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Archive for 11/07/12

Dejando la calle Enmedio, llegamos a la plaza Mayor, en al que sobresale la torre campanario que pertenece no a la iglesia concatedral, de la que además está separado, sino al ayuntamiento; por ello el nombre de Fadrí, “soltero” en valenciano. La torre campanario tiene también sus toques clásicos, ya que en el dintel de la puerta de acceso a la misma, hay una inscripción en latín.

La inscripción presenta dificultades de traducción por la escritura, porque el picapedrero usó abreviaturas para poder encajar en la piedra todo lo que le habían encargado. Al final de la segunda línea hay un dibujo en forma de flor para completar el espacio. Cuando dice “senato” se refiere al Consejo de la ciudad, hoy el ayuntamiento.

QVÆ SVP(ER) ЮMINVM MEMORIA IMPERFECTA STABAT ET

S(ENATO) CON(SVLTO) ERIGITVR AN(N)O AB ORBE REDE(M)Φ(ONE) 1591

PERFICITVR TA(N)DE(M) AN(N)O 1604 REG(E) PHI(LI)PO 3º CONS(ILIARIIS)

M(ILI)TV(M) HIE(RONIM)O MIQVEL CIVIV(M) VERO NAR(CI)SIO FELIV GAS(PAR)O BRVNELL

F(RANCIS)CO NAVARRO PECV(NIA) PVBLICE SVBMINISTRATE MICHA(ELE) IAC(OB)O SERRA

ET FABRICE PRAEFECTO HIE(RONIM)O JOVER D(OCTORE) D() AC MICHAELE GINER

Una traducción aproximada podría ser ésta:

LA QUE ESTABA SIN TERMINAR MÁS ALLÁ DE LA MEMORIA DE LOS HOMBRES

CONSULTADO EL SENADO SE ERIGE EN EL AÑO DE LA REDENCIÓN DEL MUNDO DE 1591

I SE ACABA FINALMENTE EN EL AÑO 1614 REINANDO FELIPE TERCERO, SIENDO CONSEJEROS

DE LOS CABALLEROS JERÓNIMO MIQUEL, DE LOS CIUDADANOS NARCISO FELIU, GASPAR BRUNELL

FRANCISCO NAVARRO ADMINISTRANDO LOS FONDOS PÚBLICOS MIQUEL JAIME SERRA

Y LLEVANDO LA OBRA JERÓNIMO JOVER DOCTOR EN DERECHO Y MIGUEL GINER

El otro toque clásico nos lleva a hablar de las gárgolas de la torre. Las gárgolas son canales de evacuación del agua de tejados y terrazas, que sobresalen de la pared de ciertos edificios. Las del Fadrí, como las de otras muchas torres o catedrales, son de piedra trabajada. Hay ocho (8) gárgolas que presentan, a parejas, cuatro figuras diferentes: león, perro, águila y arpía.

Parte de la información aquí usada la hemos sacado del libro “Pujada al Campanar”, 400 Anys del Campanar (Subida al Campanario. 400 años del campanario), con textos de Joan Andrés y Vicent Marzà, editado por el Ayuntamiento de Castellón y la Colla “El Pixaví”.

No tenemos fotografía de las arpías con demasiado detalle, pero lo ilustramos con otras gárgolas.

Pierre Grimal, en su Diccionario de Mitología Griega y Romana, escribe:

Las harpías, o raptoras, según la traducción del griego, son genios alados, hijas de Taumante y de la oceánide Electra. Pertenecen a la generación divina preolímpica. Suelen ser dos: Aelo, llamada también Nicótoe, y Ocípete; se conoce también una tercera, Celeno. Sus nombres revelan su naturaleza; significan, respectivamente, Borrasca, Vuela-rápido y Oscura (como el cielo cuando es recorrido por una nube tempestuosa). Se las representa en forma de mujeres aladas, o bien de aves con cabeza femenina y afiladas garras. Se creía que habitaban en las islas Estrofíades, en el mar Egeo. Más tarde Virgilio las situará en el vestíbulo de los Infiernos, junto con los demás monstruos.

