Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 8/06/13

MuerteSarpedon

En nuestro análisis de Las exequias de Sarpedón (1898) seguimos con la fuente principal para el conocimiento de este héroe licio. Continuamos con la segunda parte del pasaje de Ilíada V, 471 y siguientes, en el que, ante la increpación de Sarpedón, Héctor exhorta a los troyanos al combate.

 

Ὣς φάτο Σαρπηδών, δάκε δὲ φρένας Ἕκτορι μῦθος·

αὐτίκα δ᾿ ἐξ ὀχέων σὺν τεύχεσιν ἆλτο χαμᾶζε,

πάλλων δ᾿ ὀξέα δοῦρα κατὰ στρατὸν ᾤχετο πάντῃ

ὀτρύνων μαχέσασθαι, ἔγειρε δὲ φύλοπιν αἰνήν.

οἳ δ᾿ ἐλελίχθησαν καὶ ἐναντίοι ἔσταν Ἀχαιῶν·

Ἀργεῖοι δ᾿ ὑπέμειναν ἀολλέες οὐδὲ φόβηθεν.

ὡς δ᾿ ἄνεμος ἄχνας φορέει ἱερὰς κατ᾿ ἀλωὰς

ἀνδρῶν λικμώντων, ὅτε τε ξανθὴ Δημήτηρ 

κρίνῃ ἐπειγομένων ἀνέμων καρπόν τε καὶ ἄχνας,

αἳ δ᾿ ὑπολευκαίνονται ἀχυρμιαί· ὣς τότ᾿ Ἀχαιοὶ

λευκοὶ ὕπερθε γένοντο κονισάλῳ, ὅν ῥα δι᾿ αὐτῶν

οὐρανὸν ἐς πολύχαλκον ἐπέπληγον πόδες ἵππων

ἂψ ἐπιμισγομένων· ὑπὸ δ᾿ ἔστρεφον ἡνιοχῆες.

οἳ δὲ μένος χειρῶν ἰθὺς φέρον· ἀμφὶ δὲ νύκτα

θοῦρος Ἄρης ἐκάλυψε μάχῃ Τρώεσσιν ἀρήγων

πάντοσ’ ἐποιχόμενος· τοῦ δ᾿ ἐκραίαινεν ἐφετμὰς

Φοίβου Ἀπόλλωνος χρυσαόρου, ὅς μιν ἀνώγει

Τρωσὶν θυμὸν ἐγεῖραι, ἐπεὶ ἴδε Παλλάδ᾿ Ἀθήνην 

οἰχομένην· ἣ γάρ ῥα πέλεν Δαναοῖσιν ἀρηγών.

guerratroyahectorparis

Así habló Sarpedón. Sus palabras royéronle el ánimo a Héctor, que saltó del carro al suelo, sin dejar las armas; y blandiendo un par de afiladas picas, recorrió el ejército, animóle a combatir y promovió una terrible pelea. Los teucros volvieron la cara a los aqueos para embestirlos, y los argivos sostuvieron apiñados la acometida y no se arredraron. Como en el abaleo, cuando la rubia Deméter separa el grano de la paja al soplo del viento, el aire lleva el tamo por las sagradas eras y los montones de paja blanquean; del mismo modo los aqueos se tornaban blanquecinos por el polvo que levantaban hasta el cielo de bronce los corceles de cuantos volvían a encontrarse en la refriega. Los aurigas guiaban los caballos al combate y los guerreros acometían de frente con toda la fuerza de sus brazos. El furibundo Ares cubrió el campo de espesa niebla para socorrer a los teucros y a todas partes iba; cumpliendo así el encargo que le hizo Febo Apolo, el de la áurea espada, de que excitara el ánimode aquéllos, cuando vio que Atenea, la protectora de los dánaos, se ausentaba.

