Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 23/03/12

En su libro Alejandro Magno, Mary Renault escribe sobre Bucéfalo:

La divisoria natural entre la niñez y la adolescencia es el famoso episodio de la doma de Bucéfalo. Se trata de una anécdota trillada: el impetuoso corcel que le fue ofrecido a Filipo por un precio muy elevado no se dejó montar y fue rechazado por inútil; el niño insistió en que se desperdiciaba un magnífico caballo; el padre lo retó a que superara a sus mayores; apostaron que éste le compraría el caballo si Alejandro lograba domarlo y, en caso contrario, el joven tendría que pagarlo; el caballo sintió confianza en cuanto Alejandro lo tocó. La idea popular sigue rondando en torno a su encuentro de jóvenes animosos y lo cierto y más interesante es que Bucéfalo tenía doce años. En consecuencia, era indudable que el caballo estaba entrenado, sin duda para la guerra. Lo que ello suponía en la antigua Grecia es vívidamente descrito por Jenofonte en su tratado de equitación. Todavía no se conocían los estribos ni la silla de montar; el jinete montaba a pelo o sobre una manta. Así, la lanza no podía emplearse para una carga de impacto, como en la guerra medieval, sino para empujar (el propio Alejandro prefería el sable). Aun así, el jinete necesitaba un corcel bien disciplinado para seguir montado; salvo el apretón de las rodillas, el único control se ejercía a través del bocado y los ejemplos que sobreviven son espantosos. Además de firmeza en la batalla, esperaban que el corcel de categoría caracoleara al desfilar. En este punto Jenofonte, que amaba a los caballos, hace algunas advertencias reveladoras. “Algunos enseñan la corveta golpeando con una vara bajo los jarretes del caballo o haciendo que alguien corra a su alrededor con un palo y le dé en los cuartos traseros.” También desaprueba que simultáneamente se levante la cabeza del caballo, se lo espolee y se lo azote. Cabe la posibilidad de que el que intentó preparar a ese animal valiente y fogoso para un cliente de la realeza hubiese dado demasiados golpes. Arriano cuenta que, mientras vivió, Bucéfalo no se dejó montar por ninguna otra persona que no fuera Alejandro. Rufo Quinto Curcio añade que, por Alejandro, el caballo era capaz de bajar el cuerpo para ayudarlo a montar. Es el único incidente de la vida de Alejandro que Plutarco narra con tanto lujo de detalles que parece un auténtico recuerdo. Tal vez en las noches en que el conquistador del mundo se quedaba hasta altas horas bebiendo vino lo asaltaba “una especie de jactancia marcial” y narraba esa anécdota favorita, que algún escritor de memorias se aprendió al dedillo. De todos modos, su interés no sólo es histórico sino humano. Durante la batalla de Gaugamela, Alejandro -que tenía veinticinco años- cuidó de su corcel de veinticuatro años, que era lo bastante famoso para que quedara consignado. La flor de la vida de Bucéfalo se correspondió con los años de guerras juveniles de Alejandro, antes de que subiera al trono; sin duda ya se celebraban las hazañas de uno y de otro. Filipo compró el caballo tal como habían acordado y se mostró orgulloso del logro de su hijo.

Plutarco también recoge el episodio en su Vida de Alejandro, VI. Éste es el texto griego:

