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Archive for 30 de diciembre de 2012

Píntame un mito (IV)

Venus y Marte de Sandro Botticelli (1483)

Dejando a Piero della Francesca y su Hércules, pasamos a Botticelli y su “Venus y Marte”, un temple sobre tabla de 69 x 173 cm conservado en la National Gallery de Londres.

En la página de dicha pinacoteca se nos dice sobre este cuadro (los lectores disculparán nuestra traducción del inglés):

Marte, dios de la guerra, fue uno de los amantes de Venus, diosa del amor. Aquí Marte está dormido y sin armas, mientras que Venus está despierta y alerta. El significado de la pintura es que el amor vence a la guerra o el amor lo conquista todo.
Esta obra fue probablemente una pieza del mobiliario de un dormitorio, tal vez una cabecera de cama o un pieza de revestimiento de madera, muy probablemente la «spalliera ‘o el tablero de una cómoda o canapé. Las avispas (‘vespe’ en italiano) en la parte superior derecha sugieren un vínculo con la familia Vespucci, a pesar de que puede no ser más que un símbolo de las picaduras de amor.

Una descripción clásica perdida de la boda de Alejandro y Roxana fue realizada por el escritor griego del siglo segundo, Luciano. Mostraba “cupidos” jugando con la lanza y la armadura de Alejandro. Los sátiros de Botticelli pueden referirse a este detalle. Marte está durmiendo la «pequeña muerte«, que se produce después de hacer el amor, y ni siquiera una trompeta en su oreja podría despertarlo. Los pequeños sátiros le han robado su lanza – una broma para demostrar que él está ahora desarmado.

Chiara Basta, en la colección Los Grandes Genios del Arte que, con patrocinio del BBVA, editó el periódico El Mundo, escribe sobre esta obra:

La escena representa a Venus contemplando a su esposo, Marte, en el abandono del sueño. Esta iconografía está tomada de Luciano y, teniendo en cuenta las dimensiones y la forma del cuadro, es posible que estuviese previsto instalarla en un mueble de madera fijo de una habitación; se ha planteado e incluso que estuviese destinado a un miembro de la familia Vespuci, por la presencia detrás de Marte, de un nido de avispas. La pintura se ha interpretado efectivamente como una alegoría matrimonial, en la cual el Amor, personificado por Venus, tendría el poder de amansar también el espíritu belicoso, la personificación del cual es Marte.

La composición se basa en la acertada oposición de los dos personajes: la diosa totalmente vestida y peinada, con los pliegues del vestido que se arrugan sobre el cuerpo y caen blandamente como los agitados rizos del cabello : el dios por el contrario , desnudo y escultórico. Entre los dos amantes ,los pequeños sátiros juegan con las armas , como cuenta Luciano en sus Diálogos . La postura tendida de ambos dioses procede tal vez de un sarcófago antiguo en el cual estaban representados Baco y Ariadna en actitudes análogas. Una lectura iconográfica en clave neoplatónica reconoce en Venus a la Humanitas, es decir, el grado más elevado de la evolución humana, que ejerce su dominio sobre la fuerza de la discordia.

Sobre el texto de Chiara Basta hay que decir que Marte (Ares, en la mitología griega) no era el esposo de Venus (Afrodita), sino su amante y es famoso el episodio en el que el verdadero esposo de Afrodita, Hefesto, sorprende a los amantes en la cama. El marido de la bella Afrodita era, en efecto, el más feo y deforme de los dioses, el herrero Hefesto.

El matrimonio no fue ejemplar, pues Afrodita era infiel al pobre Hefesto y prefería la compañía del dios de la guerra, el fogoso Ares. Un día en que los dos amantes se entregaban a los dulces placeres del amor, prolongaron en exceso su disfrute y fueron sorprendidos por el Sol, que comunicó a Hefesto el hecho.

La pintura es testigo también de este episodio, pues un famosísimo cuadro como es La fragua de Vulcano, de Velázquez, presenta el momento en que Apolo comunica a Hefesto, en su taller, la infidelidad de Afrodita.

La fragua de Vulcano de Velázquez (1630)

Éste, sin decir nada a Afrodita, preparó con su proverbial habilidad una red mágica, que sólo él podía accionar, de bronce, delicada como una gasa, pero irrompible y la ató secretamente a los postes y a los lados de la cama de matrimonio. Se despidió de Afrodita con el pretexto de pasar unas pequeñas vacaciones en la isla de Lemnos. Ella prefirió quedarse y tan pronto como Hefesto se fue llamó a Ares y se fueron alegremente a la cama. Hefesto retornó de improviso, accionó el mecanismo y la red atrapó a los amantes in flagranti delicto (o crimine) – que no in fraganti, que es incorrecto –. Hefesto convocó a todos los dioses y los puso por testigos de la infidelidad de su esposa. Homero cuenta que “una risa inextinguible” se extendió entre los dioses al ver aquel espectáculo. A ruegos de Poseidón, Hefesto consintió en liberar de la red a los amantes y la diosa escapó, avergonzada a Chipre, donde renovó su virginidad y Ares a Tracia. De estos amores nacieron Eros, Deimo y Fobo (el terror y el temor) y Harmonía.

