitz había concertado una entrevista con el director del centro, el señor Basil Chrisostomus, para las 12’30 h., diciéndole que era policía de Neápolis. Una mentirita que Wilamowitz juzgaba inofensiva. Siempre abre más puertas una placa de policía que un título no homologado de detective. Eran las 11’00 h, así que decidió tomar un café en un establecimiento situado justo enfrente del colegio. Desde allí podía ver el patio del centro, justo en el momento en que había recreo. Observaba con curiosidad los diferentes corrillos de alumnos y las actividades que realizaban.

Unos jugaban con la pelota, otros, los más jóvenes, se perseguían, otros permanecían sentados charlando, otros paseaban y otros, finalmente, los menos, leían libros electrónicos, que Wilamowitz suponía que eran de sus asignaturas. Lo más probable es que dieran un repaso a los temas sobre los que se examinarían pronto. Estos libros tenían la enorme ventaja de que podían leer su contenido, de manera que, a demás de leer, se podían escuchar las lecciones con las ventajas que esto suponía.

El detective apuró el último sorbo de su café, pagó en la barra de la cafetería y cruzó la calle, para dirigirse al colegio.

Basil Chrisostomus era un hombre regordete de mediana edad, más calvo que con pelo, que llevaba unas gafas un tanto viejas y tenía una voz muy aguda y cantarina.

– Hola, señor Wilamowitz, ¡adelante! – dijo desde el otro lado de la mesa de su despacho.

Wilamowitz entró y estrechó la mano que le ofrecía el señor Chrisostomus. Ambos se sentaron y el detective no pudo reprimir una mirada algo prolongada al cuadro que colgaba en la pared existente en la espalda del director. Era una copia de La resurrección de Cristo, la versión de 1616, de Rubens, que mostraba el atlético y robusto cuerpo del Cristo resucitado sin marcas de martirio.

– Impactante cuadro, ¿verdad? –  preguntó Basil.

– Desde luego que sí – respondió Ulrich.

– No podíamos tener otro cuadro, llamándose el centro “Anástasis”.

– ¡Qué diferencia con el “Cristo yacente” de Mantegna!

– ¿Le gusta el arte sacro, señor Wilamowitz?

– Mucho. Hace poco que he vuelto de Florencia y he podido ver el cuadro de Rubens en los Uffizzi.

– ¡Qué curioso! Yo hace un mes que vi el de Mantegna en Milán, en la pinacoteca de Brera.

– Pues sí, ¡vaya coincidencia!

El señor Chrisostomus se volvió satisfecho para mirar su “Resurrección”, y, tras un momento, giró una cara sonriente, y casi triunfante, y preguntó:

– Bueno, señor Wilamowitz. Estoy impaciente pos saber el motivo de su visita.

– Pues verá. Según tengo entendido, en este colegio ejerció como profesor de griego el señor Homer Greek. Lo cierto es que necesito saber algo sobre él, especialmente cuál es su paradero actual. Puesto que estuvo aquí, supongo que tendrán constancia de sus datos o habrá alguien en el centro con el que aún mantenga relación.

-¿Homer Greek? ¿De griego? Déjeme pensar. Sí, me suena mucho; desde luego no he coincido con él. Permítame un momento.

El señor Chrisostomus realizó unas consultas en el ordenador que había en su mesa.

– Estuvo aquí desde el curso 2139-2140 hasta el 2151-2152, es decir, doce cursos. Yo me incorporé al “Anástasis” en el 2178, hace 17 años, y el señor Greek ya llevaba ausente del centro 26. ¡Estamos hablando de hace (a ver desde 2152 y estamos en el 2195) 43 años! Eso es una eternidad

–  Sí, lo sé. ¿No tiene ningún dato relevante en ese ordenador sobre su domicilio?

– Eso es confidencial. Además, ¿por qué razón busca Usted al señor Greek? ¿no le pueden ayudar en el ministerio de Instrucción? Allí tiene los datos de todo el profesorado.

– Sí, es cierto, pero el señor Greek no ejerce desde el 2152, es decir, el año en que acabó en su centro. Antes sólo estuvo un curso en un centro público. He pensado que sería mejor acudir a su colegio, porque aquí tendrían más información sobre él.

– Ya le he dicho que no puedo darle demasiada información. Primero, por el secreto en los datos personales, y segundo porque, realmente, tenemos pocos. Además, creo que en 43 años habrá cambiado mucho la situación del señor Greek, por ejemplo, en su domicilio…

– ¿Y no hay en su colegio alguien que coincidiera con Greek?

– Me temo que no, ni en el claustro ni en el personal no docente.

-¿Y no me puede decir algo como su fecha y lugar de nacimiento, si las tiene? Eso no creo que sea demasiado confidencial.

– Mmmmmm. Veamos. Nació en el 2115; tendrá ahora 80 años.

– ¿Dónde? ¿En Palinodia?

– No

– ¿En Neápolis?

– No. Nació en Hierápolis.

– ¿Hierápolis? ¡Qué curioso!

– Curioso, ¿por qué? Una ciudad como cualquier otra, ¿no?

–  Sí, bueno. ¿No tiene otro dato que me pueda ser de utilidad?

– No creo; sólo que, cuando estuvo aquí, dejó un domicilio de Palinodia, por lo que dudo que fuera el suyo. Seguramente estaría en un piso alquilado.

– ¿Me ha dicho que no hay nadie en el centro que haya podido coincidir con él, verdad?

– En efecto.

– ¿Y alguien ya jubilado que coincidiera con él aquí?

– Lo desconozco.

– De acuerdo, señor Chrisostomus, no le molesto más. Gracias por todo.

– Un placer, señor Wilamowitz. Oiga, ¿no habrá hecho nada malo el señor Greek, verdad?

– No, descuide. Bueno, hasta otra ocasión.

–  Hasta luego. Adiós.

Wilamowitz seguía dándole vueltas al lugar de nacimiento de Greek. Hierápolis ¿Qué sabía de Greek que lo relacionara con Hierápolis, ahora que sabía que había nacido allí?

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