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Archive for 12 marzo 2012

–  Lo mejor que podrías hacer es abandonar el monasterio lo antes posible, Homer,- dijo Dom Benedikt. Creo que la policía sospecha que estás aquí y vendrán seguro a por ti.
–   Sí, Homer, será lo mejor, terció Dom Ludovic.
–    De acuerdo, me trasladaré provisionalmente a mi casa de Hierápolis, pero no me llevaré muchas cosas.
–    Tranquilo, nosotros nos encargamos de ocultar todo lo tuyo y ponerlo a buen recaudo.
–    ¿El altillo secreto de la sacristía de la iglesia?
–    Sí, allí no creo que vayan.
–    Dejaremos tu habitación limpia como una patena.
–    Llamadme y contádmelo todo, si vienen.
–    Descuida, Homer
–     Lo cierto es que no me importaría que, de aquí unos días, supieran que vivo aquí. De hecho lo sabrán.
–    ¿Qué quieres decir?
–    ¡Nada! ya os enteraréis. Voy a preparar lo que me llevo.
–    Dom Theodor te llevará a Hierápolis en nuestra furgoneta.

Dom Ludovic y Dom Benedikt salieron del cuarto y Homer Greek recogió en una pequeña maleta algo de ropa, algunos libros y la bolsa de aseo.
Al poco salió a la recepción donde ya le esperaba Dom Theodor. Partieron al punto hacia el pueblo que descansaba a los pies de la mole en la que se asentaba el cenobio benedictino.
Terminada la videoconferencia con Arístides Orpheus, Schadewaldt y el propio Rhode partieron sin demora hacia San Florián. Para cuando el coche se detuvo ante el portalón del monasterio, Homer Greek ya estaba en su casa y en el monasterio no había rastro de él. No contaban con que Orpheus había cantado, y no precisamente el aria de “El rapto en el serrallo”.

Dom Nikolaus los recibió y los llevó ante el abad.
–    Señor abad, soy el capitán Rhode, de la policía de Neápolis.
–    Mucho gusto.
–    Al teniente Schadewaldt ya lo conoce.
–    En efecto, nos visitó no hace mucho.
–    Entonces sabe que venimos por el asunto Greek.
–    ¡Ah! Creí que estaba todo claro.
–  Depende de qué entendamos por claro. Mire, voy a ser directo: sabemos que Homer Greek vive aquí, en el monasterio.
–    ¿Cómo dice?
–    ¡No se haga el longuis! Tenemos fuentes fiables.
–    ¡Fuentes! No creo que traigan una orden de registro, pero tampoco les hace falta.
–    No la traemos, pero ¿qué quiere decir con que no nos hace falta?
–   Pues que por mí pueden registrar el monasterio de arriba abajo y se demostrará que dije la verdad.
–    Eminencia, ¡que es Usted un monje!
–    ¿Qué quiere decir?
–    ¡Que no mienta!
–    ¡No miento!
–    ¿Se cree que no sospechamos que habrán puesto a Greek a buen recaudo? Por supuesto que no creíamos hallar ya aquí a Homer Greek, sino que confiábamos en que nos dijera dónde está.
–    Señor Rhode…
–    ¿Conoce Usted a Arístides Orpheus, ese viejecito simpático, pero a la par un tanto pesado, que vive en la residencia geriátrica “Titono” de Palinodia?
La cara del abad palideció.
–    ¿No le conoce, señor abad?
–    Pues debería, terció Schadewaldt, porque el viejecito afirma que ha estado aquí con Homer Greek y que a menudo se ven por WebCam.
–    ¿No tiene nada que decir, eminencia?
–    … Bien, es inútil que siga aparentando no saber nada. Sí, Homer Greek vive con nosotros en el monasterio.
–    ¡Ajá! ¿Desde cuando? Si no es indiscreción.

