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Archive for 8/11/12

Hablábamos en nuestro anterior capítulo del carnero presente en el signo Aries, que transportó a Frixo y Hele y luego fue sacrificado a Zeus y su vellocino de oro quedó transformado en un precioso talismán que atrajo más tarde el interés de loa Argonautas.

Este carnero está presente en el Toisón de Oro, insignia de la orden del mismo nombre.

La insignia tiene su origen en la Edad Media como un reconocimiento a los caballeros que mejor representasen el ideal de la caballería, aunque con el paso de los siglos se ha convertido en un reconocimiento diplomático. Creado en 1430 por el duque Felipe el Bueno de Borgoña con motivo de su matrimonio con Isabel de Portugal, en principio su objeto era la defensa de la religión católica. Que el rey de Arabia Saudí y el emperador de Japón, entre otras personalidades, sean portadores del Toisón muestra que este principio original se ha perdido. El nombre de la Orden se refiere al mito griego del vellocino de oro, regalo de los dioses, que colmaba de prosperidad a su dueño. Evoca, como ejemplo heroico de valor el que demostraron Jasón y los argonautas, de los que formaba parte Hércules, para repatriar a Grecia el precioso talismán cuya imagen cuelga de los collares. Como particularidad, el título es personal: los portadores deben asegurarse de que, tras su muerte, sus herederos retornen a la casa otorgante el collar. A partir del siglo XVIII, la orden del Toisón de Oro tiene dos ramas, la austríaca y la española.

Durante su reinado, el actual rey de España Don Juan Carlos de Borbón, ha concedido el Toisón a diferentes figuras:

Concedidas en 1964: Carlos de Borbón, príncipe de las Dos Sicilias, Duque de Calabria. Constantino II, rey de Grecia.

Concedidas en 1977: Nicolás Cotoner y Cotoner, Marqués de Mondéjar. Torcuato Fernández-Miranda y Hevia, Duque de Fernández Miranda.

Concedidas en 1981: Felipe de Borbon y Grecia, Príncipe de Asturias. José María Pemán, poeta.

Concedidas en 1983: Carlos Gustavo, Rey de Suecia. Jean I, Gran Duque de Luxemburgo.

Concedidas en 1984: Olav V, Rey de Noruega.

Concedidas en 1985: Akihito, emperador de Japón. Hussein, Rey de Jordania. Beatriz I, Reina de los Países Bajos. Margarita II, la Reina de Dinamarca.

Concedidas en 1988: Elizabeth II, Reina de Gran Bretaña.

Concedidas en 1993: Beltrán Osorio y Díez de Rivera, Duque de Alburquerque.

Concedidas en 1994: Albert II, Rey de los belgas.

Concedidas en 1996: Harald V, Rey de Noruega.

Concedidas en 2004: Simeón Sajonia-Coburgo, Rey y ex primer ministro búlgaro.

Concedidas en 2006: Bhumibol Adulvadei, Rey de Thailandia.

Concedidas en 2007: Enrique I de Luxemburgo, Gran Duque. Abdalá Bin Abdelaziz Al-Saud, Rey de Arabia Saudita y Guardián de los Santos Lugares. Adolfo Suarez González, Presidente del Gobierno de España

Concedidas en 2010: Francisco Javier Solana Madariaga, ex ministro y ex Secretario General de la OTAN. Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes y ex director de la Real Academia Española de la Lengua

Concedidas en 2011: Nicolás Sarkozy, presidente de la República de Francia.

Tras el paréntesis de los datos sobre el Toisón de Oro, a propósito del signo zodiacal Aries, seguimos con Tauro.

Eratóstenes nos dice:

Se dice que pasó a formar parte de las constelaciones por haber llevado a Europa desde Fenicia hasta Creta a través del mar, de acuerdo con lo que cuenta Eurípides en su obra Frixo. Por tal acción fue premiado por Zeus y convertido en una de las más brillantes estrellas. Otros autores sostienen que se trata de una vaca, una réplica de Ío. La constelación fue predilecta de Zeus en honor de aquélla. Las llamadas Híades rodean con su figura la testuz de Tauro. (Estas Híades son unas ninfas de Dodona, conocidas como nodrizas de Dioniso; entregaron al niño a Ino, por miedo a Hera, cuando Licurgo se puso a perseguirlas porque estaban en compañía del dios y se dedicaban a cultivar la vid. Algunos autores les han asignado nombre propio, tales como Ambrosía, Eudora, Fésile, y otros parecidos. Otros, en cambio, sostienen que las Híades son bacantes nodrizas de Dioniso; de ahí que llamen al dios Hiante, o bien porque son una señal que presagia las lluvias, o porque tenían un hermano de nombre Hiante, o porque se asemejan a la forma de la letra Y.)

