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Archive for 29 de enero de 2012

Si han pensado Ustedes que el título de este artículo es raro o, cuanto menos, inconexo, tal vez tengan razón, pero era el único que se me ocurría para resumir los tres elementos, íntimamente unidos, de los que quería hablar.
Los trataré no en el orden en el que parecen en el título, sino, en primer lugar, el que parece en el título en segunda posición, seguiré por el primero y acabaré por el tercero.
Ya he hablado sobre el primer punto, tanto en este espacio, como en conversaciones con colegas de griego, pero cierta sensación, muy acentuada en este inicio del 2012, me impulsa a abordarlo de nuevo. Es el de la desproporción existente entre los dos cursos de griego del bachillerato.
Utilizo en 1º el libro de Oxford, la versión española del método Athenaze, porque, como dice Santiago Carbonell Martínez en su artículo ῾Η διδασκαλία τῆς ἑλληνικῆς· θεωρία καὶ πρᾶξιςAhir i avui en els estudis grecs (Ayer y hoy en los estudios griegos; me he permitido la licencia de traducir al castellano su artículo):

En general estamos de acuerdo en que lo más importante es que el alumno entre en contacto desde el primer momento con textos de una cierta amplitud, con un vocabulario frecuente y que recogen valores no únicamente lingüísticos, sino también culturales. En esta línea se han hecho recientemente no pocos esfuerzos por seleccionar textos significativos por lo que respecta al contenido y con un grado de complejidad gramatical creciente. Otros, sin embargo, siguiendo el sistema empleado en las filologías modernas y medievales, que han entendido que era imprescindible facilitar a los alumnos la lectura de su literatura mediante adaptaciones graduadas, han dado también un paso adelante en este sentido y se han atrevido a “vulgarizar” el griego y el latín. Estoy refiriéndome a los métodos de lectura como el Reading Greek y el Oxford o el curso de latín Cambridge. Se trata de métodos basados en las teorías de la psicología cognitiva, según las que una lengua se puede aprender a manera natural o espontánea como la materna, a base de escuchar y repetir. La gramática va dosificándose e intercalándose entre los textos que tienen continuidad, en función de unos personajes y de una historia. Inicialmente son adaptados y gradualmente van complicándose. Los textos se leen y traducen con la ayuda del vocabulario, sin necesidad de profundizar en el análisis gramatical.
Algunos de estos métodos van acompañados de cintas con interesantes audiciones de los textos. La versión inglesa del Oxford además dispone en la red de recursos didácticos enfocados a la práctica oral. Aparte de la comprensión a nivel escrito, con estas actividades se trata de potenciar también la comprensión y la expresión oral de los alumnos. Estas actividades parten de la idea, que comparto plenamente, que el aprendizaje del griego y del latín pasa necesariamente por el uso de la lengua a todos los niveles. El currículo actual nos obliga a centrarnos en el ámbito escrito, pero creo que no se debe menospreciar la práctica de las destrezas orales.

En estos días de este largo mes de enero, comparando qué estoy viendo en 1º con mis alumnos y su nivel y qué deben traducir y analizar mis pobres alumnas de 2º, me desespero y me pregunto: ¿pero cómo va a afrontar en enero de 2013 un alumno que en este momento, enero de 2012, está traduciendo textos del tipo: “La madre y la hija llenan rápidamente los cántaros y caminan hacia casa” (traducido el 25 de enero en clase) un párrafo como el 3 del capítulo 2 de la selección del Libro II de las Helénicas de Jenofonte, con siete participios, cinco apositivos, uno en una construcción de genitivo absoluto, otro atributivo, un nominativo absoluto, una concordancia ad sensum de los participios, en plural, con un pronombre en singular, una oración subordinada consecutiva, dentro de la cual hay una subordinada sustantiva de infinitivo en función de CD, de la cual depende, a su vez, una subordinada de relativo, introducida por un relativo cualitativo con antecedente omitido, todo ello trufado de verbos en pasiva, alguno con significado activo, infinitivos de futuro medio, pronombres personales reflexivos, atributos en acusativo de participios apositivos del verbo copulativo y gentilicios de ciudades que a los profesores nos costaría, si es que lo sabemos hacer sin mirar, situar en un mapa de Grecia (texto traducido el martes 24 de enero de 2012)?

Es imposible. Más si cabe, si añadimos que a nuestros alumnos, aunque con honrosas excepciones, les cuesta horrores la sintaxis castellana, base imprescindible para entender un texto literario que presenta párrafos muy enrevesados.

Por eso entiendo que, como dice Santiago Carbonell:

El eterno problema del sistema educativo, que nace de la divergencia entre los criterios de los docentes y los temarios y programas establecidos por las universidades ha sido la causa que métodos innovadores como éstos, aplicados con éxito en otros países, no hayan tenido la aceptación que había que esperar. Muchos compañeros se han mostrado reticentes con estos manuales y la razón es comprensible. El sistema didáctico que plantean parece aplicable sólo para el primer curso, pero no se ajusta a las exigencias del 2º curso y a los contenidos de las pruebas de acceso universitarias centradas en la interpretación de textos literarios.

Pero me rebelo y me niego a cambiar un método que hace el griego más sencillo, ameno, por un peñazo gramaticista que se limite a estudiar declinaciones y conjugaciones para traducir frases cortas, aisladas, que no aportan nada y que siembre el pavor entre las filas de los alumnos y los haga desertar de las huestes helenistas. Yo mismo me quejo ante mis alumnas de 2º y les digo una y otra vez que las comprendo en su desánimo, cuando se dan cuenta de que, para traducir el texto de Jenofonte, necesitarían un bagaje léxico, sintáctico y morfológico enorme, y eso que vieron en 1º con otra profesora más unidades didácticas del libro de Oxford, y por tanto, más contenido gramatical de las que yo intuyo que veré.

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