–    Ya hace 15 años. Antes de jubilarse había venido a los cursillos de gregoriano durante una o dos semanas. Cuando se jubiló, nos preguntó si podía instalarse aquí. En el monasterio se daban las condiciones idóneas para su retiro: tranquilidad, su querido canto gregoriano, la biblioteca con magníficos ejemplares, muchos de ellos en griego, espacio para la meditación y la reflexión.
No pudimos negarnos y le permitimos que se instalara en la hospedería de forma definitiva. Ha sido y es un magnífico huésped que hace casi vida monacal, excepto en el trabajo de encuadernación. Además, asiste a Dom Ludovic en los cursillos de gregoriano. Quisimos ocultar su presencia entre nosotros por preservar su tranquilidad y porque, cuando nos solicitó instalarse aquí, nos manifestó su deseo de apartarse de la sociedad, de vivir sin que se supiera nada de su persona. Durante quince años Homer ha vivido aquí feliz, relajado y dedicado a lo que más le gusta. La visita de la policía nos puso en alerta y decidimos todos los monjes adoptar una medida de protección, aunque nos ha llevado a mentir, algo que, en efecto, no casa con nuestra condición. Pero digamos que lo considerábamos una mentira piadosa.

–    Bueno, por lo menos se ha sincerado Usted y no ha seguido con la comedia. Y ¿sería mucho pedirle que nos dijera dónde se encuentra ahora el señor Greek?
–    Marchó a su casa de Hierápolis; no sé nada más, aunque, cuando se iba me dijo algo enigmático.
–    ¡Ah, si! ¿Qué?
–    Que no le importaría que, de aquí unos días, supieran Ustedes que vive aquí. Y añadió que, de hecho, lo sabrían.
–    ¿Eso qué quiere decir?
–    Suena a que él mismo desvelaría la situación, ¿no, capitán?
–    Eso parece; como si tuviera la intención de acabar con esta situación de retiro.
–    Por cierto, señores, ya que yo ya he hablado, ¿Podría decirme ahora con exactitud para qué buscan a Homer?
–    Bueno, creo que es justo que se lo digamos. Verá, parece que necesitan al señor Greek para descifrar un importante texto que han hallado en una excavación arqueológica, creo que en Paleópolis. El descubrimiento del texto no ha sido comunicado aún a nadie. El texto está escrito en griego y necesitan a un helenista para traducirlo y ahí es donde entra en juego  Homer Greek.
–    ¿No han conseguido descifrar ese texto?
–    Pues, por lo visto, no. Debe ser que los arqueólogos de ahora no dominan el griego.
–    ¡Vaya! Eso puede ser magnífico para Homer. Demostrar la importancia de la lengua que él adora y que siempre ha estudiado y enseñado y, al tiempo, hacer caer a las autoridades y a los especialistas de hoy que el desconocimiento del griego sólo puede llevarnos a la mediocridad y a la falta de cultura, a la pérdida de un importante bien y al empobrecimiento de nuestra sociedad.
–    Es posible, pero lo que sí que choca es que un descubrimiento arqueológico se paralice o no pueda comunicarse, porque no se ha podido traducir el texto que contiene. Según me consta, el griego ha sido una lengua de prestigio y lo suficientemente importante como para que siguiera teniendo cabida en los estudios actuales.
–    Sí, pero lo cierto es que hace tiempo que no lo está y así les ha ido a los arqueólogos.
–    Bueno ¿y dónde vive exactamente el señor Greek?
–    Creo que en una casita a las afueras de Hierápolis, en la urbanización “Paradeisos”, en la casa número 7.
–    Bien, gracias por todo, Dom Benedikt y disculpe nuestra ironía anterior.
–    Tranquilo, señor Rhode, cada uno jugaba su papel.
–    Hasta luego, Eminencia.
–    Adiós, teniente Schadewaldt. Ya veremos cómo acaba todo esto.

Rhode y Schadewaldt fueron despedidos en la puerta del monasterio por el abad en persona. El coche policial enfiló la serpenteante carretera que bajaba hasta Hierápolis.

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Seguimos con el texto del De somniis de Filón.

