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Archive for 2/06/12

Finalizamos con este artículo el breve análisis que hemos realizado del discurso que el abad de Montecassino, Pietro Vittorelli, pronunció el pasado 12 de mayo en la abadía que preside, con motivo de la trigésima segunda edición del Certamen Ciceroniano de Arpinas.

Bello discurso el elaborado por Vittorelli. Una llamada al cultivo de la virtud, al disfrute de la paz, la tranquilidad, la concordia y la grandeza de ánimo. Destacable también la apelación, presente también en el discurso del año pasado, a vivir en la comunidad de los ciudadanos sirviendo al bien común y cooperando en el bien del género humano. Si el año pasado Vittorelli destacaba la virtud de la justicia (Nati estis praesertim ut communiter apti sitis ad eam illustrem notamque virtutem cui nomen iustitia, quae pacem osculans sine sine dubio congregationem et societatem hominum valde aedificat atque confirmat = Habéis nacido especialmente para estar adheridos en común a esa ilustre y destacada virtud cuyo nombre es la justicia, que besándose con la paz, sin duda edifica y confirma en gran manera la unión y sociedad de los hombres.), en éste ha hecho hincapié en la libertad y, para ello, ha echado mano, como he dicho en el anterior artículo, de un bello texto de Séneca.

El fragmento completo es:

Humilis res est stultitia, abiecta, sordida, servilis, multis adfectibus et saevissimis subiecta. Hos tam graves dominos, interdum alternis imperantes, interdum pariter, dimittit a te sapientia, quae sola libertas est. Una ad hanc fert via, et quidem recta; non aberrabis; vade certo gradu. Si vis omnia tibi subicere, te subice rationi; multos reges, si ratio te rexerit. Ab illa disces quid et quemadmodum adgredi debeas; non incides rebus.

Ismael Roca, en Gredos, traduce así:

Cosa rastrera es la necedad, despreciable, servil, sometida a muchas y muy violentas pasiones. A estos tan severos déspotas, que a veces mandan por turno, a veces a la par, los aleja de ti la sabiduría que constituye la única libertad. Único es el camino que a ella nos conduce, directamente por cierto; por él no te desviarás. Anda con paso firme. Si quieres someter a ti todas las cosas, sométete tú mismo a la razón. A muchos gobernarás, si la razón te gobernare a ti.

Precisamente de esta epístola 37 del libro I se sacó el lema de la universidad Jaume I de Castellón: Sapientia sola libertas est, un lema muy conseguido por cierto, y que figura en el Artículo 8, punto 3, de los Estatutos de la citada universidad.

Bellas también las palabras de Séneca en el De vita beata, XIII, 4-5, que recoge Vittorelli:

“Todo aquél que se acerca a la virtud, da pruebas de un carácter noble…; que la virtud vaya, pues, delante: siguiendo sus huellas, siempre estaremos en seguro…; en la virtud no hay que temer que haya exceso, porque en ella misma está la mesura”

De Cicerón, Vittorelli selecciona dos fragmentos de De re publica, además de un frase del De officiis.

El fragmento más largo (De re publica I, 34) contiene una dura crítica a los ricos, cuando pretenden ser gobernantes:

Pues las riquezas, el nombre, el poder, desprovistos de la sabiduría y de un subido temple para conducirse y para mandar a los otros, no son más que deshonor y fastuosa insolencia; y no hay ciudad alguna cuyo aspecto más repugne que aquella en que los ricos son considerados como mejores.

Es decir, según Cicerón, no basta naturalmente atribuirse uno con estúpida jactancia las condiciones o cualidades precisas para gobernar. De nada sirve alardear de esa superioridad y primacía que habilitan para las funciones de gobierno si efectiva y realmente no se poseen (nomen illi principes optimatium mordicus tenent, re autem carent). Precisa un reconocimiento de esas virtudes, refrendado por una extensa adhesión.

El segundo fragmento, que Vittorelli presenta incompleto, es éste:

Itaque nulla alia in civitate, nisi in qua populi potestas summa est, ullum domicilium libertas habet, qua quidem certe nihil potest esse dulcius, et quae, si aequa non est, ne libertas quidem est.

Ninguna sociedad más que aquella en que el pueblo ejerce el poder soberano es verdaderamente el asilo de la libertad, y ciertamente nada puede haber más dulce que ella, y que si no es igual para todos no es ciertamente libertad.

Bello elogio de la libertad, de la comunidad política y de la virtud el redactado por el abad de Montecassino, con el que coincido plenamente, y no puedo menos que cerrar este artículo repitiendo estas palabras acertadas de Vittorelli, que hago también mías, y que están presentes, creo, en la Constitución “Gaudium et spes” 31 del Concilio Vaticano II:

Iuvenes carissimi, ad veram libertatem non solum sequendam sed etiam servandam nihil est magis idoneum communitate politica quae communi utilitate inserviat.

Queridísimos jóvenes, nada es más idóneo no sólo para seguir, sino también para conservar la verdadera libertad que la comunidad política que esté al servicio del bien común.

Dice el concilio, al hablar de la libertad:

E contra roboratur, cum homo inevitabiles vitae socialis necessitates accipit, multiformes exigentias humanae coniunctionis assumit atque humanae communitatis servitio se obstringit.

Por el contrario, (la libertad) se vigoriza cuando el hombre acepta las inevitables obligaciones de la vida social, toma sobre sí las multiformes exigencias de la convivencia humana y se obliga al servicio de la comunidad en que vive.

En el punto 17 la Gaudium et spes habla de la grandeza de la libertad. Me ha parecido oportuno traerlas aquí, para completar el discurso de Vittorelli, que, en su condición de hombre de iglesia, creo que aprobaría:

17. De praestantia libertatis.

At nonnisi libere homo ad bonum se convertere potest, quam libertatem coaevi nostri magni faciunt ardenterque prosequuntur: et recte sane. Saepe tamen eam pravo modo fovent, tamquam licentiam quidquid faciendi dummodo delectet, etiam malum. Vera autem libertas eximium est divinae imaginis in homine signum. Voluit enim Deus hominem relinquere in manu consilii sui, ita ut Creatorem suum sponte quaerat et libere ad plenam et beatam perfectionem ei inhaerendo perveniat. Dignitas igitur hominis requirit ut secundum consciam et liberam electionem agat, personaliter scilicet ab intra motus et inductus, et non sub caeco impulsu interno vel sub mera externa coactione. Talem vero dignitatem obtinet homo cum, sese ab omni passionum captivitate liberans, finem suum in boni libera electione persequitur et apta subsidia efficaciter ac sollerti industria sibi procurat. Quam ordinationem ad Deum libertas hominis, a peccato vulnerata, nonnisi gratia Dei adiuvante, plene actuosam efficere potest. Unicuique autem ante tribunal Dei propriae vitae ratio reddenda erit, prout ipse sive bonum sive malum gesserit.

Grandeza de la libertad

17. La orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad, la cual posee un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo. Y con toda razón. Con frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes. La libertad humana, herida por el pecado, para dar la máxima eficacia a esta ordenación a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios. Cada cual tendrá que dar cuanta de su vida ante el tribunal de Dios según la conducta buena o mala que haya observado.

 

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