En V, 627 se nos narra el combate entre Tlepólemo y Sarpedón:

 Así se portaban éstos en el duro combate. El hado poderoso llevó contra Sarpedón, igual a un dios, a Tlepólemo Heraclida, valiente y de gran estatura. Cuando ambos héroes, hijo y nieto de Zeus, que amontona las nubes, se hallaron frente a frente, Tlepólemo fue el primero en hablar y dijo:

– ¡Sarpedón, príncipe de los licios! ¿Qué necesidad tienes, no estando ejercitado en la guerra, de venir a temblar? Mienten cuantos afirman que eres hijo de Zeus, que lleva la égida, pues desmereces mucho de los varones engendrados en tiempos anteriores por este dios, como dicen que fue mi intrépido padre, el fornido Heracles, de corazón de león, el cual, habiendo venido por los caballos de Laomedonte, con seis solas naves y pocos hombres, consiguió saquear la ciudad y despoblar sus calles. Pero tú eres de ánimo apocado, dejas que las tropas perezcan, y no creo que tu venida de la Licia sirva para la defensa de los troyanos por muy vigoroso que seas; pues vencido por mí, entrarás por las puertas del Hades.

Respondióle Sarpedón, caudillo de los licios: – ¡Tlepólemo! Aquél destruyó, con efecto, la sacra Ilión a causa de la perfidia del ilustre Laomedonte, que pagó con injuriosas palabras sus beneficios y no quiso entregarle los caballos por los que viniera de tan lejos. Pero yo te digo que la perdición y la negra muerte de mi mano te vendrán; y muriendo, herido por mi lanza, me darás gloria, y a Hades el de los famosos corceles, el alma.

HeraclesyLaomedonte

Así dijo Sarpedón y Tlepólemo alzó la lanza de fresno. Las luengas lanzas partieron a un mismo tiempo de las manos. Sarpedón hirió a Tlepólemo: la dañosa punta atravesó el cuello, y las tinieblas de la noche velaron los ojos del guerrero. Tlepólemo dio con su gran lanza en el muslo derecho de Sarpedón: el bronce penetró con ímpetu hasta el hueso, pero todavía Zeus libró a su hijo de la muerte.

Los ilustres compañeros de Sarpedón, igual a un dios, sacáronle del combate, con la gran lanza que, arrastrando le apesgaba; pues con la prisa nadie le advirtió ni pensó en arrancársela del muslo para que pudiera subir al carro. Tanta era la fatiga con que de él cuidaban.

 En XII, 290 y siguientes, Sarpedón capitanea el asalto a la muralla:

Mas los teucros y el esclarecido Héctor no habrían roto aún las puertas de la muralla y el gran cerrojo, si el próvido Zeus no hubiese incitado a su hijo Sarpedón contra los argivos, como a un león contra bueyes de retorcidos cuernos. Sarpedón levantó el escudo liso, hermoso, protegido por planchas de bronce obra de un broncista, que sujetó muchas pieles de buey con varitas de oro prolongadas por ambos lados hasta el borde circular; alzando, pues, la rodela y blandiendo un par de lanzas, se puso en marcha como el montaraz león que en mucho tiempo no ha probado la carne y su ánimo audaz le impele a acometer un rebaño de ovejas yendo a la alquería sólidamente construida; y aunque en ella encuentre hombres que, armados con venablos y provistos de perros, guardan las ovejas, no quiere que lo echen del establo sin intentar el ataque, hasta que saltando dentro, o consigue hacer presa o es herido por un venablo que ágil mano le arroja; del mismo modo, el deiforme Sarpedón se sentía impulsado por su ánimo a asaltar el muro y destruir los parapetos. Y en seguida dijo a Glauco, hijo de Hipóloco:

-¡Glauco! ¿Por qué a nosotros nos honran en la Licia con asientos preferentes, manjares y copas de vino, y todos nos miran como a dioses, y poseemos campos grandes y magníficos a orillas del Janto, con viñas y tierras de pan llevar? Preciso es que ahora nos sostengamos entre los más avanzados y nos lancemos a la ardiente pelea, para que diga alguno de los licios, armados de fuertes corazas:

No sin gloria imperan nuestros reyes en la Licia; y si comen pingües ovejas y beben exquisito vino, dulce como la miel, también son esforzados, pues combaten al frente de los licios.

¡Oh amigo! Ojalá que huyendo de esta batalla, nos libráramos de la vejez y de la muerte, pues ni yo me batiría en primera fila, ni te llevaría a la lid, donde los varones adquieren gloria; pero como son muchas las muertes que penden sobre los mortales, sin que éstos puedan huir de ellas ni evitarlas, vayamos y daremos gloria a alguien, o alguien nos la dará a nosotros.

Así dijo; y Glauco ni retrocedió ni fue desobediente. Ambos fueron adelante en línea recta, siguiéndoles la numerosa tropa de los licios.

diosesyhombresguerra-de-troya

Read Full Post »