Junto al corte del lomo de Tauro se encuentran las Pléyades, formadas por siete estrellas, de ahí que también se las conozca con el nombre de heptásteras. Sólo seis son visibles, pues la séptima es de luz muy tenue.

La constelación de Tauro tiene siete estrellas sobre su cabeza, que se arrastran por sí mismas dirigiendo la cabeza hacia atrás. Lleva una sobre el nacimiento de cada uno de los cuernos (la del izquierdo es más brillante), una encima de cada ojo, otra sobre los ollares, una en cada hombro. Éstas componen el grupo de las llamadas Híades. Tiene también una sobre la rodilla izquierda en su parte delantera, una en cada pezuña, una sobre la rodilla de la pata derecha, dos en el cuello, tres en el espinazo –la más brillante de éstas es la que está en el extremo-, una debajo del vientre y una muy brillante en el pecho. Suman un total de diecinueve.

En nota al pie, Guzmán Guerra dice sobre las Híades:

Eran las cinco hijas de Atlante, que actuaron de niñeras del dios Dioniso. En la astronomía antigua se las asociaba al comienzo de la estación de la lluvia (noviembre en los países mediterráneos), situadas entre las constelaciones de las Pléyades y de Orión. De hecho, las Híades se encuentran a 150 años luz de la Tierra (el cúmulo estelar que nos está más próximo), y esta magnitud es la que se utiliza como patrón para medir las enormes distancias siderales.

Arato, en Fenómenos (166-178), escribe sobre Tauro:

 Ἀλλ᾿ ἡ μὲν πολλή τε καὶ ἀγλαή· οἱ δέ οἱ αὐτοῦ λεπτὰ φαείνονται Ἔριφοι καρπὸν κάτα χειρός. Πὰρ ποσὶ δ᾿ Ἡνιόχου κεραὸν πεπτηότα Ταῦρον μαίεσθαι· τὰ δέ οἱ μάλ᾿ ἐοικότα σήματα κεῖται· τοίη οἱ κεφαλὴ διακέκριται· οὐδέ τις ἄλλωι 170 σήματι τεκμήραιτο κάρη βοός, οἷά μιν αὐτοὶ ἀστέρες ἀμφοτέρωθεν ἑλισσόμενοι τυπόωσιν. Καὶ λίην κείνων ὄνομ᾿ εἴρεται, οὐδέ τοι αὕτως νήκουστοι Ὑάδες· ταὶ μέν ῥ᾿ ἐπὶ παντὶ μετώπωι Ταύρου βεβλέαται, λαιοῦ δὲ κεράατος ἄκρον 175 καὶ πόδα δεξιτερὸν παρακειμένου Ἡνιόχοιο εἷς ἀστὴρ ἐπέχει, συνεληλάμενοι δὲ φέρονται· ἀλλ᾿ αἰεὶ Ταῦρος προφερέστερος Ἡνιόχοιο εἰς ἑτέρην καταβῆναι, ὁμηλυσίηι περ ἀνελθών.

 A los pies del Cochero se puede escudriñar, extendido, al astudo toro; las estrellas están dispuestas de una manera muy semejante a éste; así es como le ha sido perfectamente delimitada la cabeza. Y no hay quien precise descubrir la cabeza del buey con ayuda de otra constelación: tan bien lo modelan las estrellas mismas que giran sobre sus dos lados. Su nombre se pronuncia a menudo: las nada desconocidas Híades; las cuales han sido esparcidas por toda la frente del Toro. Una misma estrella ocupa la punta de su cuerno izquierdo y el pie derecho del vecino Cochero, y marchan arrastradas al mismo tiempo; pero el Toro desciende siempre más rápida que el Cochero hacia el otro borde del horizonte, aunque se haya levantado al mismo tiempo.

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