προκατασκευ δ᾿ στ τς φαντασας ναγκαα, ν κριβσαντες εμαρς ἴσως δυνησμεθα κα τὰ δηλομενα π τς φαντασας καταλαβεν. τς ον προκατασκευ; κα ξλθε φησν ᾿Ιακβ π το φρατος το ρκου κα πορεθη ες Xαρρν, κα πντησε τπῳ· δυ γὰρ λιος· κα λαβεν π τν λθων το τπου κα θηκε πρς κεφαλς ατο, κα κοιμθη ν τ τπ κεν (ιβιδ. 10. 11) κπειτ᾿ εθς στι τ ναρ.

4. La visión va precedida de una aclaración preparatoria, necesaria para su comprensión; y hemos de considerarla detalladamente para estar en condiciones de entender, con facilidad quizá, el significado de la visión. ¿Cuál es, pues, esa aclaración preparatoria? La siguiente: “Y partió Jacob de la fuente del juramento y se dirigió hacia Harrán, y encontró un lugar; pues el sol se ponía; y tomó una de las piedras del lugar y la colocó bajo su cabeza, y se acostó en aquel lugar” (Gen. XXVIII, 10 y 11). Y entonces de inmediato tuvo lugar el sueño.

οκον ξιον ν ρχ ταυτ τρα διαπορσαι· ν μν τ τ το ρκου φραρ κα διὰ τ οτως νομάσθη, δετερον δ τς Xαρρὰν κα διὰ τ π το λεχθντος φρατος ξελθν ες Xαρρὰν ρχεται εθς, τρτον τς τπος κα δι τ, ταν γνηται κατ᾿ ατν, μν λιος δεται, ατς δ κοιμται.

5. Pues bien, para comenzar corresponde que nos planteemos estas tres cuestiones: primera, qué es “la fuente del juramento” y por qué fue llamada así; segunda, qué es “Jarán” y por qué saliendo de dicha fuente se dirige directamente a Jarán; y la tercera, cuál es “el lugar” y por qué cuando se presenta en él pónese el sol y Jacob se tiende a dormir.

Σκοπμεν ον ατκα τ πρτον. μο τονυν δοκε σμβολον εναι τ φραρ πιστμης· ο γάρ στιν πιπλαιος ατς φσις, λλὰ πάνυ βαθεα· οδ᾿ ν φανερ πρκειται, λλ᾿ ν φανε που κρπτεσθαι φιλεῖ· οδ ῥᾳδίως, ἀλλὰ μετὰ πολλῶν πόνων καὶ μόλις ἀνευρίσκεται. καὶ ταῦτ᾿ οὐ μόνον ἐπὶ τῶν μεγάλα καὶ ἀμύθητα ὅσα θεωρήματα ἐχουσῶν, ἀλλὰ καὶ ἐπὶ τῶν εὐτελεστάτων θεωρεῖται.

6. II. Averigüemos, pues, sin más preámbulos lo primero. Pues bien, a mi juicio la fuente es símbolo del conocimiento. La naturaleza de este, en efecto, no es superficial sino del todo profunda. El saber no se presenta al descubierto, sino tiende a ocultarse en lo secreto. No con facilidad sino con muchos esfuerzos y dificultades es descubierto. Y esto se advierte no sólo en el caso de las ramas del saber que contienen grandes e innumerables problemas sino también en las más simples investigaciones.

 

ἣν γοῦν ἂν ἐθέλῃς ἑλοῦ τῶν τεχνῶν, μή μοι τὴν ἀρίστην, ἀλλὰ τὴν πασῶν ἀφανεστάτην, ἣν ἐλεύθερος μὲν ἴσως οὐδεὶς ἐν πόλει τραφεὶς ἑκὼν ἐπιτηδεύσειεν ἄν, ἐν ἀγρῷ δὲ μόλις ἄκων οἰκέτης δυσκόλῳ καὶ δυστρόπῳ παλαίων δεσπότῃ βιαζομένῳ πολλὰ δρᾶν τῶν ἀβουλήτων.

7. Toma como ejemplo aquella que quieras entre las artes; no la mejor, te ruego, sino la más modesta de todas ellas, una que seguramente ningún hombre libre criado en una ciudad practicaría de grado, y en el campo apenas la ejercería, y contra su voluntad, un sirviente sometido a un amo insoportable y maligno que le fuerza a ejecutar muchas cosas a disgusto.