Éste es el pasaje de Homero (Odisea VIII, 295 -327) en la traducción de Luis Segalà

Así se expresó; y a ella parecióle grato acostarse. Metiéronse ambos en la cama, y se extendieron a su alrededor los lazos artificiosos del prudente Hefesto, de tal suerte que aquéllos no podían mover ni levantar ninguno de sus miembros; y entonces comprendieron que no había medio de escapar. No tardó en presentárseles el ínclito Cojo de ambos pies, que se volvió antes de llegar a la tierra de Lemnos, porque Helios estaba en acecho y fue a avisarle. Encaminóse a su casa con el corazón triste, detúvose en el umbral y, poseído de feroz cólera, gritó de un modo tan horrible que le oyeron todos los dioses:

«¡Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Venid a presenciar estas cosas ridículas e intolerables: Afrodita, hija de Zeus, me infama de continuo, a mi, que soy cojo, queriendo al pernicioso Ares porque es gallardo y tiene los pies sanos, mientras que yo nací débil; mas de ello nadie tiene la culpa sino mis padres, que no debieron haberme engendrado. Veréis cómo se han acostado, en mi lecho y duermen, amorosamente unidos, y yo me angustio al contemplarlo. Mas no espero que les dure el yacer de este modo, ni siquiera breves instantes, aunque mucho se amen: pronto querrán entrambos no dormir, pero los engañosos lazos los sujetarán hasta que el padre me restituya íntegra la dote que le entregué por su hija desvergonzada. Que ésta es hermosa, pero no sabe contenerse.»

Así dijo; y los dioses se juntaron en la morada de pavimento de bronce. Compareció Poseidón, que ciñe la tierra; presentóse también el benéfico Hermes; llegó asimismo el soberano Apolo, que hiere de lejos. Las diosas quedáronse, por pudor, cada una en su casa. Detuviéronse los dioses, dadores de los bienes, en el umbral; y una risa inextinguible se alzó entre los bienaventurados númenes al ver el artificio del ingenioso Hefesto.

Por su parte, Tintoretto nos ofrece una graciosa escena con los tres protagonistas, Hefesto, Ares y Afrodita, y el pequeño Eros como testigo dormido. En la obra de Tintoretto, podemos apreciar al infiel Ares escondido bajo la cama, ya que su cabeza cubierta con su casco asoma por debajo de ella. Un perrillo, a los pies de la cama de Afrodita, le hace frente y parece que va a delatarlo. Hefesto impide que su esposa se cubra con un lienzo, descubriendo su pubis. Este hecho se aprecia reflejado en un espejo al fondo del cuadro.

Marte, Vulcano y Venus de Tintoretto (ca. 1550)

También Joachim Wtewael trató el episodio con una profusión de dioses, once en total, contemplando a la pareja sorprendida en adulterio. De espaldas y en escorzo, Hefesto sujeta su red secreta, que ha apartado de encima de los amantes. Éstos se hallan en una cama con un elegante dosel de tapices verdes bajo los que sobrevuela Hermes con su pétaso y su caduceo. Recordemos que, cuando Hefesto sorprende a los amantes, se produce este diálogo entre Apolo y Hermes:

«¡Hermes, hijo de Zeus, mensajero, dador de bienes! ¿Querrías, preso en fuertes vínculos, dormir en la cama con la áurea Afrodita?»

Respondióle el mensajero Argifontes: «¡Ojalá sucediera lo que has dicho, oh soberano Apolo, que hieres de lejos! ¡Envolviéranme triple número de inextricables vínculos, y vosotros los dioses y aun las diosas todas me estuvierais mirando, con tal que yo durmiese con la áurea Afrodita!»

Eros, sentado en la cama, apunta su arco contra Hermes. En el centro del cuadro y apoyado en una nube está Zeus, con sus haz de rayos y el águila, y a su espalda su hija Atenea con casco, coraza y lanza.

A la izquierda, en la parte central, podemos ver a Ártemis, identificable por la media luna sobre su cabeza, y en el extremo con los rayos del sol tras ella y tañendo un instrumento musical aparece la diosa de la aurora, Eos.

Sobre una roca, y junto a Ártemis, aparece Hades con la guadaña, que suele acompañar a la muerte, ya que se trata del dios del inframundo. El dios que ocupa la parte superior del cuadro es Apolo, con su manto dorado, que lo identifica como dios del sol y que ha sido quien ha dado el chivatazo a Hefesto

Por el suelo, a los pies de la cama, en la derecha del cuadro, las armas de Ares, y entre ellas el escudo con la cabeza de Medusa, unos zapatos rosados de Afrodita y un martillo, seguramente de Hefesto.

Venus en Mars verrast door Vulcanus de Joachim Wtewael (1601)

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