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Archive for 10 de diciembre de 2012

En nuestro repaso a los signos del Zodíaco, a propósito del origen griego de esta palabra, y de la relación de los distintos signos con la mitología griega, seguimos aún con Virgo.

Germánico versiona en latín, como hemos dicho, la obra de Arato y dice esto de Virgo:

Virginis inde subest facies, cui plena sinistra

Fulget spica manu maturisque ardet aristis.

Quam te, diua, uocem? Tangunt mortalia si te

Carmina nec surdam praebes uenerantibus aurem,

Exosa heu mortale genus, medio mihi cursu

Stabunt quadrupedes et flexis laetus habenis

Teque tuumque canam terris uenerabile numen.

Aurea pacati regeret cum saecula mundi,

Iustitia inuiolata malis, placidissima Virgo,

Siue illa Astraei genus est, quem fama parentem 105

Tradidit astrorum, seu uera intercidit aeuo

Ortus fama tui, mediis te laeta ferebas

Sublimis populis nec dedignata subire

Tecta hominum et puros sine crimine, diua, penatis,

Iura dabas cultuque nouo rude uulgus in omnis 110

Formabas uitae sinceris artibus usus.

Nondum uesanos rabies nudauerat ensis

Nec consanguineis fuerat discordia nota,

Ignotique maris cursus priuataque tellus

Grata satis, neque per dubios avidissima uentos 115

Spes procul amotas fabricata naue petebat

Diuitias, fructusque dabat placata colono

Sponte sua tellus nec parui terminus agri

Praestabat dominis signo tutissima rura.

At postquam argenti creuit deformior aetas, 120

Rarius inuisit maculatas fraudibus urbis

Seraque ab excelsis descendens montibus ore

Velato tristisque genas abscondita uitta,

Nulliusque larem, nullos adit illa penatis.

Tantum, cum trepidum uulgus coetusque notauit, 125

Increpat: « o patrum suboles oblita priorum,

Degeneres semper semperque habitura minoris,

Quid me, cuius abit usus, per uota uocatis?

Quaerenda est sedes nobis noua, saecula uestra

Artibus indomitis tradam secelerique cruento.” 130

Haec effata super montis abit alite cursu,

Attonitos linquens populos grauiora pauentis.

Aerea sed postquam proles terris data, nec iam

Semina uirtutis uitiis demersa resistunt

Ferrique inuento mens est laetata metallo, 135

Polluit et taurus mensas adsuetus aratro,

Deseruit propere terras iustissima Virgo

Et caeli sortita locum, qua proximus illi

Tardus in occasu sequitur sua plaustra Bootes.

Virginis at placidae praestanti lumina signat 140

Stella umeros. Helicen ignis non clarior ambit,

Quique micat cauda quique armum fulget ad ipsum

Quique priora tenet uestigia quique secunda,

Clunibus hirsutis et qui sua sidera reddit.

Debajo del Boyero aparece el rostro de la Virgen, en cuya mano izquierda brilla una Espiga en sazón y reluce a través de sus granos maduros. ¿Con qué nombre te llamaré, diosa? Si te conmueven los poemas de los mortales y no prestas oídos sordos a los que te veneran –(100) tú que detestas, ¡ay!, al género humano-, se detendrán para mí, en mitad de su carrera, tus caballos, y yo, alegre entre sus riendas aflojadas, te cantaré por la tierra a ti y a tu venerable divinidad.

Cuando, Virgen muy apacible, la Justicia, inaccesible a los malvados – (105) sea ella la de la estirpe de Astreo, a quien la fama convirtió en padre de los astros, bien el verdadero recuerdo de tu nacimiento se haya perdido-, regía los siglos dorados de un mundo en paz, te mostrabas alegre, en lo alto, en medio de los pueblos y no despreciaste, diosa, entrar en las casas de los hombres ni en los puros hogares sin delito, (110) promulgabas leyes y modelabas con un nuevo aliño al vulgo mediante habilidades sin doblez.

Todavía la rabia no había desenvainado las locas espadas ni se había conocido la discordia entre parientes, y las rutas del mar eran desconocidas, y la tierra, dividida entre particulares, (115) proporcionaba satisfacción suficiente, y la muy ávida esperanza no buscaba lejos, a través de vientos dudosos, en su fabricada nave, las distantes riquezas, y la tierra, propicia, daba de buena gana sus frutos al colono, y el mojón de un terreno pequeño no hacía falta que garantizase sus campos –muy seguros sin él- a sus dueños.