 

 εὑρεθήσεται γὰρ οὐχ ἁπλοῦν, ἀλλὰ ποικίλον τὸ πρᾶγμα, οὐ θήρᾳ ληπτόν, δυσεύρετον, δυσπεριγένητον, ἐχθρὸν μὲν ὄκνῳ καὶ ἀμελείᾳ καὶ ῥᾳθυμίᾳ, σπουδῆς δὲ καὶ φιλοτιμίας ἱδρώτων τε καὶ φροντίδων μεστόν. οὗ χάριν οὐδ᾿ ὕδωρ ἐν τῷ φρέατι τούτῳ φασὶν οἱ ὀρύττοντες εὑρεῖν (Γεν. 26, 32), ἐπειδὴ τὰ τέλη τῶν ἐπιστημῶν οὐ δυσεύρετα μόνον, ἀλλὰ καὶ ἀνεύρετα παντελῶς εἶναι συμβέβηκε.

8. Hallarás, en efecto, que no se trata de un cometido sencillo sino complicado, de aquellos para los que has de emplear las dos manos; difícil de descubrir y difícil de dominar, en riña con la indecisión, el descuido y la indiferencia; pleno de diligencia y responsabilidad, de sudores y preocupaciones. Por ello los excavadores afirman no hallar agua en esta fuente 2, como que aquello hacia lo que tienden las distintas ramas del saber no sólo es difícil de hallar sino indescubrible por completo.

2 Gen. XXVI, 32.

γραμματικώτερος δὲ διὰ τοῦτο καὶ γεωμετρικώτερος ἕτερος ἑτέρου γίνεται τῷ τὰς ἐπιτάσεις καὶ παραυξήσεις ἀμήχανον εἶναι ὅροις περιγραφῆναι· πλείω γὰρ ἀεὶ τῶν εἰς μάθησιν ἡκόντων τὰ ἀπολειπόμενα ἐκδέχεται καὶ ἐφεδρεύει, ὡς καὶ τὸν ἅπτεσθαι περάτων ἐπιστήμης ὑπολαμβανόμενον ἡμιτελῆ παρ᾿ ἑτέρῳ κριτῇ νομίζεσθαι, παρὰ δὲ ἀληθείᾳ δικαζούσῃ καὶ ἄρτι ἄρχεσθαι δοκεῖν.

9. Tal es la causa por la que un hombre es mejor gramático o geómetra que otro; dado que es imposible fijar límites a los alcances y progresos en tales asuntos. En efecto, lo que todavía resta por aprender aguarda su tumo y está a la espera siempre en mayor proporción aún que los avances realizados ya en el aprendizaje; y así, aquel de quien se piensa que ha alcanzado los límites de la sabiduría, a juicio de otro sólo se halla a mitad de camino; y el veredicto de la verdad es que sólo acaba de comenzar.

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Antología del Latín Medieval

Abordamos ahora el texto griego, en su recensión B, paralelo a los episodios que narra el texto latino de León el Arcipreste. Damos la traducción de Carlos García Gual:

