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Archive for 19 de junio de 2012

En este capítulo concluiremos el estudio de la Égloga III de Garcilaso e iniciaremos el del Soneto XIII, dedicado al mismo mito de Apolo y Dafne.

El final de la tercera octava real en rima CC son dos endecasílabos que recogen el sentido de los versos 553-555: llora el amante y busca el ser primero, / besando y abraçando aquel madero = positaque in stipite dextra / sentit adhuc trepidare novo sub cortice pectus / conplexusque suis ramos, ut membra, lacertis / oscula dat ligno (apoyando su mano en el tronco percibe cómo tiembla aún su pecho por debajo de la corteza reciente; y estrechando en sus brazos las ramas, como si aún fueran miembros, besa la madera).

No hay alusión en Ovidio al llanto de Apolo por Dafne, motivo que explota Garcilaso (llora el amante), pero sí a ese busca el ser primero que sin duda hay que identificar con el positaque in stipite dextra / sentit adhuc trepidare novo sub cortice pectus. En efecto, Apolo ha colocado su mano en el tronco, aún reciente, en que se ha convertido el cuerpo de Dafne y cree sentir que el corazón de la ninfa aún late. Eso es precisamente el busca el ser primero. El último endecasílabo sí tiene clara correspondencia con el texto latino:

besando…aquel madero = oscula dat ligno (besa la madera)

abraçando…aquel madero = conplexus suis ramos lacertis (estrechando en sus brazos las ramas)

El mito tejido por Dinámene ha concluido. Como decíamos arriba, en ningún momento se nos dice en qué árbol se ha convertido Dafne. A Garcilaso le interesa el mito por un motivo bien distinto que a Ovidio. Este último sólo pretende justificar el adorno de Apolo, de los vencedores en los juegos y en las batallas, y explica porqué este adorno es el laurel.

En cambio, como ya hemos dicho antes, la experiencia poética del amor y la muerte en la Égloga III sustituye y supera a otras informes experiencias desgarradamente personales del amor y la muerte, dándoles así una forma de existencia más universal, más duradera, más profunda y llena de sentido humano. En las telas de las ninfas vemos, pues, al poeta recrear pictóricamente tres mitos trágicos griegos antiguos y convertir en mito paralelo una nueva tragedia española, de presencia casi inmediata; pero a esta tragedia se le da en seguida distancia estética ese mismo proceso de mitificación, y ella también queda como colgada en una galería de hermosos cuadros ilusionistas de la antigüedad.

En obras poéticas españolas posteriores el mito de Apolo y Dafne se utiliza con otros fines. Ya hemos hablado de ello al mencionar las tres etapas que se pueden observar en su uso. De la narración mitológica, que encontramos en Garcilaso, se pasa a un relato lírico en el que el mito queda subordinado a las experiencias personales del poeta y, finalmente, a una mera alusión de diversos elementos que el mito contiene. Ya hemos apuntado el de Dafne como prototipo de la mujer esquiva, pero también se aludirá al río Peneo en la súplica que le dirige Dafne con un tratamiento jocoso, al laurel como adorno de poetas y casas señoriales, el carácter del laurel como árbol estéril o inútil, o de protector contra el rayo, etc.

La parte final de la Égloga III, dedicada a la metamorfosis, coincide con el tema tratado por el Soneto XIII. Son dos tratamientos de la transformación experimentada por la ninfa. En el soneto puede verse algo más que un simple relato mitológico, sobre todo en su final, del que hablaremos en su momento.

Soneto XIII

 A Daphne ya los braços le crecían

y en luengos ramos bueltos se mostravan;

en verdes hojas vi que se tomavan

los cabellos quel oro oscurecían;

de áspera corteza se cubrían

los tiernos miembros que aun bullendo’stavan;

los blancos pies en tierra se hincavan

y en torcidas rayzes se bolvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,

a fuerça de llorar, crecer hazía

este árbol, que con lágrimas regava.

¡O miserable ‘stado, o mal tamaño,

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que llorava!

Los dos primeros versos coinciden con el segundo hemistiquio del verso 549 de Ovidio: A Daphne ya los braços le crecían / y en luengos ramos bueltos se mostravan = in ramos bracchia crescunt. Hemos de apuntar primero la reutilización que hace Garcilaso del material de la Égloga, o a la inversa. En ambas obras se repite el esquema los braços le crecían y en sendos (luengos) ramos bueltos se mostravan donde sólo se ha cambiado un adjetivo. Como ya dijimos los braços le crecían = bracchia crescunt; y en luengos ramos bueltos se mostravan = in ramos.

Los otros dos versos del primer cuarteto se refieren a la transformación de los cabellos en hojas. Aquí Garcilaso recurre a un evidente cromatismo (verdes / oro), pero en términos generales sigue la versión de Ovidio casi ad pedem litterae, sólo que con una importante innovación: el poeta ha entrado en escena, el yo del autor se hace presente: vi así lo indica como también después los dos tercetos. En verdes hojas responde a in frondem y los cabellos a crines. De nuevo los cabellos oscurecen al propio oro, según la convención ya mencionada anteriormente.

El segundo cuarteto se abre con una innovación respecto a la égloga: aquí sí se recoge la transformación en corteza de los tiernos miembros de la ninfa: de áspera corteza se cubrían / los tiernos miembros que aun bullendo ‘ stavan. Obsérvese primero la contraposición áspera / tiernos y el claro paralelismo de tiernos miembros con mollia praecordia (suaves formas, traduce Ruiz de Elvira, pero mollis significa también tierno y praecordia es todo aquello que rodea al corazón, entrañas, vísceras, diafragma, pecho, o como dice Garcilaso simplemente miembros), de se cubrían con cinguntur (van siendo envueltas,  traduce Ruiz de Elvira, pero el verbo cingo significa también cubrir), de áspera corteza con tenui libro, aunque aquí es mucho más delicado Ovidio que dice “delicada”, todo lo contrario que Garcilaso que, para oponer la corteza a los tiernos miembros, dice áspera.

Aún encontramos otro paralelismo entre que aun bullendo ‘ stavan con el verso 553 sentit adhuc trepidare novo sub cortice pectus. Bullendo es precisamente lo que significa trepidare (estar inquieto, estar agitado, temblar, palpitar, bullir). Aquí Garcilaso toma el sentido del verso 553 para aplicárselo a los tiernos miembros.

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