(120) Pero una vez que surgió la Edad de Plata, más grosera que la anterior, muy raramente visitó las ciudades manchadas por los fraudes y descendió de las elevadas montañas, al atardecer, con su rostro cubierto y escondiendo, entristecida, sus mejillas bajo el velo, sin entrar la casa de nadie, en ningún hogar. (125) Únicamente, al censurar los conciliábulos y la agitación del vulgo44, lo increpa: “¡Oh prole olvidada de sus primeros padres!, ¿te corromperás una y otra vez para apoderarte de los más débiles? ¿Por qué me invocáis, ofreciéndome votos, a mí, de cuyo trato os alejáis? Debo buscarme una nueva morada: (130) entregaré vuestra época a las inclinaciones indómitas y al crimen sangriento”. Dicho esto, se alejó por encima de los montes en alada carrera dejando atónitos a los pueblos, temerosos de cosas más duras.

Pero una vez que a la tierra le fue dada una raza de bronce (135) y, hundidas en los vicios, ya no subsistieron las semillas de la virtud, y se les alegró el pensamiento con el hallazgo de las minas de hierro, y el toro, acostumbrado al arado, aderezó las mesas, profanándolas, la justísima Virgen abandonó la tierra apresuradamente y obtuvo en suerte su lugar en el cielo: allí donde el Boyero, cercano a ella, sigue, en su ocaso, parsimoniosamente su carro.

 Y tras Virgo, la Balanza o Libra.

Libra:

La constelación Libra también era denominada Las Pinzas, formando parte de Escorpio. De hecho, así aparece en la obra de Arato. El nombre de Libra sería introducido en la cultura clásica de forma inequívoca por primera vez gracias al escritor romano Varrón (siglo I a.C.), aunque sabemos con seguridad que ya se conocía en el mundo grecolatino con anterioridad. Sigue siendo un misterio el porqué de este cambio de nombre, ya que el origen de esta constelación es claramente mesopotámico, donde se le llamaba precisamente la Balanza, (Libra). Durante el periodo romano tomarían estas constelaciones los nombres en latín que, de forma algo distorsionada, nos han llegado hasta la actualidad.

El catasterismo no aparece en Eratóstenes, pues se integra en Escorpio.

Arato dice sobre Escorpio:

Καμπαὶ δ᾿ ἂν Ποταμοῖο καὶ αὐτίκ᾿ ἐπερχομένοιο 635 Σκορπίου ἐμπίπτοιεν ἐυρρόου ὠκεανοῖο· ὃς καὶ ἐπερχόμενος φοβέει μέγαν Ὠρίωνα. Ἄρτεμις ἱλήκοι· προτέρων λόγος, οἵ μιν ἔφαντο ἑλκῆσαι πέπλοιο, Χίωι ὅτε θηρία πάντα καρτερὸς Ὠρίων στιβαρῆι ἐπέκοπτε κορύνηι 640 θήρης ἀρνύμενος κείνωι χάριν Οἰνοπίωνι. Ἡ δέ οἱ ἐξαυτῆς ἐπετείλατο θηρίον ἄλλο, νήσου ἀναρρήξασα μέσας ἑκάτερθε κολώνας, σκορπίον, ὅς ῥά μιν οὖτα καὶ ἔκτανε πολλὸν ἐόντα πλειότερος προφανείς, ἐπεὶ Ἄρτεμιν ἤκαχεν αὐτήν. 645 Τοὔνεκα δὴ καί φασι περαιόθεν ἐρχομένοιο Σκορπίου Ὠρίωνα περὶ χθονὸς ἔσχατα φεύγειν.

 Los meandros del Río se precipitan en el Océano de hermosa corriente desde que despunta el Escorpión; la llegada de éste hace también huir al inmenso Orión. ¡Ártemis nos sea propicia! Un antiguo relato afirmaba que el fuerte Orión la había agarrado por el pelo, cuando abatía con su robusta maza todas las fieras de Quíos, tratando de conseguir con dicha cacería el favor de Enopión. Ella tras desgarrar por la mitad, a uno y otro lado, las colinas de la isla, suscita en seguida contra él otra fiera: un Escorpión que lo hiere y lo mata, a pesar de su tamaño, mostrándose más fuerte que él, porque había ultrajado a la mismísima Ártemis. Por estarazón se dice que, cuando surge el Escorpión por la parte opuesta del cielo, Orión huye hasta los confines de la Tierra.

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