13. ᾿Εν μιᾷ οὖν τῶν ἡμερῶν κομίζουσιν οἱ τοῦ Φιλίππου ἱπποφόροι ἐκ τῶν ἱπποφορβίων αὐτοῦ πῶλον ὑπερμεγεθέστατον καὶ παρέστησαν αὐτὸν τῷ βασιλεῖ Φιλίππῳ λέγοντες· “δέσποτα βασιλεῦ, τοῦτον τὸν ἵππον ἐν τοῖς βασιλικοῖς ἱπποφορβίοις εὕρομεν γεννηθέντα, κάλλει διαφέροντα τοῦ Πηγάσου, ὃν κομίζομέν σοι, δέσποτα.” Θεασάμενος δὲ αὐτοῦ τὸ μέγεθος καὶ τὸ κάλλος Φίλιππος ὁ βασιλεὺς ἐθαύμασεν. βίᾳ δὲ φερόμενος ὑπὸ πάντων κατείχετο. οἱ δὲ ἱπποφόροι εἶπον· “μέγιστε βασιλεῦ, ἀνθρωποφάγος ἐστίν.” ὁ δὲ βασιλεὺς Φίλιππος εἶπεν· “ἀληθῶς ἐν τούτῳ πληροῦται τὸ ἐν τοῖς ῞Ελλησι παροίμιον, ὅτι ἐγγὺς ἀγαθοῦ πέφυκε κακόν. ἀλλ᾿ ἐπειδὴ αὐτὸν ἐνηνόχατε, λήψομαι αὐτόν.” καὶ ἐκέλευσε τοῖς προπόλοις αὐτοῦ ποιῆσαι σιδηρὸν κάγγελον καὶ τοῦτον ἐγκλεῖσαι ἀχαλίνωτον.  “καὶ τοὺς μὴ ὄντας ὑπηκόους τῆς ἐμῆς βασιλείας ἀλλ᾿ ὑποπίπτοντας ἢ τῷ νόμῳ ἀπειθοῦντας ἢ ἐπὶ λῃστείᾳ  ληφθέντας αὐτῷ παραβάλλετε.” καὶ ἐγένετο καθὼς ἐκέλευσεν ὁ βασιλεύς.

En uno de aquellos días, los palafreneros de las caballerizas reales llevaron a Filipo un gran potro lleno de vigor y se lo presentaron al rey diciendo:
–    Soberano rey, hemos encontrado este caballo, nacido en los establos reales, que por su bella estampa aventaja al propio Pegaso. Te lo traemos a ti, señor.
Al contemplar su estatura y su arrogancia quedó Filipo admirado. Pero el caballo estaba retenido con fuerza por todos los criados, y le explicaron los caballerizos:
–    ¡Soberano rey, se alimenta de carne humana!
Contestó el rey Filipo:
–    En verdad se cumple ene so el proverbio de los griegos de que: “cerca del bien está naturalmente el mal”, pero ya que habéis conseguido traérmelo, lo aceptaré.
Luego dio órdenes a sus servidores de construirle una jaula de hierro y encerrarlo en ella sin freno.
–    ¡Y a los rebeldes contra mi reinado y sentenciados por ello y a los que hayan sido condenados por desobedecer la ley o por bandidaje, echádselos!
Y así se hizo como mandó el rey.

En la Grande e General Estoria leemos el mismo episodio:

“El tiempo en que esto fue, un princep de Capadocia aduxo al rey Philippo un cavallo bravo, grende de cuerpo e muy fermoso e atado de manos e de pies con cadenas de fierro, de guisa que non pudiesse fazer mal a los omnes, ca dizién que los comié, e dizién-le por nombre Bucifal —e diéron-le este nombre d”esta palabra bus, que dize el griego por buey—, e diéron-le este nombre por que diz la estoria que avié la cabeça como de toro, e avié una señal fecha de fierro en la espalda o por que-l semejavan cuernos” (G.E. IX).

15. Επανελθὼν δὲ Φίλιππος ἀπὸ τῆς ἀποδημίας ἐξῆλθεν εἰς Δελφοὺς χρησμοδοτηθῆναι τίς ἄρα μετ᾿ αὐτὸν βασιλεύσει. ἡ δὲ ἐν Δελφοῖς Πυθία γευσαμένη τοῦ Κασταλίου νάματος διὰ χθονίου χρησμοῦ οὕτως εἶπεν· “Φίλιππε, ἐκεῖνος ὅλης τῆς οἰκουμένης βασιλεύσει καὶ δόρατι πάντας ὑποτάξει, ὅστις τὸν Βουκέφαλον ἵππον ἁλλόμενος διὰ μέσης τῆς Πέλλης διοδεύσει.” ἐκλήθη δὲ Βουκέφαλος, ἐπειδὴ ἐν τῷ μηρῷ εἶχεν ἔγκαυμα βοὸς φαίνοντα κεφαλήν. ὁ δὲ Φίλιππος ἀκούσας τὸν χρησμὸν προσεδόκα νέον ῾Ηρακλῆν.