᾿Επεὶ δὲ Φιλονίκου τοῦ Θεσσαλοῦ τὸν Βουκεφάλαν ἀγαγόντος ὤνιον τῷ Φιλίππῳ τρισκαίδεκα ταλάντων, κατέβησαν εἰς τὸ πεδίον δοκιμάσοντες τὸν ἵππον, ἐδόκει τε χαλεπὸς εἶναι καὶ κομιδῇ δύσχρηστος, οὔτ᾿ ἀναβάτην προσιέμενος οὔτε φωνὴν ὑπομένων τινὸς τῶν περὶ τὸν Φίλιππον, ἀλλ᾿ ἁπάντων κατεξανιστάμενος, δυσχεραίνοντος δὲ τοῦ Φιλίππου καὶ κελεύοντος ἀπάγειν ὡς παντάπασιν ἄγριον καὶ ἀκόλαστον, παρὼν ὁ ᾿Αλέξανδρος εἶπεν· οἷον ἵππον ἀπολλύουσι, δι᾿ ἀπειρίαν καὶ μαλακίαν χρήσασθαι μὴ δυνάμενοι, τὸ μὲν οὖν πρῶτον ὁ Φίλιππος ἐσιώπησε· πολλάκις δ᾿αὐτοῦ παραφθεγγομένου καὶ περιπαθοῦντος, ἐπιτιμἀς σὺ ἔφη πρεσβυτέροις ὥς τι πλέον αὐτὸς εἰδὼς ἢ μᾶλλον ἵππῳ χρήσασθαι δυνάμενος; τούτῳ γοῦν ἔφη χρησαίμην ἂν ἑτέρου βέλτιον. ἂν δὲ μὴ χρήσῃ, τίνα δίκην τῆς προπετείας ὑφέξεις; ἐγὼ νὴ Δί᾿ εἶπεν ἀποτείσω τοῦ ἵππου τὴν τιμήν. γενομένου δὲ γέλωτος, εἶθ᾿ ὁρισμοῦ πρὸς ἀλλήλους εἰς τὸ ἀργύριον, εὐθὺς προσδραμὼν τῷ ἵππῳ καὶ παραλαβὼν τὴν ἡνίαν, ἐπέστρεψε πρὸς τὸν ἥλιον, ὡς ἔοικεν ἐννοήσας ὅτι τὴν σκιὰν προπίπτουσαν καὶ σαλευομένην ὁρῶν πρὸ αὑτοῦ διαταράττοιτο. Μικρὰ δ᾿ αὐτῷ παρακαλπάσας καὶ καταψήσας, ὡς ἑώρα πληρούμενον θυμοῦ καὶ πνεύματος, ἀπορρίψας ἡσυχῇ τὴν χλαμύδα καὶ μετεωρίσας αὑτόν, ἀσφαλῶς περιέβη. καὶ μικρὰ μὲν περιλαβὼν ταῖς ἡνίαις τὸν χαλινόν, ἄνευ πληγῆς καὶ σπαραγμοῦ προσανέστειλεν·  ὡς δ᾿ ἑώρα τὸν ἵππον ἀφεικότα τὴν ἀπειλήν, ὀργῶντα δὲ πρὸς τὸν δρόμον, ἀφεὶς ἐδίωκεν, ἤδη φωνῇ θρασυτέρᾳ καὶ ποδὸς κρούσει χρώμενος. τῶν δὲ περὶ τὸν Φίλιππον ἦν ἀγωνία καὶ σιγὴ τὸ πρῶτον· ὡς δὲ κάμψας ὑπέστρεψεν ὀρθῶς σοβαρὸς καὶ γεγηθώς, οἱ μὲν ἄλλοι πἀντες ἀνηλάλαξαν, ὁ δὲ πατὴρ καὶ δακρῦσαί τι λέγεται πρὸς τὴν χαράν, καὶ καταβάντος αὐτοῦ τὴν κεφαλὴν φιλήσας ὦ παῖ φάναι, ζήτει σεαυτῷ βασιλείαν ἴσην· Μακεδονία γάρ σ᾿ οὐ χωρεῖ.

Y ésta es la traducción, sacada de aquí.

VI. Trajo un Tésalo llamado Filonico el caballo Bucéfalo para venderlo a Filipo en trece talentos, y, habiendo bajado a un descampado para probarlo, pareció áspero y enteramente indómito, sin admitir jinete ni sufrir la voz de ninguno de los que acompañaban a Filipo, sino que a todos se les ponía de manos. Desagradóle a Filipo, y dio orden de que se lo llevaran por ser fiero e indócil; pero Alejandro, que se hallaba presente: “¡Qué caballo pierden- dijo-, sólo por no tener conocimiento ni resolución para manejarle!” Filipo al principio calló; mas habiéndolo repetido, lastimándose de ello muchas veces: “Increpas- le replicó- a los que tienen más años que tú, como si supieras o pudieras manejar mejor el caballo”; a lo que contestó: “Este ya se ve que lo manejaré mejor que nadie”. “Si no salieres con tu intento- continuó el padre- ¿cuál ha de ser la pena de tu temeridad?” “Por Júpiter- dijo-, pagaré el precio del caballo”. Echáronse a reír, y, convenidos en la cantidad, marchó al punto adonde estaba el caballo, tomóle por las riendas y, volviéndole, le puso frente al sol, pensando, según parece, que el caballo, por ver su sombra, que caía y se movía junto a sí, era por lo que se inquietaba. Pasóle después la mano y le halagó por un momento, y viendo que tenía fuego y bríos, se quitó poco a poco el manto, arrojándolo al suelo, y de un salto montó en él sin dificultad. Tiró un poco al principio del freno, y sin castigarle ni aun tocarle le hizo estarse quedo. Cuando ya vio que no ofrecía riesgo, aunque hervía por correr, le dio rienda y le agitó usando de voz fuerte y aplicándole los talones. Filipo y los que con él estaban tuvieron al principio mucho cuidado y se quedaron en silencio; pero cuando le dio la vuelta con facilidad y soltura, mostrándose contento y alegre, todos los demás prorrumpieron en voces de aclamación; mas del padre se refiere que lloró de gozo, y que besándole en la cabeza luego que se apeó: “Busca, hijo mío- le dijo-, un reino igual a ti, porque en la Macedonia no cabes”.

Read Full Post »