Las Harpías son raptoras de niños y de almas. A veces se colocaba su imagen sobre las tumbas, en ademán de llevarse el alma del difunto entre las garras. La leyenda en la que desempeñan un papel más destacado es la del rey Fineo, sobre el cual pesaba la maldición de que todo lo que se colocaba ante sí se lo arrebataban las Harpías, particularmente los alimentos; lo que no podía llevarse lo ensuciaban con sus excrementos. Con ocasión de la llegada de los Argonautas, Fineo pidió a éstos que lo liberaran de las Harpías. Zetes y Calais, lo Boréadas, persiguieron a estos demonios y les obligaron a emprender el vuelo. Pero el Destino quería que las Harpías muriesen alcanzadas por los hijos de Bóreas y, recíprocamente, éstos debían morir si no les daban alcance. En el curso de la persecución, la primera cayó en un río del Peloponeso, que en lo sucesivo se llamó Harpis. La otra llegó hasta las islas Equínades, llamadas desde entonces Estrofíades, o islas de Regreso. Pero Iris (o Hermes) se alzó ante Calais y Zetes y les prohibió que diesen muerte a las Harpías, pues eran “servidoras” de Zeus. A cambio de perdonarles la vida, ellas prometieron no volver a molestar a Fineo y se escondieron en una caverna de Creta.

El episodio de Fineo y las Harpías se narra en El viaje de los Argonautas (II, 187 y siguientes) de Apolonio de Rodas:

᾿Ενθα δ᾿ πκτιον οκον ᾿Αγηνορδης χε Φινες,

ς περ δ πάντων λοτατα πματ᾿ ντλη

ενεκα μαντοσνης, τν ο προς γγυάλιξεν

Λητοδης, οδ᾿ σσον πζετο κα Δις ατο

χρεων τρεκως ερν νον νθρποισιν·

τ κα ο γρας μν π δηναιν ἴαλλεν,

κ δ᾿ λετ᾿ φθαλμν γλυκερν φος, οδ γάνυσθαι

εἴα πειρεσοισιν νεασιν σσα ο αε

θσφατα πευθμενοι περιναιται οἴκαδ᾿ γειρον·

λλὰ διὰ νεφων φνω πλας αἴσσουσαι

῞Αρπυιαι στματος χειρν τ᾿ π γαμφηλσι

συνεχως ρπαζον, λεπετο δ᾿ λλοτε φορβς

οδ᾿ σον· λλοτε τυτθν, να ζων κχοιτο,

κα δ᾿ π μυδαλην δμν χον· οδ τις τλη

μ κα λευκανηνδε φορεμενος λλ᾿ ποτηλο

στης, τοῖόν ο ππνεε λεψανα δαιτς.

ατκα δ᾿, εσαων νοπν κα δοπον μλου,

τοσδ᾿ ατος παρεντας πισεν ν ο ἰόντων

θσφατον κ Δις εν ἑῆς πνασθαι δωδς.

ρθωθες δ᾿ ενθεν, κριον ἠύτ᾿ νειρον,

βάκτρ σκηπτμενος ικνος ποσν ε θραζε,

τοχους μφαφων, τρμε δ᾿ ψεα νισσομνοιο

δρανίῃ γραι τε· πν δ ο ασταλος χρς

σκλκει, ινο δ σν στα μονον εργον.

Allí junto a la costa tenía su morada el Agenórida Fineo, que había sufrido las penas más terribles de todas a causa de su arte adivinatoria, la que le había ofrendando antes el hijo de Leto. Pero no había respetado el sagrado pensamiento del propio Zeus, al vaticinarlo con claridad a los hombres. Por ello precisamente el dios le había echado encima una larga vejez, y le arrebató la dulce luz de los ojos, y no le dejaba gozar de los infinitos alimentos que siempre le traían a su casa los vecinos, que de continuo acudían a escuchar sus profecías. Sino que de improviso lanzábanse desde las nubes las Harpías y con sus garras se los arrebataban de su boca y de sus manos una y otra vez. Unas veces no le dejaban nada de comida, y otras un poco, para que viviera lamentándose. Y echaban encima un olor nauseabundo. Nadie soportaba no ya el llevarle los alimentos a su boca, ni siquiera asistir presente desde lejos. ¡Tan grande era la peste que exhalaban los restos de la comida!

Tan pronto como oyó el griterío y el tumulto de la tropa, comprendió que estaban allí aquellos cuya llegada, según un oráculo de Zeus, le permitiría gozar de la comida. Alzándose de la cama, como la sombra de un sueño, apoyado en su bastón y con los pies torpes, avanzaba hacia la puerta tanteando los muros, y le temblaban los miembros al marchar, de vejez y debilidad. Se había resecado su piel ennegrecida por la suciedad, y sólo el pellejo recubría sus huesos.

῎Ισκεν ᾿Αγηνορδης. δινν δ᾿ λε κδος καστον

ρων, πρι δ᾿ ατε δω υας Βοραο·

[…] Cuando así hubo hablado el Agenórida, les entró a los héroes una profunda compasión por él, y especialmente a los dos hijos de Bóreas.

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