Al regresar Filipo de un viaje se desvió hasta Delfos para preguntar al oráculo quién reinaría después de él. La pitonisa de Delfos, probando el agua de la fuente Castalia en su oráculo subterráneo, le dijo de este modo:
–    Filipo, será rey de todo el mundo habitado y someterá a todos por la lanza aquel que monte el caballo Bucéfalo y sobre su lomo cruce a través de Pela.
El caballo recibió el nombre de Bucéfalo porque tenía en su grupa la marca de una cabeza de toro. Y Filipo, después de haber oído al oráculo, quedó a la espera de un nuevo Heracles.

17. Εγένετο δὲ ᾿Αλέξανδρος ἐτῶν δεκαπέντε· καὶ ἐν μιᾷ τῶν ἡμερῶν ἔτυχε διέρχεσθαι αὐτὸν τὸν τόπον, ἔνθα ἦν ὁ Βουκέφαλος ἵππος ἐγκεκλεισμένος, καὶ ἤκουσε χρεμετισμοῦ φοβεροῦ καὶ ἐπιστραφεὶς πρὸς τοὺς προπόλους εἶπεν· “τίς οὗτος ὁ χρεμετισμὸς τοῦ ἵππου;” ἀποκριθεὶς δὲ Πτολεμαῖος ὁ στρατάρχης εἶπεν· “δέσποτα, οὗτός ἐστιν ὁ Βουκέφαλος ἵππος, ὃν ὁ πατήρ σου ἐνέκλεισε διὰ τὸ ἀνθρωποφάγον αὐτὸν εἶναι.” ἀκούσας δὲ ὁ ἵππος τῆς ᾿Αλεξάνδρου λαλιᾶς ἐχρεμέτισεν ἐκ δευτέρου, οὐχ ὡς πάντοτε φοβερὸν ἀλλὰ μελιχρὸν καὶ λιγυρὸν ὡς ὑπὸ θεοῦ ὑποτασσόμενος. ὡς οὖν ἤγγισε τῷ καγγέλλῳ ᾿Αλέξανδρος, εὐθέως ὁ ἵππος προέτεινε τοὺς ἐμπροσθίους πόδας τῷ ᾿Αλεξἀνδρῳ καὶ τὴν γλῶτταν αὐτοῦ προσχαλῶν αὐτῷ ὑποφαίνων τὸν ἴδιον δεσπότην. ὁ δὲ ᾿Αλέξανδρος θεασάμενος τὴν θαυμαστὴν τοῦ ἵππου πρόσοψιν καὶ λείψανα πολλῶν ἀνθρώπων βιοθανάτων ὑποκείμενα αὐτῷ παραγκωνισάμενος τοὺς φύλακας τοῦ ἵππου ἤνοιξε τὸ κάγγελλον. καὶ δραξάμενος αὐτοῦ τοῦ τένοντος ὑπετάγη αὐτῷ καὶ ἥλατο αὐτὸν ἀχαλίνωτον καὶ διῆγε διὰ μέσου τῆς πόλεως Πέλλης. δραμὼν δέ τις τῶν ἱπποφορβῶν ἀπήγγειλε τῷ βασιλεῖ Φιλίππῳ ἔξω ὄντι τῆς πόλεως. ὁ δὲ Φίλιππος ὑπομνησθεὶς τοῦ χρησμοῦ εὐθέως ὑπήντησε τῷ ᾿Αλεξάνδρῳ καὶ ἠσπάσατο αὐτὸν εἰπών· “χαίροις ᾿Αλέξανδρε κοσμοκράτορ.” καὶ ἀπὸ τότε ἱλαρὸς ἦν Φίλιππος ἐπὶ τῇ τοῦ τέκνου ἐλπίδι.  

Alejandro llegó a los quince años. Y uno de aquellos días sucediole que paseaba cerca del lugar donde se hallaba Bucéfalo enjaulado, y oyó su terrible relincho. Y dirigióse a sus servidores y les preguntó:
–    ¿Qué es ese relincho del caballo?
Le respondió el general Tolomeo así:
–    Soberano, ése es el caballo Bucéfalo, al que tu padre enjauló porque es antropófago.
El caballo, que oyó la voz de Alejandro, relinchó por segunda vez, no como siempre, de modo terrible, sino suave y claramente, como impulsado por la divinidad. Entonces, al acercarse Alejandro a la jaula, el caballo tendió hacía él sus patas delanteras y le sacaba la lengua como si quisiera mostrarle que era su auténtico dueño. Alejandro observó la admirable estampa del caballo y los restos de muchos hombres condenados a muerte esparcidos a su alrededor, y, dejando que se resguardaran sus guardianes, ordenó abrir la jaula. Apoyándose en su lomo, saltó sobre él sin riendas, y lo guiaba a través de la ciudad de Pela. Uno de los caballerizos salió corriendo a anunciar el hecho al rey Filipo, que se encontraba fuera de la ciudad. Y Filipo rememoróse del oráculo y salió en seguida al encuentro de Alejandro y le abrazó diciendo:
–    ¡Salve, Alejandro, emperador del universo!
Y desde entonces estaba contento Filipo, con plena esperanza en su hijo.

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Denys Page, según había acordado con el director del periódico “Ebdomada”, Heinrich Schliemann, acudió a la biblioteca “Herodotea” para hablar con Sappho Corina e intentar averiguar algo sobre Homer Greek.
La encontró en la sección de Cultura China.
– Buenos días, ¿la señora Corina?
– Sí, soy yo. ¿En qué puedo ayudarle?
-Me llamo Denys Page y trabajo en el periódico “Ebdomada”. Le explico de forma resumida. Estoy preparando un artículo sobre los estudios de lenguas clásicas en Pangea y, en mis investigaciones, he averiguado que uno de los últimos profesores de Griego es un tal Homer Greek. Por otro lado, ha llegado a mis oídos que Usted mantuvo, ya hace tiempo, cierta relación con esta persona. Lógicamente, lo que me interesa es que me hable de ella.
– ¡Vaya! No es el primero que pregunta por Homer Greek.
– ¿Cómo es eso?
–  Hace unos días vino por aquí, en dos ocasiones además, un miembro de la policía.
– ¿Buscaba también a Homer Greek?
– Sí, aunque me aseguró que no era por ninguna cuestión delictiva, sino que sus conocimientos interesaban al bien común.
–  ¿No recordará su nombre, verdad?
–  Sí, se llamaba Dumézil.
–  Ya. Bueno, ¿y qué puede decirme Usted de Homer Greek?
– No demasiado. Llegó aquí un día buscando un libro de métrica griega; me extrañó y se justificó diciendo que era profesor de griego. Como a mí me interesa esa materia, intercambiamos opiniones sobre ella. Otro día me desveló que había escrito su propio librito sobre métrica e incluso me regaló un ejemplar dedicado.
– ¿Eso fue hace mucho tiempo?
– Ya hace 30 años – suspiró Sappho.
–  ¿Qué edad tenían Ustedes entonces?
–  Yo tenía 30 y Homer 50.
– Disculpe la pregunta, pero ¿Se prolongó mucho esa relación?
–  No me gustaría hablar de ello.
–  Lo entiendo. Ahora no sabe Usted dónde puede estar Homer Greek, ¿verdad?

Pero Sappho ya no escuchó esta pregunta. Se había sumergido en una ensoñación que la había retrotraído 35 años atrás. La cena en el “Ambrosía” fue deliciosa, en todos los sentidos, y no sólo en el del gusto.

Aquellas dos personas, separadas por 20 años de edad, compartían, sin embargo, unos mismos gustos: la música clásica, ciertos deportes, caminar y, sobre todo, el mundo clásico griego. La cena se desarrolló en un ambiente relajado que se tornó cálido y acabó apasionado. En los postres, Greek había colocado su mano izquierda sobre la delicada piel de la mano derecha de su compañera de mesa en un gesto que denotaba algo más que confianza.
Ambos sentían por el otro una sensación difícil de expresar, pero que se puede resumir en una fuerte atracción. Sappho Corina añadía a sus talentos intelectuales una innata elegancia (algo que Homer Greek valoraba mucho), una sonrisa demoledora y unos ojos verdes que destacaban como dos luminarias en una tez oscura y que combinaban perfectamente con un pelo negro azabache.

Su hablar quedo y dulce ejercía un hechizo en la persona de Greek que se dio cuenta de esta característica el mismo día en que al conoció.
Corina, por su parte, admiraba a Homer por sus conocimientos de griego (algo por lo que sentía casi envidia) y por su seriedad. Pensaba que le sobraba cierto grado de adustez, pero, a sus 50 años, se mantenía en buen estado físico y ofrecía un aspecto saludable y robusto que invitaba a la confianza y el trato personal.

Tras la cena, y sin saber cómo ocurrió, se encontraron tomando una copa en la sencilla casa de Greek. La pasión y tal vez cierta influencia del alcohol los llevó a un arrebato amoroso. En efecto, del salón, donde estaban sentados en sendas butacas encaradas, se desplazaron a la habitación de Greek. Sappho había sido tomada en brazos por un desconocido, casi satirizado, que la besaba en sus carnosos labios con fruición; ella se agarraba con fuerza a la cintura de Homer disfrutando también del momento. Y llegaron a la habitación sobre cuya cama lanzó Homer a Sappho. Allí se deshicieron de sus ropas. Jadeos y resoplidos, gemidos y susurros. Nada de voces articuladas.

Homer recorrió con su lengua cada parte, cada zona, cada rincón, cada pliegue del cuerpo de Sappho. Sus piernas se entrelazaban y desunían con frenesí. La lengua dejó paso a las manos que repasaron con deleite, una y otra vez, los turgentes senos de la muchacha. Ésta, por su parte, buscaba el miembro erecto de Homer, que cubría y descubría. Y se produjo la fusión de ambos cuerpos arqueados en un acelerado frenesí henchido de gemidos. Se alcanza el clímax y Homer, tras un profundo grito, se separa finalmente de la unión y se tiende en la cama rostro arriba. Sappho es quien se tumba sobre él y le besa los labios, el pecho, los muslos, el vientre y de nuevo los labios.

Tras ello, los jadeantes cuerpos van apaciguándose, la respiración se normaliza y los sonidos inarticulados cesan. La habitación queda en silencio y, al cabo de un rato, ambos duermen profundamente.
La luz solar que se filtraba por la persiana entreabierta caía directamente sobre el rostro de Sappho que se despertó dando un respingo. Se incorporó en la cama y echó un vistazo. No reconocía donde estaba hasta que vio, tendido junto a ella, el cuerpo de Homer. Como un rayo le vino a la mente todo lo ocurrido la noche pasada: la cena, las copas y la escena en la cama. Todo se agolpaba en su cerebro, siendo procesado con rapidez. Ahora de daba cuenta de que nunca pensó que la novela de Heliodoro o la métrica griega la llevaran a esta experiencia apasionante y pasional. Tal vez sí los versos de Safo, aunque aplicados a varón y mujer.

Sappho dio unos golpecitos en el hombro de Homer y éste se despertó. Lo primero que éste vio fueron los hermosísimos ojos verdes que, como si de un gato se tratara, le observaban casi impávidos. Homer sonrío a Sappho y ésta le devolvió la sonrisa. Luego se levantó, cogió sus ropas, se vistió y tras besar en la mejilla a Homer que había contemplado recostado en la cama todos sus movimientos y musitar un escueto “adiós” se marchó.

–  Señora Corina, ¿me ha oído?
–  Perdón ¿cómo ha dicho?
–  ¿Que si no sabe Usted dónde puede estar Homer Greek?
–  Lo ignoro por completo. Siento no poder ayudarle. Ahora, si me disculpa, tengo reunión con la dirección.
–  Bien, bien. No la molesto más. Muchas gracias.
–  Hasta luego

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